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sábado, 26 de noviembre de 2016

TECNOLOGÍA Y FAMILIA I/III


                             

               TECNOLOGÍA Y DESARROLLO HUMANO


       Al hilo de una charla sobre las tecnologías, dejo unas pinceladas sobre este tema tan actual, para reflexionar un poco sobre sus posibilidades y limitaciones, y poder hacer un uso saludable y responsable de la misma. También educar y formar a los hijos en este sentido. 

         Primero vamos a tratar cómo es el desarrollo humano y el aprendizaje, en base a la maduración cerebral, para centrar el uso de las pantallas.


         Es un poco largo, y lo divido en dos bloques, por si te interesa más alguno de ellos:

1- El desarrollo humano, y...
        a) Maduración cerebral
        b) Cómo aprenden los niños

2- La familia en el mundo digital
        a) Cómo funciona el cerebro
        b) Cuándo introducir al niño en el mundo virtual

        





    

     1- EL DESARROLLO HUMANO

        
Este desarrollo se realiza especialmente en las primeras etapas de la vida, gracias a la maduración cerebral, y favorecido por la curiosidad, la capacidad de asombro de los niños, puesto que son, como señalara Tomás de Aquino, su "motor" interno de aprendizaje. Y, la forma en que se "despierta" la atención, porque se sienten atraídos por algo, y les guía esa emoción. Ambas cosas, el aprendizaje, y la maduración, van estrechamente unidas.

        Aristóteles ya señalaba que el saber empieza por la admiración, por hallarse ante algo que es, pero que uno no se sabe muy bien cómo ni porqué ha llegado a ser... Eso origina la contemplación.










       El buen desarrollo también precisa de los estímulos de la vida cotidiana, y 
experiencias perceptivas, en un ambiente rico y sereno, saturado de cariño, como es la familia. La persona "se hace", "se construye", y se re-construye, en la familia: ámbito propio del amor y de las relaciones verdaderamente humanas.


         A) MADURACIÓN CEREBRAL

      La formación del cerebro se realiza desde la gestación, y es consecuencia de la multiplicación de neuronas y la formación de conexiones o sinapsis entre ellas. También de células gliales. Los genes determinan el patrón y funcionamiento básico de circuitos cerebrales, pero también influye el ambiente, y las hormonas, sobre todo en la adolescencia, donde hay una elevación muy considerable en sangre. 

     Ya desde el embarazo aparecen cambios según el entorno, la relación con los demás, el sonido de la voz, las sonrisas, y más tarde por el ambiente, la familia, la alegría o la falta de ella, la impresión que causan las situaciones... También las acciones, vivencias, percepciones..., y las propias acciones más adelante. Todo ello va moldeando el cerebro de cada persona, gracias a su gran plasticidad. Nada es ajeno.



      Cuando el niño ya está en la cuna, con los tiempos de sueño, comidas, higiene, paseos…, hay un crecimiento neuronal, pero sobre todo se forman múltiples ramificaciones en ellas. Hay momentos que al niño le gusta hacer determinada cosa..., porque está madurando eso en concreto. Y cuando va creciendo, con horarios, rutinas diarias, hábitos, situaciones familiares…, a base de ejecutar unas acciones, sucede lo mismo: hay una gran explosión de ramificaciones neuronales. 

                    





      Por eso, hace falta acompañarles en su crecimiento, ir guiando su aprendizaje, respetando sus ritmos naturales de maduración, sus "periodos críticos", más sensibles, y ayudarles a descubrir el mundo, insisto, en un ambiente inmerso en cariño como es la familia. 

      El periodo más importante para ello es hasta los 6-8 años, aunque se puede prolongar hasta los 12. Es un periodo de formación de innumerables sinapsis, que van conformando el cerebro de cada niño de forma muy singular, con sus características personales, gustos, cualidades, fortalezas...


    Para ello es necesario dejarles conocer las cosas, aprender desde su "interior", apoyarse en lo que es bueno y bello, contar con sus ritmos naturales de crecimiento, su impresionabilidad, su inocencia, sus tiempos de descanso y juego..., para que vayan aprendiendo, ganando autonomía, y relacionándose con los demás. 

     Siempre miran todo con "ojos nuevos"... Es preciso no darles todo hecho, no interferir en su proceso natural de desarrollo, en sus periodos más sensibles, en los cuales aprenden lo importante. Dejarles descubrir las cosas por ellos mismos, a su propio ritmo, a su modo.






      A nivel de lóbulos cerebrales, lo primero en madurar son las zonas motoras, que coordinan más el movimiento. Por eso les encanta moverse, y es muy necesario: vital para ellos. También las zonas sensoriales, con el conocimiento experiencial, áreas somatosensoriales, visuales, auditivas, del lenguaje... Más tarde la zona cognitiva y emocional, por el corex y el sistema límbico, donde se capta la realidad teñida de sentimientos. 

      Lo último en madurar es la corteza frontal, y en especial la zona prefrontal: lo más específico y cualificado de una persona, con sus conexiones a otras zonas. Es la base anatómica del pensamiento, control de impulsos, la voluntad, la toma de decisiones, el juicio, la planificación… etc. Y esto no se finaliza hasta los 30 años más o menos

    Dejo un enlace sobre el marco de desarrollo neurológico en edades infantiles y preadolescentes.

                                  





            Por tanto, el cerebro adolescente no ha terminado de madurar: son todo emociones, vividas con mucha fuerza, pero el control de ellas, la toma de decisiones…, es todavía inmadura. No podemos dejarles solos ante algunas situaciones que les desbordan, aunque ellos crean ser "mayores".







    Podemos aprovechar este conocimiento del desarrollo neurológico en la educación de los hijos, en su maduración, para favorecer situaciones que permitan sinapsis adecuadas que le van a ayudar durante toda su vida. Porque, las acciones del día a día crean hábitos, con sus correspondientes sinapsis, y estos hábitos modelan el carácter de la persona, con sus singulares cualidades y fortalezas también, si las sabemos descubrir y estimular.

       


                                     



             B) CÓMO APRENDEN LOS NIÑOS

         Se trata de dejar que puedan conocer las cosas que ven, que oyen, que tocan, que perciben..., la realidad que les rodea. El conocimiento experiencial. Y no solo lo tangible, lo medible, lo cuantificable..., sino también lo inmaterial, sentimientos, la espiritualidad... etc.

        Es necesario permitir su curiosidad por todo ello, dar paso a la admiración, dejar volar la imaginación y la creatividad tan propias de la persona.

       Y es fundamental enseñarles lo que está bien, o mal, y a tener en cuenta a los demás..., de acuerdo a cada edad, en un ambiente inmerso en cariño. Siempre guiados por ese sentimiento de saberse queridos y "sumergidos" en el amor mutuo de los padres.






              La "edad de oro” para el aprendizaje sucede en las primeras etapas. Lo que más le gusta a un niño es explorar y moverse libremente. Cuantas más oportunidades tenga de movimiento, de conocimiento experiencial, de ejercicio físico, mejor. Y cuantos más sentidos emplee, mejor conocerá el mundo que le rodea y mejor desarrollará sus capacidades, gracias a esa fase motora y sensitiva de la maduración cerebral. Todo el aprendizaje requiere formación de nuevas sinapsis, y en el niño es algo muy fácil, debido a su gran plasticidad cerebral. Lo que van aprendiendo se guarda, primero en la memoria de corto plazo. Más adelante, se fija en la largo plazo, en las distintas zonas cerebrales que se encargan de cada aspecto concreto. Por ejemplo, visual, auditivo, sensorial, del lenguaje...



                           


          También es bueno enseñarles a lograr hábitos saludables, porque en estas edades existen esos periodos más sensibles, en los cuales es muy fácil adquirir unas funciones innatas o unos valores humanos, como el orden, la sinceridad, pensar en los demás, la empatía, atender a los sentimientos, el valor del esfuerzo, de la voluntad o la resiliencia. Y más tarde, la generosidad, la responsabilidad, el trabajo bien hecho, etc. 

     Es muy necesaria la relación con otras personas, no solo de la familia, sino también con amigos, porque un amigo es mucho más enriquecedor que cualquier juguete, y mucho más que una pantalla... Siempre, insisto de nuevo, sabiéndose muy queridos. El cariño que les demostremos es el artífice de su buen desarrollo, de su maduración, y base de su afectividad. Y por tanto de su carácter y futura personalidad.



                           
         Por otra parte, desde que nace, el juego es muy importante en su vida. Todo lo aprende por vía afectiva mediante el juego

Para él todo es juego, o se transforma en juego: aprende jugando, juega aprendiendo. Juega con su madre, con la luz de su sonrisa, con sus propias manos, con su boca, emite sonidos, ensaya... y disfruta jugando. Incluso con ese disfrute en el que se sumergen los niños, olvidando lo que sucede alrededor: en modo "flow". La vida es juego, y mediante él conoce todo. 

     Además, el juego estimula el desarrollo cerebral, el pensamiento y la imaginación, la creatividad. Por ejemplo, mediante el juego simbólico el niño aprende muchas habilidades, relaciona distintas cosas en su cerebro, aprende por distintas vías, sensoriales y motoras, también resolución de problemas, comprensión y empatía con otros niños, aprende a ayudarles, acepta reglas... etc. 

     Dejo un enlace del marco de desarrollo pedagógico
         



  2- LA FAMILIA EN  EL MUNDO DIGITAL

       Estamos en un momento en el que la tecnología es un medio imprescindible en la vida. Pero, hemos tenido la "suerte" de educarnos en un mundo analógico, y así poder descubrir sus posibilidades, y también sus limitaciones. Nuestros hijos ya son "nativos digitales", que no significa que tengan superpoderes, pero, si no les orientamos en el mundo virtual, ellos no podrán hacerlo. Por eso hace falta conocerlo para guiarles: también en las tecnologías. Que no nos pille en modo “off”, y los dejemos "huérfanos digitales".


        Hace tiempo leí un artículo de un científico y psiquiatra, Manfred Spitzer, que me gustó especialmente, porque tiene mucho sentido común y hace reflexionar sobre el uso de este medio tecnológico.


          Habla de la importancia del aprendizaje personal, de la figura de los padres, y del maestro, para estructurar el conocimiento, de la capacidad de la inteligencia y del pensamiento, y del retraso de la maduración y aprendizaje que pueden producir las pantallas, si no las usamos de un modo correcto, especialmente en niños pequeños y preadolescentes. 

        La educación de una persona siempre será de tipo analógico. Hace falta aprender en familia lo importante de la vida, interactuar con los demás, atender a los sentimientos, mirar a los ojos, sentirse querido, saber sorprender, imaginar, ayudar, aprender a querer...

       Hay que poner inteligencia emocional en las relaciones humanas. Y de esta forma, con cariño, y atendiendo a los intereses del niño, se puede enseñar algunas cosas más, cuando su cerebro está preparado. A leer, escribir, tomar notas, trabajar en clase con el profesor, estudiar, pensar… etc. Los niños aprenden con las relaciones personales. Aprenden del trato de los padres entre sí, con los amigos... Las emociones influyen en el aprendizaje, y muy especialmente el cariño que recibe en la familia. Sentirse querido lo es todo. Una pantalla no transmite nada en ese sentido, ni sentimientos, ni ayuda a mostrar empatía, o a leer el lenguaje corporal... etc.

     






               A) CÓMO FUNCIONA EL CEREBRO

        El cerebro no funciona como un ordenador, con una capacidad de almacenamiento concreta en distintos archivos. No se trata de llenarlo de cosas sin más… 

      Aprende con los datos que provienen del exterior, o del propio pensamiento y creatividad, o de la imaginación y memoria..., estableciendo conexiones y relaciones entre las distintas zonas, en base a lo ya asimilado. Y tienen mucho que ver las emociones. Por ejemplo, la alegría y la sorpresa estimulan la atención, y ayudan a enfocarse en algo concreto. 

     Por eso, cuanto más se sabe, mejor se aprenden otras cosas nuevas, porque se tiene dónde asentarlo y con qué relacionarlo. Y si algo gusta o emociona, mucho mejor: capta toda la atención y se disfruta aprendiendo. Apenas supone esfuerzo. Aquí es relevante el estado de "flow" en el que se trabaja muy a gusto, el disfrute es máximo, y el aprendizaje óptimo. Y se estimula la neurogénesis: es decir, se crean nuevas neuronas.




         El cerebro no es un almacén de datos, sino que los procesa, y se basa en la conexión de redes neuronales que relacionan la información que manejan. Por ejemplo, la interconexión entre las distintas zonas sensoriales, cognitivas, emocionales, motoras y premotoras... Por eso, ser inteligente es saber relacionar distintas cosas en el pensamiento. Y de ahí surge la creatividad. También hay diferentes tipos de talentos, como señala H. Gardner, además de las diferencias personales. Sin embargo, el cerebro siempre actúa como un "todo", y cada persona es un mundo diferente: no se la puede reducir, archivar o etiquetar. Siempre está aprendiendo y cambiando su cerebro, esculpiéndolo, como señalara Ramón y Cajal. ¡Sorprendiendo!

    La memoria, por ejemplo, no es un archivo polvoriento de datos, sino que está modificándose constantemente, adaptándose, gracias a esa plasticidad cerebral. Asimismo, teñida de sentimientos, motivaciones y emociones.

      Para aprender y construir el propio conocimiento, es necesaria una base experiencial. Y los niños necesitan una persona que vaya guiando y estructurando su aprendizaje. Primero son los padres, luego los maestros y profesores, ayudados de los padres también. Es un trabajo en equipo... Y no solo "enseñar" materias o contenidos, sino conectar con el niño, con sus intereses: que se sienta a gusto y valorado. Ver qué necesita, saber hacerlo atractivo, que le motive desde su interior porque le gusta y disfruta. También para guiar su conocimiento. De esta manera, no le costará esfuerzo, y asimilará lo que le entusiasma. Aquí son relevantes los periodos críticos, más sensibles para determinadas cosas.



        Además, el cerebro no solo maneja datos de la realidad, sino imágenes, recuerdos, y sobre todo sentimientos y emociones. Toda la realidad está inmersa en sentimientos, y la conocemos a través de nuestra sensibilidad y afectividad. Las emociones surgen en el mundo real, en el trato personal, tan rico en matices, sobre todo en familia, primera y auténtica "escuela emocional".

        Es lo que facilita el aprendizaje y la relación con los demás. La sensibilidad de la madre, del padre, y el cariño que se tienen, es lo que aporta seguridad y confianza. Y ese cariño se desborda eficaz hacia ellos, permitiendo su buen desarrollo. Se sienten aceptados y queridos,  pueden ser ellos mismos, con sus cualidades y talentos tan singulares, y les posibilita madurar y crecer como personas.


      
                                             







         El niño aprende cuando lo nuevo lo interioriza sobre lo que ya sabe, cuando lo relaciona con ello, y establece un vínculo afectivo. Si no, no puede aprender. Y los padres, o el profesor, van dando estructuras sobre las cuales construir lo nuevo. También es preciso observarle, como decía María Montessori, descubrir lo que le atrae más, lo que le gusta repetir, y dejarle cierta autonomía para decidir y elegir actividades y juegos. 


       Más adelante, cuando son algo mayores, es vital ayudarles a que utilicen su cerebro de forma activa. Que aprendan a pensar por cuenta propia, que realicen un trabajo intelectual a fondo, que aprendan a concentrarse y enfocarse en algo. Que sepan leer, pensar sobre lo leído, escribir historias o pequeños ensayos... Y todo ello es posible gracias a esa plasticidad neuronal, por la cual se forman nuevas sinapsis y neuronas.

        Cuanto mejor se trabaja un tema, en los distintos aspectos, más zonas se relacionan y conectan entre ellas, y mejor quedará grabado en la memoria de largo plazo. Y, las sinapsis que se usan más, acaban reforzadas, formando redes neuronales, y las que no se usan, desaparecerán.
         




      Volviendo a la tecnología, cuando la mente está ya un mínimo estructurada, se puede introducir el mundo digital, con algunas premisas. Sin embargo, antes, lo que puede hacer es retrasar el desarrollo y la maduración del niño. Impedirle aprender de las percepciones y vivencias, vitales para construir las primeras estructuras neuronales y sinápticas cerebrales, que necesitará durante toda su vida. 

        A través de este medio digital, parece que se pueden abarcar muchas cosas, pero se hace de forma más superficial, con lo que no quedará registrado. Y la mente se puede bloquear por exceso de información, que no se retiene en la memoria, ni se aprende por lo tanto. Es lo que se denomina infoxicación. Además, los tiempos atencionales de una persona, y en espacial de un niño, son muy cortos y lentos, y en las pantallas todo va demasiado deprisa... 


        Si nos sucede esto a los adultos, ¿cómo será en un cerebro sin apenas madurar...?

      Para recibir información, procesarla y valorarla, y luego gestionarla, es preciso tener formación. No todo es cierto ni saludable en la red... Hay que aprender a ser críticos y filtrar.


        Inger Enkvist, experta sueca en educación, ya lo afirmaba hace muchos años, antes del boom de la tecnología. Las habilidades digitales son más bien un tipo de aprendizaje profesional, que se puede adquirir o perfeccionar en cualquier momento de la vida, pero, no ayuda especialmente al desarrollo intelectual, ni a la capacidad de pensamiento del niño. 



     B) CUÁNDO INTRODUCIR AL NIÑO EN EL MUNDO DIGITAL  

      La Academia Americana de Pediatría hizo unas recomendaciones sobre este punto, dirigidas a los gobiernos, colegios... etc. Y, se supone, que los padres debemos ser un poco más cautos en ello. Por ejemplo, aconseja no usar tabletas en niños menores de dos años. (Posteriormente lo ha ampliado un poco). Luego, con algunas condiciones respecto al tiempo, respetando la vida familiar, las comidas, y cuidando el sueño. Es preocupante el tiempo que los niños están delante de alguna pantalla. Además, pocos contenidos son adecuados para lograr efectos positivos. Por eso, es vital la implicación de los padres.

          Se ha comprobado que un exceso de pantallas dificulta la interacción social, el saber mirar a los ojos y comprender, leer el lenguaje no verbal, las relaciones de veras humanas, la amistad.

                                   








         Otro dato: de los dos hasta los cinco años se puede usar pantallas un máximo de una-dos horas diarias, pero con contenidos adecuados de calidad, y con unas normas concretas que encaucen su uso. Aunque, mucho mejor si solo se usan el fin de semana... Y siempre guiado por los padres.

         Para los mayores de seis años hay que establecer un plan concreto en familia, con un tiempo de ejercicio y un cuidado del sueño. Esto significa no usarlas dos horas antes de acostarse. Por eso, cada familia es la protagonista y debe establecer su plan, pero con sentido común, estando muy atentos a respetar sus ritmos, su desarrollo cerebral. También por los peligros inherentes de la red

        Porque, igualmente que tenemos un proyecto educativo con cada hijo, respecto a la adquisición de unos hábitos, un conocimiento, un entrenamiento de su voluntad, un deporte, atender a los sentimientos..., también hay que pensar cómo queremos presentarle el mundo virtual. Y lo aprenderán con nuestro ejemplo. Ver qué debemos enseñarle, 
cómo manejarse en él..., cómo acceder a información fiable y tamizar.

     Es importante ayudarle a pensar por cuenta propia, a ser crítico con lo que le llega, a contrastar fuentes. Ya se ve, que es una ingente tarea, pero merece la pena todo esfuerzo por acompañarles en su uso. Nunca dejarles solos con dispositivos, al menos mientras son más pequeños. Luego con unas directrices para navegar con ellos, y que pregunten o hablen lo que les preocupa y llama la atención.





     Los pediatras también alertan por la frecuencia de “calmar” a los niños con pantallas para que dejen tranquilos a los padres, para que coman, para vestirlos… No es bueno para ellos, puesto que interfiere con el buen desarrollo cerebral, se habitúan, y cada vez requieren estímulos mayores, porque lo sensorial siguen una ley de tolerancia y rendimientos decrecientes. Por eso pueden crear conductas adictivas..., muy relacionadas con la recompensa que producen: con ese flash de dopamina y otros neurotransmisores. Y esto nos puede suceder a todos, si no lo cuidamos, pero en especial a los niños, cuyo cerebro está por formar y madurar.

    Además, el juego con otros niños es mucho más enriquecedor que el digital, y fuente de adquisición de habilidades y destrezas, de creatividad, además de interacción personal, con el consiguiente aprendizaje emocional y empatía. ¡¡Cuánto enriquece un amigo...!! Las personas mejoran con el trato personal.

                                  

                  

        Por tanto, es preciso saber unas claves para usar la tecnología, ya que puede aportar muchos beneficios si aprovechamos las oportunidades que encierra, cuidando el desarrollo de nuestros hijos. Tenemos que guiarles en su uso adecuado y saludable, como en otros ámbitos, y para eso debemos estar al ahí, con ellos, e intentar ser coherentes en nuestro manejo. 





   Ya conociendo un poco cómo se realiza el aprendizaje humano, y el desarrollo cerebral, dejo para otras entradas la tecnología y las pantallas de forma más práctica, con planning familiar y otras ideas. 



Algunos enlaces relacionados: 



Cuatro claves para educar en el mundo digital 

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                                                Mª José Calvo
                                                  Optimistas Educando y Amando                                                                                                                                                                                                                                                                    
                                                               @Mariajoseopt      




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