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martes, 15 de marzo de 2016

LA MISIÓN DE LA FAMILIA.




LA MISIÓN DE LA FAMILIA: “CUSTODIAR EL AMOR…”


          Ante el Congreso Mundial de las Familias en Philadelphia, podemos aprovechar para pensar un poco acerca de la familia.
         Porque la familia es una institución natural que nace del amor de los esposos. De ese “generador” del amor conyugal, que nos da su luz y su calor en todas las circunstancias. 


Se puede decir que la familia es una comunidad de personas fundada y vivificada por el amor. O como expresa el profesor Pedro Juan Viladrich: “El lugar natural privilegiado en el que es posible nacer, vivir, y morir como persona”, con toda su dignidad. En ella se nos quiere por lo que somos, no por cómo somos o lo que tenemos…

Es el ámbito propio de la persona: donde cada una puede amar y darse sin límites. También, donde es acogida con todas sus consecuencias, y así conseguir su propia plenitud y perfección personal. 




         Se podría decir que la misión de la familia es “custodiar el amor”, puesto que nace del amor, y el amor es su esencia. O, más explícitamente, su misión es estimular, acoger, acrecentar y comunicar el amor entre sus componentes: primero entre los esposos, y luego con los hijos, que son el fruto de ese amor. 


       Por ello, debemos esforzarnos en que nuestro amor de cada día se parezca a ese destello que tuvimos al enamorarnos… Y así, conseguir lo máximo, lo mejor, de las capacidades y cualidades de cada uno. 



        Ya se ve que el amor es el “factor unitivo" de la familia, lo que nos atrae unos a otros, lo que hace que logremos “armonía” en pareja, y una “armonía” de amores familiares. Primero entre los cónyuges, porque de ese amor surgen los otros amores: amor a los hijos, amor a los padres, amor entre los hermanos… 


Una cita de Chesterton: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, ahí veo la importancia de la familia.” 



                                                         



Es en la familia donde se “forjan” personas que puedan actuar como tales, que mejoren la sociedad, con la fuerza del amor, confiando y motivando a los demás. Es el lugar privilegiado del “amor incondicional”.




        Por eso, estos conceptos forman un "trinomio" difícil de separar: "persona-amor-familia". Porque lo propio de la persona es amar; y la consecuencia del amor es la familia. También el origen de la persona...



                                                





Por otro lado, la familia es la mayor aventura que nos podamos imaginar. El lugar de lo creativo, de lo arriesgado, y hasta de lo heroico…, cuando tenemos las motivaciones adecuadas.


Como señaló Charles Péguy: “Solo hay un aventurero en el mundo, como puede verse con diáfana claridad en el mundo moderno: el padre de familia. 

       Los aventureros más desesperados son nada en comparación con él. Todo el mundo moderno está organizado contra ese loco, ese imprudente, ese loco osado, ese varón audaz que hasta se atreve en su increíble osadía, a tener mujer y familia… 

      Todo está en contra suya. Él, y solo él, está de verdad involucrado en las cosas del mundo. La única aventura que existe es la suya…”



Pero no debemos ser pesimistas, porque el amor es el que nos da su fuerza y su energía para luchar y superar todo tipo de obstáculos. Con ilusión, con esfuerzo y con optimismo. Nunca darnos por vencidos: siempre hay algo que podemos hacer para resolver las dificultades y llegar a la meta. Y si es con una sonrisa, ¡mejor!

       Además, ¡nos va a ayudar la persona que más nos quiere del planeta…! Es una misión para dos.


                          

Por eso, debemos enseñar a nuestros hijos lo que es el amor. Para que nuestro cariño pase de generación en generación, y de ese modo alcancemos nuestra plenitud como personas. 

       Porque la armonía entre los esposos se transmite a los hijos por “ósmosis”… Reciben todo nuestro cariño, y además, somos su modelo de amor. Y esa es nuestra misión: aprender a amar, ¡custodiar el amor!, enseñar a amar...



Porque de lo que hagamos en cada familia, con cada persona, depende la sociedad y el mundo entero… Como reza el título de un gran libro, del profesor Oliveros F. Otero, “Familia sana, Sociedad sana”. 




                                                                                 Mª José Calvo.
                                                                     optimistas educando y amando




         Aquí dejo el artículo publicado en #HacerFamilia. ¡¡Gracias!!
                             
                                                                 








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