Qué importante es reflexionar, hacer islas de silencio en nuestro interior para pensar y conocerse. Conocerse y conocer a los demás, en las mejores actuaciones, como decía aquel gran profesor... Porque, en lo bueno hay que poner intencionalidad y esfuerzo, y las cualidades cultivadas. Lo más mediocre sale "solo" con dejarse llevar.
También silencio para pensar cómo actuar y responder. Ver si nos podemos dejar llevar de emociones, porque nos lleven a expresar en cariño, a construir relaciones, o, debemos controlar, con voluntad entrenada, porque se desbocan...
En esas conversaciones, es bueno no quedarse solo en la superficie. Profundizar en los motivos, reflexionar. Pasar de las anécdotas cotidianas, a las ideas que les dan vida, y de las ideas, a los hechos en que se encarnan... Así se aprende a pensar y se enseña a los hijos.
Y conocerse es vital para mejorar, partiendo de la realidad de lo que uno es, con sus cualidades y puntos fuertes, y también los más débiles. Pero, haciendo énfasis en lo bueno, que es lo que interesa promover, y lo más específico de cada uno.
¿Cómo soy?, y ¿cómo quiero ser...?, son preguntas que debemos hacernos para apuntar a metas valiosas.
Así, crecer por dentro, que de eso se trata. Ser mejores personas, luchar por lo mejor de cada uno, con su singularidad característica. Y ayudar a los demás también, en especial en la propia familia, ámbito propio de las relaciones humanas, porque nacen del cariño.
Y más en especial en pareja. Saber admirar sus cualidades y talentos, su esfuerzo y lucha, sus puntos luminosos, con los que nos alegra, para agradecerlos y fomentarlos. Así estimular y refrescar el amor recíproco. Es preciso cultivar el amor para que se haga fuerte y duradero, a la vez que tierno y entrañable. Que nos dé su luz y su calor en todas las circunstancias.
En esa relación con quien más queremos, ¿me atrevo a decir cómo me siento...?, o tengo "miedo" de expresar cómo soy, qué sentimientos tengo. Y, ¿me siento valorada, valorado, por el otro o, no me atrevo a dar un paso para conectar...? Y viceversa, claro. Lograr una reciprocidad.
El pensar que a uno no le van a comprender, ese miedo, impide abrirse al otro..., y ya no se habla de sentimientos, no se comprende, no se conecta. Es necesario hablar para construir la relación. Tanto en pareja como en familia. Y no solo de tareas y recibos, sino de lo que llevamos en nuestro interior, en el corazón. De nuestra afectividad.
Para eso, aprender a poner palabras a los sentimientos y emociones, y luego hablarlo con la persona que más nos quiere. También habla el lenguaje corporal, que es mucho más claro y fiel, y se capta al momento. No engaña. Hay que cuidarlo. De cómo nos tratemos los padres, los hijos aprenden, o no, a valorar a las personas y saber tratarlas, a tener en cuenta las emociones, a comprender al otro, actuando en consecuencia.
2) Escuchar para comprender. Confianza y empatía
Escuchar es muchas veces más importante que hablar. Saber acoger a la persona con la que estamos, que quizá quiera contar algo que le preocupa, le gusta, anhela..., o simplemente contar su día. Y necesita que la escuchen. Acoger es amar. Esto se "agrava", si es ella quien necesita hablar y contar sus sentimientos, porque de veras lo necesita. Y no siempre hay que dar una solución a lo que el otro, la otra, cuenta. Primero necesita ser escuchado, y recibir afecto. Ser "envuelta" en cariño. Luego ya vendrá el resto, si es necesario. Y no siempre lo es.
Poner esfuerzo en acoger, porque cada uno se da en la medida en que va a ser acogido. Si no, cuesta más, o se deja de hacerlo. Y la relación sufre. Esto es vital tenerlo en cuenta en pareja.
Escuchar con calma e interés crea un clima de confianza donde cada uno se puede abrir al otro sin ser "lesionado" en su intimidad. Sabe que va a ser acogido y escuchado. ¡Valorado!
Sabiendo conservar lo dicho en el corazón, para tenerlo en cuenta, y poder actuar según lo que necesite el otro. Es la forma de aprender sus gustos, de conocerle, de ayudarle, tan propio del amor. Y que, si no se pone interés y empeño, es muy difícil lograrlo.
Confianza. Confiar en otra persona es verle capaz de grandes cosas, valorarle..., admirarle, aceptarle tal como es, con sus más y sus menos. Saber que hay mucho bueno y bello en su interior que lucha por salir. Es hacerle ver su valor inmenso, la luz que porta en su interior. Creer en ella. Y acogerla en la forma en que se da: en la suya propia.
De ahí la importancia del rostro para conocer los estados afectivos de otra persona. Su ilusión y alegría, su preocupación..., sus miedos, su cansancio, su tristeza, su enfado... Hay miles de sentimientos y tonalidades. Hay que hacer un "master" para intentar comprender el corazón humano, en especial el de los demás. Y eso se aprende en familia, desde pequeños, viendo cómo se tratan los padres. Así, tener en cuenta la opinión y los gustos de los demás, comprender, que es abrazar con el corazón, percatarse del cansancio del otro, por ejemplo, e intentar ayudarle sin que se note, con cariño y delicadeza, con una sonrisa.
Tenemos esta capacidad en nuestro interior: solo hay que desarrollarla. Poseemos unas "neuronas espejo", que ayudan a captar los estados y sentimientos de los demás. Un bebé lo aprende todo por la expresión de la madre, del padre. También a interactuar con ellos, a ver su estado afectivo. Y va aprendiendo a desarrollar esa capacidad.
Esta red de neuronas espejo ayuda a percibir y sentir lo que están sintiendo otros, con solo verlos. Incluso a preveer su comportamiento. Es la base de la empatía, tan propia del ser humano, y de la inteligencia emocional, fundamentales en las relaciones personales.
Comprender estados afectivos, ¡qué importante!, ponernos a su disposición en lo que puedan necesitar, teniendo un alma grande, generosa, capaz de querer. De esta forma, se mejora la comunicación en familia, y en pareja, y se logra una grata convivencia al tener en cuenta al otro, a los otros, al compartir ideas, sentimientos, ilusión, trabajo en equipo…, detalles concretos. Y se puede llegar hasta lo más profundo de la persona que nos ilumina el universo entero, y nos encandila, descubriendo la dicha de estar juntos.
3) Y ¿por qué esto es tan relevante?