TOLKIEN: EL REINO DE LA DAMA GALADRIEL
Seguimos con J.R.R. Tolkien y su Legendarium. En entradas anteriores hemos tratado un poco las muchas dificultades y avatares de su vida, su amor indestructible por Edith, cuidado cada día, su trabajo y su familia, su imaginación y creatividad cuyo origen está en las palabras, y los lenguajes que tan bien conocía, e inventaba. Y algunas pinceladas de "El Señor de los Anillos" para animar a profundizar y disfrutar de la belleza de su impresionante legado. Todo un mundo mítico, verdadero, deseable, que ilumina nuestra realidad. Seguimos con ello...
En una de sus Cartas escribe: "El mío no es un mundo "imaginario", sino un momento histórico imaginario de la "Tierra Media", que es el lugar donde vivimos". Las Cartas de JRR Tolkien, Ed. Minotauro, Carta 18.
"En dos asientos que se apoyaban en el tronco del árbol, y bajo el palio de una rama, estaban el Señor Celeborn y Galadriel"...
"Muy altos eran, y la Dama no menos alta que el Señor, y tan hermosos y graves. Estaban vestidos de blanco, los cabellos de la Dama eran de oro y los cabellos del Señor Celeborn eran de plata, largos y brillantes; pero no había ningún signo de vejez en ellos, excepto quizás en lo profundo de los ojos, pues éstos eran penetrantes como lanzas a la luz de las estrellas y sin embargo profundos, como pozos de recuerdos".
Serán los Señores de Lothlórien, y tendrán una hija: Celebrían. Ésta se casará con el caballero Elrond, descendiente de Beren y Lúthien, y será el Señor de Rivendel, el último hogar de los elfos, que atesora la sabiduría y tradiciones de su pueblo, entorno a un hogar cálido donde crepita el fuego, y se oyen hermosas canciones y tradiciones.
—¿Qué buscaremos y qué veremos? —preguntó Frodo con un temor reverente.
—Puedo ordenarle al espejo que revele muchas cosas respondió ella— y a algunos puedo mostrarles lo que desean ver. Pero el espejo muestra también cosas que no se le piden y éstas son a menudo más extrañas y más provechosas que aquellas que deseamos ver. Lo que verás, si dejas en libertad al espejo, no puedo decirlo. Pues muestra cosas que fueron y cosas que son y cosas que quizá serán. Pero lo que ve, ni siquiera el más sabio puede decirlo. ¿Deseas mirar?"
La luz y las estrellas poseen un significado importante en su obra y en su vida. Por ejemplo, Tolkien escribe en una carta a su esposa, Edith, que nada debe impedirles seguir la luz... "Creo firmemente que ningún encogimiento del corazón, ni ningún temor mundano debe apartarnos de seguir siempre la luz".
Frodo tomó el frasco y la luz brilló un instante entre ellos, y él la vio de nuevo erguida como una reina, grande y hermosa, pero ya no terrible. Se inclinó, sin saber qué decir."
Ese blanco puro de la Verdad que se encuentra "refractado" en las Historias míticas, gracias al Arte del buen artista, "subcreador", "el mago de las palabras", que permite atisbar algo de luz y color para nuestra vida. Y evasión, y consuelo, y sanación...
La Dama levantó los brazos blancos y extendió las manos hacia el este en un ademán de rechazo y negativa. Eärendil, la Estrella de la Tarde, la más amada de los elfos, brillaba clara allá en lo alto. Tan brillante era que la figura de la Dama echaba una sombra débil en la hierba. Los rayos se reflejaban en un anillo que ella tenía en el dedo y allí resplandecía como oro pulido recubierto de una luz de plata, y una piedra blanca relucía en él como si la Estrella de la Tarde hubiera venido a apoyarse en la mano de la Dama Galadriel. Frodo miró el anillo con un respetuoso temor, pues de pronto le pareció que entendía.
-Sí -dijo ella adivinando los pensamientos de Frodo-, no está permitido hablar de él y Elrond tampoco pudo. Pero no es posible ocultárselo al Portador del Anillo y a alguien que ha visto el Ojo. En verdad, en el país de Lórien y en el dedo de Galadriel está uno de los Tres. Este es Nenya, el Anillo de Diamante, y yo soy quien lo guarda.
»Él lo sospecha, pero no lo sabe aún. ¿Entiendes ahora por qué tu venida era para nosotros como un primer paso en el cumplimiento del Destino? Pues si fracasas, caeremos indefensos en manos del enemigo. Pero si triunfas, nuestro poder decrecerá y Lothlórien se debilitará, y las mareas del Tiempo la borrarán de la faz de la tierra. Tenemos que partir hacia el oeste, o transformarnos en un pueblo rústico que vive en cañadas y cuevas, condenados lentamente a olvidar y a ser olvidados.
Frodo bajó la cabeza. -¿Y vos qué deseáis?
-Que se cumpla lo que ha de cumplirse -dijo ella-. El amor de los elfos por esta tierra en que viven y por las obras que llevan a cabo es más profundo que las profundidades del mar, y el dolor que ellos sienten es imperecedero y nunca se apaciguará. Sin embargo, lo abandonarán todo antes que someterse a Sauron, pues ahora lo conocen. Del destino de Lothlórien no eres responsable, pero sí del cumplimiento de tu misión. Sin embargo desearía, si sirviera de algo, que el Anillo Unico no hubiese sido forjado jamás, o que nunca hubiese sido encontrado.
Galadriel rió de pronto con una risa clara.
-La Dama Galadriel es quizá prudente -dijo-, pero ha encontrado quien la iguale en cortesía. Te has vengado gentilmente de la prueba a que sometí tu corazón en nuestro primer encuentro. Comienzas a ver claro. No niego que mi corazón ha deseado pedirte lo que ahora me ofreces. Durante muchos largos años me he preguntado qué haría si el Gran Anillo llegara alguna vez a mis manos, ¡y mira!, está ahora a mi alcance. El mal que fue planeado hace ya mucho tiempo sigue actuando de distintos modos, ya sea que Sauron resista o caiga. ¿No hubiera sido una noble acción, que aumentaría el crédito del Anillo, si se lo hubiera arrebatado a mi huésped por la fuerza o el miedo?
»Y ahora al fin llega. ¡Me darás libremente el Anillo! En el sitio del Señor Oscuro instalarás una Reina. ¡Y yo no seré oscura sino hermosa y terrible como la Mañana y la Noche! ¡Hermosa como el Mar y el Sol y la Nieve en la Montaña ¡Terrible como la Tempestad y el Relámpago! Más fuerte que los cimientos de la tierra. ¡Todos me amarán y desesperarán!
Galadriel alzó la mano y del anillo que llevaba brotó una luz que la iluminó a ella sola, dejando todo el resto en la oscuridad. Se irguió ante Frodo y pareció que tenía de pronto una altura inconmensurable y una belleza irresistible, adorable y tremenda. En seguida dejó caer la mano, y la luz se extinguió y ella rió de nuevo, y he aquí que fue otra vez una delgada mujer elfa, vestida sencillamente de blanco, de voz dulce y triste.
-He pasado la prueba -dijo-. Me iré empequeñeciendo, marcharé al oeste y continuaré siendo Galadriel."







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