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martes, 4 de febrero de 2014

IV. MARCO PSICOLÓGICO.

                                                   

                                   IV. MARCO PSICOLÓGICO


            El educar bien tiene sus reglas y sus trucos. Hace falta saber, además de usar la creatividad en un trabajo tan singular y artístico, del que dependen muchas cosas, y la felicidad de la familia. Podemos citar unos cuantos "trucos".

              Vimos en otra entrada el marco antropológico referido a las comidas, el sueño, la higiene... que debemos organizar bien para tener todo bajo control. Y es muy importante el marco pedagógico, mediante el cual se realiza la formación del niño, y engloba los otros marcos.



            10 TIPS QUE NOS PUEDEN AYUDAR:

         1.- Dedicando tiempo. No sólo tiempo de calidad, sino tiempo real. Los niños necesitan que sus padres estén con ellos, que les presten atención. Que las dediquen parte de su “importante” tiempo, porque los consideran importantes. También para mostrarles su cariño, para enseñarles a jugar, a hablar, a comprender lo que está bien o mal… y a hacer algunas cosas como manualidades, encargos, habilidades… desde pequeños. Tienen que notar que estamos con ellos.



            2.- Sin estresarse: respetando los ritmos de los niños, sin prisas. Pensar que es el trabajo más importante que tenemos; que más adelante se irán de casa, y querremos haber puesto más empeño en educarles, en quererles y en disfrutar de ellos, en potenciar lo que son, en ver primero sus puntos fuertes. Y así, lograr un ambiente cálido de cariño, comprensión, ternura, delicadeza, confianza…, donde cada uno puede crecer como persona.




             3.- Demostrando que les queremos: hace falta ser tiernos, cariñosos,  pacientes, con ellos. Cuando son pequeños hay que mostrarles afecto, sonreírles, mirarles, acogerles para que se puedan desarrollar adecuadamente. 

La figura de apego, además de tener las necesidades básicas cubiertas, es de enorme importancia. Más adelante, es preciso demostrar que nos importan, que nos interesamos por ellos, que los queremos, aunque sin hacer niños merengue.






Con exigencia comprensiva, usando nuestra autoridad para ayudarles en su crecimiento personal. Y de esta forma, puedan ser libres para elegir lo correcto, lo que está bien. Y como consecuencia aprendan a amar y con ello ser felices.




              4.- De forma positiva y optimista. Sin remarcar todo el día lo que hicieron mal… Ponernos unas “gafas especiales” para ver lo bueno que tienen, o lo bueno que hacen y decírselo. Y alegrarnos por ello, fomentarlo, felicitarles con cada cosa que consiguen, o con cada intento, sonreírles para motivarles...




             Necesitan el reconocimiento asombrado de sus logros para crecer en un ambiente de confianza, pero con esfuerzo por parte de ellos. Y un refuerzo de lo bueno, antes de hacer una pequeña corrección. 



 5.- Haciendo educación preventiva. Enseñándoles lo correcto antes de que vean lo que no es apropiado. La idea que le enseñamos primero es la que ocupará su "sitio" en el cerebro, y no será fácil "desterrarla" para que ocupe su lugar otra distinta. Para eso, debemos formar con criterio y su conciencia. Tener unos principios universales que no pasen de moda, que nos orienten en la vida, y que los capten por nuestro comportamiento, por nuestras palabras... 


            De esta forma, cuando vayan creciendo y vean cosas mal hechas, poco rectas, o que no sean buenas, recordarán lo importante de los principios, de los valores, de portarse bien, de ser personas honestas, coherentes, trabajadoras, sinceras, empáticas, amistosas, leales, e íntegras… Y esa experiencia les puede ayudar infinito.








              6.- Explicando todo, dándoles razones. Son pequeños, pero no tontos. Necesitan que les razonemos las cosas para aprender, para entenderlo, para poder hablar, para relacionarse… Y las veces que haga falta, con paciencia, sin perder los “estribos”, mirando a los ojos, con afabilidad.



              7.- Uno por uno, individualmente, sin compararles con nadie. Tener en cuenta que somos únicos, singulares, irrepetibles. Hay que ver cómo es cada niño, qué necesita, qué le gusta, qué cualidades específicas tiene, si es niño o niña, para pensar entre los dos qué metas u objetivos debemos plantearnos con él/ella, en qué hay que exigirle, cómo hay que motivarle... etc. Y luego se pueden hacer planes de acción concretos.





                 8.- Enseñándoles a ser agradecidos y educados desde pequeños. 

               9.- Sin etiquetar, cuando han hecho una fechoría, o por su forma de ser… El que un día se pusiera perdido, no lo convierte en un niño “sucio”. Además, a veces necesita ensuciarse para ver, tocar, aprender…  O  porque no le deje un juguete a su hermanito, no quiere decir que sea un “egoísta”.  El que haya dicho una mentira, no lo convierte en un niño “mentiroso”… etc. 


                 Pero enseñándoles a pedir perdón cuando haga falta...



             Hay que saber detectar y estimular lo positivo de ellos, motivando, ayudando, y seduciendo con el ejemplo. Si le ponemos la etiqueta, la hace suya, y le será difícil remontar.




               10.- Sin amenazas ni castigos cuando perdemos la paciencia. Porque a la larga, se dan cuenta de que no es verdad: que no existe la bruja, o el cuarto oscuro…, y ya no nos creerán más. No merece la pena: es mejor explicar las razones. Los gritos denotan impotencia, falta de argumentos, y además no ayudan; y con los castigos sucede algo parecido. Hay que cambiar el chip.


              Sin ridiculizar o humillar cuando no sabemos qué hacer, o tenemos “prisa”… Debemos tratarle con mucho respeto, porque además somos su modelo; él hará lo mismo, nos imitará aunque no queramos. Como dice Marmee en esa obra tan entrañable y bella de "Mujercitas""Si pegas o castigas a un niño, la lección que aprende es a pegar y a humillar..."





               En esta etapa de la vida necesitan tener éxito, ver el lado amable de las cosas. Se está formando su persona, y su autoestima depende de ello. Es importante que reflejemos lo mejor de él o ella, porque no lo cuestionan. Por eso, alabar lo bueno con cierta frecuencia, pero corregir en privado.








                ALGUNAS ACTITUDES PARA TENER EN CUENTA:

             Mejor motivar que castigar: por cada corrección que hagamos, varias veces  reforzar sus logros.

         Tomarles siempre en serio. Respetarles, saber escucharles, intentar comprenderles, mostrar empatía y cariño.

            Pedir perdón y dar las gracias.  Enseñarles a hacerlo, fomentar los buenos modales, y dar ejemplo.
                                         
            
             Explicarles las cosas, porque entienden mucho más de lo que pensamos. La conversación familiar es un enriquecimiento lingüístico que recibe, y tenemos que hablarles correctamente para que aprendan. Además el lenguaje estimula el desarrollo cerebral, lo mismo que la lectura, la imaginación, y el pensamiento...

             Los abuelos, además de tales, son una fuente de gran cariño; también de estimulación, de escucha, de sosiego, de aprendizaje y cultura familiar.

             Es buena la relación entre niños pequeños, aunque parezca que no se hacen caso. Una persona enriquece mucho más que el mejor de los juguetes.

            Aprovecharemos para estimular la valentía en cualquier situación: en los paseos, a la hora de comer de todo…, ante las frecuentes caídas, en el parque, etc.


             En familia es necesario resaltar los aspectos positivos de toda relación, dando importancia al espíritu de ayuda, servicio y colaboración. De esa forma, no habrá problemas serios a la hora de los inevitables celos, competencias y riñas entre hermanos. Pero debemos estar atentos a los enfados y trifulcas que puedan surgir, para enseñarles a hacer las paces pronto, a relacionarse bien, a controlar enfados, a pensar en los demás, a perdonar.


             Cuando surja un problema de celos en nuestros hijos, hay que actuar pronto para intentar que no se agrave y lo olvide. Una buena forma: 

1º) No recordarlo todo el día..., ni siquiera cuando vienen los amigos, porque lo oyen todo: no están sordos.

2º) Aumentar su autoestima en algo que el otro no pueda hacer, reflejando todo lo positivo y bueno que haga. Y evitar toda comparación: aceptar a cada hijo como si fuera el único y el mejor. Es la forma de estimularle a serlo.

3º) Darle encargos “importantes” que le gusten, para que se sienta importante.

             Los celos son una consecuencia natural de ese “sentido de la propiedad” que los niños tienen sobre el amor, la atención y la dedicación de los padres hacia ellos. Si el nuevo hermano es presentado con hechos prácticos  como un rival para el niño, tendrá envidia. Por eso hace falta tener "tacto" con ellos...

                 Pueden aparecer celos, del mayor hacia el pequeño, cuando se llevan bastante tiempo, o del pequeño hacia el mayor si son muy seguidos.

Cuando sucede esto, hay que hacerle ver que él/ella es importante para todos, y tiene que ayudar a su hermano para que crezca, y poder jugar juntos. 

                     Así, de pronto descubre que puede ayudar a sus padres para sacar adelante a su familia. También con pequeños encargos, que pueden ser cuidar o enseñar a su hermanito algo que le guste o que disfrute en ello.Así se van haciendo responsables. 

                  Y se superan con mucha paciencia, cariño, naturalidad, y trato personalizado. 


                 A veces, también aparecen rabietas o timideces. Es importante dejar claro que está mal tirarse por el suelo, berrear o chillar. Explicárselo las veces que haga falta, pero no ceder.  Podemos esperar a que se calme, y hablar con él en un lugar tranquilo, enseñarle a poner palabras a lo que le ha pasado, y hacerle ver que no es forma de comportarse. Que las cosas se dicen, pero no se berrea. Ayudarles a gestionar emociones, a encajar una frustración, a pensar en los demás...

                Enseñarles a calmarse y a controlarse emocionalmente para no fomentar la agresividad. Habrá niños más primarios o reactivos, que les cueste controlarse, y tengamos que apoyarles más; y otros más secundarios, que se controlen mejor y no nos necesiten tanto. Hay que ver cómo es cada uno para ver qué necesita.




                Y respecto a la timidez, es necesario saber aportarles seguridad con nuestro cariño, y mediante el comentario afectuoso de su comportamiento. Alabar lo que hacen bien, saber animar o estimular lo mejor que hay en él/ella…, sin obligarles, con mucho cariño.




                 Pero el amor de los padres, al ser repartido entre más hermanos, no debe disminuir a cada uno de los hijos, sino al revés, es preciso tener más detalles con los que se sienten “destronados”, hacerse más generoso con todos, para que el cariño se haga más patente y se multiplique. A los padres se nos agranda el corazón con cada nacimiento de un hijo.





                  FORMAS CONCRETAS DE DEMOSTRAR CARIÑO: 




            Decírselo muchas veces. Que los queremos a todos igual, que son muy importantes para nosotros. También el padre… Darle muchos apretujones… Sonreírle. Acariciarle.

            Felicitarle por cada cosa bien hecha, por cada logro. Cada hijo tiene sus puntos fuertes: saber reforzarlos para que tenga más confianza en sí mismo y  en superar lo que le cuesta.

            Teniendo pequeñas conversaciones con él/ella, cuando ya entienden un poco más, sobre todo de sus intereses. Escucharles cuando empiezan a hablar…, mirar a los ojos, con calma. 





            Ser agradable también exige esfuerzo y entrenamiento.

            Expresarle confianza en algo que le hemos encomendado. Confiar siempre en ellos es fuente de libertad, y de estimular lo mejor de cada uno.


            Enseñarles a querer y a preocuparse de los demás: a dejar sus juguetes, sus cosas, pensando en el otro, y con alegría. Aquí es importante el ejemplo que les demos, lo que hagamos habitualmente.





              Pensar que estamos colocando las "piedras" de su futura personalidad… Cuando sea mayor, sabrá querer a su familia en la medida en que hemos sido capaces de quererle y enseñarle a querer, porque nadie da lo que no tiene. Vamos marcando "la senda" por donde podrán caminar.






                                                                                 Mª José Calvo
                                                                   optimistaseducando.blogspot.com




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