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miércoles, 11 de diciembre de 2013

II. MARCO ANTROPOLÓGICO. UN POCO DE MEDICINA

                                     


                                             II. MARCO ANTROPOLÓGICO


           Ya vimos que para el desarrollo integral de nuestros hijos, en las primeras etapas, debemos atender todos los marcos de desarrollo de forma simultánea. El primero que hemos visto es el marco familiar, en el que se engloban todos ellos.





             Hoy vamos a ver cómo es el aprendizaje humano, y cómo desarrollarlo, desde el punto de vista antropológico, de la persona. 



         Para ello es importante la figura de apego, que es bueno que sea la madre o el padre. Muy importante saber acoger al bebé, acariciarle, sonreírle, acunarle, quererle... Que se encuentre muy a gusto en casa. Atenderle en sus llantos, porque muchas veces lloran por algo, que no saben expresar, pero que les agobia..., a pesar de que podamos estar muy cansados. 





            Los niños aprenden todo de las personas que les quieren: sus padres. Y lo hacen gracias al sentirse queridos. Además, la formación del sistema nervioso está en pleno desarrollo en esas edades tan tempranas. El primer año es vital para formar estructuras y sinapsis neuronales que usará toda su vida.

           Ya decía Tomás de Aquino, que la curiosidad y el asombro que sienten los niños es el principal motor del aprendizaje. Y es algo que nace desde su interior. Por eso es bueno dejar que los niños vean, admiren, toquen, huelan, oigan, observen... el mundo que les rodea, para que salga a la luz esa curiosidad, y les permita investigar, experimentar, pensar, comprender el mundo con ojos nuevos... Y es importante que vean la naturaleza, el campo, un amanecer, un bosque, las estrellas, las hojas en otoño, el crepitar de la nieve, una granja de animales... etc.







         El aprendizaje humano va con la naturaleza de la persona, en la que existen unos "periodos ventana" en los que se aprende con suma facilidad unas funciones innatas, o valores humanos, de forma que el niño disfruta cuando lo hace. La naturaleza es muy sabia.





          Y no hay que confundirlo con el "aprendizaje precoz", que se puso de moda, en el que se intenta violentar su naturaleza, a base de estímulos constantes y repetidos, para conseguir algo para lo que todavía no están preparados... Su cerebro no ha madurado. El conocimiento debe ser desde dentro hacia fuera, impulsado por la curiosidad y la admiración innatas.


           El aprendizaje oportuno se realiza con los estímulos de la vida del niño, en un ambiente de familia, rico y sereno. Y esa curiosidad innata facilita la atención, porque le atrae y emociona, y disfruta con ello. Además, debe haber un modelo adecuado para fijarse, y que pueda realizar esa acción y repetirla, hasta que la asimila. El modelo siempre somos los padres: hay que ser conscientes que los niños están todo el día mirándonos, y nos copiarán. Por eso necesitan oportunidades de acción en familia, para aprender ciertas habilidades, poder ser autónomos, seguir su curiosidad, adquirir hábitos saludables... etc.

    



Existen "periodos sensitivos", o también "críticos", que son periodos naturales con una predisposición al aprendizaje de determinadas acciones, que traslucen unos valores, con un esfuerzo mínimo, porque el niño, y su cerebro, están preparados para ello. 

         Por ejemplo, el orden, prácticamente desde que nacen hasta los 3,5 años, con esos hábitos antropológicos de sueño, comidas, paseos, higiene..., el lenguaje, de 0 a 6 años, el movimiento, desde los 18 meses a los 4 años, la sensibilidad fina, entre 1 y 2 años, el control de esfínteres a los 2-4 años, la socialización de 3 a 6 años, la lectura y escritura, de 3 a 5 años, el conocimiento de la naturaleza... etc.


        Se nota que el niño está en esta fase concreta porque se concentra en algo, y le gusta repetirlo hasta que lo hace suyo. Para ello debemos hacer un ambiente donde esté a gusto, con serenidad, con libertad de elegir y hacer algo que le guste más...




            Estas acciones se pueden clasificar por su relación con las distintas facultades:

1.- Movimientos motores como la marcha (entre los 10-15 meses), y el equilibrio (3-5 años).

2.- Relacionado con la inteligencia: por ejemplo el habla, de 0 a 6 años, o el aprendizaje de nuevos idiomas (primeros años), la música (embarazo-4-6 años), las matemáticas (4-6-7 años )… Es preciso hablar con ellos, observarles, escucharles, y enseñarles lo importante de la vida, antes de que vean algo sin el enfoque deseado.

Por ejemplo, el conocimiento del “yo” se desarrolla más o menos de 2 a 4 años. Es cuando se dan cuenta de su identidad, de que son independientes y distintos de los demás. Por eso, a los 3 años suele ser la edad del "no", porque quieren reafirmarse ante ellos mismos, y los padres.      



3.- Con la voluntad: referentes al comportamiento, o vivir algunos valores como: 

           El orden, desde que nacen prácticamente hasta los 4 años, lo aprenden con mucha facilidad; luego hay que seguir en ello. Además es lo que les da seguridad y estabilidad a la vida.

           La sinceridad hay que trabajarla antes de los 9 años: es la edad ideal para hacer atractiva esa virtud. Además si somos buen modelo, si hay un ambiente en casa propicio, lo verán más claro y no les costará apenas. Y luego seguir con ello.

           La obediencia: que tengan el hábito de obedecer desde bien pequeños, porque lo que les decimos es por su bien, se lo explicamos a su nivel, les damos razones y motivos, y para enseñarles algunas cosas importantes. Por eso es necesario marcar unas normas claras, por ejemplo, para que sepan lo que está bien o no, para aprender a ser autónomos, para ponerse en el lugar del otro, para comprender y ayudar... etc. También hay que razonarlo, para que actúen con inteligencia, con criterio, pensando antes de hacer algo, dependiendo de su edad.

             Otras, como la generosidad, la gratitud, la empatía, la laboriosidad, el esfuerzo, la resiliencia, el trabajo en equipo, que lo verán en nuestras actuaciones coherentes.


           El juego, con sus diversas etapas y modos (simbólico, de reglas...) Es cuando realmente vive y disfruta el niño, y donde aprende lo importante de la vida. Para él la vida es juego, y la forma de aprender cualquier cosa.


4.- Con la afectividad y las nuevas sensaciones. El niño aprende por sentirse querido. Y todo lo asimila en función de ello, incluidas las nuevas sensaciones, como las salidas al campo, una puesta de sol, ver cómo llueve, pisar un charco, ver caer las hojas en otoño, rezar a su Madre del cielo, hablar con el Niño Jesús, mostrar empatía con sus hermanos, aceptar un problema o falta de salud de alguien..., el misterio de la muerte de un ser querido... y muchas más cosas que podemos enseñarles. Por ejemplo, la cortesía y buenos modales, la música, los sentidos... en edades de 2 a 6 años.

                          
                     


                      
        
             EL APRENDIZAJE HUMANO Y EL DESARROLLO CEREBRAL

             Desde la gestación, la formación  del cerebro es una consecuencia de las conexiones o sinapsis que se efectúan entre las neuronas. Los genes determinan el patrón y funcionamiento básico de circuitos cerebrales, pero el ambiente también influye-









             Pero desde el embarazo, aparecen cambios según el entorno. Se llevan a cabo, al recibir los estímulos adecuados en el momento oportuno. La relación con otras personas, su cariño, el vínculo de apego, y hasta las propias acciones y comportamiento van moldeando nuestro cerebro, gracias a la plasticidad neuronal que posee. También influyen las hormonas en épocas posteriores





                                                  


           Cuando están en la cuna, con los horarios de sueño, comidas, higiene, paseos… y cuando van creciendo, con horarios también, rutinas diarias, encargos…, a base de interiorizar las acciones, las neuronas se pueden multiplicar y sobre todo crear nuevas sinapsis neuronales, haciendo múltiples ramificaciones. Estas, se ven reforzadas con las acciones correspondientes en el momento adecuado.


         El periodo más importante, en relación con las  sinapsis neuronales, es hasta los 6-8 años, y también hasta los 12. Es un periodo de “explosión” o de formación de innumerables conexiones. No es bueno que haya poca estimulación, ni que la haya en exceso, porque a veces nuestros hijos están sobreestimulados sensorialmente con respecto a pantallas, a música estridente, a videojuegos… incluso agresivos y con dibujos no muy bonitos precisamente.

         Es aconsejable respetar sus ritmos naturales de crecimiento, sus periodos sensitivos, la naturaleza del niño, y no fomentar la violencia sin darnos cuenta. Por algo la Academia de Pediatría desaconseja pantallas en niños pequeños. Y luego, con algunas condiciones, como cuidar los contenidos, el tiempo de exposición, el acompañamiento de los padres, unas normas que delimitan un modo de uso... etc. Siempre guiados por los padres.



          El patrón de desarrollo y maduración neuronal se realiza hasta los 18 años aproximadamente, aunque hasta los 25 no es total. Lo primero en madurar son las zonas que coordinan el movimiento. También las zonas sensoriales. Más tarde, la zona cognitiva y emocional, con la corteza y el sistema límbico. Y lo último en madurar es la corteza prefrontal, con el pensamiento propiamente dicho, funciones ejecutivas, la toma de decisiones, y el juicio: lo más cualificado de la persona. Esto se inicia en la adolescencia, con el estímulo hormonal.

             
                                                 


                EL MARCO ANTROPOLÓGICO

             Se refiere a la persona humana con la gran dignidad que implica. Cada persona es un mundo, tenga la edad que tenga. Es preciso prestar atención a lo importante: a la vida, al amor, a la felicidad, a los valores, a los sentimientos, al cariño de los padres… Valorar cada familia, escuela del más rico humanismo.

             Anoto un comentario de Tomás Melendo sobre el ambiente de familia para un recién nacido: "Pienso que es una idea profundísima, ya expuesta por Tomás de Aquino, al menos de dos formas. Por un lado, sostiene que la misma causa que ha dado origen a una realidad (en este caso, el amor mutuo de los padres), ha de ser también la causa de su desarrollo. En otro lugar, de manera más figurada: una vez que el niño deja el útero materno, necesita de otro líquido amniótico y de otro útero, que es el que forman sus padres, queriéndose entre sí." Necesita sentirse inmerso en el cariño de los padres para desarrollarse bien. No solo a nivel físico, sino emocional. Incluso la maduración cerebral, no se realiza en ambientes carenciales.



              El recién nacido necesita todo nuestro cariño, toda nuestra atención, pero tenemos que darle seguridad a base de un horario establecido, además de darle cariño, para tener todo "bajo control", como en la NASA...


              Nos podemos apoyar en sus cuatro hábitos básicos. El cuidado de estos hábitos debe ser constante desde que nace el niño. Es lo que nos permite tener un mínimo de paz familiar, y lo que en definitiva hace que podamos acogerle, quererle, y educarle, desde pequeño, y que se sienta realmente querido.


1.- COMIDAS: 

              Los recién nacidos deben tener un horario establecido de tomas. Aunque al principio, veamos más o menos cada cuánto tienen hambre, pero suele ser cada 3 horas. Así, van adquiriendo un sentido del tiempo, del orden, del día y de la noche. 

              Además de comer, se establece una relación afectiva con la madre impresionante, que le va a dar seguridad, y cariño durante su crecimiento. El contacto físico con ella es de primordial importancia para su buen desarrollo. Y en esto consiste la figura de apego del principal cuidador, que le va dando seguridad y confianza según va creciendo...

              La lactancia materna, a ser posible, es lo que mejor le viene al niño. Además de contener todos los nutrieres necesarios, aporta inmunoglobulinas, en concreto la Ig A, que le ayuda contra las infecciones, y les fortalece su sistema inmune. También debe hacer tomas por la noche, porque no es bueno dejarle tanto tiempo sin el aporte de glucosa y nutrientes. Además, así se estimula la producción materna de leche. Dejo una infografía de la Clínica Universidad de Navarra, que me ha gustado.





              El niño un poco mayor debe comer a su hora, de todo, y en un tiempo dado. La alimentación ha de ser completa y correcta, no caprichosa. Y no tener que depender de la televisión o de pantallas para ello.

            Así se establecen las bases de la nutrición futura. Una buena proporción de principios inmediatos, para una dieta equilibrada, cuando empiezan a comer, puede ser: 50% de hidratos de carbono, 35% de grasas, y 15% de proteínas, según la edad. Y no abusar de comida rápida, sino de la rica "dieta mediterránea". Consiste en una dieta a base de legumbres, verduras, pescados, frutas, y las frituras en aceite de oliva virgen. Así tenemos su poder antioxidante, rico en fibra, reductor del colesterol, y bajas grasas saturadas. Además el aceite de oliva virgen, es rico en ácidos grasos como el ácido oleico, que ayuda en el metabolismo de los lípidos. 




2.- SUEÑO: 

              Los bebés necesitan dormir prácticamente todo el tiempo, y más por la noche. Es bueno acostumbrarlos a tener el ambiente oscuro y en silencio por la noche, y claro por el día.

             Los niños algo mayores deben tener sus horas fijas de acostarse, de levantarse, y de siesta.

              También es importante tener su propia cama (no la de sus padres…) El tiempo de sueño es importante: es cuando se sintetizan los neurotransmisores que se van a utilizar al día siguiente. Y cuando se secreta alguna hormona, como la del crecimiento: la GH.



3.- ORDEN: 

            El orden en los horarios es fundamental. Permite organizarnos, y no dejar paso a la improvisación. Además es lo que da seguridad a los niños pequeños.

En niños mayores, es necesario para que sepan qué tienen que hacer en cada momento, y no depender del capricho de los adultos. 

Es importante la comida, el sueño, dar paseos diarios por el parque, jugar con ellos… 

También hay que enseñarle el respeto a las personas y a las cosas: por este orden. Que no deben hacer o decir lo que no les gustaría que les hicieran a ellos..., pensando en los demás.



4.- HIGIENE: 

             Es importante mantenerlos limpios y secos: lo agradecen, lloran menos, y se acostumbran a ello.

             Empieza por el control de esfínteres, en el momento preciso, y continúa con el aseo personal, lavarse los dientes... 

               Y los mayores, que vayan aprendiendo a asearse, a ducharse, a lavarse los dientes, a comer saludable, a hacer ejercicio…





               Para conseguirlo, cada familia tendrá su propio estilo, pero lo mejor es empezar cuanto antes, aprovechando las oportunidades del día a día, con estrategia y buen humor. Contando también con la ayuda de los hermanos "mayores".  



                 Dejo algo que puso un buen pediatra en la puerta de su consulta, para resaltar, que lo mejor no son las técnicas, sino la figura de la madre..., o del padre, su sentido común, y especialmente su cariño.





             Y saber disfrutar de la alegría de contar con cada nuevo hijo: es el mayor regalo que podemos imaginar, y cualquier esfuerzo vale la pena. Además, cuando son varios hermanos, se educan "solos": es mucho más fácil. Pero debemos aprender a disfrutar con ello, dejar volar el corazón, sin descuidar nunca a la persona que más queremos del planeta...




            Espero que les haya gustado, y que lo compartan con amigos. ¡¡Muchas gracias!!



Dejo enlaces relacionados: 

-desarrollo infantil: marco familiar

-marco neurológico

-marco psicológico 

-y pedagógico

-construir relaciones familiares 

-para hacer "planes de acción" con objetivos concretos 



                       

                                                                           Mª José Calvo
                                                                 optimistas educando y amando




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