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miércoles, 26 de junio de 2013

ESTIMULAR LA FORTALEZA Y LA RESILIENCIA con plan de acción



              
                       HIJOS VALIENTES: 
                  EL VALOR DE LA FORTALEZA





Todos queremos que nuestros hijos tengan metas valiosas, y sean capaces de acometer lo que se propongan. Para eso deben entrenarse en pequeñas cosas cada día...


Algunas ideas que podemos tener en cuenta a la hora de ayudarles: 


  • Confiar siempre en ellos, y apoyarles en lo que necesiten. Las cosas no salen solas, hay que hacerlas, trabajarlas, y cuesta. Animarles a que se atrevan a construir su vida: "¡¡atrévete..., tú puedes!!"

  • Si sale mal, siempre se pede recomenzar y volver a intentarlo.

  • Dar buen ejemplo: somos sus modelos y el espejo donde se miran. Hace falta ser íntegros y coherentes con lo que pensamos o decimos. Nos están mirando todo el día...


  • Valorar el esfuerzo más que los aparentes resultados. 



  • Estimular la resiliencia: que no se quiebren fácilmente.



  • Enseñar a decidir, en cosas poco importantes primero, para entrenarse, y luego ir ampliando...

  • Ver posibilidades en las dificultades..., como señala G. K. Chesterton, y transformarlas en retos.


  • Enseñar a afrontar esos retos con optimismo e ilusión. Nunca darnos por vencidos: ¡siempre hay algo que se puede hacer!

  • No sobreprotegerles, porque así les impedimos ser autónomos..., crecer, tomar la iniciativa, afrontar los problemas, aprender a solucionarlos por ellos mismos, y se hacen niños inseguros, mimados, y "blandiblug"...

  • Toda ayuda innecesaria es una limitación para quien la recibe...

  • No tener miedo de que sufran un poco... A veces nos duele más a los padres que a ellos, pero es preciso que aprendan a ser fuertes. No criar niños que se los lleva el viento. Las dificultades preparan a las personas para algo grande, cuando se saben aprovechar y afronatar con optimismo.



  • Tener motivaciones altas para transmitirles, porque son las que dan más sentido a la vida, y es lo que más les anima, mueve, y ayudará a perseverar. Pasar de primer nivel, del "tener", al nivel del "ser", e incluso buscar motivos trascendentes, que son los más elevados y dan más sentido a la vida.

  • Los aparentes fracasos nos brindan nuevas oportunidades para afrontar la vida, y para crecer y superarnos. Nada suele salir a la primera..., ¡hay que luchar!



         EDUCAR EN VALORES"Plan de acción"


 ESTIMULAR LA FORTALEZA Y LA RESILIENCIA



        SITUACIÓN: cada familia en concreto

        OBJETIVO  Trabajar la fortaleza y la resiliencia en familia

Que nuestros hijos sean capaces de afrontar retos, sin quejarse demasiado, y sin miedo a las contrariedades. hace falta fuerza de voluntad, para que no se abatan ante la primera dificultad... Que se planteen iniciativas valiosas y aprendan a ser proactivos. Para ello, nosotros debemos ir por delante... con nuestro ejemplo y coherencia.






        MEDIOS: se pueden utilizar las ocasiones del “día a día” de la vida familiar. Podemos elegir algunos de los siguientes puntos… o de otros que se nos ocurran.


  *  Hablar con respeto, y controlar el carácter: no tener malas contestaciones en familia. 

Entrenar la voluntad con pequeños objetivos, alcanzables, que nos den cierto autodominio personal.


*      Comer lo que toque, aunque no guste mucho.

*    Levantarse a la hora, hacer la cama, prepararse para el colegio y para las actividades que se tengan.

*   Hacer un horario, y lo primero, ponerse a estudiar, para luego leer, jugar, o usar pantallas, según qué momentos o días... y dependiendo de qué edades.



*  Organizar excursiones al campo, escalar montañas, hacer piragüismo, surf…, deporte... Aprender a ser más valientes. Resistir las contrariedades, el frío o el calor, sin quejarse todo el día...




*    Practicar un deporte base durante el curso para adquirir valores como la fortaleza, la amistad, la generosidad, el espíritu de ayuda, el trabajo en equipo... 



  * También se puede asistir a algún campamento en verano, por ejemplo, en un club juvenil de confianza que tenga nuestro ideario... 

* Lo que se empieza ¡se acaba...! No ceder a caprichos o falta de voluntad y perseverancia.

*  Ayudar en casa con los encargos de cada uno: poner la mesa y recogerla, bañarse o ducharse sólo, según la edad que tengan, pasar la aspiradora, sacar la basura, regar las plantas, limpiar su habitación, o el polvo, comprar el pan, cuidar a un hermano pequeño, preparar la cena, organizar una invitación, atender a los abuelos, planear una excursión, contar cosas buenas de los demás en la tertulia, usar pantallas solo en momentos concretos... Todo ello guiado por unas normas que tenemos en cada familia: pocas, claras, pero ¡importantes! que vayan señalando un camino, y sean un referente a la hora de actuar.


  Dejo ideas de encargos por edades, pero vosotros podéis poner las que os parezcan mejor en cada familia.
                                               





MOTIVACIÓN


 Hablar con cada hijo de la necesidad de ser personas fuertes, para poder hacer lo que nos planteemos en la vida, y no nos deprimamos a la menor dificultad. También para aprender a querer a los demás en todas las circunstancias de la vida...

        Y en vistas a la adolescencia de nuestros hijos, para que vayan adquiriendo cualidades, habilidades, destrezas... y autodominio que les ayuden a pilotar su vida.


Confiar en ellos sabiendo que se van a esforzar, y nosotros les ayudaremos en lo que necesiten. Darnos cuenta de que “toda ayuda innecesaria es una limitación para quien la recibe...”, y actuar en consecuencia.

      Lo que cuesta más, animar con una sonrisa y un ¡tú puedes!, y así van madurando y siendo más fuertes y resilientes.






EVOLUCIÓN


Se puede hacer una cartulina con un dibujo que les guste, y con pequeñas metas a conseguir. Es bueno que apunten lo bueno que han hecho, o que coloreen una estrella, un sol, una flor..., según las edades. O solo que lo anoten...


        Vemos cómo va el plan a lo largo de la semana, y se puede prolongar varias, para conseguir hábitos más estables. Podemos comentarlo en una tertulia después de comer o cenar. Si tenemos x logros, hacemos un plan divertido en familia, en el que participemos todos, o una excursión, y lo celebramos bien con una comida especial. Es una forma de pasarlo bien juntos, de conocernos, de ayudarnos, y de crecer juntos como familia.


                                         

        Espero que te haya servido para hacer un plan personal con los hijos, y ayudarles a ser más resilientes, empáticos... etc. Lo que te propongas. ¡Muchas gracias!



         Dejo enlaces relacionados:


lucha-personal-y-resiliencia

*colaborar con los encargos 
        

                                                                                                                                                             
                                                                                                                                                                                              Mª José Calvo
                                                                    optimistas educando

                                                                               @Mariajoseopt






URL del post:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/06/que-nuestros-hijos-sean-valientes.html




domingo, 16 de junio de 2013

CREAR AMBIENTE DE HOGAR...


     
                     AMBIENTE FAMILIAR

  
En la familia se nos quiere por quienes somos, sin tener que demostrar nada. Y ese cariño es fundamental para el buen desarrollo de cada persona que viene a este planeta, gracias al amor de sus padres.

       Por eso, hay algo importante que podemos hacer en familia, casi sin darnos cuenta: crear un ambiente de hogar cálido, comprensivo y acogedor, de apoyo, y motivador para todos, especialmente para nuestro esposo o esposa. Como expresa Víctor García Hoz, "el factor invisible" de la familia.

        Porque, cada persona es muy sensible y vulnerable en su interior, y necesita un hogar donde sea seguro mostrarse tal como es, donde se la valore y se la quiera de veras.



               





          Además el ambiente educa por sí mismo a nuestros hijos, porque aprenden todo por "inmersión"... Por eso, es mucho más eficaz fijarse en lo bueno de los demás, y es la mejor forma de fomentarlo...







     Es preciso crear un ambiente compuesto de diversos ingredientes: alegría, tranquilidad, serenidad, paz, confianza, delicadeza, y especialmente cariño, ¡mucho cariño!




          "A-TRA-CON DE CARIÑO..."




        Esto hará que puedan cultivarse y salir a la luz las mejores cualidades de cada uno, sus talentos y puntos fuertes. Y proporciona una saludable autoestima, pues está basada en el cariño que les brindamos y no en falsas expectativas.


       Para hacer buen ambiente de familia, es necesario adquirir buen tono humano, alegre y con sentido del humor, que lleva a ver todo lo bueno de los demás, incluso en las circunstancias más adversas. Es uno de los puntos clave para que los problemas no nos desanimen, cobre su verdadero valor y se relativicen, y propicia una buena convivencia donde es fácil luchar por dar lo mejor de cada uno.



Requiere poner inteligencia y voluntad, y nuestras mejores cualidades, al servicio de la familia. También imaginación y creatividad. Disfrutar de la educación, que es una ciencia y un arte. Podemos pensar qué tipo de personas queremos formar, con qué valores humanos... Y luego poner pequeños objetivos, con sentido común y espíritu deportivo, para luchar en ellos. También intentar vivir eso que queremos conseguir, y saber motivar con ilusión y con nuestro ejemplo, porque, como señala la Madre Teresa,  ¡nos están mirando todo el día...!




      Y todo ello nos ayuda a la hora de educar a los hijos en la fortaleza, en en el servicio a los demás, en la alegría y el optimismo… También en la cooperación en casa, exigirles que respeten un horario, que vayan a dormir a su hora, que no protesten por las comidas que toquen, y que agradezcan el esfuerzo de los demás. Por eso es necesario que tengan algunos encargos, para que hagan suya la familia y el hogar, pues quien no participa no se integra. Y para que aprendan a pensar en los demás. Que se planteen pequeños objetivos para fortalecer su voluntad… y un largo etc.


Porque, los padres somos su modelo. Es importante que les ofrezcamos un modelo coherente y atractivo, optimista y bello. Que sepamos luchar por vivir esos valores que queremos para nuestros hijos. Además, ellos descubren el mundo a través de nuestra mirada, de nuestra expresión, de nuestro comportamiento...


   Pero debemos ir los dos a una, formando y trabajando en equipo, siendo líderes transformadores. Aunque uno se encargue más de unos valores, y otro, u otra, generalmente, de hacer ambiente de hogar cálido y distendido. Fomentando y aunando las diferencias entre ambos, y logrando sinergia por ello.




     Porque, lo propio de este tipo de liderazgo, es que no solo manejamos unos recursos, sino que innovamos y creamos otros nuevos. Vemos lo mejor de los demás, y les ayudamos a lograr su mejor personalidad... Motivando, despertando valores en los hijos, y seduciendo con la belleza de hacerlos vida. También enseñándoles a interiorizarlos, mediante esas acciones que poco a poco van creando buenos hábitos en ellos..., y que quedan registradas en su cerebro.

    Para todo esto necesitamos formación, estimular el pensamiento, creatividad, y luego concretarlo y luchar por hacerlo vida, con coherencia personal. Porque necesitan vernos coherentes en nuestras actuaciones, sobre todo en la adolescencia, en la cual se están planteando las mismas preguntas que nosotros, y deben construir su identidad...




El amor familiar debe notarse y plasmarse en el día a día. El más importante, origen y fuente de todos ellos, es el amor entre los esposos, porque de él surge toda la familia. Y es necesario que todos se sientan queridos de veras. No sólo que los queramos, sino que se sientan entrañablemente queridos. Decírselo muchas veces, a solas, en familia..., de todas las formas: con palabras, con besos y apretujones, con la mirada, confiando, y con nuestra mejor sonrisa..., a la hora de pedir un esfuerzo extra.



     Explicarles el valor de la generosidad, que es dar con alegría, de la empatía y la comprensión, de la amistad, la resiliencia, la constancia, el estudio, los encargos, donde se pone el cariño que tenemos a todos en la familia... También el sentido del sufrimiento, que es la otra cara del amor, porque no hay amor sin dolor, y no hay dolor que no se pueda sobrellevar si se ama de veras. Lo aprenderán al ver cómo nos manejamos en esas situaciones más difíciles...



Alegrarse, incluso felicitar en algunas ocasiones, por todo lo que hagan bien. Somos un espejo donde se miran o se escuchan: ven su autoimagen. Fijarnos en lo positivo y bueno que tienen o hacen, y hacérselo notar. Descubrir sus cualidades especiales, con las que nos alegran la vida; su esfuerzo y su lucha..., y valorarlo. También descubrir lo bueno de los demás, para que aprendan a pensar, no solo en ellos mismos, sino en alegrar la vida a los que tienen cerca.



Usar la autoridad, que es un servicio para ayudarles en su crecimiento como personas. Para que obedezcan antes debemos explicarles los motivos, el porqué de lo que tienen que hacer, lo que queremos conseguir, y que lo entiendan bien. Con una sonrisa y un "¡tú puedes!" E ir dando libertad, encaminándolos en una buena dirección, enseñándoles a pensar por cuenta propia, según cada edad...






      Para decir algo importante, mirar a los ojos, a su altura, y utilizar un "prólogo" para desbloquear los filtros de atención. Y si es más difícil, con una sonrisa mayor, para animarles a luchar por conseguirlo. 


      Deben sentirse libres al entender y asumir lo que les pedimos: que no actúen como "autómatas", sin pensar y quererlo por ellos mismos...



Tratar a cada hijo como si fuera el único y el mejorLas razones verdaderas, y el cariño, motivan a la voluntad a la hora de hacer un esfuerzo para conseguirlo. Como señala Goethe, si tratas a una persona como es, seguirá siendo así; si la tratas un poco mejor de lo que es, ¡lo logrará!



     Pensar “en futuro”, para realizar proyectos personales y ponerlos en práctica mediante pequeños "planes de acción", con una buena motivación, y teniendo constancia para llevarlos a cabo.



Hablar con cada uno, con frecuencia, de sus intereses. Es bueno tener con cada uno el “momento de oro” cuando vienen del colegio, mirándole a los ojos, a su altura, comprendiendo, con empatía, sabiendo si necesita hablar, si lo pasa mal, o necesita nuestro cariño, o nuestra sonrisa, o un abrazo… O si tiene que pensar y preocuparse más de los demás... Y luego tener momentos a solas con cada uno.






Relaciones personales en la familia: que siempre estén presididas por amabilidad, corrección, y elegancia. Cuidar los detalles. Porque, como señala Tomás Alvira, “siempre tienen buen aroma las manos que han tenido un ramo de flores”...



            Intentar elevar la calidad de las relaciones familiares, dedicando tiempo para pensar, y para imaginar alternativas. En las conversaciones, resaltar lo positivo de  los  otros. Nada de burlas e ironías: destrozan la convivencia. La palabra es la proyección de cada persona. Hay que pensar y cuidar lo que se dice..., porque, bien empleada, nos puede unir más a los demás.


    Tertulias divertidas después de comer o de cenar. Incluso en las cenas hacer ratos distendidos de conversaciones donde participan todos. Leer juntos: cuentos, libros de aventuras, de catequesis, de chistes... incluso en voz alta. Es algo que les gusta, les estimula el lenguaje, el saber hablar en público, el hacer teatro… También se pueden ver pequeños fragmentos de buenas películas, de vídeos, y luego comentarlos... y así aprovechamos para explicarles el sentido de muchas cosas.






        Aprender a hablar, a comunicar lo que llevamos en el corazón. Jugar con los hijos a  decir cosas buenas de todos, cuidando los pequeños detalles, porque en lo bueno se conoce mejor a los demás...



        En los momentos bajos, ¡pon el bálsamo de tu sonrisa!



    Los problemas que surgen son oportunidades para hablar, pensar, reflexionar, conocerse... y ¡quererse! Enfocarlos como retos, y así nos animan en la lucha.


Confiamos en los hijos cuando les presentamos imágenes positivas de sus actuaciones. Y confiar incluso en aquella faceta que más les cuesta. De esta forma, les motivamos a que luchen por ello. Si no lo logran, no pasa nada: ¡lo intentamos de nuevo! La confianza es como "el horno" donde se cuece la mejor personalidad de cada uno, donde se consigue su mejor "versión".



 El valor del esfuerzo. Deben saber que las cosas no salen solas, ni por casualidad: hay que poner pensamiento, esforzarse y luchar por logarlo. 

    


Que vivan el perdón. Es necesario que nos vean pedir perdón cuando nos equivocamos, y perdonar cuando nos hacen algo que nos molesta, aunque no nos lo pidan... El perdón sana las heridas, porque liberamos al otro de la culpa, y nos liberamos  a nosotros mismos de sus consecuencias.

    Y, como señala Stephen Covey, perdonar es un verbo, pues ¡perdona!, o ¡pide perdón!…, según las circunstancias. No somos perfectos, nos equivocamos muchas veces, herimos a los que más queremos, pero ¡podemos rectificar!, para permitir un nuevo comienzo... 



Educación de la afectividad: enseñarles a amar, sobre todo con el ejemplo. Darles luz para la inteligencia, ideas claras, que aprendan a pensar por cuenta propia, y voluntad entrenada en el día a día para que sean dueños de sus acciones y sepan acometer retos. También cariño y calor para el corazón. 


Enseñarles a poner su corazón en lo que vale la pena, desde muy pequeños. Y explicarles que el amor consiste en querer a otra persona: en dar, más que en recibir. Y tiene mucho que ver con la generosidad y la empatía, y se concreta en el compromiso...



Trabajo y estudio: exigirles que lo hagan bien aunque estén cansados, haciéndoles ver que ese detalle pequeño, o ese último esfuerzo, lo agranda. ¡Nada de chapuzas! Que aprendan a responsabilizarse, aunque sea trayendo un pañal para el hermano, o enseñándole a leer... o, limpiando el coche, u organizando las vacaciones…, según la edad y cualidades de cada uno.



Enseñarles motivaciones trascendentes, que son las que dan más sentido a la vida.  Que aprendan a hacer las cosas por el bien que aporta, o por su valor intrínseco, o porque nos mejora como personas. Incluso por los demás: por alegrarles la vida. Nos dan mayor satisfacción y una nueva dimensión en la vida, en "3D": con más relieve y profundidad. La espiritualidad es como la hoguera que nos da su luz y su calor.


Cuando actuamos así crecemos como personas, porque los actos buenos perfeccionan a la persona: nos hacen mejores personas. Van creando hábitos y virtudes que nos mejoran.


       Y como expresa el profesor Oliveros F. Otero, nos podemos orientar por algo que nos indique un norte real, a modo de estrella polar, como es el trinomio “Bien- verdad- belleza”, que ya señalaban los eminentes filósofos griegos. Son distintos aspectos de la realidad que van muy entrelazados entre sí. Cada uno comprende aspectos de los otros...

        Quizá el secreto está en ver la realidad tal como es, que en eso consiste la verdad. Es decir, procurar conocer la verdad, la realidad objetiva de las cosas, y en especial de las personas

      También hacer las cosas bien, y querer el bien de los demás, en especial en familia, para que logren lo mejor de cada uno.

        Y disfrutar de la belleza. Por ejemplo de la belleza de una sonrisa, de un detalle de cariño, de un paseo por la costa, de un amanecer, de unos colores bien utilizados en un lienzo... Pero, muy en especial, del cariño que nos profesan en familia, de ese empeño por alegrar la vida a los demás.


     Porque, la belleza es el esplendor y la expresión visible de la verdad y de la bondad. Y lo que llama nuestra atención, porque nos atrae y es hermoso.




       De esta forma, todos en familia luchamos y nos ayudamos. Crecemos juntos como familia ayudados y motivados por el cariño que nos tienen... Y promovemos nuestra propia "cultura familiar". Que además, servirá de antídoto ante algunas modas despersonalizadoras, en especial en algunos adolescentes, que no se atreven a pensar y a actuar por cuenta propia... 





         Para todo esto nos podemos apoyar en cortes de buenas películas, como "El Señor de los Anillos", en el que se ve claro cómo crean un ambiente donde las personas están a gusto: ¡optimista y alegre! 


                                       




Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡Muchas gracias!


Dejo enlaces relacionados: 

-dirección y liderazgo en la familia

-¿conciliar?, o sinergia...: "¡si-quieres-puedes!"

                                          




                                                                   


                                                                                                         Mª José Calvo
                                                                optimistas educando y amando
                                                                            @Mariajoseopt



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