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domingo, 6 de julio de 2025

EL CORAZÓN HABLA AL CORAZÓN I

 

                              "EL CORAZÓN HABLA AL CORAZÓN" I



El ser humano está diseñado con un corazón para amar, con afecto puro y limpio, ¡noble! Tiene anhelos de infinito... con unas directrices inscritas en su corazón. 

"El hombre es una criatura con un misterio en su corazón que es más grande que él mismo", apunta Hans Urs Von Balthasar.


Lo que más nos llena son las buenas relaciones personales: que nos comprendan y escuchen, que nos tengan en cuenta, el trato amable con otras personas, los detalles de cariño y afecto... etc. Cada persona necesita sentirse querida: es su necesidad básica.

Es necesario poner el corazón, además de la cabeza, en el encuentro con los demás. Que todos notemos y sintamos ese cariño, artífice del buen desarrollo personal. 





Una persona posee una capacidad de amar y de alegrar enorme, que debemos poner "en marcha" a nuestro alrededor. Aprendemos a amar en el seno de la propia familia, desde bien pequeños, gracias al amor recíproco de nuestros padres: origen de la vida de cada uno y fuente de desarrollo y crecimiento personal a lo largo del tiempo. 

En el hogar, mediante las conversaciones familiares, se aprende a escuchar, a comprender, a sentir empatía, construyendo relaciones verdaderamente humanas. Teniendo en cuenta sentimientos y afectos, para ayudarse mejor entre todos.


Se trata de hacer acopio de cariño y momentos compartidos para poder concretar y regalar ese amor, y darlo a manos llenas a quienes elegimos querer, en las distintas circunstancias de la vida. 

Para ello es imprescindible la confianza y escucha atenta con quienes conversamos en cualquier ámbito, espacios de silencio, centrar la atención en los otros, percibir sus estados afectivos y emocionales... Colocarse en su lugar, ver con los ojos del alma.

Y ser delicados, atender sus necesidades, incluso antes de que lo expresen... De ese modo se desarrolla más plenamente esa sensibilidad y comprensión, a la par que la personalidad, y se aprende a querer mejor, con un corazón grande donde caben todos.


Cuando uno se siente de veras querido, se fortalece y se "ilumina" por dentro, y es capaz de actuar de forma excelente, darlo todo y rubricar su mejor versión.


El corazón es importante: es el centro y raíz de la persona. Su núcleo más íntimo. El soporte de la personalidad, expresa Ortega. Venimos con unas preferencias y anhelos del corazón de bondad y bellezaY cada uno "vale" lo que vale su corazón, pues en él se ponderan las cosas, da armonía a las diversas facetas de la personalidad, y uno "pesa" lo que ama.






Un gran pensador, que ha dejado un inmenso legado, J.H. Newman, daba mucha relevancia a la imaginación y al corazón, y acuñó: "el corazón habla al corazón”. Hay que saber escuchar, comprender, empatizar y conectar con las personas. Mucho más en familia, primera y principal “escuela” emocional. 


Y la importancia de la imaginación: un medio para el conocimiento de la realidad. Newman decía que la imaginación es capaz de alzar la realidad, de levantarla: la "real-iza" para poder contemplarla. También es una capacidad imprescindible para comprender realidades inmateriales, lo que no vemos, tocamos, pero atisbamos... 



La imaginación conecta con la afectividad y el corazónLos afectos están en nuestra vida, impregnan la realidad, y hablan al corazón. Y éste es el nexo de unión con la imaginación. Apunta este autor: "al corazón se llega habitualmente, no a través de la razón, sino de la imaginación".  Por eso, si queremos llegar al corazón de una persona, usar la imaginación, pensar cómo se encuentra, qué anhelos tiene..., cómo atenderle y ayudarle.




El corazón habla directo al corazón. Se activa y resuena con otro corazón: empatiza y se conmueve. Las personas mejoramos con el trato personal, al pensar en los otros, y ofrecer ese cariño que tenemos. Las fronteras del corazón son inexpugnables..., con el amor se dilatan, crecen, y embellecen a esa persona.






Un pensamiento del gran Charles Dickens, que supo transformar una sociedad masificada y poco comprensiva en algo mucho mejor... : "El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el que lo conoce las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico". 


Qué importante conocer y tener en cuenta todos estos aspectos de lo más íntimo del ser, de forma armónica, y hacerlos vibrar. Con cada uno, "a su estilo". Adivinar el lenguaje que más le "llega".



Es más, Pascal nos advierte que el corazón tiene sus razones que la razón no entiende... Es otro mundo valioso, genuinamente humano, por explorar, preservar y cultivar.


Cultivarlo es aprender a valorarlo y ponerlo en lo que de veras vale la pena, con afectos tiernos y nobles que nos engrandecen y mejoran. Porque, esta potencia humana anhela infinito y belleza, que es el esplendor de lo verdadero, de lo bueno; lo que nos atrae e ilumina la vida entera. Y hacia donde queremos mirar...


La sabiduría innata del corazón nos ayuda a relacionarnos, a pensar en los otros, a ser mejores, con mayor plenitud personal, y como consecuencia más felices.








* ¿Y el papel de la afectividad?

"La amabilidad es el lenguaje que el sordo puede oír, y el ciego puede ver", apunta Mark Twain.


La afectividad es propia de la persona: los sentimientos y afectos nos "llenan" y conmueven, y ayudan a querer: aumentan la capacidad de amar, pues hacen experimentar la dicha de hacer felices a los demás. ¡Esa es la clave!




Para ello es necesario
entrenarse en pequeñas cosas, gestos y detalles, atenciones y delicadezas, hábitos y virtudes, muy relacionadas, que dan facilidad para obrar en esa dirección..., y además disfrutando cada vez más. Ya lo decía Aristóteles.

Por ejemplo la amabilidad y delicadeza, tan necesarias, la confianza, la escucha atenta, la sinceridad, base de todo lo demás, la honradez e integridad personal, la lealtad, la generosidad, la compasión, la gratitud, la sencillez de corazón y el perdón, imprescindible en cualquier relación, el servicio a los demás... llegando al corazón.

Aprovechar las energías latentes de la afectividad para aprender a amar más y mejor... Cuidar las relaciones interpersonales. Tenemos un cerebro empático y social: estamos creados para relacionarnos, y todos necesitamos sentirnos acogidos, y acoger a los demás. Así construir un ambiente cálido, alegre, de relaciones llenas de gentileza y resonancia afectiva, donde crecen las personas al sentirse queridas, pues así estamos diseñadas.



Continuará....




La afectividad nos ayuda a amar. 

Querer a una persona es ayudarle a desarrollar lo mejor de sí,
lo que está llamada a ser,
 procurando su bien, su mejor versión.

 Consiste más en dar que en recibir,
 y tiene mucho que ver con la generosidad y la empatía,
con un corazón grande que sabe trascenderse
 y por eso rebosa alegría.







De ese modo nos descubrimos como personas,
 y también descubrimos a los demás en sus mejores actuaciones.





Para acabar, una cita de Jane Austen: "Mira en tu propio corazón, porque quien mira afuera, sueña, pero quien mira adentro se despierta".


Espero que te haya gustado, y puedes comentar y compartir con amigos. ¡Muchas gracias!


  
Dejo algunos enlaces relacionados:


 
 










                                                                                       
 




                                               

                                                              Mª José Calvo
                                                              @Mjoseeopt
                                                  optimistaseducando.blogspot.com


URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2025/07/el-corazon-habla-al-corazon.html

lunes, 4 de mayo de 2020

UNA ESTRELLA POLAR...



                                     UNA ESTRELLA POLAR


Estos momentos difíciles que vivimos nos pueden ayudarnos a repensar algunas cosas... Ver hacia dónde nos dirigimos, pensar qué es importante, y qué queremos de veras, para "realinear" el rumbo en lo que sea preciso, apuntando a una meta valiosa. 

En las encrucijadas de la vida buscamos un referente para guiarnos, unos principios que nos den luz y claridad en nuestro actuar. Los problemas surgen cuando no se piensa y se da el mismo valor a cualquier cosa... Los porqués de las cosas apuntan a una meta, y nos dan una orientación, unas coordenadas hacia ella. 

La falta de pensamiento y de reflexión olvida y vacía los principios de contenido, y ya no nos auxilian en nuestro navegar. Acabamos a merced "del viento que sople"... Ya insistía Hanna Arendt: ¡párate y piensa!




En la vida necesitamos un referente claro, un "norte" que nos oriente e ilumine, y una "brújula" que señale el norte verdadero. Que nos ayude a construirnos como personas, desde nuestra singularidad, a ser mejores, a madurar, a alcanzar cada uno su plenitud, orientándonos con nuestra misión, que tiene mucho que ver con los demás. 
La vida se vertebra alrededor del amor, porque tenemos unas necesidades afectivas, necesitamos sentirnos amados, y ser capaces de amar. Eso es clave.

Ya lo decía el doctor Viktor Frankl, con su trayectoria vital llena de sufrimiento, pero con dignidad y gran libertad interior. Lo que más motiva en situaciones difíciles es el sentido de la vida: eso que nos da un propósito concreto y singular, que, o lo hacemos nosotros, o se quedará sin hacer. 

La búsqueda de la verdad apunta a realidades bellas que nos trascienden, que señalan a los demás, como nos transmitió Frankl. A lo trascendente, a los misterios.

La verdad es un pilar fundamental para construir relaciones personales. Hace ambiente de confianza, transmite valores auténticos, especialmente a los hijos, encaminándoles a desarrollar el sentido de lo correcto e incorrecto; ayuda a ver los propios sentimientos en verdad, desde lo que son, y a aceptar los errores... etc. Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre". Y la bondad, tan unida a ella.



También para orientar el talento de cada persona, esas cualidades y fortalezas que la caracterizan... Muy importante en el proyecto familiar, -te lo contaba en otro artículo-, en el cariño en pareja, en la educación de los hijos... etc.






Dejo unos puntos a modo de índice:

1) La familia
2) Cada persona
3) Una estrella polar que nos guíe
4) Nuestra vida
5) Cabeza y corazón


1) LA FAMILIA

El ámbito natural, propio de la persona, donde se puede realizar todo esto es la familia: el lugar del amor incondicional. Toda persona necesita recibir cariño para ser ella misma, para hacerse y re-hacerse cada día. Y por otro lado, también necesita amar a los demás para ser auténtica persona. Cuando ama se siente más plena y realizada, y logra lo mejor de su personalidad, sin buscarlo. Es una consecuencia de centrase en lo importante. 

La conciencia de la misión personal nos da fuerza para acometerla del mejor modo, y nos transforma en auténticos líderes. Porque, el liderazgo empieza en uno mismo. Poner cabeza y corazón, autodominio personal y señorío, apuntar a metas que nos engrandezcan como personas, pensando en los otros: poniendo el corazón.




De esta forma, seducir con la belleza de los valores hechos vida, concretados en gestos cotidianos, en un ambiente saturado de cariño, como es la familia. 

Descubrir y estimular lo mejor de cada persona, la belleza quizá oculta en ella. Así fomentarla, y que la pueda poner al servicio de los demás. Lo cual hará que se sienta más plena, porque somos seres sociales, seres relacionales: tenemos un cerebro empático y social, y necesitamos de los demás.

La familia es el lugar propio del amor, donde se da y se recibe cariño sin pasar factura. Donde la libertad y el amor florecen..., como expresa G. K. Chesterton, y donde cada uno nos sentimos de veras queridos.






        
Es preciso que cada persona se construya a sí misma, partiendo de su singularidad: de su temperamento y cualidades personales, y desarrolle lo mejor de sus posibilidades. Ir modelando el carácter, fomentar la libertad y creatividad: que conquiste lo mejor de su personalidad, pero ¡la suya! 

La persona es un misterioso arcano, y siempre puede sorprendernos, y buscar la excelencia y el optimismo de óptimos... Hasta puede ser heroica cuando tiene los motivos adecuados. Ser auténticos héroes.


Pero, a los hijos, es necesario darles todo el cariño y apoyo, y encaminarlos hacia ello. Iluminar un sendero, dar raíces fuertes y alas para que pueda volar alto y abrazar la maravilla, y el riesgo, de su libertad. Es preciso ser un buen modelo y referente, confiar, y ¡dar muchas oportunidades de hacerlo vida!





Se trata de hacer atractivos esos valores humanos nobles que no pasan de moda, personificándolos. Puesto que, las personas, como el buen vino, si luchamos por mejorar, vamos conquistando nuestra mejor personalidad. Vivir
 esos valores, hacerlos hábitos y virtudes personales, al tiempo que intentamos que todos en la familia se sientan muy queridos.





Educar no se parece en nada a domesticar, porque se trata de personas, con inteligencia y corazón, libres y creativas, llamadas a una relación de amor y felicidad con brillos de eternidad. 

No consiste en enseñar unos hábitos sin más, ni mucho menos unos pocos buenos modales, sino de enseñar a usar su inteligencia, a ser críticos, a no aceptar las cosas sin pensamiento propioa llevar el timón de su vida teniendo en cuenta a los demás... Saber comprender, que es abrazar con el corazón. Así serán auténticamente libres, y por tanto podrán amar.       




2) PERSONAS LIBRES... ¡CAPACES DE AMAR!

Formar personas capaces de quererSer libre es tener señorío sobre uno mismo. No depender de apetencias y deseos, de impulsos y necesidades, de recompensas inmediatas, ni sólo materiales, de faltas de carácter... Tampoco reaccionar según el viento que sople. 

Ser "dueños" de sí mismos para poder pilotar la vida, y orientarse hacia una meta valiosa. Cada uno la suya: su misión concreta en este planeta... Algo único por lo que luchar en el tiempo que tenemos.




A veces parece que es más libre el que tiene muchas opciones de elección. Pero en realidad, aunque sólo tenga una, si es la correcta, no se precisa más. Si nos aproximamos al objetivo es que vamos bien encaminados. Te lo contaba en "fomentar la libertad". Por eso, el para qué de la libertad, su mayor y principal fin, es poder amar. Una persona que ama se siente más plena y realizada. Dichosa. Y ¡es libre! Por eso, es necesario fomentar la libertad de los hijos en la dirección adecuada, con metas que les gusten y reten, y les hagan madurar, ¡que tomen el control de su vida!


El ser humano 
es un ser relacional, está hecho para los demás. Como expresa el profesor O. F. Otero, es "un ser de aportaciones”. Estamos diseñados para relacionarnos, para amar, para compartir esa efusividad y plenitud del ser de cada uno. También para recibir, sobre todo
 en función de poder dar más y mejor... Es lo que nos hace más felices.





Porque, la felicidad, con palabras
 de Soren Kierkegaard, es "una puerta" que se abre hacia fuera. ¡Hacia los demás!

Si intentamos perseguir esa felicidad a toda costa, como también señala Frankl, no la alcanzamos; pero, si nos olvidamos de ella y pensamos en los que nos rodean, nos viene dada. Es como una gratificación o recompensa cuando vamos en la dirección adecuada: cuando nos descentramos de nosotros mismos y de nuestro "yo", tan chato a veces, poniendo el centro de atención en los otros. La persona es tan grande, como señala T. Melendo, que "puede darse el lujo de desatenderse" para atender a los otros.




3) UNA ESTRELLA POLAR...


A la hora de encontrar un sentido y enfocarnos a la acción, podemos pensar: ¿cuál es mi misión en este planeta? ¿Cuál es mi estrella polar?Y, ¿qué "brújula" utilizar que nos sirva de norte y de guía? 


Un gran científico, Werner Heisenberg, Nobel de Física, señala un pensamiento muy relevante aplicable en la vida de cada uno:


"Donde no quedan ideales rectores que apunten al camino, la escala de valores desaparece y con ella el significado de nuestras acciones y sufrimientos, y al final sólo se extiende negación y desesperación... La religión es por eso la base de la ética y la ética la presuposición de la vida".



        

Los tres grandes valores existenciales, que ya conocían los grandes filósofos griegos: la Belleza, el Bien, la Verdad, son un referente que ilumina el camino..., y nos puede ayudar. Para así descubrir los propios talentos, y lo que estamos llamados a ser, especialmente cuando otras luces fallan.

Son tres conceptos interconectados. El modo más directo de acceder a ellos es a través de la belleza. Descubrir la belleza de lo auténtico, de lo bueno, de lo noble y valioso. Vivir en la belleza. Y no sólo detectar algo bello, sino generar cosas bellas, hermosas. Cuando se está a gusto, la bondad habla por sí misma, y nos descubre lo verdadero... Te cuento algo en: "¿La belleza nos salvará?".




Es decir, descubrir la verdad sobre nosotros mismos, lo que somos y lo que podemos llegar a ser... Quizá la clave está en ver la realidad tal como es, como señalara Aristóteles. No engañarse con apariencias y relativismos que despersonalizan y confunden, y nos desvían del rumbo. Descubrir la grandeza de cada persona, sus cualidades y su misión: personal, familiar... etc. Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre".


La verdad nos lleva como de la mano hacia el bien, porque el bien es su mejor forma, la más plena. Por tanto, partir de la verdad, de la realidad de cada uno, y luchar por mejorar, apoyándose en esas cualidades personales propias de cada uno. Buscar lo que "se abre" hacia los demás.

Entonces, ¿ser o hacer...? Una persona buena realiza buenas acciones; y, cuando hacemos algo bueno, nos tornamos mejores personas. Ambos aspectos se realimentan. Se trata de hacerlo real en cada ocasión que nos brinda la vida. En la relación en pareja, con los hijos, con los amigos... Eso es querer de veras.


Y como consecuencia, esa belleza que irradian ambas. Todo acto bueno es hermoso, aunque no siempre nos demos cuenta a primera vista. Hace falta cultivar la mirada, capacidad de admirar, sorprenderse de lo bello que nos sale al encuentro, y de lo que podemos crear..., para saborearlo, agradecerlo y fomentarlo. Descubrir la belleza escondida en una sonrisa, en un detalle de atención..., en un regalo, en una conversación entrañable, en un paseo con una persona querida, en un paisaje, en la lluvia fina... etc. Y generar belleza, disfrutando de ello.

Estos tres grandes valores son aspectos de la misma realidad, que van muy entrelazados. Es lo que nos puede dar luz y perspectiva. Por eso, la verdad es bella, y la bondad también, iluminan nuestro sendero, y el universo entero.

Es más, la belleza y sus manifestaciones son el camino para hacer que florezcan de nuevo la verdad y la bondad.



4) NUESTRA VIDA

En el paso del "ser", al "mejor ser", está el quid de la mejora personal, y de nuestra vida entera. Descubrir nuestra potencialidad, talentos y fortalezas, la misión personal, y las cualidades de las personas que nos rodean, para desarrollarlas

Buscando motivos que ayuden a luchar por dar lo mejor de cada uno. Esa capacidad de amar que se nos ha regalado, gracias al tesoro de la libertad personal.




Cada uno somos como "una piedra preciosa" por pulir, con unas cualidades insospechadas y diferentes a cualquier otra. Debemos descubrirlas y desarrollarlas, y hacer un mundo mejor con ellas. También ayudar a los hijos... Siendo "a fondo" quienes somos, y aceptando a cada uno como es, apuntar a lo mejor.

Cada persona es única, singular, especial, ¡irrepetible! Y alberga una luz en su interior capaz de iluminar un mundo entero. ¡No la desperdiciemos...! Hagámosla brillar, dar luz y calidez a cuantos nos rodean.



5) CABEZA Y CORAZÓN

Por otra parte, integrar cabeza y corazónPensar con claridad: sobre lo que es conveniente o no, lo verdadero o falso, lo bueno o malo. Ver lo que nos encamina a nuestra meta... Y poner el corazón: disfrutar de la dicha de hacer lo correcto..., de ser amable, generoso, alegre... sobre todo en familia con los seres queridos.

Para ello necesitamos movilizar energías, y entrenar la voluntad en pequeñas cosas. Puntos en los que luchar, que nos vayan aproximando hacia donde queremos ir: una meta. Además, cuando mejoramos en algún aspecto, otros también salen a la luz, pues todo está muy relacionado. Es el principio de armonía.


También calibrando los sentimientos: intentando fomentar los mejores, los más nobles, los que ayudan a ser más empáticos, comprensivos, serviciales. Además aportan más sentido e ilusión a la vida. Y desechar los que no merecen la pena, o nos hacen peores personas: más egoístas, iracundas, envidiosas, "gruñonas"... etc. 

Tenemos la libertad interior de elegir cómo actuar, cómo responder, cómo tratar a los demás. Con corazón.



         

Platón tenía como referencia la belleza. Descubrir la belleza escondida en las situaciones cotidianas, que nos guía a modo de estrella. Fomentar la sensibilidad para apreciar lo bueno y lo bello que se oculta tras el velo de lo cotidiano, y que nos toca a nosotros descubrir... Por eso dirá: "Cuidar el alma, si se quiere que la cabeza y el resto del cuerpo funcionen correctamente". 
     
Este clásico sostenía que, hay que diferenciar qué placeres y qué dolores convienen o no, para aceptarlos o rechazarlos, usando el pensamiento. No todo sufrimiento es estéril: al contrario. 

Por eso es tan importante la calma y la serenidad, las “islas de silencio” y la paz interior para pensar. Ese "parón" nos puede ayudar a poner orden en las prioridades, a descubrir y valorar lo que de veras importa. Ahí entran las personas queridas, la familia, los amigos..., esos principios universales inscritos en nuestro corazón, que avalan el obrar humano auténticamente humano... 






Debemos ponderar las cosas. Las dificultades, como apuntara C. S. Lewis, suelen hacer personas extraordinarias, si cada uno lucha por sacar a la luz lo mejor de sí. Si no nos "acomodamos" en el yo-me-mi, y salimos hacia el tú... Lo cual va dejando un poso de madurez y sentido.


    
Y siempre, ¡fomentando la libertad personal! Es decir, saber tomar las decisiones necesarias para orientar la vida hacia una meta valiosa. Apuntando a la cima, a esa misión personal específica, que debemos acometer en primera persona.

El hombre libre, y auténtico líder, es el que toma la iniciativa: el que hace que las cosas -importantes- sucedan. Se trata de ser proactivos, como señala Stephen Covey, de luchar por cualquier reto, meta, sueño, misión, poniendo el corazón. 





Espero que te haya gustado, y que lo compartas con amigos. ¡Muchas gracias!




Dejo algunos enlaces relacionados: 





 * Caracter y personalidad



                                                                
                                                                               Mª José Calvo
                                                                   optimistaseducando.blogspot.com
                                                                               @Mjoseeopt


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