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miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL PODER DEL PERDÓN: DESCUBRIR A LOS DEMÁS EN SUS MEJORES ACTUACIONES.


        
      
         DESCUBRIR A LOS DEMÁS... ¡EN SUS MEJORES ACTUACIONES!



             Cuando las personas sufren, sobre todo en la infancia, se forjan unas capas protectoras para no volver a sufrir y tener mayor seguridad. Prefieren no poner el corazón en otras personas, para no sufrir. Pero de esta manera es como si se atasen al pasado, como si no pudieran liberarse de esas acciones y sus consecuencias. 

             Y de esa forma no se puede vivir feliz. Hay que procurar liberarse del sufrimiento. Tenemos el poder de perdonar, y de imaginarlo de otra forma, poniendo un punto y final a esas acciones. De esta manera, liberamos al otro de su culpa, y de las consecuencias de sus acciones, y nos liberamos a nosotros mismos de esas ataduras, de esos malentendidos, de esas heridas que nos han causado, de ese sufrimiento…

              Así, a la luz del cariño que nos brindan los demás, podemos perdonar y sanar las heridas. Podemos dejarnos querer, podemos poner el corazón en las personas que valen la pena, en las que tenemos cerca, aunque a veces nos hagan sufrir. Merece la pena el esfuerzo. De esta forma damos un paso, y vamos madurando.

              Es lo que le sucede a la “Señorita Travers", en el film de Disney, “Al encuentro de Mr. Banks”. Ella es la protagonista de la historia. 

             Comienza en el pasado, con la vida de familia junto a sus padres. Viven en Australia. Ella tiene una relación especial con su padre, porque es creativo, le transmite ilusión, fantasía, imaginación… Entre ellos hay una empatía, que les hace compartir un mundo fantástico. Ella quiere ser como su padre. Pero estaba algo enfermo…




            Luego pasa al momento actual, en Los Angeles, en el que Walt Disney intenta conseguir los derechos de autor, para adaptar al cine el libro de P. L. Travers.






             Lleva persiguiéndola 20 años, tras una promesa hecha a sus hijas. Pero todavía le va a costar… Ella se muestra inflexible y poco receptiva para ceder su obra. Son "su familia", y está atada a ello. Resulta un poco huraña, antipática, y pone miles de condiciones para acceder a su obra. Unas más razonables, y otras muy absurdas aparentemente.




             En su estancia en Los Angeles, le acerca a las instalaciones de Disney un chofer, por encargo del “Señor Disney”, como le llama ella. Con él entabla una incipiente relación de amistad, y le enseña a ver lo positivo de la vida: el sol, los paseos, el pensar en los demás… Le cuenta que tiene una hija minusválida…




            Comienzan los ensayos con el guionista y los hermanos Sherman, que ponen la música y letra. Aunque ella es la que quiere dictar el guión, y no le gusta en absoluto que sea un musical... Intentan adaptar su historia de Mary Poppins. Parece que ella accede con unas condiciones innumerables. No le gusta el rojo, no quiere ver peras, no soporta los dibujos de animación…





          Parece que va bien la cosa hasta que se percata que los pingüinos son dibujos, y siguiendo su línea, se enfada. Llama tramposo y embaucador al Señor Disney, y corta con ellos. 

       Se va a su casa en Inglaterra, confirmando que era inapropiado y estúpido, pensar que la podrían satisfacer. Que podría resultar. 

            Se despide de su chofer. Le dice que es el único estadounidense que le ha caído bien. Le da una notita sobre algunas personas con dificultades que han logrado tener éxito en la vida, a pesar de ellas. Le dice: “tu hija podrá hacer todo lo que hagan los demás...” Vemos que ya va pensando algo más en los otros, no solo en ella misma.





           Llega a su casa en Inglaterra. Pero ¡oh! sorpresa, que el Señor Disney toma otro avión, y se presenta allí. Le pide un te inglés, y habla con ella para hacerla pensar. “Todos tenemos algún recuerdo que nos duele…”







          Le cuenta aspectos algo negativos de su infancia. Del trabajo que tuvo que hacer para su padre siendo niño, repartiendo periódicos… Y que estaba cansado de verlo de esa forma. 

          Le interpela diciendo: “¿No está usted cansada también de verlo así, Srta. Travers?”


         Tiene que liberar esos miedos, odios, culpas… “La vida es demasiado corta como para no perdonar…” Hay que poner el énfasis en lo bueno. Le enseña a ver lo mejor de los demás, y a pasar por alto pequeños defectos que el sufrimiento agranda.





        Es preciso conocer a los demás en sus mejores actuaciones. Quedarnos con lo mejor de ellos. Ver sus cualidades únicas resplandeciendo, y sus talentos al servicio de los demás, para poder tener una actitud de esperanza, de optimismo, de agradecimiento. Y perdonar lo que sea preciso. Todos somos más vulnerables de lo que puede parecer…, y necesitamos más cariño de lo que muchas veces podemos merecer.

         La Srta. Travers exclama: “¡No tengo que perdonar a mi padre!, ¡era una persona maravillosa!” Pero Walt le contesta que a quien tiene que perdonar es a Helen Goff, ¡a ella misma! Porque su tía fue para ayudar a su padre, no a los niños… 



      El perdón permite poner un punto y final a esas acciones menos honorables, y a sus consecuencias. Nos libera de las ataduras del pasado, y liberamos al otro de ellas. Permitimos un nuevo comienzo, y esperamos lo mejor del otro, le creemos capaz de algo grande, miramos lo bueno…





         Walt le explica que los narradores de historias tienen el poder de cambiar la historia. Aunque no siempre en la vida real, si en la imaginación. “Podemos contarlas de la mejor forma para infundir esperanza, una y otra vez... a las nuevas generaciones, no solo a los niños.”

             Con la imaginación podemos remodelar las historias, perdonar, permitir un nuevo comienzo. Para así alegrar a los demás, para animarles, para insuflar optimismo y esperanza.

             Quedarnos con lo mejor que hicieron, porque de esa forma es como mejor se los conoce. 

             Lo bueno requiere poner inteligencia, imaginación, intención, esfuerzo, lucha…, y deja nuestra huella. Lo que no es correcto sale solo con dejarnos llevar… 



               Al final de la conversación, o más bien del monólogo, Walt le sugiere: “Déjeme a su Mary Poppins, y no le defraudaré! Verá cómo se convierte en algo maravilloso, espectacular… "Mr. Banks será honrado, será redimido, y todo lo que representa se salvará. Cada persona que entre en un cine querrá a Mr. Banks y a sus hijos. Y cuando pierda el empleo, se retorcerá las manos… Pero cuando vuele la cometa…, oh! cuando vuele la cometa… ¡disfrutará y cantará! Y le dedica una gran sonrisa…



             La ventaja de ver lo mejor de los demás, y de tratarles mejor de lo que son, es que les estimulamos a ser mejores, a cultivar su mejor personalidad, a mejorar.



            Llega el día del estreno, después de trabajar mucho tiempo. Ella decide ir a pesar de que no la han invitado… Su chofer intuye que estará, y va a prestarle su servicio y a saludarla. Ella se alegra mucho: reconoce un amigo, ve cariño. 

           Luego se queda sola y parece que se queda algo paralizada, pero aparece el ratón Mikey para llevarla de la mano. Los hermanos Sherman, que tantas veces la han animado con sus canciones, se sientan a ambos lados de ella. Detrás está Walt y su esposa, con sus muchas atenciones. Y es el que la tranquiliza en un momento del estreno en el que está muy impresionada, muy emocionada… al ver la grandiosidad de su historia, el nuevo toque que le han dado, y el cariño que han puesto al llevarla a la gran pantalla...



              Con el tiempo aprende a dejarse querer por todos. Ha contactado con las personas adecuadas que le han escuchado, comprendido, conocido, querido…, a pesar de los pesares, desde un ensayo en el que les dijo muy afectada: ¡Mr. Banks no es cruel!, ¡no, no lo hagan...! Y rápidamente la comprendieron, y cambiaron unas escenas.



                Además, la conversación con Walt le hace reflexionar. Le hace liberarse del pasado, del sufrimiento, del miedo, perdonando. Le hace dar un paso en la vida, y le permite madurar.

               A la luz del cariño, se deja querer y se derriten todas esas capas  protectoras que se había forjado, como si fueran de cera. Mejora, madura, se vuelve más amable, más confiada, más alegre, más optimista, más generosa, menos egocéntrica, menos maníaca, menos cascarrabias…



             En el fondo es lo que nos pasa a todos cuando nos sentimos queridos. Más en  familia, donde el amor es lo que da vida y nos hace mejorar. Es como el “horno” donde se cuece la mejor personalidad de cada uno, su mejor actualización, su mejor versión. 


           Como escribió  Goethe, si tratas a una persona como es, seguirá siendo así; trátalo como debería ser, y cambiará. Todos necesitamos que crean en nosotros, que nos traten de esa forma… ¡que nos permitan dar lo mejor que somos y llevamos!

      Espero que les haya gustado el post, y lo pueden compartir con amigos.










                                                                                Mª José Calvo
                                                                   optimistaseducando.blogspot.com



https://optimistaseducando.blogspot.com/2014/12/descubriendo-los-demas-en-sus-mejores.html



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