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miércoles, 25 de marzo de 2015

PREADOLESCENTES: LA AFECTIVIDAD.




                 ENSEÑARLES A MANEJAR EL TIMÓN: LA AFECTIVIDAD.


         Hemos visto cómo dar criterios claros para la inteligencia en estas edades preadolescenes, y cómo motivar y seducir con la fuerza de los valores, para que puedan desarrollar su voluntad, a base de conseguir hábitos, con esfuerzo y constancia. 

            Ahora vamos a tratar su afectividad, que es lo más sensible y tierno de cada persona, sobre todo en esta fase que prepara el descubrimiento de su intimidad. 







    Educar en estas edades es modelar el carácter, en base al temperamento heredado, en el que podemos influir, para formarlo. La palabra carácter significa acuñar; y se logra creando hábitos positivos desde pequeños, para que tengan autodominio sobre sus impulsos, respuestas, estado sentimental…, y no salten o se bloqueen con la primera dificultad, con un contratiempo, o no sepan gestionar emociones.

         Por otra parte, debemos saber que nuestra conducta es el motor de su educación. De cómo seamos, de cómo actuemos, de nuestro criterio, de nuestra empatía, depende lo que vean, lo que aprendan y lo que hagan, porque somos sus modelos, y nos copiarán sin darse cuenta. Vamos marcando una senda y dejando una huella profunda en ellos.

        Pero ellos son los protagonistas: podemos ayudarles, motivarles, y sobre todo, quererles tal como son, con un cariño incondicional de padres. Y demostrárselo con detalles. Saber mirar a los ojos, escuchar mas allá de las palabras, animar, aceptarlos en nuestra vida, dedicarles nuestro “valioso” tiempo… 




        Podemos incluirlos en la tertulia familiar, donde se habla de las cosas importantes de la vida. De lo que nos pasa, de cómo nos sentimos, de cómo interpretar hechos de la vida, de por qué una película no transmite una realidad con buen criterio, de las trifulcas entre hermanos o amigos, de que el bien conlleva el premio... También sobre su trabajo, que es estudiar con ilusión, y encargarse de sus tareas con responsabilidad, de la alegría de hacer bien las cosas, o de pensar en los demás…,  y de miles de cosas, que si no es de este modo, no las oyen, o no las ven… Y con todo ello van construyendo su naciente personalidad.







         LA AFECTIVIDAD.

      Vamos con la afectividad. Los sentimientos tiñen toda nuestra vida, y las situaciones de cada día nos dejan una impresión interior, y nos afectan de una determinada manera: esto es la afectividad de cada persona. Nos puede "afectar" rápidamente, o de forma más pausada; más profundamente, o menos..., según el temperamento y el carácter de cada uno.

        Hay varios rasgos que definen un carácter, según Le Senne, como la resonancia, la emotividad y la actividad de cada persona. 


           1.- Uno es la actividad de esa persona. Si le gusta hacer muchas cosa, o es más pausada.


           2.- Otro es la impresionabilidad o resonancia de cada uno, se puede ser más primario o más secundario. Normalmente, se considera una persona de carácter más “primario”, cuando la impresión le afecta enseguida, pero permanece poco tiempo. Y secundario”, cuando tarda algo más, pero su duración es mayor. 


         Aunque este rasgo del carácter se puede ir modelando algo, con voluntad y experiencia, para controlar las respuestas, o para no ser muy sensible en determinadas circunstancias... etc.



         Podemos pensar cómo son nuestros hijos, para potenciar sus puntos fuertes, teniendo cuidado en la forma en que decimos las cosas…  A veces les impresiona lo que viven en el colegio, y hay que cuidarlo, hablarlo con ellos, o paliar en lo posible sus efectos, dándoles todo nuestro apoyo y cariño cuando lo precisen.


         Porque son como “barro fresco” en manos del alfarero… Y se moldean por el sentimiento de saberse queridos, con un amor incondicional, con gestos concretos cada día. Regalándoles nuestro tiempo, nuestro interés, nuestra amabilidad, nuestra persona, y también con nuestra exigencia en los puntos clave, pero con una sonrisa. 




         3.- Si nos fijamos en otro rasgo del carácter, como es la emotividad, se puede ser más emotivo, o menos. Las personas muy emotivas son más sensibles a todo, tienen los sentimientos "a flor de piel", y les afectan las cosas de una forma más profunda. Por eso, hay que tener más cuidado de no herirles. La ventaja es que, si tienen un gran corazón, les es más fácil contactar con la gente, hacer amigos, y poder ayudarles. Esto tiene mucho que ver con el sistema límbico, que se está desarrollando al máximo en estas edades, debido al ascenso de hormonas en sangre.






         Además, están en la edad y en el “periodo sensitivo” para enseñarles a querer. Y significa poner el corazón en lo que vale la pena, forjarlo al calor del cariño, para llenar de sentido la vida. Es necesario explicar los “porqués" de las cosas…, ir a las raíces. Y empapado todo de afecto.






           Aquí dejo un corte de "Mujercitas", con una Wynona Ryder magistral. Marmee, con su marido en la guerra, se queda sola con sus cuatro hijas: Jo es un torbellino; Meg más formal; Beth muy frágil y sensible, y Amy una romántica. 

         Marmee tiene el don de saber crear un ambiente de familia, donde cada una puede lograr su mejor "yo". Sabe motivar, marcar un rumbo, decir lo necesario, y dejarles que tomen la iniciativa... Y tendrá que irles encaminando hacia su plenitud, enseñándoles el valor de las cosas, de la amistad, de la familia, del dolor, del perdón, de la libertad, del amor..., rodeado de cariño y ternura, hasta que encuentran cada una su camino.





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        Por eso, en esta etapa en que preparamos el nacimiento de su intimidad, debemos ser más finos, más delicados, confiar más, dar alas, sustituir el mandar por el sugerir…, para que aprendan a actuar con criterio, y estrenen su libertad en la dirección adecuada..Que no significa dejarse seducir por el primer impulso que se presente, sino pensar primero hacia dónde nos dirigimos, y orientarnos hacia una meta que merezca la pena…


             Para ello, nos podemos apoyar en la belleza: en la belleza del cariño, en la belleza de una sonrisa, de un mirar los ojos, de un escuchar empático, en la belleza de unos valores basados en principios, en la belleza de la naturaleza… Porque la belleza es el esplendor de la verdad y del bien: lo que capta nuestra atención por su gran atractivo, y está muy relacionada con la afectividad.


           También en los periodos sensitivos, o críticos, en los que se aprende algo de forma natural, y en los puntos fuertes de cada uno: en las cualidades especiales en las que sobresale.

       Hace falta estimular lo positivo, para que esos hábitos adquiridos se conviertan en virtudes, al hacerlo con libertad. Por ejemplo, la sinceridad, la alegría, la responsabilidad en sus actuaciones, su gran corazón… Para que haga lo que debe hacer, y que además disfrute. Porque las virtudes son pequeñas especificaciones del bien, de la verdad, o de la belleza, y participan de ella. 




           Los padres tenemos la oportunidad de hacernos muy amigos de los hijos, y hablar de todo con ellos. No hace falta dar grandes discursos, sino primero escuchar lo que nos quieren decir: lo que hacen en el colegio, sus amigos, lo que hablan, la música que les gusta, cómo lo pasan allí… Interesándonos por todo, y dando ideas claras de los aspectos importantes de la vida. 

           Con coherencia entre lo que pensamos, decimos, y vivimos… Es decir, personificando esos valores que sabemos que son importantes.  Algo importante es que nosotros, los padres, nos queramos de veras, que pensemos más en el otro, que en nosotros mismos; y en su bien, en hacerle feliz, en tener detalles… Y eso lo ven, lo notan.

           Porque ese cariño, y ese modelo de él, es lo mejor que les puede suceder. Es lo que les da seguridad, confianza, les enseña a querer, y aprenden a poner su corazón en algo que sea valioso, y no en cualquier punto luminoso que les atraiga, que se desvanece al momento...



         También es bueno ser líderes de nuestros hijos, estando atentos a lo importante, sin descuidar los detalles. Teniendo en cuenta a cada persona, a cada hijo, demostrando el cariño, haciendo una llamada a lo mejor de cada uno. Vimos unas cualidades del liderazgo en la dirección familiar, que podemos trabajar: enlace liderazgo.


          Y sabiendo encauzar acontecimientos, dirigiendo la vida, siendo proactivos, haciendo que las cosas importantes sucedan.





              Para conseguir todo esto se necesita reflexionar y estudiar entre los dos, cómo es cada hijo, ver lo bueno que tiene, pensar objetivos con cada uno de ellos, y ponerles los medios adecuados para que pueda hacerse operativo. Es decir, hacer “planes de acción” concretos para ir desarrollando hábitos, modelando su carácter, sintiéndose muy queridos, en ese ambiente impregnado de cariño, con alegría, serenidad, optimismo, delicadeza…


              Y luego confiando en ellos, incluso en ese aspecto en el que no son expertos… Pues solo así, les dejamos realizarse, aprender, ensayar, y dar lo mejor de ellos; es como darles alas para que vuelen alto… Si fallan, no pasa nada: lo intentan de nuevo, y volvemos a confiar.






            Además, el sentirse queridos es fuente de verdadera autoestima, porque no la basamos en falsas expectativas, sino en el cariño que les tenemos: porque los tratamos con respeto y amabilidad. Y siempre podemos alegrarnos de sus mejores actuaciones y hacérselas notar para que aprenda a conocerse. 





                 LA AMISTAD.

              En estas edades es muy importante tener buenos amigos, los que ayudan a ser mejores. Además les encanta, e influye mucho en su afectividad, especialmente en las chicas. Es bueno que tengan unas aficiones en las que disfruten, y amigos en los que confiar, pasar buenos ratos y también poderse ayudar. 

            El deporte y otros hobbies pueden ser ocasiones de tener buenos amigos. También les ayuda a ser luchadores, resilientes, a no ser “quejicas", a ver el valor del esfuerzo en la vida… Y si está rodeado de amigos, tanto mejor: son todo ventajas. 



              Aprovechar alguna ocasión para explicarles que en la “cima”, hay sitio para muchos, porque lo importante es superarnos cada uno; se puede escalar con muchos, sin servirnos de ellos para lograr el éxito, sino ayudándoles. 

        Y hablarles sobre el valor de la amistad, y la diferencia con el simple compañerismo, o con la complicidad para hacer algo que no es correcto.








             LA VIDA, EN EL CONTEXTO DEL AMOR.

             En nuestro objetivo de educar su afectividad para enseñarles a querer, hay que explicarles el misterio y la belleza de la vida humana, en su contexto adecuado: el amor entre dos personas, él y ella, en el que la dignidad de cada una, lo es todo. Y como siempre, rodeado de cariño. 

        Esto se debe hacer personalmente, a cada uno/a, con delicadeza, a pequeñas dosis, resolviendo dudas, adelantándonos…, con confianza, sin agobio ni falsos pudores.



            Aquí dejo un vídeo precioso sobre la concepción.




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            Porque para amar hace falta poner cabeza, y tener voluntad; no solo se ama con sentimientos. Por eso, que no se dejen llevar de emociones sin antes pensar, poniendo la cabeza, pensando qué quieren o deben hacer. Y luego hace falta voluntad, para poder llevarlo a cabo, aunque el sentimiento no acompañe siempre. Con una buena dosis de generosidad, de comprensión, de empatía…, para lo cual hay que entrenarse en pequeñas cosas cada día.






            Porque como muy bien expresa Juan Bautista Torelló, “la madurez afectiva depende de la capacidad de amar". Y es el egocentrismo, el mirarse a sí mismo cada uno, lo que incapacita para amar. Hay que explicarles que para madurar es necesario aprender a retrasar una gratificación, tener autocontrol, y en definitiva pasar del “vivir para mí” al “vivir para ti””… 

              Hay niños o niñas que son muy afectivos, con un gran corazón, y les resulta fácil pensar en los demás, pero lo frecuente es que les cueste más y les tengamos que enseñar, animar, y hacer planes concretos con ellos. Que vean nuestras obras...


            También hablar del sentido de la sexualidad, adaptado a su edad, en el marco del amor, que lo veremos en otra entrada. Porque es distinto formar que informar: cualquiera puede informar; pero formar, solo se puede hacer en familia, porque es el ámbito natural del amor, y hace falta saber cómo es cada hijo, lo que necesita, cuáles sus puntos fuertes, para apoyándonos en ellos, quererle tal cual es, y como consecuencia, ayudarle a formarse como persona, atendiendo a todas sus facultades. Es un trabajo de artesanía, una obra de arte, un trabajo para la eternidad...








                                                                                              Mª José Calvo
                                                                   optimistas educando y amando
                                                                   @mariajoseopt 
       







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