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martes, 29 de octubre de 2013

LAS RAÍCES, LAS SINAPSIS, Y LOS HÁBITOS... III


                                 

                 LA EDUCACIÓN Y LAS SINAPSIS NEURONALES.



          Los padres somos los principales educadores de nuestros hijos, porque en familia, se nos quiere de forma incondicional, y es ese amor el artífice de la maduración de cada hijo. En concreto el sentirse entrañablente queridos.



        Pero, ¿cómo se concreta o se hace real la educación de nuestros hijos? ¿Cómo vemos que los vamos educando...? 

         Para ello hace falta desarrollar hábitos desde bien pequeños: desde que están en la cuna, con los horarios de sueño, comidas, higiene, paseos… etc. Y cuando van creciendo, con rutinas diarias, la relación con los demás, algunos encargos, que les ayudan a adquirir habilidades y destrezas, y les fortalecen la voluntad, la empatía hacia los demás… etc., se van formando hábitos que facilitan la vida. También es muy necesario expliacarles lo que está bien o mal, para que lo interioricen. 

         

            Estos hábitos, a base de repetir las acciones, y con cierta libertad, según la edad, crean conexiones o sinapsis neuronales en el cerebro. Estas se ven reforzadas con los estímulos de la vida diaria, gracias a la plasticidad neuronal, porque, como señaló Santiago Ramón y Cajal, la persona puede "esculpir" su propio cerebro... 







             Pero es necesario apoyarnos en su curiosidad, en su capacidad de sorprenderse, porque es la forma en que mejor aprenden. Y hace falta presentar las cosas con ilusión, y jugando, que es como lo captan de la mejor forma, y todo inmerso en cariño. Saber entusiasmar, y hacer atractivo lo que presentamos, porque necesitan disfrutar para aprender: las emociones dirigen la atención e influyen mucho no solo en el aprendizaje, sino en toda la vida.



            El periodo en el que es más importante en relación con las sinapsis neuronales es hasta los 12 años. Es un periodo de “explosión” o de formación de innumerables conexiones. No es bueno que haya poca estimulación, pero tampoco que la haya en exceso, sino la adecuada en cada momento, respetando los ritmos de crecimiento de los niños, dejándoles que admiren el mundo, que se sorprendan de las cosas, sin cortar su imaginación y su creatividad por darles todo solucionado... Para que, de esta forma, surja el querer conocer la realidad de las cosas, y el gusto y la motivación por el conocimiento y el aprendizaje.

         



             Porque a veces, nuestros hijos están sobreestimulados sensorialmente con respecto a las nuevas tecnologías (NNTT), como pantallas, videojuegos…, incluso con excesivos cambios de imagen, y en muchas ocasiones, no son precisamente dibujos bonitos. Es aconsejable respetar sus ritmos de crecimiento, dejarles ver el mundo real con sus ojos, y no favorecer un déficit de atención, porque pasan mucho tiempo dispersos, enganchados a las pantallas..., sin concentrarse en una tarea concreta, y sin aprender a pensar por cuenta propia. Y la maduración y el aprendizaje se pueden ver disminuidos, y se vuelven más pasivos, y a la larga, con menos pensamiento crítico.




          En estas edades, mediante unos buenos hábitos, pueden aprender a vivir unos valores universales, basados en principios, porque los ven personificados en sus padres. Así podemos hacer atractiva la generosidad en la familia, el optimismo, la fortaleza, la confianza, el decir siempre la verdad, el confiar, el ayudar a los demás, la responsabilidad, el esfuerzo, la resiliencia, el agradecimiento, la empatía...













           Posteriormente, en la adolescencia, aparece una “poda selectiva” de sinapsis, quedando las que más se usan, según las cualidades específicas de cada uno, los gustos, lo que les emociona, los intereses, el aprendizaje…, en definitiva según la libertad de cada persona. Y aparece un reforzamiento de algunas, resultando mucho más rápidas y eficaces.

               


              La ventaja de estos hábitos es que cada vez que se realiza la acción, se ejecuta con más perfección, a la vez que con mayor rapidez, disfrutando en ello. Y se va haciendo de forma automática, menos consciente, de forma que la corteza cerebral se “desentiende” un poco, y puede ocuparse de otros asuntos, como el pensamiento, la capacidad de decidir... Dan una facilidad permanente: es como poner el "piloto automático".






             Y con el tiempo, los hábitos generan agrado al realizar esas acciones, porque nos van saliendo mejor, y disfrutamos de ello... Son todo ventajas.


         Además todos nuestros actos influyen y van conformando nuestra personalidad. Todo buen acto nos mejora como personas. También sucede lo mismo con los que no son correctos: nos hacen peores personas. Y es preciso cuidar los hábitos, porque generan conductas, y nos influyen de gran manera en nuestra vida.


         Nuestros hijos, al hacerse mayores, e ir comprendiendo estos hábitos, y al vivirlos con libertad, “porque les da la gana”, los transforman en virtudes. Una virtud es un valor personificado, hecho vida. 




            Y deben estar basados en principios universales, que no cambien con las modas, ni con los tiempos. Estos principios gobiernan nuestra conducta y sus consecuencias. Son los que nos indican un “norte” en nuestra actuación, y es lo que podemos llamar el sentido de la trascendencia. 

          Y están relacionados con el BIEN, la VERDAD, y la BELLEZA. Ya vimos que la belleza es el esplendor de la verdad y del bien. Es lo que capta nuestra inteligencia, nuestra sensibilidad, y nos hace ilusionarnos, disfrutar y sorprendernos de lo bello, de los misterios…, de las personas.






           Por eso es importante educar desde la belleza. Descubrir la belleza de las situaciones cotidianas que muchas veces nos pasa desapercibida. No solo lo relacionado con la naturaleza, o el arte..., sino también en las relaciones familiares, en el cariño que ponemos en hacer la vida agradable a los demás, en la sonrisa, en la empatía, en la generosidad... (link de relaciones familiares).



          Estos principios universales, que nos indican el norte, nos pueden servir de guía. Lo que pasa es que a veces consideramos importante algo que en realidad no lo es tanto, y nos desviamos un poco del camino. O nuestra conducta no está a la altura que deseamos, por falta de claridad, de voluntad o, por miles de motivos. 

        Entonces la dirección de nuestro viaje, a veces, no coincide con el “norte” verdadero..., sino por un "norte magnético"... Pero siempre podemos detenernos, reflexionar, y rectificar el rumbo o, realinear la trayectoria, y volver a empezar de nuevo.




       Estos principios se rigen por leyes naturales, que no nos cuesta mucho seguir, porque está inscritas en nuestra naturaleza. Pero el hombre, como es libre, puede actuar conforme a esos principios, a la ley natural, o puede guiarse por otros puntos luminosos que nos atrapan, pero que se desvanecen pronto, acabando desilusionados, tristes, vacíos, sin sentido... Porque todo acto sin sentido, en contra de la naturaleza, nos quita parte del sentido de la vida.





       Entonces, nos damos cuenta que cuando nuestros valores o nuestra conducta coinciden con este “norte”, somos más felices que cuando giramos en torno a otros puntos luminosos que nos pueden deslumbrar, pero que se desvanecen al momento; o en torno a nosotros y a nuestro “ego”.

         Que la felicidad es consecuencia de seguir unos  principios universales, y no de centrarnos en nosotros mismos. Por eso debemos ver qué dirección tenemos, para volver al camino cuando lo precisemos. Cuesta, pero compensa.



         Aquí nos es de ayuda inconmensurable la voz de nuestra conciencia, que tiene mucho que ver con usar la inteligencia, y es como una conexión con el “bien” que nos ha sido regalada. (link "pilotar" la propia nave)




          Pero debemos formarnos bien, para realimentar nuestro pensamiento con buenas lecturas, saturas de valores nobles, para que sean luz para el pensamiento y alimento para el corazón..., y no nos tergiversen lo que está bien o mal.


          Y contactando con las personas adecuadas que nos puedan aconsejar o guiar en las dificultades..., cuando vemos todo "oscuro".






           Para desarrollar estos hábitos, nos apoyamos en la autoridad que tenemos los padres. Ya vimos que es un servicio para orientar a los hijos, para ayudarles en su crecimiento y autonomía. Y siempre con cariño y confianza, pero sin dejar de exigir lo necesario: firmes en los objetivos y flexibles en las formas de conseguirlos.




         Para lograr la participación de nuestros hijos en la familia: todos tenemos que contribuir en sacarla adelante; ellos, como segundos responsables. De esta forma, es como se sentirán útiles y valorados.

            Por eso, es preciso poner unas normas claras desde pequeños, que les digan lo que está bien o mal, para ir encauzando su conducta, controlar los caprichos... etc. De esta forma, les marcamos un camino y les damos la seguridad que necesitan.




          Nosotros tenemos la responsabilidad de dirigir su crecimiento como personas, con la dignidad que conlleva, pero ellos tienen el deber de obedecer, para lograr su mejor personalidad. Aunque de forma inteligente, porque les explicamos los motivos, les razonamos las cosas, según cada edad... 

             También contamos con el prestigio que tenemos, o que adquirimos, con respecto a los hijos. Por eso es importante prestigiarnos el uno al otro, haciendo notar aquel buen detalle que hemos visto en el otro, en las conversaciones con los hijos...




         Una idea de William Bennett, que enlaza con el tema: "No hay nada que determine la conducta de un niño, como sus pautas interiores, sus creencias, su sentido de lo bueno y de lo malo."






         La adquisición de buenos hábitos fortalece la voluntad, para que se vayan entrenando en pequeñas cosas, y luego sean capaces de acometer grandes empresas...




           Y también favorece el autodominio, ayudado del ejemplo y coherencia de los padres. Para que sean menos impulsivos y más responsables. Que aprendan a pensar antes de actuar; y que sepan que “lo que hay que hacer, se hace” sin perezas, ni atrasos, ni contemplaciones… 


               


          

           Para todo ello, hace falta saber motivar. ¿Qué es un motivo? El descubrimiento de un valor, o algo que nos deslumbra. O aquello que nos llama la atención en una persona porque personifica algún valor. 

            Motiva también lo positivo, la ilusión, la sorpresa, la belleza, el no estar de “vuelta” de las cosas. El hacer atractiva cualquier meta que propongamos a nuestros hijos, por el ejemplo, o por la forma en que se la planteamos. El ver los objetivos como retos a conseguir. Y también el hacer atractivos los valores, seducir con su belleza.



            En definitiva, se trata de amar, primero al ser querido, y también a cada hijo, como si fuera el único y el mejor.

              Amarle de forma incondicional, por ser quien es, y no por cómo se porte, o por lo que haga... Razones poderosas y verdaderas le motivarán a cambiar cuando lo precise, de bien a mejor; o de mejor a excelente u óptimo... Nunca satisfechos del nivel alcanzado, puesto que si nos paramos o nos conformamos, nos estancamos, y no crecemos.


       Es preciso siempre luchar, siempre crecer juntos como familia, buscando la excelencia y el optimismo, de óptimos. Porque lo mejor es lo más propio de la persona. Y hace falta apuntar alto para movilizar energías.


           También sabiendo que la familia es, en frase del profesor Oliveros F. Otero, un "centro de intimidad, y un centro de apertura". Atendemos a cada persona, pero crecemos juntos, y podemos hacer partícipes a familias amigas de nuestro proyecto familiar, de nuestra visión de la familia, de nuestros objetivos, y de la alegría de “vivir juntos una aventura en las fuentes de la vida” como expresa G. K. Chesterton.






                                                                           Mª José Calvo
                                                                          @Mariajoseopt 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                      optimistaseducando.blogspot.com










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