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viernes, 31 de octubre de 2014

PREADOLESCENTES II: LA INTELIGENCIA

       


                  PREADOLESCENTES: "ENSEÑARLES  A  MANEJAR  EL TIMON" II

                     
                                            LA  INTELIGENCIA


              Ya hemos visto las características generales de estas edades. Ahora vamos a centrarnos en tres aspectos esenciales en los que debemos ocuparnos, que son la inteligencia, la afectividad, y la voluntad. Y es necesario hacerlo de forma armónica, para que unos se apoyen en otros, y no haya atrofias e hipertrofias de uno u otro aspecto. Al desarrollarlos bien, se logra una personalidad con belleza interior, capaz de acometer retos y de pensar en los demás. Esto está recogido en el primer post: "enseñar a manejar el timón I".




                 Vamos con el primero. A la hora de la educación de la inteligencia, para que puedan desarrollar su todo su potencial, con un pensamiento analítico y crítico, y hacer un uso inteligente de la misma, hay varios puntos que destacar. 



              Como ya sabemos, la inteligencia es una facultad de la persona que le facilita la capacidad de pensar por cuenta propia. Podemos decir que el pensamiento es la capacidad y ejercicio de la inteligencia. Pero para sacar el máximo partido, debemos basarnos en criterios de verdad que iluminen el pensamiento. 





         La verdad ilumina el entendimiento, porque es la adecuación del pensamiento a la realidad objetiva de las cosas. La razón busca la verdad. Por eso, la inteligencia y el pensamiento tienden a captar la verdad: es decir, la realidad de las cosas. Debemos fomentar la capacidad de descubrir lo auténtico y real, y que sepamos apreciarlo... 
Se precisa inteligencia para captar la realidad desde sus distintas perspectivas. Sin el contacto con la realidad perdemos el rumbo, y podemos ir a la deriva: nos podemos engañar con espejismos que nos desorientan. 


                Cultivar la inteligencia significa aprender a distinguir lo importante de lo accesorio... También capacidad de análisis y síntesis. Hay que enseñar a pensar a los hijos desde bien pequeños, a tener espíritu critico y a defender y argumentar las propias ideas y creencias.



             Nuestros hijos verán si nos esforzamos en vivir de acuerdo a lo que pensamos, y a lo que decimos. Es decir, si intentamos ser coherentes en nuestras actuaciones. Porque sin darnos cuenta, seremos sus referentes y nos imitarán: todo esfuerzo merece la pena. Vamos abriendo un sendero transitable por donde podrán caminar.


             Además, los criterios claros, acordes con la realidad, con la verdad de las cosas, nos permiten ir formando su conciencia. También con nuestro ejemplo, enseñándoles lo que está bien o mal, dándoles razones de todo para que lo puedan entender e interiorizar, y enseñándoles a pensar por cuenta propia...

          Es la forma de que tengan criterio, a la hora de tamizar la ingente información que les llega, y a la hora de actuar con coherencia a unos valores y principios que les den sentido a su vida.

             En este sentido, es importante enseñarles a conocerse: decirles sus puntos fuertes, en lo que destacan, sus cualidades especiales, y no estar todo el día “remachando” lo que hacen mal… Pensar en positivo, cambiar el chip. Ser buscadores de talentos, más que "cazadores de defectos"...






             En estas edades, el pensamiento va cambiando. Desde los 6 años, que es más lógico, hasta los 10-12 en que se hace más abstracto. Así, va siendo capaz de relacionar ideas sencillas, aunque llegar a una definición general le resulta todavía algo difícil. Más tarde, en la adolescencia, con la maduración de la corteza frontal, se logra un pensamiento más analítico.





            En esta etapa es un pensamiento intuitivo muy apoyado en imágenes. De ahí que sea bueno cultivar la imaginación desde pequeños, y hacer un uso inteligente de la misma. Usar la creatividad tan propia y específica de la persona. Les encanta lo relacionado con el descubrimiento y desarrollo intelectual, y se incrementa su afán de exploración, y la necesidad de preguntar y cuestionar todo. 

            Por otra parte, esa curiosidad y admiración por las cosas, son un motor muy potente en el desarrollo del aprendizaje.



            

      Observan las cosas, analizan, relacionan, clasifican, y recaban mucha información: es la base del proceso de investigación. Podemos aprovecharlo para animarles a sacarle partido, en función de su formación, de sus intereses, y de lo que van a estudiar en el colegio, para que vean primero lo más práctico y experiencial, y luego, al captar los detalles, y con todos los datos de los sentidos, lo puedan entender y aprender mejor. 



             Y fomentar el uso de la memoria, que ayuda a tener una base estructurada donde ir asentando nuevos contenidos, y es la edad ideal para desarrollarla, y que alimente el propio pensamiento. La memoria no es un almacén polvoriento de datos, sino algo vivo en continuo cambio, muy relacionada con la afectividad y la imaginación. Todos los recuerdos está teñidos de afectos, y muchas veces nos mueven a la acción.


           También se desarrolla su creatividad, basada en la imaginación, pero penetrada por la inteligencia. Se puede fomentar mediante manualidades, construcciones, plastilina, papiroflexia…, dibujos, lecturas, aprendiendo a escribir, enseñando pensar por cuenta propia, a cambiar el final de una historia, o de una película..., a resolver cuestiones... etc. También con el arte de las buenas preguntas.



              Podemos animarles a desarrollar algún hobby relacionado con la investigación, con lo que les guste más, o sobre materias del colegio. En concreto, el hacer colecciones les encanta: de hojas de árboles, con sus nombres concretos, de minerales, de fósiles, de sellos de distintos países, de mariposas…


              ¿Cómo podemos hacer para estimular la inteligencia de nuestros hijos...? 

Dejo 6 ideas:


             1- Por ejemplo permitiendo su curiosidad y admiración, su capacidad de asombrarse de las cosas, de la vida. El sobreprotegerles y tener muchos caprichos anula esa capacidad, y quita la ilusión. Debemos recuperar la ilusión por las cosas pequeñas, por la naturaleza, por la belleza de la vida, de las personas, por los detalles de cariño, por una sonrisa o un gesto amable, por la brisa en la cara, por un amanecer... 

             También tener curiosidad por investigar, y el saber que todo se puede razonar, nos lleva a experimentar. Y es la base sobre la que se asienta la ciencia.

            Eso les ayuda a tener iniciativa e interés por el estudio. La curiosidad es como un motor interno para el aprendizaje, las “vitaminas” para aprender… E ir canalizando el caudal de intereses, y lagunas de conocimiento, para ir aprendiendo con ilusión, porque la curiosidad abre la mente a la atención, y es como mejor se asimilan las cosas: porque interesan y se disfruta con ello. Las emociones son vitales en todo aprendizaje, estimulan el pensamiento, y abren las compuertas de la atención. Lo que entusiasma se queda grabado, y parece que no cuesta ningún esfuerzo.






                  2- Otra forma de  estimular el pensamiento es a través de buenas lecturas. Hace falta que sean acordes a sus edades, que alimenten su inteligencia, y también su corazón: que aporten belleza y valores que nos interesen o que tratemos de vivir en nuestra familia, para ejemplificarlos, y que sean más atrayentes. También es preciso que nos vean leer cosas interesantes, comentar lecturas y novelas, disfrutar juntos leyendo, o viendo buenas películas, repletas de valores humanos, también adecuadas a estas edades, que podemos comentar.






                 3- El diálogo es otra forma de estimular el pensamiento. El incorporarlos a la tertulia de los padres, cuando son un poco mayores. Se sienten valorados, queridos, “importantes”, y aprenden un montón de lo que decimos, a veces sin intención directa, pero les queda registrado. Verán cómo pasamos de comentar las anécdotas del día, a las ideas en que se fundamentan, y de éstas a los detalles en que se concretan…, para no quedarnos siempre en la superficie de las cosas, para ver los motivos de las actuaciones, y manejar ideas o conceptos. Es la base del pensamiento crítico.



                4- En estas edades, es bueno ir encauzando acontecimientos. No esperar a que pase la vida, sino pensar qué hacer con cada uno de nuestros hijos: qué objetivos podemos tener, qué necesita más, qué le gusta más, qué cualidades tiene, para desarrollar su personalidad y modelar su carácter, basado en el temperamento heredado. Y en especial sus fortalezas, ¡¡para desarrollarlas!!

              Dejando un espacio de calma, un tiempo para que descanse, para que piense, para que vaya interiorizando lo que le vamos enseñando, o lo que va viendo, experimentando, y aprendiendo. Y para que se relacione con sus hermanos y amigos: ¡¡para que juegue con ellos!!, sin quemar etapas. "Islas de silencio" para reflexionar y construirse como personas.



             Y siempre estando disponibles, con buena cara, con una sonrisa, escuchando, leyendo más allá de sus palabras, animándoles cuando lo precisen, celebrando lo positivo, conociendo a los amigos…, para que se sientan acogidos.


              5- También enseñándoles a tomar decisiones desde pequeños, porque es donde se concreta la libertad de cada uno: primero en cosas sin mucha trascendencia, para que vayan aprendiendo, y luego en otras de mayor envergadura. Asumiendo las consecuencias de sus acciones. Y sabiendo que la libertad conlleva responsabilidad.




                6- A la hora de formarles, pensar qué queremos conseguir, qué meta u objetivos podemos plantear… Porque, tenemos mucha información a mano, pero hay que distinguir entre informar y formar. La información de por sí, no es tan relevante; en cambio la formación requiere conocer a la persona para ver qué necesita, cuáles son sus puntos fuertes, o débiles, y cómo la podemos ayudar, mostrar empatía, captar sentimientos... Y luego concretar y hacerlo vida, por ejemplo, mediante planes de acción.

            Alguien dijo que la formación es como “el cuello de una botella”: no se le puede meter todo de una vez, y sin pensar. Hay que saber, tener buen manejo y buen arte para dosificar, ver lo que le conviene, poco a poco…, porque si no, se "atasca".


              Con las personas pasa un poco lo mismo: hay que cuidarlo. Por eso se ve tanto exceso de información, "infoxicación", y es difícil realmente discriminar lo importante, lo claro, lo bueno, o lo veraz, repensarlo y concretarlo en la vida. 



            Ayudarles a pensar por cuenta propia, a ser críticos con lo que cae en sus manos, con lo que oyen, con lo que ven en internet…, además de que no pierdan el tiempo... Enseñarles a manejarse, no solo intentar controlar, o “controlarles” como niños pequeños, sino que ellos sean capaces de hacerlo, en la medida de sus posibilidades, y según su edad y maduración cerebral.







                  TÉCNICAS DE ESTUDIO

              Respecto a aprender a estudiar, podemos seguirles de cerca y hablar con el tutor de nuestros hijos, aunque no haya problemas, para que nos oriente en cada caso. Es preciso que aprovechen bien las clases porque es la base del estudio. Y luego en casa hay que apoyarles y animarles en lo que necesiten, sabiendo estimular su curiosidad y la investigación...


           Una anécdota...
     Conocí a un Director Escolar de gran coherencia e integridad personal, que supo ejercer muy bien su liderazgo y buen hacer en su colegio. 

           Siempre estuvo atento a lo importante, a base de trabajar mucho y bien, cuidando los pequeños detallesPor ejemplo considerando a cada persona, a cada profesor, a cada niño, a cada familia…, rezando al iniciar la clases, repartiendo botellines de leche todos los días, poniendo mensajes cortos con metas claras a realizar en el horario de clase, en el recreo, en el comedor…, para ayudar en la enorme tarea de formar en valores hechos vida a esos niños. Con un servicio constante y callado a todos. 

       También, cuando eran algo mayores, enseñándoles a estudiar bien. Elaboró un folleto con algunas ideas y técnicas de estudio, con sentido del humor, que no han perdido actualidad. 

            Os transmito algunas, porque me parecen de vital importancia. Se titula: “Vamos a estudiar bien”, porque no todas las formas de estudiar son buenas… Con constancia y perseverancia.





                1-Ideas claras: el porqué y el paraqué de estudiar cada uno. Aquí podemos hablar con nuestros hijos, para hacérselo atractivo, para que piensen qué les gusta, para dejarles tomar iniciativas.

                2-Dónde: para poder concentrarse, atentos a desconectar pantallas y distracciones… Elegir lugar adecuado, con luz, cómodo..., mejor si es siempre el mismo.

                3-Cuándo: programa el tiempo, y organizarse. Es una capacidad cognitiva que es preciso aprender. Crear un hábito de estudio, a hora fija, mejor.

            4-Cómo: ejercitar todas las facultades. Cuantas más actividades, mejor: lectura rápida, subrayar, analizar, tomar notas, hacer esquemas, sintetizar, mapas mentales, resolver, calcular, recitar, preguntarse, responder…

                5-¡Esfuérzate, persevera, acaba bien tu trabajo hasta el final!

           6-Método: hay muchos, y cada uno debe descubrir la forma que mejor le vaya, pero destaco uno por su sencillez y eficacia: es de Luis Illueca Valero, profesor de psicología de Madrid. Se llama L2 SER.



Significa      L- Lectura rápida para tener una idea general.
                  L- Lectura detenida por párrafos. Analizar el contenido.
                  S- Subrayar lo importante.
                  E- Esquema o guión, sintetizando lo esencial.
           R- Repetirlo para aprenderlo, potenciando la memoria, usando el esquema.


Aprendido un tema, se pasa al siguiente, y luego repaso global. 
Por la sencillez, habrá que adaptarlo a las distintas edades, y a los distintos tipos de materias o asignaturas.




         Hasta aquí la anécdota. Algo importante es enseñarles a conocerse, a emplear todas sus capacidades y habilidades mentales, a hacer buenas preguntas, a buscar respuestas, a reflexionar, a relacionar temas e información, a ser críticos con lo que oyen o leen...  Y por ejemplo, saber acotar en búsquedas, para no perderse en el ingente mundo de la red. Por eso, los buenos libros siempre serán imprescindibles. Es preciso tener una pequeña biblioteca en casa, bien seleccionada, que les ayude en esta tarea.


           Algo esencial es enseñarles a concentrarse en una tarea, a no estar pendientes de mil cosas  ala vez, a emplear el mínimo tiempo, pero intenso. Y animarles a hacerlo ellos solos: ¡ellos son los protagonistas! Y no crear un ambiente competitivo, sino de cooperación y ayuda: que compitan con ellos mismos, que den lo mejor de sí, sin comparaciones con otras personas. 




             Ayudarles a organizarse bien, a hacer un planning con el tiempo que van a dedicar a cada actividad: al estudio o a cada asignatura, usando una agenda, para que puedan dejar espacio para hacer sus encargos, adquirir habilidades, atender y ayudar a los demás, y ¡cómo no! divertirse y jugar… con los hermanos, con los amigos. 


             Dejo unas habilidades que se pueden trabajar, para que aprendan a conocerse, a ver en qué son buenos, y a desarrollarlas en conjunto.






             Y cuando lleguen las notas, levantar la mirada del papel, mirarles a los ojos, y ver primero a nuestro hijo o hija, lo que se ha esforzado, y no solo los números reflejados… Las notas son orientativas, pero nunca son un fracaso. Siempre se puede recomenzar, o poner los medios oportunos. Y cada uno es un mundo que no podemos encasillar en un papel...


           Y si son muy buenas, ¡no hace falta premiarlas a toda costa! La simple satisfacción de aprender, de configurar su aprendizaje, de disfrutar, de alegrar a la familia, debe ser el premio. El saber conlleva una motivación intrínseca, mayor que cualquier premio material. Así se acostumbran a luchar, a esforzarse, a tomarlo como retos, se entrenan, y adquieren confianza en sí mismos, les aplaudan o no.




           También se pueden hacer "planes de acción" para motivarles o ayudarles en algún punto concreto: hacer un planning…, aprender a organizarse, esquematizar, imaginar algo relacionado que les ayude, investigar algo, o conseguir cualquier objetivo como buenos hábitos que les ayuden a ser mejores y más eficaces, y para que ayuden a los demás. Siempre en positivo, con nuestro apoyo y todo nuestro cariño.




           Y, el fin de semana ¡hay que hacerlo atractivo! Poner alguna sorpresa, hacer planes distintos, excursiones, salidas al campo, a la montaña, senderismo, potenciar la creatividad, la iniciativa... Y que lo organicen ellos según sus cualidades o gustos… y los de toda la familia, para disfrutar juntos, para pensar en los demás, para cuidar las relaciones familiares. 









            Con sentido del humor, que nos da una mirada amable, y es el que nos da la proporción de las cosas. 


            Y siempre marcando el camino por donde nos seguirán: dejando una huella indeleble, intentando ser buenos modelos. ¡Que seamos líderes de nuestros hijos! Que nos admiren porque personificamos unos valores, basados en principios, y porque les queremos. No hace falta ser perfectos, pero sí, que nos vean luchar por mejorar con espíritu deportivo.





       Espero que les haya sido útil, y gracias por comentar y compartir.


Dejo enlaces relacionados: 

-educar la voluntad y la afectividad en estas edades. 

-ideas sobre libros y películas por edades

-educar-en-y-para-la-libertad

-4 claves-para-educar-en-el-mundo-digital 


-adolescentes-soltar-amarrras  

                                                                                   Mª José Calvo
                                                                       optimistas educando y amando
                                                                                  @Mariajoseopt


https://optimistaseducando.blogspot.com/2014/10/ensenar-manejar-el-timon-educar-la.html




domingo, 19 de octubre de 2014

EL APOLO 13 Y EL DOLOR

                              

                                EL APOLO 13 Y EL DOLOR


          Este post lo escribo pensando en una amiga, que en este momento tiene el sufrimiento como compañero de viaje. Aunque, en realidad, todos lo llevamos de una forma u otra, puesto que el dolor es parte de la vida. Tarde o temprano llega, y no se puede evadir... Pero ¿cómo afrontarlo para que no nos "rompa"...?



          También forma parte del amor, porque no se puede amar sin sufrir. Aunque, sí se puede sufrir sin amar... Forman ese binomio del amor y del dolor: las dos caras de la misma moneda.




          Pero, para que no nos quiebre, hay que saber afrontarlo, e intentar darle sentido. Aprender a descubrir lo que nos puede aportar esa nueva dimensión de la vida. 



        Para ir exponiendo un pensamiento, nos puede servir de guía una película: "El Apolo 13" de Ron Howard, con Ed Harris y Tom Hanks en el reparto.

          Jim Lovell, el comandante de la nave el “Apolo 13”, muy unido a su esposa Marylin, se entrena para una misión: ir a la Luna con otros dos astronautas. Llegado el día de la cuenta atrás, se dirigen a su objetivo: el espacio. En pleno vuelo falla uno de los cinco motores, y piensan que es la pega de la misión. Pero no: ¡tendrán muchos más problemas...!




          En el espacio, en un procedimiento rutinario, desde Houston les mandan remover los tanques de oxígeno. Al hacerlo se provoca una explosión, y acto seguido se encienden innumerables paneles de alarma. Falla la computadora, el guiado, la energía, la biónica...


          Les invade el desconcierto y el nerviosismo en la nave. También en el control de la misión. Todos se ponen a trabajar para ver cuál es la situación y delimitar el problema: si es un fallo de potencia, de instrumentación, de guiado… 


           Hasta que, el comandante Jim Lovel ve por la ventana que están expulsando algo al exterior: un gas. Acto seguido se percatan de que el nivel de oxígeno está descendiendo drásticamente.    




          A veces, a nosotros nos puede pasar algo parecido en la vida. Vamos a toda velocidad, perseguimos objetivos que nos deslumbran, y, de repente, "explotamos" en nuestro navegar... O, tenemos limitaciones y enfermamos, o surge una situación dolorosa, o simplemente no estamos de buen ánimo…, y no funcionamos en buenas condiciones.


      Es el momento de detenernos para ver la situación, el problema, entendiendo por problema cualquier situación a mejorar. 


        Pensar “que hacer con el tiempo que se nos ha dado…”, reflexionar sobre qué es importante, repensar las cosas, replantearnos qué objetivos y metas valen la pena, ver qué sentido damos a la vida, y qué rumbo debemos tomar... 





             Habiendo visto el problema, desde Houston les dan unas directrices para intentar afrontarlo. Pero, parece que se les escapa de las manos. ¡Todo falla!, hasta la computadora de guiado. En la base, todos hablan a la vez, cunde el pánico, les puede el pesimismo y el nerviosismo…  

           Entonces interviene el director de la misión, ejerciendo su buen liderazgo. 


-A ver, ¡de uno en uno…
Abordando los problemas de forma individual.

-“¡No me digáis lo que falla, sino con qué contamos en la nave!” 
“¿Qué hay que funcione?”  

Viendo el lado positivo de esa realidad tan dramática... Única forma de solucionarla.


Dejo un corte de la película de la productora Imagine Entertainment:





              Aquí, a nosotros nos puede pasar un poco lo mismo. Nos "aturrullamos", vemos los fallos, lo que no va, lo que no conseguimos, nuestras limitaciones y defectos, y de esa forma, vamos agrandando el problema. Es preciso no centrarse en lo negativo de las situaciones...


            Lo que da mejor resultado, y es mucho más eficaz, es centrarse en lo que tenemos, en las posibilidades, en lo positivo, y en lo que se puede hacer con lo que nos queda. No mirar hacia atrás y lamentarse, sino hacia delante. Descubrir las posibilidades que hay en cada situación.


             ¡Estamos vivos, y eso es lo que importa! ¡Tenemos una familia que nos quiere, y eso es lo que importa! El resto, ya se abordará cosa por cosa, priorizando.



             Más adelante, van surgiendo múltiples problemas, los cuales, el Director de la misión, va afrontando de uno en uno. Intentando resolverlos, apoyado en sus colaboradores, y sacando lo mejor y lo máximo de cada uno de ellos. Con optimismo, también de óptimos.



             Tiene muchas virtudes a imitar, especialmente cuando estamos en una situación dolorosa. Por ejemplo, la tenacidad para no desfallecer, la fortaleza, la resiliencia para no quebrarse, el optimismo a pesar de todo pronóstico... El intentar crear un clima positivo de superación, animante, dando por entendido que todo tiene solución: solo hay que buscarla y encontrarla. La perseverancia hasta el final...


               Vemos la fuerza que da tener una voluntad bien entrenada, guiada por una idea clara en la mente: ¡no los vamos a perder!



             Como se ve bien, el Director es un anclaje fuerte en el éxito de la nueva misión: traerlos a casa.




         Esto nos puede servir para pensar, para retomar un camino que nos lleve a una meta valiosa. Centrarnos en lo importante, en nuestra familia, y en el cariño que hace que sea una unidad viva, donde se nos quiere tal cual somos. Donde podemos compartir las penas, dolores y agobios, y de esa forma parece que disminuyen, y además nos sentimos comprendidos. En cambio, las alegrías se multiplican. Porque, la familia es el lugar al que siempre se quiere volver…




             ¡Vamos con los astronautas de la nave!

           De ellos depende en gran parte el éxito de su misión. Forman un equipo, y se han entrenado para estar bien compenetrados. Aunque hubo un cambio de ultima hora, y Jack sustituyó a Kent por razones médicas. 


        A raíz de la explosión, necesitan poner su ingenio, esfuerzo y trabajo, a prueba, y no desfallecer en el intento. También deben trabajar en equipo.

          Confiar unos en otros, para ir resolviendo una cadena de problemas que van surgiendo, y llevar a cabo su nueva y más importante misión: seguir con vida para poder volver a casa…



         Hay un momento que deben apagar la computadora para ahorrar energía, y poder llevar a cabo la reentrada. Llevan ya mucho tiempo esforzandose, nerviosos, sin dormir, con frío…, y parece que a Jack le sientan mal las palabras de otro astronauta: Fredo. Es como si le echara en cara haber causado la explosión, por remover los tanques de oxígeno. 

         Aquí interviene el comandante de la nave, Jim, para calmarlos, poniendo una nota de confianza en Jack: “Si a mí me dicen desde Houston que remueva los tanques, ¡yo los remuevo!” 
¡No nos vamos a estar enfadando unos con otros, porque así, no resolvemos los problemas! Y serena el ambiente. 

         Señores: ¿qué intenciones tienen? Les hace pensar y no dejarse llevar del estrés o del sufrimiento. ¡Yo quiero volver a casa!



             Otro detalle de Jim, y su buen liderazgo, tiene lugar cuando Fredo está ya muy cansado, con fiebre, congelado, y le da masajes para que entre en calor, le anima, le dice que falta poco para llegar al Pacifico Sur, abrir la escotilla, ver el cálido sol y llegar al portaaviones… Se preocupa de que no desfallezca, de que no se rinda. 


           Atento a lo importante, sin descuidar los detalles: el malestar de su compañero, incluso en esa situación tan precaria. No se puede pasar de largo ante el dolor ajeno: hay que tratar de confortar en lo posible a quien sufre.






             Hay una anécdota del comandante, Jim, tiempo atrás, cuando iba pilotando un avión de combate en mares del Japón. Tuvo un fallo del motor, y más tarde, se le apagaron las luces de la cabina. Él, luego, decía con optimismo, que las cosas a veces pasan dando vía a una solución. Y justo por eso, pudo ver la luminiscencia de las algas marinas que se remueven con el paso de un barco, señalándole el camino a casa. Decía: “Nunca se sabe lo que puede ocurrir para traerte a casa…” 


              Tener siempre en el punto de referencia la familia: nuestra misión más importante. Fomentar el cariño entre todos, para poder sobrellevar mejor el dolor. Cuando se comparte con nuestros seres queridos, sobre todo en pareja…, une a esas personas, y alimenta el amor, siempre que se lleve entre los dos. 





        La felicidad de unos momentos va unida al sufrimiento de otros, por el amor que unifica todo. Es lo que permite llenar de sentido todos los espacios de la vida: también las dificultades y dolores. Se puede ser feliz si van cargados de amor, aunque se sufra...



          Hay veces que Dios permite situaciones aparentemente negativas, que nos abren nuevas perspectivas. Si no hubieran pasado, no se nos hubieran presentado nunca. Hay que saber sacar siempre lo bueno de cualquier situación, por espantosa que nos pueda parecer… "Cuando se cierra un puerta, siempre se abre una ventana".


         Como señala Jesús Urteaga: “Aquí, todos los acontecimientos luminosos tienen sombras. Y no hay dolor que no encierre un contento en sus entrañas…” Van estrechamente unidos, y nos pueden dar fortaleza en las situaciones difíciles. 




        Por eso, debemos esforzarnos en ser lo más felices que podamos, mientras estemos en este planeta, sabiendo aprender lo que nos enseña la vida, y el sufrimiento, e intentando contagiar alegría y optimismo a nuestro alrededor, incluso en esa situación...





                                                                                    


Espero que te haya gustado, y puedes compartir con amigos. ¡Gracias!



Dejo algunos enlaces relacionados:


 "¿Cómo-enfocar-el-dolor?" , con ideas de C. S. Lewis 

 Lucha-personal-y-resiliencia 


  


 * 7-tips-para-cuidar-el-amor 

 * Los 4 pilares del amor 
                                               
                                           


                                                                        Mª José Calvo.
                                                              optimistas educando y amando
                                                                        @Mariajoseopt


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