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viernes, 4 de abril de 2014

LA VOLUNTAD, el mapa, la brújula, y una cuerda...

                                                 
                              
                                  EDUCAR LA VOLUNTAD I/II


           En la formación de una persona es preciso abordar todas sus facultades: la inteligencia, para que pueda pensar con claridad, la voluntad para acometer lo que se proponga, y la afectividad para disfrutar de la vida. Una buena educación conlleva iluminar la inteligencia con la verdad, fortalecer la voluntad con pequeños entrenamientos, y acrisolar los sentimientos estimulando los mejores, más nobles, más finos, y cortando con los menos saludables. 


             Así, al educar a nuestros hijos, se irá modelando su carácter, en base al temperamento heredado, y a sus características singulares y puntos fuertes.


            Ahora vamos a tratar la educación de la voluntad, que es lo que va a posibilitar que nuestros hijos “quieran” hacer lo que deben hacer, que sean capaces de grandes cosasy les resulte más fácil el esfuerzo, porque están habituados a ello, y les presentamos razones y motivos. 

              La voluntad hay que entrenarla en pequeñas cosas, pero nos permite perseverar en lo que nos proponemos, porque con comenzar no basta: hace falta llegar hasta el final. Y para esto también nos ayuda la ilusión y la motivación, que actúan en sinergia con ella. 





         Tener voluntad significa dos cosas: actuar con unos fines, ser proactivos, y superar dificultades. 

          1.- Para ello tenemos que tener claro qué objetivos queremos alcanzar, o qué metas personales o, con cada hijo. Hablarlo entre los dos, y si es con bolígrafo y papel mejor. Incluso haciendo un "plan de acción" para cada objetivo, sin agobios, priorizando lo importante... Todo ello irá formando un proyecto personal para cada uno, dirigido hacia una meta que hayamos fijado, según las cualidades, gustos, preferencias, fortalezas, periodos sensitivos o etapas del desarrollo... etc.








           2.- También aprender a superar las dificultades que nos encontremos en el camino, porque todo logro supone un esfuerzo. Tenemos que enseñarles que las cosas valiosas no salen solas, más bien hay que intentarlo con esfuerzo y, muchas veces, de forma insistente. La voluntad se entrena con el esfuerzo, con espíritu deportivo, con entusiasmo, ilusión, y optimismo. Es como fortalecer el "músculo" cerebral de la voluntad.




            Podemos fijarnos en la anécdota de Tomás Edison. Hizo muchos descubrimientos en su época; tenía una mente creativa y trabajaba duro, pero el descubrir la bombilla incandescente le supuso un esfuerzo prolongado: estuvo más de dos años investigando, con diferentes tipos de fibras... etc., y ninguna daba resultado. Pero él no se quejaba; solo dijo que "no había fracasado": "Solo he descubierto 999 formas de cómo no se debe hacer una bombilla."



             Y solo tenía que descubrir la que sí daría resultado. Es un ejemplo de esfuerzo tenaz y constante, sin desanimarse, a pesar de las dificultades. Supo estar motivado y perseveró con empeño y optimismo hasta lograrlo. 






           Educar la voluntad se traduce en conseguir hábitos desde pequeños. Desde el nacimiento ya podemos trabajar muchos hábitos, como el orden en su vida (y la nuestra). Sin olvidar los hábitos básicos: el sueño regular, las comidas y la higiene. En esto hay que ser muy constantes, pero el resultado es positivo... Es lo que aporta seguridad: el tener unos horarios establecidos, saber organizarse, y luego el niño lo irá incorporando a sus cosas, a su persona, a su pensamiento… Tiene muchas ventajas ser ordenado, y saber priorizar. 

                  


          También podemos incorporar otros hábitos como la sinceridad, la generosidad, la amistad, la obedienciael hacer sus tareas o, el hábito de estudio, el colaborar con los encargos de la casa… De esa forma van adquiriendo habilidades, autonomía, y pequeñas responsabilidades. (desarrollo de hábitos)


           Para ello se pueden hacer diversos planes de acción, y es necesario hacerlos atractivos, para que se ilusionen en lograr cada objetivo... 



            Cuando ya aprenden a razonar más, en torno a los 7-8 años, al hacerlo de forma libre, es decir, porque “quieren” hacerlo, esos hábitos se convierten en virtudes. Esto facilita mucho el actuar de cada persona, puesto que al tener el hábito, esa acción se hace prácticamente sin pensar, de forma automática, y con una perfección mayor. También con más agrado y disfrutando de ello: es como tener el “piloto automático”...






            Para desarrollar hábitos necesitamos la autoridad de los padres, que es un servicio en el crecimiento de los hijos para guiar su creciente autonomía. Aunque siempre explicando los motivos, según cada edad. Y se complementa con su obediencia: nosotros tenemos la responsabilidad de su educación, y ellos la obligación de obedecer… 






          1.- "El mapa del camino": mediante la autoridad debemos poner unas normas razonables y justas a nuestros hijos, para señalar el camino por donde pueden ir. No muchas, pero si importantes y claras. Es como un mapa que les ayudará a distinguir lo que está bien o mal, y a no dejarse llevar del capricho...


              De esta forma, no estarán acostumbrados a hacer lo que les “apetece”, sino lo que deben hacer en cada momento. Y aprenderán a acometer lo que se proponen, a afrontar las contrariedades, a asumir la derrota o, las frustraciones que les puedan surgir. 

                     Así, empiezan a tener autocontrol, cosa importante para la vida, y en especial para la etapa de la adolescencia: no ser niños-merengue, o niños-blandiblug, que se los lleva el viento a la primera dificultad...





                 2.- También necesitamos "una brújula" (enlace para ampliar) que nos oriente en el camino: ese "trinomio" Bien-Verdad-Belleza, que nos deslumbra por su esplendor, y hacia el que podemos orientar nuestra conducta. Es decir, intentar estar en la verdad de las cosas, en la realidad, hacer el bien, que es la mejor forma de esa realidad y, disfrutar de la belleza de ello... Especialmente, de la belleza de las relaciones familiares, de la belleza de un abrazo, de una sonrisa, de un detalle, de una delicadeza, de la generosidad de las personas…

                   Y no hace falta premiar todo tipo de cosas. Una frase que podemos repetir, o colocar en un lugar visible a modo de eslogan es: “el bien conlleva el premio”, es la alegría de hacer las cosas bien, de descubrir la belleza que encierran... Enseñarles a disfrutar de las cosas bien hechas, de los actos de bondad... etc.





               3.- Y también "una cuerda", porque muchas veces caemos, fallamos, nos equivocamos, o no damos la talla, y necesitamos ayuda para salir del "pozo"... Por eso es importante saber pedir perdón, especialmente a las personas que más queremos.







            Para lograr todo esto, es muy necesario nuestro ejemplo: el modelo de lo que somos, y nuestra forma de actuar; mucho más que lo que les podamos decir… Porque los niños lo copian todo: procuremos que nuestro ejemplo sea positivo. Pero si tenemos fallos, es bueno que pidamos perdón, y que sepan que luchamos por mejorar, aunque cueste...


            Y además de ser buen modelo, hay que saber motivar, con ilusión, con optimismo, para afrontar las metas como retos. Y motivo es el descubrimiento de un valor, porque nos deslumbra. También puede considerarse el conjunto de mis motivos, que me impelen a la acción. 

          Por eso, enseñarles a hacer las cosas, no siempre por una recompensa material, sino por el beneficio intrínseco que les puede aportar, o por ayudar a los demás, que también es fuente de satisfacción. De esta manera, podemos ayudarles a rectificar, y a elevar motivos. También con nuestro ejemplo, porque nos miran todo el día...


          Para educar la voluntad se precisa tiempo: hace falta estar con ellos, disfrutar de su compañía, prestarles atención, dedicarles nuestro maravilloso tiempo, nuestra intimidad personal. Dejarles claro que nos importan, porque:

                         Exigencia + cariño + tiempo = éxito seguro


          Eligiendo un colegio acorde a nuestro ideario, para que el trabajo que hacemos en casa para su formación, no se malogre por lo que ven en otro lugar… Los niños toleran muy mal las incoherencias.







           PARA EDUCAR LA VOLUNTAD, NOS PODEMOS APOYAR EN:

        Unos hábitos pensados entre los dos, según los periodos sensitivos y según las características, fortalezas, y cualidades de cada hijo.

       La "obra bien hecha": que se acostumbren a acabar bien lo que han empezado. 

          Educar el esfuerzo: las cosas importantes no salen solas.



         La satisfacción y la alegría del deber cumplido.

       Los detalles: poner cariño en ellos. Por ejemplo en los encargos, en las relaciones familiares, en cada conversación, en cada paseo, en cada encuentro...


        El placer de ayudar a los demás y la alegría que conlleva.

        Que sepan que: "El bien conlleva el premio". 





           ALGUNOS HÁBITOS importantes:


      Relacionados con el orden: en sus actividades, sus juguetes, su ropa… Para que sepan lo que tienen que hacer en cada momento y no estén al capricho suyo o de los adultos...

      Con la sinceridad: decir siempre la verdad, aunque cueste. Es el mejor ejemplo que podemos darles. Es la base de la confianza para establecer relaciones personales.


   Con la obediencia, explicándoles los motivos. Hacia los 5 años ya podemos apoyarnos en su inteligencia, para que la obediencia sea inteligente... Pero siempre necesitan que les guiemos por un camino seguro.





      Con la justicia: siendo equitativos con todos, pero según sus necesidades concretas. No tratar a todos igual: cada uno es diferente y necesita distintas atenciones.


      Enseñándoles la alegría de ser generosos: que asocien el dar algo, con la alegría del que lo recibe, y con la satisfacción de ayudar a los demás. También generosidad para aceptar a los demás, y para ver lo mejor de que son capaces...


      La responsabilidad de sacar adelante sus encargos, y para ayudar en familia según su edad..., y la fortaleza para llevar a cabo lo que tienen que hacer. También la resiliencia para acometer un objetivo y no quebrarse al primer contratiempo...

       

      La empatía, la amabilidad, y la alegría de vivir en familia, descubriendo la dicha de estar unidos: contagiar ilusión, optimismo, esperanza...




       Espero que les haya sido útil, y lo pueden compartir con amigos. Gracias.






                                                                            Mª José Calvo

                                                              optimistaseducando.blogspot.com
                                                                            @Mariajoseopt     






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