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Optimismo

     

       

            ¿POR QUÉ OPTIMISTAS?


El optimismo es una forma de afrontar la realidad, y de enfocar las cosas, además de un tipo de personalidad. Es la actitud que tenemos ante la vida. Ser optimista es como ponerse un “filtro” en la mirada que nos permite ver la belleza de lo bueno, y descubrir lo mejorable para optimizarlo y que también sea bello.

Sin embargo, no se trata de esperar pacientemente que todo ocurra de forma positiva, sino que ponemos algo de nuestra parte para que eso ocurra. Si unimos el optimismo, con esa actitud positiva, podemos llegar más lejos... 

Como señala Elisabeth Lukas, continuadora de Viktor Frankl, "con una actitud positiva se puede sacar provecho hasta de la situación más amenazadora, mientras que, con una actitud negativa, hasta una estancia en el Paraíso puede resultar insoportable.”

Sin duda es bueno ver el lado positivo de las cosas, independientemente de que las hayamos trabajado o nos hayan sido dadas. Pero también optimista, en el sentido de óptimo, de mejor, de excelencia, en lo referido a todos los ámbitos, especialmente en las relaciones en familia. Es la forma de lograr una familia optimista y ¡excelente.




Poner el "listón alto", apuntar a una meta valiosa, crecer como personas y como familia. Esto nos permitirá tener una trayectoria más o menos en el camino y poder rectificar siempre que haga falta, teniendo en el punto de mira esa meta. Esto se plasma en un proyecto familiar.

Como señala Stephen Covey, entre un estímulo y una respuesta está nuestra libertad para actuar de una forma u otra. En esto consiste ser proactivo. Se trata de actuar en base a unos valores, centrados en principios, y no de reaccionar según las circunstancias. Poner pensamiento antes de acometer algo, o de dar una respuesta.

Decía Chesterton: el optimista mira a los ojos, el pesimista a los pies... Porque el optimista ve oportunidades en cada calamidad, y el pesimista ve calamidades en cada oportunidad.

      




    ¿Para qué necesitamos el optimismo?
                        
El optimismo nos permite crecer como personas en un clima de confianza y cariño cuyo ámbito natural es la familia. Y nos genera una autoestima saludable, porque se basa especialmente en el cariño de familia, y no en falsas expectativas.

Nos ayuda a luchar para sacar a la luz lo mejor de cada uno. De esta forma, crecer y madurar como personas, y ser buenos líderes de nuestros hijos, porque motivamos y arrastramos con nuestro ejemplo. Y, como consecuencia, tendremos una vida más plena, haciendo felices a todos los que nos rodean, porque el optimismo ¡es muy contagioso!




                                        
También es bueno pensar que la “suerte” está de nuestro lado; que la Historia está custodiada por el poder del Amor; que la Bondad ha vencido al mal, y está de nuestra parte. Es el poder de la Esperanza lo que nos da fuerza para actuar con una meta clara en la mente y perseverar en el empeño, para hacer que las cosas sucedan...

Por ejemplo, en una escena del "Señor de los Anillos" hay un diálogo entre Frodo y Sam sobre las “Grandes Historias”. 

Después de ser atacados por los Nazgûl, Frodo está a punto de sucumbir al poder del Anillo. Se ha cansado de luchar y va a desistir.


Pero, ahí está su querido amigo Sam, para ayudarle en lo que necesita en ese momento de flaqueza, para animarle en la lucha, para que se levante de nuevo, para apoyarle y brindarle su ayuda. Hace que no se rinda al enemigo y le entregue el Anillo de poder. Le ayuda a pensar las cosas y le infunde ánimo.


Le habla de las "Grandes Historias", de las importantes, en las que los personajes tienen algo por qué luchar, y no se dejan vencer fácilmente. Le dice que incluso la oscuridad deja paso al nuevo día, a un nuevo sol…


Entonces Frodo le pregunta a Sam: 

- ¿Tú por qué luchas, Sam?


Y Sam le contesta: 

-Yo lucho porque el bien reine en este mundo.
¿Se puede luchar por eso, no?








El optimismo presupone una actitud permanente de lucha: de comenzar y recomenzar, porque siempre hay algo que se puede hacer, o cambiar, para mejorar. Además, nos abre el camino de la inteligencia emocional, necesaria en las relaciones interpersonales, especialmente en la familia.                           
                     






                Vivir el optimismo

El optimismo nace de la confianza que recibimos en familia, donde se acepta a cada persona y se la quiere por quien es. Nos profesan un amor incondicional...



El ambiente donde puede crecer ese optimismo de una forma natural es en la familia. Se podría decir que la familia custodia el amor: permite que surja, lo cuida, lo mima, lo hace crecer y desarrollarse, y acoge así a cada persona, única, singular, como una "joya" preciosa.

Esta aceptación incondicional de cada uno es lo que nos da seguridad ante la vida, a cualquier edad, y nos ayuda a madurar.




Además, confiar es creer que hay en el interior de cada persona algo bueno y bello que lucha por salir. Y de ese modo lo permitimos, le damos la oportunidad.

Una persona optimista es la que confía en sus posibilidades, pide la ayuda que precisa, y confía en los demás. Así, en cualquier circunstancia distingue primero lo bueno, y luego las dificultades que se interponen. Piensa en clave positiva. 

Por eso es capaz de aprovechar lo positivo, y lo que se puede mejorar, y afrontar el resto sin desanimarse, con ilusión y esfuerzo, con lucha y perseverancia. Y siempre con actitud deportiva.



Es como ponerse un “filtro” en la mirada que permite ver la belleza de lo bueno, y descubrir lo mejorable para optimizarlo y que también sea bello.


El optimista descubre las cualidades singulares de cada uno, sus fortalezas, sus actitudes y virtudes, y no tanto lo que hace mal… Para hacérselo notar y agradecerlo, para apoyarnos en ello a la hora de hacer un esfuerzo por cultivar unos valores que queremos desarrollar. Es mucho más eficaz ser "buscadores de talentos" que cazadores de defectos...


El optimismo conlleva agradecimiento ante la vida, por ser algo singular, irrepetible, precioso. Y en cuanto a las dificultades, hay que saber superarlas  con buen ánimo e ilusión, con lucha personal, para convertir lo “imposible” en asequible..., aunque tardemos un poco más.


Por eso, es importante cuidar el ambiente de hogar, para conseguir ese “microclima" donde crecen las personas al calor del cariño, tengan la edad que tengan. Y, el sentirse querido es como la "varita mágica" que estimula lo mejor de cada uno, y permite que seamos optimistas.


La consecuencia de todo ello es una personalidad atrayente que rezuma paz y belleza interior. E infunde esperanza: siempre hay algo bueno, incluso en una situación dura. Porque, la esperanza es la actitud del “montañero” que sabe que va a llegar a la cumbre...

Además nos torna alegres, puesto que la alegría y la paz interior es la resultante de una lucha esforzada por dar lo mejor de cada uno. 

También esponja el alma, ensancha el corazón, y nos da energía para ser audaces y crear buen ambiente en cualquier circunstancia. Nos permite disfrutar de la vida, y nos ayuda a acometer iniciativas y "sueños"... Y, de esa forma, el futuro está ¡en nuestras manos!, somos dueños de nuestro destino.


Por tanto, buscaremos ser optimistas en las relaciones familiares, en el cariño a nuestro esposo, esposa, en la educación de los hijos… etc. Además estimula otra serie de valores y virtudes muy relacionadas, como la alegría, el asombro, la empatía, la generosidad, el amor... El sentido último del optimismo es la esperanza. Y el amor hace que florezca la esperanza.










          

Pequeñas ideas que fomentan el optimismo


*Caras sonrientes 😀




*Fijarnos en lo bueno y agradecerlo

*Que los pensamientos y sentimientos negativos no ahoguen los positivos

*Nada de quejas ni críticas

*Saber escuchar para comprender a los demás. Poner el corazón


*Sintonizar, conectar, captar sentimientos y empatizar

*Ante las dificultades, afrontarlas como retos. En vez de quejarse, aportar soluciones constructivas. Tormenta de ideas y planes de acción

*Ver las cualidades de los demás, y hacérselas notar para que las desarrollen

*Pensar en las personas con actitud de servicio y ayuda. Liderazgo virtuoso


*Reconocer el esfuerzo y el valor, no solo el resultado obtenido

*Valorar lo que somos y tenemos, custodiarlo. Ser agradecido



Por eso, siempre alegres para alegrar la vida a los que Dios nos ha confiado: primero y antes en pareja. Además, el preocuparse de los demás es fuente de auténtica felicidad que se desborda sobre toda la familia.



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                                                                      Mª José Calvo
                                                           Optimistas Educando y Amando
                                                                                      @Mariajoseopt 



URL:

http://optimistaseducando.blogspot.com/p/afrontar-la-vida-con-optimismo-gracias.html


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