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sábado, 25 de mayo de 2013

PLAN DE ACCIÓN: NIÑOS OBEDIENTES.




         EDUCAR EN VALORES: LA CLAVE DE LA OBEDIENCIA.


   "PLAN DE ACCIÓN"

            Para educar en valores a nuestros hijos, podemos intentar enseñarles unos hábitos, basados en esos valores que creamos importantes. Por ejemplo, que aprendan a obedecer con prontitud, pero explicando los motivos. También para que aprendan lo que está bien o mal, porque no vale cualquier comportamiento. También hábitos de generosidad, de empatía, de colaboración, de gratitud, de orden... etc. Ahora vamos con la obediencia.



     OBJETIVO : enseñar a obedecer "a la primeraa niños pequeños, siempre explicando motivos.

          Lo podemos hacer en los distintos ámbitos: en casa, en el colegio, a los profesores...

          MEDIOS:  utilizar las situaciones cotidianas de todos los días.

·       Aprovechar los encargos de cada uno: levantarse a la hora, hacer la cama, poner la mesa, regar las plantas, limpiar los zapatos, pasear al perro, organizar una tertulia, etc. Aunque sean muy pequeños, pueden hacer muchas más cosas de las que pensamos.

·        En la hora de ponerse a estudiar o a jugar.

·        A la hora de recoger la habitación.

·        Cuando van a dormir.



MOTIVACIÓN: hablarle de lo importante que es obedecer. Y los mayores son los primeros en hacerlo: en el trabajo, normas de circulación, de convivencia... etc.   
Al decirle lo que tiene que hacer, primero explicarle los motivos de cada acción; hacérselo interesante y divertido, en un momento adecuado para él o ella, para que nos escuche atentamente. Que sepan lo que esperamos de ellos y cómo tienen que realizarlo.
Y no hace falta enfadarse, ni gritar..., solo pedirlo con una sonrisa, mayor cuanto más difícil sea.

Confiamos en que se esforzará, porque sabe su sentido.


Cada vez que lo consiga, nos alegraremos mucho y se lo haremos notar. Todos estaremos más contentos y será entusiasmante convivir en nuestro hogar.

       Podemos hacer un mural de cartulina y cada vez que obedecemos a la primera, pintamos o pegamos una estrella. Cuando tengamos muchas, podemos hacer un plan divertido entre toda la familia: una fiesta, una excursión, una película con pizza en el salón...


EVOLUCIÓN: cada día, o cada semana, podemos hacer una tertulia después de comer, o cenar, y valorar cómo va el plan. Según la edad que tengan...










          OBJETIVO secundario: ganar en autoridad, saber ser buenos líderes de nuestros hijos.


 Para ello es preciso estar atento a lo importante sin descuidar los detalles...





·         Exigir solo en lo importante, en pocas cosas, y concretas. Decirlo de forma clara y explicándolo.

·         No repetirlo mil veces: con una basta.

·         Lo que se manda, hay que hacerlo. No hacer caso a las protestas...

·         La "orden" se da con serenidad, sin gritar y sin perder el control. Se explica, no se repite mil veces, pero con una sonrisa...

·         Alegrarnos y reconocer el esfuerzo, no sólo los resultados.





          Es importante apoyarnos en los "puntos fuertes" de cada hijo, en esas cualidades que tiene que lo hacen especial, diferente, y exigir apoyándonos en ellos, para compensar debilidades... Por ejemplo, Carlos, como eres tan cariñoso, ¿podrías cuidar un rato a tu hermanito, que le encanta estar contigo...? o, ¿a tu abuela, que te echa de menos...? Les va a encantar que juegues con ellos. Se trata de ver lo bueno que tienen...



        Y el resultado es ¡¡siempre positivo!! Por lo menos, estamos juntos, hablamos, luchamos, compartimos ratos entrañables, esperamos lo mejor de cada uno, y ¡crecemos juntos!




                                                                                 Mª José Calvo

                                                                             optimistas educando





jueves, 16 de mayo de 2013

LA AUTORIDAD: UNA FORMA DE LIDERAZGO.

       
            

                        ¿SABEMOS EJERCER BIEN LA AUTORIDAD...? 

                                  UNA FORMA DE LIDERAZGO.


Para llevar a cabo lo que acabamos de comentar en entradas anteriores, como dirigir la familia, o gestionar los valores, necesitamos hacer uso de nuestra autoridad. Es una herramienta imprescindible, para seducir con la belleza de los valores realmente humanos.

Podríamos definir la autoridad como la fuerza que ayuda a crecer a nuestros hijos, a desarrollarse, y lograr su formación como personas. 

    Es necesaria en su proceso de conocimiento de sí mismos y de maduración. Y es la forma de "sacar" lo mejor de ellos a la luz. 


        La autoridad es uno de los apoyos de la familia, para esa labor de educar a cada hijo. Y se basa, en que los padres tenemos cierta responsabilidad sobre los hijos, con el fin de ayudarles en su crecimiento personal. Pero debe ser una autoridad-servicio, no un autoritarismo, o un permisivismo: siempre pensando en ellos, en su crecimiento, en su bien, en que consigan su mejor forma de ser. La frase: "Lo hago porque es lo mejor para ti"..., es la que indica el camino.







Cuando los padres no sabemos mantener la autoridad, por un malentendido respeto a su libertad, por comodidad..., por no saber hacerlo, o por carecer de principios, no podremos guiarles en su desarrollo.




Y difícilmente seremos buenos modelos o incluso buenos líderes, porque no tenemos algo claro para transmitir…, ni el poder de orientarles.


La autoridad posibilita el liderazgo de los padres, porque ser líder significa pensar en los demás, y estar atento a lo importante sin descuidar los detalles. Y hay que saber encarnar esos valores, basados en principios, que queremos transmitir a nuestros hijos.


 El liderazgo de los padres es importante a la hora de guiarles en su creciente maduración. Y se ejerce por medio de la autoridad: es una ayuda en su crecimiento como personas. 






Además, cuando no se sabe ejercer bien la autoridad, se pone en peligro el correcto uso que los hijos puedan hacer de su libertad, pues ven que nos movemos, no por principios o valores que merecen la pena, sino por cosas más banales como la moda, la sensualidad, el me apetece, el placer… o el éxito a toda costa.

  

También podríamos decir que la autoridad es la fuerza que sostiene y acrecienta la libertad en desarrollo de nuestros hijos, para que sean capaces de “abrir caminos y de transitarlos.” Y la libertad me permite optar o elegir las mejores opciones: las óptimas.

Y hay que usar la autoridad, aunque no esté muy de moda. En realidad, la que no está de moda es la autoridad “chapada a la antigua”, o “autoridad-dominio,” o “autoridad-imposición”, ni el autoritarismo sin más... 


La que sí debemos ejercer es la “autoridad-servicio”. Puesto que es un servicio que hacemos a nuestros hijos, por su bien, y no para sentirnos superiores…, y aprovecharnos de ello. 

       Para todo ello, hay que saber crear un ambiente de confianza, donde cada persona se puede realizar. Por ejemplo, a través del trabajo en equipo en familia, y de los encargos que todos tienen. Y luego debe haber unas normas claras, que nos señalen un sendero, no muchas, pero sí claras. Para exigir un comportamiento en esa línea, con una exigencia comprensivao una comprensión exigente, con mucho cariño, pero sin dejar de motivar y estimular lo mejor de nuestros hijos, porque ellos necesitan que les exijamos.







Exigirles en el proceso del nacimiento de su personalidad, de su intimidad, con comprensión. Porque primero vemos cómo están, qué necesitan..., y explicando los motivos de lo que les exigimos. Y luego se trata de confiar plenamente en ellos. Más vale que nos engañen alguna vez, a desconfiar por sistema...





La autoridad y la obediencia requieren un clima de confianza, como todo en el arte de educar. Hay que crear un ambiente de hogar, donde se está a gusto, donde se nos quiere sin más, confiando en sus posibilidades, o respecto a lo que les hemos encomendado. Y cuando se equivoquen o fallen, confiar en que se puede rectificar: muchas cosas no salen a la primera..., hace falta intentarlo de nuevo, comenzar y recomenzar.






      A la hora de valorar su interés, debemos ver primero el esfuerzo, porque los fallos son oportunidades para mejorar, sabiendo que día a día se irá entrenando, como nosotros… Lo valioso, siempre cuesta esfuerzo, pero compensa.




      La confianza y el cariño son la "varita mágica" que permiten a nuestros hijos llegar a ser lo mejor de ellos, su mejor personalidad.






Podemos usar la autoridad en una dirección: en la participación de los hijos en la vida familiar, con sus encargos respectivos y en el trabajo en equipo. Así los hacemos más responsables, y van adquiriendo habilidades y destrezas, y crecemos como familia.


Pero hace falta fijarnos siempre y primero en lo positivo, para decírselo. Porque somos como espejos en donde se reflejan. Somos su referente, su modelo, porque nos están mirando todo el día…, sobre todo cuando son pequeños. Y especialmente en la adolescencia, en la que nos miran con una actitud más crítica…, a ver si somos coherentes con lo que pensamos o decimos. Porque necesitan un referente para actuar, y están haciendo suyos los valores y principios.



La autoridad es una necesidad de la convivencia, que sirve para orientar su creciente autonomía. Implica el poder de decidir y de motivar para hacer atractivo un logro, un objetivo… Es seducir con los valores auténticos, pero de la mejor forma: personificándolos.

Y luego exigir en lo importante, y no tanto en lo accesorio u opinable, ni en todos los campos a la vez.

Por eso, es importante pararnos a pensar, los dos juntos, en equipo, qué es lo que les vamos a pedir; qué reglas o normas vamos a tener en nuestro hogar: pocas, claras, pero importantes, poniéndonos los dos de acuerdo. Para esto debemos tener la mejor información posible, que nos alimente e pensamiento, como si se tratara de hacer un master de empresa...; solo que nos va la felicidad en ello.


Por eso, firmes en los objetivos, y flexibles en las formas o en los medios de conseguirlos.




El siguiente paso es decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado. Y luego, comunicarlo a cada hijo, dependiendo de su edad, sabiendo motivarle, para que obedezca de forma inteligente. 

       Teniendo en cuenta que la obediencia es parte de la libertad. 
Obedece libremente quien hace suyo lo que se le manda, sobre todo cuando son más mayores. Explicándoles los porqués de cada acción, los motivos, y las consecuencias, para que lo asuman y se sientan libres, porque quieren hacerlo ellos, porque lo hacen "propio".



Para eso es crucial ir los dos a la par, el padre y la madre, para que vean que les exigimos lo mismo y no se escuden en las posibles diferencias que  hemos salvado previamente. Y actuar con coherencia educativa, es decir dando buen ejemplo, antes de pedirles algo. 

       Por eso debemos luchar para mejorar en ese punto, y así crecemos juntos. Nuestros hijos necesitan que les ayudemos a desarrollar sus enormes posibilidades, que creamos en ellos, que sepamos descubrir sus puntos fuertes, buscar sus "tesoros" escondidos...

Trabajar en equipo significa no desprestigiarnos el uno al otro, sino destacar lo positivo del otro, haciéndolo notar a los hijos. El prestigio se gana siendo optimista, confiando, con buen humor, viendo lo positivo del otro y de las cosas, sirviendo, teniendo detalles...; y no con prisas, nerviosismos, estres, mal humor…etc.


Para terminar, “tratarlos como nos gustaría que fueran, y cambiarán”… 

        Las  razones verdaderas, con motivos altos, ayudarán a este cambio. Siempre "tirar" para arriba de ellos, de sus cualidades especiales, de sus puntos fuertes, dándoles motivos para que luchen en esa dirección. Eso es educar de forma optimista de óptimos...
      










"TIPS" PARA GANAR AUTORIDAD:


Ambiente familiar: con alegría, tranquilidad, confianza, delicadeza, y cariño.


Puntos básicos: decir las cosas con calma, sin gritar, sin repetir. Aprender a motivar, valorar el esfuerzo.

Ante algo mal hecho, lo mejor es pedirles que lo hagan bien. Nada de “chapuzas”, pero sin humillar o castigar...

Exigir en pocas cosas, claras e importantes.


Dando las razones de cada actuación, para que comprendan lo que pretendemos y el fin que perseguimos, porque aunque sean pequeños entienden todo. Así se sentirán más libres al obedecer razonadamente.

Reconocer el esfuerzo, más que los logros. Simplemente el ponernos alegres ya es motivador; y es una forma de agradecer el esfuerzo que han puesto. Ellos captan nuestra expresión, nuestros gestos, en todo momento, por eso pensar qué cara les ponemos...

A veces es bueno reforzar una acción, pero hay que tener en cuenta el nivel de dicha acción. No recompensar el haber estudiado, o el haber cuidado a un hermano, con algo material, pues estamos devaluando dicha acción. 

       Muchas veces, el mejor premio es la alegría de una buena acción, o el favor que hemos hecho a alguien. Por eso hay que saber elevar motivos. También celebrar los encargos o metas cumplidas, con una fiesta, una película comentada, una cena fría, una excursión por el campo...


Siempre separando la acción de la persona, para no etiquetar a nadie, ni comparar, tengan la edad que tengan… Cada uno es único y singular, con sus fortalezas exclusivas, y su forma de ser.




      Aquí dejo un corte de la película "Los Increíbles", de Disney. Podemos ver el manejo de los padres para reconducir una conversación, el ir los dos a la par..., en una situación común, con sentido del humor.


video





Además podemos hacer planes de acción”, apuntalando sus cualidades positivas, apoyándonos en ellas, para salvar lo menos favorable. 

En ellos nos podemos marcar objetivos a conseguir, por ejemplo ser responsables en sus encargos, estudiar "x" horas cada día, hacer algo en casa o en el colegio, cuidar de un hermano pequeño, o del abuelo, adquirir un hábito… etc.

Y poniendo unos medios adecuados, para alcanzarlo, "atacando" en varios frentes, con buena motivación. Y todo ello en un ambiente alegre, confiado, saturado de cariño, pero con exigencia comprensiva.

        Siempre celebrando el éxito y el esfuerzo, sea cual sea el resultado...






                                                                     Mª José Calvo. 
                                                           Optimistas Educando y Amando.



       Espero que les haya gustado el post, y lo pueden compartir con amigos. Dejo un enlace relacionado con el tema: "Educar en valores".











miércoles, 8 de mayo de 2013

EL VALOR DE LOS VALORES




 EN  FAMILIA,  ¡EDUCAMOS  EN  VALORES!

              El valor de manejar valores...


        La familia es el ámbito natural propio para la formación de la persona; es decir, de su educación como tal. Es el lugar donde se acoge la vida, y se valora a cada persona, donde se la quiere de forma incondicional, y donde se vive como personas auténticas. 

          El gran motivador ha de ser el amor familiar, el amor entre personas. Aquí se quiere a cada uno por lo que es, no por sus cualidades, habilidades, éxitos, o posesiones..., sino por ser personas únicas y valiosas. 


          La convivencia diaria nos presenta muchas oportunidades educativas que podemos aprovechar. Los padres somos los primeros y principales educadores de nuestros hijos, y les queremos tal como son, con sus puntos fuertes y con los menos fuertes. Pero como los queremos, ellos se sentirán acogidos y lucharán por mejorar, por ser mejores de lo que son, si encuentran un buen modelo a imitar..., y buena motivación.






        La dirección de la familia se lleva a cabo por los padres: ambos tienen un papel importante. Ambos han de pensar y concretar un proyecto familiar. Ya vimos en otro post, que es bueno que esa dirección tenga dos características: que sea participativa y que tenga unos objetivos concretos.

·         Es participativa, en tanto que ambos cooperan a la buena marcha familiar, y enseñan a los hijos a realizar un trabajo, o encargo, para que participen en sacar adelante la familia según su edad.

·      También debemos plantearnos unos objetivos, según hacia dónde queramos dirigirla, o qué tipo de personas queramos formar. Podemos imaginar a nuestros hijos dentro de 10 años, y pensar cómo nos gustaría que fueran, qué tipo de personas, con qué cualidades o fortalezas...


      Nos apoyaremos en las cualidades especiales, sobresalientes, o “puntos fuertes” de nuestros hijos, para desarrollarlos y, como consecuencia, mejorar en los más “débiles”, motivando, con cariño e ilusión.



Estos objetivos familiares deben estar basados en criterios, normas de conducta, o principios, firmes, claros, profundos, y permanentes, que no pasen de moda, y los denominamos VALORES. 

        Los valores son cualidades por las que existen acciones o cosas buenas. Por ejemplo, el honor, la integridad, la verdad, la justicia, la amistad... Son como las aguas cristalinas de un riachuelo. Y son lo perfectivo del ser: lo que nos hace más "perfectos", más y mejores personas. 






       Estos valores están relacionados con el trinomio “bien-verdad-belleza” como acuñó el profesor Oliveros F. Otero. Porque los valores son pequeñas especificaciones del bien, de la verdad, y por eso resplandecen y son hermosos. (enlace: "Las raíces de la educación y la brújula".)



Y, ¿cómo podemos descubrir un valor? Cuando nos encontramos con una persona valiosa, tendemos a querer parecernos a ella, porque nos resulta atractiva en algún sentido, porque ha encarnado algún valor... 






Pero, para vivir unos valores se requiere esfuerzo. Por eso nos mejoran como personas, y consolidan nuestra personalidad a base de unos hábitos vividos. Y en familia no resulta tan difícil, porque estamos motivados por el amor.




     Es bueno pensar qué clase de personas queremos que sean nuestros hijos. No solo en lo que estudiarán, sino en cómo podrán llegar a ser, dependiendo de lo que trabajemos en ellos. Por ejemplo, si lograrán ser coherentes, solidarios, si tendrán autodominio, voluntad, confianza en sí mismos..., si serán alegres, trabajadores, valientes, buenos amigos, si sabrán comprender a los demás, si 
resilentes ante las dificultades..., o si sabrán terminar lo que empiezan.






Los valores influyen en la educación de la persona, en todas sus facultades:





·         La inteligencia, para pensar y tener espíritu crítico, para ver lo que queremos hacer en la vida...

·         La voluntad, para superar metas, para tener hábitos buenos, para hacer el bien y demostrar el cariño.

·           La afectividad, para disfrutar de querer a los demás, motivados por el amor, con el atractivo de la belleza de los detalles de cariño, de ser generoso, de ser agradecido, de pensar en alguien...


Es importante pensar entre los dos, qué valores podemos “poner de moda” en nuestra familia. Bien porque nos parezcan importantes, o bien por las edades de nuestros hijos, según el "periodo sensitivo" en que se  encuentren. 

      Los periodos sensitivos son periodos naturales con una predisposición al aprendizaje de determinadas acciones, que traslucen unos valores, con un esfuerzo mínimo, porque el niño está preparado para ello. 


         Por ejemplo, el orden, desde que nacen, con esos hábitos antropológicos de sueño, comidas, paseos, higiene..., la sinceridad, hasta los 9 años, 
la generosidad, la fortaleza, la amistad..., la responsabilidad, el esfuerzo... hasta los 12 años. Por eso es bueno trabajar esos hábitos en estas edades tan provechosas...





La mayoría de los periodos sensitivos suceden antes de los 8 años, de ahí la importancia de enseñarles a realizar estos hábitos desde bien pequeños. No esperar a que lo entiendan mejor o, que sean mayores, para que lo decidan ellos..., porque no podrán hacerlo con tanta facilidad.







      Además, estamos poniendo la base a la adolescencia. Hace falta ir modelando su carácter, que se acostumbren a hablar, a contar las cosas, y a prestarles atención... Luego, quizá sea demasiado tarde para algunas cosas.



      Con el tiempo, podemos convertir nuestro hogar en un “museo viviente” de valores. Porque educar es ilusionar y seducir con los valores: es descubrir la belleza de los valores. Y la ilusión se consigue desviviéndose por algo, es decir haciéndolo atractivo. Sacando, de situaciones aparentemente negativas, una visión eminentemente positiva: aquí se encuentra el crecimiento humano, el optimismo y la madurez personal.

        Además, cuando se mejora en un valor, éste hace que se mejore en otros relacionados con él: es el “principio de armonía”. Metafóricamente es como un racimo de cerezas: al coger una, arrastra a otras que están engarzadas... Cuando vivimos la alegría, por ejemplo, también mejoramos en buen humor, en espíritu deportivo, en optimismo, en esperanza, en empatía… Todo son ventajas.



                                         


 Para el aprendizaje de esos hábitos y virtudes, nuestros hijos deben tener un buen modelo, que somos los padres; y también deben repetirlo para asimilarlo y hacerlo vida. Además crea una "huella" en el cerebro, porque se forman conexiones o sinapsis nuevas, y se refuerzan algunas..., y eso hace que nos resulte más fácil, y que, además, encontremos agrado en realizar esas acciones.



En edades tempranas, antes de los 7 años, debemos conseguir hábitos, a base repetir buenas acciones, que crean sinapsis neuronales. Cuando ya tienen 7 años, más o menos, empiezan a razonar todo y lo hacen de forma libre, porque quieren hacerlo. Así, los hábitos se transforman en virtudes. 
Es lo que va "acuñando" el carácter y proporciona una "segunda naturaleza", gracias a la voluntad, para acometer la vida, para hacer real lo que la inteligencia nos presenta como un bien. Y, además, disfrutando de ello. 






            Por tanto, las virtudes son la encarnación de los valores en una persona que actúa con plena libertad. También tiene mucho que ver, con poner cariño en esas acciones concretas; es decir, hacer cada vez, con más amor, cuidando los detalles, lo que tenemos que hacer cada día.




  •      Por ejemplo, hasta los 6 años, podemos enseñarles unas reglas o normas básicas que respetar, el autocontrol, y unos hábitos básicos como el orden en sus cosas, en sus horarios, la obediencia a los padres, imprescindible para guiar su desarrollo, la sinceridad, que aprendan a preocuparse de los demás, a rezar, y que se habitúen a tener unos encargos para que se vayan haciendo responsables y ganando en habilidades y destrezas... etc. También atender a sus sentimientos: que se sientan muy queridos en familia, estar atentos a situaciones que pueden ocurrir en el colegio, con amigos..., y enseñarles a preocuparse de los demás.




  •    Cuando son algo mayores, de 6 a 12 años, hay que resaltar el valor del esfuerzo, y darles oportunidades de llevarlo a cabo. Es bueno que practiquen algún deporte, que se comprometan en algo... También ayudarles a tener motivos más importantes, más altos, más sólidos para hacer las cosas. Por ejemplo, pensando en los demás, por la belleza que encierra la obra bien hecha o, por cariño a los demás... 


  •     Y luego, a partir de los 12, una serie de objetivos como enseñarles a pensar, a tomar decisiones, el amor a la verdad, que tengan criterio, que sepan seleccionar la información, que distingan la manipulación..., especialmente en el tema de las nuevas tecnologías... También educar su afectividad, las relaciones personales basadas en el respeto, la empatía, la participación familiar, la amistad verdadera, la cooperación social, el voluntariado... y un largo etc.



  •     En la adolescencia, un valor importante es la ilusión por la mejora personal; también para ayudar a los demás... Que aprendan a pensar, a reflexionar, a dialogar, a sentirse útiles, a estudiar los principios morales, a ser optimistas, a esforzarse, a ser generosos, a decidir, y tener un espíritu crítico a la hora de tamizar la ingente información que cae en sus manos...





Por último, podemos clasificar los valores en tres clases, según el trinomio “verdad-bien-belleza”:


  •    Intelectuales, relacionados con la verdad: con la realidad objetiva de las cosas.

  •   Morales o éticos, relacionados con el bien, con lo que conecta con la realidad, pero con la mejor forma de esa realidad... Por eso, desde pequeños, hay que enseñarles lo que está bien, o mal; hay que irles guiando mediante la autoridad, que es un servicio en su creciente autonomía. 

  •    Relacionados con la belleza, que es el esplendor del bien y de la verdad. Descubrir la belleza de las cosas, no solo de la naturaleza, del arte, de la música, sino también la belleza de cada persona, de una mirada, de un beso, de una cara simpática, de tener un detalle, de un gesto, de alegrar al otro, de ser generoso, de tener un corazón empático, agradecido, de ser trabajador, organizado, alegre...etc.







Aquí dejo una  lista de valores y virtudes relacionadas, en las que, si se mejora en una, otras van entrelazadas... 




                          



Espero que el post les haya gustado. Si les ha sido útil, lo pueden compartir con amigos... ¡Gracias!




Dejo un enlace relacionado, sobre cómo Dirigir o liderar una familia...



                                                                                Mª José Calvo

                                                                     optimistas educando y amando