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domingo, 6 de julio de 2025

EL CORAZÓN HABLA AL CORAZÓN I

 

                              "EL CORAZÓN HABLA AL CORAZÓN" I



El ser humano está diseñado con un corazón para amar, con afecto puro y limpio, ¡noble! Tiene anhelos de infinito... con unas directrices inscritas en su corazón. 

"El hombre es una criatura con un misterio en su corazón que es más grande que él mismo", apunta Hans Urs Von Balthasar.


Lo que más nos llena son las buenas relaciones personales: que nos comprendan y escuchen, que nos tengan en cuenta, el trato amable con otras personas, los detalles de cariño y afecto... etc. Cada persona necesita sentirse querida: es su necesidad básica.

Es necesario poner el corazón, además de la cabeza, en el encuentro con los demás. Que todos notemos y sintamos ese cariño, artífice del buen desarrollo personal. 





Una persona posee una capacidad de amar y de alegrar enorme, que debemos poner "en marcha" a nuestro alrededor. Aprendemos a amar en el seno de la propia familia, desde bien pequeños, gracias al amor recíproco de nuestros padres: origen de la vida de cada uno y fuente de desarrollo y crecimiento personal a lo largo del tiempo. 

En el hogar, mediante las conversaciones familiares, se aprende a escuchar, a comprender, a sentir empatía, construyendo relaciones verdaderamente humanas. Teniendo en cuenta sentimientos y afectos, para ayudarse mejor entre todos.


Se trata de hacer acopio de cariño y momentos compartidos para poder concretar y regalar ese amor, y darlo a manos llenas a quienes elegimos querer, en las distintas circunstancias de la vida. 

Para ello es imprescindible la confianza y escucha atenta con quienes conversamos en cualquier ámbito, espacios de silencio, centrar la atención en los otros, percibir sus estados afectivos y emocionales... Colocarse en su lugar, ver con los ojos del alma.

Y ser delicados, atender sus necesidades, incluso antes de que lo expresen... De ese modo se desarrolla más plenamente esa sensibilidad y comprensión, a la par que la personalidad, y se aprende a querer mejor, con un corazón grande donde caben todos.


Cuando uno se siente de veras querido, se fortalece y se "ilumina" por dentro, y es capaz de actuar de forma excelente, darlo todo y rubricar su mejor versión.


El corazón es importante: es el centro y raíz de la persona. Su núcleo más íntimo. El soporte de la personalidad, expresa Ortega. Venimos con unas preferencias y anhelos del corazón de bondad y bellezaY cada uno "vale" lo que vale su corazón, pues en él se ponderan las cosas, da armonía a las diversas facetas de la personalidad, y uno "pesa" lo que ama.






Un gran pensador, que ha dejado un inmenso legado, J.H. Newman, daba mucha relevancia a la imaginación y al corazón, y acuñó: "el corazón habla al corazón”. Hay que saber escuchar, comprender, empatizar y conectar con las personas. Mucho más en familia, primera y principal “escuela” emocional. 


Y la importancia de la imaginación: un medio para el conocimiento de la realidad. Newman decía que la imaginación es capaz de alzar la realidad, de levantarla: la "real-iza" para poder contemplarla. También es una capacidad imprescindible para comprender realidades inmateriales, lo que no vemos, tocamos, pero atisbamos... 



La imaginación conecta con la afectividad y el corazónLos afectos están en nuestra vida, impregnan la realidad, y hablan al corazón. Y éste es el nexo de unión con la imaginación. Apunta este autor: "al corazón se llega habitualmente, no a través de la razón, sino de la imaginación".  Por eso, si queremos llegar al corazón de una persona, usar la imaginación, pensar cómo se encuentra, qué anhelos tiene..., cómo atenderle y ayudarle.




El corazón habla directo al corazón. Se activa y resuena con otro corazón: empatiza y se conmueve. Las personas mejoramos con el trato personal, al pensar en los otros, y ofrecer ese cariño que tenemos. Las fronteras del corazón son inexpugnables..., con el amor se dilatan, crecen, y embellecen a esa persona.






Un pensamiento del gran Charles Dickens, que supo transformar una sociedad masificada y poco comprensiva en algo mucho mejor... : "El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el que lo conoce las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico". 


Qué importante conocer y tener en cuenta todos estos aspectos de lo más íntimo del ser, de forma armónica, y hacerlos vibrar. Con cada uno, "a su estilo". Adivinar el lenguaje que más le "llega".



Es más, Pascal nos advierte que el corazón tiene sus razones que la razón no entiende... Es otro mundo valioso, genuinamente humano, por explorar, preservar y cultivar.


Cultivarlo es aprender a valorarlo y ponerlo en lo que de veras vale la pena, con afectos tiernos y nobles que nos engrandecen y mejoran. Porque, esta potencia humana anhela infinito y belleza, que es el esplendor de lo verdadero, de lo bueno; lo que nos atrae e ilumina la vida entera. Y hacia donde queremos mirar...


La sabiduría innata del corazón nos ayuda a relacionarnos, a pensar en los otros, a ser mejores, con mayor plenitud personal, y como consecuencia más felices.








* ¿Y el papel de la afectividad?

"La amabilidad es el lenguaje que el sordo puede oír, y el ciego puede ver", apunta Mark Twain.


La afectividad es propia de la persona: los sentimientos y afectos nos "llenan" y conmueven, y ayudan a querer: aumentan la capacidad de amar, pues hacen experimentar la dicha de hacer felices a los demás. ¡Esa es la clave!




Para ello es necesario
entrenarse en pequeñas cosas, gestos y detalles, atenciones y delicadezas, hábitos y virtudes, muy relacionadas, que dan facilidad para obrar en esa dirección..., y además disfrutando cada vez más. Ya lo decía Aristóteles.

Por ejemplo la amabilidad y delicadeza, tan necesarias, la confianza, la escucha atenta, la sinceridad, base de todo lo demás, la honradez e integridad personal, la lealtad, la generosidad, la compasión, la gratitud, la sencillez de corazón y el perdón, imprescindible en cualquier relación, el servicio a los demás... llegando al corazón.

Aprovechar las energías latentes de la afectividad para aprender a amar más y mejor... Cuidar las relaciones interpersonales. Tenemos un cerebro empático y social: estamos creados para relacionarnos, y todos necesitamos sentirnos acogidos, y acoger a los demás. Así construir un ambiente cálido, alegre, de relaciones llenas de gentileza y resonancia afectiva, donde crecen las personas al sentirse queridas, pues así estamos diseñadas.



Continuará....




La afectividad nos ayuda a amar. 

Querer a una persona es ayudarle a desarrollar lo mejor de sí,
lo que está llamada a ser,
 procurando su bien, su mejor versión.

 Consiste más en dar que en recibir,
 y tiene mucho que ver con la generosidad y la empatía,
con un corazón grande que sabe trascenderse
 y por eso rebosa alegría.







De ese modo nos descubrimos como personas,
 y también descubrimos a los demás en sus mejores actuaciones.





Para acabar, una cita de Jane Austen: "Mira en tu propio corazón, porque quien mira afuera, sueña, pero quien mira adentro se despierta".


Espero que te haya gustado, y puedes comentar y compartir con amigos. ¡Muchas gracias!


  
Dejo algunos enlaces relacionados:


 
 










                                                                                       
 




                                               

                                                              Mª José Calvo
                                                              @Mjoseeopt
                                                  optimistaseducando.blogspot.com


URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2025/07/el-corazon-habla-al-corazon.html

lunes, 28 de octubre de 2024

HUMANOS: CONVERSACIÓN Y EMPATÍA I



                          HUMANOS: CONVERSACIÓN Y EMPATÍA 


Te contaba en el post "flashes sobre la persona", que cada persona es única, singular, insustituible, un "chispazo" de amor, con sus cualidades y fortalezas, con anhelo de belleza y de sentido, capaz de iluminar un universo entero. Creada por amor, para algo grande.

Una persona no tiene "el mismo" valor o dignidad que cualquier otra, sino que cada una tiene un valor absoluto en sí misma, casi infinito, "por el sublime hecho de "ser" persona", como señala el gran humanista T. Melendo. 

Su dignidad es tan alta que, por sí misma, gracias a su libertad, puede alcanzar su plenitud como persona. Es un ser libre: tiene la capacidad de ser protagonista de su propia vida. Ha sido creada para tener señorío sobre sí misma, y sobre lo creado. Algo grandioso que agradecer infinito.

La persona es un misterio, y el misterio nos abre a lo infinito.


Y lo propio y específico de una persona son las relaciones con otras personas..., que se sustentan en la comunicación y la convivencia. Especialmente en la propia familia, esa institución natural tan antigua como la vida misma, origen y fuente de todo lo demás. 

Cada persona también teje relaciones en otros ámbitos: con amigos, en el trabajo... Y todos esos ambientes se unifican y cooperan en la armonía y mejora personal. Lo aprendido en uno se puede aplicar en otro y, viceversa.


Por tanto, es bueno "paladear" y mostrar la belleza de las relaciones personales, de las habilidades de la comprensión y empatía, pues en ellas ponemos el corazón. Volvamos a la calidez de los abrazos, de mirar a los ojos y ver el corazón, saber sonreír aunque uno esté dolorido... para hacer la vida agradable a los que tenemos cerca. 





No se puede entender al ser humano sin su capacidad de amar y ser amado. Dejo una cita genial de D. von Hildebrand en su libro "El Corazón":


"Tener un corazón capaz de amar, de afligirse y conmoverse, es la característica más específica de la naturaleza humana".




Unos puntos para comentar a modo de índice:

1) La comunicación
2) Conversar: el acto más humano

3) Encuentro y relaciones personales
4) ¿Y la tecnología?...        






1) La comunicación

Qué importante es comunicar con otros, no estar aislado. Algo que todos anhelamos. Mediante la conversación conectamos con otros, ponemos lo propio en común. El mundo interior, de las ideas y sentimientos... Hablar es crear "algo vivo" entre dos, tres, o varias personas. Intercambiar pensamientos, vivencias, experiencias, alegrías e incertidumbres, anhelos y sueños. ¡Ilusiones!

Sin embargo, no todo se comparte con cualquiera, pensar con quién lo vamos a compartir.

Para ello podemos mejorar la calidad de lo propio para darlo a quienes queremos y nos relacionamos. Y otro modo es apreciar lo que nos aportan o entregan. Valorarlo y agradecerlo.


En este sentido, también es preciso cuidar las formas de comunicación, tanto verbal como no verbal, y los lugares para entablar conversaciones: crear ambientes propicios donde poder expresar pensamientos o aspectos que a uno le cuestan..., mostrar interés, mirar a los ojos, escuchar más allá de las palabras. Es decir, escuchar con el corazón, pensar qué tema es importante en esa situación... Hacer que la otra persona se encuentre a gusto, sienta confianza y pueda abrir su interior cuando lo necesite.

           
Por eso son necesarios los dos aspectos: saber aportar y saber recibir. En primer lugar acoger al otro, escucharle, para luego poder hablar. Es uno de "los siete hábitos" de S. Covey. No siempre hay que contestar y dar consejos. Quizá esa persona sólo quiera explayarse y volcar lo que le preocupa. Escuchar para aliviar. E intentar empatizar, ponerse en su lugar: comprenderla, también sus sentimientos y dificultades, y "contagiarse" de alguna forma de ellos... Hacerse cargo de sus estados de ánimo y su afectividad, sus preocupaciones o necesidades concretas. Y luego ser oportunos, actuar en consecuencia.

Con otras palabras: aprender a escuchar antes de hablar, para comprender y acoger primero, y luego ser comprendidos. Poner el "foco" de atención en la otra persona.
 


                
En pareja, y en familia, comunicar es hacer partícipe al otro de los propios sentimientos, necesidades, alegrías y anhelos... Es como trasvasar el contenido más íntimo de lo que nos constituye como persona, a la persona querida. 

Pero, a veces cuesta, y no resulta sencillo según circunstancias, o, cuando uno no se quiere mostrar tal cual es, o el otro no está muy receptivo... Y nadie puede entregarse si no hay otra persona que lo acoja. 

De ahí la importancia de intentar ser sencillo, de abrir el propio corazón a la persona querida, y de saber escuchar con generosidad, comprendiendo, acogiendo sus palabras e iniciativas.



La convivencia se alimenta de las conversaciones, que crean un clima cálido donde conectar con los demás. Gracias a ellas podemos intercambiar intimidades, con ese diálogo de pensamientos y afectos. 

Y no salen solas, hay que poner intencionalidad, mirar al otro, sus necesidades, y comunicar lo que tenemos en la cabeza y en el corazón. Principalmente en familia..., ese ámbito originario y entrañable donde se "construye" cada persona. Quizá la mesa pueda ser, o volver a ser, "el mueble de la comunicación", como decía aquel Profesor, si no la sustituimos por pantallas.




El dejarse llevar de las prisas y el estrés, que parecen instaurarse en nuestra vida, no favorece la comunicación ni la empatía. Hace que tengamos un trato superficial, que no comprendamos los estados y anhelos de otra persona. Que no le atendamos, y mucho menos sintonicemos con ella. Y es una pena, porque esa delicadeza y confianza es lo que da fuerza en cualquier relación, y hace sentirse valorados, tenidos en cuenta, y en definitiva queridos. 

En las relaciones personales lo pequeño es siempre grande. Y la ternura, ese arte de sentir al ser humano en su grandeza y compleción..., con sus más y sus menos.


De ahí la importancia de permitir a los niños, y enseñarles, esa comprensión y empatía, esa cordialidad humana, los deseos del corazón de conectar con otras personas. Es algo que ya viene predispuesto en la naturaleza humana, en los genes, en la biología de cada persona... etc. Lo veremos.

Además, el cerebro y la mente "funcionan" mejor con las relaciones llenas de afecto. Especialmente en las primeras edades. Los niños, para su buen desarrollo, necesitan también experiencias perceptivas vividas,el contacto asombrado y curioso con la naturaleza. 

Así van aprendiendo, tomando sus propias decisiones, y disfrutando de un entorno hermoso y real. De este modo se van formando y consolidando sinapsis y redes neuronales básicas que usará toda su vida, y sobre las cuales se asentarán nuevos aprendizajes. De ahí la relevancia de cuidar estas edades tan impresionables y frágiles... en las que se ponen las bases para el futuro de esa persona, y de las relaciones que "teja" con su libertad y buen hacer.






2) Conversar es tratarse, es "descubrirse" como personas     

El trato hace que surja el afecto y el cariñoPara conectar con los demás hace falta conversar, tratarse, convivir. Poner en juego la afectividad, que construye relaciones: te lo cuento en ese post. 

 



Conversar es crear una relación genuinamente personal: de persona a persona, de corazón a corazón. 

A la hora de conversar, pensar qué queremos comunicar. Transmitir a quienes queremos algo de nuestra persona, aspectos concretos, también de la afectividad. Para conocerse y conectar, aprender a pensar y a transmitir cómo somos por dentro, cómo nos sentimos, qué cosas nos afectan, ilusiones y motivaciones, qué necesidades afectivas... Muy especialmente en la relación en pareja, que debemos construir día a día como algo vivo, de la que se despliegan todas las demás relaciones.

Sin quedarse en la superficie de las cosasProfundizar motivos, ver los porqués donde se sustentan. Usar el pensamiento profundo. Pasar de las anécdotas, a las ideas que les dan vida, y de las ideas a los hechos concretos en que se encarnan... Practicar "la respiración de la inteligencia". 

Todo esto ayuda a la introspección, a "estar" con uno mismo, a descubrir pensamientos, ideas y convicciones, quizá algo ocultas, y a conocerse. De ese modo poder apuntar a metas atractivas y nobles que nos ilusionen a cada uno, partiendo de las propias cualidades personales, únicas, que se nos han regalado.


La persona posee un espacio íntimo, con silencio interior, donde está en su propia “casa”, donde se “posee” en el origen, como apunta la gran filósofa y pedagoga Jutta Burggraf. Recuperemos esos espacios íntimos.


Ahí puede ser libre, pensar por cuenta propia, ser ella misma. No condicionada por los demás. Somos mucho más que lo que se pueda apreciar en el exterior.


 

           Lo exterior nos atrapa, pero lo interior nos construye y mejora,

                                                y da libertad.



Por eso, qué necesario es reflexionar, hacer "islas de silencio" en nuestro interior para pensar y conocerse. En ese espacio secreto se forjan las ideas y convicciones que dan forma a la personalidad, y a la vida interior. Y se piensa el proyecto de la propia vida, desde lo más singular y especial de cada uno. Ser a fondo quienes somos para ver hacia dónde apuntar para mejorar.


También silencio para pensar cómo actuar, cómo responder e interactuar con los demás. Ver si es bueno dejar llevarse de unas emociones, porque nos lleven a expresar el cariño, a construir relaciones, o uno debe filtrar mediante el pensamiento, y controlar con voluntad entrenada, porque se "desbocan"..., o no es el ámbito o el momento apropiado para expresarlas.




Ser capaces de tener paz y calma, pensar por cuenta propia, y enseñar a los hijos a hacerlo. También con el arte de las buenas preguntasque estimulan el pensamiento y la creatividad, y la comunicación con ellos a través de esas conversaciones entrañables que siempre les están educando.

Que aprendan a captar lo importante de las cosas, a saber lo que está bien o mal desde muy pequeños, a reflexionar y buscar lo correcto, lo que es bello, porque se lo "acercamos" con nuestro cariño y vida íntegra y coherente. Sin tener que recurrir a recompensas... Y siempre con pensamiento y espíritu crítico según su edad.


En familia, mediante las conversaciones y la resonancia con los padres, cada hijo se siente querido, y les formamos y damos criterios que le servirán para toda su vida. Y conectamos con ellos.





La buena convivencia precisa espacios de calma y silencio para que fluyan conversaciones, donde cada persona es importante, y donde se aprende a reflexionar, a ver las necesidades de los demás a la luz del cariño y la confianza.

Además, mediante esas conversaciones se crea ese ambiente familiar, ese "factor invisible" que une y conforta, donde sentirse a gusto, donde hay alegría, libertad y confianza, y los hijos aprenden todo por inmersión. Te lo cuento en el post "crear ambiente de familia".



* Hacer ambiente

Por otro lado, apelando a su corazón, es bueno enseñar pronto a los hijos a poner cariño en cada detalle, en cada conversación, en cada encargo, que a ellos les entusiasman, con cada persona. Es la forma de hacer de las pequeñas acciones hábitos y virtudes, pensando en los demás, y disfrutando cada vez más. Ya lo decía Aristóteles. Así van conformando y aportando fuerza a su voluntad. Lo cual les posibilitará llevar "las riendas" y acometer retos. 

Es decir, dar confianza y poner alas a su creciente libertad... Y oportunidades para entrenarse en mil cosas: hacer algo que cuesta, en valorar el esfuerzo, postponer recompensas, fortalecer esa voluntad con pequeños objetivos, pues aporta nuevas capacidades, pensando siempre en los demás. Aquí se aprende a querer de veras a las otras personas, porque el cariño pone "alas" para volar alto.        





En estas conversaciones es importante resaltar lo bueno y positivo de los otros. No quedarse atrapados en pequeñas faltas y descontentos... que saltan a la vista y todos tenemos, o en lo que nos disgusta personalmente por nuestra forma de ser. Te lo cuento en resaltar lo bueno de los demás.


Seducir con la belleza de vivir unos valores humanos nobles: ser comprensivo,  alegre y empático, trabajador, ordenado, responsable, generoso... Así como resaltar lo valioso de ayudar a los demás y la alegría que conlleva. Y todo esto se reflejará también en las conversaciones y anécdotas familiares que contamos con frecuencia, por ejemplo en tertulias animadas.


Descubrir la belleza de los gestos y atenciones de cariño en la convivencia: son "el pulso del amor"... De ese modo, como dijera aquel Profesor, nos descubrimos como personas, y también descubrimos a los demás en sus mejores actuaciones. Nos quedamos con lo mejor de cada uno, que es el modo de conocerlos a fondo, en su propia singularidad. 

Conocerse y conocer a los demás en las mejores actuaciones... Porque, en lo bueno hay que poner intencionalidad y esfuerzo, y las propias cualidades cultivadas. Lo más mediocre sale "solo" con dejarse llevar de la horizontal.      .

Es más, la persona se torna comprensiva y acogedora cuando hace suyas convicciones nobles, y da apoyo a quien se acerca a ella... señala Jutta Burggraf.





Se trata de lograr un ambiente alegre, optimista, con una comunicación empática y entrañabley una grata convivencia al tener en cuenta a los otros, al compartir vivencias, ilusiones, trabajo en equipo, detalles y atenciones concretas, hasta preocupaciones, que de ese modo se aligeran

Aprender a ceder, a ser flexible, a confiar, a mostrar cariño. Y se puede llegar al fondo del alma de las personas queridas, descubriendo la dicha de caminar juntos hacia una meta entusiasmante, que anhelamos, más allá de las fronteras del tiempo. 



La afectividad es muy rica, pues apela al corazón, y aumenta la capacidad de amar de la persona: hace sentir la dicha de hacer felices a los demás.






* Conversar: el acto más humano

Para ello es tan importante saber escuchar de veras lo que el otro quiere decir, para que se sienta acogido. Con calma, sin prisas. Dejar espacios de silencio para que se pueda abrir.

Sherry Turkle, profesora del MIT, Instituto Tecnológico de Massachusetts, en su libro "En defensa de la conversación", apunta: "La conversación cara a cara es el acto más humano, y más humanizador, que podemos realizar". Sobre esta idea podemos profundizar un poco.


Cito de su libro:

"Cuando estamos plenamente presentes ante otro, aprendemos a escuchar. Es así como desarrollamos la capacidad de sentir empatía; este es el modo de experimentar el gozo de ser escuchados, de ser comprendidos. 

Además, la conversación impulsa la introspección, esa conversación con nosotros mismos que constituye la piedra angular de nuestro desarrollo temprano y que continúa durante toda nuestra vida."



Sin embargo, el uso tan frecuente de pantallas dificulta el pensamiento reposado, el sentir con el otro, el estar y conversar con calma, escuchando. Nos "roban" la atención y la sacan del ámbito real en el que uno está, a veces casi sin darnos cuenta..., a "golpes" de gratificaciones instantáneas de las que no somos muy conscientes.

Y acabamos como distraídos, sin capacidad de centrarnos, o de pensar o leer en profundidad... Y menos de comprender o aprender algo nuevo. Un tanto "anestesiados" por tanto bombardeo de información de todo tipo. Infoxicados literalmente... Con necesidad quizá de buscar nuevas sensaciones que nos hagan "sentir bien"... Sin ilusiones o proyectos concretos que seamos capaces de acometer, como atrapados y enganchados en estímulos que "secuestran" la mente..., y las energías. Porque, con esa intención han sido diseñadas, y hay muchos intereses por medio.


La empatía y delicadeza, como decía, se aprende desde pequeños en la convivencia familiar, en las miradas, sonrisas y conversaciones con quienes nos quieren y queremos. Donde uno se siente importante y querido.

Esa empatía, junto con toda la afectividad, ayudan en la capacidad de amar, tan relevante en el ser humano. Lo cual implica felicidad, pues ésta depende, como señala T. Melendo, directamente de esa capacidad de amar de la persona. 

Quien ama de veras es muy feliz, aunque al principio cueste, pero quien se mira sólo a sí mismo acaba frustrado y desengañado, vacío... Y generalmente solo. Mirando pantallas.


Otra cita genial de S. Turkle de ese libro suyo: 

"En el trabajo, el amor y la amistad, las relaciones dependen de escuchar aquello que puede parecer aburrido, pero que es importante para otro". 

De este modo, "en las conversaciones familiares, los niños aprenden que lo más importante no es compartir información, sino nutrir la propia relación". 


Esa es la clave: ¡nutrir esa relación personal!


Por tanto, la conversación en familia o con amigos es el principal medio para conectar con los seres queridos, y para educar y formar a los hijos, y la presencia tan frecuente de pantallas y teléfonos "inteligentes" dificulta la conversación, corta el propio pensamiento, y cualquier acercamiento... Nos distrae y dispersa la mente de lo más relevante que tenemos entre manos, que son las personas cercanas, a quienes debemos mostrar ese cariño y atención de forma exquisita.





Porque, nuestra mente se desarrolla y funciona en condiciones óptimas, con las buenas relaciones personales: uno se siente valorado y estimado, secretándose las sustancias mensajeras neuroplásticas del bienestar, que nutren el cerebro. Te lo explico en otros artículos.

Cuidemos esas relaciones, especialmente en familia, y con los hijos, que lo están aprendiendo todo en las vivencias cotidianas, -no en un manual de internet-, gracias a nuestro cariño de padres. Y en el encuentro con las demás personas queridas.






Para acabar, una cita de G.K. Chesterton en Ortodoxia que plasma muy bien lo más humano de la persona:

"El hombre es mas él mismo, el hombre es mas humano, cuando la alegría es lo fundamental en él y la aflicción es superficial.”




Dejamos el encuentro personal y las tecnologías para otra entrada...


Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡¡Muchas gracias!!



                                                                      Mª José Calvo
                                                                      @Mjoseeopt
                                                            optimistas educando y amando




Pongo algunos enlaces relacionados:






  



                       


 

      
URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2024/10/humanos-conversacion-y-empatia-i.html