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domingo, 16 de junio de 2013

CREAR AMBIENTE DE HOGAR...


     
          AMBIENTE Y EDUCACIÓN FAMILIAR.

  

Hay algo importante que podemos hacer en familia, y es crear un ambiente de hogar cálido, comprensivo, acogedor, de apoyo, y motivador para todos, especialmente para nuestro esposo, esposa. Como decía Víctor García Hoz, el factor invisible...

        Porque cada persona, aunque no lo parezca, es muy sensible y vulnerable en su interior. Y se necesita un hogar donde sea seguro mostrarse cada uno, tal como es, para poder ser conocido, aceptado, valorado, y querido.










Además el ambiente educa a nuestros hijos, porque aprenden todo por "inmersión"... Por eso, es más eficaz fijarse en lo bueno de los demás.






         Es preciso conseguir un ambiente compuesto de varios ingredientes: alegría, tranquilidad, confianza, delicadeza, y especialmente cariño.




          "A-TRA-CÓN DE CARIÑO..."




        Esto hará que puedan cultivarse y salir a flote las mejores cualidades de cada uno, sus puntos fuertes. Y proporciona una saludable autoestima, pues está basada en el cariño y no en falsas expectativas...



Requiere  poner  inteligencia y voluntad al servicio de lo mejor. Disfrutar de la educación, que es una ciencia y un arte. Podemos poner creatividad, pensar qué tipo de personas queremos formar, con qué valores... Y luego poner objetivos, con sentido común, y saber motivar con nuestro ejemplo, porque nos están mirando todo el día.



Los padres somos sus modelos. Es importante que les ofrezcamos un modelo atractivo, bello. Descubren el mundo a través de nuestra mirada, de nuestra expresión, de nuestro comportamiento...

 Pero debemos ir los dos a una, trabajar en equipo, siendo líderes transformadores. Porque lo propio de este tipo de liderazgo es que no solo manejamos unos recursos, sino que innovamos, creamos nuevos recursos, vemos lo mejor de los demás, les ayudamos a ser su mejor "versión"... Motivando, despertando valores en los hijos, y seduciendo con su belleza, y también enseñándoles a interiorizarlos.


Para esto necesitamos formación, y luego luchar por hacerlo vida, con coherencia personal, que es en lo que más se fijan, sobre todo en la adolescencia...




El amor familiar debe notarse. El más importante es el amor entre los padres: el amor conyugal, porque de él surge la familia, y el cariño a los hijos. y es necesario que se sientan queridos de verdad; no sólo que los queramos, sino decírselo muchas veces, a solas, en familia... De todas las formas: con palabras, con besos, con apretujones, con la mirada, y con nuestra sonrisa... 



Explicarles el valor de la generosidad, de dar con alegría, la empatía, la comprensión... Y el sentido del sufrimiento, que es la otra cara del amor, porque no hay amor sin dolor..., y no hay dolor que no se pueda sobrellevar, si se ama de veras. Lo aprenderán al ver cómo nos manejamos en esa situaciones...



Felicitar o, alegrarse por lo menos, por todo lo que hagan bien. Somos un espejo  donde se miran o se escuchan: su autoimagen. Fijarnos en lo bueno que tienen o hacen, y decírselo. Ver sobre todo sus cualidades especiales, positivas, con las que nos alegra la vida; su esfuerzo, su lucha..., y valorarlo mucho.



Usar la autoridad para ayudarles en su crecimiento como personas. Para obedecer, antes debemos explicarles los motivos, el porqué de lo que deben hacer, lo que queremos conseguir, y que lo entiendan. Con una sonrisa y un "tú puedes".



Para decir algo importante, mirar a los ojos, utilizar un "prólogo", para desbloquear los filtros de atención. Y si es difícil, con una sonrisa mayor, para animarles a conseguirlo. Deben sentirse libres al entender y asumir lo que les pedimos: no deben ser "autómatas"...


Tratar a cada hijo como si fuera el único y el mejor. "Trátalos como quieres que sean, y cambiarán, mejorarán". 
Las razones verdaderas motivan la voluntad a la hora de hacer un esfuerzo para conseguirlo.

Pensar “en futuro”, para realizar proyectos personales y ponerlos en práctica mediante pequeños "planes de acción", teniendo constancia y tenacidad, para llevarlos a cabo.




Hablar con cada hijo con mucha frecuencia, sobre todo, de sus intereses. Es bueno tener con cada uno el “momento de oro”, cuando vienen del colegio, mirándole a los ojos, a su altura, comprendiendo, con empatía, sabiendo si necesita hablar, si lo pasa mal, o necesita nuestro cariño, o nuestra sonrisa, o un abrazo…






Relaciones personales en la familia: que siempre estén presididas por amabilidad, corrección, y elegancia. Porque, “siempre tienen buen aroma las manos que han tenido un ramo de flores”...





      Intentar elevar la calidad de las relaciones familiares, dedicando tiempo para pensar, para imaginar alternativas. En las conversaciones, resaltar lo positivo de  los  otros. Nada de burlas e ironías: destrozan la convivencia.

       Tertulias divertidas después de comer, o de cenar. Leer juntos: cuentos, libros de aventuras, de catequesis, de chistes... incluso en voz alta. Es algo que les gusta, les estimula el lenguaje, el saber hablar en público, el hacer teatro… También se pueden ver fragmentos de buenas películas, de vídeos, y luego comentarlos... y así aprovechamos para explicarles el sentido de muchas cosas.






        Aprender a hablar, a comunicar lo que llevamos en el corazón. Jugar con los hijos a  decir cosas buenas de todos, cuidando los pequeños detalles, porque en lo bueno se conoce mejor a los demás...




        En los momentos bajos, ¡pon el bálsamo de tu sonrisa!

    Los problemas son oportunidades para hablar, pensar, conocerse... y  quererse. Enfocarlos como retos, y así nos animamos en la lucha.



Confiamos en los hijos cuando les presentamos imágenes positivas de sus actuaciones; y confiar incluso en aquella faceta que más les cuesta. De esta forma les motivamos a que luchen por conseguirlo. Si no lo consiguen, no pasa nada: lo intentamos de nuevo...

    Deben saber que las cosas no salen solas, ni por casualidad: hay que esforzarse y luchar en ello. 


La confianza es como "el horno" donde se cuece la mejor personalidad de cada uno, donde se consigue el mejor “yo” de cada uno..., su mejor "versión".


El valor del perdón. Es necesario que nos vean pedir perdón, cuando nos equivocamos; y perdonar cuando nos hacen algo que no nos molesta o no nos gusta... El perdón sana las heridas, porque liberamos al otro de la culpa, y nos liberamos  a nosotros mismos de sus consecuencias...

    Y, como señala S. Covey, perdonar es un verbo, pues ¡perdona!, o ¡pide perdón!…, según las circunstancias. No somos perfectos, nos equivocamos muchas veces, herimos a los que más queremos, pero ¡podemos rectificar para permitir un nuevo comienzo...!



Educación de la afectividad: enseñarles a querer sobre todo con el ejemplo; darles luz para la inteligencia y calor para el corazón. 

Enseñarles a poner su corazón en lo que vale la pena, desde pequeños. Y explicarles que el amor consiste en querer a otra persona, en dar más que en recibir. Que tiene mucho que ver con la generosidad y la empatía, y se concreta en el compromiso...




Trabajo: exigirles que lo hagan bien aunque estén cansados, haciéndoles ver que ese detalle pequeño, o ese esfuerzo, lo agranda. Nada de chapuzas. Que aprendan a responsabilizarse, aunque sea trayendo un pañal para el hermanito, o enseñándole a leer, si es mayor, o limpiando el coche, u organizando las vacaciones…


Enseñarles motivaciones trascendentes, que son las que dan más sentido a la vida. Así no los haremos tan materialistas... Que aprendan a hacer las cosas por el bien que aporta, o por su valor intrínseco, o incluso por los demás: por alegrarles la vida. Nos aportan mayor satisfacción, y nos dan una nueva dimensión en la vida.

Cuando actuamos así, crecemos como personas libres y responsables, porque los actos buenos perfeccionan a la persona: nos hacen mejores personas.


       Y como señala el profesor Oliveros F. Otero, nos podemos orientar por algo que nos indique un norte, como el trinomio “Bien- verdad- belleza”, que son aspectos de una misma realidad. Es decir, procurar hacer las cosas bien, captar la verdad de las cosas, y de las personas, la realidad, y disfrutar de la belleza. Porque la belleza es el esplendor, y la expresión visible, de la verdad y de la bondad, y lo que reclama nuestra atención, porque nos atrae.



       De esta forma, todos luchamos y nos ayudamos; crecemos juntos como familia, ayudados, motivados, por el amor... Y promovemos nuestra propia "cultura familiar". 






         Dejo un corte de "El Señor de los Anillos", en el que se ve claro cómo crean un ambiente, donde las personas están a gusto...: optimista y alegre.


                                        video



                                                                                                         Mª José Calvo
                                                                            optimistas educando




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