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miércoles, 8 de julio de 2020

BUEN FEELING EN PAREJA

 


                                                DOS ASPECTOS DEL BUEN AMOR

        
Qué importante es cuidar el amor, como un buen "jardinero" cuida su jardín. El amor es lago vivo que, si no se riega y se alimenta constantemente, se puede ir debilitando, secando y marchitando. Y acaba por morir. Por ejemplo, con atenciones y admiración, con ternura, con asombro y agradecimiento, con delicadeza y servicio gustoso, con amistad y perdón...

          
La amistad lo hace más hondo y duradero, acompaña a la pasión inicial a lo largo de la vida, concretando  y solidificando la unión de los dos: estableciendo lazos fuertes, como dijera El Principito.



Hay que poner ilusión para hacer realidad ese proyecto a lo largo de los días. Y la ilusión deriva del amor: del querer de veras, y del sentirse querido por la otra persona. El sí quiero es el punto de partida para ir amando más y mejor, de manera que se vaya aprendiendo a amar de forma excelente. Es decir, poniendo al ser querido en el centro del corazón. 

      
Amar es pensar primero en el otro, es darse, es entrega y gratuidad... Y es querer regalarle la propia persona, hasta lo más profundo del ser: nuestra intimidad. Y también acoger: "dejarle ser" quien es, como diría Julian Marías, con sus cualidades, no intentar cambiarlo, y acoger lo que nos entrega.



    
      
Así, hacer real esa unión de dos personas en el amor. Construir "lo nuestro", hacer equipo con esa persona tan especial, con la que uno quiere compartir la vida entera. Saber que, en ese equipo, si tú ganas, yo gano.



     
En el amor hay que cuidar los dos aspectos de la relación. Entregar, y entregarse, y acoger a la persona querida. En esto consiste la reciprocidad del amor. Cada uno se entrega al otro, que le acoge. Si no hay quien le acoja, no podrá darse... Por eso estar atentos, no cortar iniciativas. Y no es menos amor el acoger, sino que precisa más finura..., dejarle el protagonismo al otro.

      
Amar es como un diálogo entre el dar y el recibir. Una corriente de ida y vuelta de pensamientos, afectos, sentimientos, ilusiones, anhelos, esperanzas... Todo entra en ese diálogo: sin secretos con quien más se quiere en este planeta.

     
Por eso es necesario establecer una relación fluyente entre los dos: dar y recibir. Ver sus cualidades singulares, ¡únicas!, mantener la admiración viva por esos talentos que hemos descubierto en la otra persona, por ese esfuerzo que pone en ser amable y en querer... Percibir sus fortalezas y todo lo bueno que posee, porque, al mirarle con cariño, se descubre lo mejor del otro. Y eso enamora. 
      

De esta forma se puede agradecer, y fomentar. Ademas, sus cualidades propias son el camino hacia su perfección como persona: hacia su plenitud. Quererle tan cual es, y animarle a desarrollar todo ese potencial... Ahí se forja la felicidad. Y no tanto en sentirse "a gustito"... Y nos ponemos a su servicio para ayudarle a conquistarlo... Aquí entra en juego la cabeza, además del corazón, y todo nuestro ser: el cariño convertido en obras. 

Si la mirada se vacía de cariño, sólo se verán diferencias, manías y defectos... Salta la alarma... Y el remedio sanador siempre es aumentar la dosis de cariño, aunque a veces duela. 




   
* Cuatro ideas para un buen "feeling" en pareja




       
1- Ser empático y ama-ble, en la forma más propia de la expresión. Es decir, dejarse querer, ser agradables de amar, ponérselo fácil a la otra persona. Y tener empatía, tan propia de la persona: usar las "neuronas espejo"... Como señala Melendo, ¡facilitar el amor!

       
Aprender a "provocar" amor. Procurar ser una persona que pueda ser amada, que intenta pensar en el otro antes que en sí misma. Que le facilite la tarea. Así estimular su amor, y enamorarle. 

      
Y se manifiesta de mil maneras. Por ejemplo, poniéndose atractivo para que el otro disfrute, reflejando la belleza personal por esas cualidades y virtudes que se lucha por adquirir... Es la forma de hacer más estimulante y grata la convivencia, y de mantener viva la sensualidad y el cariño. Cuidando los sentidos, que alimentan los afectos y el amor.

       
Otra forma, relacionada más con el carácter de cada uno, se traduce en cuidar la delicadeza en el trato, las formas, la sonrisa, las contestaciones..., que también construyen esa amabilidad personal.

        
Cada uno tiene la tarea de estimular el amor del otro, suscitar su amor, siendde veras muy amable... Como en la época del noviazgo.





        
 2- Entregarse y acoger a la persona querida 

     
Cada uno se da en la medida en que va a ser acogido... Por eso, entregar y acoger van muy entrelazados, y hay que cuidar ambos aspectos en el amor.

    
La sociedad actual es muy individualista, muchas personas son autosuficientes: no quieren depender de alguien, o, viven encerradas en sí mismas pensando que así serán más felices. Y el amor es gratuidad, efusividad, entrega. Requiere pensar en el otro. Y la generosidad es una cualidad imprescindible, de la que depende el éxito de la vida en pareja. Con personalidades inmaduras el amor no llega a su plenitud, más bien no da la talla... Y es una pena, porque engañarse en amores, como señala Kierkegaard, no tiene recompensa, ni presente, ni futura.


       
La clave para ser feliz es darle prioridad al túEl único modo de "quererme bien", como tanto se dice, pero no siempre bien enfocado, es estando pendiente del otro. Apunta Mark Twain: "la mejor manera de alegrarte es intentar alegrar a alguien". Muy en especial a la persona querida. Es decir: "Salir del vivir para mí, y alcanzar el vivir para ti", que dijera J. B. Torelló.




       
3- Una aventura para dos

       
El día del "sí quiero" es el punto de partida de la aventura: amar más y mejor al ser querido. Así mejorar como persona, pensando en el otro. Cualquier esfuerzo es nada cuando se está enamorado, y si se hace por amor, todo compensa. Y ¡compensa de veras...!


     
Con el tiempo, el "yo" puede surgir una y otra vez, y hay que estar atento a centrar la mirada y el corazón en la persona querida. Que el propio ego no invada la relación, para que el amor sea el gran vencedor. El "yo-me-mi-conmigo" reiterados, tan en boga, asfixian el amor.

     
Ser conscientes de que, lo que no se hace por amor, no sirve, no construye, o incluso puede hacer daño. Ya que, en el amor sólo se "tiene" lo que se da... Y, sólo el amor une; si no une, no es amor. Parece un poco paradójico, pero así es.


     
Por tanto, hay que cuidar y trabajar el amor día a día, con rectitud de intención, poniendo a esa persona tan querida en primer plano. Pensar pequeñas cosas que aporten, necesite, le gusten, y hacerlas operativas. Enfocarse en el otro, en quererle, en ayudarle a lograr su mejor versión. Admirando sus cualidades y fortalezas, y valorando su empeño en querer. Todo ello es algo que une.




      
Además, la felicidad no se logra persiguiéndola, ni pensando en el propio yo, sino que, como hemos visto muchas veces, y señala este gran humanista, Tomás Melendo, es directamente proporcional a lo que uno es capaz de amar a los demás, y en concreto al ser querido. Es la consecuencia de crecer como persona, que a su vez deriva de aprender a amar con un amor incondicional, con un amor maduro.


      
         
Es preciso empeñarse en cada momento por comunicar el amor, demostrar ese cariño con los pequeños gestos y atenciones. Enamorarle y enamorarse cada día más de esa persona tan querida.
  
     
         
4- Tiempo y cariño, "querer-querer" 

     
Cuidar el tiempo juntos para disfrutar de su compañía. Cada día un rato para conversar y "estar" simplemente con el otro, para disfrutarle. Cada semana, buscar una tarde libre para los dos, un café, una excursión, una salida, una cena... Usar la creatividad y concretar.




   
Y siempre, pensar cada día unos detalles hacia la otra persona que demuestren ese cariño, que vayan construyendo y consolidando dicho amor. Para ello, pensarlo, buscar el momento, apuntarlo en la agenda, porque si no, se suele "evaporar" con las tareas del día a día. Hacer que las cosas importantes sucedan, como señalara Stephen Covey.
   
Aprender a ser romántico, no tener miedo de mostrar ternura y afectividad rica, ni a demostrar los sentimientos. El corazón se alimenta de los sentimientos, y hacen crecer el amor. Experimentar la dicha de hacer feliz al otro, ¡saborearlo! Es otra forma de crecer en el amor.



          
Hacer atractivo el enamorarse cada día más de la otra persona. Si no se cuida y se trabaja, con el tiempo puede desaparecer ese cariño y ese estado tan entrañable. Es nuestra misión, y responsabilidad, enamorarnos cada día más, y enamorar a la otra persona. 

Poner en juego la inteligencia y las habilidades emocionales para hacer crecer el amor recíproco. Y "querer-querer": la mejor forma de hacerlo real, con grandes sentimientos, o sin ellos; cuando sale solo, y cuando cuesta un poco más esfuerzo, pero ¡siempre compensa! Te lo contaba en otro artículo: "Amar con todo el ser". 





      
Espero que te haya gustado, que comentes y compartas con tu familia y amigos. ¡¡Muchas gracias!!



Dejo algunos enlaces relacionados con el tema:























                                                                                                                                                                            
                                                         Mª José Calvo
                                           Optimistas Educando y Amando 
                                           optimistaseducando.blogspot.com
                                                        @mariajoseopt     



URL:
http://optimistaseducando.blogspot.com/2020/07/buen-feeling-en-pareja.html

martes, 8 de noviembre de 2016

EL ARTE DE LA CONVIVENCIA EN FAMILIA




                               EL ARTE DE LA CONVIVENCIA EN FAMILIA


         
La familia es el lugar por excelencia de la persona, y de su formación en cuanto persona, porque nace del amor y manifiesta el amor. Algo intrínseco a la persona. Es la "escuela" del más rico humanismo, donde cada uno se siente de veras querido por ser quien es, y donde se aprende a querer a los demás logrando una plenitud personal cada vez mayor. Y así se es feliz.

         
Una cita con gran calado del genial G.K. Chesterton: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen… no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”.





        
La familia es lo mejor que podemos tener y lo más valioso. El ámbito donde cada uno se realiza como persona en ese entramado de las relaciones auténticamente personales inmersas en cariño. Un padre y una madre valen más que cualquier universidad...

       
Por eso es necesario hacer buen ambiente, adquirir buen tono humano, alegre y optimista, con sentido del humor, que lleva a ver todo lo bueno de los demás, incluso en las circunstancias más adversas. Es uno de los puntos clave para que los problemas no desanimen, cobre su verdadero valor, o se relativicen, y propicia una buena convivencia donde es fácil luchar por dar lo mejor de sí pensando en los demás.




        
En ella cobra sentido cada persona, y su afectividad, el que se sienta muy querida, porque se intenta que las personas sean lo más importante. Ponemos el corazón en esas relaciones.




           
Y surge de su núcleo, del amor de los esposos, que se desborda eficaz hacia los hijos. Origen de ellos, y lo que precisan para crecer y desarrollarse como personas. Ese amor se concreta y se plasma en mil detalles a lo largo del día y de los días.





       
Para ello, es necesario priorizar la relación de pareja: hacer que el otro sea lo más importante, porque lo llevamos en lo más íntimo del corazón. Por eso hay que mimar la relación, cuidarla, protegerla, custodiarla, para que pueda mejorar con el tiempo como el buen vino. Nos casamos para querernos, para ayudarnos mutuamente a lograr lo mejor de cada uno, a la luz del cariño, con la fuerza de ese cariño. 

       
La convivencia es difícil si no concretamos ese querer, si no lo trabajamos, si nos dejamos seducir por el "yo", tan egótico muchas veces... Querer significa pensar en el otro, mirarle a los ojos, buscar tiempo para hablar, para divertirse, para hacer cosas juntos…, ver lo que necesita, lo que le alegra, sonriendo aunque no apetezca mucho... Desplazando el centro de atención del yo al tú del otro, como apunta J.B. Torelló, la madurez del amor. Trabajar los pequeños detalles que hacen la vida entusiasmante.

             
Se trata de poner al ser querido en el centro de nuestra vida y de nuestros afectos, teniendo un alma generosa, cediendo, aprendiendo a contemplarlo… Buscando su bien, como ya señalara Aristóteles. Es decir, que sea bueno, que sea mejor, partiendo y haciendo énfasis en sus buenas cualidades y fortalezas. Y no tanto en lo que sale mal...


Muchas veces la alegría hunde sus raíces en forma de sacrificio gustoso por quienes amamos. Priorizar a los otros, hacerles la vida agradable. Es lo que nos hace felices y lo que convierte una casa en un “hogar” cálido donde todos están a gusto, donde se tienen ganas de volver, porque se respira paz y alegría. Como decía Oliveros F. Otero, la mesa es el mueble de la comunicación…, donde se aprende lo importante de la vida.





De ese modo, intentamos sacar tiempo para estar juntos, para comprender y sintonizar, para compartir pensamientos, sentimientos, que es lo que más nos enriquece la vida. Intentando seleccionar los mejores y más finos, fomentándolos con agradecimiento, y desechando lo que no merece la pena o nos hacen peores personas.

       
Así, al ser querido le hacemos partícipe de nuestra vida, y se convierte en ese amigo incondicional con el que queremos compartir la existencia entera, con sus más y sus menos, porque le queremos infinito. Y es precisamente el que nos colorea todo el universo...





      
Las relaciones familiares se alimentan de las conversaciones, que son la forma de intercambiar intimidades, porque son un diálogo de pensamientos y afectos. Y no salen solas, hay que poner intencionalidad, pensar qué tema o asunto se habla en cada situación, mirando las necesidades del otro, compartiendo lo que tenemos en la cabeza y en el corazón. Escuchando con el corazón... 

Así aprender a comunicar, hacer partícipe al otro de los propios sentimiento, anhelos, necesidades, alegrías. Es como abrir el corazón y trasvasar el contenido de nuestro interior a la persona querida, la cual nos acoge to toda su riqueza y vitalidad.


        
El dejarse llevar de las prisas no favorece la comunicación, ni la empatía. Hace que tengamos un trato superficial, que no comprendamos los estados del alma del otro. Y es una pena, porque esa ternura es lo que da fuerza en el amor y hace sentirse entrañablemente querido, querida. Para dos que se aman ¡lo pequeño es siempre grande!


         
Descubrir la importancia de los detalles en la convivencia. De esa forma nos descubrimos como personas, y también descubrimos a los demás en sus mejores actuaciones. Nos quedamos con lo mejor de cada uno, que es el modo de conocerlos de veras. Te lo contaba en el post: "Descubriendo a Mr. Banks".





        
Además el amor es muy agudo y clarividente: permite ver esas cualidades del otro en las que es especial, y toda esa grandeza a la que puede llegar si le ayudamos a desarrollar con buen ánimo y cariño. Por eso, debemos descubrir sus fortalezas, sus cualidades especiales y singulares, para que las pueda fomentar. Así poder tener una actitud optimista, esperanzada, agradecida con la vida.



Y aprender a perdonar lo que sea preciso, porque, como señala una gran pedagoga y filósofa, Jutta Burggraf, todos somos más vulnerables de lo que parece y muchas veces necesitamos más cariño del que podemos merecer… Hay que liberar esos rencores, culpas y prejuicios. Como dijera Walt Disney: “La vida es demasiado corta como para no perdonar…” No acabar enredados en discusiones tontas, ni carcomidos por el rencor.




Se puede lograr una comunicación fluida y entrañable, y una grata convivencia, al tener en cuenta al ser querido, al compartir ideas, sentimientos, ilusión, trabajo en equipo…, preocupaciones, detalles concretos. Aprender a ceder, ser flexible. Y se puede llegar al fondo del alma de la persona que nos ilumina el mundo, descubriendo la dicha de caminar juntos hacia una meta noble y bella, más allá de las fronteras del tiempo. 

      
Aquí es importante la empatía para comprender sus estados afectivos, más o menos oportunos, y ponernos a su disposición en lo que pueda necesitar teniendo un alma grande y generosa, libre, capaz de querer, sobre todo a esa persona tan especial con la que soñamos juntos. 







Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡¡Muchas gracias!!


                                                                      Mª José Calvo
                                                                      @Mariajoseopt
                                                            optimistas educando y amando




Pongo algunos enlaces relacionados:







  *¿conciliar, integrar?: "¡si-quieres-puedes!, y logras sinergia

  * Reforzar-el-cariño

 


                                                    






                           

 Dejo el artículo publicado en la revista "Hacer Familia": 






URL del post: 
https://optimistaseducando.blogspot.com/2016/11/el-arte-de-la-convivencia-en-familia.html