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sábado, 28 de marzo de 2026

¿QUÉ HACER CON EL DOLOR?




                                 ¿CÓMO ENCUADRAR EL DOLOR?


   

Estamos en una sociedad que tiene aversión al dolor. Sin embargo, en la vida siempre aparece el sufrimiento de una forma u otra. Ante esos momentos difíciles repensar un poco acerca del dolor, de la mano de grandes pensadores, quizá nos ayude... Cuál es su sentido, si es que lo tiene, cómo afrontarlo y sacar provecho de situaciones que nos superan. También cómo abordarlo en familia para que no nos desestabilice. Es el problema del dolor y su misterio.





Se acerca la Semana Santa, y tenemos un tiempo de calma para pensar las cosas y darles la importancia real que tienen. El amor, nuestra familia, el trabajo, que desarrolla los talentos de cada uno, al servicio de los demás, las relaciones de amistad... etc. Para no quedar "anestesiados" buscando sólo placer, sentirse bien, estímulos fáciles de dopamina..., que no nos llenan ni nos hacen felices. Más bien al contrario. 


Aterrizando en el dolor, a veces hay situaciones traumáticas que provocan rupturas en familia, o en pareja, y otras veces sirven para unir más a esas personas. Depende de cómo se afronten. Si nos ayudamos y apoyamos, haciendo acopio de generosidad, es una oportunidad para madurar y crecer. Quizá es una forma de hacer un alto en el camino para mirarse, dedicar tiempo y energía para reflexionar sobre lo importante en la vida, que a veces pasa desapercibido.





Es una gran suerte que el amor crece, no sólo con lo bueno, sino también con lo menos bueno, siempre y cuando se lleven juntos esos acontecimientos inesperados de la vida. Todo alimenta al amor: un viaje, una sorpresa, una comida, un regalo, pero también un mal día, una consulta médica, un atender a los niños, una enfermedad, unos malos momentos, o un "fracaso" de cualquier tipo...


El dolor es un misterio, y nos pone en predisposición de reflexionar. Estamos más acostumbrados a pensar en la resolución de problemas, pero no tanto respecto a los misterios. Así, al hacer una pausa, lo trivial cede paso a lo importante, y nos puede ayudar a priorizar. 





    

Además, unido al amor siempre está el dolor, porque el amor requiere sacrificios, renuncias, ausencias…, y la vida conlleva sufrimiento. Pero, cuando se integra con el amor éste anima, da energía, y ayuda a superarlo. El amor ayuda a mitigar el dolor: le da su fuerza y sentido, porque forman parte de la misma realidad. Ese binomio del amor y el dolor. Cuanto más amamos nos hacemos más vulnerables y nos exponemos a sufrir más por amor, pero siempre compensa amar. Algo que nos trasciende… Es una realidad tan rica, que crece y se expande al ofrecerlo.





     

Un gran escritor, C.S. Lewis, reflexionaba mucho sobre el tema del dolor, pues marcó su infancia. Y luego la Gran Guerra... Como les sucedería a sus amigos de tertulias literarias de Los Inklings, que se acompañan y "rescatan" entre sí de tanto sufrimiento y sinsentido de la Guerra y la muerte tan cercana.


Sobre estos amigos, en "el mago de las palabras", una biografía juvenil en Magisterio Casals, sobre la vida de JRR Tolkien, el experto Eduardo Segura escribe: "Se trataba de juntarse al calor de un buen fuego e intercambiar perspectivas sobre los más variados temas en tertulias que se prolongaban hasta bien entrada la noche, y muy divertidas, llenas de ideas chispeantes e ingeniosas". 





CS Lewis, en sus conferencias usaba una metáfora muy gráfica respecto al dolor: decía que somos como “bloques de piedra” en los que el “escultor” trata de sacar una obra maestra, una persona humana concreta. “Los golpes del cincel, que tanto daño nos hacen, también permiten que seamos más perfectos”. 


                                 



Él tuvo una experiencia de sufrimiento enorme cuando era niño: sus padres murieron de cáncer, y eso le dejó una huella muy marcada. Con la muerte de su madre, a los nueve años, toda la alegría y seguridad de su ambiente de familia desapareció. 


Pero él siempre tenía grandes anhelos de belleza en su interior… Buscaba la fuente de la alegría sin hallarla. Ya mayor, conoce a Joy Gresham, una escritora americana joven, muy sensible y perspicaz, que leía sus obras y surge el amor entre ellos. Se casan, pero al poco tiempo a ella le diagnostican un cáncer avanzado.


Queda muy bien reflejado en la película Tierras de penumbra”, de R. Attenborough. En ella se ve cómo Joy desde el principio le cuestiona sus argumentos, le hace pensar, y le enseña a amar. Le ayuda a que se deje querer, pues se había creado una “máscara” de protección debido al dolor de su infancia. Desde niño había optado por la “seguridad”, por guardar su corazón, y no tanto por el amor… 


Ante el diagnóstico inesperado pasan mucho tiempo juntos, y ella le habla de tantas cosas, también de su muerte: le dice que no le quita felicidad, pero lo hace más “real”. Le explica que el dolor que le vendrá es parte de la felicidad de ese momento. Que ambas realidades están unidas: “ese es el trato”.


Él la veía, y no podía soportar ver sufrir de ese modo a quien quería tanto. Entonces elige el sufrimiento, y no la seguridad. Sabe que merece la pena amar, entregar todo el corazón, sin endurecerlo, a pesar de poder sufrir lo inimaginable.


Al poco tiempo ella muere, y él se hace más preguntas: ¿por qué el amor cuando lo pierdes duele tanto? Ya no tenía respuestas, ya las ideas no le servían, quedaba la pregunta última del sentido de la vida. Sólo tenía vivencias: algo que a ella le parecía muy relevante. Pero la experiencia es ¡una dura maestra!






Más tarde, pensando y dando vueltas sobre ello, escribe: “Nunca se encuentra uno precisamente con el Cáncer, o la Guerra, o la Infelicidad. Solamente se encuentra uno con cada hora o cada momento que llegan. Con toda clase de altibajos: cantidad de manchas feas en nuestros mejores ratos y de manchas bonitas en los peores. No abarcamos nunca el impacto total de lo que llamamos “la cosa en sí misma”. Pero es que nos equivocamos en llamarla así.


Es increíble cuánta felicidad y hasta cuánta diversión vivimos a veces juntos… Qué largo y tendido, qué serenamente, con cuanto provecho llegamos a hablar aquella última noche, estrechamente unidos”.


  

Forman las “dos caras” del amor: de ese "binomio amor-dolor”. No se puede amar verdaderamente sin sufrir, pero por otra parte, el amor se hace más patente, y crece, en los momentos de sufrimiento. Por eso se dice que el dolor es la “piedra de toque del amor”, donde se palpa de veras ese amor.


Hay que saber unir esas dos realidades para que el dolor cobre sentido y no nos destruya; para que el amor aporte su energía y “suavidad”. Recubrir el dolor con amor para sanar heridas y sobrellevarlo mejor.


Este autor decía que, las dificultades de la vida tantas veces preparan a personas comunes para metas extraordinarias...






Por lo tanto, un dolor inesperado en el camino puede ayudarnos a ser mejores, y estimular el amor en las personas cercanas: en pareja, en familia, con amigos..., y puede unir más a esas personas. El secreto está en quererse, en compartirlo y llevarlo juntos. Además, cuando hay sintonía afectiva las alegrías reverberan de uno a otro y aumentan; y las penas sin embargo disminuyen: se mitigan.



     Resumiendo:


la vida es la gran oportunidad para aprender a amar, 

para engrandecer el corazón, 

y bien enfocado, 

hasta el dolor nos puede ayudar...






Espero que te haya gustado, y ¡gracias por compartir!



Dejo enlaces relacionados: 
















                                             

                                                              Mª José Calvo
                                                              @Mariajoseopt
                                                  optimistaseducando.blogspot.com



URL:

https://optimistaseducando.blogspot.com/2026/03/que-hacer-con-el-dolor.html

domingo, 15 de marzo de 2026

EL PADRE Y SUS FORTALEZAS

                                  

                                      EL PADRE EN LA FAMILIA     

  


Acercándose la festividad de San José, y el día dedicado a los padres, unas ideas para refrescar y agradecer sus cualidades y fortalezas en bien de la familia, y de la humanidad entera. 


Hemos visto que la familia es algo tan original, que tiene dos líderes al mismo nivel. Para dirigir una familia, la institución natural más antigua y amable de la historia, necesitamos un padre y una madre, bien unidos, formando un solo equipo. 


Cada uno aporta su forma de ser, de interpretar la realidad, de dirigir, de relacionarse, de querer... Con unas cualidades y habilidades propias, y distintas del otro, al servicio de la familia. Y formas de educar a los hijos un poco diferentes, que se complementan en beneficio de ellos. Los hijos necesitan ver esa alteridad y diferencia, en la cual cada uno está diseñado para el otro, mostrando cariño y unión, y siendo un buen referente para ellos en todos los aspectos. 




Decíamos en otro artículo que a la madre, la "directora del hogar", le gusta y se le da muy bien hacer ambiente confiado y alegre, atendiendo a los sentimientos de cada uno, tejiendo buenas relaciones.


Y el padre, el "líder" de la familia, se le da bien señalar un camino, ser modelo de identidad. Él pone "de moda” unos valores humanos nobles que trata de personificar, para que los hijos lo vean hecho vida, y sean su referente.




En ese ambiente entrañable de la familia es donde crecen las personas, gracias al ambiente de libertad y cariño. A la mujer le gusta precisamente estar en los detalles, poner afecto: está diseñada hacia el cuidado de los demás, muy especialmente en la maternidad. Es acogedora y tiende a proteger.

En cambio es más propio del varón, del padre, dar seguridad, ser un referente que guía y arrastra, y hacer fuertes a los hijos para la vida.







* Vamos a la neurobiología y al desarrollo embrionario...


Cada nueva persona que es concebida, gracias a ese acto de amor espléndido de sus padres, en la octava semana de la gestación se diferencia, como sucede con otros órganos.



Si sigue su curso, será una niña, si se diferencia, un niño. Y cada una de las células del organismo es XX o XY, además de los caracteres sexuales primarios que conforman el sexo biológico: femenino o masculino.


Posteriormente, con el nacimiento, las niñas están muy a gusto en el ambiente femenino en la relación con su madre, con el sano apego y sus cuidados..., aunque también necesitan de la figura del padre para formar su identidad. 


Sin embargo, los niños varones necesitan esa forma de ser masculina para reconocerse en ella. Y mucho más antes de la pubertad, entorno a los 6-7 años, para formar su identidad sexual y su personalidad. Así como en la adolescencia, ambos necesitan especialmente al padre. 




*Los padres....


Respecto a la paternidad, se ha reaccionado ante formas de ser del pasado, quizá muy autoritarias o patriarcales, y ahora "se llevan" unos padres estilo madres. Es decir, cariñosos, empáticos, amables... Algo que está muy bien, y es una faceta de la masculinidad, pero poco se dice de su específica personalidad masculina, de su capacidad de fortaleza, de su autoridad y concreción de valores que señalen el camino y den seguridad a los niños.


Es propio de ellos los dos aspectos, señala Mariolina Ceriotti: la delicadeza y ternura, y la fortaleza, e importante y necesario para los hijos. Y la autoridad no es algo pasado de moda, sino la forma de guiar a los hijos en su creciente desarrollo, autonomía, y libertad. Te lo cuento en el artículo "autoridad y libertad". 



En este sentido son muy relevantes los valores que encarna el padre, y también la madre, basados en principios, y por eso no pasan de moda. Son una guía luminosa en el actuar cotidiano. Esos valores vividos "cristalizan" en hábitos y virtudes personales, que aprenden los hijos, y ennoblecen y cualifican al ser humano. El padre es para los hijos esa luz que ilumina, señala y anima a actuar con dignidad y sentido, motivando y elevando con su ejemplo vivo.


Los padres son firmes en los objetivos, pero a la vez flexibles en los modos de alcanzarlos. Son coherentes con esos valores hechos vida. Dan estabilidad emocional, además de cariño y confianza. Por eso es tan bueno que dediquen tiempo real en familia, estando presentes, sin "interferencias", construyendo familia. Tratan con delicadeza y cariño atento a su esposa, saben conversar, escuchar, conectar, también con los hijos. 


Los niños aprenden cómo se trata a las personas, especialmente a las chicas, en ese trato delicado del padre hacia su madre. Aprecia y valora la feminidad.


Y podríamos seguir...






Como señala el humanista Tomás Melendo, las personas mejoran y se "pulen" con el trato personal con los demás. Por eso en familia es necesario dedicar tiempo, primero en pareja, y luego a los hijos, tanto la madre como el padre: nos necesitan a ambos. Ahí se "cuece" la formación de la personalidad de cada uno. También la de los padres, que, en ese ayudar a ser... a los hijos, ponen toda su persona, sus talentos, su vida, sus anhelos, en esa misión tan trascendente con ecos de eternidad.



Siguiendo con los padres, varones, ellos lanzan a los hijos, primero jugando, luego dándoles metas y retos, fortaleza y empuje. Y más tarde los conecta con el mundo exterior de la familia: los lanza fuera. Sin su apoyo les sería más difícil salir, porque las madres tendemos a proteger, algo muy valioso al principio de la vida, pero llega un momento en el que tienen que salir del "nido", y acometer su vida. Y para ello deben entrenarse antes, donde si se caen puedan levantarse y volver a intentarlo, aunque nos duela más a nosotros...


Es decir, se trata de ir dando libertad, la que puedan asumir en ese momento según su madurez y circunstancias, para que aprendan a pensar y actuar por sí mismos. Así también aprenden a ser responsables: la otra cara de la libertad que tanto les gusta. Y aquí el padre es fundamental. De este modo podrán volar y construir su propia vida.





Por tanto, la mujer tiene un papel muy relevante a la hora de validar, admirar y apoyar a su marido, aunque muchas veces no esté totalmente de acuerdo. Algo imposible dadas las diferencias entre los dos, pero, en aras de la unidad en la familia, de hacer equipo, y hacia los hijos, que ven ese referente de unión que les da seguridad y confianza, y cariño del bueno, además de ser su guía y su punto de mira. El padre no es una figura accesoria, sino constituyente de familia. Necesario. Imprescindible. Que no nos engañen...




Él tiene sus talentos, distintos a la madre, pero las diferencias suman y unen porque somos seres recíprocos. Cada uno diseñado para el otro, y potencia y prestigia al otro, porque le quiere de veras. Y el resultado es una sinergia creciente entre los dos, en beneficio de la familia, y de los hijos, que se sienten inmersos en ese cariño que les da vida y les ayuda a desarrollarse y desplegar sus cualidades, únicas, singulares. 



                                                     



Es necesario redescubrir el valor de la masculinidad autentica, en sinergia con la mujer. Que él se sienta valorado, admirado y querido. Y ambos dotar de esa alteridad, equilibrio y cariño a los hijos

Como dice la experta María Calvo, sin olvidar lo bueno del pasado, ni las actuales circunstancias de la vida moderna, en las que la mujer suele trabajar también fuera del hogar. Pero, sin apartar al hombre, o considerarlo poco cualificado, como se hace en ciertas ideologías..., por ejemplo en la revolución de los años 60.

Ambos somos imprescindibles, distintos: en la forma de amar y formar una familia, ámbito propio de las personas y del cariño, en la dirección del hogar y la educación de los hijos... Y logramos sinergia. Y de ello depende el futuro de la humanidad.






* Algunas características de los padres hacia la educación de los hijos:



- Descubrir las cualidades de los hijos y dar autonomía: enseñarles a tomar pequeñas decisiones.


Poner de moda unos valores nobles, haciéndolos vida, para acercárselos a los hijos y mejorar como personas.


- Pensar encargos, objetivos y metas con cada hijo, según sus cualidades y forma de ser. Sabiendo que, toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe.


- Ayudarles a confiar en sí mismos.


- Educar su voluntad: enseñarles a ser fuertes, a aplazar gratificaciones y controlar impulsos... Estimular su fortaleza con actividades y deporte.


- Dar estabilidad emocional y psicológica, y una sana autoestima, basada en el cariño.

            

- Él ayuda a pensar, a armonizar cabeza y corazón y querer a los demás. Lo más importante de la vida, fuente de plenitud y por tanto de felicidad.



De este modo los hijos van adquiriendo capacidades, habilidades, empatía, responsabilidad, y se acostumbran a pensar en los otros, con hábitos y virtudes concretas que van conformando su carácter y haciéndolos auténticas personas.




En definitiva, los padres, ambos, con nuestro cariño mutuo y buen hacer, somos ese referente puerto seguro para los hijos, al que siempre volver, recargar energía, y volver a salir a la vida... con las ideas claras y metas nobles por las que luchar.





                     

Espero que te haya gustado, te recomiendo algún libro de María Calvo: "Paternidad robada", "La rebelión de los hombres buenos", y otro de una pediatra, Meg Meeker: "Padres fuertes, hijas felices", precioso.


Mª José Calvo                                                         
@Mjoseeopt  
                                
 

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