Translate

Lograr armonía familiar

Mostrando entradas con la etiqueta sinapsis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sinapsis. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de noviembre de 2019

PLASTICIDAD CEREBRAL III: HÁBITOS




                                             PLASTICIDAD CEREBRAL III   


        
Os dejo esto que escribí para la revista Hacer Familia, sobre desarrollo y plasticidad cerebral en niños pequeños. Algo a tener en cuenta para su buen desarrollo...

    
Hemos visto en otras entradas el desarrollo, maduración y aprendizaje. Dejo enlaces abajo. Ahora vamos con las acciones y los hábitos.



1- ¿CÓMO ES EL DESARRROLLO CEREBRAL? 
2- FASES DE MADURACIÓN 
3- ¿MO APRENDEN LOS NIÑOS?, ¿CÓMO SE FORMAN COMO PERSONAS?

4-  EDUCACIÓN, HÁBITOS, Y PLASTICIDAD CEREBRAL 

5- FORMACIÓN DEL CARÁCTER







           
4- HÁBITOS Y PLASTICIDAD SINÁPTICA 


Los padres, cuando traemos un hijo a este mundo, nos convertimos en sus primeros y principales educadores. Les queremos de forma incondicional, y ese cariño es el artífice de su creación y posterior maduración. Te lo cuento en el marco antropológico de desarrollo infantil.





Educar a una persona es, como dijera Platón, “sacar a la luz” toda su belleza, su potencialidad, sus cualidades y talentos singulares, en los que destaca, con los que puede alegrar y mejorar el mundo... 



Al final, todos tenemos que aprender a pensar con claridad, armonizar cabeza y corazón, y hacer buen uso de la libertad personal. ¡Cada uno partiendo de nuestros talentos...! 

Todo esto es necesario para aprender a amar: la principal asignatura de la vida. Y requiere entrenarse en conquistar buenos hábitos, que al crecer se transformen en virtudes, y consoliden y formen el carácter y la personalidad. De este modo facilitan obrar en esa línea.


Vimos que el mayor aprendizaje se realiza en los primeros años de la vida, mediante la curiosidad del niño y la capacidad de sorprenderse, de admirar: su principal motor que guía el conocimiento. Aprende ¡porque disfruta! Por la experiencia perceptiva sensorial, que es la forma en que conoce mejor las cosas, envuelta en afecto. De ahí la importancia de las salidas  y paseos en la naturaleza, de concretar el conocimiento... etc. También por la relación con los padres, fuente de seguridad y cariño confiado.


Ese ambiente entrañale le permite captar sus mensajes, emitir otros, ver cómo le responden, y responder a su vez… Así, va aprendiendo muchas cosas. Es la resonancia con esas personas la que permite un buen desarrollo y aprendizaje. Como este patrón se repite muchas veces, va formando una estructura sólida de cariño y seguridad donde asentar habilidades y conocimientos en el futuro. Es como el entramado para construir su personalidad.




También aprende a través de sus propias elecciones y acciones. Al principio son más básicas: tratan de conocer el entorno y de controlar los movimientos de su mano, de su cuerpo. Luego, por el desarrollo de hábitos operativos desde muy pequeños. Desde recién nacidos, con los horarios de sueño, las comidas, la higiene, los paseos… etc., y cuando van creciendo, con otras actividades, la relación con otras personas, se van formando hábitos que facilitan esas acciones. Y siempre se fijan en los padres y tratan de imitarlos en todo. Es algo innato: son su modelo, porque se sienten queridos por ellos.

En esta línea, es vital explicarles y reflexionar sobre lo que está bien o mal, para que vayan interiorizando esos criterios y tengan un referente claro a la hora de actuar. De este modo van aprendiendo a usar su libertad.



Como señala una gran pedagoga y médico, María Montessori, ¡sembrad buenas ideas!, aunque parezca que no las entienden del todo... ¡Los años se encargarán de hacerlas florecer!





También son muy necesarios unos encargos, con los que ellos disfrutan, y les ayudan a adquirir habilidades y destrezas, autonomía, fortalecen la voluntad, y aprenden a pensar en los demás, desarrollando la comprensión y empatía, tan importantes en las relaciones personales. También adquieren responsabilidad y madurez.

       



* Aprendizaje y hábitos

Un niño lo tiene que aprender todo. Su cerebro está por conformarse, que no es almacenar datos, sino aprender desde su interior, sacar a la luz su potencialidad. 

Entonces, ¿en qué consiste el aprendizaje

El niño aprende cuando percibe, siente, admira, se sorprende de miles de cosas. Básicamente establece conexiones neuronales a través de sinapsis, y va relacionando todo. Cuantas más conexiones o sinapsis tenga, tanto mejor. Esto permite captar y transferir información de todo tipo, de unas zonas a otras del sistema nervioso. Relacionar. Son como pequeños centros de decisión, subordinados y conectados con conexiones a otras neuronas. Y a su vez forman circuitos y redes, que facilitan elaborar respuestas y actuaciones.

También es el modo de aprender buenos hábitos y formar circuitos neuronales que le pueden servir toda su vida. Y es bueno que disfruten de aprender, el entusiasmo y asombro permiten ese aprendizaje hondo en la memoria de largo plazo. 


Los hábitos operativos que van adquiriendo, con cierto grado de libertad según su edad, se transformarán en virtudes, y crean uniones entre neuronas que hacen más estable y fácil ese comportamiento. Esto es posible gracias a la espectacular plasticidad cerebral, base de todo aprendizaje. 

Las uniones van formando circuitos neuronales que, con el uso frecuente, se hacen más eficientes y rápidas, conectando diversas zonas. 


Por otro lado, cualquier tipo de habilidades se apoya en otras: todo está interconectado formando redes neuronales. Desde zonas aferentes sensitivas, emocionales, de asociación, motoras, premotoras, de memoria a corto plazo, pensamiento... etc.





En estas etapas, un factor muy importante es el juego, porque todo lo aprenden a través de él, pues disfrutan. La vida es juego. Juegan con la mirada de su madre, con pequeños objetos a su alcance, experimentan con ellos, y van ensayando multitud de cosas… Con el juego lo pasan bien y se emocionan, y su cerebro produce neurotransmisores, como la dopamina, oxitocina, y opiáceos endógenos, que se liberan en las sinapsis y hacen que el niño se sienta a gusto, disfrutando. Hasta pueden logra con frecuencia ese estado de flow, en el que el aprendizaje es óptimo, y su concentración muy elevada. Y el tiempo vuela... Así lo puede interiorizar mejor. 


A los niños les emocionan muchas realidades, y saben entusiasmarse con cualquier pequeña cosa. Y les ayuda a desarrollar su imaginación y su pensamiento mágico, el cual, hacia los 6-7 años, se hace más lógico.




Por tanto es necesario crear un ambiente saturado de cariño, y disfrutar para aprender: las emociones estimulan la atención y la concentración, e influyen en todos los aspectos. Permitir su curiosidad y admiración por la belleza de lo que les rodea.




Asimismo es fundamental descubrir sus cualidades y fortalezas, lo que hace bien, y hacérselo notar para que lo desarrolle. Partir de su temperamento, de sus cualidades y gustos, de sus respuestas más temperamentales, enseñándoles a modularlas. También desarrollando hábitos que conformen su carácter y personalidad, aprendiendo a pararse y pensar antes de actuar, a tener en cuenta los sentimientos de los demás... etc.





* Varias etapas

En las primeras etapas de la vida se va modelando su cerebro. Todo está por “grabar” en él: por eso se forman innumerables sinapsis gracias a dicha plasticidad. Este periodo vital comprende de 0 a 3 años, y luego hasta los 6-8. Todo esto le ayuda a construirse como la persona singular que es. 

Cada vez que repite una acción con intención y progresiva libertad, se va haciendo un hábito que consolida esas sinapsis. Y se van formando circuitos simples, que albergan funciones concretas, y luego más complejos, reafirmándose y potenciándose cada vez más con su uso. Y relacionando ideas y áreas cerebrales.




Al principio, necesita tener margen de movimiento y experiencias sensoriales perceptivas. Usar todos los sentidos para conocer el mundo que le rodea. La falta de estímulos de ambientes carenciales, y en especial de afecto, impide su buen desarrollo, pero, tampoco es bueno que los haya en exceso, ni querer adelantar etapas. Es la etapa sensoriomotora, en la cual el movimiento también es muy necesario.

Su cerebro está preparado para formar muchísimas sinapsis y redes, en función de ese conocimiento experiencial, de las vivencias en el seno de la familia. El ambiente inmerso en cariño y la interactuación con sus padres son imprescindibles para su buen desarrollo.






Más tarde, a partir de esas experiencias y vivencias, se van construyendo nociones más abstractas, conceptos e ideas. Para luego relacionarlas y construir un razonamiento engarzando dichas ideas. Es la base del pensamiento lógico, que se desarrollará más a los 6-7 años, y luego en la adolescencia, que se hace más analítico. 


                                                       * * *



* Ritmos naturales

Es preciso respetar sus ritmos naturales de crecimiento, dejándole conocer las cosas sin cortar su imaginación y creatividad por darles todo ya solucionado…, o no dejarles tiempo para experimentar, manipular, percibir, ensayar, estar en silencio, pensar y disfrutar.

Porque, la naturaleza dota a las personas de unos "periodos críticos del neurodesarrollo", con una predisposición a un aprendizaje de diversas funciones. El niño, y su estrato cerebral, están preparados para ello. Y ese aprendizaje en ese momento no cuesta apenas esfuerzo y disfruta haciéndolo. La naturaleza le guía en esa dirección, y le da unos puntos o características más sensibles que lo favorecen. 

Conocer los ritmos habituales en los que desarrollan determinadas capacidades es bueno para ayudarles a crecer. Sin perder de vista la singularidad de cada uno, sus cualidades y talentos.

Estas funciones son innatas, como la percepción por los sentidos, la deambulación, el control de esfínteres, el habla y el lenguaje, el conocimiento de la naturaleza y del entorno, y más tarde las capacidades superiores. 

Por ejemplo, la empatía y amabilidad, la confianza, la sinceridad, el optimismo…, por naturaleza se pueden desarrollar, porque son connaturales a todas las personas. Y se aprenden en el trato en familia.

También otras de adquisición de valores humanos que ven personificados en sus padres, como la amabilidad, la generosidad, la responsabilidad, la resiliencia y perseverancia... etc.

Otras funciones son más culturales, no innatas, como la lectura y escritura que requieren un aprendizaje concreto y cierta capacidad de abstracción, que madura en cada niño a su ritmo. 


Cada característica o valor humano tiene un periodo más sensible, y se nota porque el niño se concentra en algo, y le gusta repetirlo hasta que lo interioriza. Para ello es bueno crear un ambiente donde esté a gusto, sereno, con posibilidad de elegir y hacer lo que más le interese, con libertad de movimiento. Y una persona que dirija su aprendizaje. Facilitarle tareas de la vida misma, que puede ir aprendiendo. Por ejemplo, hacer encargos, cuidar una planta, doblar la ropa, juegos, usar utensilios de cocina a su medida... etc. Todo ello estimula habilidades que desarrollará y le ayudarán siempre en su autonomía y en su vida.

La maduración y el aprendizaje requieren calma y ritmos atencionales lentos. Es necesario dejarles ver el mundo con su mirada “nueva” y penetrante…, que sabe captar la belleza y sorprenderse de ella.




Entre estas funciones innatas, y alguna cultural, están:

* la capacidad sensoriomotora hasta los 4 años 

* la marcha o deambulación, al año 

* el orden, desde que nacen hasta los 3-6 años, con esos hábitos antropológicos de sueño, comidas, paseos, higiene…

* el habla y el lenguaje hasta los 5-6 años

* la sensibilidad fina y manejo se pequeños objetos hasta los 4-5 años 

* el control de esfínteres a los 2-3 años 

* la socialización de 3 a 6 años, aunque siempre necesitan esas buenas relaciones

* la música hasta los 6 años, muy relacionada con la afectividad

* las matemáticas de 4 a 6 años con el surgir del pensamiento más lógico

* el conocimiento de la naturaleza y la belleza a cualquier edad… 


Otras, como la lectura y escritura  que señalaba, requieren un aprendizaje y algo de abstracción, a diferencia del habla que es innata. Y suele aprenderse a los 4-5 años, dependiendo de cada niño.


Estas edades son un tanto orientativas, y en cada uno pueden variar, aunque es necesario ir controlando el buen neurodesarrollo desde que nacen, con el perímetro craneal... etc.




Por otro lado, es necesaria la adquisición de unos valores y hábitos desde pequeños, base de la personalidad, como son la sinceridad, la gratitud, la alegría, la generosidad…, que además están inscritos en la biología y en los genes. No era cierto que fueran "egoístas", sino que ayudan en la comunicación y la creatividad.

Nacemos para confiar, para mostrar empatía y ayudar a los demás, a no ser que haya un problema de neurodesarrollo concreto. Esto lo investigó M. Tomasello, estudioso de antropología evolutiva. Estamos diseñados para el trato con los demás y las relaciones humanas, poseemos un cerebro social y empático capaz de tener en cuenta los sentimientos de los que tenemos cerca. Y lo sabemos con certeza gracias a la neurobiología.



Otro tipo de valores, que se concretan en virtudes, como el trabajo bien hecho, la fortaleza, la lealtad, el estudio, la resiliencia, la responsabilidad, la justicia y la integridad, la coherencia, el valor moral de las acciones…, se van adquiriendo poco a poco, en especial al final de esa etapa hasta los 12 años.


Por eso es necesario trabajar los distintos hábitos en esas edades, y darles muchas oportunidades de realizarlos. Entrenarse en ello y desarrollar la voluntad. Más adelante, al poner intencionalidad y libertad, se transformarán en virtudes. Además, podemos permitir esos puntos más “sensibles” como son la imaginación y la creatividad, tan propios de la persona, las relaciones personales, y la cultura, que encamina, favorece y desarrolla muchas cualidades y habilidades.




Al hilo una idea de T. S. Eliot:

Pensad cosas bellas y buenas, porque los dedos de vuestros pensamientos
 modelan sin tregua vuestro rostro. 

Mucho más el cerebro, su base anatómica, que se "esculpe" con ellos
 en cada momento...




Dejo parte del artículo publicado en la revista Hacer Familia:




Espero que te haya gustado, y puedes compartir con amigos. 


                                              ¡¡Muchas gracias!!



Mª José Calvo
optimistaseducando.blogspot.com
@Mariajoseopt

Optimistas Educando y Amando




Pongo enlaces relacionados, y la URL para copiar y compartir.


Plasticidad cerebral y educación I 



Plasticidad cerebral y aprendizaje II 







                                                                             
URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2019/10/plasticidad-cerebral-iii.html

sábado, 2 de junio de 2018

PLASTICIDAD CEREBRAL Y EDUCACIÓN I




                           PLASTICIDAD CEREBRAL Y APRENDIZAJE


        
Os dejo uno de los temas que he escrito recientemente para la revista Hacer Familia. Es algo que me encanta, y espero que os sea útil a la hora de entender un poco los porqués de la educación, de respetar los ritmos naturales de los niños, de permitir y fomentar su curiosidad y entusiasmo, su pensamiento, de ayudarles a forjar buenos hábitos desde que nacen. Todo va modelando y marcando una "huella" en su cerebro, y va conformando su singular personalidad, anclada en sus cualidades personales, únicas en el mundo..., que debemos descubrir y potenciar.


           
Algo que nos preocupa a los padres es cómo ayudar a nuestros hijos en su formación como personas. El conocimiento del cerebro y sistema nervioso central, y su maduración, con sus funciones concretas, nos puede ayudar, puesto que es el sustrato anatómico para ir construyendo su personalidad. Partiendo de sus talentos y cualidades, su modo de ser, heredados y temperamentales. Pero, sabiendo que no todo se reduce a materia y neuronas; la persona tiene algo más que la trasciende..., junto con anhelos de belleza y felicidad.


            
El desarrollo humano se realiza especialmente en las primeras etapas de la vida, favorecido e impulsado por la curiosidad y la capacidad de asombro de los niños, puesto que, como ya señalaran los clásicos griegos, y Tomás de Aquino, son su "motor" de aprendizaje. 


La admiración y emoción que el mundo despierta en ellos es como la “chispa” que enciende la atención y la mantiene viva. 







        
También con los estímulos de la vida cotidiana, en un ambiente saturado de cariño y relaciones personales como es la familia. Necesita interactuar con los demás, especialmente con la madre, el padre, para formar su identidad. Porque, como señala el profesor Tomás Melendo, la persona "se hace" y se "re-hace", "se construye" y “se re-construye” en la familia, ámbito propio de la persona y del amor, y de las relaciones verdaderamente humanas.





Pongo a modo de índice unos puntos a desarrollar en ésta y en otras entradas:



 1- CÓMO ES EL DESARRROLLO CEREBRAL 
 2- FASES DE MADURACIÓN  

3- ¿MO APRENDEN LOS NIÑOS?, ¿CÓMO SE FORMAN COMO PERSONAS SINGULARES?

 4- HÁBITOS Y CARÁCTER




 1- ¿CÓMO ES EL DESARRROLLO CEREBRAL?
        
El cerebro es un órgano de extraordinaria complejidad que capta la información y la procesa e integra en distintas áreas. Pero no está "acabado" al nacimiento, ni mucho menos, sino que tarda muchos años en "formarse" y madurar. Y siempre está en constante formación, adaptándose al entorno, a nuestra actividad personal, pensamiento y afectos..., y rehaciéndose. Es decir, cada uno modela y conforma su propio cerebro, como ya señalara Ramón y Cajal, según lo que haga en ese momento.
            

Su estructuración se realiza desde la gestación, y es consecuencia de la multiplicación de neuronas y la formación de conexiones o sinapsis entre ellas, especialmente en el primer año de vida. También de células gliales. Los genes determinan el patrón y funcionamiento básico de circuitos cerebrales, pero en interacción con el ambiente, que le permite experiencias perceptivas, y las hormonas. Sobre todo en el periodo embrionario, y en la adolescencia, donde se produce una elevación muy considerable en sangre de esas hormonas. Así, varios factores ayudan a su maduración. 


           
Respecto al desarrollo embriológico, el cerebro y el sistema nervioso se desarrollan gracias al estímulo de las hormonas placentarias. En las primeras 8 semanas, se realiza en "femenino". Luego, si los genes son XY, es decir, si se trata de un varón, se diferencia en este sentido. Si no, sigue su curso. Cada célula del cerebro, como de todo el organismo, está dotada con esa herencia genética: XX o XY. Posteriormente, cuando ya está más formado, el sistema nervioso controlará el sistema hormonal placentario.





           
Ya desde el embarazo aparecen cambios según el entorno, la relación con los demás, el sonido de la voz de la madre…y más tarde por el ambiente de familia, las miradas cálidas, la atención e interés de los padres, el cariño, y por la impresión que causan las distintas situaciones y relaciones personales. También por las propias acciones, que van moldeando el cerebro de cada uno, gracias a la plasticidad neuronal y sináptica tan grande que posee. Especialmente en estas edades.

        
Dicha plasticidad es mayor en las primeras etapas, luego va disminuyendo, y presenta otro pico en la adolescencia. En ese momento se precisa una reestructuración cerebral para fundamentar unas capacidades superiores, como el propio pensamiento, analítico y crítico, la concentración, el control de impulsos, el juicio, la toma de decisiones... etc.






      
En un niño pequeño, desde que está en la cuna, con los tiempos de sueño, comidas, higiene, paseos por el parque, sonidos de los pájaros, del viento, el sol que acaricia su piel, olores de las flores, de la naturaleza, de la lluvia, sensaciones de frío o calor, humedad…, hay un crecimiento neuronal, y sobre todo se forman múltiples ramificaciones y sinapsis. Es un periodo de gran “explosión” sináptica… También de neurogénesis, especialmente cuando el niño está entusiasmado en algo. Es el estado de "flow" en el que está inmerso en una actividad, y disfruta tanto que aprende sin ningún esfuerzo.

         
Cuando va creciendo, con horarios, actividades cotidianas, el ambiente familiar, pequeños encargos y responsabilidades…, a base de ejecutar unas acciones y de repetirlas, sucede lo mismo: hay una gran formación y reforzamiento de sinapsis existentes, y se van consolidando hábitos.


La curiosidad del niño, el asombro, la ilusión por conocer, hacen que le entusiasme todo. 

La admiración y la emoción que el mundo despierta en ellos enciende la atención y la mantiene viva. Sus ganas de explorar y experimentar alimentan ese entusiasmo… 

Entonces su cerebro va secretando sustancias neuroplásticas que lo nutren y remodelan. 






Además los niños vienen a este planeta con ansias de desarrollar su talento, su creatividad, algo ya inscrito en los genes, como la comunicación y la cooperación.


Los genes son capaces de ayudarnos a ser originales y creativos, a establecer lazos... como estudia J. Bauer. Es el modo de actuar de la naturaleza humana. 


Esto también lo confirma Carl Woese, un microbiólogo que estudiaba este tema de las relaciones de los seres vivos. 





El niño siempre nos observa atentamente, y aprende jugando. Con su cuerpo, con el rostro de su madre, con los objetos que le damos, midiendo distancias, calculando fuerzas, controlando la postura…, e intentando imitarnos en todo. Le gusta repetir una acción hasta asimilarla y hacerla suya. Por eso es necesario darle cierta libertad de acción, que tenga un buen modelo, seducir con la belleza de unos valores nobles, hechos vida.

Tenemos en nuestras manos el poder ayudar a formar el cerebro de nuestros niños, partiendo de su singularidad y cualidades personales específicas. Y esa formación básica le servirá toda su vida.





            
En esta etapa, hace falta acompañarles en su crecimiento, ir guiando su aprendizaje, respetando sus ritmos naturales, sus tiempos atencionales lentos. Esos periodos más sensibles, que son como ventanasen las que está preparado para adquirir unas funciones innatas, como la percepción de los sentidos, la deambulación, el lenguaje, o unas capacidades superiores y valores del ser humano.



Conocer los ritmos habituales en los que desarrollan determinadas destrezas es vital para ayudarles a crecer. Sin perder de vista la singularidad de cada uno.




            
Es preciso ayudarles a descubrir el mundo, insisto, en un ambiente inmerso en cariño como es la familia. Teniendo en cuenta que, el cariño, la mirada nueva, las emociones, son vitales en su vida y en todo aprendizaje.

            
El periodo más importante de formación de innumerables sinapsis es los primeros años, y luego hasta los 6-8. 

            
En estas fases del desarrollo es necesario dejarles conocer las cosas, aprender desde su "interior", contar con sus ritmos de crecimiento, sus periodos más sensibles, su tranquilidad, sus tiempos de descanso y calma, de juegos, de imaginación, de inventar cosas, situaciones, disfraces… Proporcionándoles un buen ambiente, amable, tranquilo y rico, incluso con material adecuado para que vayan conociendo las cosas, interiorizándolas, ejecutando, aprendiendo habilidades y relacionándose con los demás. 



            
Los niños necesitan experiencias, fomentar el movimiento, las percepciones sensoriales, crear orden en sus cosas, desarrollar el lenguaje, relacionarse con otras personas… Necesitan escoger, tomar decisiones y hacer sus elecciones. Que alguien les guíe e interactúe con ellos, que les ayude a diferenciar entre el yo y el tú. Es la capacidad de captar una reciprocidad, el estado de ánimo del otro..., que se denomina resonancia. 

Que vaya aprendiendo a ser autónomo cuanto antes, adquiriendo habilidades y destrezas, teniendo en cuenta sus intereses, dejándole elegir, tomar pequeñas decisiones, y relacionándose con los demás. "El primer instinto del niño es actuar por sí solo, sin ayuda de nadie, y su primer acto de independencia es defenderse de los que intentan ayudarlo", dice la doctora M. Montessori.




        
También podemos apoyarnos en la belleza: de las personas, de una sonrisa, del afecto, acercarnos a la naturaleza, contemplarla con ellos, porque siempre miran todo con "ojos nuevos” y ven mucho más de lo que nos parece... De hecho, es la mejor forma de que puedan aprender, en especial a edades tempranas, con ese periodo de exploración y percepción de todo lo que le llama la atención. 

          
Por eso es fundamental la sencillez, no darles todo resuelto ni interferir en su proceso de desarrollo con “hiperactividades” que no les dejan estar reposadamente para que puedan tener introspección y silencio interior, pensar las cosas, integrar esas percepciones y sensaciones concretas. Y, partiendo de eso, relacionar cosas, aprender y "construirse" a sí mismos.






   
2- FASES DE MADURACIÓN CEREBRAL
           
Esta maduración se realiza progresivamente desde zonas más primarias y posteriores, a zonas anteriores y más complejas. Las más primarias, e internas, permiten funciones vitales para la persona, como la respiración o la función cardíaca, el sueño...

            
A nivel de lóbulos cerebrales, y cerebelo, lo primero en madurar son las áreas que coordinan el movimiento y la percepción sensorial. Por eso les encanta moverse, y es muy necesario. Necesitan hacer cálculos motores, posturales, sensibilidad gruesa y fina…, cinestésica, y repetir esas acciones hasta dominarlas. Así se graban programas premotores que usarán toda su vida. El movimiento ayuda a formar circuitos neuronales.
            
Las áreas sensoriales, con el conocimiento sensorial perceptivo, experiencial, captado por sus sentidos. Luego pasa por el sistema límbico, donde adquiere una connotación agradable o desagradable, y se integrará en distintas zonas de la corteza. Por eso es necesario que usen todos sus sentidos para entender y comprender mejor cada realidad. Es la etapa sensorio-motora con un momento crítico para su desarrollo.






            
Más adelante surge el periodo crítico del habla y el lenguaje, que permite relacionarse con los demás, estimula el pensamiento, y aumenta el conocimiento del medio en que se encuentra. Necesitan esa interactuación. Es casi un milagro que un niño pequeño aprenda a hablar al oír a sus padres. Es algo innato en todas las personas, a no ser que haya una alteración concreta del desarrollo.

            
Posteriormente la zona cognitiva y emocional, gracias a algunas zonas de la corteza y al sistema límbico, muy relacionado con la afectividad, donde se capta la realidad teñida de sentimientos, y se valoran las emociones. 

            
Los sentimientos son más bien estados de conciencia, más que contenidos, situados entre dos polos: agradables o desagradables, buenos o malos, positivos o negativos... Cada persona percibe la realidad de una forma singular y concreta, personal, según su modo de ser y su afectividad.

           
Por otro lado la afectividad es un refuerzo de nuestras capacidades. Nos recompensa por el bien logrado..., pues hace experimentar la dicha de hacer lo correcto, de ayudar a los demás.




            
Y lo último en madurar, que se inicia desde etapas anteriores, y se potencia en la adolescencia, es la corteza prefrontal. Lo más específico de una persona, con sus conexiones a otras áreas, base anatómica del pensamiento analítico y funciones cognitivas superiores, control de impulsos, atención, toma de decisiones, el juicio, la planificación, la voluntadetc. Y esto no se finaliza hasta los 30-35 años. Aunque el cerebro siempre está en continuo cambio...





            
En la etapa de la adolescencia se produce un remodelado del estrato cerebral. Se forman zonas específicas para adquirir unas funciones cognitivas superiores, con una poda selectiva de neuronas y circuitos que no se usan, para dar cabida a dichas funciones. Y se refuerzan las zonas más utilizadas. El cerebro, muy en especial en este momento, está en constante construcción y maduración.

            
Por tanto, el cerebro adolescente no ha terminado de madurar: es más, está en pleno proceso de cambio. Se están cuestionando las grandes preguntas y se descubren a sí mismos, y sus cambios tan grandes, aunque no se reconocen. Son todo emociones vividas al máximo, pero el control de ellas, y la toma de decisiones, es todavía inmadura. No tienen el sustrato neurológico formado para ello, pues está en proceso de maduración. Debemos estar pendientes de ellos, aunque en un segundo plano, y guiarles muchas veces. No dejarles solos ante algunas situaciones que les desbordan, o que no pueden controlar…



     
Resumiendo, podemos aprovechar este conocimiento del desarrollo neurológico en la educación de los hijos, en su maduración, para permitir su curiosidad, atención y aprendizaje, y reforzar las sinapsis adecuadas que le van a ayudar durante toda su vida. Y es vital usar el cerebro de forma activa, porque lo que no se usa ¡se pierde!


      
Siempre contando con su libertad, con su capacidad de elección en una dirección valiosa, y enseñándoles a ser responsables de sus decisiones. Porque, las acciones del día a día crean hábitos, con sus correspondientes sinapsis y conexiones entre zonas cerebrales, incluso van formando redes neuronales, y estos hábitos van modelando el carácter de cada persona, con sus específicas cualidades y fortalezas, si las sabemos descubrir y estimular.



                              


       
En próximas entradas veremos cómo aprende una persona, y en concreto los niños..., y cómo seducir con unos valores humanos nobles, que dan más sentido, para que nuestros hijos los aprendan y puedan hacerlos vida gracias a nuestro cariño y coherencia.

     

        
                                                                             Mª José Calvo
                                                                            @Mariajoseopt
                                                                        
                                                               Optimistas Educando y Amando



URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2018/06/plasticidad-cerebral-y-educacion-i.html