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Lograr armonía familiar

viernes, 13 de febrero de 2026

¿SABEMOS AMAR?...


                                           ¿SABEMOS AMAR?


Se acerca san Valentín. Podemos pensar qué es lo que queremos: emociones pasajeras, o un amor de verdad que atraviese el tiempo y nos lleve a un puerto seguro...


Hoy tenemos un autor invitado, autor del blog "Marketing y servicios": José Miguel Ponce, profesor de varias Universidades y Mentor.



Transcribo un artículo suyo sobre el amor, ahora que se celebra el día de los enamorados.

"El amor está presente en las conversaciones, en la publicidad y en general en los medios de comunicación. Sin  embargo, en las sesiones de mentorías que tengo con jóvenes y adultos, me he dado cuenta que no se sabe amar. Se confunde el amor con un sentimiento. Esto es es un motivo por el cual se producen muchas rupturas de pareja. Se olvida que los sentimientos y emociones cambian con frecuencia.

«La necesidad más profunda del ser humano es amar y sentirse amado». 

Esta frase la he leído en bastantes libros y documentos, además de ser una experiencia universal. Me gusta decir que para ser feliz hace falta: saber amar, sentirse amado y tener un proyecto claro de vida.

Después de reflexionar sobre en qué consiste «amar y sentirse amado», llego a la conclusión de que es una condición para ser feliz. Parece que sentirse amado es más fácil conseguir, ya que depende en buena parte de las demostraciones de cariño de las personas que nos aman. Pero también es importante dejarse amar. En este caso lo importante no es lo que yo hago por los demás, mi servicio, mi generosidad. Dejarse amar es reconocer con gratitud lo que, quien me ama, hace por mí. Ese «sentirnos amados» puede variar de una persona a otra. Cada uno tiene su forma de entender y preferir esas manifestaciones que muestran el cariño.

La felicidad está relacionada con el amor y el amor tiene que ver con la entrega y servicio al otro. Querer supone con frecuencia sacrificio, generosidad, saber perdonar, olvidarse de sí mismo. Sólo cuando estamos dispuestos a darlo todo a cambio de nada es cuándo más nos acercamos a ser felices, a poder vivir una vida y un amor pleno.

Si tuviera que resumir en dos palabras cómo demostrar el amor, destacaría el tiempo y el cariño. Dedicar tiempo, no sólo en cantidad, sino de calidad, ya que la relación, el trato, es la base del conocimiento mutuo y eso requiere tiempo. Y el conocimiento mutuo es la base del amor.

El cariño se refleja en los detalles. Supone ayudar, sorprender gratamente, regalar, aunque no suponga gastarse dinero. ¿Cuánto vale una sonrisa? También se demuestra con palabras, diciéndolo cuando sea necesario.

Los amores que se dejan llevar por el sentimiento sin pasar por la inteligencia con frecuencia producen mucho sufrimiento. Sentimiento, sí. Inteligencia también. Voluntad, sin duda. Si te enamoras y si pasas por malos momentos, no te dejes llevar sólo por los sentimientos. Estos son cambiantes, dependen de muchos factores y circunstancias. Las razones son más estables: permanecen en el tiempo.

Aunque en castellano se suele utilizar indistintamente amar y querer, podemos distinguir entre esos dos términos: amar como el verdadero amor."

Gracias José Miguel, me viene a la cabeza aquella frase del Principito... "Te amo, dijo el Principito.. Yo también te quiero, dijo la rosa. No es lo mismo, respondió él...




Caminar juntos es echar mano del perdón cuando se falla... No tener una lista de agravios del pasado, no guardar rencores.

El día del "sí quiero" se promete estar ahí para el otro, apoyarle cuando falle..., o fallemos. Las imperfecciones que todos tenemos nos dan margen para ensayar, aprender y crecer. Crecer en el amor. Y despiertan ternura en el otro..., algo que da fuerza y revitaliza el amor. Caldea los corazones.


* Si queremos ser felices, es importante preguntarse:

-¿Intento aprender a amar de verdad? Con sentimientos y con voluntad...

-¿Dedico tiempo al otro? Conversar, estar, escuchar, adivinar.

-¿Manifiesto detalles frecuentes de cariño a las personas que quiero?


* Como apunta un gran humanista, Tomás Melendo, el que sabe querer es muy feliz, el que ama más o menos es más o menos feliz, y el que sólo se preocupa del yo, acaba triste, solo, sin alegría, sin la dicha de querer y sentirse querido.

Querer a alguien consiste en cambiar la perspectiva del "yo" al "tú". Es como encontrar un gran tesoro y volcarse en él. Entonces, esa persona capta todo el interés y uno quiere tenerla siempre a su lado: en los momentos buenos, y en los menos buenos…, cuando sale solo, y cuando cuesta más..., pero por eso vale más: se aquilata el cariño.           

Y pensar que, en el amor, sólo "se tiene" lo que "se da", y lo importante siempre es ¡el otro! 
           
De ese modo, ayudarle a lograr su mejor personalidad, pero la suya. Además, cuando uno logra olvidarse un poco de sí, se le quiere mejor al otro, y se es más feliz


Dejo unos puntos para repensar, o trazar un plan de acción, porque, "obras son amores"...
                                      

                        



                                                                             Mª José Calvo
                                                                  optimistas educando y amando

                                                                             @Mjoseeopt      


                             
Espero que te haya gustado, y gracias por compartir. 



Dejo el blog del Profesor: marketingyservicios.com


(https://marketingyservicios.com/en-el-dia-de-los-enamorados-sabes-amar/)




Algunos enlaces relacionados: 


       Sinergia en pareja  
  



      * El-amor-y-el-perdón 

      * Fortalecer-el-amor-6-claves       
                                                                     
       San Valentín con un vídeo que me gustó de #soyamante


         
URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2026/02/sabemos-amar.html

viernes, 30 de enero de 2026

ANHELOS DEL CORAZÓN

  


                                LOS ANHELOS DEL CORAZÓN




Escribo unas pinceladas a raíz de unas ideas que resuenan en mi interior...


Estamos imbuidos en un mundo que lleva mucha prisa, aunque a veces no se sabe hacia dónde..., pero corre a toda velocidad. Estamos en una "cultura" de lo externo, del tener, de éxito, de la imagen, de la sonrisa para la foto, de lo positivo aunque uno esté roto por dentro..., de la "alergia" al dolor y al esfuerzo, de las sensaciones y el emotivismo a flor de piel, a golpes de dopamina.


Todo ello produce desasosiego, pues no estamos hechos para eso, sino que tenemos un corazón para amar, para sentirnos queridos y querer a los demás. Y por este motivo, por ahí estará la felicidad...






Pero, ¿cómo lograr un poco de serenidad en esta vorágine? 



Estar con uno mismo en el silencio interior nos ayuda y da paz. Así podemos pensar con calma, hacernos preguntas esenciales de la vida, adquirimos orden interior, trazamos metas que nos atraen... para encaminarnos a lo que nos ilusiona y estamos llamados a ser, cada uno.


Se trata de desarrollar nuestros sentidos interiores, el sentido común, el conocimiento valioso y atesorado de los que nos precedieron, que ha pasado el tamiz de lo caduco, el sentido de la vida, de lo trascendente, de lo que no se agota aquí y ahora sino que perdura. Y esos deseos que anidan hondo en nuestro corazón, que señalan a un Dios que nos ha creado, y despiertan en nosotros un afecto que conmueve...



C.S. Lewis, creador de mundos imaginarios llenos de belleza, además de ensayos de gran calado, y gracias sus amigos, quedará "sorprendido" por la alegría. Él de joven era ateo, sufrió la muerte muy de cerca en su infancia: quedó huérfano. Sin embargo, más tarde pensará


"Si el ser humano aprendiera a mirar dentro de su propio corazón, sabría que lo que anhela, y anhela muy agudamente, es algo que no puede obtenerse en este mundo".


Y, "si no existiera nada más que este mundo, no sentiríamos nostalgia de otro."







A veces es bueno detenerse y reflexionar...



* ¿No estaremos desarrollando mucho la técnica, pero con poca "alma"?, ¿un grueso caparazón con capacidades materiales, pero un corazón vacío? Y quizá la pérdida del asombro, de la estética en sentido clásico?: ese percibir la belleza inherente del mundo creado, de lo bueno y verdadero, ese derroche de sentido que posee, lo hermoso que salta a la vista, tanto en lo grandioso como en lo diminuto.


En este sentido, una idea de Werner Heisenberg, Nobel de física y pionero de la mecánica cuántica: ..."el orden y la armonía de las partículas atómicas tienen que haber sido impuestos por alguien." Te cuento más sobre esto en el artículo "la ciencia I".







* Y más preguntas surgen como en racimo. ¿Hacia dónde nos dirigimos?, ¿qué curso llevamos?, ¿hacia qué estrella queremos poner rumbo?


Quizá ayude a cada uno pensar: ¿quién soy?, más allá de títulos o trabajo profesional... ¿En qué me centro? En el tener, en el hacer, en el ser..., o en la "cultura" caduca y narcisista de la autorreferencia... Ver qué motivos nos mueven, para ser conscientes de ellos, e intentar ampliar horizontes. Puedes leer más en el artículo "valores, motivos y motivaciones".



* Y, ¿a dónde quiero llegar con mi vida?, ¿qué principios me guían a modo de "brújula" para no perderme en la primera tormenta?, ¿qué hago con las cualidades y talentos recibidos?, ¿qué metas me atraen? Así descubrir la vocación específica de cada uno, y concretar un plan de acción...





* Todos en algún momento de la vida nos hacemos este tipo de interrogantes. Tratar de contestarlos ayuda a no dejarse seducir por los mil estímulos que nos salen al camino, atrapan la atención, y no dejan pensar por cuenta propia. Y producen gran desasosiego: tantas veces estamos "sumergidos en ruido y distracción"... 


Y también para no dejarse manipular por quienes lo pretenden. Es decir, que la persona no se vea convertida en un factor funcional o competitivo de esta sociedad, enfocada sólo en lo económico y en lo técnico. Somos mucho más de lo exterior, y de lo que podemos "hacer". Tenemos un espíritu que revitaliza todo y da sentido y energía en todas las circunstancias. Con un propósito que descubrir y un legado a realizar... como dejó plasmado Viktor Frankl.



Y los ideales y principios nos señalan el "norte", como una estrella polar... Apunta este Nobel, Heisenberg: "Donde no quedan ideales rectores que apunten al camino, la escala de valores desaparece y con ella el significado de nuestras acciones y sufrimientos y al final sólo se extiende negación y desesperación... La religión es por eso la base de la ética y la ética la presuposición de la vida".




                                                         ***




Es necesario que recuperemos el espacio interior de cada persona, con introspección, para "estar" con uno mismo, descubrir pensamientos y convicciones, quizá algo ocultas, y conocerse. En ese espacio cada una está en su propia “casa”, donde es dueña de sí, como apunta la gran filósofa Jutta Burggraf. Ahí puede ser libre, no condicionada, pensar por cuenta propia, ser ella misma. Lo interior construye, posibilita mejorar, y da libertad para "enfocarse" en metas nobles. 






* Se trata de destacar y fomentar lo verdaderamente humano de la persona. Y lo que está llamada a ser, con el anhelo que posee en su corazón, con su componente espiritual, que reclama un Alguien con quien conversar y sentirse querida. Ese anhelo la coloca receptiva a la luz y belleza de Dios. Y esto es lo que más necesitan las personas de hoy, llenas de "cosas", pero vacías de sentido tantas veces. Así llenarse de luz, y aportar luz, alegría y paz a las personas cercanas.


Hemos sido creados para la belleza, abiertos al misterio, también en dirección vertical...



Si se cierran las ventanas que miran a Dios, a su bondad, belleza y luminosidad, la luz no puede llegar, y se va instaurando la oscuridad: las sombras se ciernen. Perdiendo el aire que renueva el corazón, y la libertad y creatividad propias de cada persona, diseñada a imagen de ese Creador, con tan alta dignidad.






Quien tiene un corazón despierto verá que a su alrededor muchos esperan alguna luz que les oriente y alegre para salir de la oscuridad... Porque, la bondad es la base de un cerebro sano, y la mejor cualidad de la persona. Nos lo recordaba con fuerza L. van Beethoven, "el único símbolo de superioridad que conozco es la bondad", y su himno de la alegría en pleno sufrimiento y sordera, que abre la puerta a la esperanza. Porque, donde hay alegría, ¡hay optimismo y esperanza!...








* Recuperemos al ser humano, genuinamente humano, capaz de asombrarse, de cuestionarse las cosas y de pensar más allá de sí mismo, con esa capacidad de amar a otros, porque así hemos sido creados. Descubrir la belleza de la libertad y de la dignidad de cada persona, que cautiva y pone esperanza por doquier, incluso en los momentos difíciles... Capaz de lo heroico, de trascenderse a sí misma y querer a los demás, especialmente si las circunstancias lo requieren. Lo estamos viendo: donde se cierran esos ventanales, acuden personas heroicas y dejan su semilla de humanidad...



Y es más, en ese pensar en los otros se escode, como agazapada, la auténtica felicidad que todos anhelamos, y a la que nos dirigimos quizá sin ser muy conscientes, pues su anhelo nos apela fuerte... Cuidar de las personas nos hace de veras dichosos, y humanos, ¡auténticamente humanos!




                       



Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡¡Muchas gracias!!



                                                                      Mª José Calvo
                                                                      @Mjoseeopt
                                                            optimistas educando y amando




Pongo algunos enlaces relacionados:


  






URL: 

https://optimistaseducando.blogspot.com/2026/01/anhelos-del-corazon.html


miércoles, 14 de enero de 2026

EL ARTE DE CONVERSAR

 

                                     EL ARTE DE CONVERSAR      


Qué importante es comunicarse con otras personas, conectar, no estar aislado. Algo que todos anhelamos. Mediante la conversación nos relacionamos con otros, hacemos amigos y compartimos intereses, gustos, proyectos. A veces nuestro mundo interior de ideas y sentimientos... De ese modo animamos y recibimos ayuda. Nos sentimos valorados y compartimos vivencias. 


Conversar es crear "algo vivo" entre dos, o varias personas. Intercambiar pensamientos, experiencias, anhelos, alegrías e incertidumbres, y sueños. ¡Ilusiones! 

Sin embargo, no todo se comparte con cualquiera: es necesario pensar qué vamos a compartir, y con quién.

También cuidar las formas de comunicación, tanto verbal como no verbal, y los lugares para conversar. Crear ambientes donde poder expresar pensamientos o aspectos que cuestan más..., mostrar interés, mirar a los ojos, y escuchar más allá de las palabras. 

Es decir, escuchar con el corazón, pensar qué tema es importante hablar en una situación... Hacer que la otra persona se encuentre a gusto, sienta confianza y pueda abrir su interior si lo desea.


Y siempre tener en cuenta las formas diferentes de ser y de comunicar de mujeres y varones. La mujer, en general, necesita contar sus experiencias y sentimientos más que los varones. A ellos les cuesta hablar de estos temas..., porque no los viven tan intensos, ni son tan minuciosos a la hora de explicar las cosas. Algo que a ella sí le gusta. Además de esto, cada uno tiene un estilo propio y diferente de ser, de compartir..., y hay que respetarlo y potenciarlo. Valorar las diferencias, que enriquecen.

      




* Aportar y recibir

Para comunicar y conectar son necesarios los dos aspectos: saber aportar y saber recibir con aprecio. 

En primer lugar escuchar, acoger al otro, para luego hablar. Es uno de "los siete hábitos" de S. Covey. No siempre hay que contestar y dar consejos. Quizá esa persona sólo quiera explayarse o volcar lo que le preocupa. Aprender a escuchar para aliviar. E intentar empatizar, ponerse en su lugar: comprenderla, también sus sentimientos y dificultades, y "contagiarse" de alguna forma de ello. Hacerse cargo de sus necesidades concretas. 

Con otras palabras: aprender a escuchar antes de hablar, para comprender y acoger primero, y luego ser comprendidos. Poner el "foco" de atención en la otra persona.
 




            
Pero, a veces cuesta hablar, y no resulta sencillo según circunstancias, o, si el otro no está muy receptivo... Y nadie puede abrirse si no hay otra persona que le acoja. Por eso, aprender a escuchar con generosidad, intentando comprender, también con la mirada. Sin comentarios un tanto triviales, o que puedan herir. Cuidar los modos de hablar, y estar siempre dispuesto a rectificar, a poner un perdón cuando sea preciso. Más vale la buena relación, que llevar "la razón". Ser sencillos, aprender el arte de rectificar...



* Calma

Muchas veces es necesario comunicar lo que tenemos en la cabeza y en el corazón, principalmente con amigos, en familia... Y eso necesita espacios de calma.

Dejarse llevar de las prisas y el estrés, que parecen instaurarse en la vida actual, no favorece la comunicación ni la empatía. Hace que tengamos un trato superficial, que no comprendamos los estados de la otra persona. 

Y es una pena, porque esa empatía, delicadeza y confianza es lo que da fuerza en una relación, y hace sentirse valorados, tenidos en cuenta, y en definitiva queridos. En las relaciones personales lo pequeño es siempre grande. 


De ahí la importancia de cuidarlo con los niños, y enseñarles esa comprensión y empatía, esa cordialidad humana, y los deseos del corazón de conectar con otras personas. Algo que ya viene predispuesto en la naturaleza humana y en los genes, en la biología de cada persona. Parece increíble, pero cierto.

Además, el cerebro, la mente, "funciona" mejor con las relaciones llenas de afecto. La falta de ese ambiente impide su buen desarrollo. En este sentido, son importantes las relaciones que se "tejen" con amistad y trato auténticamente humano. Especialmente en la infancia.

En ellas se secretan neurotransmisores y sustancias mensajeras neuroplásticas del bienestar que nutren el cerebro y favorecen la plasticidad neuronal, base de ese desarrollo y aprendizaje humano. Te lo explico mejor en otros artículos.






* Conocerse

Todo ello ayuda a la introspección, a "estar" con uno mismo, a descubrir pensamientos, ideas y convicciones quizá algo ocultas, y a conocerse. 

La persona posee un espacio íntimo, con silencio interior, donde está en su propia “casa”, donde se “posee” en el origen, como apunta la gran filósofa y pedagoga Jutta Burggraf. Recuperemos esos espacios íntimos vitales para cada persona.


Ahí puede ser libre, pensar por cuenta propia, ser ella misma. No condicionada... Porque, lo interior construye, nos mejora y da libertad. Y se pueden pensar metas nobles a las que aspirar, y apuntar a lo que cada una está llamada a ser, partiendo de las cualidades singulares. Somos más, mucho más, de lo que se muestra al exterior. 








* Conversar cara a cara: el acto más humano

Por tanto es importante escuchar de veras lo que el otro quiere decir, para que se sienta acogido. Con calma, sin prisas. Dejar espacios de silencio para que se pueda abrir.

Sherry Turkle, profesora del MIT, Instituto Tecnológico de Massachusetts, en su libro "En defensa de la conversación", apunta: "La conversación cara a cara es el acto más humano, y más humanizador que podemos realizar". Sobre esta idea podemos profundizar un poco.


Cito de su libro: "Cuando estamos plenamente presentes ante otro, aprendemos a escuchar. Es así como desarrollamos la capacidad de sentir empatía; éste es el modo de experimentar el gozo de ser escuchados, de ser comprendidos. 

Además, la conversación impulsa la introspección, esa conversación con nosotros mismos que constituye la piedra angular de nuestro desarrollo temprano y que continúa durante toda nuestra vida."


Sin embargo, el uso tan frecuente de pantallas dificulta el pensamiento reposado, el sentir con el otro, el estar y conversar con calma, escuchando. Estos dispositivos "roban" la atención y la sacan del ámbito real en el que uno está, a veces casi sin apenas darse cuenta..., a "golpes" de gratificaciones instantáneas. Y acabamos distraídos,  atrapados, sin capacidad de centrarnos o de pensar o leer en profundidad... Y menos de comprender, o aprender. Un tanto "anestesiados" por tanto bombardeo de todo tipo, buscando nuevas sensaciones que nos hagan "sentir bien"... 



La empatía y la delicadeza se aprenden desde pequeños, en la convivencia familiar: en las miradas, sonrisas y conversaciones con quienes nos quieren y queremos. Donde uno se siente importante y querido.

Esa comprensión y sintonía, junto con toda la afectividad, son necesarias en la capacidad de amar, tan relevante en el ser humano. Lo cual revierte en felicidad: quien ama de veras es muy feliz, aunque al principio le cueste, pero quien se mira sólo a sí mismo acaba frustrado y desengañado, vacío... Y generalmente solo.


En efecto, la conversación en familia o con amigos es el principal medio para conectar con los seres queridos, y para educar y formar a los hijos, pues en las conversaciones familiares se aprende que lo más importante no es compartir información, sino nutrir esas relaciones. Esa es la clave: ¡nutrir esas relaciones personales!


Sin embargo, esa omnipresencia de pantallas dificulta las conversaciones, corta el propio pensamiento, y cualquier acercamiento... Nos distrae y dispersa la mente de lo más relevante que son las personas cercanas, a quienes debemos mostrar ese cariño y atención de forma exquisita. Cuidemos esas relaciones y el encuentro con las personas queridas.








Espero que te haya gustado, y puedes comentar y compartir con amigos. ¡Muchas gracias!




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Mª José Calvo                                                              
@Mjoseeopt                                               
optimistaseducando.blogspot.com




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