UNA ESTRELLA POLAR
Estos momentos difíciles que vivimos nos pueden ayudarnos a repensar algunas cosas... Ver hacia dónde nos dirigimos, pensar qué es importante, y qué queremos de veras, para "realinear" el rumbo en lo que sea preciso, apuntando a una meta valiosa.
En las encrucijadas de la vida buscamos un referente para guiarnos, unos principios que nos den luz y claridad en nuestro actuar. Los problemas surgen cuando no se piensa y se da el mismo valor a cualquier cosa... Los porqués de las cosas apuntan a una meta, y nos dan una orientación, unas coordenadas hacia ella.
La falta de pensamiento y de reflexión olvida y vacía los principios de contenido, y ya no nos auxilian en nuestro navegar. Acabamos a merced "del viento que sople"... Ya insistía Hanna Arendt: ¡párate y piensa!
En la vida necesitamos un referente claro, un "norte" que nos oriente e ilumine, y una "brújula" que señale el norte verdadero. Que nos ayude a construirnos como personas, desde nuestra singularidad, a ser mejores, a madurar, a alcanzar cada uno su plenitud, orientándonos con nuestra misión, que tiene mucho que ver con los demás. La vida se vertebra alrededor del amor, porque tenemos unas necesidades afectivas, necesitamos sentirnos amados, y ser capaces de amar. Eso es clave.
Ya lo decía el doctor Viktor Frankl, con su trayectoria vital llena de sufrimiento, pero con dignidad y gran libertad interior. Lo que más motiva en situaciones difíciles es el sentido de la vida: eso que nos da un propósito concreto y singular, que, o lo hacemos nosotros, o se quedará sin hacer.
La búsqueda de la verdad apunta a realidades bellas que nos trascienden, que señalan a los demás, como nos transmitió Frankl. A lo trascendente, a los misterios.
La verdad es un pilar fundamental para construir relaciones personales. Hace ambiente de confianza, transmite valores auténticos, especialmente a los hijos, encaminándoles a desarrollar el sentido de lo correcto e incorrecto; ayuda a ver los propios sentimientos en verdad, desde lo que son, y a aceptar los errores... etc. Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre". Y la bondad, tan unida a ella.
También para orientar el talento de cada persona, esas cualidades y fortalezas que la caracterizan... Muy importante en el proyecto familiar, -te lo contaba en otro artículo-, en el cariño en pareja, en la educación de los hijos... etc.
Dejo unos puntos a modo de índice:
1) La familia
2) Cada persona
3) Una estrella polar que nos guíe
4) Nuestra vida
5) Cabeza y corazón
1) LA FAMILIA
El ámbito natural, propio de la persona, donde se puede realizar todo esto es la familia: el lugar del amor incondicional. Toda persona necesita recibir cariño para ser ella misma, para hacerse y re-hacerse cada día. Y por otro lado, también necesita amar a los demás para ser auténtica persona. Cuando ama se siente más plena y realizada, y logra lo mejor de su personalidad, sin buscarlo. Es una consecuencia de centrase en lo importante.
De esta forma, seducir con la belleza de los valores hechos vida, concretados en gestos cotidianos, en un ambiente saturado de cariño, como es la familia.
Descubrir y estimular lo mejor de cada persona, la belleza quizá oculta en ella. Así fomentarla, y que la pueda poner al servicio de los demás. Lo cual hará que se sienta más plena, porque somos seres sociales, seres relacionales: tenemos un cerebro empático y social, y necesitamos de los demás.
La familia es el lugar propio del amor, donde se da y se recibe cariño sin pasar factura. Donde la libertad y el amor florecen..., como expresa G. K. Chesterton, y donde cada uno nos sentimos de veras queridos.
Es preciso que cada persona se construya a sí misma, partiendo de su singularidad: de su temperamento y cualidades personales, y desarrolle lo mejor de sus posibilidades. Ir modelando el carácter, fomentar la libertad y creatividad: que conquiste lo mejor de su personalidad, pero ¡la suya!
La persona es un misterioso arcano, y siempre puede sorprendernos, y buscar la excelencia y el optimismo de óptimos... Hasta puede ser heroica cuando tiene los motivos adecuados. Ser auténticos héroes.
Pero, a los hijos, es necesario darles todo el cariño y apoyo, y encaminarlos hacia ello. Iluminar un sendero, dar raíces fuertes y alas para que pueda volar alto y abrazar la maravilla, y el riesgo, de su libertad. Es preciso ser un buen modelo y referente, confiar, y ¡dar muchas oportunidades de hacerlo vida!
Se trata de hacer atractivos esos valores humanos nobles que no pasan de moda, personificándolos. Puesto que, las personas, como el buen vino, si luchamos por mejorar, vamos conquistando nuestra mejor personalidad. Vivir esos valores, hacerlos hábitos y virtudes personales, al tiempo que intentamos que todos en la familia se sientan muy queridos.
Educar no se parece en nada a domesticar, porque se trata de personas, con inteligencia y corazón, libres y creativas, llamadas a una relación de amor y felicidad con brillos de eternidad.
No consiste en enseñar unos hábitos sin más, ni mucho menos unos pocos buenos modales, sino de enseñar a usar su inteligencia, a ser críticos, a no aceptar las cosas sin pensamiento propio, a llevar el timón de su vida teniendo en cuenta a los demás... Saber comprender, que es abrazar con el corazón. Así serán auténticamente libres, y por tanto podrán amar.
2) PERSONAS LIBRES... ¡CAPACES DE AMAR!
Formar personas capaces de querer. Ser libre es tener señorío sobre uno mismo. No depender de apetencias y deseos, de impulsos y necesidades, de recompensas inmediatas, ni sólo materiales, de faltas de carácter... Tampoco reaccionar según el viento que sople.
Ser "dueños" de sí mismos para poder pilotar la vida, y orientarse hacia una meta valiosa. Cada uno la suya: su misión concreta en este planeta... Algo único por lo que luchar en el tiempo que tenemos.
A veces parece que es más libre el que tiene muchas opciones de elección. Pero en realidad, aunque sólo tenga una, si es la correcta, no se precisa más. Si nos aproximamos al objetivo es que vamos bien encaminados. Te lo contaba en "fomentar la libertad". Por eso, el para qué de la libertad, su mayor y principal fin, es poder amar. Una persona que ama se siente más plena y realizada. Dichosa. Y ¡es libre! Por eso, es necesario fomentar la libertad de los hijos en la dirección adecuada, con metas que les gusten y reten, y les hagan madurar, ¡que tomen el control de su vida!
El ser humano es un ser relacional, está hecho para los demás. Como expresa el profesor O. F. Otero, es "un ser de aportaciones”. Estamos diseñados para relacionarnos, para amar, para compartir esa efusividad y plenitud del ser de cada uno. También para recibir, sobre todo en función de poder dar más y mejor... Es lo que nos hace más felices.
No consiste en enseñar unos hábitos sin más, ni mucho menos unos pocos buenos modales, sino de enseñar a usar su inteligencia, a ser críticos, a no aceptar las cosas sin pensamiento propio, a llevar el timón de su vida teniendo en cuenta a los demás... Saber comprender, que es abrazar con el corazón. Así serán auténticamente libres, y por tanto podrán amar.
2) PERSONAS LIBRES... ¡CAPACES DE AMAR!
Formar personas capaces de querer. Ser libre es tener señorío sobre uno mismo. No depender de apetencias y deseos, de impulsos y necesidades, de recompensas inmediatas, ni sólo materiales, de faltas de carácter... Tampoco reaccionar según el viento que sople.
Ser "dueños" de sí mismos para poder pilotar la vida, y orientarse hacia una meta valiosa. Cada uno la suya: su misión concreta en este planeta... Algo único por lo que luchar en el tiempo que tenemos.
A veces parece que es más libre el que tiene muchas opciones de elección. Pero en realidad, aunque sólo tenga una, si es la correcta, no se precisa más. Si nos aproximamos al objetivo es que vamos bien encaminados. Te lo contaba en "fomentar la libertad". Por eso, el para qué de la libertad, su mayor y principal fin, es poder amar. Una persona que ama se siente más plena y realizada. Dichosa. Y ¡es libre! Por eso, es necesario fomentar la libertad de los hijos en la dirección adecuada, con metas que les gusten y reten, y les hagan madurar, ¡que tomen el control de su vida!
El ser humano es un ser relacional, está hecho para los demás. Como expresa el profesor O. F. Otero, es "un ser de aportaciones”. Estamos diseñados para relacionarnos, para amar, para compartir esa efusividad y plenitud del ser de cada uno. También para recibir, sobre todo en función de poder dar más y mejor... Es lo que nos hace más felices.
Porque, la felicidad, con palabras de Soren Kierkegaard, es "una puerta" que se abre hacia fuera. ¡Hacia los demás!
Si intentamos perseguir esa felicidad a toda costa, como también señala Frankl, no la alcanzamos; pero, si nos olvidamos de ella y pensamos en los que nos rodean, nos viene dada. Es como una gratificación o recompensa cuando vamos en la dirección adecuada: cuando nos descentramos de nosotros mismos y de nuestro "yo", tan chato a veces, poniendo el centro de atención en los otros. La persona es tan grande, como señala T. Melendo, que "puede darse el lujo de desatenderse" para atender a los otros.
A la hora de encontrar un sentido y enfocarnos a la acción, podemos pensar: ¿cuál es mi misión en este planeta? ¿Cuál es mi estrella polar?Y, ¿qué "brújula" utilizar que nos sirva de norte y de guía?
Un gran científico, Werner Heisenberg, Nobel de Física, señala un pensamiento muy relevante aplicable en la vida de cada uno:
Los tres grandes valores existenciales, que ya conocían los grandes filósofos griegos: la Belleza, el Bien, la Verdad, son un referente que ilumina el camino..., y nos puede ayudar. Para así descubrir los propios talentos, y lo que estamos llamados a ser, especialmente cuando otras luces fallan.
Son tres conceptos interconectados. El modo más directo de acceder a ellos es a través de la belleza. Descubrir la belleza de lo auténtico, de lo bueno, de lo noble y valioso. Vivir en la belleza. Y no sólo detectar algo bello, sino generar cosas bellas, hermosas. Cuando se está a gusto, la bondad habla por sí misma, y nos descubre lo verdadero... Te cuento algo en: "¿La belleza nos salvará?".
Es decir, descubrir la verdad sobre nosotros mismos, lo que somos y lo que podemos llegar a ser... Quizá la clave está en ver la realidad tal como es, como señalara Aristóteles. No engañarse con apariencias y relativismos que despersonalizan y confunden, y nos desvían del rumbo. Descubrir la grandeza de cada persona, sus cualidades y su misión: personal, familiar... etc. Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre".
La verdad nos lleva como de la mano hacia el bien, porque el bien es su mejor forma, la más plena. Por tanto, partir de la verdad, de la realidad de cada uno, y luchar por mejorar, apoyándose en esas cualidades personales propias de cada uno. Buscar lo que "se abre" hacia los demás.
Entonces, ¿ser o hacer...? Una persona buena realiza buenas acciones; y, cuando hacemos algo bueno, nos tornamos mejores personas. Ambos aspectos se realimentan. Se trata de hacerlo real en cada ocasión que nos brinda la vida. En la relación en pareja, con los hijos, con los amigos... Eso es querer de veras.
Estos tres grandes valores son aspectos de la misma realidad, que van muy entrelazados. Es lo que nos puede dar luz y perspectiva. Por eso, la verdad es bella, y la bondad también, e iluminan nuestro sendero, y el universo entero.
Es más, la belleza y sus manifestaciones son el camino para hacer que florezcan de nuevo la verdad y la bondad.
4) NUESTRA VIDA
En el paso del "ser", al "mejor ser", está el quid de la mejora personal, y de nuestra vida entera. Descubrir nuestra potencialidad, talentos y fortalezas, la misión personal, y las cualidades de las personas que nos rodean, para desarrollarlas.
Buscando motivos que ayuden a luchar por dar lo mejor de cada uno. Esa capacidad de amar que se nos ha regalado, gracias al tesoro de la libertad personal.
Cada uno somos como "una piedra preciosa" por pulir, con unas cualidades insospechadas y diferentes a cualquier otra. Debemos descubrirlas y desarrollarlas, y hacer un mundo mejor con ellas. También ayudar a los hijos... Siendo "a fondo" quienes somos, y aceptando a cada uno como es, apuntar a lo mejor.
Cada persona es única, singular, especial, ¡irrepetible! Y alberga una luz en su interior capaz de iluminar un mundo entero. ¡No la desperdiciemos...! Hagámosla brillar, dar luz y calidez a cuantos nos rodean.
5) CABEZA Y CORAZÓN
Por otra parte, integrar cabeza y corazón. Pensar con claridad: sobre lo que es conveniente o no, lo verdadero o falso, lo bueno o malo. Ver lo que nos encamina a nuestra meta... Y poner el corazón: disfrutar de la dicha de hacer lo correcto..., de ser amable, generoso, alegre... sobre todo en familia con los seres queridos.
Para ello necesitamos movilizar energías, y entrenar la voluntad en pequeñas cosas. Puntos en los que luchar, que nos vayan aproximando hacia donde queremos ir: una meta. Además, cuando mejoramos en algún aspecto, otros también salen a la luz, pues todo está muy relacionado. Es el principio de armonía.
También calibrando los sentimientos: intentando fomentar los mejores, los más nobles, los que ayudan a ser más empáticos, comprensivos, serviciales. Además aportan más sentido e ilusión a la vida. Y desechar los que no merecen la pena, o nos hacen peores personas: más egoístas, iracundas, envidiosas, "gruñonas"... etc.
Tenemos la libertad interior de elegir cómo actuar, cómo responder, cómo tratar a los demás. Con corazón.
Buscando motivos que ayuden a luchar por dar lo mejor de cada uno. Esa capacidad de amar que se nos ha regalado, gracias al tesoro de la libertad personal.
Cada uno somos como "una piedra preciosa" por pulir, con unas cualidades insospechadas y diferentes a cualquier otra. Debemos descubrirlas y desarrollarlas, y hacer un mundo mejor con ellas. También ayudar a los hijos... Siendo "a fondo" quienes somos, y aceptando a cada uno como es, apuntar a lo mejor.
Cada persona es única, singular, especial, ¡irrepetible! Y alberga una luz en su interior capaz de iluminar un mundo entero. ¡No la desperdiciemos...! Hagámosla brillar, dar luz y calidez a cuantos nos rodean.
5) CABEZA Y CORAZÓN
Por otra parte, integrar cabeza y corazón. Pensar con claridad: sobre lo que es conveniente o no, lo verdadero o falso, lo bueno o malo. Ver lo que nos encamina a nuestra meta... Y poner el corazón: disfrutar de la dicha de hacer lo correcto..., de ser amable, generoso, alegre... sobre todo en familia con los seres queridos.
Para ello necesitamos movilizar energías, y entrenar la voluntad en pequeñas cosas. Puntos en los que luchar, que nos vayan aproximando hacia donde queremos ir: una meta. Además, cuando mejoramos en algún aspecto, otros también salen a la luz, pues todo está muy relacionado. Es el principio de armonía.
También calibrando los sentimientos: intentando fomentar los mejores, los más nobles, los que ayudan a ser más empáticos, comprensivos, serviciales. Además aportan más sentido e ilusión a la vida. Y desechar los que no merecen la pena, o nos hacen peores personas: más egoístas, iracundas, envidiosas, "gruñonas"... etc.
Tenemos la libertad interior de elegir cómo actuar, cómo responder, cómo tratar a los demás. Con corazón.
Platón tenía como referencia la belleza. Descubrir la belleza escondida en las situaciones cotidianas, que nos guía a modo de estrella. Fomentar la sensibilidad para apreciar lo bueno y lo bello que se oculta tras el velo de lo cotidiano, y que nos toca a nosotros descubrir... Por eso dirá: "Cuidar el alma, si se quiere que la cabeza y el resto del cuerpo funcionen correctamente".
Este clásico sostenía que, hay que diferenciar qué placeres y qué dolores convienen o no, para aceptarlos o rechazarlos, usando el pensamiento. No todo sufrimiento es estéril: al contrario.
Por eso es tan importante la calma y la serenidad, las “islas de silencio” y la paz interior para pensar. Ese "parón" nos puede ayudar a poner orden en las prioridades, a descubrir y valorar lo que de veras importa. Ahí entran las personas queridas, la familia, los amigos..., esos principios universales inscritos en nuestro corazón, que avalan el obrar humano auténticamente humano...
Y siempre, ¡fomentando la libertad personal! Es decir, saber tomar las decisiones necesarias para orientar la vida hacia una meta valiosa. Apuntando a la cima, a esa misión personal específica, que debemos acometer en primera persona.
El hombre libre, y auténtico líder, es el que toma la iniciativa: el que hace que las cosas -importantes- sucedan. Se trata de ser proactivos, como señala Stephen Covey, de luchar por cualquier reto, meta, sueño, misión, poniendo el corazón.
El hombre libre, y auténtico líder, es el que toma la iniciativa: el que hace que las cosas -importantes- sucedan. Se trata de ser proactivos, como señala Stephen Covey, de luchar por cualquier reto, meta, sueño, misión, poniendo el corazón.
Dejo algunos enlaces relacionados:
Mª José Calvo
optimistaseducando.blogspot.com
@Mjoseeopt
URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2020/05/una-estrella-polar.html










No hay comentarios:
Publicar un comentario
El blog se nutre de los comentarios...: ¡gracias por comentar!