MEJORAR LA ARMONÍA DE PAREJA Y FAMILIAR
MANEJO DE DIFERENCIAS, LIMITACIONES, Y DEFECTOS
Para mejorar la armonía entre los dos es importante cuidar las pequeñas cosas: los detalles llenos de cariño, y lo que a veces molesta... y la rutina o el cansancio agrandan.
En la relación de pareja, algo obvio es que somos muy diferentes. De eso se trata. Y por eso nos enamoramos. Uno varón, otra mujer; con eso ya es bastante para ser muy distintos...
Vamos a analizar un poco este asunto de las diferencias, para no chocar continuamente, y sacarles partido, pues están ahí por algo... Son parte integrante del camino del amor, y de cualquier relación. Y un desafío inherente a ellas. Podemos aprovecharlas para crecer como personas, como pareja, y como familia.
Partimos de que, amar es, como decían los clásicos, "querer el bien para el otro", y ser muy amable, "facilitar el amor", en palabras de T. Melendo.
Algo importante es mantener vivo el sentimiento de maravilla que se descubre en el enamoramiento. No acostumbrase. Hacer acopio de ilusión y energía para hacer extraordinario lo cotidiano, que a veces amenaza con apesadumbrar. Aprovechar los talentos de cada uno y sus formas de ser o de actuar. Ver oportunidades y retos en las aparentes dificultades o diferencias de carácter.
Porque, lo que nos hace excelentes es la forma de amar a quienes tenemos cerca... dice J.J. Javaloyes.
Vamos a adentrarnos en estos tres aspectos...
1) Diferencias...
Somos diferentes, y además, cada uno está diseñado para el otro. Es la reciprocidad del amor. La mujer para el varón, y el varón para la mujer. No sólo físicamente... Y en su unión y armonía cada uno encuentra su plenitud como persona, y por tanto la felicidad.
Y es más, cada persona es singular, con sus cualidades únicas, sus "puntos fuerte" y habilidades, que el buen amor descubre y ayuda a desarrollar.
Escribe don Miguel de Unamuno: "No te creas más, ni menos, ni "igual" que ningún otro, que no somos los hombres cantidades. Cada cual es único e irrepetible. En serlo a conciencia pon todo tu empeño".
Vale la pena dedicar tiempo a pensar y descubrir cualidades, y ayudar a crecer a la persona que amamos, partiendo de esa singularidad suya que nos deslumbra...
En las diferencias, que de entrada pueden costar, o chocar, se pueden ver mayores posibilidades. Valorarlas. Hasta sirven para aprender los modos y formas de la otra persona. Incluso lograr sinergia entre los dos.
Con frecuencia, esas diferencias entusiasman en el noviazgo, pero, con el paso del tiempo pueden molestar más, si no se está atento al otro... O, si se pierde capacidad de amar, y uno se centra en el "yo", que tiende a resurgir una y otra vez. Desde esta perspectiva, sólo se ven manías y defectos, aunque no lo sean.
En esas circunstancias es necesario intentar mejorar la calidad e intensidad del amor, y ver la forma de que esas diferencias se conviertan en fortalezas de ambos.
También por los hijos, que siempre nos miran atentos... y necesitan esa unión de los dos en el amor, pues con ese cariño recíproco, origen de su vida, crecen y se desarrollan de la mejor forma. Además de tener un buen referente y modelo que les guiará siempre.
Sin embargo, como apunta el profesor Tomás Melendo, diferencias no son limitaciones, ni defectos, aunque también nos incomoden. Son en sí algo bueno de cada uno que podemos acoger, valorar y agradecer.
Él refiere que se trata de distinguir entre esas tres realidades, diferencias, limitaciones, y defectos, que de entrada pueden molestar, para darles un tratamiento específico a cada una.
* Respecto a las diferencias, descubrir las características del otro que son contrarias a nuestros respectivos modos de ser, o de actuar, y que nos contrarían o nos molestan. Así como las limitaciones, y los defectos..., que suelen saltar a la vista.
La distinción a veces es dificultosa, pero necesaria para concretar y diversificar la forma de enfrentarnos y manejar esas tres realidades. Para que, la relación con quienes convivimos pueda mejorar, porque, el amor es algo que hay que cuidar cada día, y hacerlo crecer, para lograr una buena armonía familiar.
* Por tanto, es preciso conocer y valorar las diferencias, pues son lo propio de cada uno, que nos hace singulares, únicos, especiales. Algo que debemos desarrollar, y ayudar al ser querido a que potencie su singularidad, su propia forma de ser, su personalidad.
Y es necesario quererlas, pues es el punto de partida hacia la mejor versión de cada uno, especialmente fomentando las cualidades personales.
* ¿Cómo desarrollarlas?
Se trata de ayudar al otro a desplegar su potencialidad, quizá algo oculta, pero que, con ese amor que le tenemos, sabremos descubrir. Poniendo un punto de comprensión, no sólo hacia su persona, sino también intentar comprender mejor sus puntos de vista o sus características diferentes a las nuestras.
A veces la oposición de los contrarios choca, pero, si se eleva la mirada, se puede percibir que participan de un valor común. Detenerse en lo que une, y no en lo que separa, es fundamental. Desde el "sí quiero" somos una nueva unidad, un "nosotros" que cuidar y custodiar. Tener esto siempre a la vista ahorra muchos problemas.
Por ejemplo, una persona puede ser "forofa" del deporte, y la otra de la lectura o del cine. O, una más de humanidades y otra más científica... Saber elevar y ver que esos aspectos participan de la belleza de la sabiduría, o del cultivarse como ser humano, puede unir, o al menos no molestar o chocar.
Además, las diferencias se suavizan al mirar con un poco más de perspectiva y cariño, y ver lo que comparten, o, hacia dónde se encaminan. Así, cada uno se sentirá más aceptado y querido, y podrá luchar por lo mejor de sí...
Ante una dificultad en la relación, es bueno poner un poco de sentido del humor para reírse de uno mismo, y no tomar muy en serio el propio "yo", así como poner en el punto de mira al ser querido... Esto es amor del bueno.
Por tanto, es vital conocer las características y modos de ser del otro, para que los fomente, pues siendo a fondo quien es, y como es, podrá lograr su mejor versión. Pero la suya.
Y un paso más sería disfrutar de ese modo de ser distinto de esa persona, porque se piensa en su bien, y no tanto en lo que "me" apetece, o "me" gusta más a mí.
* Entonces, ¿choque o sinergia?
Podemos elegir qué actitud tener: enfadarse por considerarlas un problema, o algo a eliminar, o, ser más felices poniendo respeto, cariño y empatía, elevando la mirada, y afinando nuestro cariño.
Lo estupendo de las diferencias, que nos singularizan, es que con ellas, al hacer equipo, se puede lograr sinergia. Una sinergia creciente que enriquece la vida de pareja y la vida familiar.
En la relación cotidiana, consiste en poner los propios talentos al servicio del ser querido, y del amor mutuo. Como señalara Stephen Covey, "si tú ganas, yo gano". Es un ganar los dos, en equipo sinérgico. De esta forma cada uno crece, por ese amor que pone, hace buen ambiente de hogar, y mejora la armonía familiar.

Resumiendo, las diferencias son intrínsecas a cualquier relación, y en concreto en la relación de pareja. Y son muy buenas y necesarias: son riqueza. Nos encaminan al "tú" del otro..., ayudándonos a aquilatar el amor, y crecer como personas.
Es más, el otro, la otra, con su diferente forma de ser o de hacer las cosas, representa nuestro desafío existencial, el que necesitamos para llegar a ser quienes estamos llamados a ser. Es el que nos ayudará, con la fuerza de su amor, a sentirnos de veras queridos y a luchar por dar lo mejor de uno.
El camino de plenitud para cada cual está empedrado de detalles y gestos de amor, enfocados hacia la persona querida. Y en la unión de los dos, en ese "nuevo equipo", cada uno, sin buscarlo, pensando en el otro, va logrando su mejor personalidad. Y consecuentemente se siente más dichoso, pues alberga en el propio corazón al ser querido. Lo cual se derrama eficaz hacia los hijos, y es fuente de su autoestima y desarrollo personal durante toda su vida.
2) Las limitaciones
Esta realidad es distinta. Son algo de que carece una persona, aunque no le impide su desarrollo como tal.
También, junto con las características diferentes y talentos, son el punto de partida de su personalidad.
Ayudar y querer a una persona no significa cambiarla a "mi" propio modo de ser, sino ayudarle a ser a fondo quien es, con su singularidad, y sus carencias.
De ahí la import de aceptarse y aceptar a los demás tal como son... como una "joya preciosa", salvando las distancias, especialmente en la pareja y en familia.
Conocer las limitaciones sirve para conocerse mutuamente, y no pedir lo que el otro no puede dar. Sin comparaciones, que cercenan la estima y lesionan el corazón.
Para luego, como apunta Melendo, olvidar esas limitaciones, porque de nada sirve darle vueltas...: son limitaciones. Si se les presta demasiada atención acabarán por multiplicarse, como sucede con los defectos cuando se usa esa táctica.
Esto lo ha investigado, por ejemplo, Elisabeth Lukas, continuadora del doctor V. Frankl, en el experimento “la trampa de la crítica”.
Por lo tanto, es mejor y mucho más efectivo centrarse en las cualidades, fortalezas y puntos positivos de cada uno, y construir sobre ellos.
De este modo ayudar al ser querido a desplegar esa potencialidad, brindándole numerosas oportunidades de utilizar sus talentos en el día a día.
Porque, recordemos: amar es "facilitar el amor", ponerle fácil el que pueda desarrollarse como persona, amando a los que debe amar.
Además, si se fomentan las cualidades de cada uno, se compensarán limitaciones y defectos, y se hace un ambiente alegre donde es más fácil luchar por lo mejor.
Vamos con los defectos...
3) Los defectos
Son algo distinto a las diferencias y a las limitaciones, pues hacen daño a quien los tiene, y/o a quienes están cerca, pues ambos aspectos están muy relacionados.
Porque, todo modo de ser y de actuar influye en la propia persona y repercute en quienes la rodean. El profesor Melendo lo denomina "la ley de la reciprocidad". Una persona sólo crece cuando ayuda a crecer a los que tiene cerca... Y se perjudica cuando se queda encerrada en sí misma.
Es bueno ser conscientes de los defectos: nos hacen más sencillos..., pero, debemos querer a la otra persona con todas sus características personales: con lo bueno, y lo menos bueno, también con sus defectos. Son algo suyo. Porque si no, no la querremos a ella misma, sino a una idealización de ella, a una imagen forjada a nuestro gusto, y por tanto irreal.
Quererle de este modo, con todo lo que la constituye, no quiere decir que no le ayudemos a luchar por mejorar, por intentar pulir sus defectos. Pero, sabiendo que es algo, por naturaleza, difícil de erradicar. Aunque a nosotros nos parezcan fáciles de superar, pues somos distintos, para ella supondrá bastante más esfuerzo. Mostrar comprensión ayuda.
Muchas veces, basta con que lo reconozca e intente luchar en ese sentido, contando con todo nuestro cariño y confianza. Sin herir, sin remachar.
Sin embargo, para desplegar una buena personalidad, de nuevo, es necesario dar prioridad y construir sobre las cualidades, virtudes, talentos y puntos positivos de esa persona.
Además, centrarse en lo positivo es lo más eficaz, reconfortante, motivador, y esperanzador. Me gusta decir: ser "buscadores de tesoros escondidos", y no tanto "cazadores de defectos"... Esto, en pareja, con los hijos, con amigos, o con uno mismo... Así se "crece" más fácil.
En esta línea, escribe una experta en humanismo, y gran pedagoga, Jutta Burggraf, sobre los defectos: "Hay quien pasa la vida luchando contra sus defectos. Pero si encendiera fuego en su corazón los carbonizaría sin esfuerzo". Quizá a veces enfocamos mal el asunto..
Y, cuando se ve que la otra persona lucha por superar un defecto, pero no consigue gran cosa, como nos sucede con frecuencia a todos, uno experimenta gran ternura hacia ella, el afecto tierno y genuino del corazón de quien ama...
* De forma concisa, cómo tratar cada cosa:
- Las diferencias hay que descubrirlas, quererlas y fomentarlas.
- Las limitaciones es bueno conocerlas, para ¡olvidarlas!, para no pedir a alguien lo que no puede dar, y sobre todo centrarse en lo positivo: cualidades y fortalezas.
- En el modo de tratar los defectos hay que distinguir como tres fases: de entrada, querer a la persona con sus defectos, y ayudarle a luchar en ello, pero, "dejarle ser" tal como es... Y, experimentar ternura si lucha y no logra superarlos.
Y sobre todo, centrar la atención en los aspectos más positivos: cualidades y fortalezas, que es lo más específico suyo, y lo que le permitirá crecer y apuntar a lo mejor de sí, con optimismo de óptimos. Lograr su "mejor versión", con la ayuda y la fuerza del cariño que le entregamos.
Espero que te haya resultado útil, y ¡gracias por compartir con los que más quieres!
Mª José Calvo
Optimistas Educando y Amando
@mariajoseopt
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