1- UN POCO DE MEDICINA
Gracias al amor incondicional de los padres, cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide, con esa preparación por parte del óvulo, y con un destello de luz increíble al lograrlo, se forma un nuevo ser. Ya no son células del padre, y de la madre, ni un nuevo “tejido” o cúmulo de células, sino una nueva persona, con un mar amplio y casi infinito de posibilidades. Y se le denomina “cigoto”. Algo muy valioso en sí mismo.
Y es curioso, porque se ha visto que el óvulo libera sustancias químicas que atraen a algunos espermatozoides específicos. Así hace una selección sobre los que cree son mejores para ese óvulo, en relación con la compatibilidad genética óptima con su propia carga genética.
En esta etapa de la vida del ser humano se experimenta el crecimiento más rápido. Se va dividiendo en dos células, luego en cuatro, luego en ocho, y así exponencialmente. Y es uno de los momentos más complicados para la supervivencia. Precisa un ambiente muy rico para su acogida y posterior anidación en el útero materno. Esto sucede a los 4-7 días de la fecundación. Entonces ya se le denomina “embrión”. Posteriormente, después de la semana novena se le llamará "feto". En esta fase ya se diferencia en masculino o femenino, según la dotación genética sea XY, o XX.
Desde la fecundación está presente toda la carga genética responsable de la formación de esa persona. En concreto, en los cromosomas. Ahí está la esencia de toda ella: sólo tiene que desplegar esa maravilla y aumentar de tamaño.
Respecto al tema de la fecundación, cuando parece que no llega, cabe destacar la naprotecnología, que es una ayuda médica, respetando la naturaleza de la procreación. Significa "natural procreative technology", o tecnología de la reproducción natural. Los métodos de reconocimiento de los periodos fértiles y los avances de la medicina procreativa posibilitan diagnosticar muchos problemas que pueden causar infertilidad. Se centra en identificar las causas, no en paliar síntomas..., o suprimir los ciclos naturales. Y su tratamiento etiológico, de la causa, ayuda precisamente en su raíz, a facilitar o permitir la fecundación.
Por ejemplo, en casos de ovario poliquístico, oligospermia, infecciones tubáricas y otros problemas de permeabilidad de las trompas, incluso la falta de concepción debido al estrés o la ansiedad de las primeras etapas. Esta nueva técnica logra muchos beneficios sin alterar la naturaleza biológica ni antropológica de una relación sexual, en ese abrazo íntimo de los padres en el que se puede concebir una nueva vida: una persona humana, un regalo increíble, sorprendente, no un "derecho", con sus talentos y cualidades únicas.
Cada fecundación y posterior nacimiento deja una huella profunda en los padres, y en la familia. Es lo más grande, maravilloso y novedoso que puede suceder en el planeta. Algo cuasi milagroso que nos deja atónitos, sin palabras. Y a veces nos "acostumbramos" a los milagros...
Como señala G.K. Chesterton, lo más increíble de los milagros es que ocurren. Y, "en cada niño, todas las cosas del mundo son hechas de nuevo, y el Universo se pone de nuevo a prueba."
Ese nuevo ser, maravilloso, contiene 23 pares de cromosomas: todo el material genético de esa persona. Exactamente, la mitad de ese material genético es de la madre, y la otra mitad del padre. En esos 46 cromosomas se hallan todas sus características y posibilidades. Y entre ellas el carácter sexual: cromosomas XX, si se trata de una mujer, o, cromosomas XY, si se trata de un varón. Y todas las células del cuerpo, hasta las cerebrales..., llevan ese material genético diferenciado, es decir, específico. No sólo los órganos sexuales, como a veces se puede creer.
Los cromosomas están formados por dobles cadenas de DNA, formando hélices, que a su vez están compuestas por muchísimas bases de nucleótidos, donde se encuentran los genes, que hacen a esa persona singular. El gen es la unidad básica de información genética. Y en cada persona se expresan, o no, dependiendo de varias circunstancias.
Todo esto lo investigó el "padre" del Proyecto Genoma Humano: el doctor Francis Collins, que dedicó muchos años a liderar este proyecto: entre los años 1990 y 2003.
Él era ateo, y refiere que empezó a investigar porque le parecía extraño que personas muy inteligentes creyeran que existía un Dios. Entonces, investigando y analizando las bases del DNA, tan diminutas y perfectamente organizadas, para su consternación, se dio cuenta de que el ateísmo era lo menos racional de todo. Tenía que estar equivocado. Y ante sus propios descubrimientos, con sencillez, pasó del ateísmo más ciego, a creer en Dios.
Percibe que "la ciencia no es más que la humanidad tratando de entender la grandeza del diseño de Dios".
La investigación científica le ayuda a ver más claro, al descubrir esa belleza y complejidad tan minúscula, llena de orden y perfección, contenida en cada una de las células, y del material genético nuclear del ser humano. La ciencia le lleva necesariamente a Dios. Y apunta que la creación es "el libro de las obras de Dios"...
Ese material genético de cada ser humano se concreta en un genotipo, -por los genes-, y un fenotipo, -su morfología-, únicos y personales en cada nueva persona que viene a este mundo, fruto de un don increíble.
El fenotipo de una persona se refiere a características más visibles, como su forma, el color de la piel, del pelo, de los ojos… Y el genotipo es algo más profundo, como determinaciones genéticas: grupo sanguíneo, rasgos del temperamento heredado, o características psicológicas de personalidad como pueden ser la tendencia a la ansiedad, al nerviosismo, a la calma, a la empatía, a la acción, al optimismo… etc.
Todo esto interactúa con el ambiente donde se desarrolla ese ser humano, pudiendo afectar en distinta medida según las circunstancias de ese entorno y las posibilidades y aspectos genéticos de esa persona. Es la llamada epigenética o expresión genética en función del entorno, y también del estilo de vida de esa persona.
El material genético está en la base de la vida de ese ser: en su crecimiento y desarrollo, en sus funciones cardíacas y respiratorias, en el sistema inmunológico, sistema nervioso y cerebro, estrato de todo ello…, en los sentidos y rasgos psicológicos y temperamentales...
La grandeza de la vida, a la par que su fragilidad, disponen el corazón al cuidado, al cariño, a la ternura. De este modo preparar un ambiente adecuado donde pueda crecer y desarrollarse en sus mayores posibilidades, precisamente a la luz de ese cariño recíproco de sus padres, base de su personalidad y autoestima, y artífice de su buen desarrollo. Una maravilla tan delicada que custodiar...
Sin embargo, los genes no son tan determinantes como se creía hace tiempo, pues intervienen muchos factores que interaccionan con ellos. Es más, los genes no son "egoístas" como decía algún autor populista, sino que se ha comprobado que actúan por tres principios: de comunicación, de cooperación con otras personas, y de creatividad. La persona es genuinamente el lugar de lo creativo, y de la ayuda desinteresada a los demás.
Esto referido a los genes lo ha investigado el profesor Joachim Bauer con el sistema motivacional cerebral, que secreta sustancias neuroplásticas mensajeras, y está enfocado en las buenas relaciones personales: en familia, con amigos... Te lo cuento en algún artículo de ese tema. Es decir, busca unas relaciones afectuosas con los demás, lo cual hace que el cerebro trabaje entusiasmado, y de la mejor forma y rendimiento, y facilita ser feliz precisamente en esos vínculos y buenas relaciones personales. Todo el cerebro, no sólo los genes, nos animan a ello y nos reconfortan con las buenas relaciones, incluso cuando hacemos algo desinteresado por los demás. Es la naturaleza humana, tan bien diseñada.

Alguna pincelada sobre el desarrollo neurológico
Consiste en la maduración de la estructura anatómica del sistema nervioso, en especial del encéfalo, unida a la adquisición de distintas funciones vitales. Te lo escribo en "pinceladas sobre el cerebro".
El tubo neural, base del sistema nervioso, se forma desde el principio de la gestación: a los 19 días, hasta la semana 32. Luego se va desarrollando más. Por eso son tan importantes las primeras etapas.
Las hormonas placentarias guían el desarrollo. Y hacia la semana 8, ya se diferencia el cerebro según se trate de una niña, XX, o de un niño, XY. Antes se desarrolla "en femenino".
La persona nace con millones de neuronas: hacia la semana 16 del embarazo ya están formadas, pero no están apenas conectadas entre sí. Desde el nacimiento el tamaño cerebral aumenta, sobre todo por las conexiones neuronales o sinapsis, que van formando circuitos y redes para albergar funciones. Primero más sencillas, pero básicas, luego más complejas, basadas en las anteriores. Por ejemplo lo sensorial, el control postural y la motricidad para la marcha o deambulación... etc. De ahí la importancia de vigilar el crecimiento del perímetro craneal para ver si el neurodesarrollo va bien.
Muchas funciones son innatas, pues en todas las personas se desarrollan, a no ser que haya una alteración concreta, o un entorno que no lo permita. Y hay periodos críticos con una gran plasticidad neuronal para adquirir esas funciones.
* Las más básicas y primeras en madurar son las relativas a lo sensorial, es decir la percepción por los sentidos, y al movimiento.
En el periodo embrionario, y sobre todo en el fetal, después de la semana novena, ya está desarrollado el tacto, el ojo, con la separación de los párpados en la semana 25, el oído, el gusto y el olfato. Luego, en cuando tiene posibilidades se desarrolla la vista, el oído y el gusto. A los dos meses de vida ya tiene sensibilidad en todo el cuerpo. Y todo esto se realiza hasta los primeros cinco años.
Por otra parte, del nacimiento a los tres años también se desarrolla el sistema motor, muy relacionado con lo sensorial, es el desarrollo sensorio-motor, que le permitirá el movimiento tan necesario, la autonomía y la deambulación, así como el aprendizaje.
* Otro momento importante es el desarrollo del habla, desde un año a los cinco ó seis años. Para el lenguaje necesita previamente la percepción sensorial para comprender el entorno, el tono muscular laríngeo, la capacidad de pensar... etc. En este sentido, el habla se relaciona con dos zonas cerebrales, una sensitiva para comprenderlo, y otra motora, para expresarlo, que a su vez conectarán con otras. El lenguaje le ayuda a comprender la realidad y relacionarse con otras personas, y será importante en la cognición y el comportamiento.
* Las funciones superiores, desde los cuatro años a los doce más o menos, y luego en la adolescencia. Éstas se basan en otras que ya ha adquirido. El niño tiene gran curiosidad por las cosas, y eso le ayuda a explorar, experimentar, investigar y aprender. En las primeras edades tienen un pensamiento mágico basado en la fantasía y la imaginación, y en torno a los 6 ó 7 años será más lógico y abstracto, usando esas capacidades superiores como la deducción, el razonamiento, las matemáticas...
Y cuando despunta la adolescencia, con otro pico de plasticidad grande, y esos cambios cerebrales de reestructuración de redes neuronales, su pensamiento tornará a más analítico. Muy relacionado con la corteza prefrontal. Lo cual les permite mayor capacidad de análisis de situaciones, de reflexión, y el pensamiento crítico. Y en esta etapa va descubriendo y perfilando su identidad personal, sus gustos, aptitudes, y sus propias decisiones... etc.
Así va teniendo capacidad de pensamiento profundo, crítico, analítico..., de contrastar información, de valorarla y gestionarla... Sin embargo, esto se prolonga en el tiempo puesto que el cerebro tarda muchos años en "completar" la maduración por decirlo de algún modo, porque siempre está aprendiendo y cambiando. El cerebro "funciona" con una máxima neurológica: "usa tu cerebro o lo perderás". Lo que no se usa se atrofia.