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lunes, 3 de agosto de 2026

SABIDURÍA EN LA TIERRA MEDIA


                                   SABIDURÍA EN LA TIERRA MEDIA 


El "Legendarium" de J.R.R. Tolkien contiene una belleza y una sabiduría espectacular. Al sumergirte en él encuentras algo que nunca habías conocido. No tanto por las historias que relata, tan hermosas, sino por su mirada que descubre maravillas y las plasma de esa forma tan especial. Tanto la alegría como el sufrimiento..., aunque lleno de esperanza.

Posee algo que conecta con los anhelos del ser humano. Quizá sea porque tenemos deseos de belleza en lo más hondo del corazón: hemos sido creados con sueños de infinito, con una "semilla" de eternidad, y no nos "llena" cualquier cosa. 

Además, nuestro autor tiene un don creativo muy especial, trabajado en la base de los muchos idiomas que conoce, maneja y le apasionan, y en el significado etimológico de las palabras. Esa capacidad semántica, y los mundos que se iluminan desde esos lenguajes, algunos de ellos arcanos y antiguos, con sabiduría atesorada, aportando fondo histórico a la narración, y otros más sencillos, como los personajes que los hablan: los hobbits de la Comarca.


Tolkien es capaz de interpelarnos con su obra, de crear un vínculo con cada lector que hace pensar y descubrir una realidad, mejor de la que tenemos tantas veces. Con más luminosidad, alegría y esperanza. Lo que podría o debería ser... Y lo hace desde las palabras y las historias que despliegan, con su bonita sonoridad, muchas en idiomas élficos inventados por él mismo. Por ejemplo el Quenya, basado en el finés, y el Sindarin, en el galés, que hablan los Elfos, criaturas antiguas, artistas creativas y sabias. 


En esas lenguas perviven historias auténticas, con gran riqueza, aportando un sentido hondo y hermoso a su mitología. Algo realmente deslumbrante: "un todo" armonioso y cautivador que hace disfrutar de tanta belleza que nos envuelve, nos conmueve y alegra, y hasta sana y consuela. 

Al leer su obra, uno percibe que todo en la Tierra Media está vivo..., serpenteante, algo cuasi mágico, pues sabe transmitir con palabras "encantadas" esa superabundancia del ser de las cosas, sus variados matices, muchos creados con la "varita mágica" de la palabra y del adjetivo preciso, llenos de sentido.




El Profesor ha sido capaz de iluminar maravillosamente un ámbito que estaba sin "descubrir," como él decía, con historias memorables llenas de encanto para su querida Inglaterra, y para todos los que nos acercamos a ella en los distintos confines del planeta.

Cuenta en sus Cartas que no tenía la impresión de crear algo nuevo, sino de descubrir algo que ya estaba allí... Porque, como apunta el doctor E. Segura, inventar, en su sentido etimológico, significa encontrar, descubrir, hallar: "desvelar" mundos posibles que están como "escondidos", esperando que alguien que los revele, y así, hacer una llamada a lo más íntimo del corazón. Por ello dirá en otra de sus Cartas que su obra es "un ensayo de estética lingüística"... Ese es su origen, y a partir de él despliega todo un universo.



Una "subcreación" artística, como él la llama. No "fantasía" en el sentido que algunos creen, como algo irreal, fútil, banal y sin trascendencia, sino una auténtica mitología creada, subcreada. Y precisamente en los inicios de la Gran Guerra, desde las trincheras y el dolor y el sinsentido. ¡Qué grandeza de ánimo!...

Y mito, en su sentido aristotélico, es narración, relato, historia, y está compuesto de verdad. Lo explica en su escrito "Sobre los cuentos de Hadas", un ensayo publicado en el libro "Árbol y Hoja". Por eso refleja e ilumina la realidad en la que vivimos. Muchas veces se confunde el significado de mito, y se lo introduce en el "cajón de sastre" de la "fantasía" en su sentido peyorativo, incluso como algo falso. Sin embargo es auténtico arte, arte verdadero, como pocos han podido realizar, un don singular.

Este tema de los mitos lo hablará mucho con su amigo C.S. Lewis y otros intelectuales, como Owen Barfield y Hugo Dyson, pues es una forma de conocer el mundo a través de la luz y la belleza que emanan de ellos. Porque: "Venimos de Dios, e inevitablemente los mitos que tejemos... reflejan un astillado fragmento de la luz verdadera, la eterna verdad de Dios", que percibimos en tantos matices que reverberan en cada lector.





El Profesor comprende al ser humano, y no se queda en lo más superficial, sino que va a los deseos y anhelos más profundos del corazón: ese deseo de inmortalidad, de permanecer, de hacer algo grande con la propia vida. Porque estamos creados para perdurar "más allá de los círculos de este mundo"..., como consuela el Rey Elessar a su esposa Arwen, Lúthien, "hija del crepúsculo", en su despedida. No aspiramos tan sólo a recuerdos. Por eso apunta Tolkien en una Carta del epistolario, que su obra trata sobre la muerte y la inmortalidad del ser humano: algo que le preocupa, pues ha estado "conviviendo" con la muerte de sus seres queridos desde su tierna infancia.



Sin embargo, la Tierra Media está llena de sentido, de luz y belleza. Y todo es un don, algo gratuito, mágico y milagroso que agradecer, como también descubriría G.K. Chesterton después de tiempos de "locura" que decía él, y oscuridad...

Llega al núcleo del ser humano desde la belleza de su legendarium, con esa sobreabundancia, con historias hermosas, aunque terribles tantas veces, como sucede en el mundo real. Porque "la alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas"... Es lo que le sucede a Gimli con la belleza que le "toca" el corazón y le desborda en los Lotlhórien. Él no temía al dolor ni a la muerte, pero a la luz y la belleza... Los enanos son muy sensibles a la belleza, y queda asombrado y deslumbrado por ella, pues cala hondo.






En otra de sus cartas, la Carta 183, dirá que su mundo no es un mundo imaginario, sino un momento histórico imaginario de la Tierra Media, que es el lugar donde vivimos.

Su creación nos ayuda a descubrir el sentido de la realidad, a ver más allá de las apariencias, y atisbar el propósito de la vida. La misión de cada uno, como le sucede a Frodo, -"lo que tú no hagas, nadie lo hará por ti"-, y a cada personaje del legendario.


Esta forma de ver el mundo está muy relacionada con la concepción de los Cuentos de Hadas en G.K. Chesterton, con quien comparte esa filosofía. Chesterton lo escribe en "La ética del País de los Duendes", o Fantasía, en su libro autobiográfico Ortodoxia. Una forma bonita y cualificada de literatura, no tanto para niños, que refleja la realidad, llena de la belleza asombrosa del mundo creado. 



Esta potencia y capacidad imaginativa se "despierta" y toma mucho más relieve con J.H. Newman, y otros intelectuales del movimiento de Oxford. Y en George MacDonald, de quien aprenden gran parte de su significado, tanto romántico como cristiano, bien integrados, especialmente de su obra "Phantastes". Y en concreto C.S. Lewis, y lo comentará con sus amigos los Inklings, sobre todo con Tolkien.




Dice el Profesor Tolkien: "Creo que lo que llaman cuentos de hadas es una de las formas más grandes que ha dado la literatura, asociada erróneamente con la niñez." Y la imaginación, que recupera la belleza inicial del mundo creado a través de la fantasía. Ese poder y "derecho" del ser humano, de crear con sus facultades y capacidades para descubrir la belleza inicial de la creación, y para "completar" esa creación.


Su obra ayuda a mirar y contemplar la realidad, a descubrir esa belleza escondida por doquier, pues se percibe lo infinito que contiene, que se refleja en mil matices e Historias, como la luz blanca se descompone en muchos colores. Y es debido a que la realidad está plena de significado, tiene una sobreabundancia de ser, algo que se nos ha regalado, gratuitamente, para nuestro disfrute. Y por tanto, algo que agradecer. 

Quizá los artistas son más capaces de percibir muchos de esos matices..., y de reflejarlos en obras de arte y relatos conmovedores, incluso vivos, "que van de mente en mente", como refleja Tolkien en su poema Mitopoeia, donde explica el arte de crear, o "subcrear", que denomina él, desde la lingüística y las palabras.



Descubrir y percibir la belleza de la realidad, porque es un don, un regalo, algo que rebosa belleza y sentido... Aprender a contemplar, que es un "percibir amante" del mundo que nos rodea. Tener una mirada cálida, agradecida, pues todo es "magia", milagro, la ilusión de "encontrar algo a la vuelta de la esquina" dice Gilbert Keith con su carcajada franca y asombro agradecido. 


Y "magia" para Tolkien significa sabiduría, conocer las cosas y llevarlas a la plenitud de su ser. Es decir, el modo de ser natural del mundo. Ver más allá de las apariencias, percibir la belleza que entraña..., "alzarlo" con la imaginación para conocerlo mejor y contemplarlo. 

En la Tierra Media todo está como "envuelto" en magia... Muy relacionado con los poderes de los Magos, o Istari, que son "sabios". Y con los Anillos Élficos que preservan y desarrollan la belleza de la naturaleza y del mundo. Uno de ellos lo guarda la Dama del Bosque en los Lorien: un reino exuberante donde parece que el tiempo no pasa. Con ella se despliega esa voluntad de preservar y crear belleza que poseen los elfos, artistas creativos, pero atados a todas las Edades del mundo, a no ser que mueran en una batalla, o de tristeza.





Podemos aprender a percibir lo que las cosas son en profundidad, con calma, con ojos nuevos, sin acostumbramiento, porque muchas veces no miramos, o nos quedamos en lo accesorio y superficial por las prisas, por no pensar, por no detenernos a contemplar. Y así no se puede descubrir su encanto. Se nos escapa tanta maravilla, y la necesitamos mucho más de lo que pueda parecer, como descubrió Dostoievski en circunstancias tan duras. 

Lo verdadero se nos hace accesible desde el esplendor de su belleza...: es como la llave que abre "la puerta" de la verdad y la bondad. Porque, señala Tomás de Aquino, "la belleza es reflejo de esa verdad", de esa realidad gratuita y deslumbrante, tan plena de significado.


En la Tierra Media de Tolkien hay mucha sabiduría, acerca del mundo y del ser humano: de las profundidades y anhelos suyos. Y ese conocimiento nos ilumina y ayuda a saber cómo somos, qué nos llena de veras, y formas de desarrollar esa esencia, lo cual nos hará más felices. Y tiene mucha relación con la belleza inicial de todo lo creado, y los anhelos del corazón. Tenemos deseos de belleza, estamos hechos para una belleza imperecedera. Nuestro corazón lo desea y lo busca. Ya lo intuyó C.S. Lewis con su agudeza intelectual... Una llamada que nos trasciende y "empuja" a lo alto.







* Primer relato del joven J.R.R. Tolkien


Uno de los primeros poemas fue "El viaje de Eärendel, la Estrella Vespertina". Sería la base para desplegar mundos e historias donde se pudieran decir palabras hermosas en un ambiente adecuado... Lo escribía por el año 1914, y narra el viaje por el cielo de un marinero: "Eärendel se precipitó desde la copa del Océano"... Luego tendrá más versiones, y "crecerá", en base a los lenguajes inventados, según lo va relatando. Las estrellas llevan luz, y son muy significativas en su obra.

Y de ahí surgirá mucho más tarde la luz de Eärendil, la más preciada Estrella... 

Eärendil es un personaje del Silmarillion, que, en su precioso navío Vingilot, "la Flor de Espuma", fue a pedir perdón y ayuda a los Valar por hechos deleznables del pasado de Elfos y Hombres... 

Y esa luz de la Estrella la recoge la Dama Galadriel en la redoma de cristal para regalar al Portador del Anillo en su viaje a las "Grietas del Destino". Que le ilumine en los lugares pavorosos "cuando las otras luces se hayan extinguido". 





Volviendo hacia atrás en el tiempo, es lo que se propusieron un grupo de amigos de la Escuela de Birmingham, el T. C., B. S., (Tea Club and Barrovian Society), antes de la Gran Guerra de 1914: iluminar este mundo. Y algo que llevó a cabo Tolkien, pues dos de ellos, sus muy queridos G. B. Smith y R. Wilson, murieron en ella. Muerte y más muerte en las trincheras... Sólo sobreviviría Christopher Wiseman, que quedó muy afectado. 

Posteriormente, en el ambiente de la Universidad de Oxford, haría algo semejante con su gran amigo C.S. Lewis: crearían el grupo literario de los Inklings. Serán buenos amigos, y entre ellos se animan y rescatan de tanto sufrimiento de la Guerra, y de la muerte siempre presente. Lewis fue quien le alentaba en todo momento en lo que iba "alumbrando" de su creación, pues percibía su grandeza y singularidad. Él en cambio escribiría otras historias sobre viajes en el tiempo y el espacio. Y más adelante, cuando llega a comprender con hondura la realidad iluminadora de los mitos, y la trascendencia del "Mito" con mayúsculas, gracias a sus amigos, se le abrirá un horizonte nuevo e impresionante, y rebosarán de su corazón Las Crónicas de Narnia, en clave alegórica. 








Para acabar, te vuelvo a recomendar el libro "el mago de las palabras", así como "Historia, Leyenda, Mito", en Ed. Legendaria, del doctor Eduardo Segura, del que tanto se aprende, con agradecimiento. Y otro librito profundo: "JRR Tolkien: Cuentos de Hadas", de J.M. Odero, reeditado recientemente, pionero en el estudio literario del Profesor Tolkien.




Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡Muchas gracias!

                                                                            
Mª José Calvo
@Mjoseeopt
                                                                        



viernes, 10 de julio de 2026

DESCANSAR EN FAMILIA

    




                                     DESCANSAR EN FAMILIA





Repensado la importancia del descanso en familia. El lugar por excelencia de la persona, de la libertad y la creatividad, que nace del amor. El cariño es una experiencia afectiva que nos da “alas” para volar alto, aunque no sólo son sentimientos, también precisa inteligencia y voluntad para querer.

 

El hogar es el espacio de la intimidad donde se gestan y desarrollan las verdaderas relaciones personales, donde surgen vínculos afectivos que estrechan a esas personas. Ahí se aprende todo lo importante de la vida. Se guardan gratos recuerdos, sumergidos en cariño, que nos acompañan toda la vida.


Cada persona crece humanamente con ese alimento, que rezuma belleza, porque la familia es el ámbito natural del cariño y el cuidado. Cada persona necesita sentirse querida, y darse a los demás, para ser una persona cabal, puesto que somos "seres relacionales”, “seres de aportaciones”, diseñados para trascendernos.    






Un pensamiento genial de G. K. Chesterton: “Al nacer y entrar en la familia, entramos de verdad en un mundo incalculable que tiene sus leyes propias y extrañas, que podría muy bien continuar su curso sin nosotros, pues no la hemos fabricado nosotros. En otras palabras, cuando entramos en la familia entramos en un “cuento de hadas”.

             

La familia es eso, como un cuento de hadas, donde cobra sentido la maravilla, la belleza, la afectividad de cada persona. El hacer las cosas con la mirada de un niño, con su asombro agradecido, sabiendo contemplar la realidad con esos ojos que descubren y se sorprenden de tanta belleza y prodigio, y sobre todo de las personas. Saber apreciarlo y agradecerlo.

         

Sólo en la familia intentamos que las personas sean lo más importante, y la relación con ellas también. ¡Ponemos el corazón en ello! El lugar propio del cariño, de las relaciones verdaderamente humanas, y la primera escuela de humanidad. En ella se forja cada persona, y sale a los diversos ambientes sembrando con su vida valores, sonrisas, cuidado, amabilidad, servicio atento… Es decir, humanizándolos.


      



La familia surge de su núcleo vital, el amor en pareja, que se desborda hacia los hijos. Y ese amor se plasma en muchísimas cosas. Por ejemplo, en hacer que el ser querido sea lo más importante, porque lo llevamos en el corazón…, en dar prioridad a la relación, el mayor tesoro que tenemos. Por eso hay que cuidar, mimar, ¡custodiar! ese amor que nos alegra y hace dichosos. Y como toda realidad viva, necesita nuestro cuidado primoroso.


Y luego se concreta en mil cosas con los hijos. En que se sientan de veras queridos, en preservar su mirada y asombro de niños, en hacerlos fuertes, empáticos y generosos, y enseñarles a querer. Lo cual no significa darles mil caprichos, sino capacitarles de autonomía bien pronto, y fomentar su libertad: la que puedan manejar según su edad y madurez, para pensar en los demás. Así podrán crecer y desarrollarse bien.



La mayoría de las veces, amar significa atender a la otra persona, mirarle a los ojos, encontrar tiempo para estar, para hablar con calma, para divertirse, para hacer cosas juntos… Darle lo que necesita y le alegra, sonriendo aunque no apetezca mucho en ese momento, pero se hace por amor. Poniéndole en el centro de la vida y de los afectos, sin "egocentrismos", teniendo un alma generosa, comprendiendo, siendo flexibles, cediendo. Y aprender a contemplarla: descubrir y admirar sus cualidades y su esfuerzo por mejorar, por querer a todos. 

            

En efecto, el ser querido nos importa, y ¡mucho! Y encontramos tiempo para hablar, comunicar y conectar corazones… Así, las conversaciones pueden ir ganando en calidad. Podremos comprender, sintonizar y compartir sentimientos, que es lo que más nos alegra y enriquece la vida. Necesitamos un espectador de nuestra vida que nos escuche, que nos mire con cariño, que nos aconseje, que nos anime… que esté siempre a nuestro lado. Y el ser querido es ese amigo incondicional que nunca falla, con el que queremos compartir la vida entera porque le queremos infinito. Y al otro le sucederá lo mismo.





      

Entonces, ya no se concede tanta importancia a cuestiones más triviales, sino que se desciende a los detalles, pensamientos y sentimientos. ¿Cómo te encuentras?, ¿qué tal has pasado la mañana?, ¿a quién has visto?, ¿qué tal está?, ¿le has podido ayudar?… Descubrimos la importancia de esos pequeños gestos y detalles en las relaciones personales. También con los amigos.


Podemos hacer de las conversaciones un intercambio de intimidades, un diálogo de pensamientos. Sin embargo no salen solas, hay que poner intencionalidad, pensar qué tema tratar, tener en cuenta al otro, lo que espera, cómo reacciona, cómo se siente…, para no pedir lo que no puede dar. Conversar es algo vivo que se crea entre los dos, como una obra de arte que va construyendo, alimentando y aquilatando el amor y la relación.


De esta forma nos descubrimos como personas, y descubrimos a los demás en sus mejores actuaciones. Nos quedamos con lo mejor de cada uno, porque es el modo de conocerlos de veras, puesto que lo más “mediocre” sale solo con dejarse llevar, pero en lo valioso hay que poner pensamiento, intención, esfuerzo, e ilusión, y deja una huella personal. 

           

Y aprender pronto a perdonar, porque todos somos más vulnerables de lo que parece, y muchas veces necesitamos más cariño de lo que podemos merecer. Hay que liberar esos rencores, odios, culpas, prejuicios… Como decía Walt Disney: “La vida es demasiado corta como para no perdonar.” El perdón es posible cuando amamos de veras, y tiene el poder de restaurar lo que estaba lesionado o herido. Y estrecha los lazos.



Por tanto, aprovechar el amor que nace cada día en nosotros, acogerlo y desplegarlo, y hacer acopio de buenos sentimientos y emociones en la dirección de quererse más y mejor... Y es importante la ilusión y la motivación, mostrar empatía con quienes más queremos, conectar intimidades. Mirar al rostro, usar las "neuronas espejo" que nos facilitan esas capacidades, aprender a captar los estados afectivos de esa persona.



Con palabras de la escritora Mercedes Salisach: “La verdad del amor es que no siempre se siente, sino que se practica”. Los sentimientos no acompañan en todas las ocasiones. A veces hay que poner voluntad en tener detalles, y demostrar ese cariño… Y de ese modo resurgirán sentimientos positivos de admiración y cariño mutuos. Se descubre la dicha de estar juntos, disfrutando de la compañía. 

             

Se trata de poner pensamiento y empatía con la otra persona, para estar bien unidos, con la meta clara en la mente, como te contaba en otros artículos.



En familia, es importante que todos se sientan queridos, y noten ese amor, pues es el artífice de su valoración y de su autoestima... y el que les enseñará a querer en la vida. ¡Somos su modelo y referente! Dejemos un sendero atractivo.


Para ello es necesario tener unas normas que señalen el camino… Pocas, pero importantes. Y todo sumergido en cariño “del bueno”, que les llegará como por ósmosis… Es el modo de ayudar a los hijos a educar las emociones, desde bien pequeños, enseñarles a controlar caprichos e impulsos, a tener autodominio, hacerles fuertes ante las contrariedades, y generosos con los demás. 







Porque, se educa sobre todo con nuestro ejemplo, con lo que somos, más que con lo que decimos, y en cómo nos tratamos entre nosotros. Los niños aprenden lo que es amar, respetar, escuchar, ceder, hablar bien, ser comprensivos, ayudar… viendo cómo lo hacen sus padres entre sí. Y ese ambiente de hogar que creamos, alegre y optimista, que respiran ellos, es el artífice de su formación como personas. Con ello podrán desarrollarse en plenitud, plantearse metas nobles que les atraigan, según sus cualidades y fortalezas, y pilotar su propia vida. 




En verano tenemos más tiempo para compartir en familia y dedicarlo a lo importante. "Mimar" un poco nuestros amores, empezando por la propia pareja.


Y descansar, que es cambiar de actividad, sin descuidar lo más significativo de nuestras vidas. Pensar “que hacer con el tiempo que se nos ha dado”, ver qué actividades aportan algo que no podemos hacer durante el curso para aprovechar el tiempo. Por ejemplo, leer con calma, escuchar música, aprender algo nuevo que ilusione, contemplar un paisaje, una puesta de sol, un trinar de los pájaros, la bóveda celeste llena de estrellas, caminar por la naturaleza, un “baño” de bosque, caminar por un riachuelo, una etapa del Camino de Santiago, cuidar un jardín, una comida sin prisas, una conversación con alguien que estamos posponiendo… 


Más ideas con los hijos: escribir cartas y enviarlas por correo postal, cuidar a los abuelos, visitar una granja, un pueblo, cultivar flores, tiempo para leer algunos libros con valores humanos, por ejemplo: Las aventuras de "Los cinco", cómics como Tintín o Asterix, Platero, Pinocho, “El Cid contado a los niños”, “Endrina y el secreto del peregrino", “El Principito”… Para adolescentes: “Aquel verano”, de M. Aranguren, o "Vigo es Vivaldi”, de J. R. Ayllón…, libros de Julio Verne, los de “Harry Potter”, y biografías juveniles de personajes ilustres. TambiénEl diario de Ana Frank”, “La Ciudadela”, de Cronin, "La Reina sin nombre", de María Gudín sobre los godos, que a todos atrae por su belleza.


                     

Se trata de buscar la forma de poder disfrutar con los que más queremos: tiempo para compartir, para conectar con ellos, desconectando pantallas, que tantas veces atrapan la atención, dispersan la mente y distraen, descuidando a las personas cercanas. Cuidar la familia, hacer que sea lo más importante, lo cual dejará una huella alegre, luminosa y acogedora en los corazones. Y ese ambiente estimula a dar lo mejor de cada uno, pensando en los demás.







Espero que te haya gustado y lo puedes compartir. ¡Mil gracias!
                                                                     
                      
                                                 
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* Libros en familia


                                                                                            
          
                                                           
                                                                                                      

                                                             Mª José Calvo
                                                  Optimistas Educando y Amando
                                    
                                                             @Mjoseeopt 
                                                 
                                                
                                                          

                                             
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