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viernes, 30 de enero de 2026

ANHELOS DEL CORAZÓN

  


                            LA PERSONA Y LOS ANHELOS DEL CORAZÓN




Escribo unas pinceladas a raíz de unas ideas que resuenan en mi interior...


Estamos imbuidos en un mundo que lleva mucha prisa, aunque a veces no se sabe hacia dónde..., pero corre a toda velocidad. Estamos en una "cultura" de lo externo, del tener, de éxito, de la imagen, de la sonrisa para la foto, de lo positivo aunque uno esté roto por dentro..., de la "alergia" al dolor y al esfuerzo, de las sensaciones y el emotivismo a flor de piel, a golpes de dopamina.


Todo ello produce desasosiego, pues no estamos hechos para eso, sino que tenemos un corazón para amar, para sentirnos queridos y querer a los demás. Y por este motivo, por ahí estará la felicidad...






Pero, ¿cómo lograr un poco de serenidad en esta vorágine? 



Estar con uno mismo en el silencio interior nos ayuda y da paz. Así podemos pensar con calma, hacernos preguntas esenciales de la vida, adquirimos orden interior, trazamos metas que nos atraen... para encaminarnos a lo que nos ilusiona y estamos llamados a ser, cada uno.


Se trata de desarrollar nuestros sentidos interiores, el sentido común, el conocimiento valioso y atesorado de los que nos precedieron, que ha pasado el tamiz de lo caduco, el sentido de la vida, de lo trascendente, de lo que no se agota aquí y ahora sino que perdura. Y esos deseos que anidan hondo en nuestro corazón, que señalan a un Dios que nos ha creado, y despiertan en nosotros un afecto que conmueve...



C.S. Lewis, creador de mundos imaginarios llenos de belleza, además de ensayos de gran calado, y gracias sus amigos, quedará "sorprendido" por la alegría. Él de joven era ateo, sufrió la muerte muy de cerca en su infancia: quedó huérfano. Sin embargo, más tarde pensará


"Si el ser humano aprendiera a mirar dentro de su propio corazón, sabría que lo que anhela, y anhela muy agudamente, es algo que no puede obtenerse en este mundo".







A veces es bueno detenerse y reflexionar...


* ¿No estaremos desarrollando mucho la técnica, pero con poca "alma"?, ¿un grueso caparazón con capacidades materiales, pero un corazón vacío? Y quizá la pérdida del asombro, de la estética en sentido clásico?: ese percibir la belleza inherente del mundo creado, de lo bueno y verdadero, ese derroche de sentido que posee, lo hermoso que salta a la vista, tanto en lo grandioso como en lo diminuto.


En este sentido, una idea de Werner Heisenberg, Nobel de física y pionero de la mecánica cuántica: ..."el orden y la armonía de las partículas atómicas tienen que haber sido impuestos por alguien." Te cuento más sobre esto en el artículo "la ciencia I".







* Y más preguntas surgen como en racimo. ¿Hacia dónde nos dirigimos?, ¿qué curso llevamos?, ¿hacia qué estrella queremos poner rumbo?


Quizá ayude a cada uno pensar: ¿quién soy?, más allá de títulos o trabajo profesional... ¿En qué me centro? En el tener, en el hacer, en el ser..., o en la "cultura" caduca y narcisista de la autorreferencia... Ver qué motivos nos mueven para ser conscientes de ellos, e intentar ampliar horizontes. Puedes leer más en el artículo "valores, motivos y motivaciones".



* Y, ¿a dónde quiero llegar con mi vida?, ¿qué principios me guían para no perderme en la primera tormenta?, ¿qué hago con las cualidades y talentos recibidos?, ¿qué metas me atraen? Para descubrir la vocación específica, y concretar un plan de acción...





* Todos en algún momento de la vida nos hacemos este tipo de interrogantes. Tratar de contestarlos ayuda a no dejarse seducir por los mil estímulos que nos salen al camino, atrapan la atención, y no dejan pensar por cuenta propia. Y producen gran desasosiego: tantas veces estamos "sumergidos en ruido y distracción"... 


Y también para no dejarse manipular por quienes lo pretenden. Es decir, que la persona no se vea convertida en un factor funcional o competitivo de esta sociedad, enfocada sólo en lo económico y en lo técnico. Somos mucho más de lo exterior, y de lo que podemos "hacer". Tenemos un espíritu que revitaliza todo y da sentido y energía en todas las circunstancias. Con un propósito que descubrir y realizar...



Y los ideales y principios nos señalan el "norte" a modo de estrella polar... Apunta este Nobel, Heisenberg: "Donde no quedan ideales rectores que apunten al camino, la escala de valores desaparece y con ella el significado de nuestras acciones y sufrimientos y al final sólo se extiende negación y desesperación... La religión es por eso la base de la ética y la ética la presuposición de la vida".




                                                         ***




Es necesario que recuperemos el espacio interior de cada persona, con introspección, para "estar" con uno mismo, descubrir pensamientos y convicciones, quizá algo ocultas, y conocerse. En ese espacio cada una está en su propia “casa”, donde es dueña de sí, como apunta la gran filósofa Jutta Burggraf. Ahí puede ser libre, no condicionada, pensar por cuenta propia, ser ella misma. Lo interior construye, posibilita mejorar, y da libertad para "enfocarse" en metas nobles. 






* Se trata de destacar y fomentar lo verdaderamente humano de la persona. Y lo que está llamada a ser, con el anhelo que posee en su corazón, con su componente espiritual, que reclama un Alguien con quien conversar y sentirse querida. Ese anhelo la coloca receptiva a la luz y belleza de Dios. Y esto es lo que más necesitan los hombres de hoy, llenos de "cosas", pero vacíos de sentido tantas veces. Así llenarse de luz, y aportar luz, alegría y paz a las personas cercanas.



Si se cierran las ventanas que miran a Dios, a su bondad, belleza y luminosidad, la luz no puede llegar, y se va instaurando la oscuridad: las sombras se ciernen. Perdiendo el aire que renueva el corazón, y la libertad y creatividad propias de cada persona, diseñada a imagen de ese Creador, con tan alta dignidad.






Quien tiene un corazón despierto verá que a su alrededor muchos esperan alguna luz que les oriente y alegre para salir de la oscuridad... Porque, la bondad es la base de un cerebro sano, y la mejor cualidad de la persona. Nos lo recordaba con fuerza L. van Beethoven, "el único símbolo de superioridad que conozco es la bondad", y su himno de la alegría en pleno sufrimiento y sordera, que abre la puerta a la esperanza. Porque, donde hay alegría, ¡hay optimismo y esperanza!...




* Recuperemos al ser humano, genuinamente humano, capaz de asombrarse, de cuestionarse las cosas y de pensar más allá de sí mismo, con esa capacidad de amar a otros, porque así hemos sido creados. Descubrir la belleza de la libertad y de la dignidad de cada persona, que cautiva y pone esperanza por doquier, incluso en los momentos difíciles... Capaz de lo heroico, de trascenderse a sí misma y querer a los demás, especialmente si las circunstancias lo requieren. Lo estamos viendo: donde se cierran esos ventanales, acuden personas heroicas y dejan su semilla de humanidad...



Y es más, en ese pensar en los otros se escode, como agazapada, la auténtica felicidad que todos anhelamos, y a la que nos dirigimos quizá sin ser muy conscientes, pues su anhelo nos apela fuerte... Cuidar de las personas nos hace de veras dichosos, y humanos, ¡auténticamente humanos!




                       



Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡¡Muchas gracias!!



                                                                      Mª José Calvo
                                                                      @Mjoseeopt
                                                            optimistas educando y amando




Pongo algunos enlaces relacionados:


  






URL: 

https://optimistaseducando.blogspot.com/2026/01/anhelos-del-corazon.html


miércoles, 14 de enero de 2026

EL ARTE DE CONVERSAR

 

                                     EL ARTE DE CONVERSAR      


Qué importante es comunicarse con otras personas, conectar, no estar aislado. Algo que todos anhelamos. Mediante la conversación nos relacionamos con otros, hacemos amigos y compartimos intereses, gustos, proyectos. A veces nuestro mundo interior de ideas y sentimientos... De ese modo animamos y recibimos ayuda. Nos sentimos valorados y compartimos vivencias. 


Conversar es crear "algo vivo" entre dos, o varias personas. Intercambiar pensamientos, experiencias, anhelos, alegrías e incertidumbres, y sueños. ¡Ilusiones! 

Sin embargo, no todo se comparte con cualquiera: es necesario pensar qué vamos a compartir, y con quién.

También cuidar las formas de comunicación, tanto verbal como no verbal, y los lugares para conversar. Crear ambientes donde poder expresar pensamientos o aspectos que cuestan más..., mostrar interés, mirar a los ojos, y escuchar más allá de las palabras. 

Es decir, escuchar con el corazón, pensar qué tema es importante hablar en una situación... Hacer que la otra persona se encuentre a gusto, sienta confianza y pueda abrir su interior si lo desea.


Y siempre tener en cuenta las formas diferentes de ser y de comunicar de mujeres y varones. La mujer, en general, necesita contar sus experiencias y sentimientos más que los varones. A ellos les cuesta hablar de estos temas..., porque no los viven tan intensos, ni son tan minuciosos a la hora de explicar las cosas. Algo que a ella sí le gusta. Además de esto, cada uno tiene un estilo propio y diferente de ser, de compartir..., y hay que respetarlo y potenciarlo. Valorar las diferencias, que enriquecen.

      




* Aportar y recibir

Para comunicar y conectar son necesarios los dos aspectos: saber aportar y saber recibir con aprecio. 

En primer lugar escuchar, acoger al otro, para luego hablar. Es uno de "los siete hábitos" de S. Covey. No siempre hay que contestar y dar consejos. Quizá esa persona sólo quiera explayarse o volcar lo que le preocupa. Aprender a escuchar para aliviar. E intentar empatizar, ponerse en su lugar: comprenderla, también sus sentimientos y dificultades, y "contagiarse" de alguna forma de ello. Hacerse cargo de sus necesidades concretas. 

Con otras palabras: aprender a escuchar antes de hablar, para comprender y acoger primero, y luego ser comprendidos. Poner el "foco" de atención en la otra persona.
 




            
Pero, a veces cuesta hablar, y no resulta sencillo según circunstancias, o, si el otro no está muy receptivo... Y nadie puede abrirse si no hay otra persona que le acoja. Por eso, aprender a escuchar con generosidad, intentando comprender, también con la mirada. Sin comentarios un tanto triviales, o que puedan herir. Cuidar los modos de hablar, y estar siempre dispuesto a rectificar, a poner un perdón cuando sea preciso. Más vale la buena relación, que llevar "la razón". Ser sencillos, aprender el arte de rectificar...



* Calma

Muchas veces es necesario comunicar lo que tenemos en la cabeza y en el corazón, principalmente con amigos, en familia... Y eso necesita espacios de calma.

Dejarse llevar de las prisas y el estrés, que parecen instaurarse en la vida actual, no favorece la comunicación ni la empatía. Hace que tengamos un trato superficial, que no comprendamos los estados de la otra persona. 

Y es una pena, porque esa empatía, delicadeza y confianza es lo que da fuerza en una relación, y hace sentirse valorados, tenidos en cuenta, y en definitiva queridos. En las relaciones personales lo pequeño es siempre grande. 


De ahí la importancia de cuidarlo con los niños, y enseñarles esa comprensión y empatía, esa cordialidad humana, y los deseos del corazón de conectar con otras personas. Algo que ya viene predispuesto en la naturaleza humana y en los genes, en la biología de cada persona. Parece increíble, pero cierto.

Además, el cerebro, la mente, "funciona" mejor con las relaciones llenas de afecto. La falta de ese ambiente impide su buen desarrollo. En este sentido, son importantes las relaciones que se "tejen" con amistad y trato auténticamente humano. Especialmente en la infancia.

En ellas se secretan neurotransmisores y sustancias mensajeras neuroplásticas del bienestar que nutren el cerebro y favorecen la plasticidad neuronal, base de ese desarrollo y aprendizaje humano. Te lo explico mejor en otros artículos.






* Conocerse

Todo ello ayuda a la introspección, a "estar" con uno mismo, a descubrir pensamientos, ideas y convicciones quizá algo ocultas, y a conocerse. 

La persona posee un espacio íntimo, con silencio interior, donde está en su propia “casa”, donde se “posee” en el origen, como apunta la gran filósofa y pedagoga Jutta Burggraf. Recuperemos esos espacios íntimos vitales para cada persona.


Ahí puede ser libre, pensar por cuenta propia, ser ella misma. No condicionada... Porque, lo interior construye, nos mejora y da libertad. Y se pueden pensar metas nobles a las que aspirar, y apuntar a lo que cada una está llamada a ser, partiendo de las cualidades singulares. Somos más, mucho más, de lo que se muestra al exterior. 








* Conversar cara a cara: el acto más humano

Por tanto es importante escuchar de veras lo que el otro quiere decir, para que se sienta acogido. Con calma, sin prisas. Dejar espacios de silencio para que se pueda abrir.

Sherry Turkle, profesora del MIT, Instituto Tecnológico de Massachusetts, en su libro "En defensa de la conversación", apunta: "La conversación cara a cara es el acto más humano, y más humanizador que podemos realizar". Sobre esta idea podemos profundizar un poco.


Cito de su libro: "Cuando estamos plenamente presentes ante otro, aprendemos a escuchar. Es así como desarrollamos la capacidad de sentir empatía; éste es el modo de experimentar el gozo de ser escuchados, de ser comprendidos. 

Además, la conversación impulsa la introspección, esa conversación con nosotros mismos que constituye la piedra angular de nuestro desarrollo temprano y que continúa durante toda nuestra vida."


Sin embargo, el uso tan frecuente de pantallas dificulta el pensamiento reposado, el sentir con el otro, el estar y conversar con calma, escuchando. Estos dispositivos "roban" la atención y la sacan del ámbito real en el que uno está, a veces casi sin apenas darse cuenta..., a "golpes" de gratificaciones instantáneas. Y acabamos distraídos,  atrapados, sin capacidad de centrarnos o de pensar o leer en profundidad... Y menos de comprender, o aprender. Un tanto "anestesiados" por tanto bombardeo de todo tipo, buscando nuevas sensaciones que nos hagan "sentir bien"... 



La empatía y la delicadeza se aprenden desde pequeños, en la convivencia familiar: en las miradas, sonrisas y conversaciones con quienes nos quieren y queremos. Donde uno se siente importante y querido.

Esa comprensión y sintonía, junto con toda la afectividad, son necesarias en la capacidad de amar, tan relevante en el ser humano. Lo cual revierte en felicidad: quien ama de veras es muy feliz, aunque al principio le cueste, pero quien se mira sólo a sí mismo acaba frustrado y desengañado, vacío... Y generalmente solo.


En efecto, la conversación en familia o con amigos es el principal medio para conectar con los seres queridos, y para educar y formar a los hijos, pues en las conversaciones familiares se aprende que lo más importante no es compartir información, sino nutrir esas relaciones. Esa es la clave: ¡nutrir esas relaciones personales!


Sin embargo, esa omnipresencia de pantallas dificulta las conversaciones, corta el propio pensamiento, y cualquier acercamiento... Nos distrae y dispersa la mente de lo más relevante que son las personas cercanas, a quienes debemos mostrar ese cariño y atención de forma exquisita. Cuidemos esas relaciones y el encuentro con las personas queridas.








Espero que te haya gustado, y puedes comentar y compartir con amigos. ¡Muchas gracias!




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Mª José Calvo                                                              
@Mjoseeopt                                               
optimistaseducando.blogspot.com




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jueves, 18 de diciembre de 2025

LA LUZ DE LA NAVIDAD



                                      LA LUZ DE LA NAVIDAD  


Se acercan días grandes y luminosos. Estas fechas de espera para la Navidad son un momento de tal belleza que cautiva, ilumina, y da esperanza para vivir con ilusión.

Podemos parar nuestra vida ajetreada para repensar la Navidad, para mirar con calma, con perspectiva y hondura, y sorprendernos de ese misterio. Con mirada "nueva", como los niños, que saben descubrir lo bello que nos sale al encuentro. ¿Qué nos querrá decir a nosotros? Lo más importante sucede en el silencio...


Navidad es el misterio del "nacimiento" del Niño Dios en una familia: la familia de Nazaret. Nada hay más bello y sorprendente que todo un Dios hecho un Niño... Es el espíritu de la Navidad. Algo enternecedor, el misterio del amor de Dios que se descubre desde la humildad de Belén. Poniendo el corazón, acercándose al portal, quizá como uno de los personajes, vislumbrando y percibiendo ese amor de Dios por los hombres. Sintiéndonos cada uno muy queridos.

Y nos pone de relieve la grandeza de la Familia, de cada familia, dando vida y cariño a todos los que se acercan... 



 
                    

* Preparar el corazón

Lo propio de esta espera es ir preparando el corazón, como los niños,  montando el Belén. 

Podemos aprovechar esa fuerza del belén para estar pendientes de los demás, para mejorar las relaciones en familia, para las conversaciones con ellos. 

Es un tiempo especial dedicado a pensar en los otros, en alegrarles la vida con detalles de cariño. No es necesario gastar mucho, sino tener ilusión, sorprender con imaginación y creatividad, con pequeños detalles cotidianos, especialmente a los que más queremos. También con los que sufren en muchos sitios, o están solos, tristes, agobiados, o carecen de lo más esencial... Regalar tiempo y cariño.
                  
Nuestros hijos nos están mirando todo el día. Vamos dejando una huella, y marcando la senda por donde ellos podrán pasar… Vamos a enseñarles algo trascendente y valioso que no pasa con las modas ni con los tiempos, y que siempre recordarán en su corazón, y les dará fuerza y propósito en su vida. Y pasará de generación en generación como el tesoro que es.

          

Para empezar, podemos aprender de ellos a ver las cosas con asombro y entusiasmo, sabiendo descubrir lo bonito, lo bello. Intentar poner el Belén entre toda la familia, contando con las ideas de cada hijo. Buscar un lugar importante de la casa, y ponerlo acogedor. Es algo divertido, estimulante, enriquecedor y creativo. Traer unas piedrecitas, un poco de hierba, unas ramas, unas hojas secas, pajas, cortezas de árbol... Y unas figuritas. Recortar estrellas de cartulina o de papel charol, ríos de plata, poner caminitos de arena, unos animalillos... Así pasar un rato entrañable haciendo algo de veras cautivador.


Cuando ya esté montado, podemos hacer un “juego” de imaginación con nuestros hijos y transformarnos en un personaje de aquella época. O disfrazarnos incluso. Escondernos en el Portal, ir con los pastores a ver al Niño, llevarle un queso, un tarro de miel, algo de ropita, o cantarle una canción. Imaginar que podemos estar con su Madre, María, o que hablamos con San José. ¿Cómo les miraríamos?, ¿qué nos transmitirían?..., ¿qué les diríamos?... Cada uno puede escuchar en su corazón.





Con nuestra inteligencia e imaginación podemos traspasar los límites del tiempo y del espacio, y acudir a su encuentro. De eso se trata, de acercarnos al Niño. Crear nuestra propia historia. Ir toda la familia visitar al Niño Jesús y contemplar la mirada de nuestros hijos. Podemos hablar con él, contarle nuestras ilusiones, alegrías, proyectos, sueños, preocupaciones... Y escucharle, pues habla directo al interior, si le dejamos, si hacemos un poco de silencio. Él está deseándolo...


Ver cómo se tratarían María y José, con qué cariño y detalles aunque no tuvieran apenas nada material... pero sí un espíritu entregado, enamorado, agradecido, generoso, alegre. Con mucho cariño. 

¡Con cuánto amor cuidarían a ese Niño, nada menos que el Hijo de Dios! Le prepararían el lugar con mimo y cuidado, con paja harían una cunita confortable en el pesebre frío y duro, le besarían, le mirarían, le sonreirían, le cantarían, le bailarían, y ¡no saldrían de su asombro! 


                   
Podemos hablar con ellos, en la imaginación, en la realidad, pues ambas se complementan. El Belén nos enseña a rezar con sólo mirarlo: es como una "máquina del tiempo" que nos transporta a otro mundo..., y nos ayuda a meternos en la escena, a inspirarnos con sus vidas llenas de sencillez, atentas a lo que Dios les va diciendo...
                
Y aprendemos de ellos un sinfín de cosas: a valorar lo importante, a no ser caprichosos, a pensar en los demás, a regalar cariño y atención, y a disfrutar de la alegría del Recién Nacido. ¡Cuán derroche de cariño supieron poner en ese pequeño lugar de la Tierra, tan "escondido", donde todas las cosas se irían haciendo "nuevas"!
      
Incluso enseñar a nuestros hijos a esconderse en el Belén y hablar con esos Personajes... Ayudarles a cuidar al Niño, a tener detalles con Él, a ser muy amigos suyos, a decirle cosas cariñosas, a pedirle ayuda y darle gracias, a cantarle villancicos... Por vía afectiva, con el corazón, es como mejor se vive y ellos lo entienden de maravilla. 


Por otro lado, allí tenemos hecho uno de nosotros al mismo Dios. Con su grandeza y esplendor, todo el Amor concretado en algo tan pequeño. Toda la belleza y bondad que nos podamos imaginar, condensada en un Niñito indefenso... con los brazos abiertos, esperando nuestra acogida y cariño. En lo frágil nos llega lo eterno... Esperémosle con el corazón emocionado.







* Un referente...

La Sagrada Familia nos sirve de modelo para intentar mejorar como personas, y como familia, para parecernos un poco más a ellos. Aprender a amar y ser mejores esposos..., y buenos referentes de nuestros hijos. También pedirles ayuda ante nuestra "poquedad", a su Madre, nuestra Madre la Virgen, y a nuestro padre el querido San José, el de la sonrisa permanente...

                    
Es el Belén que puso Dios. Y también es el título de un libro de Enrique Monasterio, de Ed. Palabra, que comienza con el Big-Bang..., y nos cuenta la historia viva de cada personaje del belén. Puede ser bonito para hacer ambiente en familia, y leer estos días. O para regalar a los abuelos..., que tanto les gustará. 

Dejo una cita: "Al principio Dios quiso poner un belén y creó el universo para adornar la cuna. Y empezó su trabajo. Hizo mares y océanos de papel de plata, y grandes desiertos de arena dorada para los camellos de los Reyes Magos”...



Por tanto, en la espera del Niño, podemos hacer ambiente de hogar alegre y optimista, lleno de ilusión. Él nos espera en cada aventura cotidiana, en cada reto que nos cuesta. Podemos regalarle esos detalles concretos de lucha, de cariño, de agradecimiento...


Dirigir nuestra mirada al pesebre ayuda a olvidar diferencias y problemas, a quitar obstáculos que separan de los demás y centrarse en lo que nos une. Poner comprensión y perdón, y ser más amables con quienes más queremos, especialmente en familia. Siempre merece la pena, pues nos necesitan alegres. Ahí encontramos la fuerza y la alegría para vivir.

Pensar qué palabras decimos, hacerse cargo de los sentimientos y estados de los demás, cuidar las amistades, poner intención en metas nobles... Son retos que nos salen al encuentro cada día, y nos hacen mejores. Cada pequeña lucha, cada pequeña victoria, nos acerca al belén.


Así será una "espera" con ilusión y esperanza, no con agobios, pesares o ansiedad. Preparar el corazón para el encuentro con Jesús. Además, eso nos hace más dichosos. Que el fulgor de su nacimiento ilumine la noche del mundo..., y su mensaje de amor para todos nos colme de fuerza y ternura para con los demás.


Y disfrutar de la alegría inmensa de estar juntos en familia en estos días tan entrañables, donde Dios mismo quiere nacer en cada corazón, en cada familia. Teniendo más presentes a los que ya nos han dejado..., pero velan por nosotros. Sin que la tristeza haga "nido" en nuestro interior, sino velando también por ellos, aprovechando que tenemos cerca al Niño.

Como decía Viktor Frankl, "que el dolor de haberlos perdido no empañe la alegría de haberlos tenido".


Cuidemos la familia, cada familia: "el corazón" de la humanidad. Te lo cuento en ese artículo...

Cuánto asombro y ternura podemos mostrar ante semejante "Regalo" lleno de significado y trascendencia. Aprender a saborear tanta luz y belleza que se nos da, tanto cariño atesorado... Contemplar el Misterio con ojos y corazón de niño. Y así poder sembrar esa paz y esa alegría que rebosa a nuestro alrededor, en un mundo muy necesitado de paz, de luz, de cariño y perdón, de esperanza. 


Os deseamos de todo corazón una ¡MUY FELIZ NAVIDAD!

   
                                                                       
                                                           


      

Espero que te haya gustado, y puedes compartir en familia y con amigos. Muchas gracias. 

                                      

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                                                                            Mª José Calvo
                                                                  optimistas educando y amando
                                                                            @Mjoseeopt
                   
      

                                                                          

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