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miércoles, 26 de febrero de 2014

V- MARCO PEDAGÓGICO. AUTOESTIMA, HÁBITOS Y JUEGO

                                           

                           V-  MARCO DE DESARROLLO PEDAGÓGICO


                                   ETAPA INFANTIL (DE 0 A 6 AÑOS)



              La pedagogía es como el arte de saber formar a una persona, teniendo en cuenta sus características personales, su temperamento, y basándonos en ello, ayudarles a construir el "edificio" de su personalidad. Enseñándole lo que está bien o mal, seduciendo con la belleza de unos valores, basados en principios..., que intentamos vivir. Y luego, motivándoles y exigiendo en los puntos clave.




            Vimos el marco familiar, en el que se encuadra este aspecto pedagógico. También el marco psicológico, y el neurológico: sustrato anatómico de ese aprendizaje.






            


           Desde el punto de vista pedagógico, es preciso educar en positivo, con optimismo, buscando la excelencia como personas y como familia. Sin pedirles más de lo que pueden dar, y sin centrarse en lo negativo, ni solo en corregir lo que hacen mal: hay que cambiar el "chip". Ver todo lo bueno que tienen y hacen... Con exigencia comprensiva o comprensión exigente según los casos.


               Para la adecuada progresión en este marco educativo, conviene hacer las cosas motivando, animando, alentando, creando un ambiente alegre de confianza, y facilitando los medios adecuados en el momento oportuno. Sabiendo que "toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe."






              Tener en el punto de mira que lo más importante es el cariño que les mostramos. Necesitan sentirse queridos de forma incondicional, como todas las personas, independiente de su edad. Es decir, quererlos no por lo que hagan, o por cómo se comporten, por lo ordenados, o incluso por lo responsables que sean… Es quererles por quienes son: el amor como regalo esencial, el gratis total, el no esperar nada a cambio. Todo lo contrario a esta sociedad tan mercantilista en que vivimos…


               Porque cuando sean mayores, sabrán querer en la medida en que hayan recibido amor en la familia, y en la medida en que se esfuercen por hacerlo vida. Y si han tenido un buen modelo de amor en los padres, todo será mucho más fácil. Los padres educamos con el amor común que les tenemos.

           Es como si nos dijera: "Sintiéndome querido, llegaré lejos. Y sintiéndome útil, progreso."

              Hay una idea genial de Goethe, que apunta: "si tratas a una persona como es, seguirá siendo así; si la tratas un poco mejor de lo que es, se convertirá en lo que debe ser..."  



               Si estamos todo el día recordando lo que hace mal, le reafirmamos en su mala conducta, e inundamos el ambiente de pesimismo. No es nada eficaz. Es mejor centrarse en lo positivo, en sus cualidades, en su esfuerzo, y tratarle un poco mejor de lo que es, para presentarle ese ideal y que lo pueda lograr.




Dejo varios puntos a modo de índice:


1) Ideas clave
2) Autoestima y confianza
3) Su voluntad
4) El juego


               1) ALGUNAS IDEAS CLAVE

      1- Lo mejor para el bebé es comunicarse amorosamente con él, mirarle, acariciarle, sonreírle... para que se sienta acogido. Que el ambiente esté impregnado de alegría, cariño, serenidad y buen humor.



          2- Aprovechad el tiempo: pasadlo bien con los niños, prestándoles atención, pensando juegos o actividades divertidas. Es una forma de decirles que son importantes para nosotros. Pensad en los intereses del niño.



        3- Sed firmes en los  hábitos básicos del marco antropológico. El horario claro y fijo le encanta al niño, porque le da seguridad. Los cambios le desorientan. Tampoco rigideces, saber romper la rutina por algún motivo importante.


        4- Presentad las cosas de forma interesante, porque recordará lo que le guste, o le resulte atractivo. La emoción estimula el aprendizaje. Es capaz de aprender con pasmosa facilidad a nadar, a reconocer una pieza musical, a tocar un instrumento, o a hablar un idioma, y comprender muchas cosas... Pero, es necesario que se lo hagamos divertido, que le emocione, que sienta curiosidad por ello. Así mostrará más atención, porque le interesa, y el aprendizaje surge desde el interior de cada persona.





        5- Hablad con él/ella con un vocabulario adecuado, aunque todavía no sepa hablar bien: lo importante es que lo comprenda. Enseñadle poesías, canciones... desde que comienza a hablar. 

          6- Estableced unas normas en puntos importantes, pocas, claras, que regulen su conducta, que les muestren un camino seguro, para que tengan un referente a la hora de actuar, y les ayuden a tener un buen criterio.


        7- Ayudadle a desarrollar hábitos, para que cuando razone más, en torno a los siete años, se puedan convertir en virtudes, al realizarlos con libertad, porque quieren ellos. Es lo que le va a dar dominio de sí, y mayor libertad de acción, cosa muy necesaria en esa época llamada adolescencia… Se trata de interiorizar unos valores, basados en principios, que se plasmen en el comportamiento,  que ayudan a tener una buena personalidad.

 

          8- Contar con el ejemplo y el modelo del padre y de la madre. Él, por ejemplo, aporta más seguridad a los hijos, y ella, por ser más afectiva, aporta más ternura... Pero ambos son importantes porque se complementan, y ayudan a crear la identidad de los hijos.


          9- Estad disponibles para lo que os necesiten: que sepan que pueden contar con vosotros. Saber mirara a los ojos y escuchar, aunque nos parezca algo insignificante. Cuidado con las pantallas que nos atrapan la atención. Dejo una info de Cristina Gil, "ideas para crear y disfrutar":





                 Para todo esto hace falta tiempo. Tiempo para demostrarles que les queremos, que nos importan más que ese trabajo tan “importante” que tenemos… 

             Y para conseguir un ambiente de hogar impregnado de alegría, tranquilidad, delicadeza, cariño, serenidad y confianza. Sin estresarnos, sin agobios, cuidando el uso de las pantallas…, respetando los ritmos de los niños. Para que se puedan admirar y maravillar del mundo que les rodea, permitir su curiosidad, explorar, porque ésta es la forma en que van a aprender de manera motivada, con ilusión, descubriendo de la belleza de las cosas.






                   Una cita de Chesterton: “En cada niño todas las cosas del mundo son hechas de nuevo, y el universo se pone a prueba.” Para un niño todo es maravilloso, increíble..., porque lo ven con ojos nuevos.


                Podemos aprender de ellos: que no nos pueda el estres o el aburrimiento, la desidia, el estar de vuelta de las cosas… Tener ilusiones, ser agradecidos, descubrir la belleza que nos rodea, en especial la de las personas queridas.







                    2) AUTOESTIMA Y CONFIANZA


             Algo importante en estas edades es la autoestima que se van formando. Debe estar basada en el cariño y no en falsas expectativas.


                   Ya vimos que los padres somos el espejo donde se miran: ven lo que reflejamos, y no lo cuestionan. De ahí la responsabilidad para mostrar una imagen real pero positiva, que les aliente a ser lo mejor de sus capacidades.


              Para educar hay que saber conocer a nuestros hijos, ver sus fortalezas, las cualidades específicas que tienen, su temperamento, para poder modelarlo apoyándonos en todo lo bueno y positivo  que tienen, y así suplir debilidades.



                  Es como si dijeran: “Dime cómo soy”, “muéstrame una imagen real, pero positiva de mi persona”. Para ello, es importante saber elogiar al menos dos cosas buenas cada día; no centrarnos en lo negativo, sino percibir todo lo bueno que haga.


               Por otra parte, cada hijo que viene a este mundo está diciendo: “Dame ejemplo de lo que quieres que sea, y el resto déjamelo a mí”…




               Con confianza en sus intenciones y capacidades, hasta en aquel punto que sabemos que más le cuesta… Sin confianza no podrá ser libre, y no aprenderá a ser responsable.

                Porque, el cariño y la confianza son como el "horno" donde se cuece la mejor personalidad de nuestros hijos. Es darle el oxígeno que necesita para que pueda realizarse; si no, es como si le quitáramos libertad. Y ¿si fracasa? Pues no pasa nada: le ayudamos a volver a intentarlo, apoyándole, animándole. Los fracasos nos ayudan a madurar, porque nos brindan una nueva oportunidad de hacer las cosas mejor. 



                 La confianza permite que les podamos educar en libertad, para que puedan elegir una meta valiosa, y orientar su vida hacia ella. 





            Tenemos a nuestro favor la plasticidad neuronal. Podemos ayudar a desarrollar su personalidad según sus puntos fuertes, sus cualidades, lo que le guste, lo correcto. Que sepan lo que está bien o mal.




         Para todo ello es necesario exigirles en unos puntos clave, y es bueno facilitar el trabajo en equipo en casa con los encargos, para que vayan adquiriendo habilidades, destrezas, para que se sientan útiles, para que pongan cariño en ellos. De esta forma, tendrán una sana autoestima, y aprenderán a ser responsables y a preocuparse de los demás. 






           Y hace falta sonreír, sobre todo al pedirles algo más costoso, porque les anima y estimula en la lucha. Y saber reconocer el esfuerzo, las intenciones, el trabajo bien hecho... y no solo los logros. 




                  También enseñarles a ser agradecidos, y del respetuosos con las personas. Tener un respeto confiado, o una confianza respetuosa, según las circunstancias. Y el valor del perdón, que tiene el poder de sanar las heridas.



                   Algo necesario, y que siempre compensa, es tener en familia un ambiente estable emocionalmente: que se palpe el cariño de los padres, que es como el "generador" de amor de la familia. Lo que nos va a dar su luz, calor, amabilidad, ternura, paz, serenidad…, y es la base para el crecimiento y madurez de cada persona. Tanto afectivamente, como psicológicamente, como intelectualmente, y de la personalidad naciente. 



                  Una virtud necesaria en los padres es la coherencia. Los niños toleran muy mal las incoherencias: que sepamos vivir de acuerdo a lo que pensamos. Y coherencia con lo que les decimos y hacemos. También con el ideario del colegio: que no les enseñemos una cosa en casa y vean otra distinta en el colegio…







                    3) EDUCAR SU VOLUNTAD

                 Para ser capaces de acometer las cosas, hace falta tener voluntad.  A la hora de educarla nos podemos apoyar en:



1º) Unos buenos hábitos adquiridos, que nos ayuden en la vida:


          Relacionados con el orden: respecto a sus actividades, sus juguetes, su ropa… Que sepan lo que tienen que hacer en cada momento y no estén al capricho de los adultos... Luego le servirá para hacerlo extenso a su vida.


          Con la sinceridad: decir siempre la verdad, aunque cueste. Es el mejor ejemplo que podemos darles. Es imprescindible para construir relaciones humanas.

       Con la obediencia, explicándoles los motivos, razonándolo. Cuando son un poco mayores, hacia a los 5 años, apoyarnos más en la inteligencia: explicárselo mejor para que obedezcan de forma más inteligente, con esa incipiente libertad que poseen. A los 7, con mucho más motivo, porque ya empiezan a razonar y pensar por cuenta propia.

      Enseñándoles la alegría de dar, de ser generosos, asociar el regalar algo con la alegría del que lo recibe… etc. Hace falta pensar en los demás, y tener en cuenta sus sentimientos y ayudarles en lo que podamos.


     El esfuerzo en sus tareas, juegos... Que no se rindan a la primera. Que aprendan a luchar.


       Siempre con amabilidad, dando ejemplo. 


       La responsabilidad en sus pequeños encargos.







2º) La obra bien hecha, y la belleza que encierra. Que se acostumbren a acabar bien lo que han empezado: nada de chapuzas.




3º) Los detalles: poner cariño en ellos, en el trabajo, en los encargos, en pequeños regalos, en sonreír... Además, los pequeños detalles hacen ambiente de hogar, donde las personas se desarrollan al sentirse queridas.





4º) El placer de ayudar a los demás y la alegría que conlleva. Al ser generosos y ayudar a los demás, sentimos la dicha de hacer lo correcto







  

                        4) EL JUEGO PARA EL NIÑO


               El juego es de vital importancia para nuestros hijos: de él depende su desarrollo total, en armonía, la adquisición de habilidades, y la formación de una personalidad sana. 


            Para un bebé es tan importante jugar, en un clima afectivo, como comer o dormir; sin él no podría vivir. Y de esa forma va explorando el mundo, va aprendiendo a moverse, a calcular movimientos y fuerza, a relacionarse con su madre..., con los demás. Imagina cosas, crea ambientes, da vida a sus muñecos, mueve una pelota... etc. Se inventa historias y lo pasa en grande. Es un momento para conectar con ellos.




                   Para el niño, la vida es juego, y todo se convierte en juego: jugando aprende, disfruta y hace amigos.  


                 También es muy necesario el juego al aire libre, en contacto con la naturaleza. Es un ambiente que destaca por su belleza, su armonía, su colorido, sonidos, aromas... Esto ayuda a los niños en su capacidad de  admirar las cosas, y, al fin y al cabo, es la forma de conocer la realidad. Así pueden aprender miles de cosas, gracias a su curiosidad e imaginación. También donde perciben sensaciones y experimentar con lo que ven y les gusta.




Dejo enlace más amplio sobre "el juego para el niño".





                                                                                Mª José Calvo
                                                                  optimistaseducando.blogspot.com
                                                                                @Mariajoseopt


 Espero que te haya sido útil, y lo puedes compartir con amigos. ¡Gracias!


Dejo enlaces relacionados: 

        *marco-antropologico: un-poco-de-medicina 


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martes, 4 de febrero de 2014

IV. MARCO PSICOLÓGICO

                                                   


       IV. MARCO DE DESARROLLO PSICOLÓGICO

                               ETAPA INFANTIL (DE 0 A 6 AÑOS)


         Una cita de G. K. Chesterton: "Los sabios no han alcanzado a ver la gravedad que habita en los ojos de un bebé. Es la gravedad de asombro ante el Universo. "En cada niño todas las cosas del mundo son hechas de nuevo, y el Universo se pone de nuevo aprueba." 

      Está en nuestras manos ayudarles en su buen desarrollo, permitirles construirse como personas singulares... Descubrir toda su potencialidad, extraer y desarrollar sus riquezas ocultas y talentos, mediante nuestro cariño. Educar es hacer crecer, permitir su crecimiento, extraer: "educcere".  Siempre desde su interior.


          El educar bien tiene su ciencia, pero también reglas y trucos. Hace falta, además de cariño, saber, y usar la creatividad en un trabajo tan singular y artístico, del que dependen muchas cosas. También la felicidad de la familia. Podemos comentar unos pequeños "tips" o "trucos" necesarios, que nos pueden servir...

              Vimos en otra entrada el marco antropológico,  referido a la persona como tal, las comidas, el sueño, la higiene... que debemos organizar bien para tener todo bajo control. Y es muy importante el marco pedagógico, mediante el cual se realiza la formación del niño, y engloba otros marcos.






            10 "TIPS" QUE NOS PUEDEN AYUDAR

         1.- Dedicando tiempo. No sólo tiempo de calidad, sino tiempo real. Los niños necesitan que sus padres estén con ellos, que les presten atención. Que las dediquen parte de su “importante” tiempo, porque los consideran importantes. También para mostrarles su cariño, para enseñarles todo: a comportarse, a tratar a los demás, a jugar, a hablar, a comprender lo que está bien o mal… Y a hacer algunas cosas como manualidades, encargos, habilidades… etc. desde bien pequeños. Tienen que notar y sentir que estamos con ellos: ¡que les queremos!



            2.- Sin estresarse: respetando los ritmos de los niños, sin prisas. Pensar que es el trabajo más importante que tenemos. Más adelante se irán de casa, y querremos haber puesto más cariño y empeño en educarles, en quererles de veras y en disfrutar con ellos, en potenciar todo lo bueno que tienen, en ver primero sus cualidades y puntos fuertes. Y así, lograr un ambiente de hogar, cálido, de comprensión, ternura y delicadeza, confianza…, donde cada uno puede crecer como persona.



             3.- Demostrando que les queremos: hace falta ser tiernos, cariñosos,  pacientes, con ellos. Cuando son pequeños hay que mostrarles afecto, sonreírles, mirarles, acogerles para que se puedan desarrollar adecuadamente. 

La figura de apego, además de proporcionarle las necesidades básicas cubiertas, es de enorme importancia y base de la afectividad. Más adelante, es preciso demostrar de mil formas que nos importan, que nos interesamos por ellos, que los queremos, que tenemos tiempo para estar juntos. Sin hacer niños blandiblug por darles todo tipo de caprichos, o solucionarles los problemas...






Con exigencia comprensiva, usando nuestra autoridad-servicio para ayudarles en su crecimiento personal. Y de esta forma, puedan ser autónomos cuanto antes, y libres para elegir lo correcto, lo que está bien. Y como consecuencia aprenderán a amar a los demás, y con ello serán más felices.




              4.- De forma positiva y optimista. Sin remarcar todo el día lo que hicieron mal… Ponernos unas “gafas especiales” si hiciera falta, para ver lo bueno que tienen, y hacen, y decírselo. Descubrir sus talentos y fortalezas. Y alegrarnos por ello, fomentarlo, animarles con cada cosa que consiguen, o con cada intento, sonreírles para motivarles...




             Necesitan el reconocimiento de sus logros para crecer en un ambiente de confianza, pero con esfuerzo por parte de ellos. Y es bueno hacer un refuerzo positivo, antes de hacer una pequeña corrección. Que el resultado sea positivo.



           5.- Haciendo educación preventiva. Enseñándoles lo correcto antes de que vean lo que no es apropiado. La idea que le enseñamos primero es la que ocupará su "sitio" en el cerebro, y no será fácil "desterrarla" para que ocupe su lugar otra distinta. Para eso, debemos formar con criterio su conciencia. Tener unos principios universales que no pasen de moda, que nos orienten en la vida, a modo de "estrella polar", y que los capten por nuestro comportamiento, y por nuestras palabras... 


            De esta forma, cuando vayan creciendo y vean cosas mal hechas, poco rectas, o que no sean buenas en sí mismas, recordarán lo importante de los principios, de los valores, de hacer las cosas bien, de ser personas honestas, coherentes, trabajadoras, sinceras, empáticas, amistosas, leales, e íntegras… etc. Y esa experiencia les puede ayudar infinito.









              6.- Explicando todo, dándoles motivos adaptados a su edad. Son pequeños, pero no son "tontitos"... Necesitan que les razonemos las cosas para aprender, para entenderlo, para poder hablar y relacionarse. Para que aprendan a pensar y actuar por cuenta propia. Las veces que haga falta, con paciencia, sin perder los “estribos”, sin pensar que son "pesados" porque nos interrumpan, mirando a los ojos, con afabilidad y cariño.



              7.- Uno por uno, individualmente, ¡personalmente!, sin compararles con nadie. Tener en cuenta que cada persona es única, singular, irrepetible. Hay que pensar cómo es cada niño, qué necesita, qué le gusta, qué cualidades específicas tiene, si es niño o niña, para pensar entre los dos qué metas u objetivos debemos plantearnos con él/ella, en qué hay que exigirle, cómo hay que motivarle... etc. Y luego incluso hacer un proyecto personal con planes de acción concretos.




              8.- Enseñándoles a ser educados y agradecidos, con buenos modales desde pequeños. Atender al campo espiritual. No todo es medible y tangible: las nuevas sensaciones que descubren desde muy pequeños tienen gran fuerza y dan un sentido más trascendente.


               9.- Sin etiquetar cuando han hecho una fechoría, o por su forma de ser… El que un día se pusiera perdido, no lo convierte en un niño “sucio”. Además, muchas veces necesitan ensuciarse para ver, tocar, aprender…  O,  porque no le deje un juguete a su hermanito, no quiere decir que sea un “egoísta”. El que haya dicho una mentira no lo convierte en un niño “mentiroso”… etc. 

                 Pero, enseñándoles a pedir perdón cuando haga falta.





             Hay que saber detectar y estimular lo positivo de ellos, motivando, ayudando, y seduciendo con el ejemplo de vivir unos valores. Si le ponemos la etiqueta, la hace suya, y le será muy difícil remontar... Siempre, ¡en positivo...!





               10.- Sin amenazas ni castigos, cuando perdemos la paciencia. Porque, a la larga, se dan cuenta de que no es verdad: que no existe la bruja, o el cuarto oscuro…, y ya se pierde confianza. Siempre con la verdad por delante. No merece la pena engañarles: es mejor explicar las razones. Los gritos denotan impotencia, falta de argumentos, y además no ayudan; y con los castigos suele suceder algo parecido, y además refuerzan lo negativo. Hay que cambiar el chip. Solo se aprende lo que da alegría o tiene recompensa intrínseca. El mal ambiente solo da tristeza e impotencia. 

            Es cierto que, a veces, hay que reprender, pero en privado, haciendo notar lo que no está bien, y mostrando que le queremos, para que desarrolle lo mejor de él, de ella. Incluso es necesario a veces hacerles "sufrir" para que luchen por mejorar.
Y con ello, los padres también "sufrimos", quizá más que ellos...





              Sin ridiculizar o humillar cuando no sabemos qué hacer, o tenemos “prisa”… Debemos tratarle con mucho respeto, porque además somos su modelo. Y hará lo mismo, nos imitará aunque no queramos. Como dice Jane Austen en boca de Marmee, en esa obra tan entrañable y bella de "Mujercitas": "Si pegas o castigas a un niño, la lección que aprende es a pegar y a humillar..."





               En esta etapa de la vida necesitan tener éxito, ver el lado amable de las cosas. Se está formando su persona, y su autoestima depende en parte de ello. Es importante que reflejemos lo mejor de él o ella, porque no lo cuestionan. Por eso, alabar lo bueno con cierta frecuencia, pero corregir en privado. Y el tratarles con auténtico cariño aumentará su autoestima.









                ALGUNAS ACTITUDES PARA TENER EN CUENTA

             Mejor motivar que castigar: por cada corrección que hagamos, varias veces reforzar sus logros.

         Tomarles siempre en serio. Respetarles, saber escucharles, intentar comprenderles, mostrar empatía y cariño. Para ellos todo lo que nos cuentan ¡¡es importante!!

          Pedir perdón y dar las gracias. Enseñarles a hacerlo, fomentar los buenos modales y dar ejemplo.
                                         


            
             Explicarles las cosas, porque entienden mucho más de lo que pensamos. La conversación familiar es un enriquecimiento lingüístico que recibe, y tenemos que hablarles correctamente para que aprendan. Además el lenguaje estimula el desarrollo cerebral, lo mismo que la lectura, la imaginación, y el pensamiento...

             Los abuelos, además de eso, son una fuente de gran cariño y estabilidad; también de estimulación, de escucha, de sosiego, de aprendizaje y cultura familiar.

             Es buena la relación entre niños pequeños, aunque parezca que no se hacen caso. Una persona enriquece mucho más que el mejor de los juguetes, y muchísimo más que una pantalla... Cuidarlo.

            Aprovecharemos para estimular la fortaleza y valentía en cualquier situación: en los paseos, a la hora de comer de todo…, ante las frecuentes caídas, en el parque, etc. Que se atrevan a hacer las cosas.


             En familia es necesario resaltar los aspectos positivos de toda relación, dando importancia al ambiente optimista y alegre, al espíritu de ayuda, de servicio y colaboración entre todos.

               De esa forma, no habrá problemas a la hora de los inevitables celos y riñas entre hermanos. Pero debemos estar atentos para enseñarles a hacer las paces pronto, a controlar el carácter y los enfados, a pensar en los demás, a tener en cuenta los sentimientos y mostrar empatía, a perdonar...


             Cuando surja un problema de celos en nuestros hijos, hay que actuar pronto para intentar que no se agrave, y lo pueda olvidar. Una buena forma: 

1º) No recordarlo todo el día..., ni siquiera cuando vienen los amigos, porque lo oyen todo: no están sordos.

2º) Demostrarle el cariño de forma más clara, y aumentar su autoestima en algo que el otro no pueda hacer, reflejando todo lo positivo y bueno que haga. Y evitar toda comparación: aceptar a cada hijo como si fuera el único y el mejor. Es la forma de estimularle a serlo.

3º) Darle encargos “importantes” que le gusten, para que se sienta más valorado.

4º) Mediante algún regalito de parte del hermano pequeño...

5º) Implicándole en el aseo o en la comida de su hermanito..., dejándole que le cante una nana, o que le cuide... Y mil ideas que se te pueden ocurrir.


             Los celos son una consecuencia natural de ese “sentido de la propiedad” que los niños tienen sobre el amor, la atención y la dedicación de los padres hacia ellos. Si el nuevo hermano es presentado con hechos prácticos como un rival que le "quita" a su madre, tendrá envidiejas... Por eso hace falta tener "mano izquierda" con ellos... y estar más atentos a esas pequeñas cosas...

                 Pueden aparecer celos del mayor hacia el pequeño, cuando se llevan bastante tiempo, o del pequeño hacia el mayor si son muy seguidos.

                Cuando sucede esto, hay que hacerle ver que él/ella es importante para todos, y tiene que ayudar a su hermano para que crezca, y poder jugar juntos... Por ejemplo.

                     Así, de pronto descubre que puede ayudar a sus padres para sacar adelante a su familia. También con pequeños encargos, que pueden ser cuidar o enseñar a su hermanito algo que le guste o que disfrute en ello. Así se van haciendo también más responsables. 




                  Y todo se supera con mucha paciencia, cariño, naturalidad, y trato personalizado con cada uno. 


                 A veces, también aparecen rabietas o timideces. Es importante dejar claro que está mal tirarse por el suelo, berrear o chillar. Explicárselo las veces que haga falta, pero no ceder.  Podemos esperar a que se calme, y hablar con él en un lugar tranquilo, enseñarle a poner palabras a lo que le ha pasado, y hacerle ver que no es forma de comportarse. Que las cosas se dicen, pero no se berrea. Ayudarles a controlar emociones, a encajar una frustración, y a pensar en los demás...

                Enseñarles a calmarse, y a controlarse emocionalmente, para no fomentar la agresividad. Habrá niños más primarios o reactivos que les cueste controlarse, y tengamos que apoyarles más; y otros más secundarios, que se controlen mejor y no nos necesiten tanto. Hay que ver cómo es cada uno para ver qué necesita de nosotros.


                Y respecto a la timidez, es necesario saber aportarles seguridad con nuestro cariño, y mediante el comentario positivo y afectuoso de su comportamiento. Alabar lo que hacen bien, saber animar o estimular lo mejor que hay en él/ella…, sin obligarles, con mucho cariño.




           El amor de los padres, al repartirlo entre más hermanos, no disminuye sino que se acrecienta. Y es preciso tener más detalles con los que se sienten “destronados”, hacerse más generoso con todos, para que el cariño se haga más patente y lo noten de veras. A los padres se nos agranda el corazón con cada nacimiento de un hijo. Es el mayor regalo que nos podamos imaginar. Requiere esfuerzo, pero siempre compensa. Además las alegrías se multiplican. 





                  FORMAS CONCRETAS DE DEMOSTRAR CARIÑO



            Decírselo muchas veces. Que los queremos a todos igual, que son muy importantes para nosotros. También el padre… Darle muchos apretujones… Sonreírle. Acariciarle.

          Alegrarse por cada cosa bien hecha, por cada logro. Cada hijo tiene sus puntos fuertes: saber reforzarlos para que tenga más confianza en sí mismo y  en superar lo que le cueste.

            Teniendo pequeñas conversaciones con él/ella, cuando ya entienden un poco más, y les gusta hablar, sobre todo de sus intereses. Escucharles cuando empiezan a hablar…, mirar a los ojos, con calma. 







                 Ser agradable también exige esfuerzo y entrenamiento.

            Expresarle confianza en algo que le hemos encomendado. Confiar siempre en ellos es fuente de libertad, y de estimular lo mejor de cada uno.


            Enseñarles a querer y a preocuparse de los demás: a dejar sus juguetes, sus cosas, pensando en el otro, y con alegría. Aquí es importante el ejemplo que les demos, lo que hagamos habitualmente.






             Pensar que estamos colocando las "piedras" para su futura personalidad… Cuando sea mayor, sabrá querer a su familia en la medida en que hemos sido capaces de quererle y enseñarle a querer. Nadie da lo que no tiene. Vamos marcando "la senda" por donde podrán caminar. 





Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡Gracias!


Dejo enlaces relacionados: 

*marco-antropológico: un-poco-de-medicina 

*marco-pedagógico

*"relaciones familiares"

*"crear ambiente de hogar"

mantener la ilusión en pareja

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                                                                                 Mª José Calvo
                                                                   optimistaseducando.blogspot.com
                                                                                @Mariajoseopt


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