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viernes, 22 de octubre de 2021

CHESTERTON Y EL ASOMBRO I



                          G. K. CHESTERTON Y EL ASOMBRO  
  

Desde hace tiempo quería escribir algo sobre nuestro "amigo" Gilbert Keith Chesterton, pero, la inmensidad de su legado y personalidad pone difícil qué aspecto escoger. Acabo de leer y releer un libro que recomiendo de M. Fazio sobre tres personajes intrépidos, y no puedo menos que ponerme a ello. 

Siempre he admirado a un grupo de amigos ingleses, entre ellos J. R. Tolkien, con su increíble "Legendarium", a quien le estoy dedicando unas cuantas entradas; C. S. Lewis, de quien plasmo ideas sobre el amor, el sufrimiento, y sobre todo la alegría; y el genial Chesterton, rodeado de buen ambiente y amigos.


Vamos con ello. Primero unas pinceladas de su vida, e intercalados algunos pensamientos suyos que nos pueden servir en la vida cotidiana, para repensarlos o tenerlos presentes. Y bibliografía por si quieres leer y ampliar.


Su personalidad destaca por un alegre vitalismo y simpatía, por la caballerosidad, el buen humor que le caracteriza, un tanto inglés, como todo él, y una claridad de mente capaz de ir a lo profundo de las cuestiones con la fuerza de la inteligencia y la razón. Y su radiante optimismo. También era un tanto despistado, como su padre, y desordenado..., lo cual le da cierto encanto.





Nació en Londres en 1874, en el seno de una familia media, con gusto por la cultura literaria y el arte... Fueron tres hermanos, pero la mayor falleció pronto. Estuvo muy unido a Cecil, cinco años más joven que él. Jugaban mucho: tenían un teatro guiñol de su padre que recuerda con cariño nuestro autor. El ambiente de su casa era entrañable. Su madre siempre dispuesta a acoger a todos los amigos y prepararles una buena merienda, siempre con alegría, en tono festivo, aunque la casa estuviera desbordada de gente. Con Cecil hablaba y "discutía" mucho sobre todo tipo de cosas.

Quería ser pintor, siempre estaba dibujando en cualquier trozo de papel que encontraba. Pero hablada y "debatía" mucho con Cecil, y la literatura y el pensamiento también lo atrajeron. Sabía que "el arte es la firma del hombre".








1) SU INFANCIA Y JUVENTUD

Su infancia la recuerda como algo maravilloso, con gran asombro maravillado ante la realidad, al lado de Cecil. Le abruma la solidez y belleza de cualquier cosa de la Creación. Le parece increíblemente fastuosa, y le sorprende continuamente estar vivo. Es como si fuera algo inaudito y prodigioso. P
ensaba que en el mundo había magia... Vive en admiración permanente.




En el colegio, el St. Paul, no se hizo notar demasiado, aunque sí en vitalidad. Formó un grupo de amigos, entre ellos E. Bentley y L. Oldershaw, que les gustaba debatir, además de tener a su hermano Cecil, que le estimulaba continuamente en esta tarea. Sus profesores, y en especial el director, apreciaban su talento y habilidades. En el
 Club de Debate tenían unas normas, reunión semanal, y hasta un himno. Les gustaba cantar. Debatían sobre Shakespeare y otros temas interesantes. Incluso escribían una revista mensual, a base de reunirse y trabajar juntos.



Acabó sus estudios e ingresó en un centro académico prestigioso de Bellas Artes: la Slade School. El ambiente que había por allí no era muy bueno, y marcó una profunda crisis personal. Allí encontró incredulidad y agnosticismo por doquier.


Sus años jóvenes fueron un tanto tristes y escépticos con episodios depresivos, como el ambiente agnóstico y nihilista que lo rodeaba, en contraste con su asombrosa infancia. Inmerso en él, se le "apaga" el colorido y el sentido de todo. Como él decía, fue un periodo de "locura"... No encontraba el propósito de la vida, todo era gris y pesimista. Y no sabía a qué corriente de su época adherirse: no las veía razonables en absoluto. A veces solo tenía fuerzas para tumbarse a leer, en concreto la obras de Dickens y sus personajes tan entrañables.





Al curso siguiente, en 1893, con 19 años, se matricula en la Universidad de Oxford con amplios estudios humanísticos y Bellas Artes. Al cumplir su mayoría de edad, señala J. R. Ayllon en "El hombre que fue Chesterton", su madre le escribe: "Tengo el corazón lleno de agradecimiento a Dios por el día que naciste... Te deseo una vida larga, útil y feliz. Que Dios te la conceda. ...nada podrá expresar mi amor y gozo de tener un hijo como tú."




2) CAMBIO DE PANORAMA

En busca de ese sentido de la vida, guiado por la razón, y como en oleadas de recuerdos de su niñez y los cuentos de hadas, se dedica a reflexionar sobre la realidad. Quiere buscar un ideal de vida que le dé un sentido y coherencia a su vivir. Se "inventa" una teoría provisional básica que aporte credibilidad a todo, partiendo de sus creencias infantiles, de las que está realmente convencido: la existencia como algo increíble y maravilloso. Algo que uno no lo elige, sino que le es dada. Había sentido desde niño que los hechos son en realidad milagros de la naturaleza: algo cuasi mágico, de gran belleza. Y va repensando y dando forma a esos pensamientos. 


En ese preciso momento conoce los poemas de Walt Whitman y de Stevenson, con su tono tan positivo y alegre, lo cual le hace cambiar el trasfondo pesimista, y por tanto su actitud. Le ayuda a darse cuenta de que cualquier existencia, por mala que pudiera parecer, como decía su abuelo, merece la pena, pues es algo estimulante y entusiasmante. Le asombra estar vivo, y asoma en él una gratitud casi misteriosa por ello. Aunque no sabe a quién dar las gracias.


Basa toda su teoría en el asombro por la existencia que ya tenía desde niño. En la realidad del mundo, que a pesar de todo, es bueno y bello, como percibió de nuevo con Whitman. Fascinante, aunque algo misterioso. Que todos los hombres son iguales, compañeros, camaradas. Y de esta percepción le surge ese agradecimiento inmenso, y la alegría por el sorprendente regalo de estar vivo. 




Más tarde se dará cuenta de que esas ideas que iba pensando ya existían... Más sorpresa todavía: pensaba adelantarse en el tiempo con su pensamiento, pero ya estaba descubierto.


Trata de desvelar algo de ese misterio. Para ello tiene la inteligencia y la razón, pero también otros modos, como la experiencia, la imaginación, que, como él decía, necesita cierta elasticidad para comprender cosas casi evidentes, o realidades inmateriales, el arte, con el sello del artista, la historia, que enseña con sus hechos... Y el sentido común que aplica y le caracteriza. 


Todo le parece un milagro. Dice: "Lo más increíble de los milagros es que ocurren". Porque, "hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina". 




Aprende con Whitman que lo maravilloso de la infancia sigue siendo maravilloso en la vida cotidiana... En ese momento daba gracias "a los dioses" porque había seres vivos.







Se da cuenta de que, el cientifismo, el materialismo, y otros "ismos" de moda en su época, y en la nuestra, reducen la realidad a lo material y concreto, a lo experimentable. Pero hay realidades que escapan a esa medida cuanticista y encasilladora, como lo afectivo y espiritual, y el misterio que envuelve toda la realidad. También a las personas, a su espíritu de lucha, a su voluntad incansable por causas nobles... Todo eso no se puede "tocar" ni "medir", y se soslaya.



Abandona sus estudios sin presentarse a ningún examen, y se pone a trabajar en Londres usando sus cualidades literarias y su imaginación. Al principio trabaja como lector para una editorial, un tanto extraña, y luego cambia a otra de mejor ambiente y renombre. Ahí adquirirá una cultura fuera de lo común, leyendo muchos originales. Su hermano Cecil, que siempre le estimula a pensar y debatir, será director y copropietario de un periódico. 


Hacía muy fácilmente amigos desde niño, y disfrutaba de su compañía. En el Club de Debate del colegio, tan estimulante, con esa revista mensual en la que escribían a base de mucho trabajo gustoso entre todos, y de la que imprimían bastantes ejemplares, desarrolla ese talento pensador y literario. Se reunían a diario en casa de alguno de ellos, y se sentían muy a gusto pensando y debatiendo. Fue una amistad que duraría toda su vida. 


En 1896, a través de uno de ellos, Lucian Oldershaw, conoce otro grupo de debate formado por cuatro hermanos. Tres chicas, de gran belleza, y su hermano. Allí encontrará a su futura prometida.

 


Posteriormente, hacia 1900 comienza a colaborar en Bookmanun revista de crítica literaria y artística. Pronto conocerá a Hilarie Belloc, con su personalidad alegre y entusiasta, muy buen orador, quien le cautivará y le ayudará en gran manera en sus primeras ideas "razonables" sobre la vida. Era algo mayor que él, de origen francés por parte de su madre, y católico. Fue de los últimos alumnos de J. H. Newman en el Oratory School de Birmingham... Se había casado con Elodie Hogan, una mujer encantadora a la que fue a buscar hasta California, y vivían en Londres. 

Daban largos paseos charlando, con alguna cerveza de por medio, y seguían charlando. Congeniaban y compartían mucho. Uno de los intelectuales con los que solían debatir les pondría el simpático nombre de "Cheterbelloc". A veces también incluía a Cecil. 




Consolidan su amistad y les une un semanal en el que escribe Gilbert, 
The Speaker, propiedad de algunos amigos del Club de Debate, junto con Belloc.



Por esos años, Cecil conoce a Ada Jones, periodista entusiasta desde los 16. Trabajadora infatigable y alegre. Con el tiempo será su futura esposa.



Su ideal de hombre, de persona, es el hombre ordinario, el hombre corriente. Y la vida cotidiana. Señala: "Las cosas ordinarias son más valiosas que las extraordinarias; es más, son más extraordinarias. 



El milagro de la humanidad en cuanto tal, resulta siempre más fascinante que todas las maravillas particulares del poder, la inteligencia, el arte o la civilización." Porque, "los rasgos comunes a todos los hombres son más importantes que los singulares de cada uno"... 

Por eso hará notar que, las cuestiones importantes deben estar en las manos de los hombres normales. Por ejemplo, el gobierno de un país y la democracia.


Más adelante dirá: yo soy ordinario en el sentido propio del que acepta un orden. Hay un Creador, y una Creación: un mundo creado, maravilloso, la luz del día, el sol que no se cansa salir cada mañana... Acepta la vida fascinado, como un don asombroso, y ve el amor y la caballerosidad como leyes que están en la base de todo.



Continuará...







Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡Muchas gracias!




                                                                             Mª José Calvo
                                                                            @Mariajoseopt
                                                                         optimistas educando




Dejo algunos enlaces relacionados:  



 



Alegría-y-buen-humorcon ideas de C. S. Lewis  

                                              



 
* ¡No-te-rindas

                      


URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2021/10/chesterton-y-el-asombro-i.html

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