El "CAMINO" DEL AMOR...
En la vida en pareja hay situaciones sumamente gratificantes en las que se disfruta mucho, pero hay otras más complicadas en las que se que requiere un empeño de cada uno en dar lo mejor de sí, para conquistar un amor auténtico, maduro, de calidad, y ayudarse mutuamente.
Compartir la existencia con la persona querida, en esa aventura maravillosa de formar una nueva familia, es un camino largo que conlleva muchas alegrías, y también dificultades que sortear, problemas que resolver, sufrimiento y momentos duros, pero siempre tenemos la inestimable ayuda del cariño que cada uno puede dar, en primera persona, al ser querido. Eso es lo que le ayudará a sentirse querido, y construir un hogar optimista, alegre, donde se sabe querer a los otros.
El amor de pareja es algo vivo y delicado llamado a crecer, y recorrer ese camino juntos precisa el cuidado y mimo de la relación por parte de ambos.
Una cita simpática del escritor y poeta Charles Péguy que no ha perdido actualidad: “Sólo hay un aventurero en el mundo, como puede verse con diáfana claridad en el mundo moderno: el padre de familia. Los aventureros más desesperados son nada en comparación con él. Todo en el mundo moderno está organizado contra ese loco, ese imprudente, ese visionario osado, ese varón audaz que hasta se atreve en su increíble osadía a tener mujer y familia…”
Escrito en tono de medio broma, pero encierra una gran verdad de la que debemos estar prevenidos.
Pero, si comenzamos esta andadura pensando que las dificultades de la vida, o incluso la falta de sentimientos pueden acabar con el amor, lo tenemos complicado. Es preciso saber que cada problema de convivencia, o cada pequeña crisis, puede fortalecer el amor, si se lleva bien, entre los dos. La superación de obstáculos aumenta la capacidad de querer al otro, y permite pasar a una etapa de más nivel, enraizada en ese cariño mutuo que nos revitaliza. Así el amor madura, se desarrolla, y ayuda a quererse mejor, con más hondura y finura de enamorados.
Pero, con el día a día, la magia de la primera etapa del proyecto común puede disminuir, o desaparecer. Entonces no hay que desanimarse, sino aprender a conocerse uno mismo, y conocer al otro en profundidad, re-descubriendo todo lo bueno que tiene y hace: sus cualidades, a las que quizá nos hemos acostumbrado y ya no valoramos tanto…, sus fortalezas y talentos, junto con su esfuerzo en ser mejor, para saborearlo y agradecerlo. Y pasar por alto esas pequeñas manías o formas distintas de ser, que todos tenemos, y que la rutina puede agrandar. Te cuento más ideas sobre esto en "resaltar lo bueno de los demás".
Es preciso ver la realidad de cada uno con una mirada cálida, llena de cariño, para descubrir toda esa belleza atesorada que nos enamoró, y enamora. Y no tanto una imagen teñida de sentimientos, buenos, o alterados por un problema, que puede cambiar a lo largo del tiempo. Lo que de veras permanece es la decisión de querer quererse; los sentimientos van y vienen..., suben y bajan.
Enamorarnos de la persona real, con sus cualidades singulares, su personalidad concreta, que nos encantó e iluminó la vida... Y lo que es diferente, o nos disgusta, no ponerlo en el “saco” de los defectos, porque muchas veces se tratará sólo de diferentes formas de ser o de hacer las cosas…, o quizá limitaciones, que también tenemos todos. Esto lo escribo más amplio en "diferencias no son defectos".
Y lo propio de ese amor, fino, delicado, generoso, que sabe admirar, es "dibujar" la mejor imagen del ser querido. Algo que entusiasma y aporta energía para luchar por conquistar lo mejor de uno y de la relación de pareja.
En momentos difíciles, cuando parece que todos los defectos del otro crecen y se magnifican, y sólo se ven cosas en negativo, es preciso apartar todo eso a un lado, para poder mirar y ver realmente a la persona querida. Sin esa torre de negatividad, manías, o defectos...
A veces molesta tanto lo que hace, que no se llega a ver nada de lo positivo, y menos a la persona. Ser conscientes de la grandeza de cada uno, por ser quien es, siempre puede ayudar, independiente de lo que haga en ese momento… Esto las madres lo sabemos muy bien. Es decir, confiar, mirar apuntando hacia arriba, no sucumbir a esos impulsos que nos tiran hacia a bajo sin poner un momento de pensamiento, y ver cómo queremos reaccionar.
Y además, confiar en el poder curativo del amor, y del perdón, tanto al darlo como al recibirlo. Con una cita célebre de un gran humanista, “donde no hay amor, pon amor, y sacarás amor”. Algo que siempre emociona y estimula lo mejor de uno... Porque, quererle cuando menos lo merece, es lo que más necesita en ese momento. Y eso conmueve, enternece, se siente querido, y hace reflexionar...
Es muy importante sentarse juntos para conocerse, tratarse, fomentar la amistad, compartir pensamientos, afectos, creencias, gustos, lecturas, problemas y tareas, ilusiones y proyectos, planes… Todo lo que uno lleva en el corazón. Y partiendo de ello, poner un nuevo comienzo, re-construir el amor con ilusión y fuerzas renovadas. Fijarse más en en lo que une, en lo que alegra y reconforta, en el cariño, recuerdos y vivencias gratificantes atesoradas, más que en las pequeñas discrepancias, problemas, modos distintos y tareas pendientes que siempre habrá.
Cuidar el amor, construir "lo nuestro". Pero a veces cuesta contar la intimidad personal al otro, incluso los sentimientos y anhelos, porque uno se siente vulnerable. Sin embargo es necesario poner buenos cimientos para construir una buena base. Cuando se conoce mejor a la otra persona, sus ilusiones y sueños, sus pequeños logros y sus debilidades, y ese intento de dar lo mejor de sí, se le quiere de una forma más profunda, más tierna, más entrañable. Con corazón.
Especialmente cuando se le conoce en su “pobreza”: en sus limitaciones, fallos, debilidades... Amar es ser comprensivo con el otro, con sus heridas y cicatrices. Y es preciso mostrar incluso ternura por sus fallos, sin esperar perfeccionismos. Es decir, concordar corazones, pues “el corazón habla al corazón”, apunta J.H. Newman. Y la ternura, junto con la mirada amable, sonriente, nos acercan uno a otro y ayudan a conectar.
Además, al comprenderle no le pediremos algo que no puede dar, sino que intentamos visualizar lo mejor de él, de ella, para mostrárselo y que lo pueda desarrollar. Siempre partiendo de sus cualidades y virtualidades, y ayudándole en lo que necesite para lograrlo. Por eso es tan necesario quererle tal como es, con sus más y sus menos, pero haciendo énfasis en lo bueno. Percibir la mejor imagen suya gracias al cariño que le tenemos. Y no pretender algo idealizado a “mi” modo, con lo que me gusta a mí, sino ¡a "su" modo!, tan singular y propio. Lógicamente muy distinto.
Y una vez aceptado de esta forma, como es, quererle un poquito mejor de lo que es en ese momento… para animarle a luchar por conquistarlo, con la fuerza del cariño que le otorgamos. Que se sienta entrañablemente querido, querida. Es lo máximo que le podemos ofrecer, y lo que realmente precisa.
El tiempo juega a nuestro favor, porque ayuda a desarrollar todas las virtualidades y talentos de cada uno. Y así hacer equipo, lo cual nos hace dichosos, logrando una sinergia en todos los aspectos, si cuidamos ese amor y lo hacemos crecer día a día. Nuestra mayor responsabilidad y dicha. Puedes ver más ideas en "la pareja y el paso del tiempo".
Me viene a la imaginación una película, y un libro, que me gustó mucho: "Prueba de fuego", que te animo a buscar y a leer con calma. No te dejará indiferente, y te ayudará a ponerte en marcha... para cuidar tu amor y sanar cualquier herida.
URL:
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