VOCACIÓN Y PROYECTO PERSONAL
Cada persona es única, singular, y posee unos talentos específicos que se perciben en su personalidad. Por eso, qué importante es tener espacios de silencio para pensar, ver cómo somos, qué ilusiones nos rondan... Intentar conocerse, y aceptar la realidad de lo que uno es. Porque cada uno somos una persona especial, llamada a algo grande, en busca de sentido y belleza...
Y es más, somos seres relacionales, diseñados para los demás, y necesitamos de los otros. Tener amigos, poder compartir y dialogar es importante, y base de una buena personalidad.
Por tanto, pensar por cuenta propia, poner palabras a esos pensamientos, hablarlo con alguien de confianza que nos pueda comprender, hacerse buenas preguntas que invitan a reflexionar...
Señalaba Pascal que para una vida plena lo primero es pensar. Sin embargo, sabía que el corazón tiene razones que la razón no entiende. Hay que contar con todas las facultades personales: el pensamiento, la voluntad para actuar como pretendemos, la imaginación y el corazón, que aportan más fuerza y vitalidad en la dirección que queremos avanzar, pero con un "norte" que nos guíe.
Partir la realidad de lo que somos: seres singulares, con unas cualidades propias. Y desarrollarlo para crecer como personas. Construir una personalidad con belleza interior, que no la erosiona el tiempo: al contrario. Por tanto es necesario conocerse y aceptarse: yo y mi circunstancia, apuntaba Ortega.
Y ser conscientes de que hemos recibido mucho: para empezar, la vida. Hemos sido amados, tenemos una familia, lo cual da energía para poder amar y volar alto... Porque, da más fuerza sentirse amado que saberse fuerte, pues la certeza del amor nos hace invulnerables. Y siempre agradecer, como descubriera G.K. Chesterton: con asombro agradecido.
Así, partiendo de cómo somos, de las cualidades de cada uno y de sus talentos, apuntar a metas valiosas que atraigan y entusiasmen. Ver qué anhelos habitan en el corazón... Algo que llegue muy dentro de uno y apasione. Por ahí se encuentra la vocación.
Por eso es muy relevante fomentar esas cualidades y habilidades peculiares, cultivar esos talentos, quizá algo ocultos, vivir unos valores humanos nobles que consoliden en hábitos y virtudes, que dan mayor libertad y nos hacen mejores personas. Es decir, apuntar a acciones buenas, nobles, bellas, tomando las decisiones oportunas en esa línea...
Una auténtica conquista personal que posibilita descubrir la propia vocación, y realizar ese proyecto concreto que tenemos que ir desplegando en la vida. Tanto en lo personal, familiar, o de trabajo.
* Proyecto personal: ser uno mismo
Escribía T.S. Eliot: "en mi principio está mi fin". Plenitud en potencia condensada desde el momento en que hemos sido concebidos. Ahí está el "tesoro escondido"... Ser uno mismo, no lo que otros piensan o creen que debo ser. Valorar la propia singularidad, y la libertad personal, que posibilita "llegar a ser" lo que cada uno esta "llamado a ser". Sin libertad no se puede ser, no se puede amar: el mayor anhelo y necesidad del corazón humano.
En este marco, es importante tener en cuenta la dimensión relacional de la persona. Las relaciones interpersonales son vitales, y fuente de auténtica realización. La persona es "un ser de aportaciones", y se encuentra mejor cuando puede relacionarse con otros y ayudarles. Querer el bien del otro es la esencia de esas relaciones: de amistad, de amor...: ya lo afirmaba Aristoteles. Y con ellas, el cerebro despliega su potencial: secreta sustancias mensajeras neuroplásticas que le permiten un mejor funcionamiento neurológico.
Aterrizando en la vocación, es un camino concreto y singular para cada uno que da sentido y relieve a la vida, partiendo de sus cualidades singulares. Una llamada a ser, a pensar, a actuar, de una forma concreta, dice Alexandre Havard. Se trata de desarrollar esa vocación específica de cada uno. Lo cual está muy relacionado con la misión personal, más enfocada en algo concreto y específico, que nadie más podría hacer.
Todo ello va conformando un estilo de vida único, con esa vocación, que se trasluce en un proyecto de vida ilusionante. Con miras altas...
Reconocerse cada uno como lo que es, como quien es: una persona única, irrepetible, particular, exclusiva. Un ser para la belleza. Pararse a pensar, como apuntara J.R.R. Tolkien, "qué hacer con el tiempo que se nos ha dado"..., buscando la excelencia en lo que se elija.

Se trata de forjar una buena personalidad, y centrarse en lo que a cada uno le "llama" desde lo más hondo de su ser. Poner entusiasmo, motivación y corazón en aquello que piensa y decide hacer, y luchar por ello. Con apertura a los demás, diálogo, y buenas relaciones personales, que engrandecen la vida.
Y, pensando en lo profesional, tan relacionado con la vocación, uno debe ver qué se le da bien, qué le ilusiona, visualizar preferencias y sueños... para enfocarse en algo que aporte a otras personas.
Saberse querido ayuda a desarrollar todas esas posibilidades, y descubrir la vocación y misión específica, agradeciendo todo lo recibido. Ahí cada uno encuentra más sentido y propósito, dando coherencia y solidez a la vida. Y ese legado para otros... pues trabajar es construir bienes para otros: "el incógnito del amor", con palabras de Nicolás Grimaldi.
Siempre con optimismo, para apuntar a lo mejor, que da fuerza, ánimo y motivación para luchar por ello. Con valores que dan sentido, y motivos trascendentes.
Porque, para una vida plena, con “poso”, además de las capacidades y cualidades de cada uno, todos necesitamos reflexionar, armonizar cabeza y corazón, y pensar en los demás. La comprensión y la empatía son muy importantes: base de las buenas relaciones personales. Lo cual nos hace más felices.

Espero que te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. Descubre tus talentos y ponlos en marcha... 😉
Mª José Calvo
URL:
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