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domingo, 17 de mayo de 2020

UN POCO DE LIDERAZGO... y una anécdota



                             LIDERAZGO Y PERSONALIDAD


¡Qué importante es cultivar la personalidad de cada uno...! La nuestra, y enseñar a nuestros hijos. Cada persona es única y singular. ¡Singularísima! 

Ayudarles a formar su personalidad es hacer una obra de arte. Consiste en descubrir cualidades y talentos específicos de cada uno, y saber seducir con la belleza de los valores humanos nobles, que no pasan de moda, hechos vida. Ése es el auténtico liderazgo.  



Los grandes filósofos griegos, con Aristóteles y Platón en vanguardia, consideran vital enseñar a tener buen gusto por lo bello. Es decir, reforzar las acciones nobles y bellas de cada persona. Se trata de descubrir y potenciar todo lo bueno, sacar a la luz todas las riquezas ocultas, hacerlas florecer. En la propia, y en la de los que tenemos cerca: familia, amigos...





Pero esto precisa pensar, dedicar tiempo, poner las mejores ideas y capacidades, y concretarlo. Señalar fortalezas, motivos, adquirir hábitos y virtudes que den autonomía en el obrar y ayuden a ser más y mejores personas… 

No es algo trivial, ni que se consiga a la primera; requiere esfuerzo y lucha constante, teniendo a cada persona como protagonista de su propia aventura. ¡Merece la pena todo esfuerzo!




Dejo a modo de índice unos puntos a desarrollar en dos artículos para no alargar demasiado.



1) PERSONALIDAD
2) CARACTERÍSTICAS Y TIPOS DE LIDERAZGO

3) LIDERARSE UNO MISMO
4) UNA ESTRELLA POLAR
5) LIDERAR: MISIÓN, PROACTIVIDAD, FOCO



1) PERSONALIDAD

      
A- Temperamento 

Partimos de lo heredado, de lo biológico: la naturaleza. El temperamento de cada uno. Así, ir desarrollando, formando, "acuñando", el carácter y la personalidad. 

Descubrir los talentos de cada uno, que se vislumbran con una mirada cariñosa. Aquellas características en las que es especial, para hacérselo notar, fomentarlas y apoyarse en ellas. 

Además, al desarrollar esas cualidades y fortalezas, otras muchas relacionadas también emergen, y compensan debilidades... Sin estar remachándolas todo el día: no vayamos de pesimistas y perdedores. Es la forma de ir forjando el carácter de cada uno.



También aporta una saludable autoestima, basada sobre todo en el afecto de las personas cercanas. 


La singularidad que nos diferencia de los demás es lo que hay que desarrollar, pulir, mejorar. Es la explicación más íntima de nuestro ser, único e irrepetible, y la razón de nuestra vida... Nos acerca al sentido más profundo, a nuestra "vocación" específica, y a nuestra misión. Pero todo eso hay que descubrirlo y trabajarlo.




B- Carácter

En base al temperamento heredado, con la experiencia personal y la educación, se va modelando y se forja el carácter de cada uno. Es algo que hay que luchar por conquistar día a día, pero confiere autonomía y control para pilotar la propia vida, con optimismo, superando retos y dificultades. Y nos da esperanza. 

Se basa en la adquisición de buenos hábitos, que dejan su impronta y conforman el estrato cerebral. Estos hábitos se transforman en virtudes, al hacerlo con libertad, porque se quiere, que es el mejor motivo. Así, se adquiere una facilidad y un disfrute cada vez mayor. Y ayudan enormemente la vida.






A veces se piensa que, a base de repetir algo muchas veces, se adquiere un hábito. Pero no siempre es necesario. Lo importante es interiorizar y aprehender su esencia, el bien que conlleva, y querer hacerlo poniendo el corazón: por amor. Así, "encarnarlo". Algo que parece sencillo, aunque requiere ilusión y lucha. Porque, lo que hacemos cada día... va dejando su impronta.




          
C- Personalidad

Es fundamental de por sí, en cada persona, y especialmente en el liderazgo. Independientemente de los talentos y fortalezas de cada uno, que ayudan a guiar el desarrollo y el carácter propio, 


"todos necesitamos pensar con claridad, 

 armonizar cabeza y corazón, 

y aprender a querer a los demás.



Y es importante la empatía y la inteligencia emocional:
tenemos unas "neuronas espejo" que facilitan 
comprender y querer.





Todo esto se aprende en familia. Se va perfilando una buena personalidad. En la infancia hay mucha afectividad, o debe haberla, todo está sumergido en cariño, y según van creciendo los hijos hay que potenciar el pensamiento, sin olvidar nunca el corazón

Entrenar el desarrollo de la razón y de la voluntad, que nos distinguen como personas, para hacer lo de veras bueno y correcto. La razón es luz que ilumina el sendero. Que guíe al corazón y sea un referente en el actuar de cada uno. Y luego, poner los sentimientos y afectos en todo lo que hacemos.




2) CARACTERÍSTICAS Y TIPOS DE LIDERAZGO


Y aquí enlazamos con el buen liderazgo personal. Sabiendo que, para liderar a los demás primero hay que liderarse uno mismo. Vimos algunas ideas en el post sobre liderar la propia familia. Pongo abajo enlace. 

Liderarse es forjar el carácter, con cabeza y corazón, autodominio y voluntad entrenada. También te lo contaba en el post sobre el carácter.

Comento, a grosso modo, con algunas ideas de la catedrática Nuria Chinchilla, de liderazgo en el IESSE de la Universidad de Navarra, y algunos tipos de liderazgo, junto con los motivos y motivaciones de cada uno, para tener claro cómo queremos y podemos actuar con nosotros mismos y con los demás. Y te recomiendo un libro fantástico suyo: "Dueños de nuestro destino".


1- Empezamos por el liderazgo de nivel más bajo: gestión de recursos. Todo se convierte en un recurso que se puede manejar con un fin. La persona se la reduce a un recurso. Aquí los motivos son puramente extrínsecos, del "tener". Son los que nos llegan desde fuera. Es decir del nivel más bajo también. Cuando fallan, ya no "compensa" seguir adelante. Forman relaciones poco estables, y no se aporta mucho a los demás.

2- El siguiente nivel es la dirección de personas, con objetivos y retos. Ya avanzamos un poco. Se mira a la persona, y sus motivaciones intrínsecas, como son el saber, el realizarse, plantearse objetivos profesionales, adquirir competencias y habilidades... etc. No está mal, pero no es el mejor. No piensa tanto en los demás, ni muchas veces en las consecuencias derivadas de sus actuaciones. 


3- El tercer nivel, y más alto, es el liderazgo relacional. Las personas somos seres relacionales, estamos diseñadas para los demás. En las relaciones personales desplegamos nuestra mejor forma de ser, y encontramos nuestra plenitud como personas. La persona necesita de esas buenas relaciones, como el oxígeno que respira. Y, como consecuencia de esa plenitud, somos más felices. Como señala un gran humanista, Tomás Melendo, cada uno nos hacemos y re-hacemos en ellas, en especial en la familia, al sentirnos queridos y poder querer a los demás. Aquí las motivaciones son altas, del tercer nivel: trascienden a cada persona, porque se mira a los demás, y es lo que da más sentido e ilusión en la vida. 

Este liderazgo es más sano, duradero y estable. El que arrastra con su buen hacer, su ejemplo y coherencia, con el servicio atento a los que tenemos cerca. 

Y puede ser a su vez de varios tipos: 

          *transaccional: repartiendo recursos, 

      *transformador: transformando recursos y apoyado en motivaciones, con cabeza y corazón...

     *trascendente: con acciones concretas que trascienden en los demás, creando nuevos recursos








*Liderazgo trascendente

Nos centrarnos en el trascendente. No sólo maneja recursos, sino que los transforma y crea otros nuevos, con imaginación y pensamiento, con la creatividad propia de la persona. Inspira, ayuda y trasciende a otras personas. Las acciones repercuten en el bien de ellas, no tanto en uno mismo. 

Nos pone alas para volar alto, por los motivos y valores trascendentes que lo impulsan: del tercer nivel. Aquí es importante las cualidades y la misión personallo cual da un 
sentido único a la vida. Algo que, si no lo hago yo, nadie lo hará. Eso ayuda a priorizar y anima a luchar por lo mejor de ello.

Ya lo decía el doctor Viktor Frankl: lo que más motiva en una situación difícil, incluso en la que él vivió, tan espantosa y llena de sufrimiento, es encontrar cada cual el sentido de su vida. Que siempre se relaciona con los demás. Te recomiendo sus libros. Él supo ver en esas condiciones extremas el corazón de cada persona que tenía delante... y de ese modo ayudarles.




Cada uno respondemos con nuestras acciones, y con la vida entera, a las preguntas que nos planteamos. Somos seres responsables, al menos en este sentido. Y hay que aprender a serlo en todos los sentidos. Ninguna ación queda sin consecuencias. Todo influye en los demás. De ahí la grandeza de ser íntegros, coherentes, y ayudar a los que tenemos cerca, de responder a sus necesidades, de alegrarles la vida. Algo tan propio de la persona. Muy en especial en pareja y en la familia. Es un talento personal interdependiente, que se mueve y se desarrolla con los demás. Y tiene mucho que ver con la capacidad de amar de la persona. 





Podemos refrescar algunos puntos que vimos del liderazgo en la familia, (enlace abajo), para "trabajar" el liderazgo personal.


*Atento a lo importante, sin descuidar los detalles. Enfocarse en lo de veras importante: algo que al hombre se le da bien. Respecto a los detalles, la mujer es especial: le gusta estar en ellos, es su forma de ser. A él le gusta más enfocarse en ideales y grandes temas. Lo concreto se lo deja a ella. Pero ambos logran sinergia en su cooperación: estamos diseñados para esa reciprocidad, esencia del amor en pareja. La mujer diseñada para el varón, y el varón para la mujer. Y en su unión conquistan lo mejor de sí.





*El buen líder sabe priorizar, pone atención a cada persona, y le presta la ayuda que necesite. Pero sólo la precisa, teniendo en cuenta que, "toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe..."

*Se mueve por valores, basados en principios, que dan coherencia e integridad a su persona. Sabe crear ambiente acogedor y optimista, donde es más fácil luchar por dar lo mejor de cada uno.



*Sabe tomar buenas decisiones, basadas y fundamentadas en el ser: ser persona íntegra y noble. Y no tanto en el actuar, aunque trasluce el ser. Los motivos de fondo, sus cualidades y distintivo, su persona, es lo que atrae e inspira.



*Confía. Un buen líder genera confianza. La confianza tiene mucho que ver con la buena comunicación y la empatía. Si no, cuesta abrir el corazón y se hace difícil conectar. La empatía se aprende en familia, desde pequeños, gracias a esa relación tan estrecha con la madre, con el padre, en la que se desarrolla, haciendo uso de las neuronas espejo. Esa confianza ayuda a desplegar "las alas"...


*También hace una llamada a lo mejor de cada uno, y le da libertad para que lo pueda realizar. Anima y estimula a desarrollar las cualidades y puntos fuerte de cada uno. Talento y trabajo cotidiano.




*Se caracteriza por su optimismo, que ha de ser contagioso. Ver siempre lo positivo y lo bueno de las personas, de las circunstancias... etc. Es la capacidad de descubrir retos incluso en las dificultades. Todo nos ayuda a crecer como personas. Ya lo decía Frankl: cuando no podemos cambiar una situación, "nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos". Pensar qué hacer con el tiempo que se nos ha dado...


* Tiene detalles de cuidado y servicio para alegrar la vida de los demás. Sabe trabajar, luchar, y cumplir las promesas, y pedir perdón siempre que sea preciso.




* Una anécdota

Sucedió en San Francisco, en un Congreso de grandes gurús del liderazgo por el 50 aniversario de la ONU. Lo relata Brian Bacon en uno de sus libros. El mensaje que más había impactado era el de una persona, que no participaba en él, pero que le animaron a decir unas palabras al final del Congreso: la Madre Teresa de Calcuta. Solo habló unos segundos. Subió al estrado y se quedó un momento en silencio, y con voz suave dijo: 

Así que queréis cambiar a la gente. Pero ¿conocéis a vuestra gente? ¿Y les queréis? Porque si no conocéis a las personas, no habrá comprensión, y si no hay comprensión, no habrá confianza, y si no hay confianza, no habrá cambio.


¿Y queréis a vuestra gente? Porque si no hay amor en lo que hacéis, no habrá pasión, y si no hay pasión, no estaréis preparados para asumir riesgos, y si no estáis preparados para asumir riesgos, nada cambiará.


Así que, si queréis que vuestra gente cambie, pensad: ¿conozco a mi gente?, ¿y quiero a mi gente?


El mensaje de la madre Teresa había quedado suspendido en el auditorio y se notaba que había golpeado. Tan fuerte como cuando alguien escucha la verdad.




¿Quieres que alguien cambie en algo? Después de aceptarle tal como es..., conocer, comprender, empatizar, querer, y animar y ayudar con la fuerza del cariño... Y el resto está en sus manos.




*Liderazgo característico en la mujer y en el hombre 

Ambos somos seres recíprocos: él está creado para ella, y ella para él, y al salir de sí, y encaminarse hacia el otro, cada uno alcanza su mejor personalidad. Especialmente en el amor. Además, al aunar cualidades y fortalezas se logra una sinergia creciente, y se enriquece lo humano.

El liderazgo de la mujer es curioso, y diferente del hombre, porque tiene unas capacidades innatas propias, quizá debidas, como señala la filósofa y pedagoga Jutta Burggraf, a su estrecha relación con la vida. Mira, y ve, con ojos de mujer, lógicamente. Ese estar atenta a acoger a los demás, a priorizar las relaciones personales, a trabajar en equipo, la mayor flexibilidad, los talentos de la inteligencia emocional, tan propios suyos... etc. Todo ello de la mayor importancia, y es su forma de ser ella misma, de estar en el mundo. 





El liderazgo del hombre, con sus puntos más específicos, como ese punto de agresividad, que no es violencia, y ayuda a superar obstáculos, el velar por lo importante, los grandes idealescuidar y proteger a las personas queridas, resolver problemas..., y otros muchos que ponen un toque de éxito global en su vida. 


Estas características son importantes, en especial en el trabajo de liderar la familia, en ese crear ambiente de hogar, velar por cada uno, y hacer vida esos valores humanos nobles. Aquí se complementan y aúnan ambos liderazgos. 


A la mujer le resulta más fácil poner afectividad en su familia, pero, a ellos hay que dejarles que pongan más cabeza y corazón en la vida familiar, pero a su estilo, diferente al nuestro. No sólo resolver tareas, que se les da muy bien, sino apoyarse en ellos por ejemplo, a la hora de afrontar problemas y dificultades. Porque, en el trabajo profesional ya lo suelen hacen con más frecuencia. 



Es decir, con lucha personal de cada uno, él y ella, por ser quien son, con sus cualidades y fortalezas cultivadas, al servicio de la familia, de las relaciones personales y de amistad. Y todo redundará en círculos concéntricos, comenzando por los más cercanos...


Todo lo que consiguen ambos en la familia, origen y "cuna" de las relaciones personales, lo pueden poner en el ambiente de trabajo, humanizando ese ámbito. Y viceversa. 

Los campos en los que se mueve la persona, junto con el ámbito social y de amistades, se benefician. Se logra sinergia. Por eso, no se trata tanto de "conciliar" o "encajar" horarios, como de aprovechar lo de cada ámbito para utilizarlo en el otro, en especial las cualidades desarrolladas y las virtudes personales fomentadas día a día. Así "humanizar" las relaciones fuera de la familia.




Continuará..., con un poco de virtudes que cualifican a cada persona, y le dan mayor libertad y proactividad para pensar en los demás y actuar en consonancia, y por tanto ser feliz.

Y te dejo otro libro, con "el secreto" del alma masculina, en especial para ellos: "Salvaje de corazón", de John Eldredge. Su esposa tiene otro en referencia a la mujer.



                                                                     Mª José Calvo
                                                                  optimistas educando
                                                                     @Mariajoseopt



Espero que te haya sido interesante, y puedes compartir y comentar. Gracias.


Dejo enlaces relacionados: 


 * Dirección familiar y liderazgo (con ideas de liderazgo familiar)

Afrontar la vida con optimismo 





                                                                
                                                            
URL de este post:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2020/05/un-poco-de-liderazgo.html

lunes, 4 de mayo de 2020

UNA ESTRELLA POLAR...



                                     UNA ESTRELLA POLAR


Estos momentos difíciles que vivimos nos pueden ayudarnos a repensar algunas cosas... Ver hacia dónde nos dirigimos, pensar qué es importante, y qué queremos de veras, para "realinear" el rumbo en lo que sea preciso, apuntando a una meta valiosa. 

En las encrucijadas de la vida buscamos un referente para guiarnos, unos principios que nos den luz y claridad en nuestro actuar. Los problemas surgen cuando no se piensa y se da el mismo valor a cualquier cosa... Los porqués de las cosas apuntan a una meta, y nos dan una orientación, unas coordenadas hacia ella. 

La falta de pensamiento y de reflexión olvida y vacía los principios de contenido, y ya no nos auxilian en nuestro navegar. Acabamos a merced "del viento que sople"... Ya insistía Hanna Arendt: ¡párate y piensa!




En la vida necesitamos un referente claro, un "norte" que nos oriente e ilumine, y una "brújula" que señale el norte verdadero. Que nos ayude a construirnos como personas, desde nuestra singularidad, a ser mejores, a madurar, a alcanzar cada uno su plenitud, orientándonos con nuestra misión, que tiene mucho que ver con los demás. 
La vida se vertebra alrededor del amor, porque tenemos unas necesidades afectivas, necesitamos sentirnos amados, y ser capaces de amar. Eso es clave.

Ya lo decía el doctor Viktor Frankl, con su trayectoria vital llena de sufrimiento, pero con dignidad y gran libertad interior. Lo que más motiva en situaciones difíciles es el sentido de la vida: eso que nos da un propósito concreto y singular, que, o lo hacemos nosotros, o se quedará sin hacer. 

La búsqueda de la verdad apunta a realidades bellas que nos trascienden, que señalan a los demás, como nos transmitió Frankl. A lo trascendente, a los misterios.

La verdad es un pilar fundamental para construir relaciones personales. Hace ambiente de confianza, transmite valores auténticos, especialmente a los hijos, encaminándoles a desarrollar el sentido de lo correcto e incorrecto; ayuda a ver los propios sentimientos en verdad, desde lo que son, y a aceptar los errores... etc. Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre". Y la bondad, tan unida a ella.



También para orientar el talento de cada persona, esas cualidades y fortalezas que la caracterizan... Muy importante en el proyecto familiar, -te lo contaba en otro artículo-, en el cariño en pareja, en la educación de los hijos... etc.






Dejo unos puntos a modo de índice:

1) La familia
2) Cada persona
3) Una estrella polar que nos guíe
4) Nuestra vida
5) Cabeza y corazón


1) LA FAMILIA

El ámbito natural, propio de la persona, donde se puede realizar todo esto es la familia: el lugar del amor incondicional. Toda persona necesita recibir cariño para ser ella misma, para hacerse y re-hacerse cada día. Y por otro lado, también necesita amar a los demás para ser auténtica persona. Cuando ama se siente más plena y realizada, y logra lo mejor de su personalidad, sin buscarlo. Es una consecuencia de centrase en lo importante. 

La conciencia de la misión personal nos da fuerza para acometerla del mejor modo, y nos transforma en auténticos líderes. Porque, el liderazgo empieza en uno mismo. Poner cabeza y corazón, autodominio personal y señorío, apuntar a metas que nos engrandezcan como personas, pensando en los otros: poniendo el corazón.




De esta forma, seducir con la belleza de los valores hechos vida, concretados en gestos cotidianos, en un ambiente saturado de cariño, como es la familia. 

Descubrir y estimular lo mejor de cada persona, la belleza quizá oculta en ella. Así fomentarla, y que la pueda poner al servicio de los demás. Lo cual hará que se sienta más plena, porque somos seres sociales, seres relacionales: tenemos un cerebro empático y social, y necesitamos de los demás.

La familia es el lugar propio del amor, donde se da y se recibe cariño sin pasar factura. Donde la libertad y el amor florecen..., como expresa G. K. Chesterton, y donde cada uno nos sentimos de veras queridos.






        
Es preciso que cada persona se construya a sí misma, partiendo de su singularidad: de su temperamento y cualidades personales, y desarrolle lo mejor de sus posibilidades. Ir modelando el carácter, fomentar la libertad y creatividad: que conquiste lo mejor de su personalidad, pero ¡la suya! 

La persona es un misterioso arcano, y siempre puede sorprendernos, y buscar la excelencia y el optimismo de óptimos... Hasta puede ser heroica cuando tiene los motivos adecuados. Ser auténticos héroes.


Pero, a los hijos, es necesario darles todo el cariño y apoyo, y encaminarlos hacia ello. Iluminar un sendero, dar raíces fuertes y alas para que pueda volar alto y abrazar la maravilla, y el riesgo, de su libertad. Es preciso ser un buen modelo y referente, confiar, y ¡dar muchas oportunidades de hacerlo vida!





Se trata de hacer atractivos esos valores humanos nobles que no pasan de moda, personificándolos. Puesto que, las personas, como el buen vino, si luchamos por mejorar, vamos conquistando nuestra mejor personalidad. Vivir
 esos valores, hacerlos hábitos y virtudes personales, al tiempo que intentamos que todos en la familia se sientan muy queridos.





Educar no se parece en nada a domesticar, porque se trata de personas, con inteligencia y corazón, libres y creativas, llamadas a una relación de amor y felicidad con brillos de eternidad. 

No consiste en enseñar unos hábitos sin más, ni mucho menos unos pocos buenos modales, sino de enseñar a usar su inteligencia, a ser críticos, a no aceptar las cosas sin pensamiento propioa llevar el timón de su vida teniendo en cuenta a los demás... Saber comprender, que es abrazar con el corazón. Así serán auténticamente libres, y por tanto podrán amar.       




2) PERSONAS LIBRES... ¡CAPACES DE AMAR!

Formar personas capaces de quererSer libre es tener señorío sobre uno mismo. No depender de apetencias y deseos, de impulsos y necesidades, de recompensas inmediatas, ni sólo materiales, de faltas de carácter... Tampoco reaccionar según el viento que sople. 

Ser "dueños" de sí mismos para poder pilotar la vida, y orientarse hacia una meta valiosa. Cada uno la suya: su misión concreta en este planeta... Algo único por lo que luchar en el tiempo que tenemos.




A veces parece que es más libre el que tiene muchas opciones de elección. Pero en realidad, aunque sólo tenga una, si es la correcta, no se precisa más. Si nos aproximamos al objetivo es que vamos bien encaminados. Te lo contaba en "fomentar la libertad". Por eso, el para qué de la libertad, su mayor y principal fin, es poder amar. Una persona que ama se siente más plena y realizada. Dichosa. Y ¡es libre! Por eso, es necesario fomentar la libertad de los hijos en la dirección adecuada, con metas que les gusten y reten, y les hagan madurar, ¡que tomen el control de su vida!


El ser humano 
es un ser relacional, está hecho para los demás. Como expresa el profesor O. F. Otero, es "un ser de aportaciones”. Estamos diseñados para relacionarnos, para amar, para compartir esa efusividad y plenitud del ser de cada uno. También para recibir, sobre todo
 en función de poder dar más y mejor... Es lo que nos hace más felices.





Porque, la felicidad, con palabras
 de Soren Kierkegaard, es "una puerta" que se abre hacia fuera. ¡Hacia los demás!

Si intentamos perseguir esa felicidad a toda costa, como también señala Frankl, no la alcanzamos; pero, si nos olvidamos de ella y pensamos en los que nos rodean, nos viene dada. Es como una gratificación o recompensa cuando vamos en la dirección adecuada: cuando nos descentramos de nosotros mismos y de nuestro "yo", tan chato a veces, poniendo el centro de atención en los otros. La persona es tan grande, como señala T. Melendo, que "puede darse el lujo de desatenderse" para atender a los otros.




3) UNA ESTRELLA POLAR...


A la hora de encontrar un sentido y enfocarnos a la acción, podemos pensar: ¿cuál es mi misión en este planeta? ¿Cuál es mi estrella polar?Y, ¿qué "brújula" utilizar que nos sirva de norte y de guía? 


Un gran científico, Werner Heisenberg, Nobel de Física, señala un pensamiento muy relevante aplicable en la vida de cada uno:


"Donde no quedan ideales rectores que apunten al camino, la escala de valores desaparece y con ella el significado de nuestras acciones y sufrimientos, y al final sólo se extiende negación y desesperación... La religión es por eso la base de la ética y la ética la presuposición de la vida".



        

Los tres grandes valores existenciales, que ya conocían los grandes filósofos griegos: la Belleza, el Bien, la Verdad, son un referente que ilumina el camino..., y nos puede ayudar. Para así descubrir los propios talentos, y lo que estamos llamados a ser, especialmente cuando otras luces fallan.

Son tres conceptos interconectados. El modo más directo de acceder a ellos es a través de la belleza. Descubrir la belleza de lo auténtico, de lo bueno, de lo noble y valioso. Vivir en la belleza. Y no sólo detectar algo bello, sino generar cosas bellas, hermosas. Cuando se está a gusto, la bondad habla por sí misma, y nos descubre lo verdadero... Te cuento algo en: "¿La belleza nos salvará?".




Es decir, descubrir la verdad sobre nosotros mismos, lo que somos y lo que podemos llegar a ser... Quizá la clave está en ver la realidad tal como es, como señalara Aristóteles. No engañarse con apariencias y relativismos que despersonalizan y confunden, y nos desvían del rumbo. Descubrir la grandeza de cada persona, sus cualidades y su misión: personal, familiar... etc. Citando a Ortega, "la verdad es la única necesidad incondicional del hombre".


La verdad nos lleva como de la mano hacia el bien, porque el bien es su mejor forma, la más plena. Por tanto, partir de la verdad, de la realidad de cada uno, y luchar por mejorar, apoyándose en esas cualidades personales propias de cada uno. Buscar lo que "se abre" hacia los demás.

Entonces, ¿ser o hacer...? Una persona buena realiza buenas acciones; y, cuando hacemos algo bueno, nos tornamos mejores personas. Ambos aspectos se realimentan. Se trata de hacerlo real en cada ocasión que nos brinda la vida. En la relación en pareja, con los hijos, con los amigos... Eso es querer de veras.


Y como consecuencia, esa belleza que irradian ambas. Todo acto bueno es hermoso, aunque no siempre nos demos cuenta a primera vista. Hace falta cultivar la mirada, capacidad de admirar, sorprenderse de lo bello que nos sale al encuentro, y de lo que podemos crear..., para saborearlo, agradecerlo y fomentarlo. Descubrir la belleza escondida en una sonrisa, en un detalle de atención..., en un regalo, en una conversación entrañable, en un paseo con una persona querida, en un paisaje, en la lluvia fina... etc. Y generar belleza, disfrutando de ello.

Estos tres grandes valores son aspectos de la misma realidad, que van muy entrelazados. Es lo que nos puede dar luz y perspectiva. Por eso, la verdad es bella, y la bondad también, iluminan nuestro sendero, y el universo entero.

Es más, la belleza y sus manifestaciones son el camino para hacer que florezcan de nuevo la verdad y la bondad.



4) NUESTRA VIDA

En el paso del "ser", al "mejor ser", está el quid de la mejora personal, y de nuestra vida entera. Descubrir nuestra potencialidad, talentos y fortalezas, la misión personal, y las cualidades de las personas que nos rodean, para desarrollarlas

Buscando motivos que ayuden a luchar por dar lo mejor de cada uno. Esa capacidad de amar que se nos ha regalado, gracias al tesoro de la libertad personal.




Cada uno somos como "una piedra preciosa" por pulir, con unas cualidades insospechadas y diferentes a cualquier otra. Debemos descubrirlas y desarrollarlas, y hacer un mundo mejor con ellas. También ayudar a los hijos... Siendo "a fondo" quienes somos, y aceptando a cada uno como es, apuntar a lo mejor.

Cada persona es única, singular, especial, ¡irrepetible! Y alberga una luz en su interior capaz de iluminar un mundo entero. ¡No la desperdiciemos...! Hagámosla brillar, dar luz y calidez a cuantos nos rodean.



5) CABEZA Y CORAZÓN

Por otra parte, integrar cabeza y corazónPensar con claridad: sobre lo que es conveniente o no, lo verdadero o falso, lo bueno o malo. Ver lo que nos encamina a nuestra meta... Y poner el corazón: disfrutar de la dicha de hacer lo correcto..., de ser amable, generoso, alegre... sobre todo en familia con los seres queridos.

Para ello necesitamos movilizar energías, y entrenar la voluntad en pequeñas cosas. Puntos en los que luchar, que nos vayan aproximando hacia donde queremos ir: una meta. Además, cuando mejoramos en algún aspecto, otros también salen a la luz, pues todo está muy relacionado. Es el principio de armonía.


También calibrando los sentimientos: intentando fomentar los mejores, los más nobles, los que ayudan a ser más empáticos, comprensivos, serviciales. Además aportan más sentido e ilusión a la vida. Y desechar los que no merecen la pena, o nos hacen peores personas: más egoístas, iracundas, envidiosas, "gruñonas"... etc. 

Tenemos la libertad interior de elegir cómo actuar, cómo responder, cómo tratar a los demás. Con corazón.



         

Platón tenía como referencia la belleza. Descubrir la belleza escondida en las situaciones cotidianas, que nos guía a modo de estrella. Fomentar la sensibilidad para apreciar lo bueno y lo bello que se oculta tras el velo de lo cotidiano, y que nos toca a nosotros descubrir... Por eso dirá: "Cuidar el alma, si se quiere que la cabeza y el resto del cuerpo funcionen correctamente". 
     
Este clásico sostenía que, hay que diferenciar qué placeres y qué dolores convienen o no, para aceptarlos o rechazarlos, usando el pensamiento. No todo sufrimiento es estéril: al contrario. 

Por eso es tan importante la calma y la serenidad, las “islas de silencio” y la paz interior para pensar. Ese "parón" nos puede ayudar a poner orden en las prioridades, a descubrir y valorar lo que de veras importa. Ahí entran las personas queridas, la familia, los amigos..., esos principios universales inscritos en nuestro corazón, que avalan el obrar humano auténticamente humano... 






Debemos ponderar las cosas. Las dificultades, como apuntara C. S. Lewis, suelen hacer personas extraordinarias, si cada uno lucha por sacar a la luz lo mejor de sí. Si no nos "acomodamos" en el yo-me-mi, y salimos hacia el tú... Lo cual va dejando un poso de madurez y sentido.


    
Y siempre, ¡fomentando la libertad personal! Es decir, saber tomar las decisiones necesarias para orientar la vida hacia una meta valiosa. Apuntando a la cima, a esa misión personal específica, que debemos acometer en primera persona.

El hombre libre, y auténtico líder, es el que toma la iniciativa: el que hace que las cosas -importantes- sucedan. Se trata de ser proactivos, como señala Stephen Covey, de luchar por cualquier reto, meta, sueño, misión, poniendo el corazón. 





Espero que te haya gustado, y que lo compartas con amigos. ¡Muchas gracias!




Dejo algunos enlaces relacionados: 





 * Caracter y personalidad



                                                                
                                                                               Mª José Calvo
                                                                   optimistaseducando.blogspot.com
                                                                               @Mjoseeopt


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