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viernes, 17 de noviembre de 2023

PLASTICIDAD CEREBRAL EN ADOLESCENTES V ..




                      PLASTICIDAD DEL CEREBRO ADOLESCENTE         

                   


1- ETAPA ADOLESCENTE

La adolescencia es un proceso de maduración personal: una crisis de crecimiento. Es como una pausa para repensar y reconstruir la vida desde cada persona. Y en el cerebro, base biológica de la personalidad, suceden grandes cambios, que llevarán a nuevas capacidades mentales. Pero, la persona no se reduce a materia y conexiones..., es mucho más trascendente. Cerebro y mente van relacionados, pero no son lo mismo, ni están supeditados el uno al otro. Lo veremos en el post "Ser quienes somos".


Para poder entender mejor a nuestros hijos, es bueno pensar sobre los motivos que subyacen en su proceder. Preguntarnos por qué se comportan de esa manera… y conocer esos cambios cerebrales.


A partir de ahora tienen que aprender a tomar el timón de su vida: pasar de la dependencia y comodidad de estar en la familia, y tener todo solucionado, a ser responsables y pilotar su propia vida de forma autónoma. 

Deben descubrir quiénes son, conquistar cualidades propias, aprender a pensar, a hacer las cosas por ellos mismos… Son grandes retos, y su cerebro está en proceso de desarrollo y "ebullición" para poder lograrlo, pero no ha hecho más que empezar a madurar. Y lo hará a "golpes" de libertad, ensayando las cosas para aprender, fallando en ocasiones, y poco a poco desplegando su libertad.


             
En esta fase se van haciendo conscientes de su intimidad y deben construir su carácter y personalidad. Por tanto necesitan momentos de silencio, de pensamiento, de ponderar las cosas, de estar consigo mismos… No toleran ayudas porque lo quieren hacer por sí mismos: son los protagonistas de su vida. Y debemos estar en un segundo plano..., animando, alentando, motivando, iluminando caminos.



* Algunas características de esta etapa que te cuento de forma más amplia en el post: "8 ideas sobre adolescentes":


Cambia su cerebro y se reestructura, crecen rápido y cambia su imagen, las emociones están exaltadas, con inestabilidad afectiva por todos esos cambios. Quieren tomar las riendas de su vida, e intentan demostrar, sobre todo a ellos mismos, que son capaces de tantas cosas… 


Esperan una libertad con mayor autonomía, pero todavía no entienden que las acciones tienen sus consecuencias. Que la libertad conlleva responsabilidad: son como las dos caras de la misma moneda: una libertad responsable, que será uno de sus retos para madurar.



Se va definiendo su personalidad y necesita autoafirmarse, medir fuerzas. No quiere ayudas, el lo debe hacer solo, aunque muchas veces no sabe muy bien ni cómo hacerlo. Discute por sistema, porque se siente vulnerable y quiere afirmar su independencia, su pensamiento… Por ello se rebela contra todo: sobre todo contra sus padres, que los tiene más cerca.




La libertad es como una aventura que les ayuda a ir construyéndose y mejorando, aunque tiene un riesgo..., pero si no se asume no podrá crecer. Dejarles que se vayan entrenando donde no tengan un peligro "mortal" de caída...

En esta etapa también es necesario interesarse por sus gustos, con la base labrada en etapas infantiles, escuchar, conectar con ellos, ver qué es de veras importante. Abrirles el propio corazón, dedicarles tiempo e interés: ¡nos necesitan! Acompañarles les da seguridad aunque no lo quieran reconocer.


Descubren el maravilloso valor de la amistad, y por eso muchas veces la anteponen a la familia. Pero no significa que no nos valoren, sólo que ven en los amigos algo muy importante con quienes pueden conectar, y a quienes les pasa lo mismo...  Y necesitan relacionarse, ayudarles, preocuparse de alguien que no sea él mismo, ella misma, para aprender a amar: la misión más importante que tenemos en este planeta, y la que nos hace felices.




Por tanto, es preciso que los padres les ayudemos a aprovechar sus enormes posibilidades, pero en un segundo plano, sin que se note, con nuestro apoyo y referente, para madurar y mejorar como personas. 







2- CEREBRO ADOLESCENTE


Conocer los cambios cerebrales, el sustrato anatómico de su personalidad, nos puede ayudar a entender mejor esta etapa. Así poder prestarles la ayuda necesaria. Vimos que la maduración cerebral se realiza desde la gestación, y es consecuencia de la multiplicación de neuronas y de la formación de conexiones o sinapsis entre ellas, especialmente en los primeros años de vida. Y también en la adolescencia, en la que suceden los grandes cambios estructurales del cerebro. Todo ello gracias a la enorme plasticidad neuronal de estos momentos.


Los genes determinan el patrón y funcionamiento básico de circuitos cerebrales, pero influye mucho el entorno y las hormonas sexuales, sobre todo en esta etapa adolescente, en la que se produce una elevación muy considerable en sangre por estimulo del eje hipotálamo-hipófisis-gonadal. Debido a ello madurará todo el sistema nervioso, que se hace muy sensible a ese estímulo hormonal, y cambia, se reestructura, va madurando.


Todo el desarrollo neurológico se hace de forma armónica y progresiva, pero en cada etapa es más específico alguna función concreta. La maduración sucede como en una onda, desde atrás hacia adelante, desde las capas más básicas o “primarias”, con funciones vitales, pasando por otras intermedias, como el sistema límbico, hacia las más corticales, como áreas motoras, sensitivas, de asociación..., hasta el cortex prefrontal, lo más elevado y propio del ser humano.


En la etapa infantil se adquieren muchas capacidades: sensitivas y motoras, la deambulación, luego el habla y el lenguaje, la relación con los demás… En la adolescencia madura la zona cognitiva y emocional, gracias a algunas zonas de la corteza y al sistema límbico, muy relacionado con las emociones y la afectividad. Y lo último en madurar, aunque se inicia en etapas anteriores, es esa corteza prefrontal: lo más específico de la persona, con sus conexiones a otras áreas: emocionales, visuales, sensoriales, de asociación, motoras... Es la base anatómica de las funciones cognitivas superiores. Y esto "completará" su maduración en etapas posteriores, incluso hasta los 30-34 años.







* Estructuras más implicadas en la adolescencia



El sistema límbico, estrato anatómico fundamental de la afectividad, está hiperfuncionante por el estímulo hormonal. Tienen gusto por emociones fuertes, por el riesgo, por lo impulsivo, porque valoran mucho la recompensa emocional por esas actividades, relacionada con la dopamina. 


Pero, la otra zona fundamental de su cerebro no ha madurado todavía: la corteza prefrontal, que es lo último en hacerlo por su complejidad, con el pensamiento analítico y crítico, el control de impulsos y el autodominio, la toma de decisiones, la voluntad, la empatía… 



Por eso son todo emociones, vividas al máximo, sin un control que racionalice o frene sus vivencias. Y pueden estar muy efusivos en un instante, y en otro se hunden en el más profundo abismo por algo aparentemente insignificante. Presentan mucha fluctuación emocional, pero eso es bueno en el sentido de que indica que están en ese proceso de maduración. Tienen que ir tomando decisiones con libertad para ir construyéndose y tomar el timón de su vida.








* Ideas para entender el cerebro adolescente  

1) Una es la gran plasticidad cerebral. Casi mayor que la que pose el recién nacido, en el primer año de vida, con ese despliegue enorme de sinapsis. Luego va disminuyendo con la edad, y más tarde aparece un pico alto con el estímulo de las hormonas sexuales. Será necesaria para la reestructuración cerebral, y para asentar nuevas capacidades y funciones cognitivas superiores de la persona.


En todo momento el cerebro está cambiando, adaptándose al medio y aprendiendo de cada situación personal. Trabajando. Y se traduce en formación de neuronas y sobre todo sinapsis entre ellas, nuevos caminos, circuitos y redes que conectan y amplían posibilidades y funciones. Y luego, con su uso frecuente se van haciendo más sólidas y estables... Consolidando.

El cerebro se estimula y cambia, y por tanto aprende, con vivencias y percepciones, con cogniciones, sentimientos, emociones, palabras, encuentros, pensamientos, conversaciones que guardamos en la memoria, y con las acciones. Todo influye, hasta el sueño, donde se fijan muchas vivencias, se sintetizan neurotransmisores, se restauran sistemas... etc.


Es importante mantener el cerebro activo, porque, lo que no se usa se pierde... Con la expresión de un autor que ya hemos citado muchas veces, M. Spitzer, es necesario utilizar el cerebro de forma pro-activa. Es lo que estimula conexiones neuronales, e incluso neurogénesis o formación de nuevas neuronas en momentos de trabajo profundo, o entusiasmo por alguna actividad. Lo que no se usa, bien por "pereza" mental, bien por pantallas, se va atrofiando; de ahí su expresión "demencia digital".






2) Otra idea clave es que el cerebro adolescente se hace muy sensible e hiperreactivo ante estímulos, debido a ese ascenso hormonal en sangre, tanto de estrógenos en las chicas, como de testosterona en los chicos. Y especialmente el sistema límbico.

Por eso, su afectividad está efervescente y a veces los desborda, sin un buen control y autodominio personal. Les apasiona el riesgo y la novedad, porque valoran más la recompensa, sin apenas percibir los peligros, que muchas veces todavía no pueden controlar, aunque crean que ya son "mayores".




Su cerebro es muy inestable por los cambios tan drásticos que se producen. Aparece una "poda" sináptica selectiva, reestructurándose, creando nuevas conexiones, y madurando progresivamente. Y eso les torna inseguros.

Antes, en la etapa infantil, los circuitos eran más sencillos porque lo que necesitaba era adquirir habilidades, movimiento coordinado, integrar percepciones de los sentidos, el habla, la comunicación..., el pensamiento lógico, etc. 

Ahora todo es más complejo: deben adquirir un pensamiento analítico y crítico, con todos los datos a su alcance. Así como la capacidad de motivarse, el poder de decisión, la voluntad y el autodominio personal entre otros. Y esto requiere un sustrato nuevo, una reorganización cerebral y unas conexiones más amplias y eficaces entre distintas zonas, incluida la emocional. Por eso los axones o terminaciones de las neuronas se recubren de vainas de mielina para que el impulso sea más rápido y eficaz.




En esta maduración cerebral también influyen las emociones, intereses y motivaciones, que estimulan el aprendizaje, el pensamiento, las vivencias. En definitiva, se van formando según la libertad de cada uno. Cada acción deja una huella en su cerebro, y al repetirla se afianzan esas sinapsis y circuitos neuronales. Y éstos posibilitan la adquisición progresiva de las capacidades superiores, propias de la persona.





3- MADUREZ PERSONAL

Todo ello va perfeccionándose y madurando, y las conexiones, con su uso frecuentese van haciendo más y más fuertes, estables y duraderas, formando redes y configurando su propia personalidad, y la identidad personal, en las que tienen gran influencia desde pequeños, el cariño y un buen referente en sus padres, y las buenas relaciones personales.


En etapas posteriores a la adolescencia se logra integrar las emociones y el pensamiento, lo cual se realiza en áreas frontales del cerebro, que relacionan distintas zonas y permiten que ambos aspectos interaccionen y se integren en la personalidad. Así el pensamiento puede guiar la conducta, contando con el corazón.






Madurar es lograr fines a más largo plazo, incluso con motivos más altos y nobles que engrandecen el corazón, y da fuerza, nos hacen "magnánimos", de ánimo grande. Dejo una infografía con los tres niveles de motivación.







Por ejemplo, el control y la madurez se ven a la hora de regular respuestas emocionales. Porque las emociones son necesarias e importantes para tomar decisiones, para relacionarse con los demás, para preveer un comportamiento, o visualizar el impacto que tienen en los demás nuestras propias actuaciones... Son vitales para la amistad y el amor, para disfrutar haciendo lo correcto, así como para ayudar a los demás.


Sin embargo, ese nivel de hormonas en sangre, asciende de forma distinta en chicas y chicos. En ellas el ascenso es más precoz, como dos años antes, y es de carácter cíclico. En ellos sucede más tarde, y es de nivel constante. Esto influye mucho en la maduración diferente entre ambos. Por eso, las chicas maduran antes que los chicos, y de forma diferente. Y la zona emocional del cerebro se estabiliza antes en las chicas que en los chicos, y con matices diferentes. Saber todo esto es necesario en su formación, para darles el "alimento" que necesiten cada uno, en su momento adecuado, sin comparaciones.



Esta integración de las dos capacidades, cabeza y corazón, se logrará al final de la adolescencia. La maduración cerebral es necesaria para el amor, para poder querer a otra persona sin depender sólo de sentimientos, que van y vienen… Hace falta poner cabeza, y voluntad de querer, para entregarse a la persona elegida, y para demostrar el cariño día a día. Es el modo en que pueda fortalecerse y crecer. Amar, en ese proyecto del amor recíproco, nos hace más plenos como personas y por tanto más felices. Y los hijos están aprendiendo en la forma de tratarnos los padres. Que seamos buenos referentes.







Entonces, se trata de ayudarles a integrar pensamiento y sentimientos, que aprendan poco a poco a poner cabeza, a tener autodominio, a retrasar una gratificación con miras a metas valiosas o fines a más largo plazo…

Y siempre estimular y fomentar comportamientos positivos, que ayuden a los demás, y les mejoren como personas, dándoles progresivamente más libertad y responsabilidades. Sin estar todo el día “remachando” y acentuando lo negativo que nos parece que tienen o hacen…, porque quizá nos molesta o no es de nuestro estilo. Pasemos por encima de esas pequeñas cosas...

Dejarles ser a fondo ellos mismos, diferentes a cada uno de nosotros, con sus cualidades y talentos singulares que debemos descubrir y fomentar desde pequeños. Confiando siempre en ellos.






       
Por tanto, podemos acompañar, confiar, animar, y estimular comportamientos adecuados. Y además, el tratarles un poquito mejor de lo que son en ese momento les ayuda a madurar y a dar lo mejor de sí mismos. Ya lo decía Goethe. Porque les hacemos ver ese ideal para que puedan luchar por hacerlo más y más real cada día, con ilusión y lucha para forjar su carácter y personalidad.


Si no, es como si no confiáramos o no los creyéramos capaces de... colaborar, de tener iniciativa, de pensar, de ayudar, de darse a los demás, de ser ellos mismos. Hay que motivarles con optimismo, también de óptimos, para estimular su mejor personalidad. Con confianza siempre en ellos. 

Es decir, darles “raíces” fuertes en familia, formación, referentes, principios y tradiciones familiares, y "alas" e ideales nobles para volar alto... Y será lo que les permitirá crecer como personas, mejorar, y por tanto ser más felices pensando en los demás.

Espero que te haya gustado, y puedes compartir con amigos.      



Mª José Calvo
@Mariajoseopt

Optimistas Educando y Amando




Dejo enlaces relacionados:



 


Alegría-y-buen-humorcon ideas de C. S. Lewis  



Ser-quienes-somos: persona y libertad
                                              

               







URL:

https://optimistaseducando.blogspot.com/2023/11/plasticidad-cerebral-en-adolescentes-v.html

  

sábado, 4 de febrero de 2023

PLASTICIDAD CEREBRAL Y CARÁCTER IV: LA VOLUNTAD



               PLASTICIDAD CEREBRAL Y EDUCACIÓN DEL CARÁCTER IV   

     

Hemos visto en otras entradas los primeros apartados: desarrollo, maduración y aprendizaje personal, hábitos en edades infantiles. Dejo enlaces abajo. Ahora vamos con el siguiente tema: el carácter. 

Conocer los ritmos habituales en los que desarrollan determinadas capacidades y destrezas es bueno para ayudarles a crecer, sin perder de vista la singularidad de cada uno.


1- ¿CÓMO ES EL DESARRROLLO CEREBRAL? 
2- FASES DE MADURACIÓN  
3- ¿MO APRENDEN LOS NIÑOS?, ¿CÓMO SE FORMAN COMO PERSONAS SINGULARES?

4- EDUCACIÓN, HÁBITOS Y PLASTICIDAD CEREBRAL 

5- EL CARÁCTER







5- EDUCAR EL CARÁCTER

Desde el nacimiento, el cerebro está en continuo desarrollo y aprendizaje gracias a su plasticidad tan característica. 


Y se traduce en formación de neuronas y sobre todo sinapsis entre ellas, nuevos caminos, circuitos y redes que conectan y amplían posibilidades y funciones. Y luego, con sus uso frecuente se van haciendo más sólidas y estables...

El cerebro se estimula y cambia, y por tanto aprende, con vivencias y percepciones, con cogniciones, palabras, pensamientos, conversaciones que guardamos en la memoria, y con las acciones. Todo influye, hasta el sueño, donde se fijan muchas vivencias.




* Temperamento y educación

En la educación de nuestros hijos partimos de las características heredadas del temperamento. Pero luego se pueden modelar para conformar su carácter y personalidad concreta.

Las respuestas emocionales de una persona dependen de ese temperamento, y se van configurando en la infancia con la educación. 


La información que recibimos a través de los sentidos pasa por el tálamo hacia el cerebro más emocional, el sistema límbico, y ahí adquiere una tonalidad afectiva positiva o negativa, buena o mala. Cada uno percibe la realidad de una manera singular, personal, según su afectividad. Y eso es lo que permite el aprendizaje de lo que nos gusta y percibimos como bueno. Aquí es importante, como vimos con los hábitos, un referente de los padres sobre lo que es bueno o malo. Dicha afectividad también ayuda a experimentar la dicha de hacer lo correcto y de ayudar a los demás, lo cual hace de retroalimentación positiva. Luego, se integra esa información en distintas áreas y se emite una respuesta. Es la denominada respuesta emocional.


Sin embargo, las respuestas emocionales más primarias se pueden modular y educar. Por ejemplo, mediante el pensamiento o con unos buenos hábitos. Así no ser tan impulsivos, o habituarse a pensar antes de actuar. Es lo propio de la persona, que la diferencia de los animales, y lo que va conformando su carácter. 


Porque, hacia los 7 años, con el pensamiento más lógico y razonado, las respuestas y acciones se hacen más deliberadas, con libertad, se interiorizan y van modelando el carácter de esa persona. De este modo los hábitos se transforman en virtudes, mucho más enraizadas en algo sólido. 




Por otro lado, es bueno plantearse metas altas, tener ideales nobles, aprender a querer a los demás. Eso no “viene” de serie con el temperamento…, aunque sí las características propias de una persona, como son la confianza, el cerebro social y empático, las neuronas espejo... que ayudan precisamente en este cometido, al que nos sentimos inclinados.





Por eso la necesidad de la educación, partiendo de los talentos y características de cada uno, para lograr hábitos y virtudes que aporten autodominio y faciliten el actuar bien, o permitan plantearse retos a más largo plazo. Madurar. También para guiar las respuestas emocionales temperamentales, más impulsivas, poniendo pensamiento. Es decir, pasándolas por la corteza prefrontal, como te cuento en ese artículo. Así, en último término poder querer los demás. 





Pensando en nuestros hijos, muchas veces nos preocupamos de que tengan muchos conocimientos, idiomas, música, y otras actividades y habilidades, sin darnos cuenta de que, el vivir unos valores humanos es imprescindible para conducirse como personas. Y es lo que va formando estructuras sólidas en el cerebro, para asentar otras funciones en el futuro, de forma eficiente. Es como la base donde se sustenta todo lo demás.


Podemos aprovechar esos momentos más sensibles con que nos obsequia la naturaleza en su formación. Además esto se aprende en familia, ámbito por excelencia de las verdaderas relaciones humanas y del cariño incondicional. Y requieren tiempo y cariño, convivencia familiar. Además es lo que nos hace más felices.
             
    
En estas edades se puede aprender a vivir esos valores que ven personificados en sus padres. Hacer atractiva la generosidad, el agradecimiento, la sinceridad, el optimismo, la fortaleza, la empatía, la confianza, el ayudar a los demás, la responsabilidad, el esfuerzo, la resiliencia, la integridad y coherencia personal… aprovechando esos momentos. 




Es decir, hay una predisposición natural en las personas para tener unas cualidades humanas nobles… Pero, los hijos necesitan que se lo mostremos y les demos muchas oportunidades de ensayar y llevarlo a la acción.


De ahí la importancia de crear tiempos para conversar con los hijos de forma distendida, de hacer tertulias entrañables, donde se aprende lo importante de la vida con el enfoque adecuado…, a tener en cuenta a los demás y a alegrarles la vida con gestos y detalles llenos de cariño y ternura.

Estos hábitos y virtudes se pueden trabajar día a día con ellos, para ayudarles a pensar con claridad, a tener voluntad, a preocuparse de los demás… En definitiva, para aprender a amar, que eso es precisamente educar.



Los hijos, al ir creciendo y vivir esos hábitos de forma libre se convierten en virtudes: término griego que significa fuerza. 



* Virtudes

Como apuntaba, nuestros hijos, al ir creciendo y vivir esos hábitos de forma libre e interiorizada, porque quieren hacerlo, se conforman en virtudes concretas. Palabra que significa etimológicamente fuerza. 




Una virtud es un valor personificado, hecho vida, que da fuerza para realizar esa acción del mejor modo, y además disfrutando. Las virtudes nos capacitan para ser buenas personas y obrar bien. Son disposiciones estables que nos ayudan a controlar las emociones más primarias de forma inteligente, buscando el bien. Esas acciones forman circuitos neuronales más estables, cada vez más rápidos y eficientes, interconectados entre sí, que facilitan el obrar en esa línea.









Y sobre esta base de valores vividos, o virtudes, se pueden asentar otros conocimientos y aprendizajes. 


Porque, el cerebro funciona con estructuras y redes neuronales, las cuales se van apoyando unas en otras para adquirir nuevos aprendizajes. Luego es necesario relacionar las distintas cosas en las diferentes zonas cerebrales para su conocimiento más profundo, su recuerdo y evocación. Y tiene mucho que ver la memoria a largo plazo, donde se consolidan las vivencias. No se trata de llenarlo de datos, sino de relacionarlo con lo que ya conoce, en determinada área cerebral, e interconectarlo, y todo sumergido en afectos. Cada vez que se repite una acción o función determinada, los circuitos se van haciendo más pronunciados y fuertes, y facilitan esas acciones.









Posteriormente, en la adolescencia, se produce una una “poda selectiva" de sinapsis que no se utilizan, y una reorganización de circuitos neuronales, quedando las sinapsis más necesarias, según el aprendizaje…, las cualidades de cada uno, los gustos… Y se crean redes neuronales nuevas para adquirir unas funciones superiores, mucho más complejas, según las propias acciones, los intereses, el pensamiento, la motivación, las propias decisiones… En definitiva, según la libertad de cada persona. Teniendo en cuenta que lo que no se usa se pierde.

En esta etapa van descubriendo su personalidad e identidad personal. Es el tiempo de interiorizar y reafirmar hábitos y virtudes, que conformen su carácter y personalidad. Necesitan espacios de reflexión, de silencio interior, y que mostremos confianza. Pero, ellos son los protagonistas y artífices de su desarrollo.





Es buen momento para enseñarles a pensar antes de reaccionar, autocontrol y dominio personal ante ese mundo hiperemocional que les llega, e ir aprendiendo a encauzar su libertad, con responsabilidad ante sus acciones: la “otra cara” de la libertad que tanto les gusta… Entrenarse en integrar cabeza y emociones, para guiar sus respuestas emocionales. Porque en esta fase, el sistema límbico y el mundo emocional están hiperfuncionantes, pero la corteza prefrontal, con sus capacidades de pensamiento analítico, autocontrol, poder de decisión, está por madurar. Se podría decir que son todo acelerador y poco freno. Y los padres debemos ayudarles en este sentido, desde un segundo plano.


Y el aprendizaje no mediofinaliza hasta que la persona, más a allá de la adolescencia, adquiere esas funciones superiores. Todo este proceso puede durar hasta los 25-30 años, o incluso más. De todas formas, siempre el cerebro está en constante cambio y construcción...

Y la ilusión y el entusiasmo tienen mucho que ver: estimulan nuevas sinapsis, incluso ese estado de “flow” del que te he hablado muchas veces.










* Virtudes y caracter


Lo bueno de los hábitos y virtudes es que cada vez que se realiza esa acción, se ejecuta con más perfección, a la vez que con mayor rapidez y disfrutando en ello. Y se va haciendo de forma más automática,  de manera que la corteza cerebral se “desentiende” un poco, y puede ocuparse de otras cosas, como el propio pensamiento o funciones ejecutivas. Dan una facilidad de acción permanente, y un disfrute mayor: es como poner el "piloto automático”.







Por otra parte, esta adquisición de buenos hábitos y virtudes fortalece la voluntad. Así, al entrenarse en pequeñas cosas, serán capaces de acometer muchos retos, poniendo el corazón en ello. También favorece el autodominio para pensar cómo actuar, controlar respuestas emocionales, y ser más responsables. Y todo ello les va capacitando para poder amar. 





Además, las acciones nos van conformando. Toda buena acción nos mejora como personas, y a la vez, nos permite hacer el bien. También sucede lo mismo con las malas acciones… Y es preciso cuidar los hábitos, porque generan conductas, y nos influyen de gran manera en el pensamiento y en nuestra vida, porque van modelando el carácter y la personalidad de cada uno. Y al final, como señala un gran filósofo griego, "somos lo que hacemos cada día"...







* Los padres

Los padres debemos ejercer un buen liderazgo, y orientar y guiar a los hijos en su autonomía y crecimiento. Por eso son necesarias unas normas claras desde pequeños que marquen un camino, que les digan lo que es correcto o no, para darles un referente e ir encauzando su conducta. De esta forma, les damos la seguridad que necesitan.






Siempre con cariño y confianza, pero sin dejar de exigir lo necesario, para que se construyan como personas. Luego ir dando más autonomía y libertad para que aprendan a conducirse por sí mismos. La que puedan gestionar en ese momento, sin hacer o decidir todo por ellos. 



Muchas veces es bueno pararse a pensar cómo nos gustaría que fueran nuestros hijos en un futuro. No solo qué estudios serán más rentables, sino su forma de ser persona, anclada en sus cualidades personales. Y son fundamentales los valores y las virtudes que les vamos enseñado, sobre todo con la coherencia de nuestro ejemplo, para que que luego ellos asuman e interioricen con su propio pensamiento y libertad.


       

Para todo ello es necesario motivar y seducir con la belleza de esos valores hechos vida… Y el amor es el gran motivador, que además transforma las acciones en virtudes.  Por eso el amor es la “forma” de todas las virtudes.


Con una idea genial de Goethe, si tratas a una persona como es, seguirá siendo así, pero si la tratas mejor de lo que es, le ayudas a mejorar… Educar es quererlos un poquito mejor de lo que son en ese momento para estimularles a serlo. Ponerles delante un ideal. 







Mª José Calvo
Médico de Familia
Optimistas Educando y Amando