"¡SOY CAPITÁN!"
Cuando era niña había una canción infantil que me gustaba en especial. “Soy Capitán”… Pasábamos los recreos jugando y cantando: “Soy Capitán, Soy Capitán, de un barco ingles, de un barco ingles…” Y te sentías de veras Capitán de tu barco, manejando el timón, con la brisa en la cara, sorteando las olas, bregando en alta mar, poniendo el rumbo hacia un puerto, con esa libertad que se nos ha regalado…
En la vida ocurre algo parecido: somos el Capitán de nuestro barco. Queremos notar la libertad en nuestras acciones, explorar, poner rumbo a un puerto atrayente, disfrutar de la vida…
Para ello es importante pensar cuál es nuestra misión en este planeta, qué rumbo tomar, cómo orientarnos. Localizar una estrella polar que nos ilumine. A veces necesitamos hacer un alto en el camino para pensar y repensar. Necesitamos “islas de silencio” para ver cuál es la verdad sobre mi, lo que estoy llamado a ser, y apuntar a mi mejor personalidad. Reflexionar sobre el modo que tengo de pensar, de ver las cosas, de actuar..., y cómo mejorarlo, qué cualidades singulares y talentos, cómo desarrollarlos y utilizarlos bien ¡sacándoles partido!
Y esa verdad concreta sobre uno mismo es lo que nos hará más libres, lo que hace que disfrutemos del viento mientras navegamos hacia ese puerto que se nos ha confiado. Porque, cada uno hemos venido a este planeta con una misión, y con unas cualidades específicas que hemos de descubrir y desarrollar, y las necesitamos para esa misión.
De esta forma, hacer la vida agradable a los que nos rodean, y mejorar el mundo mientras estemos aquí. Aprender a querer a nuestra familia, enseñar a querer a los hijos… Porque eso, al fin y al cabo, es lo que les hará más felices. Y a nosotros también.
Y, teniendo clara nuestra meta en la mente, podremos navegar, incluso contra corriente cuando sea necesario, y no acabar a la deriva, alcanzando un puerto seguro. El conocimiento de nuestra misión nos da fuerza y energía para acometer la vida, con las iniciativas que soñamos y queremos, y superar los vientos del camino.

Con coherencia personal y fortaleza, entrenando a nuestros hijos, porque si no serán un poco blandiblug... Darles muchas oportunidades de superarse, de entrenar su voluntad, de pensar en los demás, y llevarlo a la acción. Si los acostumbramos a todo tipo de comodidades, si resolvemos sus problemas, si les damos todo hecho y pensado, y no les enseñamos a pensar y decidir por ellos mismos, ser más autónomos, con pensamiento crítico, ¡se los llevará la primera marejada!
Esa libertad la experimentamos al orientar nuestra vida hacia una meta valiosa. Al comprometernos con nuestro ideal, con nuestra verdad, con nuestra misión. Cuando se va perfilando ese cometido nos da seguridad, ilusión y fuerza para seguir bregando.
La vida es una aventura maravillosa. Hay que tener esperanza en llegar a puerto, y ganar “la ultima batalla”, como les sucede a Bilbo y Frodo en el legendario de J. R. R. Tolkien.
Con entrenamiento en la lucha, con optimismo y esperanza. Aprendiendo a amar a los otros, y sin miedo a sufrir por lo que podamos amar. Sabiendo descubrir las pequeñas “maravillas cotidianas”, la amistad, el amor a los que tenemos cerca, la delicadeza, los ideales nobles… Sorprendiéndonos de la belleza del mundo, en especial de las personas.
Viendo las cosas con asombro, con una mirada “nueva”, como los niños, que lo descubren todo. Calando con hondura, admirando los misterios que nos salen al encuentro: cada persona es uno de ellos, el amor es otro, la belleza de la naturaleza..., puesta ahí para nuestro deleite. Sonriendo, comprendiendo, pues la sonrisa nace del corazón.
El peligro que tenemos es salirnos de nuestro camino, de nuestra ruta, de nuestra verdad, de lo que estamos llamados a ser, de nuestra misión, e intentar recorrer el sendero de otros. Y ese sendero puede ser muy bonito, o muy creativo, o muy espontáneo, pero ¡no es el nuestro! Renunciar a la nuestra originalidad, a ser nosotros mismos y confundirnos con los otros, enmascararnos..., masificarnos, igualarnos.
O, dejarnos llevar por falsos oropeles, por luces que aparentan y atraen, pero que se desvanecen pronto: lo cómodo, lo que no requiere esfuerzo… Dejarse llevar es más fácil, pero se pierde el rumbo: ¡se acaba a la deriva!
Además, siempre tenemos un remanso de paz en nuestro hogar. El lugar al que deseamos volver una y otra vez a respirar el oxígeno de la libertad. Donde se nos quiere por quienes somos, donde no existen leyes, donde se confía y prima el amor a los demás. Ahí tenemos la libertad de ser nosotros mismos, podemos hacer lo que nos parezca oportuno, o incluso comer en el mismo suelo, ¡como de "picnic"!
Escribía Chesterton: “Dios no nos puso los colores en un lienzo, sino en una paleta”…, para elegir nuestras ideas, para ser originales y creativos, para configurar nuestra vida a nuestra manera, para ser libres, a nuestro modo... Y responsables, porque la responsabilidad es la maduración de esa libertad. El mejor para qué de la libertad es poder amar: ahí se despliega en su potencial.
Pero, en nuestro barco, necesitamos una luz que nos ilumine cuando oscurezca o no se vea claro. Es la luz de la conciencia. Un espacio íntimo personal donde nos descubrimos, y vemos lo que está bien o mal. Lo más secreto y sagrado de cada persona. Una semilla de lo trascendente... Donde nadie puede penetrar. Estamos a solas con nuestros pensamientos y sentimientos; nadie nos puede obligar a nada. ¡Ahí somos realmente libres!, en nuestra propia "casa" interior.
Es como un conectar con la Verdad, la Bondad, el Amor, que rezuman Belleza. Incluso podemos conectar con Dios, que está en nuestros corazones. Por eso debemos formarnos, alimentarnos con la luz de la verdad, con la bondad, que son manifestaciones de la belleza de la realidad. Ese “norte”, esa "estrella polar" que te contaba en otro artículo, que nos sirve de brújula al navegar en alta mar. Un referente a la hora de actuar o decidir en alguna encrucijada, que nos ayude a seguir un sendero luminoso, y a hacer bien el bien que queremos hacer...
Así pues, somos “El Capitán" de nuestro navío, con una misión clara en la mente, con un rumbo hacia un puerto que tenemos que ir descubriendo, con la ayuda de esa luz y esa estrella... Al encaminarnos notamos seguridad y energía para luchar y apuntar a esa meta esperada. Nuestro proyecto vital, y nuestro proyecto familiar con las personas que más queremos. Lo cual se va perfilando con pequeños planes de acción cotidianos, continuados en el tiempo.
Además tenemos esa "luz" que siempre estará ahí, cuando las otras luces se hayan extinguido, como dice la Dama Galadriel a Frodo en esa maravillosa obra legendaria del Profesor Tolkien: “El Señor de los Anillos”... Un despliegue de belleza que nace desde las palabras y lo que significan..., y las historias que transmiten con su sabiduría arcana que pasa de generación en generación. Y su aplicabilidad personal a nuestra vida, como refiere el propio Tolkien. Son como un faro que ilumina nuestro mundo poniendo esperanza.
Dejo un corte de la película de Peter Jackson, de la productora New Line Cinema.
Haremos una travesía por alta mar, conquistando sueños, siguiendo anhelos, superando dificultades, con espíritu de lucha, comenzando y recomenzando siempre, con optimismo y esperanza. Con la esperanza del final feliz de los “cuentos de hadas” que dice Chesterton, que son tan reales.
Y, con la “música del amor”, como una fiesta sin fin. Poniendo cariño en cada detalle, en cada conversación, en cada encargo, en el trabajo, con cada persona, con los amigos, en nuestra familia..., y ¡muy en especial con nuestro esposo, esposa! Así llegar a nuestra meta, ¡ganar nuestro premio!
Mª José Calvo
optimistas educando y amando
@Mjoseeopt
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Espero que te haya gustado, te anime a pensar un plan, y lo compartas con tus amigos. ¡Gracias!
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https://optimistaseducando.blogspot.com/2014/09/soy-capitan.html
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