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Lograr armonía familiar

viernes, 12 de febrero de 2021

AMAR: QUERER EL BIEN PARA EL OTRO

    
                  
                                             
                             AMAR: QUERER EL BIEN PARA EL OTRO

    
Aprovechando el día de San Valentín, podemos hacer un “parón" para mirar el amor, cada uno el suyo. Para los novios, pensar si realmente es la persona adecuada para compartir la vida y crecer juntos. Para los que estamos comprometidos, ver si estamos realizando ese proyecto conjunto, ese destello que vimos al enamorarnos. En definitiva, lo que ese amor está llamado a ser..., si se cuida y se custodia como el gran tesoro que es.




        
Y, ¿qué es enamorarse? Básicamente descubrir toda la belleza condensada en una persona singular. Ver todo lo bueno que alberga en su interior. Y deslumbrarse por ello.  Es confiar en la vida que hay en él, en ella, saber motivarle y ayudarle para que lo desarrolle y logre su mejor personalidad. Poniendo todo el corazón. Así, encontrase uno mismo en la otra persona.

         

El enamoramiento, esa emoción intensa y maravillosa que suscita admiración hacia el otro, ejerce una fuerte atracción. Y nos ayuda a ir haciendo más real ese destello... Pero, como señala Gustave Thibon, todo lo valioso lleva su tiempo. 



El núcleo más hondo del amor es la voluntad de querer al otro. Querer su bien, como dijera Aristóteles. Y eso no depende de nada, solo de uno mismo: de empeñarse de veras en quererle, en que se sienta querido. Luego, también están los sentimientos, claro, y hay que aprovechar su energía cuando vaya en la dirección de quererse más y mejor, poniendo el foco en la otra persona. Frenando al yo, tan egótico muchas veces.

El amor es algo vivo que, o lo hago crecer con ilusión cada día, o, acabará por debilitarse y morir. Para ello centrarse en manifestaciones positivas de cariño, y no tanto en las pequeñas manías o defectos que todos tenemos. Siempre mirando con buenos ojos, confiando, viendo lo bueno del otro: sus cualidades singulares y fortalezas, sus talentos... etc.





A veces requiere sacrificio por la otra persona, pero, si se hace por amor, se vuelve gustoso y nos llena el alma. Nos hace felices. El amor supera el sacrificio y se alimenta la relación. Es uno de los "pilares" del amor... Es preciso poner al ser querido en el centro, priorizar la relación. Amar es cuidar. Y ese cuidado y atención al otro hace que el corazón se entusiasme y vuele. Quien es cuidado se siente agradecido, que eso también es amar; quien cuida se siente feliz de hacer el amor, en su más propio sentido.





Por eso es bueno pensar cada día un detalle de cariño para con la otra persona, y luego ver cómo concretarlo y hacerlo vida. Así ir teniendo el hábito de pensar primero en el otro, esencia de un amor auténtico.

Como señala Tomás Melendo, la vida es la gran oportunidad de ir amando cada vez más y mejor, de agrandar las fronteras del propio corazón. Es la forma de crecer como personas, de ser más plenos. El amor cualifica a la persona. 

Y esa plenitud personal, consecuencia de amar mejor a quien tenemos que amar, resulta en un sentimiento de dicha y felicidad indescriptible. La persona es y se siente feliz.

Pero, hay veces en que uno se esfuerza en sentirse feliz, en directo, sin poner la causa, como tantas veces se pretende, y entonces no hay forma de lograrlo. La primera condición para ser feliz, como señala también el gran Viktor Frank, es no buscarla. Te lo cuento en el post sobre la alegría, con una idea de C. S. Lewis.







Siguiendo con Aristóteles, la plenitud personal debida a saber amar, es lo que nos hace felices. Y notamos esa dicha, no buscada, consecuencia de amar efectivamente.

Por eso, si amas te sentirás feliz. En cambio, si solo te buscas a ti en una relación, la infelicidad se desborda tarde o temprano...


Tenemos que buscar la libertad de amar a la persona que elegimos, con la que nos comprometemos en un proyecto vital conjunto. Y luego, concretar cada día algún gesto de cariño que sorprenda a esa persona y vaya construyendo. También sabiendo ver lo bueno que posee, para hacérselo notar, y ayudarle a que lo desarrolle. 

Por tanto es necesario un tiempo para quererse, disfrutando. Reservar tiempos y espacios que permitan comunicar el cariño, y la magia de la empatía, de pensar en hacerle feliz.





El "sí quiero" inicial del compromiso es como energía que capacita para quererse mejor, a un nivel mayor que antes. Pero luego hay que poner ilusión y empeño en hacerlo real día a día, con sentimientos exuberantes, o sin ellos; cuando sale solo, y cuando cuesta más... para hacer crecer y florecer dicho amor.

Sin embargo, la promesa incluye comprometerse a querer-querer, no a tener sentimientos que nos hagan volar durante toda la vida... C. S. Lewis lo expresa así: "Una promesa debe ser hecha acerca de cosas que yo puedo hacer, acerca de actos: nadie puede prometer no volver a sufrir ningún dolor de cabeza, o tener siempre apetito". 





En definitiva, el amor comprende, disculpa, lo da todo, no busca medidas ni compensaciones, sino que pone a la otra persona en el centro del corazón. No es un simple gustar, ni siquiera querer por un tiempo...  Por eso, o se ama con todas las consecuencias, hasta el fondo del ser, o no se ama de veras. El amor es exigente, pero ahí radica su grandeza y belleza...








Te dejo con un pensamiento: 

el acto supremo de la libertad es el amor:
donde mejor se despliega.







                  Mª José Calvo
      optimistas educando y amando

                  @Mjoseeopt      


                             
Espero que te haya gustado, y gracias por compartir. ¡¡Feliz San Valentín!!


 Dejo algunos enlaces relacionados: 

       * Nuestro-mejor-proyecto (amor de pareja)

       * Para-amar-mejor 


       * Enamorarse...

         El-secreto-de-un-amor-duradero


 

       * El-cariño-construye-familia

                                                                            


URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2021/02/querer-el-bien-para-el-otro.html         

sábado, 6 de febrero de 2021

"TIPS" SOBRE AUTORIDAD-LIBERTAD


                    
                     "TIPS" EN EL USO DE LA AUTORIDAD 

      UNA FORMA DE LIDERAZGO PARA FOMENTAR SU LIBERTAD


                              
He desdoblado el post sobre la autoridad para que no se haga excesivamente largo. Dejo enlace abajo. Ahora unos "tips" más prácticos para liderar la familia y "ayudar a crecer" a los hijos en libertad, que en eso consiste la autoridad. Seducir con la belleza de los valores auténticamente humanos. Así guiarles en su proceso de maduración y desarrollo como personas. Que aprendan a usar bien su libertad.

La autoridad se podría definir como la fuerza que guía y ayuda a crecer a nuestros hijos, a desarrollarse bien, a llegar a ser las personas singulares que son, con toda su grandeza. Tarea ingente, para la que nos hemos de formar, y hacer vida la belleza de lo que queremos transmitir.

 Como señala un gran pedagogo, Juan José Javaloyes, “los padres no tienen autoridad, sino que, por ser padres, son una autoridad para sus hijos. La autoridad es una manifestación del amor y una forma de servicio. Sin el ejercicio de ésta no se puede educar”. Y educar es enseñar a amar.




    
Pero, debe ser una autoridad-servicio, no un autoritarismo, ni un permisivismo: los dos extremos, que destruyen la autoridad, y hacen familias permisivas o autoritarias. Y siempre, pensando en ellos, en su buen desarrollo, para que consigan lo mejor de su personalidad, su mejor forma de ser. Es decir, buscando su bien.  Es como si se dijera: "lo hago porque te quiero, y es lo mejor para ti". Y ayudarles a pensar por cuenta propia, para que aprendan a usar su libertad.



La autoridad innata de los padres también posibilita el buen liderazgo. Ser líder significa pensar en los demás, guiarles. También en la familia. Te lo cuento en "dirección familiar". Estar atento a lo importante, sin descuidar los detalles. Es un servicio desinteresado a los que más queremos, justo por cariño. Intentar vivir esos valores, basados en principios, que queremos transmitir a nuestros hijos. Y saber hacer una llamada a lo mejor de cada uno. 




 
En el fondo, es una guía para el desarrollo de su creciente libertad. La facultad mayor que posee la persona, que le posibilita querer a los demás. Algo que da sentido a la vida, y nos hace de veras felices.




En esta línea, anoto un comentario del humanista Tomás Melendo de la web Edufamilia:

"Importa mucho que nuestros hijos interioricen y hagan propios los criterios correctos, que aprendan a distinguir claramente lo que está bien y lo que está mal. Y que tengan la fuerza de voluntad y las virtudes imprescindibles para hacer lo bueno y evitar lo malo, aunque les resulte molesto o costoso o tengan que actuar contra corriente respecto a sus amigos y compañeros. De poco serviría que obraran “aparentemente bien” solo porque nosotros los estamos viendo. El motivo por el que quieren lo bueno o evitan lo malo es una de las claves para determinar hasta qué punto pueden considerarse formados y maduros, verdaderamente libres.

       Aunque no resulte sencillo, es sumamente importante que entendamos y les vayamos haciendo comprender que la auténtica libertad consiste en actuar, siempre y en todo, por amor. No solo la verdad, ¡también el amor nos hace libres!"



Todo ello apuesta por una familia armónica, donde hay unas normas importantes, pocas y claras, que buscan el bien de cada uno, y luego se hace ambiente confiado de libertad donde crecen las personas al sentirse queridas y poder a su vez querer. Además con buena autoestima por pensar en los demás.




         Cuando los padres no sabemos ejercer bien la autoridad, por un malentendido respeto a su libertad, por comodidad..., por el todo vale, o por carecer de principios, no podremos guiarles en su desarrollo. Y difícilmente seremos buenos modelos, o incluso buenos líderes. 


Se sentirán inseguros, no crecerán bien. Y se pone en peligro el uso correcto que los hijos puedan hacer de su libertad, pues ven que nos movemos, no por principios y valores, sino por estados de ánimo, o sentimientos cambiantes. No ven un referente claro que les ilumine y dé sentido a la vida. Y sienten que no se les quiere de veras.
  




              8 "TIPS" PARA GANAR AUTORIDAD 


1- Ambiente familiar: crear buen ambiente, confiado y alegre, con tranquilidad y confianza, delicado, saturado de cariño. Con libertad según la edad de los hijos. Fijarse en lo positivo y sonreír siempre ayuda. El cariño de los padres se derrama eficaz en los hijos... Aprenden a tratar a los demás según como se tratan entre sí. Hacer notar lo bueno del otro, prestigiarse el uno al otro.




      2- Puntos básicos: decir las cosas con calma, sin gritar, sin repetir. Aprender a motivar, y valorar el esfuerzo. Desde muy pequeños, que sepan qué les pedimos y cómo hacerlo. Cuanto más difícil, con una sonrisa mayor... También enseñándoles a pensar y a asumir consecuencias de sus actos. Y el ejemplo es vital.


3- Ante algo que está mal hecho, lo mejor es pedirles que lo hagan bien. Nada de “chapuzas”, pero sin humillar o castigar..., sino con cariño y un ¡tú puedes! A veces hay que reprender, pero para que sea algo educativo, la reprensión tiene que ser clara, concreta, sucinta, que no humille, pues si no, hace el efecto contrario. Y cambiar de tema.


4- Exigencia comprensiva en pocas cosas, pero importantes. Como hemos visto, tener unas normas que señalen el camino, y en el resto de cosas dar mucha libertad. Que aprendan a gestionarla bien, dependiendo de cada uno y de su edad.


5- Dando las razones de cada actuación, que eso es formarles, para que comprendan motivos y piensen por ellos mismos. Así se sentirán más libres y podrán entrenar su naciente libertad. La libertad no es solo capacidad de decisión y elección, sino ampliar horizontes en los hijos, cultivar el espíritu, orientarse al bien. Conlleva adquirir autonomía, habilidades, y autodominio personal.

Porque, como señala la doctora María Montessori, dejar que el niño haga lo que quiera cuando todavía no ha desarrollado la capacidad de autocontrol es traicionar la idea de libertad.



6- Reconocer el esfuerzomás que los logros. Simplemente el ponernos alegres ya es motivador; y es una forma de agradecer su esfuerzo. Ellos captan nuestra expresión y nuestros gestos en todo momento, por eso pensar cómo les alentamos a ser mejores, a pensar en los demás.


7- Cuando van creciendo, hay que ir cambiando el mandar por sugerir. Tratarles como si fueran un poco mayores, estimulando lo mejor de ellos. Así se va dando más libertad de pensamiento, y de acción, y aprenden a ser responsables. La libertad debe ir "de la mano" de la responsabilidad. Cada persona responde con sus actuaciones. Por eso, dar la libertad que creamos que pueden gestionar.


       8- Motivar y reconocer las buenas acciones. A veces es bueno reforzar una acción, pero hay que tener en cuenta el nivel de dicha acción. No recompensar el haber estudiado, o el haber cuidado a un hermano, de un nivel alto, con algo material, pues se devalúa dicha acción. Te lo cuento en el post sobre "motivos y motivaciones en familia".

       Y muchas veces, el mejor premio es la alegría de una buena acción, o, el favor que se hace a alguien. También el aprendizaje de algo nuevo... etc. Los motivos de mayor nivel dan más sentido. Por eso, intentar elevar motivos. También es bueno celebrar los encargos o metas cumplidas con una merienda especial, una película comentada, una cena fría, una excursión por el campo...







9- Siempre separando la acción de la persona. El que haya hecho algo mal no significa que sea "malo"... Todos podemos fallar, y más ellos que están aprendiéndolo todo. No etiquetar, ni hacer comparaciones… Cada uno es único, singular, especial, con sus fortalezas y cualidades y su forma de ser. Si ha hecho algo mal, debemos animarle a hacerlo mejor. Con un "tú puedes", sin ponerle la "etiqueta", que hiere y no es cierta...




        
"Planes de acción"

La ventaja de todo ello es que se puede hacer poco a poco, con “planes de acción” concretos. Descubriendo y fomentando sus cualidadespara conseguir hábitos y virtudes que den autonomía y buen hacer. Que desarrollen su personalidad. Te lo cuento en "crecimiento de los hijos".

En ellos marcar algunos objetivos a conseguir. Por ejemplo, ser responsables en sus encargos, estudiar x tiempo cada día, hacer alguna tarea en casa, o en el colegio, cuidar de un hermano pequeño, estar pendiente del abuelo, pensar en los demás, ayudarles, adquirir un hábito… etc.

Y poner unos medios adecuados para cada objetivo, luchando en puntos muy concretos. Y una buena motivación es lo principal. Todo ello en un ambiente alegre y confiado, saturado de cariño, donde es fácil luchar por lo mejor, a cualquier edad. Con optimismo. Siempre haciendo énfasis en lo positivo y en el esfuerzo por luchar, y no tanto en el resultado... Esto te lo cuento en "consiguiendo objetivos".





Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos.


                                                                     Mª José Calvo
                                                           Optimistas Educando y Amando
                                                                     @Mariajoseopt     


       


         Dejo enlaces relacionados con el tema: 






         * "Los encargos"

         Crear ambiente de hogar


 

       
         * Misión de la familia 


         * "Educar-la-libertad-personal" 

        
       
          Lucha-y-felicidad

        * Sinergia en pareja 



                                                                                                                                            

                                                         Mª José Calvo
                                          Optimistas Educando y Amando
                                     
                                                        @mjoseeopt     
      
       

         URL:
           https://optimistaseducando.blogspot.com/2021/02/tips-para-ganar-autoridad.html

lunes, 1 de febrero de 2021

ALEGRÍA Y BUEN HUMOR



                                            REZUMAR ALEGRÍA...  



Nuestra vida es, o debe ser, una lucha por llegar a ser aquello que estamos "llamados a ser": nuestra mejor forma de ser. Una lucha ilusionada que nos da alegría. Y está muy relacionada con los demás. 

El que no lo intenta, y se deja vencer de la horizontal, ya ha perdido... Y la ilusión y el entusiasmo son primordiales para no envejecer el alma. Decía Van Gogh: "Jamás hay que dejar apagar el fuego de tu alma, sino avivarlo". Él bien lo sabía, y tuvo una lucha constante por avivarlo...


Tener sueños y metas concretas a las que aspirar, y "estrellas" que iluminen y orienten el camino, a modo de "estrella polar".🌟 Y esa lucha por dar lo mejor de uno mismo nos torna la vida entusiasmante, alegre, porque no damos las cosas por supuestas, ni por perdidas. Te lo cuento en "vivir con entusiasmo". 


Por otro lado, considerando a los clásicos y su sabiduría lo más alto que podemos alcanzar, y lo más trascendente, es el bien, la verdad, muy relacionados con la belleza. Y a la inversa: la belleza, que nos habla al corazón, nos dice la verdad y la bondad: refulge con ellas.

Y la alegría es señal de ese de ese bien, que rezuma belleza. Pues en la belleza habita la alegría, y es más, también la esperanza. Aunque a veces cueste, o haya que esforzarse por algo...




Cuando uno se esfuerza por ideales nobles valora más las cosas, y como consecuencia está contento y agradecido. Las buenas acciones dan contenido que enriquece la vida, y nos hacen sentir dichosos. Las personas generosas que se preocupan por los demás tienen algo que arrastra a intentar imitarles en eso..., y son alegres. Quizá esa alegría provenga de "olvidarse" un poco de sí mismo para atender a los otros. Como muestra, un pensamiento de Marie Curie:




La alegría está muy relacionada con el optimismo y el buen humor. Y tiene sus raíces en forma de sacrificio gustoso por quienes amamos. Y no sólo es un sentimiento, también un hábito, una actitud: uno se puede entrenar en pequeñas cosas, como sonreír, ver lo bueno de una situación, ser amable, descubrir talentos, pensar detalles para alegrar a otros... De ese modo, uno "se hace" optimista y alegre.





Muchas veces es consecuencia de una vida plena, con sentido, por ese intentar adquirir virtudes que ayuden a ser mejores. Por ejemplo, atentos, afables, empáticos, serviciales, generosos, trabajadores, leales..., y otras que dejo a tu imaginación. 

Las verdaderas virtudes no son tristes, ni pesadas, ni algo antiguo o arduo, sino amablemente alegres... Son "fuerza", que eso significan, en nuestro caminar. Y la alegría debe ser parte integrante del camino. Anima, hace ver la vida en positivo, da energía, y aporta una personalidad radiante, atrayente, capaz de querer a los demás.






Entrenarse en una lucha alegre y deportiva, especialmente en circunstancias difíciles. Porque, el cariño protege, reconforta, y nos hace dichosos al sentirnos queridos, y al poder querer a los demás.

Cada persona necesita ese cariño para ser ella misma, y poder mejorar. Lo propio de una persona es amar: para eso ha sido creada. Y en ello encuentra la felicidad, señalan tantos humanistas. Por ejemplo, con palabras de Tomás Melendo, la felicidad es directamente proporcional a la capacidad de amar de cada persona, expresada en obras. El pensar en los demás siempre es motivador y da sentido a cuanto hacemos, y vivimos.





Algo que siempre ayuda es tener una visión más trascendente de la vida: da perspectiva, incluso en medio de las dificultades, aportando más relieve y colorido. La persona se trasciende a sí misma, y ahí encuentra sentido y propósito.


La alegría es algo hondo, que llega a las profundidades del ser, a la esencia de la persona, aunque en la superficie haya contrariedades, sufrimiento, y a veces tempestades...

Decía un sabio, cada hogar, cada familia, debe ser un remanso de paz en el que, por encima de esas contrariedades, se perciba un cariño hondo que da ánimo y seguridad a cualquier edad. Y es fruto de esa visión con más perspectiva y relieve, que aporta un sentido singular a la propia vida, entrelazada con los demás.

Por tanto, poner cabeza y corazón en ello. Pensar qué metas y objetivos concretos podemos plantear, alcanzables, que animen en la lucha. Con ilusión, buscando motivos altos que estimulen a "pelear". Ver con los ojos del corazón, con la calidez que aporta, y contar con la fuerza de los sentimientos en la dirección que necesitamos. Son energía adicional para volar más alto, para reconducir la trayectoria, o retomar el vuelo después de una caída en picado... 


El que lucha ¡está alegre!: no da las batallas por perdidas. Siempre hay esperanza, como pone J. R. R. Tolkien en boca de Aragorn, en la Batalla del Abismo de Helm, o en La Última Batalla por la Tierra Media. Para él la nostalgia propia del ser humano, "destinado a morir", (no condenado), con anhelos de belleza, armonía y eternidad, torna en esperanza. Y nos transmite siempre esa esperanza de su legendario, vinculada a la luz y las estrellas. Hasta el nombre de Aragorn es "Estel": esperanza.

Al final, en El Señor de los Anillos, un juglar de Gondor se adelanta: "Y cantó para ellos en lengua élfica y en las lenguas del Oeste, hasta que los corazones, traspasados por la dulzura de la palabras, se desbordaron; y la alegría de todos centelleó como espadas, y los pensamientos se elevaron hasta las regiones donde el dolor y la felicidad fluyen juntos y las lágrimas son el vino de la ventura." El Retorno del Rey, en Ed. Minotauro.

Si uno pone empeño e ilusión, y todas sus fuerzas, siempre puede surgir algo inesperado que lo cambia todo: ese vuelco feliz de la historia que hace saltar lágrimas de alegría: la "eucatástrofe" que denomina el Profesor Tolkien. "Eco" de la belleza inicial...







Necesitamos una actitud optimista, de comenzar y recomenzar, para convertir imposibles en posibles, para dar lo mejor de cada uno. Aprovechar para hacer buen ambiente: que todos se sientan queridos, en círculos concéntricos, desde los más cercanos. 


Saber ver lo bueno, tanto de las personas como de las circunstancias esponja el alma, facilita las relaciones personales y anima. Y nos hace buenos amigos, leales, comprensivos, optimistas. Mucho más importante en el trato en pareja..., origen de todas las demás relaciones.


                                                                             ***


                                
Me viene a la cabeza otro autor, C.S. Lewis. En su libro: "Cautivado, -o más bien sorprendido-, por la alegría", que te recomiendo, cuenta su vida desde niño, sus luchas por la búsqueda de la belleza, y cómo encuentra esa alegría indescriptible que sana el corazón. Y queda "deslumbrado" por ella..., como le ocurriera a G.K. Chesterton.


Lewis recuerda la primera experiencia de belleza cuando jugaba con su hermano en el desván de casa: crearon en una pequeña lata un mundo con musgo, algo de hierba, y unas piedras. Un jardín de juguete. Y descubre el mundo de Beatrix Potter, el jardín en otoño... Todo eso le hizo percibir ese anhelo de belleza que no logra descubrir del todo, pero que estaba siempre latente en su alma desde niño.


En su infancia tuvo mucho dolor. Cáncer y más cáncer…


En ese libro biográfico habla de la serenidad que le transmitía la familia de su madre, pues eran de carácter más constante, con paz y con alegría honda. Felices. Sin embargo, la familia de su padre, eran muy distintos: con altibajos emocionales, desde la ira y el enfado hasta la ternura… Muy emotivos y fluctuantes, poco dados a ser felices...


Su madre falleció cuando él tenía 9-10 años, y toda esa serenidad se fue a pique. Además, llegó a tener un poco de recelo respecto a las emociones, con esos vaivenes menos controlables. Y su corazón quedó lesionado con tanto dolor. Añoraba el cariño alegre y sereno de su madre. Con ella, desapareció de su vida la felicidad estable, la serena alegría, y la seguridad. Luego tendría chispazos, o "ráfagas" de alegría, como él las llamaba, pero no esa antigua serenidad que le sustentaba y alegraba.


Y se preguntaba: ¿cómo lograr esa alegría, sentir esas ráfagas de nuevo? Y buscaba rehacer esas circunstancias... Pero no daba resultado. Pensó que sería mejor buscar la causa de ello. Creyó que la alegría sería consecuencia de algo distinto, y es lo que tenía que buscar. Sentía en su interior un anhelo insaciable que no le abandonaba. Quizá por ahí la encontrara…



Él reflexiona: "los libros o la música, en los que pensamos que se halla la belleza, nos traicionarán si depositamos nuestra confianza en ellos: la belleza no estaba en ellos, únicamente nos llegaba a través de ellos, y lo que nos llegaba era la nostalgia". Pensaba: “Sólo son el aroma de una flor que no hemos encontrado, el eco de una melodía que no hemos escuchado"...






En 1914, a los 16 años, lee la obra Phantastes de G. MacDonald, en la cual descubre el romanticismo conviviendo con el cristianismo. Algo increíble. Dirá que esa noche su imaginación fue en cierto sentido bautizada... También leerá por esa época "El hombre eterno" de Chesterton.




En 1926 llega a Oxford y conoce a J.R.R. Tolkien, quien será un gran apoyo. Pronto comienza a sentir gran afecto por él. Y Tolkien a su vez le fascina la mente rápida de Lewis, su generosidad y amistad... Experimentan un afecto constante, serán buenos amigos. En 1927 Tolkien lo agrega a los Coalbiters donde leían sagas islandesas...


En unos años, Lewis, ateo desde su juventud, empieza a crecer en Dios, pues su pensamiento hondo y la búsqueda constante de la verdad lo llevó a decir: "me sentía como un hombre de nieve que empezaba a derretirse"... Y en 1929 ocurre lo inimaginable: el mayor ateo de Inglaterra se arrodilla y reconoce que Dios es Dios.


Y al poco tiempo se convierte al cristianismo, en parte conversando sobre los mitos con sus amigos. 



A raíz de esos pensamientos que iba dando vueltas y esclareciendo, escribe “Mero cristianismo”, y luego sus “Crónicas de Narnia”, a la vez que Tolkien va desarrollando su legendario de historias conmovedoras. Ambos se van relatando y “criticando” sus historias creativas tan espectaculares en el grupo literario de amigos de “Los Inklings”. Y se rescatan de tanto sufrimiento, charlando entorno a una chimenea…



Más adelante, recibe correspondencia de una escritora y poetisa americana, Helen Joy Gresham, muy sensible y aguda, que sabía muy bien sus escritos. Ella viaja con su hijo para conocerle personalmente. Se hacen buenos amigos, y se enamoran. Ella le cuestiona todo, le enseña a repensar las cosas. Y le ayuda a querer: a poner el corazón en las personas aunque pudiera sufrir; a tener en cuenta la experiencia personal y los sentimientos. Es decir, a dejarse querer, a pesar de hacerse vulnerable. Al tiempo se casan: corría el año 1956…


Pero pronto llega de nuevo el dolor. Te lo cuento en: "Tierras de penumbra”. Sin embargo, a pesar del sufrimiento, en medio de él, hasta el último momento disfrutaron de estar juntos, estrechamente unidos, y quererse...


Las dificultades de la vida, que nos "acrisolan", también son ingredientes de la felicidad. El dolor señala al amor: la otra cara de la "moneda". Duele porque se ama, pero siempre compensa amar.



                                                    ***



En la vida siempre podemos descubrir y paladear las alegrías sencillas que nos salen al encuentro. Nos rellenan el "depósito" de belleza... La alegría de vivir, el trabajo bien hecho, el servicio atento a los demás, saborear un buen libro, un café con amigos, el amor sincero, la vida familiar, la amistad, la belleza que expresa la naturaleza, la vida sencilla... Son pequeños disfrutes que alegran la vida: la nuestra y la de los demás. Mirar las cosas con una mirada diáfana para verlas con todo su relieve y esplendor.





Y, como complemento relajante el buen humor, para no tomarse demasiado en serio a uno mismo; para quitar hierro a asuntos peliagudos, amortiguar golpes, o consolar con una broma. Un poco de humildad nos ayuda a ser sencillos y a disfrutar de la vida. 

Dejo una cita del gran psiquiatra Viktor Frankl: "En el momento en el que el paciente se ríe, aunque tan sólo sea internamente, habrá ganado el juego. Porque esa risa, como todo sentido del humor, crea distanciamiento, hace que se distancie de su neurosis".

Nunca nada está perdido... Siempre se puede volver a intentar. ¡Nunca te rindas! Siempre hay esperanza.





Acabo con un pensamiento de Dostoievski: "La alegría de un hombre es su rasgo más revelador". Si quieres conocer a una persona mira cómo ríe... Su carácter se despliega en la risa franca. Incluso, si ha desarrollado bien su carácter posee esa alegría comunicativa. 







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Ser alegre siempre compensa: sembrarás paz y alegría a tu alrededor... 😉✌💫💚 Lo dejo para otro artículo.



                                                      Mª José Calvo
                                           Optimistas Educando y Amando
                                                      @Mariajoseopt



Dejo algunos enlaces relacionados:



URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2021/01/alegria-y-buen-humor.html