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viernes, 19 de octubre de 2018

¡LOOK UP!, EDUCAR EN LAS TECNOLOGÍAS




       EDUCAR, ¡TAMBIÉN EN LAS TECNOLOGÍAS...!



       Este post es complemento a otros anteriores sobre tecnologías. Ya hemos tratado el desarrollo y maduración cerebral, y, partiendo de esto, unas directrices para saber cómo y cuándo introducir pantallas en los niños, cuidando cuatro claves imprescindibles, seas muy consciente de ellas, o no tanto, y un planning familiar para guiarles y acompañarles también en este mundo virtual. Y todo ello requiere formación: por nuestra parte, y hacia ellos.







       Dejo este pequeño vídeo para entrar en tema... Con que solo veas el principio, basta para hacerse una idea. Aunque lo más bonito está al final.


¿Queremos de verdad hacer esto en nuestra vida...?






             Dejo enlace: https://youtu.be/j7JzONrbPD0



       No solo por nosotros mismos, sino por nuestros hijos: ¡nos están mirando todo el día...! ¡Y nos copian constantemente!, queramos o no.


       Y conste, que me encanta la tecnología... Quiero dejarlo claro. Es impresionante las cosas tan interesantes que podemos hacer con ella, en este mundo un poco "deshumanizado" a veces. Pero, hay que poner cabeza en ello. Con una metáfora de S. Covey, primero las "piedras grandes", ¡lo importante!, que siempre es la vida real con quienes más queremos, ¡en familia! Y "la mejor red social"... Luego, vendrán las pequeñas piedrecillas que se pueden ir colando entre los resquicios de la grandes. Pero éstas, en un lugar preferente y bien asentadas. Priorizando.



        1) VAMOS CON NUESTROS HIJOS... 

        Un niño pequeño siempre mira, y ve, todo lo que hacen sus padres. Si nos ven con frecuencia mirar al móvil o a la tablet, pensará que eso es interesantísimo. Si nos ven leyendo un libro, pensarán que es algo que quieren hacer... Si ven que disfrutamos relacionándonos con otras personas, que conversamos, que nos interesamos, les encantará y disfrutarán al vernos así... Porque perciben la belleza del rostro de sus padres, de los detalles de cariño, de las miradas...: descubren el mundo a través de nosotros, de nuestra mirada, de nuestra sonrisa acogedora, de nuestro rostro empático, de nuestra actitud, de lo que hacemos. 


        Por tanto, pensar qué queremos mostrar a los hijos: qué legado queremos transmitirles... Porque ellos aprenden de las personas que les quieren, que les cuidan y sonríen, ¡que les abrazan! Les hacen sentirse valorados y queridos, y el cariño es el mejor vehículo para el desarrollo personal y el aprendizaje. Y nos imitan en todo: en la forma de hablar a los demás, en los gestos, en las actuaciones..., en cómo nos controlamos, o no, ante pequeños contratiempos y problemas..., y en cómo sonreímos ¡aunque nos duela el alma, o estemos agotados!


      Por eso, como hemos visto, debemos, no solo guiar a nuestros hijos en este mundo tecnológico y virtual, sino educarles en él, como hacemos en otros muchos otros ámbitos. Por ejemplo, respecto a su inteligencia y formación, y su propio pensamiento crítico, sus hábitos saludables, su entrenamiento en valores hechos vida, el educar su afectividad y su corazón, el atender a los sentimientos, el ayudarles a pensar en los demás..., enseñarles a controlar su propio carácter... etc. Pues aquí también.




     Quizá el "quid" está en integrar el pensamiento y los valores, concretados y vividos, en el uso de estos medios tecnológicos. 




       Necesitamos una brújula, a modo de "estrella polar", que nos oriente en la vida. En la vida de familia, y también en el comportamiento "online". Esto te lo contaba en otro post. (enlace abajo). Y puede ser ese trinomio "verdad, bondad, belleza", que ya señalaran los grandes filósofos clásicos, que va estrechamente interrelacionado. Cada una de esas formas de la realidad nos lleva inevitablemente a las otras dos. 



       La verdad, por ejemplo, es la adecuación de las cosas, y de las personas, a la realidad. Lo que son realmente. Cambiar la realidad que percibimos es una falsedad que no se sostiene. Sin ella vamos perdidos, sin rumbo, y enseguida aparecen los trastornos de personalidad, las patologías, el vacío existencial, precisamente por eso: por perder el contacto con la realidad. Bien lo saben los psicólogos y psiquiatras. Además, la verdad es como un faro que ilumina el pensamiento y el corazón.





      Atenerse a la realidad, e intentar mejorarla: ¡eso sí! También respecto a la realidad personal de cada uno... Luchar por lograr la mejor versión de nosotros mismos, que en eso consiste el bien de esa persona: su mejor forma de ser, ¡lo que está llamada a ser! 






     Y, ¿qué decir de la belleza? Es lo que resplandece por todo ello, por la verdad y el bien que posee, por lo bueno que percibimos. Lo que nos atrae, y captamos en nuestra sensibilidad, afectividad y corazón entrañablemente humano. Los detalles de atención, las sonrisas, el trato afectuoso, la generosidad, la empatía, las miradas... etc. También la armonía de colores en la bóveda celeste, o en un lienzo, un paisaje de alta montaña, un mar en calma, con todo tipo de tonalidades y colores enlazados, o una alta mar brava y espeluznante... etc. Toda la naturaleza es bella.






      2) INTEGRAR VALORES, ACTITUDES Y VIRTUDES...


     Volviendo a las tecnologías, podemos poner valores, que son pequeñas especificaciones del bien, o de la verdad, y por eso son bellos, también en el uso de las tecnologías. Y tratar de vivirlos en familia, nosotros mismos y con nuestros hijos, desde bien pequeños. 



     Por ejemplo, la prudencia, para no fiarnos de quien no procede, y no asumir todo lo que hay en internet; la seguridad y privacidad, para no exponer nuestra intimidad, ni datos personales a cualquiera; la fortaleza, para ser coherente con lo que pensamos, aunque no esté de moda... La sinceridad, base de toda relación, también online, y la responsabilidad, para actuar de ese modo, asumir consecuencias de nuestros actos, y también para ayudar a los demás... La justicia, para no tratar mal a nadie; la empatía, para ser comprensivos con los demás, aunque no los "veamos"... El autocontrol, ¡tan necesario siempre...! 





       La proactividad, para no ser simplemente "consumidores de información", de lo que caiga en nuestras manos, sino crear buena información, con valores, que en el fondo es dar información y formación de calidad. Puesto que, como cualquiera puede poner lo que se le ocurra, sensato o no, verídico o no, bien enfocado o no, manipulado o no..., es muy difícil saber acotar, filtrar, y seleccionar lo valioso de lo que no lo es. Y nuestros hijos, todavía sin mucha formación, y con su cerebro sin desarrollar y madurar plenamente, no pueden hacerlo. Necesitan nuestra guía y consejo, aunque a ellos se les dé mejor acceder a la información que existe, o a aplicaciones concretas de ese momento... 

     También se trata de humanizar un poco las redes, de rodearse de personas que aporten algo valioso, que merezca la pena, y difundirlo lo máximo que podamos y sepamos. Siempre con trato educado y respetuoso, con amabilidad y buen hacer..., ¡como nos gusta en el mundo real!



      3) CADA FAMILIA...

    Cada familia pensará qué valores primordiales está trabajando con sus hijos, y hacerlos extensivos también a este ámbito. Pero hay que actuar desde muy pequeños. Educarles y formarles aquí también. 

     Además es la forma de evitar conductas inapropiadas para una persona, como puede ser el bullyng, el mal trato, el intimidar a un niño o adolescente que no es de su "grupo", o que no tiene la "talla" que ellos quieren..., el sexting... No esperar a la preadolescencia, para decirles que no suban fotos comprometidas, por poner un ejemplo. Y que, además, hacen daño a otras personas. Tienen que cuidar y custodiar su intimidad personal, ¡mucho antes!, para que ni se planteen semejantes cosas... Y que ayuden a sus amigos..., siendo proactivos.

     En concreto, al hablar de la privacidad, es necesario que sepan que su vida personal no se expone sin más en internet. Lo mismo que en el mundo real. Nunca dar datos personales. Y cuidando con quién se comparte... No solo por su seguridad, sino porque la intimidad no se cuenta a todo el mundo... ¡solo en familia, a quienes nos quieren de veras!



      Dejo una info para visualizar algunas directrices, valores y actitudes que podemos vivir, también en el mundo virtual, si queremos de verdad educar a nuestros hijos y formales bien. Porque, como vimos, sin formación estarán desarmados, también en este mundo tecnológico y virtual. 


              ¡Que hagan un uso inteligente, saludable y responsable...!







       Dejo para otra entrada 5 "tips" para pensar en familia, y hacer un plannig conjunto entre todos, que se puede poner en un lugar visible para recordarlo con frecuencia...  

     De todas formas, es bueno "desconectar" para conectar con los que queremos...






Pongo algunos enlaces anteriormente comentados y relacionados:

-Las-nuevas-tecnologias-y-la-familia  (con el desarrollo cerebral y con ideas de la Academia de Pediatría)

-4 claves-para-educar-en-el-mundo-digital 

-Pensamientos-sobre-pantallas (autor invitado)

-5 "tips" para educar en la tecnología y hacer un planning familiar 

Cuándo-introducir-los-ninos-en-las tecnologías
                                                                          

-Las-raíces-de-la-educación y la brújula 

-El-tiempo-que-se-nos-ha-dado 

-Silencio para cultivar las distintas facultades personales



         Si te ha gustado, puedes compartir con amigos, y difundir copiando la URL. ¡Muchas gracias!


Mª José Calvo
Optimistas educando y amando
@Mariajoseopt



URL del post:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2018/10/educar-en-las-tecnologias-look-up.html


miércoles, 10 de octubre de 2018

EMOCIONES: ¿CÓMO RESPONDEMOS A ELLAS?





                                          
                      ANTE UNA EMOCIÓN, ¿CÓMO RESPONDEMOS?

                 BASES NEUROLÓGICAS DE UNA RESPUESTA EMOCIONAL


          La afectividad está en la base del comportamiento personal. Es lo que nos hace singulares, especiales, y distintos a los demás. Los sentimientos y emociones nos mueven y conmueven desde el interior de cada uno. Son importantes en la vida, y se aprenden en familia. Desde que nace, cada hijo necesita sentirse querido para su buen desarrollo. 

         La afectividad es propia y específica de cada persona. Es el estado de base que poseemos habitualmente, muy relacionado con los valores preferentes. Los afectos son como ese filtro que todos tenemos para percibir la realidad, que puede tener una tonalidad positiva, animante, con brillo, o, por el contrario, ser oscura, gris, mortecina, triste… Hay que procurar que esa visión sea positiva y alegre, que nos caldee interiormente y aporte color, también a los que nos rodean. Especialmente en familia, ámbito propio del cariño, de las relaciones auténticamente personales, y de la empatía.





        Por otro lado, los afectos y emociones nos ayudan a comprender la realidad, y  a relacionarnos con los demás.

            A la hora de ahondar en los afectos, siempre hay algo detrás de una emoción que vivimos. Tanto si es positiva, como la alegría o la confianza, como si se trata de algo que nos preocupa, como el miedo, la ansiedad, el estres... etc. Descubrir las causas, o "detonantes", nos puede ayudar a descifrar y comprender estados emocionales. Y luego poner pensamiento y autocontrol personal cuando se precise.



          
   En la relación en pareja, es fundamental saber expresar sentimientos, porque es la forma de conocernos y comprendernos mejor. De llegar hasta lo más profundo de cada uno. Los afectos son para compartirlos con quienes queremos, y para disfrutar de ello. De ese modo, comprender estados de ánimo, emociones, ilusiones y pasiones… y así, conectar mejor con esa persona tan querida. Por eso es bueno tener un diálogo de sentimientos y emociones, para de veras comprender al otro, lograr empatía, y quererse con un amor fuerte y tierno. 


        Pero, a veces es difícil si nos dejamos llevar del nerviosismo, de las tareas del día a día…, de la impaciencia, o del querer imponer nuestra visión u opinión… Entonces, nos podemos preguntar: ¿qué respuesta emocional tengo habitualmente en pareja, en familia? Y, ¿cómo responden nuestros hijos…? Porque nos están mirando todo el día, y nos copian...



      Las respuestas emocionales son las actuaciones mediadas por sentimientos. Cualquier encuentro, pensamiento, sentimiento, recuerdo… nos afecta de alguna manera, y desencadena la llamada “respuesta emocional”. Ésta depende de la fuerza de ese estímulo, de cómo nos ha impresionado, y de la forma de ser de cada uno: de su temperamento heredado. Pero, se puede aprender a reflexionar, antes de dejarse llevar por un impulso. Pensar cómo queremos responder. Esto es necesario para forjar el carácter, y lograr una buena personalidad. Y por tanto, para mejorar la convivencia.



    Existen dos grandes tipos de respuestas emocionales, con sus vías específicas de conexiones cerebrales, que se producen de dos formas esencialmente distintas.


   Dejo una info con los dos tipos de respuestas y sus vías. La "respuesta emocional simple" (RES), y la "respuesta emocional compleja" (REC), tan propia del ser humano, que conecta con la corteza frontal. 









     1ª) Lo más propio de una persona es la “respuesta emocional compleja”. Es una respuesta elaborada, mediada por el cortex cerebral. En ella, los datos percibidos del exterior llegan a la base del cerebro, confluyen en el tálamo, centro sensitivo primario, y conectan con el estrato afectivo, que es el sistema límbico, y sobre todo con la amígdala. Ahí se valoran los datos, sobre todo el componente emotivo. 

      Además, otras vías ascienden para conectar con distintas zonas de la corteza cerebral, y en especial con la corteza prefrontal del lóbulo frontal. Todo ello procesa la información, se analiza, se ponderan emociones y pensamiento, y se reacciona mediante las vías de salida del cerebro, dando una respuesta. 


      Este tipo de respuesta se caracteriza porque ponemos pensamiento, gracias a zonas corticales, en especial el cortex prefrontal. No reaccionamos sin más como si fuera un acto reflejo. El pensamiento precede y guía al sentimiento y a su respuesta. Esto es muy importante, y se debe a la conexión entre la parte emocional, la amígdala, y la parte más racional, el cortex. Específicamente esa zona propia del pensamiento analítico, poder de decisión, juicio, autocontrol…, en coordinación con otras zonas más del cortex. Y es lo más propio de una persona.




      2ª) Pero, hay ocasiones en las que contestamos de forma instintiva, con una “respuesta emocional rápida o simple”. En ella, las emociones o impulsos desbordan la racionalización, toman el control y respondemos sin pensar, como si se tratase de un acto reflejo. Somos presos de un “secuestro emocional”. Esto se produce por intervención de la zona emocional, en especial de la amígdala, sin conectar con la corteza cerebral. Es como un cortocircuito que se salta el cortex. Se podría decir que se queda en el nivel “intermedio” del cerebro; no alcanza el nivel superior.


     Esto es lo que sucede en situaciones urgentes, o de peligro, y, cuando la emoción nos pilla muy de sorpresa, o es realmente intensa. Y es semejante a las respuestas en los animales, por su naturaleza instintiva. A veces nos puede salvar la vida. Por ejemplo, cuando nos quemamos con el fuego, rápidamente, sin pensarlo, nos retiramos. O, si un coche se acerca demasiado al nuestro, damos un volantazo…


      También es frecuente en los adolescentes, cuyo cerebro, como hemos visto, no ha madurado totalmente. Su zona emocional, en especial la amígdala, está hiperfuncionante, debido al ascenso de hormonas en sangre. Pero, su corteza prefrontal, que es lo último en desarrollarse plenamente, es todavía inmadura. 




     Asimismo, suele aparecer en personas de carácter muy primario, que reaccionan a veces sin apenas reflexionar. Pero todo se puede entrenar y aprender.



      Por eso, en las relaciones personales, en pareja, en familia, y en la convivencia en general, es bueno que, ante una situación o contestación, reflexionemos si hemos sido capaces de racionalizarla o no. Para ver si tenemos el control, o es el “arrebato emocional” el que lo controla. Y así conocernos, para poder mejorar en este punto, y que el trato personal sea más “humano” y confortante. Sin perder los estribos...


       También a la hora de animar o de reprender a los hijos, para no dejarnos llevar de un estado de frustración o impotencia ante pequeñas faltas o fallos… Pensar cómo queremos tratarlos, siendo conscientes de que todo logro, normalmente, conlleva varios intentos. Sobre todo en los niños, que lo están aprendiendo todo. Y lo importante es mostrarles confianza y seguridad. Muchas veces, más vale serenarnos un momento y pensar el modo y la forma de decirlo.




        ¿Cómo lograrlo? Sabiendo que, entre un estímulo y su respuesta, podemos pararnos un instante a pensar cómo reaccionamos. Si nos dejamos arrastrar por ese impulso, o, si conectamos con esas zonas de la corteza, poniendo pensamiento y tomando el control de la situación. Esta es la base de la inteligencia emocional, de la que ya Pascal nos advirtiera...




     En el caso de los adolescentes, también hay que ayudarles y darles recursos para que vayan aprendiendo a poner ese punto de pensamiento en sus reacciones emocionales. Tan fuertes muchas veces…, y desconcertantes para nosotros, si no somos muy conscientes de sus cambios cerebrales. Por eso, con mucho cariño y delicadeza, debemos ayudarles a controlarse, y no dejarles solos ante situaciones que les desbordan.



       Además, el pensamiento siempre es más objetivo que las emociones, y nos da claridad de miras para guiar el comportamiento en una dirección concreta. Por ejemplo, a la hora de mejorar la convivencia, y querer más y mejor a la persona que nos enamoró e iluminó el universo entero… Con cabeza y corazón. Con voluntad de querer, demostrando el cariño. Con delicadeza y ternura.

    Para ello necesitamos autodominio para conversar y manifestar sentimientos y emociones positivas, y, para buscar momentos y modos para hablar sobre aspectos que no van bien, que no nos gustan, o que no nos hacen mejores personas, y debemos cambiar. Por eso es tan necesario entrenar la voluntad...




       También autocontrol ante un enfado, para no perder “los papeles”, y controlar la reacción. Tratando de contener la exteriorización del mismo, y acortando el tiempo que nos invade el desequilibrio interior. Las parejas y las familias felices son las que consiguen un balance positivo de la vida, optimista, que ayuda a superar las penas. 


       Esto lo podemos trabajar en pareja y, con los hijos, porque es vital aprender a pensar, a controlarse, y a diferir una gratificación. Confiere una personalidad sana y atractiva: con belleza interior. Y nos viene muy bien en este mundo tan tecnológico e hiperconectado... Porque, justo en el “modo pantalla”, muchas veces se desconecta la corteza frontal, y nos hace más impulsivos, y menos reflexivos. Por eso debemos poner un contrapunto.




        Este poder de reflexionar, junto con la plasticidad cerebral, que ya hemos tratado anteriormente, son la base fisiológica de la libertad interior de cada persona. El poder elegir el cómo responder y la actitud personal ante cualquier circunstancia. Como señala Viktor Frankl, cuando tenemos un porqué, encontramos casi siempre el cómo… Y sobre todo, la actitud ante cualquier eventualidad que nos toque vivir, por muy negativa que sea, o parezca. Se trata de descubrir el sentido supremo que tiene cada vida humana, independientemente de las circunstancias, y crecer gracias a ello.





    Por medio del pensamiento y del autocontrol, podremos filtrar inteligentemente los sentimientos, pensar si merecen la pena o no, si nos mejoran como personas, si nos ayudan a demostrar ese cariño en pareja y en familia. Y, fomentar actitudes que sean edificantes y constructivas en la relación con las personas queridas. Por ejemplo, la serenidad y la alegría, la gratitud y el optimismo, el respeto, la admiración, la paciencia y la ternura, el servicio, el buen humor, el cariño, la comprensión y la empatía…, y la ayuda consiguiente en lo que necesiten. 

      Luego, lo conseguido en familia se puede hacer extenso otros ambientes, logrando sinergia.

     Por eso, es preciso reflexionar antes de emitir cualquier respuesta, y aprender manifestar la alegría de vivir junto a la persona que más queremos del planeta. Nuestros hijos, fruto y consecuencia de ese amor, ¡lo agradecerán!


       Dejamos para otro artículo, formas concretas de controlar la emotividad y las respuestas emocionales.



Dejo enlaces relacionados sobre: 

    -"Ambiente y educación familiar"                                                                                   

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Mª José Calvo
@Mariajoseopt
Optimistas Educando y Amando



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