Translate

Lograr armonía familiar

TEMAS... para el buscador.

  • OPTIMISMO
  • FAMILIA
  • VALORES
  • LIDERAZGO
  • EDUCACIÓN
  • PERSONA
  • NEURODESARROLLO
  • EDUCAR POR EDADES
  • MARCOS DEL DESARROLLO PEDIÁTRICO
  • PREADOLESCENTES
  • MUJER
  • AMOR EN PAREJA
  • ADOLESCENTES
  • EL PERDÓN
  • EL DOLOR
  • PELÍCULAS
  • TIC Y NNTT
  • NAVIDAD

viernes, 5 de abril de 2013

LOS PILARES...



LOS PILARES DE LA EDUCACIÓN





         Nos podemos preguntar: ¿por qué educar a nuestros hijos?, ¿con qué fin...?, y ¿de qué modo...?

       Todos queremos que nuestros hijos sean personas íntegras, que puedan ser algo grande en la vida, que puedan perseguir sueños, que se realicen según sus cualidades especiales, que se guíen por unos valores universales, y que mejoren el mundo...



       Los educamos para que crezcan como personas; para que desarrollen su potencialidad, para que puedan ser libres, dirigir su vida, y de esa forma aprendan a amar, a preocuparse de los demás, y como consecuencia ser felices. Pero, a veces, nos enfocamos en metas más cortas que éstas, como por ejemplo, intentar que cursen una carrera que esté de moda, o la que tenga más rentabilidad..., sin pensar tanto en que se desarrollen como personas.


      Entonces, ¿cómo podemos educar a nuestros hijos?, ¿qué objetivos tener?,¿cómo llevarlos a cabo?, ¿cómo aprovechar el tiempo del que disponemos?...


        La educación de la persona se realiza desde su nacimiento. El día del "sí quiero", nos comprometemos en la entrega mutua, y el primer hijo hace que los padres tengamos el derecho y el deber de hacerlo feliz, y nos confiere el título personal de educadores suyos. De nosotros dependerá su realización como persona. Y, para que sea feliz, lo que necesita especialmente es el cariño mutuo de los padres, fuente de seguridad, para ser partícipes de él, y también que se lo demostremos mil veces al día...

       Por tanto, educar a nuestros hijos, es la tarea más importante que tenemos los padres. Podemos recibir todas las ayudas externas que necesitemos, pero somos los primeros y principales encargados de dicha misión. 




       De cómo nos queramos, dependerá lo que aprendan nuestros hijos. Les transmitimos un modelo de amor, además de cariño. Y ese amor es lo que les da energía para crecer y madurar, al sentirse muy queridos... Y es lo que les aporta esa confianza y seguridad que necesitan; lo que hace que se potencie el vínculo de apego en casa, en familia, en las primeras etapas de la vida. Y, lo que les dará una sana autoestima.



         Cuando hablamos de “pilares de la educación”, primero  pensamos en los padres. La educación que recibe el niño depende de la calidad de la formación personal de los padres. Y ésta se refiere no solo a la preparación intelectual, sino, y sobre todo, a la adquisición de unas cualidades, hábitos, virtudes, y modo de comportarse, que el niño imitará. Porque somos sus modelos: están todo el día contemplándonos.



      Por eso, si intentamos vivir con coherencia unos valores, guiados por principios, que no pasen con las modas, ya estamos predispuestos a dar una buena educación a los hijos. Si algo falta se adquiere fácilmente. Se trata de formarnos y de mejorar para esta tarea tan esencial y que tan poco se valora a veces...


         Cada niño que viene al mundo está pidiendo: “sed como queréis que yo sea, para darme ejemplo”. Este es el regalo que debemos dejar a nuestros hijos. Y es importante percatarnos de que estamos educando siempre, nos demos cuenta, o no, estemos cansados, o no, tengamos prisa, o no... Es la labor más apasionante que tenemos, y la que nos aportará mayor felicidad.




Vamos por pasos:

         1.- Para construir este "edificio", lo primero vamos a poner unos cimientos.  Para que un niño sea feliz necesita una base sólida: amor y seguridad. Y la seguridad la nota por el cariño de sus padres. 


               El ámbito natural donde se dan es la familia. Y nacen de la aceptación y amor incondicional que hay en ella, hacia cada persona. La seguridad y la tranquilidad son de vital importancia, especialmente en las primeras etapas de la vida. 


              Y lo que da mucha serenidad es tener establecido un horario en la vida del niño, y en la nuestra, referente al sueño, comidas, paseos, baño, juego... etc., para tener todo "bajo control". Puede haber excepciones, pero es preciso intentar organizarse.

            En cuanto al amor, no cabe duda de que es el “motor” de la educación, y de la felicidad. Pero el niño debe sentirse querido, no sólo que lo queramos: hay que demostrárselo. Primero diciéndoselo, y también de forma afectiva: con besos, caricias, “apretujones,” y cuantas más veces mejor. ¡Nunca son demasiados...! Necesita sentirse muy, muy querido. Nunca le querremos en exceso...





             2.- Para esta labor nos apoyaremos también en dos pilares:


          a) La autoridad que tenemos los padres, que es un servicio de ayuda en su crecimiento. Es como una guía, para que puedan crecer y desarrollarse como personas. Es como una fuerza en el desarrollo de su autonomía, una ayuda para sacar a la luz lo mejor de ellos, todo lo bueno y bello que encierran en su interior.


         b) La libertad, para que haciendo buen uso de ella, sean responsables en sus actuaciones, dependiendo de su edad. Es bueno que aprendan a decidir, desde pequeños, en cosas sin mucha trascendencia, y que sepan que toda acción tiene sus consecuencias. Porque la persona se construye a "golpes de libertad". Y es necesario enseñarles que la libertad va "de la mano" de la responsabilidad: que sea una libertad responsable… Son como las dos caras de una moneda.





            3.- Construiremos el edificio con diversos ingredientes:


           Con confianza siempre. Confiar en las capacidades de nuestros hijos, en sus intenciones, en ellos. Confiar es pensar que serán capaces de cosas grandes; es creer en ellos aunque alguna vez nos puedan engañar. La confianza y el cariño son como "el horno" donde se cuece la mejor personalidad de cada uno...


          Motivándolos. Con optimismo, viendo lo positivo, con alegría, percatándonos de sus puntos fuertes…

        Transmitiéndoles unos valores, centrados en principios, que podremos “poner de moda” en casa según el momento en que se encuentren nuestros hijos. Por ejemplo: el orden, el amor, la verdad, la obediencia, el saber pedir perdón, el perdonar, la amistad, la lealtad, la simpatía, la empatía, la coherencia en nuestras actuaciones, la generosidad, la fortaleza, el autocontrol, la resiliencia… etc.




       Con sentido del humor: sabiendo desdramatizar. Con deportividad: levantándonos si hemos tropezado, porque las cosas no salen siempre a la primera...

Estos objetivos los podemos llevar a cabo mediante "planes de acción", que enlazados en el tiempo, formarán un proyecto vital para cada uno. De esta forma, enlazamos el día a día, con el proyecto personal que podemos tener para cada hijo.

            Así, con entusiasmo para emprender nuestra labor, con paciencia en ver los logros, y con perseverancia para llegar hasta el final y no desistir ante las dificultades, conseguiremos en ellos una buena personalidad, con belleza interior, capaces de amar y ser amados... Y, como consecuencia, podrán ser felices, puesto que la felicidad es proporcional a la capacidad de amar de cada uno...







          4.- Finalmente, para acabar bien nuestro trabajo, colocaremos las "últimas piedras", es decir, el tejado del "edificio".


          Con exigencia comprensiva o, comprensión exigente, como señala el profesor Oliveros F. Otero, según las circunstancias. Ellos saben que les comprendemos, pero no por eso les dejamos pasar sus malos comportamientos. 


        Exigir es la forma de sacar lo mejor de cada persona, lo óptimo, lo excelente, al animarles y estimularles en la lucha. Porque si no, la comodidad, la prisa, o las limitaciones… nos pueden. Por eso, exigir con cariño, pero con fortaleza, con paciencia y constancia. 





          Y exigir especialmente en lo importante, en las normas que deben guiar su comportamiento, para ir encauzando su creciente autonomía. En lo más accesorio y opinable, darles mucha libertad. Por eso es bueno tener unos objetivos claros y concretos, y ser firmes con ellos, pero flexibles en los modos de alcanzarlos. siempre con mucho cariño, y con una sonrisa, mayor cuanto más difícil sea lo que pedimos... 


               ¡¡Merece la pena el esfuerzo!!






Espero que les haya sido útil el post, y que lo compartan con amigos. Dejo enlaces sobre temas relacionados: "Cómo ejercer la autoridad", y otro sobre "El valor de los valores."                                                                                                        



                                                                  Mª José Calvo
                                                 optimistas educando y amando
                                                     @Mariajoseopt   



4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Querida María José, te has olvidado de las mamás de las mamás :) La educaión de un hijo empezó en la educación de su padres.

    El blog promete y te sigo.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. claro que sí!!!
      De nuestros valores, motivaciones, personalidad,... Todo influye!!
      Y nuestro cariño...

      Eliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar