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viernes, 13 de marzo de 2020

CREAR AMBIENTE DE HOGAR II

      

             CREAR AMBIENTE DE HOGAR II



      Seguimos con el post anterior sobre cómo crear buen ambiente de familia, usando la creatividad y los talentos personales. Dejo enlace abajo. Hemos visto también el amor familiar, y ahora vamos con otras pinceladas...

      1. Ambiente
2. Amor familiar

3. Relaciones personales 
4. Afectividad 
5. Trabajo-estudio 
6. Motivaciones trascendentes
7. Cultura familiar



      



        3. Relaciones personales 

      Crear ambiente de hogar es vital para el desarrollo personal. No solo en edades tempranas, sino para cualquier persona, que necesita de las relaciones familiares. Es importante que alguien tenga tiempo para los demás, que no esté siempre estresado y con cosas más importantes en la cabeza, que el poder escuchar, mirar a los ojos, consolar, animar al otro, a los otros. A veces, hay que suavizar tensiones, comprender desilusiones, compartir proyectos y éxitos, y hablar los problemas..., o simplemente estar. Y, cuando existe para todo esto un apoyo, que brinda su tiempo y su cariño, la vida es mucho más fácil y serena. Uno se siente comprendido y acogido. Feliz.


 Las relaciones familiares siempre deben estar inmersas en amabilidad, corrección, elegancia... Es lo propio de la persona. Cuidar los detalles pequeños, las buenas maneras... Porque, como señala Tomás Alvira, “siempre tienen buen aroma las manos que han tenido un ramo de flores”...



         Por eso, intentar elevar la calidad de las relaciones familiares, dedicando tiempo para pensar, imaginar, y crear alternativas. En las conversaciones, es preciso resaltar lo positivo de  los  demás. ¡Nada de burlas e ironías!: destrozan la convivencia. La palabra es la proyección de cada persona. Hay que pensar y cuidar lo que se dice..., porque, bien empleada, nos puede unir más; mal empleada... destruye y daña.


          Tertulias divertidas, después de comer o cenar... Incluso en las cenas hacer ratos distendidos de conversaciones, donde participan y aprenden todos. Leer juntos: cuentos, libros de aventuras, de catequesis, de chistes... incluso en voz alta. Es algo que les encanta, estimula el lenguaje, el saber hablar en público, o hacer teatro… También se pueden ver pequeños fragmentos de buenas películas, o vídeos, y luego comentarlos..., ver qué les ha sugerido, y así aprovechamos para explicarles el sentido de muchas cosas.






        Aprender a hablar, a comunicar lo que llevamos en el corazón. También tirarse al suelo con ellos, si son pequeños, para conectar, hablar, disfrutar. Jugar a decir cosas buenas de todos, porque en lo bueno se conoce mejor a cada uno. Y, en los momentos bajos, ¡pon el bálsamo de tu sonrisa!



    * Los problemas que surgen son oportunidades para hablar, pensar, reflexionar, conocerse... y ¡quererse! Enfocarlos como retos, y así animan en la lucha.


* Confiamos en los hijos cuando les presentamos imágenes positivas de sus actuaciones. Y confiar incluso en aquella faceta que más les cuesta. De esta forma, les motivamos a que luchen por ello. Si no lo logran, no pasa nada: ¡se intenta de nuevo! La confianza y el cariño son como "el horno" donde se cuece la mejor personalidad de cada uno.



 * El valor del esfuerzo. Deben saber que las cosas no salen solas, ni por casualidad: hay que poner pensamiento, esforzarse, e intentar logarlo una y otra vez. 

    

* Vivir el perdón. Es necesario que nos vean pedir perdón, cuando nos equivocamos, o herimos a alguien, y perdonar, cuando nos hacen algo que nos molesta. Aunque no nos lo pidan... El perdón sana las heridas, porque liberamos al otro de la culpa, y nos liberamos  a nosotros mismos de sus consecuencias.

      Como señala Stephen Covey, perdonar es un verbo, pues ¡perdona!, o ¡pide perdón!…, según las circunstancias. No somos perfectos, nos equivocamos muchas veces, lastimamos a los que más queremos, precisamente porque los queremos. Pero, ¡podemos rectificar! y permitir un nuevo comienzo. 




    
     4. Afectividad y corazón

        Tener en cuenta la formación de la afectividad y del corazón de cada hijo. Enseñarles a amar, sobre todo con nuestro ejemplo. La forma en que nos tratamos los padres es vital para ellos. Darles luz para la inteligencia, ideas claras, que aprendan a pensar por cuenta propia, y voluntad entrenada en el día a día. Que sean dueños de sus acciones y puedan acometer retos. También cariño y calor para el corazón. 


        Enseñarles a poner su corazón en lo que de veras vale la pena, desde muy pequeños. Y explicarles que el amor consiste en querer a otra persona más que a uno mismo; en dar, más que en recibir. Y tiene mucho que ver con la generosidad y la empatía. Y se concreta en el compromiso...






  5. Trabajo y estudio

        Exigirles que lo hagan bien aunque estén cansados, haciéndoles ver que ese detalle pequeño, o ese último esfuerzo, lo agranda. ¡Nada de chapuzas! Que aprendan a responsabilizarse, aunque sea trayendo algo para el hermano, o enseñándole a leer... o, limpiando la casa, el coche, organizando las vacaciones… etc., según la edad y gustos de cada uno.






  6. Motivaciones trascendentes

        Son las que dan más sentido a la vida. Que aprendan a hacer las cosas por su valor intrínseco, por el bien que aporta o la belleza de esa acción. Eso nos mejora como personas. Incluso por los demás: por ayudarles y alegrarles la vida. 

      Estas motivaciones nos dan mayor satisfacción, por hacer lo correcto, y descubrimos una nueva dimensión en la vida, como en "3D": con más relieve y profundidad. La espiritualidad es como la hoguera que nos da su luz y su calor en todas las circunstancias.



Cuando actuamos así crecemos como personas, porque los actos buenos perfeccionan a la persona: nos hacen mejores personas. Van creando hábitos y virtudes que nos mejoran.


       En este sentido, podemos orientarnos por algo que nos indique el norte, a modo de estrella polar. Como expresa el profesor Oliveros F. Otero, el "trinomio" bien-verdad-belleza, que ya señalaban los eminentes filósofos griegos, nos puede guiar. Son distintos aspectos de la realidad, que van muy entrelazados entre sí. La belleza atrae y arrastra..., esponja el alma.







        Quizá el secreto está en ver la realidad tal como es, que en eso consiste la verdad. Es decir, procurar conocer la realidad objetiva de las cosas, y en especial de las personas

      También hacer las cosas bien, y querer el bien de los demás, sobre todo en familia, que cada uno logre lo mejor de sí. Su mejor versión. Amar es querer el bien del otro, es decir, ¡que sea bueno!


        También percibir y disfrutar de la belleza. De un paseo por la costa, de un amanecer, de una música, de unos colores bien armonizados en un lienzo... Así como descubrir la belleza de una sonrisa, de un detalle de cariño, de la familia, de ese empeño por alegrar la vida a los demás. Porque, la belleza es el esplendor de la verdad y de la bondad. Y lo que llama nuestra atención, porque es hermoso.




       7. Cultura familiar

       De esta forma, todos en la familia luchamos por dar lo mejor, y nos ayudamos. Se crece juntos como familia, ayudados y motivados por el ambiente de cariño hondo. Cada familia es única y singular, y así se promueve la propia "cultura familiar". 

     Además, servirá de antídoto a nuestros hijos ante algunas modas despersonalizadoras, en especial con adolescentes.




       Para lograr todo esto nos podemos apoyar también en cortes de buenas películas, con valores humanos nobles. Por ejemplo, "Mujercitas",  de Louisa May Alcott, con ese ambiente familiar entrañable, o "Sonrisas y lágrimas", o "El Señor de los Anillos", de New Line Cinema, en la que se ve muy bien ese optimismo y confianza de Gandalf, la amistad y lealtad, y esa lucha por lo mejor de cada uno... y siempre con esperanza. 
         
                                    




Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡Muchas gracias!


Dejo algunos enlaces relacionados: 





Dirección y liderazgo en la familia III





                                

                                                    


                                           
                                                             Mª José Calvo
                                                  optimistas educando y amando
                                                             @Mariajoseopt



URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2020/03/crear-ambiente-de-hogar-ii.html

lunes, 25 de junio de 2018

CUIDAR LOS AMORES EN VACACIONES



     
     
                                      CUIDAR LOS AMORES EN VACACIONES


       
Llega el momento esperado durante todo el año… Días para desconectar y descansar. Para disfrutar en familia, y hacer actividades que requieran menos esfuerzo y nos explayen.




        
Aprovechar para compartir tiempo y cariño con quienes más queremos. Para estar más unidos en pareja y hacer equipo, en esa aventura apasionante de formar una familia.




        
La familia es el lugar por excelencia del cariño y de la afectividad. También de la creatividad, porque nace del amor. Como señala Chesterton, es como un “cuento de hadas”, un mundo incalculable con sus leyes propias y extrañas, donde cobra sentido la afectividad de cada persona y su realización como persona. Aprender a percibir las cosas con la mirada de un niño, con su asombro y mirada nueva, con saber contemplar la realidad con esos ojos que descubren lo bueno y bello, sobre todo en las personas… 





       
Porque, en familia se intenta que las personas sean lo más importante, y por tanto la relación con ellas también. Ponemos el corazón en ello.





      
Surge de su núcleo, que es el amor de los esposos, que se desborda eficaz hacia los hijos. Y ese amor se concreta y se plasma en infinidad de cosas y de detalles cotidianos que podemos cuidar más estos días. 

        
Por ejemplo, en hacer que el otro sea lo más importante para nosotros, porque lo llevamos en el corazón… Y, porque damos prioridad a nuestra relación, a cuidarla y mimarla, a custodiarla. Lo más valioso que tenemos y lo que nos da su energía para superar todo tipo de vicisitudes y retos. Así, aprender a amar, a poner del corazón en quienes tenemos cerca en familia.


        
Por otro lado, para amar se precisa una personalidad madura, que sepa enfocarse más en el tú, que en el propio yo. De esa forma, descubrir y fomentar el bien de esa persona, ayudarle a lograr su mejor personalidad. En pareja, formar una unidad-de-dos, un equipo, ser verdaderos amigos y apoyarse mutuamente.





           
Construir una relación estable lleva su tiempo y su mimo, pero siempre compensa con creces. La familia es el lugar donde nace cada persona, se siente querida, y puede lograr su mejor personalidad al amar a los demás. Muy en especial, en la propia pareja.


             
Cuidar el amor, comprender al otro en su forma de ser, de pensar, de hablar, de amar, de educar a los hijos… Tener en cuenta las diferencias entre varón y mujer. Incluso para apoyarnos en ellas a la hora de hacer un esfuerzo, para hacer equipo sinérgico y transformarlas en fortalezas.




                  
Por ejemplo, a la mujer le gusta acoger a todos en sus corazón, y es más intuitiva y sensible. Al varón le gusta resolver problemas, capta la globalidad de las cosas, y necesita que ella lo admire por sus cualidades. A ella le gusta hablar y expresar sus sentimientos. No siempre para que le solucionen los temas, sino para compartirlo y conectar con él. Maneja bien la afectividad. En cambio a él no le gusta tanto hablar de sentimientos.

        
Tener en cuenta todo esto facilita la comunicación, base para comprender, conectar y quererse. Cuidar la convivencia. Y es la forma de lograr sinergia. 

               
Pero, ¿cómo se mejora la comunicación…? Mediante las palabras, las miradas, los gestos…, sin “suponer” lo que va a decir, sino escuchando con cariño, mirando a los ojos, desde el corazón, abriéndolo de par en par. Y acogiendo al ser querido para que se pueda dar.


           
El termómetro de la comunicación es la confianza. Cuando hay confianza es fácil decir las cosas, incluso intuirlas; pero si falla, no se puede conectar bien con la otra persona. Y cuesta contar lo que llevamos en la cabeza y en el corazón...


             
Crecer en el amor, luchar por dar lo mejor de cada uno pensando en el otro. Si no, el amor se va empequeñeciendo... Estar siempre dispuestos a dar amor, y acoger lo que el otro brinda, sin cortar iniciativas…



           
Preguntarnos con frecuencia dónde tenemos el corazón es importante para ver si vamos por el camino adecuado. Si ponemos al otro en el centro de nuestros afectos, si le dedicamos el tiempo y la atención precisa…, o, si nos perdemos en mundos paralelos con tecnologías o trabajos que impiden “construir” esa relación y la familia… Porque, al fin y al cabo, lo que no se cuida y se ”riega” día a día acaba por secarse y marchitar…



       
Cuidar la familia, fruto de ese amor en pareja. Pensar algunos objetivos, y concretar planes de acción para hacerlo más real. También dedicar tiempo de tertulias distendidas, hacer ambiente cálido y alegre donde se tienen en cuenta a los demás, y donde es fácil luchar por dar lo mejor de cada uno. También lograr la participación de todos en las tareas del hogar…, mediante esos encargos y responsabilidades compartidas.

       
En esos ratos tan entrañables, se puede contar lo bueno de los demás, pensar un "enunciado de misión familiar", escuchar anécdotas, organizar encargos... Hablar de temas que interesen, comentar libros y películas de una temática concreta…, crear sorpresas y planear excursiones que ilusionen… Es decir, procurar que sea divertido, motivador y entusiasmante convivir y trabajar en la familia.




* Algunas claves para disfrutar del verano en positivo


1- Ver primero lo bueno de las circunstancias y de las personas. Destacando lo bueno que hacen, cambiando el “chip” si no estamos habituados a ello, porque es mucho más eficaz y saludable. Además crea ambiente positivo y alegre que facilita luchar por lo mejor de cada uno. Valorar el esfuerzo personal.



2- Organizar bien los encargos para que todos podamos disfrutar y descansar. Intentar simplificarlos, y así tenemos más tiempo para conversar, leer, hacer excursiones y disfrutar juntos. 

3- Participar todos en la marcha de la familia. Es la forma en que los hijos, y en especial los adolescentes, se puedan integrar mejor: haciéndoles partícipes de algunas decisiones, de la responsabilidad que conllevan, valorando sus ideas, agradeciéndolas… y que ayuden a los demás. Exigir sin "quebrar"... 


La familia es un trabajo en equipo, y hay que procurar desarrollar una dinámica familiar en la que cada uno pueda dar lo mejor de sí, pensando en los demás, y rodeado de cariño.


4- Tiempo uno a uno: primero con el esposo/a, y también con los hijos, para que se sientan queridos, escuchados, valorados y comprendidos. Para ello, primero hay que saber escuchar, no solo con los oídos, sino también ¡con el corazón! Que no es sinónimo de interrogar... Es la escucha empática que nos abre las puertas de la comprensión y del cariño.

5- Cultivando la amistad en familia. Es lo que tiende lazos que unen, por donde se intercambian sentimientos, ayuda, empatía y cariño de la mejor textura. También con las familias amigas.




6- Desarrollando habilidades emocionales. Ver cómo se sienten los demás, qué necesitan, qué les preocupa, comprendiendo, ayudando, viendo más allá de sus palabras…, para sintonizar y compartir momentos clave. Hablar de sentimientos: todo el rico mundo emocional se aprende en familia. También enseñar a poner pensamiento y controlar lo que nos hace peores personas. Que seamos partícipes de sus alegrías y dificultades, que sepan que siempre pueden confiar y contar con nosotros. Y actuar en consecuencia. 




7- Mucha "politesse", y valorar el poder del perdón, tanto al darlo como al recibirlo, para sanar heridas. Porque les queremos mucho más de lo que puedan fallar...




              
En definitiva, para alegrar la vida a todos en la familia con gestos y detalles, agradeciendo los que tengan con nosotros. Además, es una forma de motivar y estimular lo mejor de cada uno. 


      
Una frase que hace pensar, pronunciada en un Congreso mundial con representantes de muchos países...: “Si quieres la paz del mundo, ve a casa y ¡ama a tu familia!” De la Madre Teresa de Calcuta, Nobel de la Paz.




Espero que te haya gustado el post, y puedes compartir con amigos. ¡Gracias!



Dejo algunos enlaces relacionados:



      * Ambiente familiar 



      * Sinergia en pareja 

       Vacaciones-la-vista con más actividades para el verano...
 
       * Nuestro-mejor-proyecto (amor de pareja)


       * El amor y el perdón

       * Libros-y-peliculas en familia para el verano

       *Adolescentes-"soltar-amarrras"-I  

      

       * ¿Conciliar, integrar?: "¡si-quieres-puedes!, ¡y logras sinergia!

       * Estimular la fortaleza


      
 
                                                                                                                                                         
                                                                     

                                                                                   Mª José Calvo
                                                                     optimistas educando y amando
                                                                                   @Mariajoseopt




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