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sábado, 5 de octubre de 2013

LAS RAÍCES Y LA BRÚJULA... I


                                   

             
         LAS "RAÍCES" DE LA EDUCACIÓN  I/III





            En este post vamos a tratar la importancia de la educación de nuestros hijos, el porqué de su educación. Profundizar un poco en motivos esenciales. 

             Cada persona que viene a este mundo está por “acabar” de hacer, hace falta “construir” a cada persona. Y el motor está en su interior. Tarea inconmensurable, pero muy gratificante porque está basada en el cariño de los padres, origen y alimento eficaz para ella. Pero necesitamos un "norte" para orientarnos, y para orientar el talento de cada uno... Y una brújula. 

            Educar no se parece en nada a domesticar, porque se trata de personas, con inteligencia y corazón, libres y creativas, llamadas a una vida eterna de amor y felicidad. No se trata de enseñar unos hábitos sin más, sino de enseñar a usar su inteligencia, a ser críticos, a pensar por libre, a no aceptar las cosas sin pensamiento crítico, a pilotar su vida, y que, gracias a todo ello, sean auténticamente libres, y por tanto capaces de amar. Y el único ámbito natural donde es posible dicho cometido es la familia, porque es el lugar del amor incondicional. Cuando una persona ama, se siente realizada, y logra lo mejor de su personalidad. Y además, es y se siente feliz.




            Y esta misión la tenemos los padres
: debemos educar a los hijos para las responsabilidades de la vida, para que puedan pilotar su vida y pensar en los demás. Para que puedan amar al fin y al cabo. No hay otro objetivo mayor y de más alcance y envergadura que podamos imaginar. Y, lo que les  hará más felices consecuentemente.

       La conciencia de esta misión es lo que nos da fuerza para acometerla del mejor modo, y nos transforma en auténticos líderes, nos engrandece. De esta forma, "solo" tenemos que seducir con la belleza de los valores vividos, concretados en obras, en un ambiente saturado de cariño auténtico, como es la familia. Y, así, poder y saber descubrir y estimular lo mejor de cada hijo, que lo desarrolle, y lo ponga al servicio de los demás.


              Entonces, ¿qué es la familia? 

            El lugar donde es posible nacer, vivir y morir como persona, con la enorme dignidad que supone. También es el lugar donde se nos quieren por lo que somos, y no por lo que "valemos" en esta sociedad, o por la "utilidad"... Y el lugar propio del amor, donde se da y se recibe amor sin pasar factura. Donde la libertad y el amor florecen..., como expresa G. K. Chesterton.






            Por eso, el porqué de la educación, es para “construir” a la persona, para completarla, para hacerla libre, para lograr lo mejor de su personalidad. Pero ¡la suya! Cosa que nunca conseguimos en su totalidad, porque es un arcano, y siempre se puede mejorar y buscar la excelencia, el optimismo de óptimos... Pero sí darle todo nuestro cariño y encaminarla hacia ello. Dejarla auténticamente libre para que lo pueda lograr.


        Y, educar es hacer atractivos los valores auténticos que no pasan de moda, personificándolos. Es decir, seducir con su belleza. Con alegría y optimismo. Porque las personas, como el buen vino, si luchan por ello, mejoran con el tiempo, y logran su mejor personalidad. Y la mejor forma de hacerlo es viviendo esos valores, y, a la vez, hacer que todos en familia se sientan muy queridos.











            Vamos con el para qué de la educación.  El fin de educar es formar personas libres. Ser libre es tener autocontrol y señorío sobre sí mismos, y no tener que estar tan pendientes de apetencias y deseos, de faltas de carácter, de recompensas inmediatas, de impulsos y necesidades, o de reaccionar según el viento que sople... Ser "dueños" de nosotros mismos, tener autodominio para poder pilotar la vida y orientarnos hacia una meta valiosa que merezca la pena. 

         Y, ¿para qué queremos ser libres? A veces, parece que es más libre el que tiene muchas opciones de elección. Pero en realidad, aunque solo tengamos una, si es la correcta, no se precisa más. Si nos aproximamos a un objetivo, es que vamos bien enfocados. Por eso, el para qué de la libertad, su fin, es poder amar a alguien. Como consecuencia, la persona se siente realizada y más en plenitud. 


      Porque el ser humano está hecho para amar, es un ser efusivo, un “ser de aportaciones”, como expresa el profesor O. F. Otero, un ser relacional. Estamos diseñados para relacionarnos, y sobre todo para dar; también para recibir, pero en función de poder dar más y mejor... Y es lo que nos hace más felices.




        Nos realizamos y somos felices en la medida en que pensamos en los demás. La felicidad es "una puerta" que se abre hacia fuera, en expresión de Soren Kierkegaard. Si intentamos perseguirla, no la conseguimos; pero si nos olvidamos y pensamos en los demás, nos viene dada. Es como una gratificación cuando vamos en la dirección adecuada, y nos descentramos de nosotros mismos.








            A la hora de enfocarnos a la acción, podemos plantearnos otra pregunta: ¿cómo podemos educar?¿qué "brújula" utilizar que nos sirva de norte y de guía? 




         Los tres grandes valores existenciales, que ya señalaban los eminentes clásicos griegos, el BIEN, la VERDAD y la BELLEZA, son un referente que podemos tener, que nos puede guiar, a modo de "estrella polar"... 

               Es decir, descubrir la verdad de las cosas, que coincide con la realidad objetiva. La verdad nos lleva inevitablemente al bien, porque es su mejor forma, la más plena. Por tanto, hacer el bien, que es su mejor versión. No solo de la realidad, sino también y sobre todo de cada persona... Y consecuentemente, disfrutar de la belleza que rezuman ambos..., porque todo acto bueno es hermoso, aunque a veces no nos demos cuenta. Hace falta cultivar nuestra capacidad de admirar y sorprendernos de lo bello que nos sale al encuentro, o que podemos realizar..., para fomentarlo y agradecerlo. 

             Los tres son aspectos de la misma realidad, que van muy entrelazados. Es lo que nos puede dar perspectiva, lo que nos dice si estamos en el camino, o no. Por eso, la verdad es bella, y la bondad también, e iluminan nuestro sendero, y todo el universo, en especial el de las personas.



          Entonces, se trata de pensar cuál es la verdad, la realidad auténticamente real, qué es lo correcto, para intentar hacer el bien, y para amar a las personas, en especial en familia. Y para plasmar, expresar, y disfrutar de la belleza, puesto que es el esplendor de la verdad y de la bondad.  

        Por eso debemos ser respetuosos con la verdad: con la verdad de las cosas, y con la de cada persona, con lo que estamos llamados a ser..., porque esa es la verdad para cada uno. Descubrir toda nuestra potencialidad, y la de las personas queridas, para intentar desarrollarla. Y la bondad es la mejor forma de esa verdad, la mejor "actualización" de cada cosa o de cada persona. Y, en el paso del "ser", al "mejor ser", está el secreto de la mejora personal, y lo que nos puede motivar a luchar.



       
          Cada persona es única, singular, especial, irrepetible. Y alberga una luz en su interior capaz de iluminar un mundo entero. Es como una piedra preciosa por pulir, con unas cualidades insospechadas y diferentes a cualquier otra. Debemos descubrirlas y desarrollarlas, y hacer el mundo más bello con ellas. Dejo abajo un enlace sobre las "las raíces de la educación y las gafas"..., a la hora de ayudar a nuestros hijos en su crecimiento personal. 




           Por otra parte, las personas poseen un corazón capaz de amar, por eso nos atrae el placer y tememos al dolor, y esto influye en nuestras acciones y hábitos. Pero a veces, esto distorsiona la percepción de lo valioso. Por ejemplo, cuando hacemos cosas que no son correctas, porque son placenteras, o, nos apartamos del bien, si nos causa dolor, y no lo distinguimos bien... Por eso, es preciso integrar cabeza y corazón, para pensar con claridad sobre lo correcto o no, lo verdadero o no, lo bueno o no. Y saber disfrutar con cada obra bien hecha...

         Decía Platón que para educar hay que diferenciar qué placeres y dolores convienen o no, para aceptarlos o rechazarlos, usando la inteligencia. Y tenía como referencia la belleza de las cosas y de las personas. Es necesario hacer descubrir la belleza..., escondida en las situaciones cotidianas, porque nos guía a modo de estrella polar.



          Pero, ¿cuándo hago el bien? Cuando actúo conforme a la verdad, cuando vivo en la verdad respecto a mí mismo. Cuando logro mi mejor versión: eso que es bueno para mi... También cuando ayudo a los demás a lograrlo, buscando su bien. Debemos ser respetuosos con la verdad y con el bien, porque nos mejora como personas, y están llenos de belleza... Como se ve, estos aspectos de la realidad están intrínsecamente entremezclados: cuando mejoramos en alguno, otros también mejoran.





           Y para ello podemos actuar en todas las facultades o aspectos centrales de la persona: en la inteligencia, en la voluntad libre, y en la afectividad. 

       ¿Cómo? Iluminando la inteligencia con lo verdadero, fortaleciendo la voluntad libre con hábitos operativos buenos, y limpiando los sentimientos del posible egoísmo, envidia, o enfados que a veces podemos tener... Intentando encauzar sentimientos para quedarnos con los mejores, los más nobles, los más buenos, y fomentarlos. Y desechar los que no merecen la pena...







          También apoyándonos en la belleza. Saber hacer atractivos los valores, que son pequeñas especificaciones del bien... 
              Que los hijos vean la belleza de la naturaleza, pero también la belleza de ser amable, educado, generoso, empático, trabajador, estudioso, resiliente..., buen amigo de los amigos... Para ello debemos ser buenos modelos, y saberles motivar, porque nos están mirando todo el día, y nos copiarán.

         Es bueno descubrir la belleza en una sonrisa, en un abrazo, en una mirada, en un guiño, en un rostro, en un amanecer, en un paisaje, en el cuerpo humano, en una obra de arte..., en la familia. 






          Una cita de Emma Goldman: “Todavía nadie se ha dado cuenta de lo que valen la simpatía, la amabilidad y la generosidad ocultas en el alma de un niño. El esfuerzo de toda verdadera educación debe ser sacar a relucir ese tesoro”.


         Debemos fomentar la sensibilidad para apreciar lo bueno, lo verdadero y lo bello, que se encierra en los sucesos cotidianos y que nos toca a nosotros descubrir... Y hacerlo notar, agradecerlo y fomentarlo.





         Por eso es tan importante la calma, las “islas de silencio”, la paz interior, el respetar los ritmos naturales de los niños en su crecimiento, no querer quemar etapas... 

         Y bajarnos un poco de este mundo tan hiperexigente y frenético en el que vivimos, porque muchas veces, lo único que conseguimos es la saturación de nuestros receptores y por tanto de los sentidos... No poder apreciar la belleza en todas sus formas. Estresarnos y dar más prioridad a lo urgente que a lo importante. No nos paramos a pensar, no sabemos priorizar, y no disfrutamos de las cosas bellas y realmente importantes.






       Además, el experimentar la belleza estimula una serie de emociones y afectos positivos como la admiración, la sorpresa, la paz, la gratitud, la felicidad..., que a su vez actúan estimulando y motivando en la educación de nuestros hijos.





        Platón nos recuerda que el objetivo de la educación es enseñarnos a amar la belleza. La belleza de la relaciones personales, de la generosidad, de la amistad... Por eso se trata de educar para descubrir la belleza, por el esplendor de lo verdadero y lo bueno. 

        Para eso hay que pensar cómo transmitir esto, cómo entusiasmar con los valores y principios..., siendo coherente con ellos, que es el modo más directo de presentarlos. Y luego, con hábitos operativos buenos que consoliden en una buena personalidad (dejo abajo enlace de los hábitos).






            Por otra parte, la educación ha de hacerse a la luz del cariño del hogar y de la familia. Es como el “horno” donde se “cuece” lo mejor de cada uno, estimulado por el cariño y la confianza que encontramos en ese ambiente de hogar cálido y comprensivo, pero estimulante.

             En frío no conseguimos nada. De hecho se ha visto que en niños con carencias afectivas aparece atrofia cerebral y disminución de la masa cerebral. La persona humana necesita el cariño más que el oxígeno que respira..., sobre todo en las primeras etapas de la vida. Y es lo que permite un vínculo de apego a sus padres, lo que hace que se sienta valorada y querida, porque la acogemos, y se siente valiosa. De esta forma, podrá tener una sana autoestima basad en ese cariño.




            Y siempre contando con la libertad personal.
         Pero, ¿qué es la libertad? No consiste tanto en seguir el primer impulso que se nos presente, sino en ser "dueños" de nosotros mismos, de nuestro carácter, sentimientos, voluntad... Tener autodominio y lograr lo que nos hayamos propuesto. Y puede ser una meta, un reto, un objetivo, un proyecto familiar... Es decir, saber tomar las decisiones necesarias para orientar la vida hacia una meta valiosa que merezca la pena.

         

         Requerirá el uso de nuestra inteligencia para plantearlo y pensarlo, y el de la voluntad libre para acometerlo con constancia. Y también necesitaremos tenacidad y perseverancia a lo largo del tiempo. Y si es posible que los sentimientos nos acompañen, mucho mejor, porque son un motor potente para nuestra vida. 

           El hombre libre es el que toma la iniciativa, el que hace que las cosas importantes sucedan, por ejemplo, con respecto a la meta o proyecto que se ha planteado... Y no al que le “suceden las cosas” sin más. Se trata de ser proactivos, como señala S. Covey, de luchar por cualquier reto que queramos.




            En este proyecto vital, debemos dejar espacio al amor. O mejor, contar con el amor, puesto que, el para qué de la libertad es el amor. Y la libertad supone tener autodominio para poder querer a los demás, y regalar nuestro mejor "yo" a las personas queridas. Si no tenemos autocontrol sobre el carácter y las respuestas emocionales..., ¿qué les vamos a entregar? 

            Es indudable que nuestros hijos primero aprenden a amar en la familia, a sus hermanos y a sus padres, y se fijarán en cómo se quieren los padres entre sí..., cómo tratamos al otro, qué detalles tenemos, y lo aprenderán. También es bueno que se entrenen en poner cariño en sus encargos, porque es la forma de decir un "te quiero" a los demás de la familia.

            Posteriormente amarán y se entregarán a otra persona, y el modelo lo habrán visto en sus padres. De ahí la responsabilidad que tenemos de ofrecerles buen ejemplo, que es lo que les hará más felices en la vida.




Marcamos la “senda” por la que ellos caminarán... 

      Por eso, aunque no seamos perfectos, que vean que luchamos, y que nos esforzamos por querernos, por tener detalles frecuentes con el ser querido. Que pensamos primero en él, en ella. Es lo que nunca olvidarán.



           




      Aquí dejo un vídeo: "El club de los emperadores", en el que se hace muy gráfica la necesidad de basar la vida en unos principios. No todo vale, y menos en la formación de las personas, y todo conlleva unas consecuencias. 








Espero que les haya gustado, y que lo compartan con amigos.


Dejo enlaces relacionados sobre: 


- "las raíces de la educación y las gafas"..., 

las raíces de la educación y los hábitos y su huella en el cerebro

- cultivar las facultades personales



                                                                              Mª José Calvo
                                                                   optimistaseducando.blogspot.com



                       
URL del post:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/10/las-raices-de-la-educacion.html





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