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Desarrollo cerebral y educación



                                 
                      DESARROLLO CEREBRAL Y EDUCACIÓN


          El conocimiento de la maduración cerebral nos puede ayudar en la formación de nuestros hijos, puesto que es el sustrato anatómico para el aprendizaje, y por tanto para ir construyendo su carácter y personalidad, partiendo de sus cualidades singulares y temperamento. 
El cerebro es un órgano que no está "acabado" en el nacimiento, sino que tarda muchos años en "formarse" y madurar. Es el órgano más complejo, y siempre se está adaptando y modelando.


      Desde la gestación, su desarrollo es consecuencia de la formación de tejido nervioso, sobre todo de neuronas y células gliales, y posteriormente de conexiones o sinapsis entre ellas. Se formarán especialmente en el primer año de vida, y en los sucesivos. En la adolescencia hay otro pico con un aumento muy notable de sinapsis, y una reestructuración del tejido nervioso. Esas sinapsis son necesarias en cualquier tipo de aprendizaje. 


      En las primeras etapas el cerebro aumenta de tamaño, y el grosor de la corteza cerebral. Más adelante se siguen formando conexiones, aunque de forma menos notable, en función de experiencias y percepciones, del aprendizaje y conocimientos, ensayos, acciones... etc.

     A partir de la pubertad hay una reestructuración de circuitos neuronales y redes, sobre todo corticales, y crece notablemente el número de sinapsis. Todo ello permitirá unas funciones superiores, propias de una persona, como son el pensamiento crítico, funciones ejecutivas, el autocontrol, la toma de decisiones y el juicio, la empatía...

        Los genes determinan el patrón y funcionamiento básico de circuitos cerebrales. También influyen las hormonas, sobre todo en la adolescencia, debido a su ascenso característico. Pero, el entorno y el ambiente de cariño tienen mucho que ver en el desarrollo de cada persona, sobre todo en fases tempranas. Interactúan con la base genética, pudiendo reforzar la maduración o retrasarla...




         Desde el embarazo aparecen cambios según el ambiente, la relación con los demás, el cariño de los padres, su sonrisa, su amabilidad, el vínculo de apego. Posteriormente, con las propias acciones, con componentes sensitivo, perceptivo, experiencial, motor..., que van moldeando el cerebro, gracias a la plasticidad neuronal que posee. Esta plasticidad es máxima en las primeras etapas, y luego va disminuyendo con la edad, excepto en la adolescencia, que se hace mucho más notable, y es la base de la maduración cerebral, del aprendizaje, y de la formación de la personalidad. Y, los neurotransmisores que transmiten la información en las sinapsis son de gran relevancia.


             El desarrollo humano se realiza especialmente en las primeras etapas de la vida, favorecido por la curiosidad y la capacidad de asombro de los niños, puesto que, como señalara Tomás de Aquino, son su "motor" de aprendizaje. También por la capacidad de admiración, que, como dice Aristóteles, es la “chispa” que enciende la atención. Y los estímulos de la vida cotidiana, en un ambiente saturado de cariño y oportunidades, como es la familia. Porque, la persona "se hace", "se construye", y “se re-construye” en la familia, ámbito propio del amor y de las relaciones humanas.

            Esa curiosidad y admiración son las que focalizan la atención y la mantienen..., y son vitales para el aprendizaje, también en fases posteriores.





            Pongo a modo de índice los temas que abordo, para no alargar demasiado, por si quieres elegir alguno en concreto. Los pongo en otras páginas.

   I) Desarrollo cerebral
   II) Etapas de maduración y educación de los hijos
   III) Cómo funciona el cerebro para el aprendizaje



       I) DESARROLLO CEREBRAL


      A nivel cerebral, primero se desarrollan las zonas que permiten la capacidad de movimiento. Por eso les encanta moverse, y es muy necesario. Necesitan hacer cálculos motores, posturales, sensibilidad gruesa y fina…, y repetir esas acciones hasta asimilarlas. Así graban programas premotores que usarán toda la vida. 

    También la percepción, gracias a los sentidos: la vista, que todavía tiene que madurar, el oído, el gusto, los olores, en especial el de su madre... Por eso es buenos sacarles por el parque, por el campo, que disfruten y exploren la naturaleza. También ensayar movimientos, percepciones... etc. Más adelante, a partir de esas percepciones irá construyendo ideas y conceptos.

       
         Desde que el niño nace nos observa atentamente, y aprende intentando imitarnos. Además, le gusta repetir una acción hasta asimilarla y hacerla suya. Por eso es necesario que tenga un buen modelo en quien fijarse. Y los niños aprenden todo de las personas que les quieren.

         También es preciso saber seducir con la belleza de unos valores auténticos, hechos vida. Y es muy necesario darle y expresarle de mil formas el cariño. En ambientes carenciales no se puede desarrollar, ni siquiera físicamente. Para él, el sentirse querido lo es todo.

         



          Cuando está en la cuna, con los tiempos de sueño, comidas, higiene, paseos…, y cuando va creciendo, con horarios, rutinas diarias, encargos, tareas..., a base de ejecutar unas acciones, se forman múltiples ramificaciones en las neuronas, creando sinapsis entre ellas a una gran velocidad... Y éstas se ven reforzadas con los estímulos adecuados, con sus ritmos naturales, sus periodos más sensibles. Y, con sus propias percepciones, movimientos y acciones, motoras y sensoriales, con la capacidad de comunicarse y el lenguaje, con la relación con los demás..., especialmente guiado por la afectividad.








          1.- Primeros años

         El periodo más importante en relación con las conexiones neuronales es los primeros años, en especial el primero: un periodo de "explosión" sináptica muy marcada.

       Más tarde, también se forman innumerables sinapsis, dependiendo de lo que el niño ve, experimenta, percibe, hace, y aprende, especialmente en su familia y entorno. Luego también en el colegio.

       Es el momento de desarrollar unas habilidades innatas, en esos periodos críticos, como la deambulación o el habla, y otras más culturales, como buenos hábitos, gracias a vivir en familia unos valores humanos nobles, como el orden, la empatía, el cariño, la alegría, la sinceridad, el esfuerzo, la responsabilidad..., el pensar en los demás. Algo tan específico de las personas.





           También ayuda a la maduración la envoltura de las fibras nerviosas, en concreto de los axones, con vainas de mielina, que aíslan esas terminaciones. De esta manera, el impulso nervioso se transmite con mucha más eficacia. Y la sustancia gris inicial pasa a ser sustancia blanca, mucho más  rápida en conducir los impulsos nerviosos, y por tanto la información, de una zonas a otras.


       En estos primeros años es vital dejarle desarrollar esa capacidad de la curiosidad y la admiración por la vida, y un ambiente de familia sereno y rico en afectividad, con estímulos adecuados, aunque no en exceso... N
o querer adelantar etapas, pues su cerebro no estará preparado para ello. 

   
   Hace falta respetar sus ritmos naturales de maduración y crecimiento, esas ventanas o periodos más sensibles en los que se aprende algo de forma natural, porque el cerebro está preparado... Apoyarnos en el cariño, en la belleza de la familia, de las personas, en la amistad..., en la naturaleza. 

     Por eso es importante en edades tempranas cuidar el uso de pantallas... Los tiempos atenciones del niño son muy lentos. Interfieren con su capacidad de conocer desde el interior, y poder interactuar con las personas, donde se aprende de veras, gracias a la afectividad y las emociones. 

         


También es fundamental que vaya aprendiendo a ser autónomo cuanto antes, adquiriendo habilidades y destrezas, teniendo en cuenta sus intereses, dejándole elegir, tomar pequeñas decisiones, y relacionándose con los demás. 



          2.- Etapa infantil

         Se van formando nuevas sinapsis, y se refuerzan las que más se usan. La edad de oro para el aprendizaje sucede antes de los 6-8 años. Lo que más le gusta a un niño es moverse libremente, ver, tocar, sentir. Cuantas más oportunidades de movimiento, vivencias y conocimiento experiencial tenga, mejor. Cuantos más sentidos emplee, mejor conocerá el mundo que le rodea y mejor desarrollará sus capacidades, gracias a la fase sensitiva y motora de la maduración cerebral. 

           Algo necesario e imprescindible es el juego. Mediante él puede ensayar cosas, ver lo que funciona, aprender y percibir sensaciones, ver cómo se mueven los objetos, cuánto pesan, cómo trepar y moverse... Dirigir su aprendizaje en cosas que le gustan más, en sus fortalezas, que es lo más específico suyo, y lo que le motiva a seguir aprendiendo otras cosa nuevas. También actitudes y aptitudes..., no solo conocimientos. 

         Además del ejercicio físico, y las salidas a la naturaleza, la música también favorece el buen desarrollo de las distintas zonas cerebrales.

















          Dejo un pensamiento de Santiago Ramón y Cajal muy motivador.




        


        Más tarde, gracias a la adquisición del lenguaje, hacia los 4-6 años, puede relacionarse mejor con los demás y conocer el ambiente que le rodea.

        Porque, captamos la realidad por los sentidos, pero cada uno la percibe de una forma, según su afectividad, cuya base anatómica es el sistema límbico y sus conexiones. Éste recibe la información desde vías aferentes de los sentidos externos, o internos, y procesa esa información. También conecta con otras áreas sensoriales, de asociación, premotoras y motoras de la corteza, para dar una respuesta, bien de aprendizaje o motora.



       3.- Pubertad y adolescencia

     Posteriormente se produce una poda selectiva y un remodelado de la estructura cerebral, con una reorganización de circuitos y redes neuronales. Influenciado por el ascenso de las hormonas sexuales en sangre, por estímulo de la adenohipófisis. Todo este proceso pone en marcha la maduración cerebral, que comprende hasta los 25-30 años.


       Es típica de esta edad la gran variabilidad afectiva y emocional. Eso significa que el sistema límbico, y en concreto la amígdala, están en pleno desarrollo y muy activos. Los adolescentes son muy impresionables, y ven las emociones con gran fuerza y con miles de matices. Y tienen que aprender a estabilizarse. Para ello es bueno hablar con ellos, sobre todo escucharles, comprenderles, estimular y fomentar conductas exploradoras y comportamientos adecuados para que vayan aprendiendo a pensar, a controlarse, a reflexionar. A visuliazar su posible comportamiento en situaciones que les planteemos por ejemplo.

          Lo más característico de la adolescencia es lpoda selectiva de ramificaciones que no se utilizan, y el reforzamiento de algunos circuitos y sinapsis ya establecidos, resultando mucho más eficaces. En ello ayuda el recubrimiento de los axones con esas bandas de mielina. 


        Todo este proceso para asentar unas funciones superiores, como el pensamiento analítico y crítico, el autocontrol, las funciones ejecutivas..., la empatía. Y dependiendo de las cualidades y gustos personales, de la afectividad y emociones, que guían el aprendizaje, de intereses y motivaciones… En definitiva, según la libertad de cada persona.


            Una gran ventaja de esta etapa es que poseen gran plasticidad sináptica, que es lo que posibilita todo tipo de aprendizaje. Y hay que aprovecharla. Nunca tendrán esa capacidad tan grande, aunque siempre se pueden aprender cosas nuevas con ilusión renovada.

   Todos esos circuitos límbicos y corticales intervienen en la formación de su intimidad e identidad personal.

       





            
         4.- Marudez

         El mayor desarrollo y maduración neuronal se realiza desde los 18-20 años, hasta los 30 más o menos, acabando con el cortex frontal, y esa zona prefrontal, con las funciones específicas que hemos comentado, y que el adolescente todavía carece.

      Dejo una infografía sobre las distintas zonas, a grandes rasgos, con sus respectivas funciones. Teniendo en cuenta que, la maduración sucede como en una onda, desde zonas posteriores a anteriores, desde abajo hacia arriba..., acabando en la corteza prefrontal.




Independientemente de las cualidades y fortalezas de cada uno, todos necesitamos...


 pensar con claridad, 
 armonizar cabeza con corazón, 
y aprender a querer a los demás.



Madurar es forjar una buena personalidad. En la infancia hay mucha afectividad, todo está sumergido en cariño, pero, según van creciendo los hijos hay que potenciar el propio pensamiento, sin olvidar nunca el corazón. Desarrollar la razón y la voluntad, que nos distinguen como personas, para hacer lo de veras razonable y correcto. Que guíen al corazón y a las emociones, y sean un referente en el actuar de cada uno.



Espero que te haya gustado, y puedes compartir con amigos. Gracias.


Dejo enlace con otros post sobre el desarrollo cerebral:

-Proceso de desarrollo cerebral o "neurodesarrollo"

-"Fisiolgía" cerebral para el aprendizaje" 



Y otros enlaces relacionados:
La-tecnologia-y-la-familia 


Plasticidad-cerebral en primeras etapas
              
                                                             


                                                                            

                                                                              Mª José Calvo
                                                               Optimistas Educando y Amando
                                                                             @Mariajoseopt





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