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viernes, 25 de mayo de 2018

CRECIMIENTO PERSONAL

     

                   "FACTORES DE CRECIMIENTO" PERSONAL



            
La grandeza de la persona hace de ella algo singular y muy valioso. Por naturaleza, la persona es creatividad, abundancia, exceso de ser, fecundidad, generosidad. Es tan grande que puede mirar más allá de sí misma y pensar en los demás. Y precisamente en ello encuentra su mejor personalidad, y su plenitud como persona. Y como consecuencia también la felicidad.


         
La familia es el espacio de intimidad donde nacen y se desarrollan las verdaderas relaciones humanas, donde surgen vínculos afectivos que estrechan las relaciones. El lugar donde se aprende a tratar a los demás, a comprender, a ayudar, a vivir el cariño, la empatía y la inteligencia emocional en su mejor sentido. Y donde se guardan gratos recuerdos porque están sumergidos en afecto del bueno..., que nos acompañarán el resto de la vida dando su fuerza y empuje. Y dejarán una huella indeleble en los hijos.





        
Cada persona crece humanamente con el alimento de la verdad, es decir, la realidad objetiva de las cosas, y con el bien, su mejor forma. Decía Aristóteles que conocer es captar la realidad. 

Y todo ello rezuma belleza, que se percibe a través de la sensibilidad y la afectividad. Hay que descubrir todo lo bello que nos rodea para saborearlo y fomentarlo. Y la familia es el ámbito natural específico para ello: "el santuario del amor y de la vida..."




        
Por otro lado, cada uno es familia y hace familia. Necesita recibir cariño y darse a los demás para ser una persona cabal. Somos seres relacionales, "seres de aportaciones", como expresara Oliveros F. Otero, y en ello encontramos felicidad sin buscarla.        


       
Para crecer y desarrollarse bien, cada persona necesita un ambiente con varios factores imprescindibles: el amor, la confianza, y la libertad. Muy en especial nuestros hijos, que están por "construirse" como personas más plenas y maduras, por formarse. Sabiendo que, nunca se acaba uno de formar: esa es parte de la grandeza de cada persona. Su enorme plasticidad neuronal y capacidad de mejorar hasta límites insospechados, con los motivos adecuados..., y lucha optimista. En cada uno hay más de lo que piensa o cree. Pero hay que sacarlo a la luz.




      
Este desarrollo personal es siempre desde dentro hacia afuera, como ya señalara G. K. Chesterton, y muchos otros. En los niños, respetando sus ritmos naturales, esos momentos más sensibles en los que aprenden determinadas cosas, si se lo permitimos. 




Vamos a analizar estos factores:


1) *La confianza

La confianza es imprescindible para tener la libertad de ser quienes somos. Aporta seguridad: s
in ella no se puede ser uno mismo, ni desarrollar lo mejor que hay en el interior de cada persona. Confiar es ¡permitirlo...! Y esto, a cualquier edad. Mucho más si cabe en los niños.





2) * Otro factor importante: el amor

Es necesario que cada persona se sienta de veras querida. No solo que la quieran. Una mirada de cariño ayuda a descubrir sus cualidades singulares, sus fortalezas, sus anhelos más profundos, aquello en lo que destaca..., para hacérselo notar y que lo pueda desarrollar. 





       
Solo el buen amor es capaz de percibir esa riqueza y grandeza de cada uno... La persona necesita ¡ser mirada con cariño! para descubrir y desplegar toda su maravilla y potencialidad. Una flor, y mucho más una persona, se marchita si no es "regada" con una mirada de cariño...




Para ello es fundamental el silencio interior: para conocerse y estar en la propia morada interior, para conocer a los demás, para descubrir esos talentos personales..., agradecerlos y hacerlos crecer.
                     


3) * Otro factor: la libertad

Si uno no tiene libertad no puede volar. Necesitamos esa libertad para ser a fondo quienes somos, cada uno con su singularidad. Así poder desplegarla, volar alto.

Es preciso fomentar la libertad de los hijos de forma positiva, es decir en la dirección adecuada. Educar en libertad es enseñar lo que está bien, o mal, desde bien pequeños. Que lo vayan interiorizando y viendo en nuestra conducta coherente. Puedes ampliar en el post "educar en y para la libertad".

Aunque el primer día no les vamos a lanzar donde se pueden hacer daño... Educar es un proceso gradual de autonomía y libertad, que conlleva autodominio personal para aprender a conducirse y ser responsable. Autogobernarse. Te lo cuento en el post "autogobierno personal". 

Y, en último término, la libertad es necesaria para aprender a amar. Es el medio, y donde alcanza su mayor despliegue, en el amor.




         
Para lograr todo esto, con pequeños encargos, gestiones y colaboraciones, confiando y delegando más y más en ellos, para seguir dando otras responsabilidades mayores cuando van creciendo. Se trata de ir enseñando a "manejar el timón" de su nave, y "soltar amarras" para que puedan pilotar su vida con libertad. Dándoles buenos referentes, iluminando un sendero, estando ahí para lo que necesiten... Confiando.

Si quieres ampliar sobre preadolescentes: "Enseñarles a manejar el timón", y adolescentes: "Soltar amarras".





              
Por tanto, a mayor confianza y libertad, mayor responsabilidad por parte de ellos. Tienen que aprender a alcanzar unas cotas con su comportamiento. A veces lo lograrán y otras no. Sin olvidar que, la libertad siempre debe ir de la mano de la responsabilidad. Y estimulamos su comportamiento responsable cuando los creemos capaces de algo grande. 

A mayor responsabilidad, mayor libertad, para que puedan apostar por grandes retos, por ideales valiosos y nobles. Siempre esperando lo mejor de ellos, y animándoles a que vuelen alto...





            
Resumiendo, el factor quizá más importante, e imprescindible para crecer y madurar, es el amor. El sentirse de veras querido por los que le rodean. En concreto, y para los hijos, el amor recíproco de los padres que se derrama eficaz hacia ellos, y es el artífice de su formación y maduración como las personas singulares que son. Ya lo decía Tomás de Aquino con su gran sabiduría.






             
La confianza y el cariño son como “el horno” donde se "cuece" la mejor personalidad de cada uno. Así, les permitimos ser ellos mismos, porque les damos nuestro "calor" del bueno, y ese amor descubre toda la riqueza interior, y les permite lograr lo mejor de sus posibilidades y cualidades al sentirse entrañablemente queridos.




           
Si enlazamos todas estas posibilidades, tenemos una "confiada libertad responsable", necesaria para aprender a vivir y a querer a los demás. Poner el corazón en lo que realmente vale la pena, en quienes tenemos cerca en familia y debemos querer. Porque, al final, solo contará el amor recibido y entregado...

          
Por eso, para que una persona se "construya" necesita recibir todo el cariño en familia, muy especialmente en la infancia. También a cualquier edad... Por otra parte, para mejorar, necesita darse. Cada uno crece según cómo ama... Mucho más cuando esa persona tiene más posibilidades de querer, cuando es más madura y plena. Entonces necesita mucho más darse.



       El amor es el modo de ser, y de hacer, 
todo lo que estamos llamados a ser
nuestra mejor personalidad


       
El que ama mucho y bien se desarrolla mejor, logra su mejor "versión", y su plenitud como persona. Y como consecuencia es más feliz. 


              

             

¿Cómo concretar esto en el día a día de nuestra familia? 

Pues fundamentalmente con nuestro ejemplo, coherencia y cariño. Con la huella que vamos dejando con nuestro actuar: somos su referente y sus modelos en todo momento. No dejan de observarnos, y ¡nos "copiarán"! También en la forma de mostrar el amor recíproco de los padres, origen y fuente de su desarrollo personal.

                 
Por ejemplo, se fijan en cómo tratamos a los demás, en la educación y buenos modales, en el optimismo ante las dificultades, en la empatía hacia los sentimientos de otros, en la responsabilidad en el uso del tiempo, en el trabajo en equipo en la propia familia, en el buen liderazgo, en detalles de servicio..., en la afectividad y la vida espiritual, que da un sentido profundo a la vida, en el espíritu de lucha por mejorar, cada uno partiendo de su singularidad, y un largo etc.
   

    El amor recíproco de los padres es como una hoguera 
que da su calor y su luz 
a toda la familia. 
       


               

Espero que te haya gustado el post, y ¡gracias por compartir!



Dejo enlaces relacionados:





*Una selección de libros y películas por edades





                                                  Mª José Calvo
                                   optimistaseducando.blogspot.com
                                                  @Mariajoseopt

                


https://optimistaseducando.blogspot.com/2018/05/crecimiento-personal.html                 

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