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domingo, 28 de abril de 2013

PLANES DE ACCIÓN Y OBJETIVOS


                  
                CÓMO CONSEGUIR OBJETIVOS EN FAMILIA




            Para dirigir y liderar una familia debemos actuar de forma que nuestros hijos participen, que se involucren, que nos ayuden a construir la familia, a “tirar del carro”..., enseñándoles a hacer unos encargos, y con pequeñas responsabilidades.

          Cuando  los padres nos proponemos algún objetivo con ellos, lo podemos llevar a cabo mediante "planes de acción". Es una forma de concretar lo que esperamos de ellos. Así les ayudamos a adquirir hábitos, destrezas, diversos conocimientos, y les estimulamos en el proceso de su creciente autonomía y consiguiente responsabilización desde pequeños.


                  Para ello podemos pensar, entre los dos, un pequeño objetivo muy concreto, para avanzar poco a poco, pero con paso seguro. Y es bueno hacerlo bastantes días, para que se transforme en un hábito estable. 





                  El "plan de acción" se puede componer de varios elementos:


      1.  OBJETIVO. Puede ser la adquisición de un buen hábito, encargarse de algo, o de alguien, ducharse solo/a, hacer algunas tareas de la casa, estudiar un tiempo, pasar la aspiradora, poner el lavaplatos, atender el teléfono de casa, cuidar el jardín, lavar el coche, comprar en el super, llamar a los abuelos... etc. , dependiendo de cada edad. Ir dando pequeñas responsabilidades para que sean autónomos cuanto antes, y puedan crecer en libertad, adecuándolo a su edad.


       2.  MEDIOS. Son como las "ruedas" del plan para que avance. Cuanto más concretos, mejor. Por ejemplo, si se quiere actuar en un capricho de un niño, se puede hacer en varios campos: en las comidas, (que coma de todo), en las "chuches", (sólo los domingos), y en la ropa, (que no se queje con lo que tiene...), o que lo prepare él. Otro ejemplo: si se quiere que aprenda a estudiar, organizar un horario, animarle con alguna buena pregunta, estar cerca por si nos necesita, enseñarle a usar libros para consultar, o webs de confianza.



      3.  MOTIVACIÓN. Como es algo costoso, la motivación facilita la lucha y ayuda a cada hijo en el objetivo que se persigue. Lo mejor es hablar con ellos, transmitiéndoles lo que queremos para que lo entiendan bien, mirándoles a los ojos, a su altura, adaptándonos  a sus intereses, y, con una sonrisa, ¡mayor cuanto más costoso sea...!


       El tipo de motivación depende de la edad y los intereses del niño. Por ejemplo le podemos decir: “nos haría muy felices que recogieras los juguetes” o, “nos encantaría que pudieras estudiar un tema de la semana para que veas qué bonito es, y lo que aprendes” o, “cuando acabes de estudiar, podrías pasar la aspiradora para que yo pueda descansar, o hacer un postre, o invitar a tus amigos”… También, ¿podrías llamar a los abuelos y ver cómo se encuentran....?, para que se alegren con tus palabras... Descentrarlos de ellos mismos: que aprendan a pensar en los demás. Eso los hará más felices.


        4.  DESARROLLO. Lo importante es que los padres hablemos de nuestros hijos, sobre cómo queremos que sean, con qué cualidades, y de cómo ayudarles a cada uno..., y qué exigirles, según su carácter, intereses, fortalezas, cualidades singulares...          
          También para hacer un poco de autoexamen, ver si cumplimos nuestra parte, porque somos su modelo: debemos presentarles unos valores hechos vida..., seducirles con su belleza. Y animarles para que hagan lo que les corresponde.

          A veces, estos planes pueden durar semanas, o un mes como mucho. Es bueno ir anotando si sale bien, o regular, haciendo énfasis en lo positivo, creando un ambiente optimista y alegre en la lucha por dar lo mejor de cada uno. 

     Cuando se tienen “X” positivos, se hace un plan familiar estupendo que les ilusione, en el que lo pasemos bien juntos. Puede ser una excursión, una salida al campo, al monte, una tertulia animada, una película comentada, una merienda con amigos… etc.




        5.  RESULTADOS. A veces no se ve una mejora muy notable, pero poco a poco van adquiriendo hábitos, habilidades, aprenden a pensar en los demás, a ser más agradecidos, generosos, amables, resilientes..., menos quejicas, o lo que nos hayamos propuesto en concreto.



         Los buenos hábitos van marcando el camino de su autonomía, forjando su carácter y personalidad, y les ayudan a ser más responsables... Dejan una huella en su cerebro, y se reafirman esas sinapsis o conexiones que facilitan esas acciones. Y, sobre todo, aumenta el cariño en la familia, porque pensamos y nos preocupamos de los que más queremos. 


         Es importante alegrarnos con cada intento, más si es positivo, valorando el esfuerzo, y no solo los resultados. Tratándoles un poquito mejor de lo que son en ese momento, para animarles en la lucha por conseguirlo.






         Incluso se puede marcar en un mural o cartulina, en un tablón en la cocina... atractivo, hecho con un tema que le guste, desplegando creatividad, con colores animados… según las edades de los hijos, también participando ellos en su elaboración.




           El conjunto de planes que vamos haciendo, van marcando un proyecto personal para cada hijo. O familiar, de pareja... etc., según los objetivos que queramos, y a quiénes los dirijamos.






         Por ejemplo, dejo un plan concreto para ser más ordenados. También se puede hacer para ayudarles a pensar en los demás, y desarrollar empatía y comprensión, para ser más responsables..., para adquirir un hábito de estudio, etc.




                    PLAN DE ACCIÓN PARA SER MÁS ORDENADOS


       OBJETIVO:  Ser más ordenados, para tener todo organizado, cada cosa en su sitio, y que la casa resulte acogedora. Pero, especialmente, para hacer la vida agradable a los que más queremos. No tanto por ser muy "cuadriculados"... También se puede hacer en clase, en un club juvenil... etc.


          MEDIOS:

        * Cuando se acaba de jugar, se recogen los juegos en su sitio, y antes de sacar otro se recoge el anterior.



        *  Recogemos la ropa cada vez que nos cambiamos, o nos duchamos. Por la noche se prepara lo que se va a poner al día siguiente, y se deja bien la habitación.


       *  Empezaremos a estudiar a la hora prevista, antes de ver "pantallas". Aprovechamos el tiempo hasta el final, sin levantarse antes de tiempo...






       MOTIVACÓN: 

      Es lo más importante del plan. Para eso hay que transmitirles las ventajas de ser ordenado y organizado. También por que nos vean ser de ese modo...


     Por ejemplo, al estar todo en su sitio, resulta más acogedor y estaremos más contentos. Además no se pierde tiempo en buscar las cosas y se puede invitar a los amigos para pasar un rato con ellos... Además mamá estará feliz, y disfrutaremos más.

    También se aprende a ser ordenados, primero en las cosas materiales, luego en las tareas, y después en la vida personal, en nuestros pensamientos, etc. 



    El orden va configurando el carácter y la personalidad de cada uno para aprender a dar importancia a lo realmente importante. También es la forma de aprender a priorizar.



      DESARROLLO: 
     Cada vez que se hace algo bien, se pinta una estrella en uno de los dibujos del plan, de la cartulina..., o se colorea un dibujo.

       Y, cuando se tienen 10 estrellas, o soles, o flores... se hace un plan divertido en casa, como una sesión de cine con palomitas, una tertulia familiar, leer un capítulo de un cuento, algún chiste que alegre a papá, o, una novela en voz alta... U otro plan que nos interese o que nos ayude a disfrutar juntos…







       Espero que te haya gustado este post tan práctico, y lo lleves a la acción, según las edades de los hijos, o en pareja, con otros objetivos, como detalles  a tener con la persona querida... etc. 

        Lo pueden compartir con amigos... ¡Muchas gracias!


        Dejo algún enlace relacionado:


- "Los pilares de la educación..."

-"Educar en valores"






                                                                          Mª José Calvo

                                                                optimistas educando y amando




URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/04/consiguiendo-objetivos.html


domingo, 21 de abril de 2013

LIDERAR LA FAMILIA CON UNA META CLARA... I



"UNA FAMILIA EXCELENTE"


DIRIGIR UNA FAMILIA (I/III)




           ¿Qué podemos pensar y hacer los padres, para dirigir este proyecto maravilloso de nuestra propia familia...?

         Podemos comenzar profundizando un poco en lo que es una familia. Una buena definición del profesor P. J.  Viladrich: "El lugar natural privilegiado en el que es posible nacer, vivir, y morir como persona", con la inefable dignidad que supone. En ella se nos quiere tal cual, como somos y por lo que somos. No por lo que tenemos o "valemos" en esta sociedad tan materialista a veces..., sino por ser personas. Seres relacionales y creativos, de aportaciones, capaces de amar a los demás.





         La familia no es un agrupación sin más de personas de diferentes edades, emparentadas entre sí, sino "una estructura social muy peculiar y específicamente humana", como señala Elisabet Lukas, continuadora de Viktor Frankl, que resulta insustituible. 


            Como decía, los padres nos preocupamos de querer, y dar formación personal a cada uno. Y, como directores, fomentamos la mejora personal y familiar. También la armonía entre todos los miembros, para que la familia esté unida, forme "una piña", y pueda ser optimista y alegre. Y en ese ambiente de alegría y libertad, dar lo mejor de cada uno.

          Optimista, también, en el sentido de óptimos, de excelencia, porque solo lo mejor es lo más propio de la persona... De este modo, buscaremos ser "optimistas" en las relaciones familiares, y, especialmente, en el cariño en pareja…, origen y fuente de los demás amores familiares.







            Dirigir la familia es atender a lo importante: a cada persona, y a sus relaciones verdaderamente humanas, que se fraguan en ella. También cuidar los detalles que entretejen la convivencia diaria.

            En cada hogar hay gran diversidad, pero también debe haber unidad. Diversidad, por los caracteres de cada persona, edades de los hijos, intereses, gustos..., etc. Y la unidad se ve en la convivencia, gracias al cariño que hay entre todos, que unifica todo. Y, gracias a una manifestación de ese cariño, que es la autoridad de los padres. Que sirve para guiar el crecimiento y maduración de cada hijo, para orientar su creciente autonomía, y luego darles "alas" para que puedan volar alto... Confiando en ellos. Así, con esa libertad tan propia de la persona, aprendan a amar a los demás. 

             Al conjugar la unidad y la diversidad en cada familia, se logra y se muestra la armonía familiar. También armonía de amores familiares, que surgen del amor principal: el de la propia pareja.



         La familia es creativa y original en todo. Su primera originalidad es que tiene dos "jefes" o "líderes" al mismo nivel.

        Dos personas, él y ella, unidos el día de la Boda, para quererse y realizar el proyecto vital conjunto. Para ayudarse a lograr lo mejor de cada una a la luz del cariño. De esa manera se forma una "nueva unidad" de dos: un equipo de dos. Aunque a veces no se esté de acuerdo, se puede hablar y hacer un frente único, sobre todo ante los hijos. Que tengan un referente claro. Es decir, hay que "hacer equipo". La gran ventaja de ello es que se logra una sinergia creciente. Esas cualidades y puntos fuertes, esas ideas y modos de hacer, al ponerlas al servicio del amor, no solo se suman, sino que se multiplican...




            La madre, que puede ser la "directora del hogar" y, el padre, que podríamos llamarle "el líder" de la familia, forman un solo equipo y cada uno aporta su forma de dirigir, de relacionarse, de querer, de ser... Y entre ambos se logra algo mucho mejor, sabiendo unificar criterios. 

        El hombre está diseñado para la mujer, y la mujer para el hombre. En esto consiste la reciprocidad. Los dos se complementan, por las diferencias intrínsecas entre sí, por esa reciprocidad constitutiva, y porque cada uno tiene unas capacidades y cualidades distintas, que las pone al servicio del otro. Así se obtiene una sinergia, cada vez de mayor alcance. 

       Y esto en todas las facetas: pensamientos e ilusiones, planes y proyectos, acciones... Cada uno valora al otro, apoya la iniciativa del otro, o su modo de hacer, para fomentar las diferencias y transformarlas en fortalezas.



          Por eso, uno se puede encargar más de poner de moda unos valorescentrados en principios, importantes, que no pasan de moda... Y el otro, o la otra, generalmente, se puede encargar más de crear ambiente de hogar, de estar en los detalles, de manejar sentimientos y emociones, de reducir tensiones. Aunque ambos unifican y complementan.



           Para hacerlo más gráfico, podemos usar una metáfora: la familia la podemos comparar a una "nave espacial", con rumbo a una meta valiosa concreta. Todos a bordo, con un plan de vuelo específico, una misión conjunta, y unos objetivos a corto-medio plazo que vamos poniendo, según las edades de los hijos y las etapas de la vida...


          






            Y, con una retroalimentación para no desviarnos mucho del rumbo..., porque las tormentas y turbulencias nos sacarán del camino muchas veces. Pero, si mantenemos el norte claro, podemos "realinear" la trayectoria cuando sea preciso. Lo importante es tener un punto fijo en el espacio, para volver a la ruta. Por ejemplo, un "enunciado de misión familiar"... 






         La dirección familiar, como señala el profesor Oliveros F. Otero, es bueno que sea participativa, y con objetivos claros, para que todos contribuyan y la hagan "suya". Vamos por partes: 



          1º) La dirección de la familia debe ser participativa. Por dos motivos: uno, por tener dos directores, o mejor, dos líderes, que han de trabajar en equipo sinérgico. De esta forma, las capacidades y cualidades específicas de cada uno, se ponen al servicio del otro, y entre los dos se logra esa sinergia positiva creciente.





          Para ello podemos: 

 *Valorar las diferencias, para tener más posibilidades a la hora de actuar.

 *Construir sobre los puntos fuertes de cada persona de la familia: de nuestro esposo/esposa, y de los hijos...

 *Trabajar en los momentos mejores de cada uno.

                 
         También es participativa por otro motivo: en cuanto que no se trata tanto de hacer, sino de enseñar a hacer. Nuestros hijos aprenden todo, porque nos están mirando todo el día: somos sus modelos porque se sienten queridos. Y tenemos que enseñarles con el ejemplo, y explicándoles las cosas según su edad. Que sepan cómo comportarse y tratar a las personas, y, lo que esperamos de ellos. Enseñarles cómo hacer las cosas, y luego animarles a hacerlo por ellos mismos.


         Porque, los hijos tienen el derecho y el deber de participar en el desarrolllo y progreso familiar. Y así van adquiriendo capacidades, habilidades, aptitudes y responsabilidad. La familia la sacamos adelante entre todos, no solo entre los padres, que muchas veces lo haríamos más rápido y mejor. Pero, es preciso que aprendan, que se integren y puedan volar alto... Sabiendo que, "toda ayuda innecesaria es una limitación para quien la recibe".









       2º) La dirección de una familia también debe tener unos objetivos, ya que los padres necesitamos tener clara la meta de la familia, esa misión insustituible, para saber hacia dónde encaminarnos. Y luego planear objetivos y hacer partícipes a los hijos en el logro de todo ello. Esto no es algo que salga solo, sino que hay que poner nuestras mejores ideas y recursos en ello, hablarlo, usar la imaginación y la creatividad, y luego intentar llevarlo a la acción entre los dos. 





          Para ello hay que dedicar tiempo a pensar qué tipo de familia queremos ser, hacia dónde la queremos orientar, cómo nos queremos tratar, cómo queremos que sean nuestros hijos, qué valores podemos transmitir… Es decir, cuál va a ser nuestro "norte", nuestra misión, para orientarnos. Y pensar, no solo en lo inmediato, sino también a medio o largo plazo. Esto se puede concretar en un lema familiar, en el que cada uno contribuye con sus ideas o preferencias..., incluso cuando los hijos son pequeños.


      Estas ideas y objetivos se pueden concretar en "planes de acción", para tratar de llevarlos a la práctica y hacerlos realidad. Que no queden en sueños irrealizados. Así, el conjunto de planes va perfilando un proyecto personal, o familiar, y va marcando el camino: la ruta a seguir.




       Por tanto, dirigir una familia quiere decir que cada hijo se siente querido, sabe lo que se espera de él, está motivado para lograrlo, y en cada momento sabe qué está haciendo bien, o no, con todo nuestro cariño.


       Para ello nos podemos apoyar en las situaciones de cada día, y, en los encargos que les ponemos, incluso desde bien pequeños. Desde traer los pañales para el hermanito, hasta cuidarle o leerle cuentos, poner la mesa, regar las plantas, cuidar el coche, atender a los abuelos, arreglos de la casa, o, planear las vacaciones... Según la edad que tengan. Y, con adolescentes, apoyarnos más en ellos: darles más responsabilidades y no tratarlos como niños, como si no fueran capaces de grandes ideales por los demás... Son los segundos responsables de la familia.


       Cuando son pequeños, primero habrá que hacer las cosas con ellos para enseñarles. Luego lo van haciendo solos hasta adquirir un hábito, y así van aprendiendo diversas habilidades, y se van haciendo responsables de sus pequeños encargos, y de pensar en los demás. Además aprenden a poner cariño en cada tarea, a cuidar los detalles, y a preocuparse de los que tienen cerca, para hacerles la vida más agradable. 




         Por eso, 

¡¡siempre alegres para alegrar a los que más queremos...!!

  
                         




                                                                          Mª José Calvo
                                                                optimistas educando y amando
                                                                          @Mariajoseopt


       Espero que te haya sido útil el post y que lo compartas con amigos. ¡Gracias!




Dejo algunos enlaces relacionados con el tema, por si quieres ampliar: 

¿Sabemos ejercer bien la autoridad...?

* "Los encargos" 




* ¿Conciliar...?: "si-quieres-¡puedes!", y además logras sinergia



  *"crear ambiente de hogar"

  *"días de familia"
                                 

URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/04/direccion-de-la-familia-los-padres.html 




domingo, 14 de abril de 2013

LOS PADRES Y EL COLEGIO




                ¿QUIÉN EDUCA A NUESTROS HIJOS?  



           ¿Somos los padres de veras los primeros y principales educadores de nuestros hijos?, ¿seleccionamos y colaboramos con el colegio?
        
        Podemos repensar muchas preguntas y profundizar un poco en el sentido de la educación de los hijos...

       ¿Por qué y para qué educarlos...? ¿Cómo llevarlo a cabo? ¿Qué ayudas podemos tener? 


       Queremos que crezcan como personas, que tengan una buena personalidad, que sean capaces de relacionarse con los demás, que desarrollen sus cualidades y talentos, que tengan amigos, que sepan querer... etc.

            Educar es formar a una persona para que se construya a sí misma, y alcance su plenitud. Es hacerla libre y responsable para que sea capaz de pilotar su vida, de "abrir caminos y de transitarlos"... Hace falta que tengan autodominio y control sobre ellos mismos para que se enfoquen hacia una meta valiosa... Es necesario que sean autónomos cuanto antes, y libres, para que puedan amar y ser amados. Y, como consecuencia de esa plenitud personal, de ser mejores personas, ¡serán felices...! Porque, la felicidad depende en gran medida de la capacidad de amar, de pensar en los demás. Y de concretarlo en hechos.



        Educar es una ciencia y un arte. Un trabajo de artesanía... Es arte, porque no hay reglas fijas y cada caso es único e irrepetible. Cada persona es como un universo, y un misterioso arcano. Siempre nos podrá sorprender. Podemos poner en marcha toda nuestra creatividad e ingenio. Pero, a su vez, es una ciencia, y como tal es necesario conocerla, estudiar, formarse, y dedicarle un tiempo. Recabar la mejor información, hablarlo entre los dos, pensando qué objetivos queremos marcar, viendo qué es importante. Sin quedar atrapados en lo urgente, que nos reclama la atención. Así, encontrar tiempo, y el modo de concretarlo. Y muchas otras cosas más... 

          También es preciso conocer a cada hijo, descubrir sus cualidades singulares, sus gustos y fortalezas, ver qué necesita, en qué destaca, cómo motivarle, cómo hacerle atractiva la exigencia en algún punto que le cuesta... E ir por delante nosotros, porque nos están mirando todo el día.



         Antes se educaba por intuición, corrigiendo cuando aparecían los problemas. Ahora los tiempos han cambiado enormemente, se está fuera de casa mucho tiempo, y los niños están influenciados por un ambiente en el que hay crisis de valores y de coherencia personal muchas veces. Debemos adelantarnos a los acontecimientos, en positivo, sabiendo los avances de la neurobiolología y la pediatría. Y hay que cambiar el "chip": hace falta ser "buscadores de talentos" escondidos, para desarrollarlos y potenciarlos, y no tanto cazadores de defectos... Además es mucho más eficaz y gratificante, y es lo más específico de esa persona.





          Es preciso hacer “educación preventiva” mucho antes de que aparezcan los problemas. Pero, debemos ser optimistas: tenemos a nuestro favor nuevos conocimientos en pedagogía, neurociencias, y también en relación con el desarrollo del niño.




 Asimismo, tener en cuenta y respetar los periodos más sensibles o críticos de las distintas edades, esos ritmos naturales en los que es más fácil adquirir unas funciones innatas, o vivir unos valores humanos concretos, como el orden, la generosidad, la empatía, la amistad, la gratitud, la responsabilidad... etc.



        Además, la educación la llevamos a cabo en la familia, ámbito natural donde se forma cada persona, y cada hijo, gracias al amor incondicional de los padres. Y surge de ese "generador" del amor de los esposos, que da su luz y su calor en todas las circunstancias de la vida. La persona aprende a querer por inmersión, cuando se siente de veras querida. Así se construye a sí misma, y aprende a querer a su vez.


       La familia es la escuela del más rico humanismo, donde se acepta a cada persona por lo que es, sin tener que demostrar nada. Donde se aprende lo importante de la vida con el enfoque adecuado, de las personas que nos quieren. Y donde se aprende a amar.




         El amor y la confianza, que nacen de la aceptación incondicional, hacen que cada hijo se sienta muy querido, y permiten que salga a la luz su mejor personalidad, con sus talentos específicos. Por eso, el cariño y la confianza son como el "horno" donde se cuece la mejor personalidad de cada uno. Y es en la familia donde se forjan personas capaces de desarrollarse bien, y poder querer a los demás...






Los padres tenemos la misión de educar a nuestros hijos, que se traduce en enseñarles a pensar por cuenta propia, en hacerlos responsables, y enseñarles a querer a los demás. Es el mayor objetivo que nos podemos plantear, y una misión, además de reconfortante, ineludible. La conciencia de esta misión tan sagrada hace del padre y de la madre auténticos líderes, estimulando lo mejor de ellos, y además los engrandece.




        Para ello, nos podemos apoyar en la autoridad, que es un servicio de guía que prestamos los padres a la hora de ayudar a nuestros hijos, para que crezcan fuertes, con autonomía, y con su naciente libertad. Necesitan que les guiemos en su formación, que les enseñemos lo que está bien o mal, y precisan unas pocas normas que vayan orientando y guiando su conducta... etc.





       También tenemos la libertad de pensar y decidir, entre los dos, qué valores humanos son importantes, según la edad de los hijos..., o sus cualidades, para poner "de moda". Esos valores estarán centrados en principios, y los intentamos vivir en familia, porque, solo se aprende lo que se ve hecho vida en los padres.


         De esa forma, cuando los niños crecen y lo van razonando mejor, entorno a los 7 años, lo harán porque ellos quieren: con libertad interior. Así, los hábitos se transforman en virtudes personales, y conforman la propia personalidad, y la cultura familiar. 

      Las virtudes, término griego que significa fuerza, son refuerzos de nuestras capacidades. Por eso, es necesario educar en libertad, para la libertad de los hijos, que, por otra parte, se concreta y madura en responsabilidad. La otra cara de la libertad... Y, a más libertad, mayor responsabilidad. Lo vemos en otro post.







           La formación de cada persona incluye la educación de varias facultades o aspectos centrales, como pueden ser la inteligencia, la voluntad, y la afectividad. También de la armonía entre ellas.

        En el desarrollo personal interviene la transmisión genética, pero, también es muy importante el entorno y el ambiente de cariño, la educación de cada familia. A través de los procesos de desarrollo, de la inteligencia, la formación de la voluntad, y la afectividad se va cultivando cada aspecto personal. 


      La influencia genética es mucho mayor en lo referente al cuerpo, a la herencia somática, mientras que, el aprendizaje, es mayor en la educación de la persona con sus facultades superiores, como son la inteligencia y la voluntad libre. Así poder acometer metas altas y retos, poniendo el corazón.





        El gran papel de los padres en la formación de los hijos corresponde sobre todo, al nivel superior: su voluntad y su afectividad, en armonía. Cabeza y corazón, como ya señalaran los clásicos. Para que, conociendo lo que está bien, deseen llevarlo a la acción, y además disfruten por ello. Que sean felices haciendo lo correcto, ¡pensando en los demás! Se trata de seducir con los valores auténticos, hechos vida. Y, de esa forma, aprenderán a luchar por dar lo mejor de sí, y a relacionarse con los demás..., a tener amigos.





  Por eso es vital tener en cuenta su afectividad y su corazón. Es necesario educar los sentimientos, cultivar la imaginación. Explicarles que nuestras acciones repercuten en los demás, y hay que pensar antes de hacer algo, si conviene o no, si ayudamos o no..., o cómo haremos sentirse a esas personas. No podemos despreciarlos o no tomarlos en cuenta. 

Así serán capaces de pensar en los demás, de comprender, de mostrar empatía y ser amables, y de querer a las personas más cercanas. Además siempre nos observan con atención, y copiarán nuestra conducta.









       Con estos factores se realiza todo aprendizaje, gracias a la plasticidad neuronal, que permite establecer nuevas conexiones o sinapsis neuronales, y reforzar las ya existentes, según el propio conocimiento y aprendizaje, las emociones que lo guían, el entusiasmo por lo que le llama la atención, los juegos, la educación desde pequeños, y los hábitos conseguidos... También por el modelo que les presentamos, la información que les proporcionemos, la curiosidad y motivación, o la capacidad de imaginar alternativas, de reaccionar ante las situaciones... etc.



       Y todo a la luz del cariño que les brindamos, con coherencia personal, que es lo que les atrae, y transmite esa forma de ser y ese comportamiento.





           Como resultado, obtenemos un aprendizaje, no medible, porque tiene muchos aspectos, que se traduce en aptitudes, capacidades y actitudes que podemos alentar o motivar. Entre ellas la creatividad, tan propia y específica de la persona humana; o la empatía, para comprender y conectar con los demás y establecer lazos afectivos. Que nos "importen" de veras sus estados, y actuemos en consecuencia.


      Además hay muchos tipos de talentos, y lo importante es descubrir en qué es bueno cada hijo, sus fortalezas y sus anhelos más profundos, para fomentarlos, y que los desarrolle. Así, disfrutar siendo esa persona singularísima que es. 


     Porque, al fin y al cabo, educar es seducir con la belleza de los valores auténticos. Pero, todos necesitamos pensar con claridad, desarrollar hábitos y virtudes que nos faciliten la vida, y nos orienten en buena dirección. Es decir, que nos mejoren. También fomentar sentimientos cada vez más finos y nobles, para cultivar lo mejor de cada uno, y relacionarnos con los demás de forma más humana.




       A la hora de hacer real todo esto, tan importante es el ambiente de familia (enlace), como el poder elegir un colegio adecuado a nuestros ideales. Porque, si no, el trabajo que se realiza en casa se vería destruido por un colegio que no coincidiera en lo importante con nuestro ideario. Y los niños soportan muy mal las incoherencias: es preciso trabajar en equipo en la misma dirección... Está en juego su formación y plenitud personal, y sobre todo su felicidad.




        Dejo este vídeo de agradecimiento a los profesores, sobre la necesidad de trabajar juntos, en equipo, por el bien de nuestros hijos. Porque los protagonistas son ellos.

       









    
        Y un poema de la Madre Teresa de Calcuta, muy significativo: 





            Espero que te haya gustado el post, y que lo compartas con amigos. ¡Gracias!


Dejo enlaces relacionados con el tema: 

Las raíces de la educación y los hábitos: plasticidad neuronal 






                                                                  Mª José Calvo
                                                                     optimistas educando y amando




URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/04/los-padres-primeros-y-principales.html