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viernes, 13 de febrero de 2026

¿SABEMOS AMAR?...


                                           ¿SABEMOS AMAR?


Se acerca san Valentín. Podemos pensar qué es lo que queremos: emociones pasajeras, o un amor de verdad que atraviese el tiempo y nos lleve a un puerto seguro...

Hoy tenemos un autor invitado, autor del blog "Marketing y servicios": José Miguel Ponce, profesor de varias Universidades y Mentor.



Transcribo un artículo suyo sobre el amor, ahora que se celebra el día de los enamorados.

"El amor está presente en las conversaciones, en la publicidad y en general en los medios de comunicación. Sin  embargo, en las sesiones de mentorías que tengo con jóvenes y adultos, me he dado cuenta que no se sabe amar. Se confunde el amor con un sentimiento. Esto es es un motivo por el cual se producen muchas rupturas de pareja. Se olvida que los sentimientos y emociones cambian con frecuencia.

«La necesidad más profunda del ser humano es amar y sentirse amado». 

Esta frase la he leído en bastantes libros y documentos, además de ser una experiencia universal. Me gusta decir que para ser feliz hace falta: saber amar, sentirse amado y tener un proyecto claro de vida.

Después de reflexionar sobre en qué consiste «amar y sentirse amado», llego a la conclusión de que es una condición para ser feliz. Parece que sentirse amado es más fácil conseguir, ya que depende en buena parte de las demostraciones de cariño de las personas que nos aman. Pero también es importante dejarse amar. En este caso lo importante no es lo que yo hago por los demás, mi servicio, mi generosidad. Dejarse amar es reconocer con gratitud lo que, quien me ama, hace por mí. Ese «sentirnos amados» puede variar de una persona a otra. Cada uno tiene su forma de entender y preferir esas manifestaciones que muestran el cariño.

La felicidad está relacionada con el amor y el amor tiene que ver con la entrega y servicio al otro. Querer supone con frecuencia sacrificio, generosidad, saber perdonar, olvidarse de sí mismo. Sólo cuando estamos dispuestos a darlo todo a cambio de nada es cuándo más nos acercamos a ser felices, a poder vivir una vida y un amor pleno.

Si tuviera que resumir en dos palabras cómo demostrar el amor, destacaría el tiempo y el cariño. Dedicar tiempo, no sólo en cantidad, sino de calidad, ya que la relación, el trato, es la base del conocimiento mutuo y eso requiere tiempo. Y el conocimiento mutuo es la base del amor.

El cariño se refleja en los detalles. Supone ayudar, sorprender gratamente, regalar, aunque no suponga gastarse dinero. ¿Cuánto vale una sonrisa? También se demuestra con palabras, diciéndolo cuando sea necesario.

Los amores que se dejan llevar por el sentimiento sin pasar por la inteligencia con frecuencia producen mucho sufrimiento. Sentimiento, sí. Inteligencia también. Voluntad, sin duda. Si te enamoras y si pasas por malos momentos, no te dejes llevar sólo por los sentimientos. Estos son cambiantes, dependen de muchos factores y circunstancias. Las razones son más estables: permanecen en el tiempo.

Aunque en castellano se suele utilizar indistintamente amar y querer, podemos distinguir entre esos dos términos: amar como el verdadero amor."

Gracias José Miguel, me viene a la cabeza aquella frase del Principito... "Te amo, dijo el Principito.. Yo también te quiero, dijo la rosa. No es lo mismo, respondió él...




Caminar juntos es echar mano del perdón cuando se falla... No tener una lista de agravios del pasado, no guardar rencores.

El día del "sí quiero" se promete estar ahí para el otro, apoyarle cuando falle..., o fallemos. Las imperfecciones que todos tenemos nos dan margen para ensayar, aprender y crecer. Crecer en el amor. Y despiertan ternura en el otro..., algo que da fuerza y revitaliza el amor. Caldea los corazones.


* Si queremos ser felices, es importante preguntarse:

-¿Intento aprender a amar de verdad? Con sentimientos y con voluntad...

-¿Dedico tiempo al otro? Conversar, estar, escuchar, adivinar.

-¿Manifiesto detalles frecuentes de cariño a las personas que quiero?


* Como apunta un gran humanista, Tomás Melendo, el que sabe querer es muy feliz, el que ama más o menos es más o menos feliz, y el que sólo se preocupa del yo, acaba triste, solo, sin alegría, sin la dicha de querer y sentirse querido.

Querer a alguien consiste en cambiar la perspectiva del "yo" al "tú". Es como encontrar un gran tesoro y volcarse en él. Entonces, esa persona capta todo el interés y uno quiere tenerla siempre a su lado: en los momentos buenos, y en los menos buenos…, cuando sale solo, y cuando cuesta más..., pero por eso vale más: se aquilata el cariño.           

Y pensar que, en el amor, sólo "se tiene" lo que "se da", y lo importante siempre es ¡el otro! 
           
De ese modo, ayudarle a lograr su mejor personalidad, pero la suya. Además, cuando uno logra olvidarse un poco de sí, se le quiere mejor al otro, y se es más feliz


Dejo unos puntos para repensar, o trazar un plan de acción, porque, "obras son amores"...
                                      

                        



                                                                             Mª José Calvo
                                                                  optimistas educando y amando

                                                                             @Mjoseeopt      


                             
Espero que te haya gustado, y gracias por compartir. 



Dejo el blog del Profesor: marketingyservicios.com

(https://marketingyservicios.com/en-el-dia-de-los-enamorados-sabes-amar/)




Algunos enlaces relacionados: 


       Sinergia en pareja  
  



      * El-amor-y-el-perdón 

      * Fortalecer-el-amor-6-claves       
                                                                     
      San Valentín con un vídeo de #soyamante


         
URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2026/02/sabemos-amar.html

domingo, 6 de julio de 2025

EL CORAZÓN HABLA AL CORAZÓN I

 

                              "EL CORAZÓN HABLA AL CORAZÓN" I



El ser humano está diseñado con un corazón para amar, con afecto puro y limpio, ¡noble! Tiene anhelos de infinito... con unas directrices inscritas en su corazón. 

"El hombre es una criatura con un misterio en su corazón que es más grande que él mismo", apunta Hans Urs Von Balthasar.


Lo que más nos llena son las buenas relaciones personales: que nos comprendan y escuchen, que nos tengan en cuenta, el trato amable con otras personas, los detalles de cariño y afecto... etc. Cada persona necesita sentirse querida: es su necesidad básica.

Es necesario poner el corazón, además de la cabeza, en el encuentro con los demás. Que todos notemos y sintamos ese cariño, artífice del buen desarrollo personal. 





Una persona posee una capacidad de amar y de alegrar enorme, que debemos poner "en marcha" a nuestro alrededor. Aprendemos a amar en el seno de la propia familia, desde bien pequeños, gracias al amor recíproco de nuestros padres: origen de la vida de cada uno y fuente de desarrollo y crecimiento personal a lo largo del tiempo. 

En el hogar, mediante las conversaciones familiares, se aprende a escuchar, a comprender, a sentir empatía, construyendo relaciones verdaderamente humanas. Teniendo en cuenta sentimientos y afectos, para ayudarse mejor entre todos.


Se trata de hacer acopio de cariño y momentos compartidos para poder concretar y regalar ese amor, y darlo a manos llenas a quienes elegimos querer, en las distintas circunstancias de la vida. 

Para ello es imprescindible la confianza y escucha atenta con quienes conversamos en cualquier ámbito, espacios de silencio, centrar la atención en los otros, percibir sus estados afectivos y emocionales... Colocarse en su lugar, ver con los ojos del alma.

Y ser delicados, atender sus necesidades, incluso antes de que lo expresen... De ese modo se desarrolla más plenamente esa sensibilidad y comprensión, a la par que la personalidad, y se aprende a querer mejor, con un corazón grande donde caben todos.


Cuando uno se siente de veras querido, se fortalece y se "ilumina" por dentro, y es capaz de actuar de forma excelente, darlo todo y rubricar su mejor versión.


El corazón es importante: es el centro y raíz de la persona. Su núcleo más íntimo. El soporte de la personalidad, expresa Ortega. Venimos con unas preferencias y anhelos del corazón de bondad y bellezaY cada uno "vale" lo que vale su corazón, pues en él se ponderan las cosas, da armonía a las diversas facetas de la personalidad, y uno "pesa" lo que ama.






Un gran pensador, que ha dejado un inmenso legado, J.H. Newman, daba mucha relevancia a la imaginación y al corazón, y acuñó: "el corazón habla al corazón”. Hay que saber escuchar, comprender, empatizar y conectar con las personas. Mucho más en familia, primera y principal “escuela” emocional. 


Y la importancia de la imaginación: un medio para el conocimiento de la realidad. Newman decía que la imaginación es capaz de alzar la realidad, de levantarla: la "real-iza" para poder contemplarla. También es una capacidad imprescindible para comprender realidades inmateriales, lo que no vemos, tocamos, pero atisbamos... 



La imaginación conecta con la afectividad y el corazónLos afectos están en nuestra vida, impregnan la realidad, y hablan al corazón. Y éste es el nexo de unión con la imaginación. Apunta este autor: "al corazón se llega habitualmente, no a través de la razón, sino de la imaginación".  Por eso, si queremos llegar al corazón de una persona, usar la imaginación, pensar cómo se encuentra, qué anhelos tiene..., cómo atenderle y ayudarle.




El corazón habla directo al corazón. Se activa y resuena con otro corazón: empatiza y se conmueve. Las personas mejoramos con el trato personal, al pensar en los otros, y ofrecer ese cariño que tenemos. Las fronteras del corazón son inexpugnables..., con el amor se dilatan, crecen, y embellecen a esa persona.






Un pensamiento del gran Charles Dickens, que supo transformar una sociedad masificada y poco comprensiva en algo mucho mejor... : "El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el que lo conoce las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico". 


Qué importante conocer y tener en cuenta todos estos aspectos de lo más íntimo del ser, de forma armónica, y hacerlos vibrar. Con cada uno, "a su estilo". Adivinar el lenguaje que más le "llega".



Es más, Pascal nos advierte que el corazón tiene sus razones que la razón no entiende... Es otro mundo valioso, genuinamente humano, por explorar, preservar y cultivar.


Cultivarlo es aprender a valorarlo y ponerlo en lo que de veras vale la pena, con afectos tiernos y nobles que nos engrandecen y mejoran. Porque, esta potencia humana anhela infinito y belleza, que es el esplendor de lo verdadero, de lo bueno; lo que nos atrae e ilumina la vida entera. Y hacia donde queremos mirar...


La sabiduría innata del corazón nos ayuda a relacionarnos, a pensar en los otros, a ser mejores, con mayor plenitud personal, y como consecuencia más felices.








* ¿Y el papel de la afectividad?

"La amabilidad es el lenguaje que el sordo puede oír, y el ciego puede ver", apunta Mark Twain.


La afectividad es propia de la persona: los sentimientos y afectos nos "llenan" y conmueven, y ayudan a querer: aumentan la capacidad de amar, pues hacen experimentar la dicha de hacer felices a los demás. ¡Esa es la clave!




Para ello es necesario
entrenarse en pequeñas cosas, gestos y detalles, atenciones y delicadezas, hábitos y virtudes, muy relacionadas, que dan facilidad para obrar en esa dirección..., y además disfrutando cada vez más. Ya lo decía Aristóteles.

Por ejemplo la amabilidad y delicadeza, tan necesarias, la confianza, la escucha atenta, la sinceridad, base de todo lo demás, la honradez e integridad personal, la lealtad, la generosidad, la compasión, la gratitud, la sencillez de corazón y el perdón, imprescindible en cualquier relación, el servicio a los demás... llegando al corazón.

Aprovechar las energías latentes de la afectividad para aprender a amar más y mejor... Cuidar las relaciones interpersonales. Tenemos un cerebro empático y social: estamos creados para relacionarnos, y todos necesitamos sentirnos acogidos, y acoger a los demás. Así construir un ambiente cálido, alegre, de relaciones llenas de gentileza y resonancia afectiva, donde crecen las personas al sentirse queridas, pues así estamos diseñadas.



Continuará....




La afectividad nos ayuda a amar. 

Querer a una persona es ayudarle a desarrollar lo mejor de sí,
lo que está llamada a ser,
 procurando su bien, su mejor versión.

 Consiste más en dar que en recibir,
 y tiene mucho que ver con la generosidad y la empatía,
con un corazón grande que sabe trascenderse
 y por eso rebosa alegría.







De ese modo nos descubrimos como personas,
 y también descubrimos a los demás en sus mejores actuaciones.





Para acabar, una cita de Jane Austen: "Mira en tu propio corazón, porque quien mira afuera, sueña, pero quien mira adentro se despierta".


Espero que te haya gustado, y puedes comentar y compartir con amigos. ¡Muchas gracias!


  
Dejo algunos enlaces relacionados:


 
 










                                                                                       
 




                                               

                                                              Mª José Calvo
                                                              @Mjoseeopt
                                                  optimistaseducando.blogspot.com


URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2025/07/el-corazon-habla-al-corazon.html

miércoles, 26 de junio de 2024

LA ALEGRÍA DEL AMOR


  
                                      LA ALEGRÍA DEL AMOR I



Qué importante es cuidar la alegría del amor. Todos tenemos anhelos de eternidad, de querer y de sentirnos queridos.

En pareja, el "para siempre" del "sí quiero" va acorde con los anhelos del corazón. Nadie quiere un amor para una temporada... Por eso hay que proteger y cuidar ese amor, y hacerlo crecer cada día. Contamos con la fuerza del momento inicial de la aventura, que se va actualizando en cada uno de nuestros días, y fortalece ese vínculo del amor. Es como una fuente originaria que revitaliza constantemente dicho amor a lo largo de las diversas "peripecias" de la vida. Pero amar no es fácil, ni "sale" siempre solo, hay que aprender a amar más y mejor... a quienes tenemos cerca.





Dejo unos puntos a modo de índice, que desarrollo en varias entradas:


1* Amar es entusiasmante
2* Desplazar el "centro de atención" hacia el otro
3* Mirar a los ojos...
4* Diferencias: ¿choque o sinergia...?
5* Construir el amor, "ganar-ganar"
6* Mi amor es "mi camino"

7* Sentimientos y corazón, sexualidad... etc.



1* Amar es entusiasmante

El amor es como una "hoguera" que da su luz y su calor en todos los momentos de la vida. Y ese amor es capaz de abrirnos los ojos para ver la maravilla que es la otra persona... Algo que nos deslumbró con el enamoramiento.




Ya lo decía Alice von Hildebrand: el amor no es ciego, sino muy clarividente.

Una cita preciosa de su libro "Cartas a una recién casada", de Palabra: 

"A los que aman se les concede el privilegio especial de ver con una increíble intensidad la belleza del que aman, mientras que otros ven simplemente sus actos exteriores, y de modo particular sus errores."

Otra idea suya: El verdadero amor hace a uno humilde.

De repente, nuestra debilidad, miseria e imperfección aparecen ante nuestra mente, pero sin ningún efecto depresivo. Con el deseo de desvelárselos al ser amado y pedir su ayuda para superarlos.  





El amor surge con ese enamoramiento, pero se consolida en el camino de la amistad. Ser el uno para el otro el mejor amigo. El amigo incondicional. Cuidarse, estar pendiente del otro, también con gestos y delicadezas, con ternura manifiesta. La ternura es propia del amor, es amar con delicadezas de enamorado cada día...

Es en la amistad donde se enraíza un amor duradero. De esta forma, al otro se le quiere por quien es, con todas sus cualidades, aunque tenga limitaciones y defectos, como todos tenemos. Se le acoge con todo ello..., pero, poniendo el énfasis en lo bueno y positivo suyo, que siempre será mayor.



Amar no es una posesión egoísta de la otra persona, sino que se busca su bien, como decía Aristóteles, en cuanto otro. Se le quiere por sí misma, por ser persona, especial, única, peculiar, irrepetible. Además, amar nos ilumina y alegra la vida entera.


Pero sólo el buen amor permite ver lo mejor de la otra persona: su belleza interior, sus cualidades y talentos singulares, aquello en lo que es especial. Así "dibujar" y tener presente la mejor imagen mental del ser querido.


                                        


Conmoverse ante las pequeñas cosas y detalles cotidianos... Contemplar su belleza más allá de lo que me "interesa" o de mis necesidades y gustos personales. Descubrir sus "tesoros escondidos"...

El ser querido es alguien a quien cuidar, respetar, y además querer, pues es una persona: lo mas valioso que podemos encontrar en este planeta. Creada para amar y ser amada. Ninguna otra realidad está a tanta "altura"...






2* Desplazar "el centro de atención" hacia el otro

A veces "tira" fuerte, y hacia abajo, la horizontal o el propio "yo" en su forma más egótica, y sólo se ven dificultades: el esfuerzo, la pérdida de algunas posibilidades como viajar, caprichos, compras... 

Sin embargo lo propio del amor es la dicha y el gozo de querer. Hay que saber "mirar" con hondura, descubrir la belleza que refulge quizá inadvertida. La persona está así diseñada: es feliz con las relaciones personales, en la amistad, y mucho más en el amor. Cuando piensa y se ocupa de los demás, en especial del ser querido. Cuando pone sus talentos en construir un amor fuerte y duradero.





La vida es una mezcla de alegría y dolor. Siempre. Conlleva momentos buenos y satisfacciones, pero también cosas a superar. La convivencia en pareja es una combinación de gozos y esfuerzos, de descanso y molestias, de satisfacción y afecto, de ilusiones y problemas a resolver..., que nos animan a luchar por lo que queremos. Ayudan a sacar lo mejor de uno mismo. Y siempre, con el auxilio de quien sabemos que nos quiere. 

Por tanto, es necesario poner el "foco" en el otro. La libertad, para amar a la persona querida. Ahí alcanza su mayor despliegue, y fructifica en amor "del bueno", en amor verdadero.





Respecto al espíritu de lucha, que todos necesitamos, dice el genial G.K. Chesterton: 

"Las vidas de los ricos son en el fondo tan aburridas y monótonas, sencillamente porque ellos pueden escoger lo que ha de sucederles. Están aburridos porque son omnipotentes...

Lo que mantiene la vida romántica y llena de ardientes posibilidades es la existencia de esas grandes limitaciones vulgares que nos obligan a todos a enfrentarnos a las cosas que no nos gustan, o que no esperamos". 

Necesitamos ese pequeño estímulo para salir de la propia comodidad, ponernos en camino, y llegar a ser lo que estamos "llamados a ser" cada uno.


Gustave Thibon, en esta línea, apunta: "no conozco un matrimonio feliz sin sacrificio mutuo"... La felicidad  no es consecuencia de sentirse "a gustito", sino de la conquista de una plenitud personal por saber amar... Es una consecuencia de ello. No algo que "perseguir". Es más, cuando la persigues más "se escapa", como una mariposa, dice el gran Viktor Frankl.






3* Mirar a los ojos

De ahí la necesidad de tener un tiempo para "contemplarse" y saberse juntos; para compartir y hablar, para mirarse detenidamente a los ojos y descansar en la mirada del otro, para escuchar y para contar lo que uno lleva en la cabeza y el corazón: anhelos y sueños... Para abrazarse. Sentirse unidos desde el corazón.

Hablar es muy importante, todos lo necesitamos, pero quizá más es escuchar lo que la otra persona quiere decir, que a veces incluso no es muy consciente, pero si encuentra el ambiente adecuado podrá abrirse y sentirse acogida, valorada, querida en definitiva.

Escuchar no es algo pasivo, escuchar es amar... También con el corazón. No lo olvidemos. Y a veces cuesta más que hablar...



Escuchar sus opiniones, distintas lógicamente, no cerrarse a ellas, o imponer las propias, sino dialogar. Poner delicadeza, dejar tiempo para pensar entre unas ideas y otras... "Tejer" una conversación, intercambiar pensamientos e intimidades. Es bueno que cada uno aporte ideas, metas, sentimientos, imaginación y retos, ilusiones..., además de cariño.

Conquistar cada día un diálogo amoroso que una y revitalice la relación, pues el amor es algo "vivo" que construir, cuidar, alimentar, y hacer crecer, con imaginación, sorpresas, sentimientos, detalles que concreten y alimenten ese amor. Y lo hacen consolidar en cariño estable que pervive "más allá de los círculos de este mundo", como dice J.R.R. Tolkien en la despedida de Aragorn, el Rey Elessar, de su amada esposa Arwen.





Y aprender a interpretar el corazón del otro, ver si hay emociones que deben salir al exterior, si necesita calma, un paseo juntos, o descanso y silencio..., especialmente en ellos. Ellas prefieren y necesitan hablar, contar, descomplicarse.

El amor es exigente: un trabajo de artesanía, pero su belleza reside en esas exigencias, que apuntan a lo alto de cada uno, a su mejor versión, a sus anhelos más genuinos... Es la esencia del amor.




Asimismo es importante cuidar las "interferencias", que dañan la convivencia, la comunicación entre los dos, en concreto las pantallas..., que se inmiscuyen en la intimidad familiar sin apenas darnos cuenta. Están diseñadas para enganchar. Y con frecuencia "encarcelan" el pensamiento y la atención, las energías y la creatividad en el ámbito principal y más importante de la vida: la familia.

Saber priorizar lo esencial en cada momento, como apunta Stephen Covey en "los 7 hábitos de las familias altamente efectivas". Valorar las relaciones personales. El tiempo que tenemos es limitado... Pongamos primero lo importante: los seres queridos. ¡Párate y piensa! Las cosas menos relevantes se irán acoplando.





4* Diferencias: ¿choque o sinergia?

Por otro lado, algo obvio es que somos muy diferentes. De eso se trata. Y por eso nos enamoramos. Uno varón, otra mujer; con eso ya es bastante para ser muy distintos... Sin embargo, cada uno está diseñado para el otro. La mujer para el varón, y el varón para la mujer. No sólo físicamente... Y en su unión y armonía compartida cada uno encuentra su plenitud como persona, y por tanto la felicidad.

Y es más, cada persona es singular, con sus cualidades únicas, con sus "puntos fuertes" y habilidades, que el buen amor percibe y ayuda a desarrollar.

En esta línea, dice don Miguel de Unamuno: "No te creas más, ni menos, ni "igual" que ningún otro, que no somos los hombres cantidades. Cada cual es único e irrepetible. En serlo a conciencia pon todo tu empeño".





Vale la pena dedicar nuestro tiempo a ayudar a crecer a la persona que amamos, con la fuerza del cariño.

Y en las diferencias, que de entrada pueden costar, o chocar, hay que ver mayores posibilidades. Valorarlas y agradecerlas. Hasta sirven para aprender los modos y formas de la otra persona y lograr una sinergia enriquecedora. Muchas veces esas diferencias entusiasman en el noviazgo, pero, con el paso del tiempo pueden molestar, si no se está atento al otro... para hacer que se conviertan en fortalezas de ambos.


También hacia los hijos, que siempre nos miran atentos... y necesitan esa unión de los dos en el amor, pues con ese cariño recíproco, origen de su vida, crecen y se desarrollan de la mejor forma. Además de tener un buen referente y modelo que les guiará siempre.



Sin embargo, como apunta el profesor Tomás Melendo, diferencias no son limitaciones, ni defectos, aunque también nos incomoden.

Los defectos son algo que hace daño a quien los tiene, y/o a quienes están cerca, pues ambos aspectos están muy relacionados. Es bueno ser conscientes de ellos: nos hacen más sencillos, pero, es mejor centrarse en las cualidades de cada uno, que es lo más específico de esa persona. Y lo que le permitirá crecer y apuntar a lo mejor de sí, con optimismo de óptimos. Lograr su "mejor versión", pensando en el ser querido. Por tanto, "amar es facilitar el amor".


Además, centrarse en lo positivo es lo más eficaz, reconfortante, y esperanzador. Me gusta decir: ser buscadores de "tesoros escondidos", no "cazadores de defectos": en pareja, con los hijos, amigos, con uno mismo...


Escribe una experta en humanismo, y buena pedagoga, Jutta Burggraf, sobre los defectos: "Hay quien pasa la vida luchando contra sus defectos. Pero si encendiera fuego en su corazón los carbonizaría sin esfuerzo". Quizá a veces se enfoca mal el asunto...






5* Construir el amor, "ganar-ganar"

La familia es el lugar privilegiado, único, "diseñado" para acoger y hacer crecer el cariño recíproco. Aquí se piensa en los demás de forma natural. Y no tanto en uno mismo: en las propias apetencias, dificultades, caprichos, o zona de confort.

Es preciso que todos se sientan acogidos, felices, valorados y muy queridos. Y eso a su vez reconforta, pues tenemos un cerebro empático que se "motiva" con las buenas relaciones personales, especialmente en este ambiente tan rico de familia. Secreta las sustancias neuroplásticas que remodelan el sustrato cerebral, y aportan nuevas y maravillosas posibilidades. Te lo cuento en otros post.


En la lógica del amor, de nuevo con palabras de S. Covey, "si tú ganas, yo gano": es un ganar-ganar los dos. No se trata de ganar desde el yo, de "vencer" al otro, sino de cooperar, de hacer equipo y salir ambos ganando. De esta forma se fomenta la unidad en el amor, y el otro se siente tenido en cuenta, valorado, admirado, y querido. Como señalan unos amigos, "uno más uno es igual a uno", una nueva unidad de dos.

En esta línea, otro de los hábitos de Covey, fundamental: "primero comprender, para luego ser comprendido"... Y el perdón, que sana heridas. Algo de veras necesario para construir la relación, porque todos podemos fallar, y muchas veces, y necesitamos buena dosis de cariño para remontar.


Cuando uno se centra en el propio yo, no deja crecer ese amor, y se va empequeñeciendo. Se "encierra" en sí, "en su torre de marfil" que escribe el poeta Rubén Darío... Y eso precisamente es lo contrario de amar. Es vital centrarse en el tú de la persona querida. Si no, los "baobabs" que dice el Principito, y las "malas hierbas" van creciendo en el jardín del corazón, invadiendo todo y agostando lo valioso y frágil.


El egocentrismo incapacita para amar... Madurar es aprender a amar, es "salir del vivir para mí, y alcanzar un vivir para ti", como expresara el gran psiquiatra J.B. Torelló.






6* Mi amor es mi camino

El amor nos lleva por el camino del crecimiento personal, pensando en el otro: en alegrarle y quererle, y de ese modo pueda ser feliz. Se trata de ayudarle a desplegar sus cualidades y talentos; permitir que a su vez pueda amar...

Es un camino que lleva el nombre de la persona querida, con la que subimos a la meta, a la cima, a lo alto, atraídos por la belleza del panorama y guiados por la "estrella polar" de la que te hablo en otros artículos.


Por tanto, mi amor es "mi llamada", y el camino a la propia plenitud, precisamente apuntando al tú del otro... Conecta con lo que estoy "llamado a ser". Y es lo que da sentido a la vida. Un sendero empedrado con gestos y detalles de amor hacia el ser querido, que hay que pensar y concretar, y disfrutar juntos. Atesorar tiempo de quererse, sin prisas ni tareas. ES lo que quedará y dejará su "poso".







* Dejo para otra entrada los sentimientos y el corazón, y cómo aprovecharlos para hacer crecer ese amor, junto con la maravilla de la sexualidad: el lenguaje específico del amor, en ese "marco" genuino, natural, auténtico y especial.




Espero que te haya gustado, y ¡gracias por compartir con los que más quieres!


                                                        Mª José Calvo
                                          Optimistas Educando y Amando
                                     
                                                        @mariajoseopt     




Algunos enlaces relacionados: 

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 https://optimistaseducando.blogspot.com/2024/06/la-alegria-del-amor.html