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lunes, 4 de mayo de 2020

UNA ESTRELLA POLAR...



                                     UNA ESTRELLA POLAR


Estos momentos difíciles que vivimos nos pueden ayudarnos a repensar algunas cosas... Ver hacia dónde nos dirigimos, pensar qué es importante, y qué queremos de veras, para "realinear" el rumbo en lo que sea preciso, apuntando a una meta valiosa. 

En las encrucijadas de la vida buscamos un referente para guiarnos, unos principios que nos den luz y claridad en nuestro actuar. Los problemas surgen cuando no se piensa y se da el mismo valor a cualquier cosa... Los porqués de las cosas apuntan a una meta, y nos dan una orientación, unas coordenadas hacia ella. 

La falta de pensamiento y de reflexión olvida y vacía los principios de contenido, y ya no nos auxilian en nuestro navegar. Acabamos a merced "del viento que sople"... Ya insistía Hanna Arendt: ¡párate y piensa!




En la vida necesitamos un referente claro, un "norte" que nos oriente e ilumine, y una "brújula" que señale el norte verdadero. Que nos ayude a construirnos como personas, desde nuestra singularidad, a ser mejores, a madurar, a alcanzar cada uno su plenitud, orientándonos con nuestra misión, que tiene mucho que ver con los demás. 
La vida se vertebra alrededor del amor, porque tenemos unas necesidades afectivas, necesitamos sentirnos amados, y ser capaces de amar. Eso es clave.

Ya lo decía el doctor Viktor Frankl, con su trayectoria vital llena de sufrimiento, pero con dignidad y gran libertad interior. Lo que más motiva en situaciones difíciles es el sentido de la vida: eso que nos da un propósito concreto y singular, que, o lo hacemos nosotros, o se quedará sin hacer. 

La búsqueda de la verdad apunta a realidades bellas que nos trascienden, que señalan a los demás, como nos transmitió Frankl. A lo trascendente, a los misterios.

La verdad es un pilar fundamental para construir relaciones personales. Hace ambiente de confianza, transmite valores auténticos, especialmente a los hijos, encaminándoles a desarrollar el sentido de lo correcto e incorrecto; ayuda a ver los propios sentimientos en verdad, desde lo que son, y a aceptar los errores... etc. Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre". Y la bondad, tan unida a ella.



También para orientar el talento de cada persona, esas cualidades y fortalezas que la caracterizan... Muy importante en el proyecto familiar, -te lo contaba en otro artículo-, en el cariño en pareja, en la educación de los hijos... etc.






Dejo unos puntos a modo de índice:

1) La familia
2) Cada persona
3) Una estrella polar que nos guíe
4) Nuestra vida
5) Cabeza y corazón


1) LA FAMILIA

El ámbito natural, propio de la persona, donde se puede realizar todo esto es la familia: el lugar del amor incondicional. Toda persona necesita recibir cariño para ser ella misma, para hacerse y re-hacerse cada día. Y por otro lado, también necesita amar a los demás para ser auténtica persona. Cuando ama se siente más plena y realizada, y logra lo mejor de su personalidad, sin buscarlo. Es una consecuencia de centrase en lo importante. 

La conciencia de la misión personal nos da fuerza para acometerla del mejor modo, y nos transforma en auténticos líderes. Porque, el liderazgo empieza en uno mismo. Poner cabeza y corazón, autodominio personal y señorío, apuntar a metas que nos engrandezcan como personas, pensando en los otros: poniendo el corazón.




De esta forma, seducir con la belleza de los valores hechos vida, concretados en gestos cotidianos, en un ambiente saturado de cariño, como es la familia. 

Descubrir y estimular lo mejor de cada persona, la belleza quizá oculta en ella. Así fomentarla, y que la pueda poner al servicio de los demás. Lo cual hará que se sienta más plena, porque somos seres sociales, seres relacionales: tenemos un cerebro empático y social, y necesitamos de los demás.

La familia es el lugar propio del amor, donde se da y se recibe cariño sin pasar factura. Donde la libertad y el amor florecen..., como expresa G. K. Chesterton, y donde cada uno nos sentimos de veras queridos.






        
Es preciso que cada persona se construya a sí misma, partiendo de su singularidad: de su temperamento y cualidades personales, y desarrolle lo mejor de sus posibilidades. Ir modelando el carácter, fomentar la libertad y creatividad: que conquiste lo mejor de su personalidad, pero ¡la suya! 

La persona es un misterioso arcano, y siempre puede sorprendernos, y buscar la excelencia y el optimismo de óptimos... Hasta puede ser heroica cuando tiene los motivos adecuados. Ser auténticos héroes.


Pero, a los hijos, es necesario darles todo el cariño y apoyo, y encaminarlos hacia ello. Iluminar un sendero, dar raíces fuertes y alas para que pueda volar alto y abrazar la maravilla, y el riesgo, de su libertad. Es preciso ser un buen modelo y referente, confiar, y ¡dar muchas oportunidades de hacerlo vida!





Se trata de hacer atractivos esos valores humanos nobles que no pasan de moda, personificándolos. Puesto que, las personas, como el buen vino, si luchamos por mejorar, vamos conquistando nuestra mejor personalidad. Vivir
 esos valores, hacerlos hábitos y virtudes personales, al tiempo que intentamos que todos en la familia se sientan muy queridos.





Educar no se parece en nada a domesticar, porque se trata de personas, con inteligencia y corazón, libres y creativas, llamadas a una relación de amor y felicidad con brillos de eternidad. 

No consiste en enseñar unos hábitos sin más, ni mucho menos unos pocos buenos modales, sino de enseñar a usar su inteligencia, a ser críticos, a no aceptar las cosas sin pensamiento propioa llevar el timón de su vida teniendo en cuenta a los demás... Saber comprender, que es abrazar con el corazón. Así serán auténticamente libres, y por tanto podrán amar.       




2) PERSONAS LIBRES... ¡CAPACES DE AMAR!

Formar personas capaces de quererSer libre es tener señorío sobre uno mismo. No depender de apetencias y deseos, de impulsos y necesidades, de recompensas inmediatas, ni sólo materiales, de faltas de carácter... Tampoco reaccionar según el viento que sople. 

Ser "dueños" de sí mismos para poder pilotar la vida, y orientarse hacia una meta valiosa. Cada uno la suya: su misión concreta en este planeta... Algo único por lo que luchar en el tiempo que tenemos.




A veces parece que es más libre el que tiene muchas opciones de elección. Pero en realidad, aunque sólo tenga una, si es la correcta, no se precisa más. Si nos aproximamos al objetivo es que vamos bien encaminados. Te lo contaba en "fomentar la libertad". Por eso, el para qué de la libertad, su mayor y principal fin, es poder amar. Una persona que ama se siente más plena y realizada. Dichosa. Y ¡es libre! Por eso, es necesario fomentar la libertad de los hijos en la dirección adecuada, con metas que les gusten y reten, y les hagan madurar, ¡que tomen el control de su vida!


El ser humano 
es un ser relacional, está hecho para los demás. Como expresa el profesor O. F. Otero, es "un ser de aportaciones”. Estamos diseñados para relacionarnos, para amar, para compartir esa efusividad y plenitud del ser de cada uno. También para recibir, sobre todo
 en función de poder dar más y mejor... Es lo que nos hace más felices.





Porque, la felicidad, con palabras
 de Soren Kierkegaard, es "una puerta" que se abre hacia fuera. ¡Hacia los demás!

Si intentamos perseguir esa felicidad a toda costa, como también señala Frankl, no la alcanzamos; pero, si nos olvidamos de ella y pensamos en los que nos rodean, nos viene dada. Es como una gratificación o recompensa cuando vamos en la dirección adecuada: cuando nos descentramos de nosotros mismos y de nuestro "yo", tan chato a veces, poniendo el centro de atención en los otros. La persona es tan grande, como señala T. Melendo, que "puede darse el lujo de desatenderse" para atender a los otros.




3) UNA ESTRELLA POLAR...


A la hora de encontrar un sentido y enfocarnos a la acción, podemos pensar: ¿cuál es mi misión en este planeta? ¿Cuál es mi estrella polar?Y, ¿qué "brújula" utilizar que nos sirva de norte y de guía? 


Un gran científico, Werner Heisenberg, Nobel de Física, señala un pensamiento muy relevante aplicable en la vida de cada uno:


"Donde no quedan ideales rectores que apunten al camino, la escala de valores desaparece y con ella el significado de nuestras acciones y sufrimientos, y al final sólo se extiende negación y desesperación... La religión es por eso la base de la ética y la ética la presuposición de la vida".



        

Los tres grandes valores existenciales, que ya conocían los grandes filósofos griegos: la Belleza, el Bien, la Verdad, son un referente que ilumina el camino..., y nos puede ayudar. Para así descubrir los propios talentos, y lo que estamos llamados a ser, especialmente cuando otras luces fallan.

Son tres conceptos interconectados. El modo más directo de acceder a ellos es a través de la belleza. Descubrir la belleza de lo auténtico, de lo bueno, de lo noble y valioso. Vivir en la belleza. Y no sólo detectar algo bello, sino generar cosas bellas, hermosas. Cuando se está a gusto, la bondad habla por sí misma, y nos descubre lo verdadero... Te cuento algo en: "¿La belleza nos salvará?".




Es decir, descubrir la verdad sobre nosotros mismos, lo que somos y lo que podemos llegar a ser... Quizá la clave está en ver la realidad tal como es, como señalara Aristóteles. No engañarse con apariencias y relativismos que despersonalizan y confunden, y nos desvían del rumbo. Descubrir la grandeza de cada persona, sus cualidades y su misión: personal, familiar... etc. Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre".


La verdad nos lleva como de la mano hacia el bien, porque el bien es su mejor forma, la más plena. Por tanto, partir de la verdad, de la realidad de cada uno, y luchar por mejorar, apoyándose en esas cualidades personales propias de cada uno. Buscar lo que "se abre" hacia los demás.

Entonces, ¿ser o hacer...? Una persona buena realiza buenas acciones; y, cuando hacemos algo bueno, nos tornamos mejores personas. Ambos aspectos se realimentan. Se trata de hacerlo real en cada ocasión que nos brinda la vida. En la relación en pareja, con los hijos, con los amigos... Eso es querer de veras.


Y como consecuencia, esa belleza que irradian ambas. Todo acto bueno es hermoso, aunque no siempre nos demos cuenta a primera vista. Hace falta cultivar la mirada, capacidad de admirar, sorprenderse de lo bello que nos sale al encuentro, y de lo que podemos crear..., para saborearlo, agradecerlo y fomentarlo. Descubrir la belleza escondida en una sonrisa, en un detalle de atención..., en un regalo, en una conversación entrañable, en un paseo con una persona querida, en un paisaje, en la lluvia fina... etc. Y generar belleza, disfrutando de ello.

Estos tres grandes valores son aspectos de la misma realidad, que van muy entrelazados. Es lo que nos puede dar luz y perspectiva. Por eso, la verdad es bella, y la bondad también, iluminan nuestro sendero, y el universo entero.

Es más, la belleza y sus manifestaciones son el camino para hacer que florezcan de nuevo la verdad y la bondad.



4) NUESTRA VIDA

En el paso del "ser", al "mejor ser", está el quid de la mejora personal, y de nuestra vida entera. Descubrir nuestra potencialidad, talentos y fortalezas, la misión personal, y las cualidades de las personas que nos rodean, para desarrollarlas

Buscando motivos que ayuden a luchar por dar lo mejor de cada uno. Esa capacidad de amar que se nos ha regalado, gracias al tesoro de la libertad personal.




Cada uno somos como "una piedra preciosa" por pulir, con unas cualidades insospechadas y diferentes a cualquier otra. Debemos descubrirlas y desarrollarlas, y hacer un mundo mejor con ellas. También ayudar a los hijos... Siendo "a fondo" quienes somos, y aceptando a cada uno como es, apuntar a lo mejor.

Cada persona es única, singular, especial, ¡irrepetible! Y alberga una luz en su interior capaz de iluminar un mundo entero. ¡No la desperdiciemos...! Hagámosla brillar, dar luz y calidez a cuantos nos rodean.



5) CABEZA Y CORAZÓN

Por otra parte, integrar cabeza y corazónPensar con claridad: sobre lo que es conveniente o no, lo verdadero o falso, lo bueno o malo. Ver lo que nos encamina a nuestra meta... Y poner el corazón: disfrutar de la dicha de hacer lo correcto..., de ser amable, generoso, alegre... sobre todo en familia con los seres queridos.

Para ello necesitamos movilizar energías, y entrenar la voluntad en pequeñas cosas. Puntos en los que luchar, que nos vayan aproximando hacia donde queremos ir: una meta. Además, cuando mejoramos en algún aspecto, otros también salen a la luz, pues todo está muy relacionado. Es el principio de armonía.


También calibrando los sentimientos: intentando fomentar los mejores, los más nobles, los que ayudan a ser más empáticos, comprensivos, serviciales. Además aportan más sentido e ilusión a la vida. Y desechar los que no merecen la pena, o nos hacen peores personas: más egoístas, iracundas, envidiosas, "gruñonas"... etc. 

Tenemos la libertad interior de elegir cómo actuar, cómo responder, cómo tratar a los demás. Con corazón.



         

Platón tenía como referencia la belleza. Descubrir la belleza escondida en las situaciones cotidianas, que nos guía a modo de estrella. Fomentar la sensibilidad para apreciar lo bueno y lo bello que se oculta tras el velo de lo cotidiano, y que nos toca a nosotros descubrir... Por eso dirá: "Cuidar el alma, si se quiere que la cabeza y el resto del cuerpo funcionen correctamente". 
     
Este clásico sostenía que, hay que diferenciar qué placeres y qué dolores convienen o no, para aceptarlos o rechazarlos, usando el pensamiento. No todo sufrimiento es estéril: al contrario. 

Por eso es tan importante la calma y la serenidad, las “islas de silencio” y la paz interior para pensar. Ese "parón" nos puede ayudar a poner orden en las prioridades, a descubrir y valorar lo que de veras importa. Ahí entran las personas queridas, la familia, los amigos..., esos principios universales inscritos en nuestro corazón, que avalan el obrar humano auténticamente humano... 






Debemos ponderar las cosas. Las dificultades, como apuntara C. S. Lewis, suelen hacer personas extraordinarias, si cada uno lucha por sacar a la luz lo mejor de sí. Si no nos "acomodamos" en el yo-me-mi, y salimos hacia el tú... Lo cual va dejando un poso de madurez y sentido.


    
Y siempre, ¡fomentando la libertad personal! Es decir, saber tomar las decisiones necesarias para orientar la vida hacia una meta valiosa. Apuntando a la cima, a esa misión personal específica, que debemos acometer en primera persona.

El hombre libre, y auténtico líder, es el que toma la iniciativa: el que hace que las cosas -importantes- sucedan. Se trata de ser proactivos, como señala Stephen Covey, de luchar por cualquier reto, meta, sueño, misión, poniendo el corazón. 





Espero que te haya gustado, y que lo compartas con amigos. ¡Muchas gracias!




Dejo algunos enlaces relacionados: 





 * Caracter y personalidad



                                                                
                                                                               Mª José Calvo
                                                                   optimistaseducando.blogspot.com
                                                                               @Mjoseeopt


URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2020/05/una-estrella-polar.html      

sábado, 5 de octubre de 2013

LAS RAÍCES DE LA EDUCACIÓN Y LA BRÚJULA... I


                                   

                     LAS "RAÍCES" DE LA EDUCACIÓN Y "LA BRÚJULA"


           
Qué importante es pararnos a pensar los porqués de nuestras actuaciones. Hacer las cosas con un sentido ayuda mucho en la vida. Aporta motivos sólidos para luchar por lo mejor. En este post vamos a profundizar un poco en motivos de fondo esenciales que nos dan ilusión y energía en la educación de los hijos, y para "bregar" en el día a día. 
            
Cada persona que viene a este mundo es una maravilla, por “construirse” y madurar, con el despliegue de toda esa grandeza innata. Y el motor está en su interior: todo crecimiento es de dentro hacia afuera, como señalara Chesterton, y muchos otros... Tarea inconmensurable, pero muy gratificante, porque precisa el cariño mutuo de los padres, origen de su vida, y alimento eficaz para todo ello.     
        
Necesitamos un referente claro, un "norte" que nos oriente en la vida, y una brújula que nos guíe hacia él. También para orientar el talento de cada persona.




         
En las encrucijadas de la vida buscamos un referente que guíe, unos principios que aporten luz y claridad en nuestro actuar. Los problemas surgen cuando no se piensa, o se está distraído, y se da el mismo valor a cualquier cosa. Los porqués apuntan a una meta, y nos dan una orientación, unas coordenadas. 

        
La falta de pensamiento y de reflexión olvida y vacía los principios de contenido, y ya no nos auxilian en nuestro navegar. Acabamos a merced "del viento que sople"... Ya insistía Hanna Arendt: ¡párate y piensa! Te lo cuento en ese post.



Dejo unos puntos a modo de índice por si quieres elegir:

1- Educar...
2- En familia
3- Cada persona
4- El porqué de la educación: amor y felicidad
5- Una brújula

6- La mejora personal
7- A la luz del cariño
8- En todas las facultades
9- Desplegar la libertad


* 1 Educar...
 
Educar no se parece en nada a domesticar, porque se trata de personas, con inteligencia y corazón, libres y creativas, llamadas a relacionarse con otras personas, lo cual es fuente de felicidad. 
            
No se trata de enseñar unos buenos hábitos sin más, sino de enseñar a usar su inteligencia, a ser críticos, a pensar por libre, a no aceptar las cosas sin más, a tener autodominio y pilotar su propia vida, teniendo en cuenta a los demás... Así, ser auténticamente libres y poder amar. 

            
Y el ámbito natural donde es posible dicho cometido es la familia, porque es el lugar del amor incondicional. Toda persona necesita recibir cariño para ser ella misma, para hacerse y re-hacerse cada día. Por otro lado, también necesita amar para crecer. Es más, cuando ama se siente más plena y realizada, y logra lo mejor de su personalidad, sin buscarlo. 



Esta misión la tenemos los padres: debemos educar a los hijos para que puedan conducir su propia vida, y aprendan a relacionarse con los demás. Somos "seres de aportaciones". Como señala Martin Buber, "yo me hago gracia al tú". De ese modo podrán amar. No hay otro objetivo mayor, ni de más envergadura, que podamos imaginar. Y es lo que les hará de veras felices.

La conciencia de esta misión da fuerza para acometerla del mejor modo, y nos transforma en auténticos líderes de nuestros hijos. Y nos engrandece. 

Se trata de seducir con la belleza de los valores hechos vida, concretados en obras, en un ambiente saturado de cariño como es la familia. Y luego, descubrir y estimular lo mejor de cada hijo, la belleza oculta en él, y que la pueda desarrollar y poner al servicio de los demás. De ese modo se sentirá más pleno, porque estamos diseñados para los demás: necesitamos de los otros para desplegar las virtualidades de cada uno.



* 2 En familia 

            
La familia es el lugar donde es posible nacer, vivir, y morir como auténticas personas, con la dignidad que conlleva. Donde se nos quiere simplemente por quienes somos, y no por lo que "valemos" en esta sociedad, o por la "utilidad"... La persona es valiosa de por sí: está en su ser, no en lo que hace ni en lo que tiene. 
         
El lugar propio del amor, donde se da y se recibe cariño sin pasar factura. ¡Donde la libertad y el amor florecen...!, como expresa G.K. Chesterton.







*3 Cada persona...
        
Es preciso que cada persona se construya a sí misma, partiendo de su singularidad: su temperamento, cualidades y talentos personales. Así pueda lograr lo que está llamada a ser. Fomentar su libertad y creatividad, apuntar a lo mejor de su personalidad. Pero ¡la suya! Sin embargo, la persona es un misterioso arcano y siempre sorprende. Se trata de apuntar a lo mejor, de buscar la excelencia, el optimismo de óptimos... 

Para ello es necesario darle todo el cariño y apoyo, y encaminarla hacia ello. Iluminar un sendero, confiar, y dar alas para que pueda volar alto y abrazar su libertad. Ser un buen referente, confiar y le darle muchas oportunidades de hacerlo vida.

        
Crear un ambiente alegre y confiado. Porque las personas, si luchan por mejorar, como el buen vino, con el tiempo van logrando una buena personalidad. Que todos en la familia se sientan muy queridos.






* 4 El "para qué" de la educación, el amor y la felicidad  

Lo importante a la hora de educar a los hijos es formar personas libres capaces de amar. Ser libre es tener autocontrol y señorío sobre uno mismo. No tener que estar dependientes de apetencias y deseos, de faltas de carácter, de impulsos y 
recompensas inmediatas, ni reaccionar según el viento que sople... Tener autodominio personal para poder pilotar la vida: orientarse hacia metas valiosas, que merezcan la pena. 




Y, ¿para qué querer ser libre? A veces parece que es más libre el que hace lo que le apetece, o, el que tiene muchas opciones de elección. Pero, en realidad, aunque solo tengamos una, si es la correcta, no se precisa más. Si nos aproximamos al objetivo es que vamos bien encaminados. Por eso, el para qué de la libertad, su mayor y principal fin, es poder amar a los demás. Y, como consecuencia, esa persona se siente más plena y realizada. Ya lo decía el doctor V. Frankl: es una libertad-para más que una libertad-de.



Porque, el ser humano está hecho para amar: es un ser creativo, efusivo y
 relacional. Un “ser de aportaciones”, diseñado para los demás, para compartir esa plenitud del ser. También para recibir, en función de poder dar más y mejor... Es lo que nos hace más felices.


Nos realizamos en la medida en que pensamos en los demás. La persona se trasciende a sí misma, como nos transmitió V. Frankl en esas circunstancias tan extremas.


La felicidad en expresión de Soren Kierkegaard, es "una puerta" que se abre hacia fuera: hacia los demás. No hacia uno mismo. Si intentamos perseguirla no lo conseguimos; pero, si nos olvidamos de ella, y pensamos en los que nos rodean, entonces nos viene dada. Es como una gratificación cuando vamos en la dirección adecuada.




* 5 Una brújula

A la hora de enfocarnos a la acción y encontrar un sentido podemos plantearnos: ¿qué "brújula" utilizar que nos sirva de norte y de guía?, ¿cuál es nuestra misión en este planeta...? 

Los tres grandes valores existenciales, que ya conocían los filósofos de la Grecia clásica, el BIEN, la VERDAD y la BELLEZA, son un referente que ilumina el camino... y nos puede ayudar. Para así descubrir las cualidades y capacidades, y lo que está llamado a ser cada uno. 

Son tres conceptos interconectados. El modo más directo de acceder a ello es a través de la belleza. Descubrir la belleza de lo bueno, de la bondad, de lo auténtico... Vivir en la belleza. Si se está a gusto, la bondad habla por sí misma. Y nos descubre lo verdadero..., que coincide con la realidad.




* Es decir, descubrir la verdad sobre nosotros mismos. Quizá la clave está en ver la realidad tal como es. Hacer una lectura correcta de la realidad, en especial del ser de cada persona... No engañarnos con apariencias y relativismos que despersonalizan y confunden, y nos desvían del rumbo. 

Descubrir la grandeza de cada persona, sus fortalezas y cualidades, y lo que puede llegar a ser: su misión personal, familiar... etc. La verdad es un pilar fundamental para construir relaciones familiares. Crea ambiente de confianza, transmite valores a los hijos, ayudándoles a desarrollar el sentido de lo correcto e incorrecto, ayuda a ver los propios sentimientos con sinceridad, aceptar los errores... Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre", y resplandece belleza.



* La verdad nos lleva como de la mano hacia el bien, porque el bien es su mejor forma, la más plena. Se podría decir que es su mejor "versión". Por tanto, partir de la verdad, de la realidad real de cada uno, de sus características y cualidades, y luchar por mejorar, apoyándose en esos talentos personales propios. Así, buscar lo que nos hace mejores personas, que siempre "se abre" hacia los demás, y desarrollar todo ese potencial.

La bondad nos ayuda también a hacer buen ambiente, a ser comprensivos, y es la base de una buena autoestima, especialmente en los hijos.

Entonces, ¿ser, o hacer...? Una persona buena realiza buenas acciones, y, cuando hace algo bueno, se torna mejor persona. Ambos aspectos se retroalimentan. Se trata de hacerlo real en cada ocasión que nos brinda la vida. En la relación en pareja, con los hijos, con los amigos... Hacer el bien conlleva el premio.





* Y, como consecuencia, la belleza que irradian ambas. Todo acto bueno es hermoso, aunque no siempre nos demos cuenta a primera vista. Hace falta cultivar la mirada, la capacidad de admirar, sorprendernos de lo bello que nos sale al encuentro, y de lo que podemos realizar..., para saborearlo, agradecerlo y fomentarlo. Descubrir la belleza escondida en una sonrisa, en un detalle de atención..., en un regalo, en una escucha o conversación entrañable, en un paseo con una persona, un café... 

Estos tres grandes valores son aspectos que van muy entrelazados. Porque, la verdad es bella, y la bondad también, y ambas "brillan": iluminan el sendero, ¡y el universo entero! Nos pueden dar luz y perspectiva. 

Además, el experimentar la belleza estimula una serie de emociones y afectos positivos como la admiración, la sorpresa, la paz, la gratitud, la felicidad..., que a su vez actúan estimulando y motivando el pensamiento y la educación de nuestros hijos.

Platón nos recuerda que, el objetivo de la educación es enseñarnos a amar la belleza. La belleza de la relaciones personales, de la generosidad, de la amistad... Por eso se trata de educar preservando la mirada, para descubrir la belleza: el esplendor de lo verdadero y lo bueno. 



  

*6 La mejora personal

En el paso del "ser", al "mejor ser", está el quid de la mejora personal, y lo que nos puede motivar a luchar por dar lo mejor de cada uno.

Cada persona es única, singular, especial, irrepetible. Y alberga una luz en su interior capaz de iluminar un mundo entero. Es como una piedra preciosa por pulir, con unas cualidades insospechadas y diferentes a cualquier otra. Debemos descubrirlas y desarrollarlas, y hacer el mundo más bello con ellas. Y la persona mejora con el trato personal, con los demás, especialmente en familia.




Por otra parte, cada persona posee un corazón capaz de amar. Por eso nos atrae el placer, y tememos al dolor, y esto influye en nuestras acciones y hábitos. Pero, puede distorsionar la percepción de lo valioso. 


Por ejemplo, cuando hacemos algo que no es correcto, porque es placentero, o, nos apartamos del bien, si nos causa dolor... Por eso, es preciso integrar cabeza y corazón, para pensar con claridad sobre lo que es conveniente o no, lo verdadero o falso, lo bueno o no. Y disfrutar de la dicha de hacer lo correcto..., en especial en la convivencia con las personas que queremos. Aunque a veces conlleve sufrir un poco por amar de veras.

Decía Platón que, para educar hay que diferenciar qué placeres y dolores convienen, o no, para aceptarlos o rechazarlos, usando la inteligencia, la razón. Y tenía como referencia la belleza de las cosas y de las personas. Es necesario estimular a descubrir la belleza escondida en las situaciones cotidianas, en lo noble de los corazones y la relaciones personales, porque nos guía a modo de estrella polar.

Pero, ¿cuándo hago el bien? Cuando actúo conforme a la verdad, cuando vivo en la verdad respecto a mí mismo y a los demás. Cuando logro mi mejor versión: eso que es bueno para mi..., puede ayudar a los demás. También cuando les ayudo a lograr su mejor versión, buscando su bien. Con cariño. Como sucede en la amistad y el amor. 



* 7 A la luz del cariño

Porque, la educación ha de hacerse a la luz del cariño del hogar y de la familiaEs como el “horno” donde se “cuece” lo mejor de cada uno, estimulado por esa confianza y cariño que encontramos en un ambiente de hogar cálido y comprensivo, acogedor y estimulante. Donde importa el corazón.




En "frío" no se consigue nada. De hecho se ha visto que en niños con carencias afectivas aparece atrofia cerebral y disminución de la masa cerebral. La persona humana necesita el cariño más que el oxígeno que respira..., sobre todo en las primeras etapas de la vida, tan frágiles. Y es lo que permite un vínculo de unión con sus padres, que se sienta valorada y querida. De esta forma, podrá tener una sana autoestima, basada en ese cariño del que se alimenta, y no en falsas expectativas.

Pensar cómo transmitir esto, cómo entusiasmar con los valores y principios..., siendo íntegro y coherente con ellos, que es el modo más directo de presentarlos. Y luego, con hábitos operativos buenos, que se hagan virtudes entorno a los 6-7 años, y consoliden en un buen carácter. 



* 8 En todas las facultades

Cultivar la intimidad de cada uno, tener en cuenta todas las facultades o aspectos centrales de la persona: la inteligencia, con la capacidad de razonar, la voluntad libre, y la afectividad. Centrándolo todo en el corazón: centro existencial de la persona. 




¿Cómo cultivar estas facultades? Iluminando la inteligencia con lo verdadero; fortaleciendo la voluntad con hábitos operativos buenos, que se transformen en virtudes personales; y, seleccionando los mejores sentimientos, los más nobles. Intentando encauzar los mejores sentimientos y afectos, y fomentarlos. A la vez que desechando los que no merecen la pena, nos hacen peores personas, o dañan a los demás, que suelen coincidir. Te lo cuento en el post "en el corazón crece lo que se cultiva".


Siempre apoyados en la belleza. Saber hacer atractivos los valores, que son pequeñas especificaciones del bien. Que los hijos vean la belleza de ser amable, educado, generoso, empático, trabajador, estudioso, resiliente..., ¡buen amigo de los amigos! Para ello debemos ser un buen referente, y saber motivar con esos valores hechos vida. Los hijos nos observan todo el día, y nos copiarán.

Qué importante es descubrir la belleza en una sonrisa, en un abrazo, en una mirada, en un guiño, en un rostro, en un amanecer, en un paisaje, en el cuerpo humano, en una obra de arte..., en los detalles en la familia.




Una cita de Emma Goldman: “Todavía nadie se ha dado cuenta de lo que valen la simpatía, la amabilidad y la generosidad ocultas en el alma de un niño. El esfuerzo de toda verdadera educación debe ser sacar a relucir ese tesoro”. Ir al corazón.

Debemos fomentar la sensibilidad para apreciar lo bueno, lo verdadero y lo bello, que se encierra en los sucesos cotidianos y que nos toca a nosotros descubrir... Y hacerlo notar, para agradecerlo y fomentarlo.

Para ello se precisa calma, hacer “islas de silencio”, con paz interior, respetar los ritmos naturales de los niños en su crecimiento, no querer quemar etapas... "Bajarnos" un poco de un mundo hiperexigente y frenético, porque, muchas veces lo único que conseguimos es estresarnos... y no poder apreciar la belleza en sus formas. 
Y aprender a dar prioridad a lo de veras importante, no a lo inmediato y urgente que nos invade..




 

* 9 ¡Desplegando la libertad...!

Pero, ¿qué es la libertad? No supone seguir el primer impulso que se nos presente, sino ser "dueños" de nosotros mismos, del carácter, sentimientos, emociones, voluntad... Tener autodominio y lograr lo que uno se haya propuesto. Y puede ser un reto, un objetivo, un proyecto familiar o personal... Es decir, saber tomar las decisiones necesarias para orientar la vida hacia una meta valiosa. Y los hijos necesitan esa libertad, según su edad y madurez, para construirse como personas. Debemos fomentarla en su justa medida, aunque a veces cueste. Somos seres libres. Sin libertad no podemos amar.

         


Requerirá el uso de la inteligencia para pensar una meta, y el de la voluntad libre para acometerla con constancia, sin desánimos. Y también se necesita tenacidad y perseverancia a lo largo del camino. Y si es posible que los sentimientos acompañen en esa dirección, mejor, porque son un motor potente y cálido para la vida. 

La persona libre es la que toma la iniciativa, el que hace que las cosas importantes sucedan, por ejemplo, con respecto a una meta o proyecto familiar... Y no a la que le “suceden las cosas” sin más. Se trata de ser proactivos, como señala Stephen Covey, de luchar por el reto que queremos, poniendo el corazón.


En ese proyecto vital contar con el amor, pues el para qué de la libertad es el amor. Regalar nuestro mejor "yo" a las personas queridas. Si no tenemos autocontrol sobre el carácter y las respuestas emocionales..., ¿qué les vamos a entregar? 

Es indudable que nuestros hijos aprenden a amar en la familia, a sus hermanos y a sus padres, y se fijarán en cómo se quieren los padres entre sí..., cómo tratamos al otro, qué detalles tenemos, y lo asimilarán. También es bueno que se entrenen en poner cariño en sus encargos y tareas, porque es la forma de decir un "te quiero" a los demás, de hacerles la vida agradable.

Somos el modelo de amor para ellos. De ahí la responsabilidad de ofrecerles buen referente. Que nuestro cariño se derrame eficaz sobre ellos, para que aprendan a  amar. Y es lo que les hará más felices en la vida.





Marcamos la “senda” por la que ellos caminarán... 

      
Por eso, aunque no seamos perfectos, que vean que luchamos y nos esforzamos por querernos, por tener detalles frecuentes con el otro, por ser amables y atentos, por ayudar y perdonar pronto. Es lo que nunca olvidarán.

     



Espero que te haya gustado, y que lo compartas con amigos. ¡Muchas gracias!


Dejo algunos enlaces relacionados: 


                                                                              Mª José Calvo
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                                                                             @Mariajoseopt


                       
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