Translate

Lograr armonía familiar

TEMAS... para el buscador.

  • OPTIMISMO
  • FAMILIA
  • VALORES
  • LIDERAZGO
  • EDUCACIÓN
  • PERSONA
  • NEURODESARROLLO
  • EDUCAR POR EDADES
  • MARCOS DEL DESARROLLO PEDIÁTRICO
  • PREADOLESCENTES
  • MUJER
  • AMOR EN PAREJA
  • ADOLESCENTES
  • EL PERDÓN
  • EL DOLOR
  • PELÍCULAS
  • TIC Y NNTT
  • NAVIDAD

viernes, 31 de octubre de 2014

PREADOLESCENTES: ENSEÑAR A MANEJAR EL TIMON II, LA INTELIGENCIA.

       


                         "ENSEÑÁNDOLES  A  MANEJAR  EL TIMON" II.

                     
                                       LA  INTELIGENCIA 


              En lo que se refiere a la educación de nuestros hijos, hay tres aspectos centrales en los que debemos incidir, y de forma armónica, para que no haya hipertrofias de uno u otro. Y al desarrollar todos, lograr una personalidad con belleza interior. Esto está recogido en: enseñar a manejar el timón I.


                 Ahora nos vamos a centrar en la educación de la inteligencia, para hacer un uso inteligente de la misma… 



              Como ya sabemos, la inteligencia es una facultad de la persona, que le facilita la capacidad de pensar por cuenta propia. Podemos decir que el pensamiento es la capacidad y ejercicio de la inteligencia. Pero para sacar el máximo partido, debemos basarnos en criterios de verdad que iluminen el pensamiento. 



             La verdad ilumina el entendimiento, porque es la adecuación de él a la realidad. Por eso, la inteligencia y el pensamiento tienden a captar la verdad; es decir, la realidad de las cosas. Debemos fomentar la capacidad de descubrir lo auténtico, que no se nos embote esa capacidad para apreciarlo, porque si no, iremos a la deriva, y perdemos el rumbo, nos engañamos y no llegaremos a buen puerto.





             Nuestros hijos verán si nos esforzamos en vivir de acuerdo a lo que pensamos, o a lo que decimos. Es decir, si intentamos ser coherentes en nuestras actuaciones. Porque sin darnos cuenta, seremos sus referentes y nos imitarán: todo esfuerzo para ello merece la pena. 

             Además, los criterios claros, acordes con la verdad, nos permiten ir formando su conciencia. También con nuestro ejemplo, enseñándoles lo que está bien o mal, dándoles razones de todo, para que lo puedan interiorizar, pensar, reflexionar y no se los lleve el viento a la primera dificultad. Es la forma de que tengan criterio a la hora de tamizar la ingente información que pueden llegar a tener.

             En este sentido, es importante enseñarles a conocerse: decirles sus puntos fuertes, en lo que destacan, sus cualidades especiales…, y no estar todo el día “remachando” lo que hacen mal… Pensar en positivo, cambiar el chip. 





             El pensamiento, en estas edades, va cambiando. Desde los 6 años, que es más lógico, hasta los 12 en que se hace más abstracto. Así, va siendo capaz de relacionar ideas sencillas, aunque llegar a una definición general le resulta todavía algo difícil. 

            Es un pensamiento intuitivo, muy apoyado en imágenes. Le encanta lo relacionado con el descubrimiento y desarrollo intelectual, y se despierta su afán de exploración y la necesidad de preguntar todo. 


            Observan todo, analizan, relacionan, clasifican, y recaban mucha información: es la base del proceso de investigación. Podemos aprovecharlo para animarles a sacarle partido, en función de su formación, de sus intereses, y de lo que van a estudiar en el colegio, para que vean primero lo más práctico, y luego, al captar los detalles, y con todos los datos de los sentidos, lo puedan entender y aprender mejor. 

             Y fomentar el uso de la memoria, que para eso está, y es la edad ideal para desarrollarla, y que alimente al pensamiento. 





           También se desarrolla su creatividad: con manualidades, construcciones, papiroflexia…, dibujos, lecturas, enseñando a cambiar el final de una historia o de una película... etc.



              Podemos animarles a desarrollar algún hobbie en nuestros hijos, relacionado con la investigación, con lo que les guste más, o sobre materias del colegio. Por ejemplo el hacer colecciones les encanta: de hojas de árboles, con sus nombres concretos, de minerales, de fósiles, de sellos de distintos países, de mariposas…


              ¿Cómo podemos hacer para estimular la inteligencia de nuestros hijos? 


             Por ejemplo permitiendo su capacidad de asombro. El tener muchos caprichos, y todo tipo de cosas, anula esa capacidad, quita la ilusión. Debemos recuperar el asombro por las cosas pequeñas, por la naturaleza, por la belleza de la realidad, por los detalles, por las personas. Tener curiosidad por las cosas, saber que todo se puede razonar, nos lleva a los experimentar… 

            Eso les ayuda a tener iniciativa e interés por el estudio. La curiosidad es como un motor del aprendizaje, las “vitaminas” para aprender… E ir canalizando el caudal de intereses, o lagunas de conocimiento, para ir aprendiendo con ilusión, que es como mejor se fijan las cosas: porque nos interesan y disfrutamos con ello.



                  Otra forma de  estimular el pensamiento es a través de buenas lecturas. Hace falta que sean acordes a sus edades, que alimenten su inteligencia, y también su corazón: que aporten belleza y valores que nos interesen o que tratemos de vivir en nuestra familia, para ejemplificarlos, y que sean más atrayentes. También es preciso que nos vean leer cosas interesantes, y ver buenas películas, repletas de valores humanos, también adecuadas a estas edades.







                 El diálogo es otra forma de estimular el pensamiento. El incorporarlos a la tertulia de los padres, cuando son un poco mayorcitos… Se sienten valorados, queridos, “importantes”, y aprenden un montón de lo que decimos, a veces sin intención directa, pero les queda registrado. Verán cómo pasamos de comentar las anécdotas del día, a las ideas en que se fundamentan, y de éstas a los detalles en que se encarnan…, para no quedarnos siempre en la superficie de las cosas, para ver los motivos de las actuaciones, y manejar ideas o conceptos.




                En estas edades, es bueno ir encauzando acontecimientos. No esperar a que pase la vida por delante, sino pensar qué hacer con cada uno de ellos: qué objetivos podemos tener, qué necesita más, qué le gusta más, para desarrollar su personalidad, según su carácter y temperamento.  

                 También dejando un espacio de tiempo para que descanse, para que piense, para que vaya interiorizando lo que le vamos enseñando, o lo que va aprendiendo. Y para que se relacione con sus hermanos y amigos: ¡¡¡para que juegue con ellos!!!



             Y siempre estando disponibles, con buena cara, con una sonrisa, escuchando, leyendo más allá de sus palabras, animándoles cuando lo precisen, celebrando lo positivo, conociendo a los amigos…, que se sientan acogidos.

              Enseñándoles a tomar decisiones desde pequeños, porque es donde se concreta la libertad de cada uno: primero en cosas intrascendentes, y luego en otras de mayor envergadura. 






                A la hora de formarles, pensar qué queremos conseguir, qué objetivos podemos plantear… Porque ahora tenemos mucha información a mano, pero hay que percatarse de la diferencia entre informar y formar. La información, de por sí, no es tan relevante; en cambio, la formación requiere conocer a la persona para ver qué necesita, cuáles son sus puntos fuertes, o débiles, y cómo la podemos ayudar. Y luego hacerlo vida.


            Alguien dijo que la formación es como “el cuello de una botella”: no se le puede meter todo de golpe, y sin pensar. Hay que saber, tener buen manejo y buen arte, para dosificar, ver lo que le conviene, poco a poco… , porque si no, se atasca.


              Con las personas pasa un poco lo mismo: hay que cuidarlo. Por eso se ve tanto exceso de información, y es difícil realmente discriminar lo importante, lo claro, lo bueno, o lo veraz, aprenderlo y concretarlo en la vida.


                Tenemos que enseñar a nuestros hijos a ser críticos con lo que cae en sus manos, con lo que oyen, con lo que ven en internet…, además de controlar el tiempo. Enseñarles a manejarse, no solo intentar controlar, o “controlarles” como niños pequeños, sino que ellos sean capaces de hacerlo, en la medida de sus posibilidades, por maduración cerebral...





                  TÉCNICAS DE ESTUDIO


              Respecto a aprender a estudiar, podemos seguirles de cerca y hablar con el tutor de nuestros hijos, aunque no haya problemas, para que nos oriente en cada caso. Es preciso que aprovechen bien las clases porque es la base del estudio.




          Yo conocí a un Director Escolar, íntegro, con coherencia personal, que supo ejercer muy bien su liderazgo y buen hacer en su colegio. 

         Siempre estuvo atento a lo importante, a base de trabajar mucho y bien, cuidando los pequeños detalles. Por ejemplo considerando a cada persona, a cada profesor, a cada niño, a cada familia…, rezando al iniciar la clases, repartiendo botellines de leche todos los días, poniendo mensajes cortos con metas claras a realizar en el horario de clase, en el recreo, en el comedor…, para ayudar en la enorme tarea de formar a esos niños. Con un servicio constante y callado a todos. 


       También, cuando eran algo mayores, enseñándoles a estudiar. Elaboró un folleto con algunas ideas y técnicas de estudio, con sentido del humor, que no han perdido actualidad. 

            Os transmito algunas, porque me parecen de vital importancia. Se titula: “Vamos a estudiar bien”, porque no todas las formas de estudiar son buenas… Con constancia y perseverancia.






                1-Ideas claras: el porqué y el paraqué de estudiar cada uno. Aquí podemos hablar con nuestros hijos, para hacérselo atractivo.

                2-Dónde: para poder concentrarse, atentos a desconectar pantallas y distracciones… Elegir lugar adecuado, con luz, cómodo..., mejor si es siempre el mismo.

                3-Cuándo: programa el tiempo, y organizarse. Crear un hábito de estudio, a hora fija, mejor.

            4-Cómo: ejercitar todas las facultades. Cuantas más actividades, mejor: subrayar, tomar notas, hacer esquemas, resolver, calcular, recitar, preguntar, responder…

                5-¡Esfuérzate, persevera, acaba bien tu trabajo hasta el final!

           6-Método: hay muchos, pero destaco por su sencillez y eficacia el de Luis Illueca Valero, profesor de psicología de Madrid: L2 SER.




Significa    L- Lectura rápida para tener una idea general.
                  L- Lectura detenida por párrafos. Analizar el contenido.
                  S- Subrayar lo importante.
                  E- Esquema o guión, sintetizando lo esencial.
                  R- Repetirlo para aprenderlo, y potenciar la memoria.


Aprendido un párrafo o tema, por siguiente. Y luego repaso global. 
Por la sencillez, habrá que adaptarlo a las distintas edades, y a los distintos tipos de materias o asignaturas.






         Hasta aquí el folleto. Algo importante es enseñarles a hacer buenas preguntas, a buscar respuestas, a reflexionar, a relacionar, a ser críticos. Y animarles a hacerlo ellos solos: ellos son los protagonistas. No crear un ambiente competitivo: que compitan con ellos mismos, que den lo mejor de sí, sin comparaciones. 

             Ayudarles a organizarse, a hacer un planning con el tiempo que van a dedicar al estudio, o a cada asignatura, para que puedan dejar espacio para hacer sus encargos, adquirir habilidades, atender a los demás, y ¡cómo no! divertirse y jugar… con los hermanos, con los amigos. 

             Y cuando lleguen las notas, levantar la mirada del papel, mirarles a los ojos, y ver primero a nuestro hijo o hija, lo que se ha esforzado, y no solo los números reflejados… Las notas son orientativas, pero nunca son un fracaso. Siempre se puede recomenzar, o poner los medios oportunos.

           Y si son muy buenas, ¡no hace falta premiarlas a toda costa! La simple satisfacción de aprender, de configurar su aprendizaje, de disfrutar, debe ser el premio. El saber conlleva una motivación intrínseca, mayor que cualquier premio material. Así se acostumbran a luchar, a esforzarse, a tomarlo como retos, se entrenan, y adquieren confianza en sí mismos.




           También se puede hacer "planes de acción" para motivarles o ayudarles en algún punto concreto: hacer un planning…, o conseguir un objetivo. Siempre en positivo, con nuestro apoyo y nuestro cariño.




           Por eso, el fin de semana ¡hay que hacerlo atractivo! Poner alguna sorpresa, hacer planes distintos, excursiones, potenciar la creatividad, la iniciativa, que lo organicen ellos según sus cualidades o gustos… y los de toda la familia, para disfrutar juntos, para pensar en los demás. 





            Con sentido del humor, que nos da una mirada amable, y es el que nos da la proporción de las cosas. 


            Y siempre marcando el camino por donde nos seguirán: dejando una huella indeleble, intentando ser buenos modelos. ¡Que seamos líderes de nuestros hijos! Que nos admiren, porque personificamos unos valores, basados en principios. No hace falta ser perfectos, pero sí, que nos vean luchar con espíritu deportivo.





                                                                                      Mª José Calvo










No hay comentarios:

Publicar un comentario