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domingo, 14 de abril de 2013

LOS PADRES Y EL COLEGIO




                          ¿QUIÉN EDUCA A NUESTROS HIJOS?  



          
         Podemos repensar muchas preguntas y profundizar un poco en el sentido de la educación de los hijos... ¿Somos los padres de veras los primeros y principales educadores de nuestros hijos?, ¿seleccionamos y colaboramos con el colegio?
       ¿Por qué y para qué educarlos...? ¿Cómo llevarlo a cabo? ¿Qué ayudas podemos tener? 


       Queremos que crezcan como personas, que tengan una buena personalidad, que sean capaces de relacionarse con los demás, que desarrollen sus cualidades y talentos, que tengan amigos, que sepan querer... etc.

            Educar es formar a una persona para que se construya a sí misma, y alcance su plenitud. Es hacerla libre y responsable para que sea capaz de pilotar su vida, de "abrir caminos y de transitarlos"... Hace falta que tengan autodominio y control sobre ellos mismos para que se enfoquen hacia una meta valiosa... Es necesario que sean autónomos cuanto antes, y libres, para que puedan amar y ser amados. Y, como consecuencia de esa plenitud personal, de ser mejores personas, ¡serán felices...! Porque, la felicidad depende en gran medida de la capacidad de amar, de pensar en los demás. Y de concretarlo en hechos.



      Una ciencia y un arte, un trabajo de artesanía... Es arte, porque no hay reglas fijas y cada caso es único e irrepetible. Cada persona es como un universo, y un misterioso arcano. Siempre nos podrá sorprender. Podemos poner en marcha toda nuestra creatividad e ingenio. Pero, a su vez, es una ciencia, y como tal es necesario conocerla, estudiar, formarse, y dedicarle un tiempo. Recabar la mejor información, hablarlo entre los dos, pensando qué objetivos queremos marcar, viendo qué es importante. Sin quedar atrapados en lo urgente, que nos reclama la atención. Así, encontrar tiempo, y el modo de concretarlo. Y muchas otras cosas más... 

          También es preciso conocer a cada hijo, descubrir sus cualidades singulares, sus gustos y fortalezas, ver qué necesita, en qué destaca, cómo motivarle, cómo hacerle atractiva la exigencia en algún punto que le cuesta... E ir por delante nosotros, porque nos están mirando todo el día.



         Antes se educaba por intuición, corrigiendo cuando aparecían los problemas. Ahora los tiempos han cambiado enormemente, se está fuera de casa mucho tiempo, y los niños están influenciados por un ambiente en el que hay crisis de valores y de coherencia personal muchas veces. Debemos adelantarnos a los acontecimientos, en positivo, sabiendo los avances de la neurobiolología y la pediatría. Y hay que cambiar el "chip": hace falta ser "buscadores de talentos
 escondidos", para desarrollarlos y potenciarlos, y no tanto cazadores de defectos... Además es mucho más eficaz y gratificante, y es lo más específico y singular de esa persona.






          Es preciso hacer “educación preventiva” mucho antes de que aparezcan los problemas. Pero, debemos ser optimistas: tenemos a nuestro favor nuevos conocimientos en pedagogía, neurociencias, y también en relación con el desarrollo del niño.




 Asimismo, tener en cuenta y respetar los periodos más sensibles o críticos de las distintas edades, esos ritmos naturales en los que es más fácil adquirir unas funciones innatas, o vivir unos valores humanos concretos, como el orden, la generosidad, la empatía, la amistad, la gratitud, la responsabilidad... etc.



        Además, la educación la llevamos a cabo en la familia, ámbito natural donde se forma cada persona, y cada hijo, gracias al amor incondicional de los padres. Y surge de ese "generador" del amor de los esposos, que da su luz y su calor en todas las circunstancias de la vida. La persona aprende a querer por inmersión, cuando se siente de veras querida. Así se construye a sí misma, y aprende a querer a su vez.


       La familia es la escuela del más rico humanismo, donde se acepta a cada persona por lo que es, sin tener que demostrar nada. Donde se aprende lo importante de la vida con el enfoque adecuado, de las personas que nos quieren. Y donde se aprende a amar.




         El amor y la confianza, que nacen de la aceptación incondicional, hacen que cada hijo se sienta muy querido, y permiten que salga a la luz su mejor personalidad, con sus talentos específicos. Por eso, el cariño y la confianza son como el "horno" donde se cuece la mejor personalidad de cada uno. Y es en la familia donde se forjan personas capaces de desarrollarse bien, y poder querer a los demás...






Los padres tenemos la misión de educar a nuestros hijos, que se traduce en enseñarles a pensar por cuenta propia, en hacerlos responsables, y que aprendan a querer a los demás. Es el mayor objetivo que nos podemos plantear, y una misión, además de reconfortante, ineludible. La conciencia de esta misión tan sagrada hace del padre y de la madre auténticos líderes, estimulando lo mejor de ellos, y además los engrandece. Te lo cuento en "Dirección familiar y liderazgo".





        Para ello, nos podemos apoyar en la autoridad, que es un servicio de guía que prestamos los padres a la hora de ayudar a nuestros hijos, para que crezcan fuertes, con autonomía, y con su naciente libertad. Necesitan que les guiemos en su formación, que les enseñemos lo que está bien o mal, y precisan unas pocas normas que vayan orientando y guiando su conducta... etc.





       También tenemos la libertad de pensar y decidir, entre los dos, qué valores humanos son importantes, según la edad de los hijos..., o sus cualidades, para poner "de moda". Esos valores estarán centrados en principios, y los intentamos vivir en familia, porque, solo se aprende lo que se ve hecho vida en los padres.


         De esa forma, cuando los niños crecen y lo van razonando mejor, entorno a los 7 años, lo harán porque ellos quieren: con libertad interior. Así, los hábitos se transforman en virtudes personales, y conforman la propia personalidad, y la cultura familiar. 

      Las virtudes, término griego que significa fuerza, son refuerzos de nuestras capacidades. Por eso, es necesario educar en libertad, para la libertad de los hijos, que, por otra parte, se concreta y madura en responsabilidad. La otra cara de la libertad... Y, a más libertad, mayor responsabilidad. Lo vemos en otro post.







           La formación de cada persona incluye la educación de varias facultades o aspectos centrales, como pueden ser la inteligencia, la voluntad, y la afectividad. También de la armonía entre ellas.

        En el desarrollo personal interviene la transmisión genética, pero, también es muy importante el entorno y el ambiente de cariño, la educación de cada familia. A través de los procesos de desarrollo, de la inteligencia, la formación de la voluntad, y la afectividad se va cultivando cada aspecto personal. 


      La influencia genética es mucho mayor en lo referente al cuerpo, a la herencia somática, mientras que, el aprendizaje, es mayor en la educación de la persona con sus facultades superiores, como son la inteligencia y la voluntad libre. Así poder acometer metas altas y retos, poniendo el corazón.




        El gran papel de los padres en la formación de los hijos corresponde sobre todo, al nivel superior: su voluntad y su afectividad, en armonía. Cabeza y corazón, como ya señalaran los clásicos. Para que, conociendo lo que está bien, deseen llevarlo a la acción, y además disfruten por ello. Que sean felices haciendo lo correcto, ¡pensando en los demás! Se trata de seducir con los valores auténticos, hechos vida. Y, de esa forma, aprenderán a luchar por dar lo mejor de sí, a relacionarse con los demás..., a tener amigos.





  Por eso es vital tener en cuenta su afectividad y su corazón. Es necesario educar los sentimientos, cultivar la imaginación. Explicarles que nuestras acciones repercuten en los demás, y hay que pensar antes de hacer algo, si conviene o no, si ayudamos o no..., o cómo haremos sentirse a esas personas. No podemos despreciarlos o no tomarlos en cuenta. 

    Así serán capaces de pensar en los demás, de comprender, de mostrar empatía y ser amables, y de querer a las personas más cercanas. Además siempre nos observan con atención, y copiarán nuestra conducta.







       Con estos factores se realiza todo aprendizaje, gracias a la plasticidad neuronal, que permite establecer nuevas conexiones o sinapsis neuronales, y reforzar las ya existentes, según el propio conocimiento y aprendizaje, las emociones que lo guían, el entusiasmo por lo que le llama la atención, los juegos, la educación desde pequeños, y los hábitos conseguidos... También por el modelo que les presentamos, por cómo tratamos a los demás, la información que les proporcionemos, la curiosidad y motivación, o la capacidad de imaginar alternativas, de reaccionar ante las situaciones... etc.



       Y todo a la luz del cariño que les brindamos, con coherencia personal, que es lo que les atrae, y les transmite esa forma de ser y ese comportamiento.






           Como resultado, obtenemos un aprendizaje, no medible, porque tiene muchos aspectos, que se traduce en aptitudes, capacidades y actitudes que podemos alentar o motivar. Entre ellas la creatividad, tan propia y específica de la persona humana; o la empatía, para comprender y conectar con los demás y establecer lazos afectivos. Que nos "importen" de veras sus estados, y actuemos en consecuencia.


      Además hay muchos tipos de talentos, y lo importante es descubrir en qué es bueno cada hijo, sus fortalezas y sus anhelos más profundos, para fomentarlos, y que los desarrolle. Así, disfrutar siendo esa persona singularísima que es. 


     Porque, al fin y al cabo, educar es seducir con la belleza de los valores auténticos. Pero, todos necesitamos pensar con claridad, desarrollar hábitos y virtudes que nos faciliten la vida, y nos orienten en buena dirección. Es decir, que nos mejoren como personas. También fomentar sentimientos más finos y nobles, para cultivar lo mejor de cada uno, y poder relacionarnos con los demás de forma más auténtica y humana.




       A la hora de hacer real todo esto, tan importante es el ambiente de familia (enlace), como el poder elegir un colegio adecuado a nuestros ideales. Porque, si no, el trabajo que se realiza en casa se vería destruido por un colegio que no coincidiera en lo importante con nuestro ideario. Y los niños soportan muy mal las incoherencias: es preciso trabajar en equipo en la misma dirección... Está en juego su formación y plenitud personal, y sobre todo su felicidad.




        Dejo este vídeo de agradecimiento a los profesores, sobre la necesidad de trabajar juntos, en equipo, por el bien de nuestros hijos. Porque los protagonistas son ellos.

       









    
        Y un poema de la Madre Teresa de Calcuta, muy significativo: 





Espero que te haya gustado el post, y que lo compartas con amigos. ¡Gracias!


Dejo enlaces relacionados con el tema: 


                                                                  Mª José Calvo
                                                                     optimistas educando y amando





URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/04/los-padres-primeros-y-principales.html

1 comentario:

  1. Hola, me encanta esta iniciativa que puede ayudar mucho alos padres... espero que cuelgues nuevos artículos. Animo!! y muchas gracias. Te seguimos desde Moscú, nada menos!. piluca

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