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domingo, 8 de septiembre de 2013

LA RUTINA NO ES TAN MALA

                       
                            
                            LA RUTINA NO ES TAN MALA…



          Comenzamos un nuevo curso con las pilas recargadas para un nuevo año. Cuesta, pero en realidad nuestro trabajo ordinario es lo que da estabilidad y cohesión a la vida. Lo que hace que podamos levantarnos y comenzar de nuevo, con ilusión, con más motivo si cabe, si tenemos familia. Además damos ejemplo continuamente queramos o no, estando cansados o no, con prisa o sin ella, nos demos cuenta o no...



           Aunque tengamos siempre el mismo horario, siempre podemos hacer las cosas “nuevas” cada día sabiendo descubrir lo positivo de las situaciones, dejándonos sorprender por tantos detalles bellos que nos salen al encuentro. Desde un nuevo amanecer, a la contemplación de la naturaleza, a la brisa en el rostro, a la cara simpática de nuestros hijos, al detalle de nuestro esposo/a... etc.

       Y cuando digo trabajo, me refiero no sólo al trabajo remunerado, sino a cualquier actividad que conlleve una responsabilidad. Y puede ser el trabajo del estudiante, como el de una madre, o padre, que se quedan cuidando a sus hijos, organizando la casa y cuidando la familia… Todos ellos pueden ser ocasión de desarrollo de la personalidad, de “realizarse” como persona, y vínculo de unión con los demás. Muy enriquecedor el que se dedica a cuidar a sus hijos, aunque a veces, poco valorado en la sociedad actual… Y fuente de multitud de habilidades personales incluida la empatía, la comprensión, el buen liderazgo, el trabajo en equipo..., el saber priorizar, la resolución de problemas, la resiliencia, etc.




         Por eso, dos retos que podemos afrontar:

       1.- En la familia es donde aprendemos a querer, pero necesitamos la experiencia de ser amados sin condiciones. Este es nuestro primer reto a lo largo del año. Ser generosos a la hora de regalar detalles de atención y delicadezas, cariño al fin y al cabo, y nuestra propia persona a los seres queridos. Tiempo y cariño es lo que precisan.




       Debemos esforzarnos en amar más y mejor, empezando por nuestro cónyuge, y siguiendo con nuestros hijos. Porque somos sus modelos: según cómo nos queramos, qué detalles tengamos a lo largo del día, qué importancia y ternura damos al otro, así lo harán ellos… Y son como esponjas: lo absorben todo, y nos copiarán.

        Pero, para amarlos incondicionalmente debemos separar la persona de su conducta. Es decir, no les vamos a querer menos porque hayan hecho algo mal, o se hayan comportado de forma inadecuada, ni siquiera porque hayan perdido los "estribos", sino que les haremos notar ese gesto que no ha estado a su altura. 



       Por ejemplo, si a un hijo se le ha escapado una mentira, no le diremos que es un "mentiroso", o que no le vamos a querer, sino “tú eres un niño bueno, que sabe decir la vedad, y confiamos en ti”...



      Es decir, resolver el problema por elevación. Sin etiquetas, ni comparaciones, ni querer “comprar” su cariño con regalos materiales, porque es infravalorarlos, y se harán materialistas y superficiales y no sabrán apreciar otros valores. 



       Y aquí el ejemplo es fundamental, más que lo que les digamos. Por eso, cada niño que viene a este planeta está gritando “sed como queréis que yo sea..., para ver cómo lo puedo hacer a mi modo.”


       A veces, ante una pequeña falta, basta con un gesto de disconformidad para que se de cuenta de que no está bien. 


            No hace falta enfadarse, ni gritarles, ni castigarles por todo, pero sí animarles a que hagan bien lo que hicieron mal. Y cuanto más difícil sea, con una sonrisa mayor y un “¡tú puedes!” 






        2.- Nuestros hijos también se fijarán en cómo somos, qué cualidades tenemos, cómo tratamos y nos comportamos con los demás, si somos generosos, trabajadores, amables, si sabemos sonreír, o nos quejamos por el esfuerzo, por el mal tiempo, por el trabajo… Si mostramos empatía y comprensión con los demás, o vamos a lo nuestro... ¡Y nos copiarán!






        Este es otro reto que tenemos los padres: esforzarnos por ser mejores personas. Tener un buen "sistema de guiado". Es decir, que intentemos vivir unos valores universales, centrados en principios, que no cambian con las modas. (Dejo enlace para ampliar abajo: "Las raíces de la educación y la brújula").





           Al vivir y encarnar estos valores humanos, con libertad personal, poniendo cariño, se transforman en virtudes. De esta forma, transmitimos lo que somos. Porque lo que realmente convence, estimula y motiva, es la personalidad que tengamos, mucho más que los grandes discursos... La integridad personal.





      No hace falta que seamos perfectos, pero sí auténticos, coherentes. Aunque tengamos defectos, que los tendremos, que nos vean luchar con sentido positivo. Así somos un buen modelo y referente para nuestros hijos, y les ayudamos a ser mejores, y por tanto felices. Si nos preocupamos de los demás, ellos aprenderán a hacer lo mismo. Esto es enseñarles a querer sintiéndose muy queridos.






       Y es muy importante en la adolescencia, (enlace: "Características de la adolescencia"), porque se vuelven un poco “suyos” y egocéntricos, a la par que va naciendo su intimidad. Muchas veces ni se reconocen, y tratan de repensar y reconstruir su vida y su identidad, a su modo... También importante para lograr una personalidad madura, y sentar las bases en el futuro, sobre todo en pareja y en familia. 





         En el amor, siempre pensar primero en el otro, y acertaremos. El propio egoísmo es el peor enemigo de una relación: amar es “dar”, como reza el título de un gran libro. ¡Y lo que nos hace más felices! Porque lo propio de una persona es comprender, mostrar empatía y darse a los demás, en especial en familia y en la propia pareja.





         El amor es una convicción y un compromiso, más que un sentimiento. Si acompaña mejor; por eso hace falta cuidar el amor, para que ese "fuego" naciente no se consuma... Si ya no hay sentimiento, es la hora de la voluntad, y de tener gestos y detalles de cariño para que vuelva a resurgir de nuevo, o se acreciente. 




       Por eso, el amor hay que cultivarlo como un buen jardinero. Si no se riega, se poda, se abona, y se cuida..., con el tiempo se puede ir empobreciendo y marchitando. Es preciso mimarlo, poner ilusión, ser amables, muy en especial con esa persona tan querida.




     En nuestra casa, si logramos que haya confianza en las relaciones personales no necesitaremos controles innecesarios que asfixian a las personas. De esta manera, nos sentimos aceptados, valiosos y libres, sin miedo a darnos a conocer tal como somos, incluso en esa faceta más lábil o que más nos cuesta… 

      Confiar es creer que hay mucho bueno y bello en cada persona, que lucha por salir. Esto produce una alegría indescriptible en cada uno, porque se ve valorado, aceptado, querido. 





        Sobre todo con adolescentes, es importante crear este ambiente de confianza y escucha empática, para que puedan contar con nosotros, contarnos sus ilusiones e inquietudes, y poder ser verdaderos amigos, conversando, y compartiendo alegrías y preocupaciones. También nuestras. Y así podremos ayudarles.



         Confiar en los hijos es como darles "alas", como si creáramos grandes espacios vitales para que se desarrollen en libertad. De esta forma, podemos conquistar un hogar alegre, donde reine el optimismo, sin dejar de ser realistas a pesar de las dificultades y problemas que surjan.


              El amor y la confianza son como el "horno" donde se “cuece” lo mejor de cada uno.





        Y permiten que salga a la luz su mejor personalidad (enlace), ayudado por ese clima de libertad personal. Que no consiste tanto en dejarse llevar por el primer impulso que se nos presenta, sino todo lo contrario, en tomar las decisiones adecuadas en cada momento, para orientar nuestra vida hacia un ideal o una meta valiosa, que queramos y podamos alcanzar. Y formará un proyecto vital. 






        Y para respetar la libertad naciente de nuestros hijos, debemos enseñarles a vivir según su dignidad, a tomar decisiones y sentirse responsables de las propias acciones. Porque la libertad, como dice el profesor Oliveros F. Otero, debe ir de la mano de la responsabilidad: una libertad responsable..., porque la responsabilidad es la maduración de esa libertad.







    Es importante que en nuestra familia todos sientan ese amor incondicional que nos hace crecer y madurar como personas, y dar lo mejor de cada uno. Empezando por nuestro esposo/a, y siguiendo por nuestros hijos, que son el fruto de nuestro amor. Así pondremos los cimientos para conseguir una familia sana, alegre y feliz.


       Tenemos todo un año por delante para hacer realidad estos sueños, en forma de retos, que nos podemos plantear. 



         No hay que conseguirlo a la primera, pero lucharemos una y otra vez para intentar lograrlo. Además, tenemos la ventaja de que nos va a ayudar la persona que más nos quiere: ¡nuestro esposo/a! Y nosotros haremos lo mismo con él/ella.





      
                                                                      Mª José Calvo
                                                                    optimistas educando




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https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/09/la-rutina-no-es-tan-mala.html



1 comentario:

  1. Gracias por los consejos!. me ha gustado mucho leerlo ahora que empieza el curso y hay tantas cosas por delante... habrá que releerlo de vez en cuando a no perder el norte,
    un abrazo,
    piluca

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