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sábado, 11 de mayo de 2019

PREADOLESCENTES: AMISTAD, AMOR, VIDA, AFECTIVIDAD


               
                         PREADOLESCENTES: LA AFECTIVIDAD II


                                      

1) EL VALOR DE LA AMISTAD

          
Este post es la segunda parte de la afectividad en preadolescentes. Forma parte del tema "Enseñarles a manejar el timón de su vida"...

           
En estas edades es vital la amistad, y, es muy importante tener buenos amigos, ser buenos amigos. Son los que realmente te ayudan a ser mejor persona. Además les encanta, e influye mucho en su afectividad. Especialmente en las chicas. La persona es un ser sociable por naturaleza, y necesita de los demás. 

           
Deben aprender a escuchar a los demás, a mirar a los ojos y comprender, el valor de la empatía... etc. Cuidar los detalles en las relaciones personales. Y tiene mucho que ver con el corazón




             
Es bueno que tengan unas aficiones en las que disfruten, y amigos en los que confiar, pasar buenos ratos y también poderse prestar ayudas. 





            
El deporte y otros hobbies, la pandilla de amigos..., pueden ser buenas ocasiones para ello. También les ayuda a ser luchadores, fuertes, resilientes, a no ser tan blandiblug y “quejicas" en ocasiones, a ver el valor del esfuerzo en la vida… Y si está rodeado de amigos, tanto mejor. 



             
Cuando quieren lograr algo, aprovechar la ocasión para explicarles que en la “cima” hay sitio para muchos. Lo importante es superarse cada uno. Se puede escalar con otras personas, ayudándoles, sin servirse de ellas para lograr un éxito. Ahí está el buen liderazgo. Para "brillar" no hace falta apagar las luces de los demás... En eso consiste la grandeza de la persona: en poder preocuparse más de los demás, que de sí misma. Y la amistad les ayudará y capacitará para aprender a querer. Algo vital en la vida.








        
Habladles sobre la verdadera amistad, que la distingan del simple compañerismo, o, de la complicidad para hacer algo que no es correcto. Abajo pongo enlace más extenso.







           
2) EL VALOR DE UN AMOR AUTÉNTICO
          
           
La amistad verdadera les prepara para el amor. Les permite desarrollar la capacidad de amar, de preocuparse de los amigos, de ser serviciales, y tener detalles de atención y generosidad..., mostrar empatía y ayudar en lo que necesiten en concreto.




         
Por oro lado, para ser capaces de amar a una persona, hace falta poner en juego cabeza y voluntad, ¡no solo sentimientos! 

            
Los sentimientos están bien, y de hecho así suele comenzar el amor, pero son muy cambiantes, van y vienen: no podemos depender siempre de ellos. Amar no siempre es igual a sentir. Por eso, es necesario entrenarse en pequeños retos cada día, para que adquieran autodominio personal para enfocarse en algo valioso. También hábitos y virtudes que les faciliten el obrar en esa dirección.   


       
Que aprendan a no dejarse llevar de estímulos inmediatos y emociones, sin antes pensar, poniendo la cabeza, pensando qué quieren y qué deben hacer. Y luego hace falta voluntad entrenada, y libre, para poder llevarlo a la acción, con sentimientos a favor o no... 

         
Y con una buena dosis de generosidad, de comprensión y empatía…, para lo cual hay que entrenarse en pequeñas cosas cotidianas. 






           
Enseñarles a querer es el modo de prepararles para que maduren y sean capaces de amar a otra persona. De descentrarse un poco de ellos mismos para atender y querer a la otra persona, buscando su bien. Y, como consecuencia, serán más felices.




         
Como muy bien señala Juan Bautista Torelló, la madurez afectiva depende en último término de la capacidad de amar. Y es el egocentrismo, el mirarse solo a sí mismo, el que incapacita para amar. 


          
Es preciso explicarles que para madurar es necesario aprender a tener autocontrol, a retrasar una gratificación, y no depender continuamente de lo inmediato. Y en definitiva aprender a pensar en los demás

       
Con palabras de este autor, pasar del “vivir para mí”, al “vivir para ti”… Y la generosidad y la empatía son muy necesarias.





           
Más gráfico:

           
Para explicarlo más gráfico se puede recurrir a la metáfora de la flor, con tres ideas relacionadas: gustar, elegir y amar. 

            
Si te gusta una flor, la cortas y la pones en un jarrón. Si "amas" esa flor, la cuidas y la riegas, y la mimas, para que crezca sana y bella. 


            
En el amor pasa algo parecido. Puedes servirte de esa persona para tus fines particulares, con una actitud egoísta, o, puedes pensar en el bien para ella: esto es amor auténtico. 

        
Y te pueden gustar muchas personas, pero debes elegir una para quererla por siempre..., y luego buscar su bien, que sea mejor persona, y ayudarle en ese cometido. ¡Eso es amarla!


      
Hay chicos y chicas que son muy afectivos, con un gran corazón, y les resulta fácil pensar en los demás, pero, lo frecuente es que les cueste más, y les tengamos que enseñar, animar, estimular, y hacer planes concretos con ellos. También con nuestro comportamiento coherente, con la ayuda que prestamos a nuestros amigos, y muy en especial en familia, al esposo o esposa. Y nos copiarán.




           
3) EL MISTERIO DE LA VIDA 

     
A la hora de educar su afectividad, en este enseñarles a querer, hay que explicarles el misterio y la belleza de la vida humana. En su contexto preciso: el amor auténtico entre dos personas, él y ella, comprometido, en el que la dignidad de cada una lo es todo. Y como siempre, inmerso en cariño. 




        
Hablar del sentido y la maravilla de la sexualidad, adaptado a su edad, en el marco de ese amor, y desde edades más tempranas, lo vemos en otro post. Porque, es distinto formar que informar. ¿Quién tiene el derecho y la obligación de formar a nuestros hijos...?


        
Cualquiera puede informar de aspectos más superficiales; pero formar, sólo se debe hacer en familia, porque es el ámbito natural del amor, donde se les quiere por ellos mismos, por ser quienes son. Ese cariño incondicional prepara un ambiente de intimidad para poder hablar de algo casi sagrado..., y de vital importancia en su vida. De cómo lo hagamos dependerá su sentido, el sentido de su vida, y sus relaciones personales futuras. También su felicidad. No se puede hacer a la ligera..., ni dejarlo a la improvisación. Y cada vez se "cuela" antes por internet imágenes denigrantes... 


        
Por eso es bueno hacerlo cuanto antes, y de forma personal, con cada uno/a, desde muy pequeños, con delicadeza, a pequeñas dosis, adelantándose, resolviendo dudas…, con confianza, sin agobios ni falsos pudores. Dejo enlace abajo por si quieres ampliar el tema.  





         
Es importante saber cómo es cada hijo, lo que necesita, cuáles sus puntos fuertes, para apoyarnos en ellos, y quererle tal como es. Así, ayudarle a crecer como persona, atendiendo a todas sus facultades y cualidades. En ese ambiente especialísimo de cariño e intimidad, podemos hablar con ellos, abrir nuestra intimidad, formar su corazón, y enseñarles a querer. Es un trabajo "de artesanía", una obra de arte, ¡un trabajo para la eternidad...!



       
Valorar y asombrarse de la maravilla de la vida, desde la concepción de ese nuevo ser, en el marco específico y grandioso del amor de los padres, fuente y origen de cada vida humana. Y momento importante por excelencia de la vida de esa nueva persona, que merece ser acogida con un acto de amor auténtico, maravilloso, entre sus padres.


   La grandeza de la persona
  requiere la maravilla del amor y de la familia


Dejo un vídeo precioso sobre la maravilla de la vida, desde la concepción. 


       
Dejo enlaces de otras entradas relacionadas: 

                                 

                                                                    Mª José Calvo

                                                           optimistas educando y amando
                                                                   @mariajoseopt 



URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2019/05/preadolescentes-amistad-amor-vida.html

jueves, 30 de noviembre de 2017

ADOLESCENTES: TIPS PARA EDUCAR EL CORAZÓN

   
               

                                                          ADOLESCENTES:

                     ENSEÑARLES A QUERER, EDUCAR EL CORAZÓN


        
 
Este tema lo escribo como complemento a la educación de la voluntad y de la afectividad de los hijos, sin olvidar el pensamiento y la razón. Con vistas a la adolescencia,  crucial en la educación y formación de cada persona. 

Como vimos, se trata de enseñarles a "manejar el timón" de su vida desde más pequeños, y luego ir "soltando amarras" para que aprendan a usar su libertad en metas que merezcan la pena, y que les hagan crecer como personas... Abajo pongo enlaces.

           
Nuestros hijos, en esta etapa del desarrollo, están predispuestos para querer a los demás. Podemos aprovechar este periodo especial para ayudarles en este sentido, sobre todo en la propia familia, y con amigos.







        
Se trata de educar el corazón, de "forjarlo" al calor del cariño, para que piensen en los demás, para que se enfoquen en metas valiosas e ideales nobles, que es lo que les dará más sentido a la vida. También forjar hábitos operativos buenos en esa dirección, que se transformen en virtudes, porque ellos quieren, con libertad personal. Las virtudes tienen mucho que ver con la afectividad, pues se siente la dicha de hacer lo correcto, y de ayudar a los otros...

   
Para aprender a querer, hay que contar con todas las facultades personales, en especial con la voluntad libre. Amar no siempre es igual a sentir, pero sí es querer querer, con libertad interior.





       
Por eso, la inteligencia, para pensar hacia qué meta nos dirigimos, y porque no se ama lo que no se conoce. La voluntad libre, porque hace falta querer, y son necesarios hábitos y virtudes que den autonomía en el obrar. Y, la afectividad, porque amar es una experiencia que rebasa las anteriores: hay que sentirlo, tiene que emocionar, hay que disfrutar. Y poner en juego otras capacidades, como la comprensión, la generosidad.

     
Además, los sentimientos nos pueden impulsar con mucha fuerza, si sabemos canalizarlos, estimulando los que nos ayuden en esa línea, y cortando los que no lo hacen, o nos empeoran como personas. De ahí la necesidad de la empatía y las neuronas espejo.





       
Para lograr todo esto, es necesario que se sientan muy queridos, no por darles caprichos, sino porque noten realmente nuestro cariño incondicional. Y muchas veces hay que decir "no", aunque nos duela, para guiarles en su navegar. Ser faros que iluminan senderos y rutas, y den calor al corazón.


       
La confianza y el cariño son la base del buen desarrollo de cada persona, así se forja su mejor personalidad. Y su seguridad y autoestima depende especialmente de la estabilidad familiar, y del cariño recíproco de los padres entre sí. ¡Qué lo noten!


De este modo, lograr una grata convivencia, tener en cuenta a los demás, compartir ideas, sentimientos, ilusión, trabajo en equipo…, detalles concretos. Y se puede llegar al fondo del alma de las personas queridas. Comprender estados afectivos y emocionales, más o menos oportunos, y ponerse a su disposición en lo que puedan necesitar. 





                                     EDUCAR EL CORAZÓN

         
Escribe Charles Dickens: "El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico". 

        


El corazón es el centro y raíz de la persona. Por tanto, educar el corazón tiene la ventaja de lograr la mejora personal desde su núcleo más íntimo personal. 

         
Si hemos logrado en etapas anteriores confianza y diálogo con ellos, podremos tener conversaciones confidentes, dialogar de tú a tú abriendo el propio corazón, contado sentimientos, ilusiones y preocupaciones. Creando un clima de confianza y libertad, donde se sientan importantes y queridos.

         
También seducir con la belleza de los valores hechos vida. Es preciso cuidar las relaciones personales..., no sólo lo que les decimos, sino también las formas, que se sientan de veras acogidos, comprendidos, valiosos.


       
Hacerles ver que, la felicidad consiste más en pensar en los demás, que en uno mismo. En hacer lo que debemos en cada momento, sabiendo disfrutar de ello. Aunque a veces exija un sacrificio "gustoso" por quienes queremos. Las metas valiosas requieren lucha y esfuerzo, pero se disfruta de ellas. Es como la subida a una cima... 

Señala el doctor Viktor Frankl que la felicidad es como una mariposa: si la persigues, huye.







   10 “TIPS” PARA APRENDER A QUERER Y AYUDARLES A MADURAR






Es el momento de interiorizar y reafirmar hábitos y virtudes que les ayuden a conformar una buena personalidad. Los padres debemos ejercer un buen liderazgo, orientar y guiar a los hijos en su autonomía y crecimiento. Para ello son muy necesarias unas normas claras que marquen el camino, darles referentes e ir encauzando sus crecientes energías. De esta forma tienen la seguridad que precisan, autonomía y libertad para probar sus “alas”… 




1- Necesitan que les mostremos de mil modos cariño y confianza, que les abracemos, que valoremos sus sentimientos y emociones… Es el momento de construir lazos afectivos en familia, con sobremesas, actividades, excursiones, tertulias, meriendas, amigos… etc.






2- Son muy importantes los momentos de intimidad con cada hijo. Mirarles a los ojos, hablar y conectar, leer lo que llevan en el interior, sembrar confianza y abrir canales de comunicación, que puedan contarnos cuando quieran su mundo interior. Acogerles con cariño, ¡tiempo para ellos!







3- Sensibilidad ante la belleza, finura de espíritu para captar los detalles de cariño, lo bueno y valioso de las personas. Aprender a ser agradecidos, pues todo es un don, un regalo gratuito: desde la vida, la naturaleza, las personas, los servicios materiales o de otro nivel… Cultivar la imaginación y la creatividad desde el corazón: su lugar propio.



4- Enseñarles a escuchar, intentar comprender y disculpar, sonreír aunque cueste, mostrar empatía con los hermanos, amigos, abuelos… 



5- En estas edades darles más autonomía… y libertad. Potenciarla: dejarles hacer todo lo que puedan. Desarrollar cualidades y fortalezas, tareas y encargos responsabilidades. Así ayudan a sacar adelante la familia: ¡su! familia. Tener en cuenta los afectos a la hora de centrarse en lo que hay que hacer, pensando en metas altas y nobles, como apuntara Cajal, acordes con los anhelos del corazón.






6- Exigir sin “quebrar”: exigencia comprensiva. Que se entrenen con la ayuda del estudio, del trabajo, de la colaboración en casa con las tareas. Que aprendan a poner un detalle de cariño en ellas hacia esas personas. Ir dando más libertad, a cada uno dependiendo de su madurez y posibilidades, así como responsabilidades que les ayuden a crecer. 


Dejarles que decidan en muchas cosas: gustos, ayudas en casa, aficiones, hobbis, con amigos… De esta forma adquieren confianza en sí mismos, se define su personalidad, y se hacen más responsables.        




7- Entrenar la voluntad con buenos hábitos y virtudes. En estas edades el deporte, las salidas al campo, subir al monte... Así aprenden muchas virtudes como la fortaleza, la generosidad, la amistad… También les ayuda a adquirir autodominio personal y a cuidar a los demás.







8- Ayudarles a pensar antes de…, incluso a imaginar cómo resolver una posible situación que les desborda, a no ser impulsivos, a retrasar una gratificación inmediata por un largo plazo, como se hizo en el famoso “test de la golosina”.


Reflexionar sobre los motivos por los que hacer las cosas siempre es conveniente. Hay motivos y motivaciones de distintos niveles: extrínsecos o del "tener", intrínsecos o del "ser"..., y más trascendentes. Éstos son más altos, y por eso dan más fuerza y sentido a la vida. Irles aclarando estos temas… Ayudarles a elevar motivos: no sólo por una recompensa material, sino por ser mejores personas, o por los demás, algo que nos trasciende y cobra relieve.


Así se van entrenando, también en autocontrol emocional, algo muy importante y necesario…





9- El poder de la alegría y el optimismo, de la ilusión y el entusiasmo, que estimulan nuevas sinapsis, incluso ese estado de “flow” del que te he hablado muchas veces. Con actitud positiva se vive mejor, se expande alma…, y el cerebro funciona y aprende mejor, a cualquier edad.








10- Amabilidad. Utilizar las palabras: por favor, gracias, perdón, para una sana y confortante convivencia. Los buenos modales... Todo ello activa el cerebro de forma pro-activa, en concreto una zona cerebral de la toma decisiones de la corteza prefrontal. Pedir con delicadeza abre las puertas… Dar las gracias es la “memoria” del corazón. Y el perdón para sanar cualquier fallo, cualquier herida o dolor. Aprender a perdonar, o pedir perdón, cuando uno se equivoca o molesta a los demás, aunque no fuera esa la intención, como suele suceder. Perdonar es amar, no una debilidad, sino fuerza creadora.






11- Explicarles el sentido del dolor, y el poder del amor para confortar y que no nos destruya. La vida conlleva sufrimiento, y el amor dulcifica cualquier dolor. Esto lo mostramos los padres con la propia vida. No ocultarles los problemas: hacerles partícipes de ellos en la medida en que puedan comprender. No tener miedo a que sufran por las circunstancias y dificultades del camino. Si no, no podrán madurar y tomar las riendas de su vida. Esto nos cuesta más a las madres, pues tendemos a sobreproteger; por eso la figura del padre ayuda en este aspecto, como en tantos otros. Valorarlos más y pedirles su ayuda, distinta a la nuestra, pero complementaria.


Y la compasión que suscita el sufrimiento es algo bueno, puesto que es una forma de conectar con los otros y ayudar en lo posible. Como escribió Ana Frank, siempre se puede dar algo, aunque sólo sea bondad… Que nada de lo humano nos sea ajeno.



                                                      



12- Por tanto, espíritu de ayuda: ayudar a los demás en estas edades por motivos afectivos, poniendo el corazón. Es la forma de entrenarse en ello. Lo cual facilita enormemente las cosas, pues va a lo esencial: con palabras de A. de Saint-Exupéry: "He aquí mi secreto: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.










  Por tanto, 
darles muchas oportunidades
 de servicio en familia, con amigos,
poniendo cariño en cada encuentro, en cada conversación, en cada trabajo...
 
Que aprendan a ponerse en el lugar del otro y empaticen.










    Por otra parte, 
educar el corazón es educar su afectividad
 para que aprendan a amar. 
También transmitir el sentido de la sexualidad en su marco específico:
 un amor auténtico para siempre.
 Si se saca del contexto despersonaliza y pasa factura... 


Amar a una persona es ayudarle a desarrollar toda la maravilla que alberga,
 buscando su bien: su mejor personalidad.
 Es dar, más que recibir. 
Y tiene mucho que ver con
 la generosidad y la alegría.


                                                        ***


 Y siempre, tratarles un poquito mejor
 de lo que son en ese momento 
para ¡ayudarles a mejorar!

Con cabeza y corazón.

"Escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón"





        
Espero que te haya gustado, y puedes comentar y compartir con amigos. ¡Muchas gracias!








  
Dejo algún enlace relacionado, por si quieres ampliar:
                                                                       Mª José Calvo
                                                          optimistaseducando.blogspot.com
                                                                      @Mjoseeopt    
    


URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2017/11/preadolescentes-vi-educar-el-corazon.html