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jueves, 28 de abril de 2016

MADURACIÓN CEREBRAL Y AFECTIVIDAD EN ADOLESCENTES III.



        ADOLESCENTES: MADURACIÓN CEREBRAL Y AFECTIVIDAD. 
                                                (3ª parte) 



        La afectividad es un estado de base que posee la persona habitualmente, o la forma que tiene cada uno de percibir la realidad. Es lo que nos diferencia de los demás, y nos hace más humanos. Cada persona es singular.

        En la adolescencia es cuando nace la intimidad, surge con fuerza el “yo”, y se va perfilando la afectividad, a la par que va madurando su cerebro. Por eso, lo más frecuente es su inestabilidad afectiva, ya que el estrato anatómico no ha madurado.




    Una característica importante del cerebro humano es la plasticidad neuronal, que consiste en la posibilidad de formación de nuevas conexiones o sinapsis neuronales. Significa que nuestro cerebro se adapta y modela, según nuestra experiencia, forma de actuar, de las emociones, de nuestros valores y motivaciones, de cómo nos afectan los sucesos y de cómo reaccionamos ante ellos. 

        Santiago Ramón y Cajal decía que “la persona, si se lo propone, puede esculpir su propio cerebro”. Y lo hace a través de sus propias decisiones, actitudes, 
las acciones, los hábitos que consigue (dejo enlace), sus pasiones... etc.



     El sustrato anatómico del “cerebro más emocional” está en el sistema límbico con sus conexiones con otras áreas y hacia el cortex cerebral, en concreto con la corteza prefrontal, que es la que se encarga de la novedad, complejidad, juicio, control de impulsos, la toma de decisiones, planificación… 




    Estas conexiones o sinapsis sirven para racionalizar y ponderar una respuesta emocional ante una situación, y no responder sin más a ella como si fuera un acto reflejo, o un estímulo condicionado de los animales. También para controlar esas respuestas, y la forma en que reaccionamos. Pero en la adolescencia el sistema límbico ya está operativo, pero esta zona prefrontal todavía no ha madurado.






   Maduración cerebral.

       El patrón de desarrollo y maduración neuronal se va realizando desde antes del nacimiento, hasta los 16-18 años aproximadamente. Aunque la zona más específica humana, la corteza prefrontal, hasta los 25 años más o menos, no está totalmente operativa. Y es muy importante en la formación de la personalidad y en la identidad personal (dejo enlace).

      Podríamos decir que la maduración del cerebro aparece en una onda desde atrás, hacia adelante y hacia arriba. Desde las capas más “primarias”, con funciones fisiológicas, siguiendo con zonas motoras, sensitivas, y la zona emocional, áreas de asociación, hacia las más complejas y propias del ser humano como la corteza prefrontal, con el autocontrol, la voluntad, la toma de decisiones, el juicio…


     Aunque es un proceso natural de maduración, a nuestros hijos tenemos que enseñarles a tener recursos para aprender a usar el pensamiento y ponderar las cosas, a controlarse, a retrasar una gratificación, a saber esperar y no sucumbir al primer reclamo.





    Las hormonas sexuales tienen un papel fundamental en la maduración del cerebro, sobre todo en el sistema límbico, porque en este momento aparece un impulso grande por el ascenso del nivel de dichas hormonas en sangre.

     Como la zona emocional madura antes que la zona racional, a los adolescentes les gustan las experiencias emocionales al límite, el peligro, el riesgo, la excitación…, porque valoran mucho la recompensa emocional que les produce.

      Y no son tan conscientes de los peligros inherentes, dejándose seducir por ello. Les es difícil controlar muchas situaciones en las que se ven inmersos…, porque no tienen operativa la corteza prefrontal, que es la que pone un punto de pensamiento y autocontrol en sus acciones.




        Consecuencias.

       El cerebro adolescente no ha terminado de madurar: la parte emocional ya está operativa, pero el pensamiento y autocontrol todavía no. Por eso dan primacía al impulso, al sentimiento, a las emociones, más que a lo lógico, a lo razonable, al pensamiento. 

       El comportamiento adolescente, e incluso el de las personas poco maduras, está guiado sobre todo por emociones, y en muchas ocasiones es poco racional, porque no son capaces de integrar pensamiento y afectividad. No piensan antes las cosas, y pueden caer en un emotivismo exagerado que acaba despersonalizando, porque no se controla la situación. Además, las emociones son muy cambiantes: no son estables ni permanentes. Necesitan un punto de pensamiento.




        Por eso, no podemos pedirles que se comporten con total responsabilidad. Y por otra parte, no podemos dejarles solos frente a situaciones que les desborden, (click to twitteraunque a ellos les gusten situaciones de riesgo al límite, o crean ser ya “maduros”…


       La libertad debe ir “de la mano” de la responsabilidad: que sea una libertad responsable. Y no podemos dar demasiada libertad, si no pueden ser responsables en determinadas situaciones. La libertad es como una “cota” que pueden ir conquistando con su comportamiento responsable. Se la tienen que ir ganando, tienen que ir aprendiendo a pensar, a reflexionar, y a controlarse.




  

       En esta etapa, si hemos construido día a día, podemos apoyarnos más en ellos, dándoles oportunidades de colaborar, de ayudar a los demás, de demostrar el cariño en lo que hacen, porque son los "segundos responsables" de la familia.




       Y, el tratarlos mejor de lo que son en ese momento, les ayuda a madurar. Si no, es como si no confiáramos en ellos, si no los creyéramos capaces…, o los consideráramos unos “niños pequeños” sin capacidad de colaborar, de tener iniciativa, de darse a los demás. Hay que motivarles con optimismo, no solo por ver lo mejor de las cosas, sino también de estimular lo mejor de ellos, confiando, y ¡con todo el cariño! 



       Espero que les haya sido útil el post, y lo pueden compartir si les ha gustado, mediante los botones de compartir que aparecen abajo. Muchas gracias. 




     Dejo un enlace relacionado sobre "soltar amarras" con  los hijos adolescentes..., y otro sobre las etapas de la adolescencia.




                                                                                                             Mª José Calvo
                                                                 optimistas educando y amando
                                                                              @Mariajoseopt







jueves, 21 de abril de 2016

ÍNDICE DE TEMAS DEL BLOG.


                      

                                                   ÍNDICE DE TEMAS.


        Aquí dejo un índice de los temas generales que se abordan en el blog, para que sea más fácil buscar cualquier cosa que pueda interesar más. 



        Porque en definitiva, se trata de lograr armonía familiar, sabiendo priorizar el cariño en pareja, pensando con claridad, teniendo en cuenta los sentimientos, y seduciendo con valores que no pasan de moda, con nuestra coherencia, motivación y ejemplo, en ese proyecto familiar específico de cada familia.







EL PORQUÉ DEL OPTIMISMO, especialmente en familia.




LA FAMILIA: LOS PADRES, PRINCIPALES EDUCADORES.




EL VALOR DE LOS VALORES.

EL LIDERAZGO EN FAMILIA; dirección familiar (I,II, y III).




EL PORQUÉ DE LA EDUCACIÓN: LAS RAÍCES DE LA EDUCACIÓN y la brújula, las gafas, los hábitos...(I, II, y III)






EDUCAR PERSONAS: CREAR AMBIENTE DE HOGAR, donde se ve primero lo positivo, y se nos ayuda a lograr lo mejor de cada uno.




CADA PERSONA: CARÁCTER Y PERSONALIDAD.





AMOR EN PAREJA: LA CONFIANZA, LA ILUSIÓN, MANTENER FRESCO EL AMOR, EL SECRETO DE LA EDUCACIÓN... etc.







EDUCAR POR EDADES: MARCOS DEL DESARROLLO: marco familiar, antropológico, neurológico, pedagógico, y psicológico. LA IMPORTANCIA DEL JUEGO.




LA MUJERLAS MADRES: un trabajo para la eternidad.

EL PERDÓN: ver lo mejor de los demás. "Descubriendo a Mr. Banks".


PREADOLESCENTES: enseñar a manejar "el timón", que aprendan a querer.










ADOLESCENTES: soltar "amarras", pilotar su propia vida. 





EL PROBLEMA DEL DOLOR y la fuerza del amor.

LAS VACACIONES... Mimar el amor en familia, y especialmente en pareja.




CLAVES PARA AFRONTAR UN NUEVO CURSO. Proyecto familiar.



CONTENIDO DEL BLOG.















LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y LA FAMILIA.

CLAVES PARA EDUCAR EN UN MUNDO DIGITAL.


¿QUÉ SIGNIFICA LA NAVIDAD...?

LOS REYES MAGOS...


AÑO NUEVO, ¡LUCHA NUEVA!


LIDERAR ES COSA DE DOS: SI QUIERES, ¡PUEDES! 



EL AMOR NO TIENE SOMBRAS...

SAN VALENTÍN


GUIAR A LOS HIJOS EN LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS


CUALIDADES DE LA MUJER 


EL PERDÓN Y LAS HERIDAS DEL AMOR


¿QUÉ HACER CON EL SUFRIMIENTO?


DESARROLLO CEREBRAL I, II Y III: PENSAMIENTO Y HÁBITOS: NEURODESARROLLO Y NEUROEDUCACIÓN.


LAS MADRES...


CÓMO HACER UN PROYECTO FAMILIAR






         También dejo aquí un ÍNDICE CRONOLÓGICO DE TODAS LAS ENTRADAS, un poco más amplio y detallado.



          Espero que les haya sido útil para tener una idea del contenido de este blog familiar, y poder buscar el tema que más interese... Gracias por su tiempo, espero comentarios y que lo compartan si les gusta.





                                                                         Mª José Calvo.
                                                                  OPTIMISTAS EDUCANDO 
                                                                         @Mariajoseopt










viernes, 15 de abril de 2016

EL PORQUÉ DEL OPTIMISMO...

           

            ¿Por qué optimistas?



El optimismo es una forma de afrontar la realidad y de enfocar las cosas, además de un tipo de personalidad. Es la actitud con la que afrontamos la vida... Sin embargo, no se trata de esperar pacientemente que todo ocurra de forma positiva, sino que ponemos algo de nuestra parte para que eso ocurra. Si unimos el optimismo, con esa actitud positiva, "optitud", podemos llegar más lejos... 

Como señala Elisabeth Lukas, de la escuela de Victor Frankl, "con una actitud positiva se puede sacar provecho hasta de la situación más amenazadora, mientras que, con una actitud negativa, hasta una estancia en el Paraíso puede resultar insoportable"
 Además el optimismo se puede aprender, fomentar, y contagiar a los que tenemos alrededor.

       Sin duda es bueno ver el lado positivo de las cosas, independientemente de que las hayamos trabajado, o nos hayan sido dadas.

También optimista en el sentido de óptimo, de mejor, de excelencia, en lo referido a la educación de nuestros hijos o al cariño entre los cónyuges… etc. ¡Para lograr una familia optimista, una familia excelente!





     Si ponemos el "listón alto", significa que tenemos una meta valiosa, un objetivo como familia. Esto nos permitirá tener una trayectoria más o menos en el camino, y poder rectificar siempre que haga falta.

      Como dice S. Covey, entre un estímulo y una respuesta está nuestra libertad interior para actuar de una forma u otra. Esto también es ser proactivo. Se trata de actuar en base a unos valores, centrados en principios, y no de reaccionar según las circunstancias.

        O como expresa el profesor Oliveros F. Otero, “no ser de esos que les suceden cosas, sino de los que hacen que las cosas sucedan”...


¿Para qué nos ayuda el optimismo?


En primer lugar, nos aporta autoestima y nos da seguridad a nosotros y a nuestros hijos, para vivir en este mundo que nos rodea. Según cómo nos manejamos los padres, nuestros hijos irán aprendiendo a hacerlo. Se fijarán en nuestros referentes, y tratarán de imitarlos sin darse cuenta. Es como abrir una “senda" de los exploradores...: de ahí la responsabilidad que tenemos. 




        Y, especialmente, es importante en relación a enseñarles a querer, tanto con voluntad, como con sentimientos. Están todo el día mirándonos, y aprenderán qué nos motiva, y cómo nos manejamos emocionalmente y afectivamente. Somos sus modelos, y lo tratarán de imitar.


También es necesario en nuestras motivaciones. Para no conformarnos con cualquier motivación, sino intentar elevarlas. Por ejemplo del nivel material o extrínseco, al intrínseco o intelectual, o incluso al trascendente. Es decir, hacer las cosas no solo por un premio material, o una gratificación inmediata, sino por la acción en sí, por la belleza que encierra, o incluso por los demás, por el bien que les va a reportar.


video





El optimismo nos ayuda a tener prestigio, sobre todo ante nuestros hijos, que es lo que más nos interesa. Para luego poder ayudarles a crecer como personas. Y prestigiarnos los padres entre los dos, haciendo notar lo bueno, lo positivo, de cada uno, contando una anécdota del otro...


       Y es necesario para ver lo mejor de los demás en primer lugar. Para no estar pendiente solo de los fallos, sino mirar a los ojos, saber animar, ilusionar, descubrir lo bueno que tienen, porque es una forma de estimularlo. También para agradecerlo..., porque a veces nos acostumbramos a ello, y somos incapaces de ver toda esa maravilla que son las personas. Aprender a centrarse en lo positivo es propio de personas optimistas.




El optimismo también nos sirve para resistir las adversidades de la vida y no abatirnos ante cualquier problema. Considerarlo como retos, luchar siempre. La paz en el hogar es la resultante de una lucha esforzada de cada uno contra los obstáculos que se interponen en nuestro camino. La vida es un comenzar y recomenzar siempre nuevo. Es la forma de poder acometer el proyecto que nos planteamos.







                     
También nos permite crecer como personas, en un clima de confianza y cariño, cuyo ámbito natural es la familia. Y nos genera una autoestima saludable, porque nos apoyamos sobre todo en el cariño de nuestra familia, también en las fortalezas de cada uno, y no tanto en falsas expectativas...



       Se trata de ver posibilidades en cada circunstancia, en cada problema..., para afrontarlo como retos. Y si luchamos por sacar a la luz y dar lo mejor de nosotros mismos, seremos líderes de nuestros hijos, y crecemos como personas y como familia. Y como consecuencia, seremos felices y haremos felices a todos los que nos rodean, porque la felicidad, como señala Soren Kierkegaard, es una "puerta" que se abre hacia afuera...


         Por eso, ¡¡siempre optimistas y alegres...!!





                                                                            Mª José Calvo    

                                                               optimistas educando y amando







viernes, 8 de abril de 2016

CARÁCTER Y PERSONALIDAD.



              FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD.



        Educar es una ciencia que se puede aprender, pero también es un arte, porque cada persona es única. Educar a un hijo es ayudarle a formar su personalidad, y es hacer una obra de arte, porque consiste en seducir con valores auténticos. 

         Para Aristóteles y Platón, educar significa enseñar a tener buen gusto por lo bello, es decir, reforzar las acciones nobles de cada uno. clic tu twitter

          Para ello hace falta pensar, dedicar tiempo, poner nuestras mejores ideas para hacerlo vida, para animarle, para que sepa sus fortalezas, para que adquiera hábitos que le ayuden a ser más y mejor persona… y un sinfín de cosas más. 

         No es algo trivial ni que se consiga a la primera; requiere esfuerzo y lucha constante, pero ¡merece la pena!




            
          1. EL TEMPERAMENTO.

      
         Partimos de lo heredado, de lo biológico: del temperamento de cada hijo. 

                                                  

      Pero hay que descubrir sus fortalezas, sus talentos, que se vislumbran desde muy pequeños. Aquellas cualidades suyas en las que sobresale, para apoyarnos en ellas, y estimularlas. También para hacérselo saber, para que, contando con nuestro cariño, tenga una saludable autoestima. Además, al desarrollarse compensan debilidades que pueda tener en otros campos.






          2. EL CARÁCTER.

      En base al temperamento heredado, con la experiencia personal y la educación, se modela y se forma el carácter. El carácter personal es algo que hay que trabajar, que nos confiere autonomía y cierto control para acometer la vida con optimismo y superar dificultades con esperanza.




         Respecto al carácter, cada hijo puede ser más emotivo, o menos; y puede ser más activo o menos. Y desde la perspectiva de la resonancia de los acontecimientos, hay dos formas extremas: “primarios”, en los que las impresiones producen un efecto inmediato pero duran poco tiempo, y “secundarios”, en los que las impresiones tardan más en afectarles, pero tienen más permanencia en ellos.

        De todas estas combinaciones surgen ocho caracteres, en la clasificación con más prestigio, de Le Senne. Cada uno tiene sus cosas positivas, y sus puntos débiles. 

       De todas formas, cada persona es un mundo y no se la debe encasillar, pero sí nos pueden servir para orientarnos un poco. Para ver en qué destaca, qué podemos estimular, si contamos con su corazón como gran aliado, o si tenemos que apelar a la inteligencia porque es poco emotivo. 
       También pensar si su actividad es una fortaleza, o si le tenemos que animar y estimular con el deporte, organizando excursiones…, porque es menos activo.


          Por eso, para sacar partido a cada carácter, es importante conocernos mejor, y pensar qué tipo de carácter tenemos para aprovechar sus fortalezas. O ver qué carácter tienen los demás, para partir de ahí, de la realidad de cómo son. 

           Hay que saber que las personas cuya emotividad está por encima de la media, tienen una mayor sensibilidad por los estados afectivos. Estas personas, según la clasificación de Le Senne, son los llamados apasionados, sentimentales, nerviosos, y coléricos. En ellos el corazón es nuestro gran aliado. 




           En cambio, en las personas cuya emotividad es menor que la media, hay que apelar más a la inteligencia, para que, a base de voluntad, pongan más ilusión en las relaciones personales, consigan ser más afectivos, o incluso poder motivarles para que realicen cualquier objetivo.


       Por eso, las personas más emotivas suelen establecer relaciones personales con facilidad. En cambio las menos emotivas, suelen ser más hacia el interior: pueden ser más organizadas, laboriosas, ordenadas… Cada carácter tiene sus puntos fuertes, y hay que saber aprovecharlos.


       Pero independientemente de las fortalezas que tiene cada persona, que sirven para guiar su desarrollo, y del tipo de carácter que tenga, todos necesitamos llegar a pensar con claridad, y armonizar cabeza con corazón, para aprender a querer a los demás. 

         Y esto se logra en familia, adquiriendo hábitos y virtudes que nos faciliten el actuar de ese modo. Con solo los puntos fuertes no podemos conseguirlo. Hace falta trabajarlo, tener hábitos, encontrar oportunidades de plasmarlo en la vida cotidiana, y aprovecharlas una y otra vez.





       
         3. LA PERSONALIDAD.

        Más tarde, en la base del carácter, se va formando la personalidad de cada uno, según qué valores tengamos en nuestra familia, y de la preferencia que les demos. Es decir, con un sentido concreto de la vida que nos dan esos valores, las motivaciones, y los hábitos y virtudes concretos.

        
        El otro ingrediente fundamental para la madurez personal, además de tener un sentido en nuestra vida, es la armonía entre las distintas facultades de cada persona: la inteligencia, la voluntad y la afectividad. Apoyándose y complementándose unas en otras, para que ninguna invada terreno que no sea suyo: que no haya hipertrofia de una u otra. 

       Porque cada persona tiene distintas facultades que están interrelacionadas. Al educar a esa persona, debemos conseguir que haya armonía entre ellas. Por ejemplo, integrar percepciones, sensaciones, y estados afectivos, con el pensamiento, la imaginación, la memoria, y también con la voluntad, la motivación, la ilusión… Por eso educar es una obra de arte... (facultades personales)

        Es lo que aporta belleza interior y madurez, a cada persona. 



       Esto se puede llevar a cabo mediante un proyecto personal, cultivando todas esas facetas a lo largo de las distintas etapas de la vida. Y se hace operativo, en pequeños planes de acción", encaminados hacia un objetivo concreto cada vez, que a lo largo del tiempo perfilan una trayectoria y forman ese proyecto.





           ¿EN QUÉ CONSISTE LA MADUREZ PERSONAL? 

       Resumiendo, la madurez personal es el resultado de integrar unos factores externos e internos, en el impacto que tienen los acontecimientos en nuestra esfera afectiva. 

          Estos factores influyen en nuestro temperamento, que es heredado en un alto porcentaje, que  más tarde se modela en carácter, según nuestras experiencias, la educación que recibamos, y los hábitos que consigamos. Todo va dejando su huella o su impronta en cada persona. Por eso hay que educar el carácter, y fomentar lo bueno de cada uno, sus fortalezas.

      Y para ello necesitamos la inteligencia, para pensar con claridad, y la voluntad, para tener el control. Por ejemplo, para saber canalizar los impulsos, retrasar una gratificación, tener motivaciones más elevadas que trasciendan lo inmediato, o para fomentar hábitos y virtudes según los valores preferentes que tengamos. Pero estos valores deben estar basados en principios universales que no cambien con las modas. Es decir, guiados por la verdad, que es la conexión con la realidad, el bien, su mejor actualización, y la belleza, que es el esplendor de ambos. Y no es algo que nos sea dado, sino que hay que trabajarlo. 






     También necesitamos educar la afectividad, que es un motor potente de nuestras acciones, para aprender poner el corazón en lo que realmente merece la pena, integrar cabeza y corazón, y poder querer a los demás.




       Ir madurando implica un cierto autocontrol, para tener la capacidad de hacer lo que nos hemos propuesto, para no depender de gratificaciones inmediatas, para tener motivos importantes que muevan la voluntad, para controlar respuestas emocionales, para poner cabeza antes de reaccionar ante una situación… 




        Todo influye en la formación personal, para conformar nuestra singular y concreta personalidad, según el sentido que demos a nuestra vida, en especial por los valores trascendentes, y por la armonía entre las distintas facultades personales. 

       Y es lo que en definitiva nos hará felices, porque tendremos un estado habitual positivo, alegre, optimista, que facilita el pensamiento y la búsqueda de lo bueno, de lo auténtico, de lo bello, de lo noble. Aunque luego, hace falta “hacerlo”, y exige esfuerzo y voluntad entrenada, aunque disfrutamos con ello.







                                                                     Mª José Calvo
                                                                  optimistas educando