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Lograr armonía familiar

miércoles, 26 de junio de 2024

LA ALEGRÍA DEL AMOR


  
                                      LA ALEGRÍA DEL AMOR I



Qué importante es cuidar la alegría del amor. Todos tenemos anhelos de eternidad, de querer y de sentirnos queridos.

En pareja, el "para siempre" del "sí quiero" va acorde con los anhelos del corazón. Nadie quiere un amor para una temporada... Por eso hay que proteger y cuidar ese amor, y hacerlo crecer cada día. Contamos con la fuerza del momento inicial de la aventura, que se va actualizando en cada uno de nuestros días, y fortalece ese vínculo del amor. Es como una fuente originaria que revitaliza constantemente dicho amor a lo largo de las diversas "peripecias" de la vida. Pero amar no es fácil, ni "sale" siempre solo, hay que aprender a amar más y mejor... a quienes tenemos cerca.





Dejo unos puntos a modo de índice, que desarrollo en varias entradas:


1* Amar es entusiasmante
2* Desplazar el "centro de atención" hacia el otro
3* Mirar a los ojos...
4* Diferencias: ¿choque o sinergia...?
5* Construir el amor, "ganar-ganar"
6* Mi amor es "mi camino"

7* Sentimientos y corazón, sexualidad... etc.



1* Amar es entusiasmante

El amor es como una "hoguera" que da su luz y su calor en todos los momentos de la vida. Y ese amor es capaz de abrirnos los ojos para ver la maravilla que es la otra persona... Algo que nos deslumbró con el enamoramiento.




Ya lo decía Alice von Hildebrand: el amor no es ciego, sino muy clarividente.

Una cita preciosa de su libro "Cartas a una recién casada", de Palabra: 

"A los que aman se les concede el privilegio especial de ver con una increíble intensidad la belleza del que aman, mientras que otros ven simplemente sus actos exteriores, y de modo particular sus errores."

Otra idea suya: El verdadero amor hace a uno humilde.

De repente, nuestra debilidad, miseria e imperfección aparecen ante nuestra mente, pero sin ningún efecto depresivo. Con el deseo de desvelárselos al ser amado y pedir su ayuda para superarlos.  





El amor surge con ese enamoramiento, pero se consolida en el camino de la amistad. Ser el uno para el otro el mejor amigo. El amigo incondicional. Cuidarse, estar pendiente del otro, también con gestos y delicadezas, con ternura manifiesta. La ternura es propia del amor, es amar con delicadezas de enamorado cada día...

Es en la amistad donde se enraíza un amor duradero. De esta forma, al otro se le quiere por quien es, con todas sus cualidades, aunque tenga limitaciones y defectos, como todos tenemos. Se le acoge con todo ello..., pero, poniendo el énfasis en lo bueno y positivo suyo, que siempre será mayor.



Amar no es una posesión egoísta de la otra persona, sino que se busca su bien, como decía Aristóteles, en cuanto otro. Se le quiere por sí misma, por ser persona, especial, única, peculiar, irrepetible. Además, amar nos ilumina y alegra la vida entera.


Pero sólo el buen amor permite ver lo mejor de la otra persona: su belleza interior, sus cualidades y talentos singulares, aquello en lo que es especial. Así "dibujar" y tener presente la mejor imagen mental del ser querido.


                                        


Conmoverse ante las pequeñas cosas y detalles cotidianos... Contemplar su belleza más allá de lo que me "interesa" o de mis necesidades y gustos personales. Descubrir sus "tesoros escondidos"...

El ser querido es alguien a quien cuidar, respetar, y además querer, pues es una persona: lo mas valioso que podemos encontrar en este planeta. Creada para amar y ser amada. Ninguna otra realidad está a tanta "altura"...






2* Desplazar "el centro de atención" hacia el otro

A veces "tira" fuerte, y hacia abajo, la horizontal o el propio "yo" en su forma más egótica, y sólo se ven dificultades: el esfuerzo, la pérdida de algunas posibilidades como viajar, caprichos, compras... 

Sin embargo lo propio del amor es la dicha y el gozo de querer. Hay que saber "mirar" con hondura, descubrir la belleza que refulge quizá inadvertida. La persona está así diseñada: es feliz con las relaciones personales, en la amistad, y mucho más en el amor. Cuando piensa y se ocupa de los demás, en especial del ser querido. Cuando pone sus talentos en construir un amor fuerte y duradero.





La vida es una mezcla de alegría y dolor. Siempre. Conlleva momentos buenos y satisfacciones, pero también cosas a superar. La convivencia en pareja es una combinación de gozos y esfuerzos, de descanso y molestias, de satisfacción y afecto, de ilusiones y problemas a resolver..., que nos animan a luchar por lo que queremos. Ayudan a sacar lo mejor de uno mismo. Y siempre, con el auxilio de quien sabemos que nos quiere. 

Por tanto, es necesario poner el "foco" en el otro. La libertad, para amar a la persona querida. Ahí alcanza su mayor despliegue, y fructifica en amor "del bueno", en amor verdadero.





Respecto al espíritu de lucha, que todos necesitamos, dice el genial G.K. Chesterton: 

"Las vidas de los ricos son en el fondo tan aburridas y monótonas, sencillamente porque ellos pueden escoger lo que ha de sucederles. Están aburridos porque son omnipotentes...

Lo que mantiene la vida romántica y llena de ardientes posibilidades es la existencia de esas grandes limitaciones vulgares que nos obligan a todos a enfrentarnos a las cosas que no nos gustan, o que no esperamos". 

Necesitamos ese pequeño estímulo para salir de la propia comodidad, ponernos en camino, y llegar a ser lo que estamos "llamados a ser" cada uno.


Gustave Thibon, en esta línea, apunta: "no conozco un matrimonio feliz sin sacrificio mutuo"... La felicidad  no es consecuencia de sentirse "a gustito", sino de la conquista de una plenitud personal por saber amar... Es una consecuencia de ello. No algo que "perseguir". Es más, cuando la persigues más "se escapa", como una mariposa, dice el gran Viktor Frankl.






3* Mirar a los ojos

De ahí la necesidad de tener un tiempo para "contemplarse" y saberse juntos; para compartir y hablar, para mirarse detenidamente a los ojos y descansar en la mirada del otro, para escuchar y para contar lo que uno lleva en la cabeza y el corazón: anhelos y sueños... Para abrazarse. Sentirse unidos desde el corazón.

Hablar es muy importante, todos lo necesitamos, pero quizá más es escuchar lo que la otra persona quiere decir, que a veces incluso no es muy consciente, pero si encuentra el ambiente adecuado podrá abrirse y sentirse acogida, valorada, querida en definitiva.

Escuchar no es algo pasivo, escuchar es amar... También con el corazón. No lo olvidemos. Y a veces cuesta más que hablar...



Escuchar sus opiniones, distintas lógicamente, no cerrarse a ellas, o imponer las propias, sino dialogar. Poner delicadeza, dejar tiempo para pensar entre unas ideas y otras... "Tejer" una conversación, intercambiar pensamientos e intimidades. Es bueno que cada uno aporte ideas, metas, sentimientos, imaginación y retos, ilusiones..., además de cariño.

Conquistar cada día un diálogo amoroso que una y revitalice la relación, pues el amor es algo "vivo" que construir, cuidar, alimentar, y hacer crecer, con imaginación, sorpresas, sentimientos, detalles que concreten y alimenten ese amor. Y lo hacen consolidar en cariño estable que pervive "más allá de los círculos de este mundo", como dice J.R.R. Tolkien en la despedida de Aragorn, el Rey Elessar, de su amada esposa Arwen.





Y aprender a interpretar el corazón del otro, ver si hay emociones que deben salir al exterior, si necesita calma, un paseo juntos, o descanso y silencio..., especialmente en ellos. Ellas prefieren y necesitan hablar, contar, descomplicarse.

El amor es exigente: un trabajo de artesanía, pero su belleza reside en esas exigencias, que apuntan a lo alto de cada uno, a su mejor versión, a sus anhelos más genuinos... Es la esencia del amor.




Asimismo es importante cuidar las "interferencias", que dañan la convivencia, la comunicación entre los dos, en concreto las pantallas..., que se inmiscuyen en la intimidad familiar sin apenas darnos cuenta. Están diseñadas para enganchar. Y con frecuencia "encarcelan" el pensamiento y la atención, las energías y la creatividad en el ámbito principal y más importante de la vida: la familia.

Saber priorizar lo esencial en cada momento, como apunta Stephen Covey en "los 7 hábitos de las familias altamente efectivas". Valorar las relaciones personales. El tiempo que tenemos es limitado... Pongamos primero lo importante: los seres queridos. ¡Párate y piensa! Las cosas menos relevantes se irán acoplando.





4* Diferencias: ¿choque o sinergia?

Por otro lado, algo obvio es que somos muy diferentes. De eso se trata. Y por eso nos enamoramos. Uno varón, otra mujer; con eso ya es bastante para ser muy distintos... Sin embargo, cada uno está diseñado para el otro. La mujer para el varón, y el varón para la mujer. No sólo físicamente... Y en su unión y armonía compartida cada uno encuentra su plenitud como persona, y por tanto la felicidad.

Y es más, cada persona es singular, con sus cualidades únicas, con sus "puntos fuertes" y habilidades, que el buen amor percibe y ayuda a desarrollar.

En esta línea, dice don Miguel de Unamuno: "No te creas más, ni menos, ni "igual" que ningún otro, que no somos los hombres cantidades. Cada cual es único e irrepetible. En serlo a conciencia pon todo tu empeño".





Vale la pena dedicar nuestro tiempo a ayudar a crecer a la persona que amamos, con la fuerza del cariño.

Y en las diferencias, que de entrada pueden costar, o chocar, hay que ver mayores posibilidades. Valorarlas y agradecerlas. Hasta sirven para aprender los modos y formas de la otra persona y lograr una sinergia enriquecedora. Muchas veces esas diferencias entusiasman en el noviazgo, pero, con el paso del tiempo pueden molestar, si no se está atento al otro... para hacer que se conviertan en fortalezas de ambos.


También hacia los hijos, que siempre nos miran atentos... y necesitan esa unión de los dos en el amor, pues con ese cariño recíproco, origen de su vida, crecen y se desarrollan de la mejor forma. Además de tener un buen referente y modelo que les guiará siempre.



Sin embargo, como apunta el profesor Tomás Melendo, diferencias no son limitaciones, ni defectos, aunque también nos incomoden.

Los defectos son algo que hace daño a quien los tiene, y/o a quienes están cerca, pues ambos aspectos están muy relacionados. Es bueno ser conscientes de ellos: nos hacen más sencillos, pero, es mejor centrarse en las cualidades de cada uno, que es lo más específico de esa persona. Y lo que le permitirá crecer y apuntar a lo mejor de sí, con optimismo de óptimos. Lograr su "mejor versión", pensando en el ser querido. Por tanto, "amar es facilitar el amor".


Además, centrarse en lo positivo es lo más eficaz, reconfortante, y esperanzador. Me gusta decir: ser buscadores de "tesoros escondidos", no "cazadores de defectos": en pareja, con los hijos, amigos, con uno mismo...


Escribe una experta en humanismo, y buena pedagoga, Jutta Burggraf, sobre los defectos: "Hay quien pasa la vida luchando contra sus defectos. Pero si encendiera fuego en su corazón los carbonizaría sin esfuerzo". Quizá a veces se enfoca mal el asunto...






5* Construir el amor, "ganar-ganar"

La familia es el lugar privilegiado, único, "diseñado" para acoger y hacer crecer el cariño recíproco. Aquí se piensa en los demás de forma natural. Y no tanto en uno mismo: en las propias apetencias, dificultades, caprichos, o zona de confort.

Es preciso que todos se sientan acogidos, felices, valorados y muy queridos. Y eso a su vez reconforta, pues tenemos un cerebro empático que se "motiva" con las buenas relaciones personales, especialmente en este ambiente tan rico de familia. Secreta las sustancias neuroplásticas que remodelan el sustrato cerebral, y aportan nuevas y maravillosas posibilidades. Te lo cuento en otros post.


En la lógica del amor, de nuevo con palabras de S. Covey, "si tú ganas, yo gano": es un ganar-ganar los dos. No se trata de ganar desde el yo, de "vencer" al otro, sino de cooperar, de hacer equipo y salir ambos ganando. De esta forma se fomenta la unidad en el amor, y el otro se siente tenido en cuenta, valorado, admirado, y querido. Como señalan unos amigos, "uno más uno es igual a uno", una nueva unidad de dos.

En esta línea, otro de los hábitos de Covey, fundamental: "primero comprender, para luego ser comprendido"... Y el perdón, que sana heridas. Algo de veras necesario para construir la relación, porque todos podemos fallar, y muchas veces, y necesitamos buena dosis de cariño para remontar.


Cuando uno se centra en el propio yo, no deja crecer ese amor, y se va empequeñeciendo. Se "encierra" en sí, "en su torre de marfil" que escribe el poeta Rubén Darío... Y eso precisamente es lo contrario de amar. Es vital centrarse en el tú de la persona querida. Si no, los "baobabs" que dice el Principito, y las "malas hierbas" van creciendo en el jardín del corazón, invadiendo todo y agostando lo valioso y frágil.


El egocentrismo incapacita para amar... Madurar es aprender a amar, es "salir del vivir para mí, y alcanzar un vivir para ti", como expresara el gran psiquiatra J.B. Torelló.






6* Mi amor es mi camino

El amor nos lleva por el camino del crecimiento personal, pensando en el otro: en alegrarle y quererle, y de ese modo pueda ser feliz. Se trata de ayudarle a desplegar sus cualidades y talentos; permitir que a su vez pueda amar...

Es un camino que lleva el nombre de la persona querida, con la que subimos a la meta, a la cima, a lo alto, atraídos por la belleza del panorama y guiados por la "estrella polar" de la que te hablo en otros artículos.


Por tanto, mi amor es "mi llamada", y el camino a la propia plenitud, precisamente apuntando al tú del otro... Conecta con lo que estoy "llamado a ser". Y es lo que da sentido a la vida. Un sendero empedrado con gestos y detalles de amor hacia el ser querido, que hay que pensar y concretar, y disfrutar juntos. Atesorar tiempo de quererse, sin prisas ni tareas. ES lo que quedará y dejará su "poso".







* Dejo para otra entrada los sentimientos y el corazón, y cómo aprovecharlos para hacer crecer ese amor, junto con la maravilla de la sexualidad: el lenguaje específico del amor, en ese "marco" genuino, natural, auténtico y especial.




Espero que te haya gustado, y ¡gracias por compartir con los que más quieres!


                                                        Mª José Calvo
                                          Optimistas Educando y Amando
                                     
                                                        @mariajoseopt     




Algunos enlaces relacionados: 

 URL:
 https://optimistaseducando.blogspot.com/2024/06/la-alegria-del-amor.html

sábado, 27 de abril de 2024

ENSEÑAR A QUERER: AFECTIVIDAD Y S. LÍMBICO



            AFECTIVIDAD EN LA ETAPA INFANTIL: ENSEÑARLES A QUERER                                              


El tema de la afectividad es importante para nuestros hijos. Estamos al final de la etapa infantil, entorno a los 6-12 años, en la que ya no son tan niños, pero nos tienen cerca, les transmitimos mucho cariño, disfrutan con actividades que les gustan, con planes en familia, pueden afianzar ya muchas cosas aprendidas, tienen amigos y están predispuestos a querer. 


Es una etapa especial y entrañable base de años posteriores, en los que tenemos menos posibilidades de ayudarles. Lo que no hayamos sembrado y logrado aquí lo echaremos de menos…, y sobre todo ellos.


Estamos diseñados para querer y sentirnos queridos. Es una necesidad afectiva de la persona, ineludible, que nos encamina hacia la plenitud personal, los anhelos del corazón y la felicidad.






Es lo más relevante que podemos hacer los padres por los hijos. Apunta el filósofo Tomás Melendo: “educar es enseñar a amar”. Como la “estrella" que nos puede guiar en la vida para no perdernos en miles de tareas y actividades… 


Por tanto, se trata de educar el corazón, de "forjarlo" al calor del cariño para aprender a amar. Es decir, a pensar en los demás. Enfocarse en metas nobles que merezcan la pena, que agranden el corazón. Y es lo que dará más sentido a su vida.





Dejo tres puntos a modo de índice:


1) Afectividad y sistema límbico

2) Aprender a querer


3) ¿Cómo hacerlo en estas edades?









1) Afectividad y sistema límbico


Toda la realidad la percibimos teñida del “color” de nuestros afectos, con tonalidad entre dos polos: agradable o desagradable, positiva o negativa, animante o llena de melancolía… Y los sentimientos y emociones son importantes, pues nos ayudan a querer a los demás.



Desde las primeras etapas del niño, la relación con el tú de la madre, del padre, la em-patía y la sim-patía con ellos pone los cimientos de su afectividad.  Aprende a usar las "neuronas espejo" gracias a sus padres, que le acogen con cariño, le atienden, se acercan, especialmente si se encuentra mal, le abrazan, le sonríen, le escuchan, le cuentan, le cantan…, reflejan mil sentimientos en su rostro, le muestran ternuraAlgo que no debemos olvidar, pues es el lenguaje íntimo y “secreto” del corazón. Todos lo necesitamos.







La em-patía, tan manida a veces, significa ponerse en el lugar del otro para intentar sentir lo que él siente. Y la sim-patía es un paso más. Etimológicamente significa entrar en sin-tonía con el corazón del otro, de la madre, del padre, de los hermanos, y vibrar juntos… Sintonizar corazones.


Los niños aprenden todo a través de la mirada de los padres, del rostro, de su cariño, de su sin-tonía.


Y captan la realidad que les rodea por los sentidos y facultades personales, pero en todo eso influye la afectividad, de manera que cada persona lo percibe un poco según su forma de ser...




                              





* Estrato anatómico


El estrato anatómico de las emociones y la afectividad es el sistema límbico, sobre todo la amígdala, con sus conexiones a otras zonas, tanto aferentes o de entrada, para percibir, como eferentes o de salida para responder. 


Tener en cuenta que, este sistema madura antes que la corteza prefrontal y el aspecto cognitivo, pensamiento reflexivo... 


Recibe la información que le llega desde los sentidos, externos e internos, imaginación, cogniciones, recuerdos..., y la procesa. 


También conecta con otras áreas corticales: sensoriales, visuales, auditivas, del lenguaje…, de asociación, premotoras y motoras, para percibir, sentir, integrar y ser consciente de ello, y luego dar una respuesta a lo percibido o sucedido. 


Aunque en situaciones de urgencia vital se puede responder más rápidamente sin conectar con la corteza, pero, prescindiendo de esa reflexión.







* La afectividad y las relaciones personales


La afectividad nos une, construye lazos, relaciones, y es muy importante para aprender a querer a los que tenemos cerca. Especialmente en familia.


Tenemos un cerebro empático y social. Las relaciones personales son vitales para el buen desarrollo, así como el apego en los bebés, o el sueño para reparar sistemas y consolidar aprendizajes. 


Las buenas relaciones de convivencia estimulan la secreción de sustancias neuroplásticas que ayudan al bienestar personal, como la oxitocina, con la confianza que aporta, la dopamina y el placer, o, los opiáceos endógenos. Todos ellos ayudan a tener buena salud a todos los niveles, tanto corporal como mental.





Esa empatía y sintonía en los primeros años, con la necesidad del encuentro con el tú de la madre, del padre, son imprescindibles. Así van descubriendo su propia identidad, en la relación y resonancia con la otra persona. 






En el desarrollo también influyen los genes, aunque no son tan determinantes como se creía, e interaccionan con el entorno. Es la llamada expresión genética o epigenética. Se ha visto que dichos genes no están diseñados para la prevalencia del yo, como pensaban algunos en plan egoísta, sino para la cooperación y comunicacion con los demás, para las buenas relaciones.



El niño, o no tan niño, por su naturaleza, tiende a ayudar, a la comunicación con otros. Esto lo han investigado algunos autores, como Michael Tomasello. A veces incluso puede hacerlo con personas en dificultades que ni siquiera conoce… Estamos diseñados así, para conectar y relacionarnos. Nuestra naturaleza tiende a esas relaciones tan humanas, a la cooperación con otros. Y disfruta con ello. También su cerebro, que "funciona" mejor, con el despliegue de esas sustancias portentosas.


Por eso qué importante que los padres vayamos en esta línea...






De este modo tan delicado y “escondido”, la naturaleza nos va llevando hacia los demás, y hacia la plenitud en cuanto personas, muy relacionada con esas relaciones, la amistad, y la capacidad de querer tan maravillosa y específica que tenemos los seres humanos. 



La persona se trasciende a sí misma, y encuentra sentido más allá de sí misma. Basta recordar al doctor Viktor Frankl, con su descubrimiento del poder del sentido de la vida y la logo-terapia, sanadora, o a Elisabeth Lukas, con ese “toque” del amor, junto con la actitud personal, que tienen el poder de cambiar la realidad a mejor.









  

2) Aprender a querer


El corazón es importante: es el centro y raíz de la persona. Cada uno "vale" lo que vale su corazón, y "pesa" lo que ama.


Apunta Charles Dickens: "El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el que lo conoce las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico". 


Y Pascal nos dice: el corazón tiene sus razones, que la razón no entiende...


Además, J.H. Newman sabe que "el corazón habla al corazón", pues tiene su lenguaje propio, noble, tierno, directo y cálido.





En esta etapa es el momento especial en el que los niños aprenden a querer, gracias al cariño que van recibiendo en familia, y a ese referente de los padres que les da fuerza y les guía. Este aprendizaje es de gran relevancia, y necesitará desarrollarlo a lo largo de su vida. 


Saber amar a los que tenemos cerca es fuente de plenitud personal, y como consecuencia de dicha y felicidad. Y hay que experimentarlo.


Toda la vida se expresa y cobra sentido por el cariño que damos y recibimos. Es lo que siempre "queda".



El que nos vean a los padres bien unidos es fundamental en su buen desarrollo como personas. El cariño recíproco, la forma de tratarnos, la alegría, la ternura y elegancia… ahí aprenden a hacerlo ellos mismos. Necesitan sentirse inmersos en ese amor de los padres, origen de su vida y de su desarrollo. Merece mucho la pena que dediquemos tiempo, pensamiento, y los mejores esfuerzos para concretarlo y hacerlo vida. Primero pensando en la propia pareja, pero también para ayudar a nuestros hijos en este tema de tanta relevancia.



Es la edad propicia para las conversaciones con ellos en confidencia, para mirar a los ojos y dialogar de tú a tú, abriendo el propio corazón, contado sentimientos y anhelos, y creando un clima de confianza para que ellos se puedan “abrir” cuando lo deseen.


En estas etapas se desarrolla la zona cognitiva y sobre todo emocional, gracias a algunas áreas de la corteza, y al sistema límbico, relacionado con las emociones, la afectividad, el aprendizaje y la memoria. 





Su pensamiento pasa de ser mágico en los primeros años, a más lógico y razonado, hacia los 7 años, y las respuestas y acciones se hacen más deliberadas. Se interiorizan y van modelando el carácter. 


Cada vez cobra más relieve la libertad… y la dimensión espiritual y afectiva de la persona. Es decir, su “afectividad tierna” que llama D. von Hildebrand, y su intimidad. 


Y esos hábitos conseguidos desde pequeños se transforman en virtudes, al realizarlos con libertad personal. En ellas siempre se encuentra alguna dimensión del amor, lo cual les da relevancia y belleza.





La persona es tan grande que está “diseñada” con un corazón para amar. Y la afectividad es un refuerzo de sus capacidades, que ayuda a querer, pues hace experimentar la dicha de hacer felices a los demás. 



Los padres, con nuestro cariño y vida coherente, hemos de estimular y fomentar esa predisposición natural. Estamos sembrando la base de su cerebro y atendiendo a su corazón, algo con gran trascendencia, que necesitará y agradecerá toda su vida. Si no, esa carencia la irá “arrastrando”…



Decía la doctora María Montessori: “Sembrad en los niños ideas buenas aunque no las entiendan; los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento, y hacerlas florecer en su corazón.” 



¡Siempre cabeza y corazón! Ya lo sabían los clásicos griegos: Aristóteles, Platón... Es necesario que el conocimiento vaya "de la mano" con las virtudes y el corazón. Así lograr un desarrollo armónico de la personalidad. 





Porque, al final, una persona que sabe amar es muy feliz, mientras que si sólo lo hace cuando le conviene no podrá serlo tanto... Con palabras de Melendo, "la felicidad es directamente proporcional a la capacidad de amar de cada persona, expresada en obras". 


Estas edades hay que enseñarles a manejar "el timón" de su vida, para que vayan teniendo capacidad de autogobierno personal y sean capaces de retos nobles, con corazón.






Dejo el tercer punto para otra entrada: cómo concretar esta capacidad de querer...




Espero que te haya gustado, puedes compartir con amigos. ¡Gracias!




Unos enlaces relacionados, por si quieres ampliar:









                                                                       Mª José Calvo
                                                          optimistaseducando.blogspot.com
                                                                      @Mariajoseopt    
    



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