LA PERSONA Y LOS ANHELOS DEL CORAZÓN
Escribo unas pinceladas a raíz de unas ideas que resuenan en mi interior...
Estamos imbuidos en un mundo que lleva mucha prisa, aunque a veces no se sabe hacia dónde..., pero corre a toda velocidad. Estamos en una "cultura" de lo externo, del tener, de éxito, de la imagen, de la sonrisa para la foto, de lo positivo aunque uno esté roto por dentro..., de la "alergia" al dolor y al esfuerzo, de las sensaciones y el emotivismo a flor de piel, a golpes de dopamina.
Todo ello produce desasosiego, pues no estamos hechos para eso, sino que tenemos un corazón para amar, para sentirnos queridos y querer a los demás. Y por este motivo, por ahí estará la felicidad...
Pero, ¿cómo lograr un poco de serenidad en esta vorágine?
Estar con uno mismo en el silencio interior nos ayuda y da paz. Así podemos pensar con calma, hacernos preguntas esenciales de la vida, adquirimos orden interior, trazamos metas que nos atraen... para encaminarnos a lo que nos ilusiona y estamos llamados a ser, cada uno.
Se trata de desarrollar nuestros sentidos interiores, el sentido común, el conocimiento valioso y atesorado de los que nos precedieron, que ha pasado el tamiz de lo caduco, el sentido de la vida, de lo trascendente, de lo que no se agota aquí y ahora sino que perdura. Y esos deseos que anidan hondo en nuestro corazón, que señalan a un Dios que nos ha creado, y despiertan en nosotros un afecto que conmueve...
C.S. Lewis, creador de mundos imaginarios llenos de belleza, además de ensayos de gran calado, y gracias sus amigos, quedará "sorprendido" por la alegría. Él de joven era ateo, sufrió la muerte muy de cerca en su infancia: quedó huérfano. Sin embargo, más tarde pensará:
"Si el ser humano aprendiera a mirar dentro de su propio corazón, sabría que lo que anhela, y anhela muy agudamente, es algo que no puede obtenerse en este mundo".
A veces es bueno detenerse y reflexionar...
* ¿No estaremos desarrollando mucho la técnica, pero con poca "alma"?, ¿un grueso caparazón con capacidades materiales, pero un corazón vacío? Y quizá la pérdida del asombro, de la estética en sentido clásico?: ese percibir la belleza inherente del mundo creado, de lo bueno y verdadero, ese derroche de sentido que posee, lo hermoso que salta a la vista, tanto en lo grandioso como en lo diminuto.

* Y más preguntas surgen como en racimo. ¿Hacia dónde nos dirigimos?, ¿qué curso llevamos?, ¿hacia qué estrella queremos poner rumbo?
Quizá ayude a cada uno pensar: ¿quién soy?, más allá de títulos o trabajo profesional... ¿En qué me centro? En el tener, en el hacer, en el ser..., o en la "cultura" caduca y narcisista de la autorreferencia... Ver qué motivos nos mueven para ser conscientes de ellos, e intentar ampliar horizontes. Puedes leer más en el artículo "valores, motivos y motivaciones".
* Y, ¿a dónde quiero llegar con mi vida?, ¿qué principios me guían para no perderme en la primera tormenta?, ¿qué hago con las cualidades y talentos recibidos?, ¿qué metas me atraen? Para descubrir la vocación específica, y concretar un plan de acción...
* Todos en algún momento de la vida nos hacemos este tipo de interrogantes. Tratar de contestarlos ayuda a no dejarse seducir por los mil estímulos que nos salen al camino, atrapan la atención, y no dejan pensar por cuenta propia. Y producen gran desasosiego: tantas veces estamos "sumergidos en ruido y distracción"...
Y también para no dejarse manipular por quienes lo pretenden. Es decir, que la persona no se vea convertida en un factor funcional o competitivo de esta sociedad, enfocada sólo en lo económico y en lo técnico. Somos mucho más de lo exterior, y de lo que podemos "hacer". Tenemos un espíritu que revitaliza todo y da sentido y energía en todas las circunstancias. Con un propósito que descubrir y realizar...
***
Es necesario que recuperemos el espacio interior de cada persona, con introspección, para "estar" con uno mismo, descubrir pensamientos y convicciones, quizá algo ocultas, y conocerse. En ese espacio cada una está en su propia “casa”, donde es dueña de sí, como apunta la gran filósofa Jutta Burggraf. Ahí puede ser libre, no condicionada, pensar por cuenta propia, ser ella misma. Lo interior construye, posibilita mejorar, y da libertad para "enfocarse" en metas nobles.
* Se trata de destacar y fomentar lo verdaderamente humano de la persona. Y lo que está llamada a ser, con el anhelo que posee en su corazón, con su componente espiritual, que reclama un Alguien con quien conversar y sentirse querida. Ese anhelo la coloca receptiva a la luz y belleza de Dios. Y esto es lo que más necesitan los hombres de hoy, llenos de "cosas", pero vacíos de sentido tantas veces. Así llenarse de luz, y aportar luz, alegría y paz a las personas cercanas.
Si se cierran las ventanas que miran a Dios, a su bondad, belleza y luminosidad, la luz no puede llegar, y se va instaurando la oscuridad: las sombras se ciernen. Perdiendo el aire que renueva el corazón, y la libertad y creatividad propias de cada persona, diseñada a imagen de ese Creador, con tan alta dignidad.
Quien tiene un corazón despierto verá que a su alrededor muchos esperan alguna luz que les oriente y alegre para salir de la oscuridad... Porque, la bondad es la base de un cerebro sano, y la mejor cualidad de la persona. Nos lo recordaba con fuerza L. van Beethoven, "el único símbolo de superioridad que conozco es la bondad", y su himno de la alegría en pleno sufrimiento y sordera, que abre la puerta a la esperanza. Porque, donde hay alegría, ¡hay optimismo y esperanza!...
* Recuperemos al ser humano, genuinamente humano, capaz de asombrarse, de cuestionarse las cosas y de pensar más allá de sí mismo, con esa capacidad de amar a otros, porque así hemos sido creados. Descubrir la belleza de la libertad y de la dignidad de cada persona, que cautiva y pone esperanza por doquier, incluso en los momentos difíciles... Capaz de lo heroico, de trascenderse a sí misma y querer a los demás, especialmente si las circunstancias lo requieren. Lo estamos viendo: donde se cierran esos ventanales, acuden personas heroicas y dejan su semilla de humanidad...
Y es más, en ese pensar en los otros se escode, como agazapada, la auténtica felicidad que todos anhelamos, y a la que nos dirigimos quizá sin ser muy conscientes, pues su anhelo nos apela fuerte... Cuidar de las personas nos hace de veras dichosos, y humanos, ¡auténticamente humanos!
@Mjoseeopt
Pongo algunos enlaces relacionados:
URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2026/01/anhelos-del-corazon.html



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