
@Mjoseeopt
Optimismo para educar a nuestros hijos, potenciando sus fortalezas, y para afianzar el cariño y la unión en pareja.

Como decía en el artículo anterior, la ciencia consiste en el estudio de la naturaleza, del cosmos, de la creación, por parte del ser humano. Algo que existe objetivamente y se constata en unos hechos que se repiten... No es algo absurdo u opinable. Un intento de atisbar algo de esa belleza y armonía indescriptible que se nos ha regalado...
Hemos visto ideas de G.K. Chesterton que, con su mirada "nueva", dice que los hechos son "magia" asombrosa. Algo que apunta sin duda a un "Mago"... También algo del pensamiento de científicos y Premios Nobel: Ramón y Cajal, R. A. Millikan, W. Heisenberg, F. Collins...
El saber científico sigue un pensamiento racional. Y se rige por un principio básico de identidad, que dice que las cosas son lo que son, (no lo que a mí me parece o me gustaría), y un principio de no contradicción, lógicamente.
Algo muy sencillo, de sentido común, pero básico: las cosas son lo que son, y hacen lo que hacen, según su esencia. Y la ciencia estudia eso que hacen..., por lo cual se las conoce.
Y además, para comprender o explicar algo, se necesita otro principio: el principio de razón suficiente. No se puede explicar un hecho con un porque sí, ni por azar... (una palabra que no significa nada). Hay que experimentar las cosas, ver su razón de ser, y constatarlas, por ejemplo en leyes que se repiten... Se trata de buscar razones suficientes que expliquen lo que sucede.
Esto lo explica muy bien el doctor M. Carreira, astrofísico y colaborador de la NASA, que señala:
La ciencia es racional, y estudia la materia: lo que hace esa materia, su actividad. Y eso se explica por las 4 fuerzas que existen y afectan a la materia, que interactúan entre sí. Unas a nivel macroscópico, y otras a nivel nuclear, a pequeña escala. Y son:
-la fuerza gravitatoria, responsable de que los planetas orbiten estrellas, y el cosmos mantenga su forma.
-la fuerza electromagnética, de gran magnitud, que permite la luz, y las reacciones químicas que posibilitan la vida.
-la fuerza nuclear fuerte, que permite mantener unidos los protones del núcleo,
-y la fuerza nuclear débil, relacionada con el sol, y con procesos de radiactividad.
Por otro lado, el conocimiento de una realidad puede proceder de distintos tipos de saber. Por ejemplo de mi experiencia, que es bastante reducida, pues no podemos experimentar todo; mi razonamiento, pues somos seres inteligentes capaces de pensar; y, lo que otros sabios nos enseñan a lo largo del tiempo (también en el pasado atesorado).
Y para conocer en su compleción el universo se necesita integrar distintos saberes que se complementan unos con otros: el científico, el filosófico, y hasta el metafísico... para empezar. Y cuando ya no se llega a las preguntas esenciales del sentido de ello, el teológico. Los porqués no los resuelve la ciencia... Ella sólo estudia y constata hechos. Pero con sólo los hechos no se puede abarcar todo. Hay que buscar otros conocimientos complementarios.
La teología no explica la ciencia, porque no es su campo; ni la ciencia explica el propósito del universo, por la misma razón. Y al unificar y compaginar los diversos saberes se esclarecen muchas cosas.

LAS MADRES, ARTISTAS DE LA FAMILIA
Una originalidad de la familia, la institución natural más amable y antigua, es que tiene dos líderes al mismo nivel. Para dirigir una familia necesitamos un padre y una madre que se quieren, bien unidos, formando equipo.
Cada cual aporta su forma de ser, de dirigir, de relacionarse, de querer... Somos muy diferentes, y de eso se trata. Cada uno tiene unas capacidades y cualidades distintas, que las pone al servicio del amor y de la familia. Y tenemos formas de educar a los hijos, un poco diferentes, que se complementan en beneficio de ellos. Los hijos necesitan ver esa diferencia, en la cual cada uno está diseñado para el otro, mostrando cariño y unión, siendo un buen referente para ellos.
La madre puede ser la directora del hogar, y el padre el líder de la familia. Mientras uno, principalmente, pone "de moda” unos valores humanos nobles, personificándolos, el otro, o la otra generalmente, se encarga más de crear un ambiente de hogar confiado y alegre, saturado de cariño, atendiendo a los sentimientos y la afectividad de cada uno.

En ese ambiente entrañable es donde crecen las personas, gracias a la libertad y al cariño. La mujer disfruta y se le da bien estar en los detalles, manejar sentimientos, pues su ser está diseñado de ese modo, hacia el cuidado de los otros. Es acogedora de por sí, y afectiva.
** Algunas características de la madre, en el trato con los hijos:
1) La madre enseñan a comunicar lo que cada uno lleva dentro, para compartirlo y conectar con los demás, a expresar sentimientos y estados interiores… Y eso ayuda a nutrir las relaciones familiares y hacer ese ambiente cálido, donde todos quieren estar...
Ella cuida el trato personal y la convivencia, fijándose y fomentando lo bueno, con su amabilidad, mediante pequeñas conversaciones, quizá entorno a la mesa, donde se disfruta de la vida en familia, y los niños lo aprenden todo. Sabe mirar a los ojos y llegar al corazón.
La mujer es como un refugio para los otros: comprensiva y acogedora. Esto se ve especialmente en la maternidad. Traer un hijo a este mundo la transforma, la hace “casa habitada", despliega sus talentos y acoge a las personas.
2) También anima a los hijos a participar de la vida en familia, gracias a ese aspecto del liderazgo de los padres que es la autoridad: una guía en su autonomía y crecimiento como personas.
- Primero les enseña cómo hacer las cosas, para que lo hagan por sí mismos. A ellos les encanta aprender algo nuevo, y les posibilita desarrollarse y crecer.
- Los hijos aprenden todo de los padres: somos sus modelos y referente, porque se sienten queridos. Les enseñamos con el ejemplo y buen hacer, con nuestro trato recíproco en pareja, con las vivencias sumergidas en cariño, explicándoles las cosas según su edad. Les ayudamos a reflexionar sobre lo que está bien, o mal, para que vayan interiorizando los criterios de actuación. Que sepan cómo comportarse, y actúen con libertad. Aquí c aprenden a tratar a las personas como tales, con delicadeza y consideración...
3) Les enseñan a querer...
Educa el corazón al calor del ambiente de familia tan entrañable y alegre, lleno de libertad, para que puedan aprender a querer... Es algo que les dará plenitud personal, porque estamos creador para amar y ser amados, y además les hará felices.
Atiende a los sentimientos, tiene momentos de confidencia con cada hijo, mira a los ojos, conversa..., acaricia con la mirada. Les hace pensar con buenas preguntas: ¿cómo crees que se encuentra tu hermano, tu abuela?, ¿cómo se habrá sentido con lo que has dicho, hecho?... Aprenden el trato amable, y la empatía, para comprender de veras y actuar en consecuencia.
** Aprovechar estas características de la mujer-madre para:
- Descubrir cualidades y fortalezas de los hijos: aquello que hacen bien, y les gusta, y hacérselo notar. Así lo podrán desarrollar.
- Dar autonomía bien pronto; enseñarles a elegir y a tomar pequeñas decisiones.
- Construir sobre los puntos fuertes y la singularidad de cada uno. Conocerlos.
- Educar el corazón y la afectividad, clave para amar.
- Valorar su esfuerzo, y sobre todo el cariño, no sólo los logros.
- Pensar objetivos y metas con cada hijo, único, con sus cualidades propias.
- Con encargos específicos, que les encantan y hacen crecer.
Los padres necesitamos tener clara la meta de la familia, esa misión propia, para saber hacia dónde encaminarnos. Y la madre en especial acerca esas ilusiones a los hijos. Ella tiene todo relacionado en su pensamiento y su corazón. Y actúa de ese modo en la convivencia en familia: uniendo, relacionando, poniendo cariño. Revitalizando.
Y luego anima a los hijos a conquistar unas metas nobles que les reten y ayuden a desplegar su personalidad, partiendo de esas cualidades suyas. Con el referente del padre.
Poner nuestras mejores ideas y recursos en ello, los dos en equipo. Hablarlo, usar la imaginación y la creatividad, y transmitirlo por ejemplo en una tertulia familiar…, en una merienda en el campo, e intentar llevarlo a la acción.
Dedicar tiempo a pensar qué tipo de personas queremos ser, cómo formar a nuestros hijos, qué valores importantes transmitirles… Es decir, cuál va a ser nuestro "norte" para orientarnos. Y aquí las madres tienen un gran papel para concretar todo eso. Por ejemplo, en un lema familiar, en el que cada uno contribuye con sus ideas o preferencias, en un plan de acción, o como creas mejor...
Apoyarnos en las situaciones de cada día, ver qué encargos y tareas del hogar les podemos proponer, que les gusten y también les reten, desde pequeños. Como traer los pañales para el hermanito, cuidarle o leerle cuentos, poner la mesa, regar las plantas, atender a los abuelos, arreglos de la casa... Según la edad, gustos, talentos y madurez.
Así van adquiriendo capacidades, habilidades, libertad y responsabilidad. Sabiendo que "toda ayuda innecesaria es una limitación para quien la recibe". Ellos necesitan hacer por sí mismos todo lo que pueden hacer. De este modo crecen, mejoran, y hacemos familia.
Con esas vivencias adquieren hábitos y virtudes, y así van aprendiendo y se van haciendo responsables de sus pequeños encargos. Y se acostumbran a pensar en los demás: algo de veras muy relevante en la vida. Por eso es bueno contar con los sentimientos y la empatía, enseñarles a pensar cómo hacen sentir a los otros… para que aprendan a querer. Te lo cuento en ese artículo.
Poniendo cariño en cada tarea, en cada conversación, cuidando los detalles, y preocupándose de los que tiene cerca para alegrarles la vida. De nuevo, la madre es especial para esto…, y una forma de acercarse a los hijos y conectar con ellos. Abrir canales de comunicación que persistan en el tiempo. Luego será más fácil “escucharles” cuando no sepan o no quieran expresarlo…
Y preparando la adolescencia, apoyarse más en su colaboración e ideas: darles más libertad, la que puedan asumir por su madurez concreta, y responsabilidades. Tratarlos un poquito mejor de lo que son en ese momento. Y confiar siempre: sin confianza no pueden crecer, ni mejorar. La confianza les da alas para usar su libertad, para aprender a manejarse. Y tienen que salir, tienen que construir su vida y volar.
La mujer enseña el arte de amar, el arte de vivir… Decía Chesterton que, si la educación es la cosa más grande del mundo, y la madre tiene un papel importante, no la podemos relegar de eso que la hace imprescindible, y además feliz. Debemos tenerlo presente y agradecerlo más.
Algunos "tips" para pensar y llevar a la ación, estimulando lo mejor de cada hijo:
-Mirar a los ojos y decir un ¡te quiero!
-Tienes un corazón grande
-Eres muy alegre y…
-Estamos orgullosos de ti
-Ya veo que te esfuerzas...
-Hacer una llamada a lo mejor de cada uno
-¿Qué te ilusiona?, ¿qué te preocupa?, ¿cómo te puedo ayudar?
- Cuéntame...
-Ánimo, ¡sé que mejorarás!

La mujer es muy creativa, puede apuntar a metas altas y transformar el mundo con su amor por lo concreto. Da sentido y alegría donde se encuentra. Mucho más las madres: es uno de sus talentos y privilegios, que puede usar y potenciar en la relación en pareja primero, y con los hijos. Uno a uno. Dedicar a cada uno el tiempo y la intimidad que necesitan: que puedan abrir su corazón, o contar lo que anhelan, les emociona o preocupa…
Y ese trabajo del hogar, tan escondido a veces, con miras de eternidad, que rebosa trascendencia. Posee brillos que trascienden el aquí y el ahora. Forma personas libres, con criterio, capaces de amar. ¿Qué más se puede pedir?
El padre también tiene sus talentos, muy distintos, que pone al servicio del amor mutuo y de la familia, y hay que valorarlo siempre, haciendo equipo. Las diferencias suman y unen. Lo veremos. No es prescindible, como a veces se hace creer… Cada uno potencia y prestigia al otro, porque le quiere de veras. Y el resultado es una sinergia creciente entre los dos. Siempre en beneficio de los hijos, que se sienten inmersos en ese cariño recíproco que les da vida, y les ayudará a desarrollar su personalidad.
La familia es una maravilla, porque todos nos podemos querer, comprender y ayudar, a pesar de cansancios y dificultades, contando siempre con el perdón, que sana heridas y acrecienta el cariño. La familia es sanadora en sí misma.

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