EL PADRE EN LA FAMILIA
Acercándose la festividad de San José, y el día dedicado a los padres, unas ideas para refrescar y agradecer sus cualidades y fortalezas en bien de la familia, y de la humanidad entera.
Hemos visto que la familia es algo tan original, que tiene dos líderes al mismo nivel. Para dirigir una familia, la institución natural más antigua y amable de la historia, necesitamos un padre y una madre, bien unidos, formando un solo equipo.
Cada uno aporta su forma de ser, de interpretar la realidad, de dirigir, de relacionarse, de querer... Con unas cualidades y habilidades propias, y distintas del otro, al servicio de la familia. Y formas de educar a los hijos un poco diferentes, que se complementan en beneficio de ellos. Los hijos necesitan ver esa alteridad y diferencia, en la cual cada uno está diseñado para el otro, mostrando cariño y unión, y siendo un buen referente para ellos en todos los aspectos.

Decíamos en otro artículo que a la madre, la "directora del hogar", le gusta y se le da muy bien hacer ambiente confiado y alegre, atendiendo a los sentimientos de cada uno, tejiendo buenas relaciones.
Y el padre, el "líder" de la familia, se le da bien señalar un camino, ser modelo de identidad. Él pone "de moda” unos valores humanos nobles que trata de personificar, para que los hijos lo vean hecho vida, y sean su referente.
En cambio es más propio del varón, del padre, dar seguridad, ser un referente que guía y arrastra, y hacer fuertes a los hijos para la vida.

* Vamos a la neurobiología y al desarrollo embrionario...
Cada nueva persona que es concebida, gracias a ese acto de amor espléndido de sus padres, en la octava semana de la gestación se diferencia, como sucede con otros órganos.
Si sigue su curso, será una niña, si se diferencia, un niño. Y cada una de las células del organismo es XX o XY, además de los caracteres sexuales primarios que conforman el sexo biológico: femenino o masculino.
Posteriormente, con el nacimiento, las niñas están muy a gusto en el ambiente femenino en la relación con su madre, con el sano apego y sus cuidados..., aunque también necesitan de la figura del padre para formar su identidad.
Sin embargo, los niños varones necesitan esa forma de ser masculina para reconocerse en ella. Y mucho más antes de la pubertad, entorno a los 6-7 años, para formar su identidad sexual y su personalidad. Así como en la adolescencia, ambos necesitan especialmente al padre.
*Los padres....
Respecto a la paternidad, se ha reaccionado ante formas de ser del pasado, quizá muy autoritarias o patriarcales, y ahora "se llevan" unos padres estilo madres. Es decir, cariñosos, empáticos, amables... Algo que está muy bien, y es una faceta de la masculinidad, pero poco se dice de su específica personalidad masculina, de su capacidad de fortaleza, de su autoridad y concreción de valores que señalen el camino y den seguridad a los niños.
Es propio de ellos los dos aspectos, señala Mariolina Ceriotti: la delicadeza y ternura, y la fortaleza, e importante y necesario para los hijos. Y la autoridad no es algo pasado de moda, sino la forma de guiar a los hijos en su creciente desarrollo, autonomía, y libertad. Te lo cuento en el artículo "autoridad y libertad".
En este sentido son muy relevantes los valores que encarna el padre, y también la madre, basados en principios, y por eso no pasan de moda. Son una guía luminosa en el actuar cotidiano. Esos valores vividos "cristalizan" en hábitos y virtudes personales, que aprenden los hijos, y ennoblecen y cualifican al ser humano. El padre es para los hijos esa luz que ilumina, señala y anima a actuar con dignidad y sentido, motivando y elevando con su ejemplo vivo.
Los padres son firmes en los objetivos, pero a la vez flexibles en los modos de alcanzarlos. Son coherentes con esos valores hechos vida. Dan estabilidad emocional, además de cariño y confianza. Por eso es tan bueno que dediquen tiempo real en familia, estando presentes, sin "interferencias", construyendo familia. Tratan con delicadeza y cariño atento a su esposa, saben conversar, escuchar, conectar, también con los hijos.
Los niños aprenden cómo se trata a las personas, especialmente a las chicas, en ese trato delicado del padre hacia su madre. Aprecia y valora la feminidad.
Y podríamos seguir...
Como señala el gran humanista Tomás Melendo, las personas mejoran y se "pulen" con el trato personal con los demás. Por eso en familia es necesario dedicar tiempo, primero en pareja, y luego a los hijos, tanto la madre como el padre: nos necesitan a ambos. Ahí se "cuece" la formación de la personalidad de cada uno. También la de los padres, que, en ese ayudar a ser... a los hijos, ponen toda su persona, sus talentos, su vida, sus anhelos, en esa misión tan trascendente con ecos de eternidad.
Siguiendo con los padres, varones, ellos lanzan a los hijos, primero jugando, luego dándoles metas y retos, fortaleza y empuje. Y más tarde los conecta con el mundo exterior de la familia: los lanza fuera. Sin su apoyo les sería más difícil salir, porque las madres tendemos a proteger, algo muy valioso al principio de la vida, pero llega un momento en el que tienen que salir del "nido", y acometer su vida. Y para ello deben entrenarse antes, donde si se caen puedan levantarse y volver a intentarlo, aunque nos duela más a nosotros...
Es decir, se trata de ir dando libertad, la que puedan asumir en ese momento según su madurez y circunstancias, para que aprendan a pensar y actuar por sí mismos. Así también aprenden a ser responsables: la otra cara de la libertad que tanto les gusta. Y aquí el padre es fundamental. De este modo podrán volar y construir su propia vida.
Por tanto, la mujer tiene un papel muy relevante a la hora de validar, admirar y apoyar a su marido, aunque muchas veces no esté totalmente de acuerdo. Algo imposible dadas las diferencias entre los dos, pero, en aras de la unidad en la familia, de hacer equipo, y hacia los hijos, que ven ese referente de unión que les da seguridad y confianza, y cariño del bueno, además de ser su guía y su punto de mira. El padre no es una figura accesoria, sino constituyente de familia. Necesario. Imprescindible. Que no nos engañen...
Él tiene sus talentos, distintos a la madre, pero las diferencias suman y unen porque somos seres recíprocos. Cada uno diseñado para el otro, y potencia y prestigia al otro, porque le quiere de veras. Y el resultado es una sinergia creciente entre los dos, en beneficio de la familia, y de los hijos, que se sienten inmersos en ese cariño que les da vida y les ayuda a desarrollarse y desplegar sus cualidades, únicas, singulares.

* Algunas características de los padres hacia la educación de los hijos:
- Descubrir las cualidades de los hijos y dar autonomía: enseñarles a tomar pequeñas decisiones.
- Poner de moda unos valores nobles, haciéndolos vida, para acercárselos a los hijos y mejorar como personas.
- Pensar encargos, objetivos y metas con cada hijo, según sus cualidades y forma de ser. Sabiendo que, toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe.
- Ayudarles a confiar en sí mismos.
- Educar su voluntad: enseñarles a ser fuertes, a aplazar gratificaciones y controlar impulsos... Estimular su fortaleza con actividades y deporte.
- Dar estabilidad emocional y psicológica, y una sana autoestima, basada en el cariño.
- Él ayuda a pensar, a armonizar cabeza y corazón y querer a los demás. Lo más importante de la vida, fuente de plenitud y por tanto de felicidad.
De este modo los hijos van adquiriendo capacidades, habilidades, empatía, responsabilidad, y se acostumbran a pensar en los otros, con hábitos y virtudes concretas que van conformando su carácter y haciéndolos auténticas personas.
En definitiva, los padres, ambos, con nuestro cariño mutuo y buen hacer, somos ese referente y puerto seguro para los hijos, al que siempre volver, recargar energía, y volver a salir a la vida... con las ideas claras y metas nobles por las que luchar.

Espero que te haya gustado, te recomiendo algún libro de María Calvo: "Paternidad robada", o "La rebelión de los hombres buenos", y otro de una pediatra, Meg Meeker: "Padres fuertes, hijas felices".


