Translate

Lograr armonía familiar

viernes, 4 de abril de 2014

LA VOLUNTAD, el mapa, la brújula...

                                                 
                              
                                      LA VOLUNTAD, EL MAPA, LA BRÚJULA... I


       
Educar es sacar a la luz toda la belleza y potencialidad que cada persona encierra en su interior. Apuntar a la belleza. Entusiasmar con la belleza de unos valores humanos nobles hechos vida... Es decir, educar la libertad: que sean capaces de retos valiosos.

        



Por otro lado, en la formación de una persona es preciso abordar todas sus facultades: la inteligencia, para pensar con claridad, la voluntad para acometer lo que se proponga, orientado con ese pensamiento, y la afectividad y el corazón para aprender a querer y a disfrutar de lo bueno. 

          
Una buena educación conlleva iluminar la inteligencia con lo verdadero y auténtico, fortalecer la voluntad con pequeños entrenamientos en objetivos alcanzables, y cuidar los sentimientos: acrisolarlos, fomentando los mejores y más nobles, y cortando los que hacen daño. Como señalara Platón, "educar es dar al cuerpo y al alma toda la belleza y perfección de que son capaces"...

Descubrir belleza, en un ambiente de confianza y libertad como es la familia. En ella se aprende a querer a los demás con libertad y corazón.


             
Así se va forjando el carácter de cada hijo, en base al temperamento y a las características específicas y singulares de cada uno, las cualidades personales y puntos fuertes.





            
La educación de la voluntad es lo que va a posibilitar que “quieran” hacer lo que el pensamiento presenta como bueno, y sean capaces de acometer los retos que se planteen. Así les resultará más fácil el esfuerzo, porque están motivados y habituados a ello. También con razones que les ayuden a subir esos objetivos, y ¡poniendo el corazón! Tener voluntad es ser capaz de postponer recompensas inmediatas por un bien mayor, o a largo plazo.


        
Pero, la voluntad hay que entrenarla con pequeñas cosas cada día. Permite perseverar porque con comenzar no basta: hace falta llegar hasta el final. Y para esto es importante la ilusión y la motivación, que actúan en sinergia con la voluntad. También está muy relacionada con la resiliencia para superar dificultades sin quebrarse.

         
La voluntad necesita capacidad de decisión, concretada en actos libres. Y se traduce en hábitos y virtudes que facilitan el obrar bien. Actuar con unos fines nobles, ser proactivos, apuntar a metas valiosas que nos engrandecen como personas, superando las dificultades que salgan al camino. 


          
* Para ello tener claro qué objetivos alcanzar. Personales, en pareja..., y también con cada hijo. Hablarlo los padres, y anotarlo. Incluso haciendo un "plan de acción" para cada hijo, sin agobios, priorizando lo importante... Todo ello irá formando un proyecto personal para cada uno, dirigido hacia una meta, según las cualidades de cada uno, gustos, preferencias, periodos más sensibles o etapas del desarrollo...






          
* También aprender a superar las dificultades del camino: todo logro supone un esfuerzo. Enseñarles que las cosas valiosas no salen solas, más bien hay que intentarlo muchas veces. La voluntad se entrena con metas concretas y espíritu deportivo. Con ilusión y optimismo, también de óptimos. Fortalecer la voluntad cada día, tan relacionada con la corteza prefrontal. Te lo cuento en otros artículos, como "plasticidad III".




            
Podemos repensar acerca de una anécdota de Tomás Edison. Él hizo muchos descubrimientos en su época; tenía una mente creativa y trabajaba duro, pero el descubrir la bombilla incandescente le supuso un esfuerzo prolongado: estuvo más de dos años investigando, con diferentes tipos de fibras... etc., y ninguna daba resultado. Pers no se quejaba; decía que no había fracasado: "sólo he descubierto 999 formas de cómo no se debe hacer una bombilla."

          
Tenía que descubrir la que sí daría resultado. Es un ejemplo de esfuerzo tenaz y constante, sin desanimarse, a pesar de todo. Supo estar motivado y perseveró con empeño y optimismo hasta lograr lo que se proponía. 





           
*Educar la voluntad se traduce en conseguir buenos hábitos desde pequeños, que se transformarán en virtudes, en torno a los 6-7 años, al hacerlo con libertad, por amor. Así se ejecutan con más agrado, y disfrutando: es como tener el “piloto automático”. Las sinapsis neuronales se hacen más marcadas y fuertes, formando circuitos y redes.

          
Desde el nacimiento ya podemos trabajar muchos hábitos, como el orden en su vida (y la nuestra), los hábitos básicos antropológicos de sueño, comidas, paseos, higiene... En esto hay que ser muy constantes, pero el resultado es muy positivo. Aporta seguridad, y luego el niño lo irá incorporando a sus cosas, a su persona, a su pensamiento… Y ayuda a priorizar. 

Otros, por ejemplo, el movimiento, el habla y el lenguaje, de 0 a 6 años, la sensibilidad fina hasta los 4-5 años, el control de esfínteres a los 2-3 años, la socialización de 1 a 6 años, el conocimiento de la naturaleza, la sinceridad, hasta los 9 años, la generosidad, el hacer sus tareas y el hábito de estudio, colaborar con los encargos de la casa… De esa forma van adquiriendo habilidades, autonomía, y pequeñas responsabilidades. También la fortaleza, la amistad..., la responsabilidad, el esfuerzo... hasta la adolescencia. 

       


           
Con los niños, se pueden hacer planes de acción atractivos, con dibujos animantes, para que se ilusionen en lograr cada pequeño objetivo... 

            
Para desarrollar todo esto necesitamos la autoridad-servicio de los padres, que es un servicio en su crecimiento, para guiar su creciente autonomía y libertad. Explicando los motivos, según la edad. 

Y se complementa con una obediencia inteligente: nosotros tenemos la responsabilidad de su educación, y ellos obedecen porque se sienten de veras queridos. Así asimilan ideas, conocen lo que está bien o mal, siendo un referente en su vida. Y con unas normas en familia: pocas, claras, importantes. Así aprenden a usar su libertad… y se sienten queridos.



   
* CON UNA METÁFORA




          
1- Necesitamos "un mapa del camino": mediante la autoridad ponemos unas normas razonables y justas a nuestros hijos, para señalar el camino por donde pueden ir. No muchas, pero si importantes y claras. Es como un mapa que les ayudará a distinguir lo que está bien o mal, a descubrir causas nobles, a no dejarse llevar del capricho o del viento que sople...
              
De esta forma aprenden a acometer lo que se proponen, a afrontar las contrariedades, a asumir las frustraciones que les puedan surgir. 

               
Así empiezan a tener autocontrol personal, cosa importante para la vida, y en especial para la etapa de la adolescencia: no ser niños-blandiblug, que se los lleva el viento de la primera dificultad... Y aprenden a llevar el timón de su vida. Te lo cuento en el post "autogobierno personal".

               
2- "Una brújula" que nos oriente en el camino: ese "trinomio" Belleza-Bien-Verdad que nos deslumbra con su esplendor, y hacia el que podemos orientar nuestra conducta

Es decir, intentar estar en la realidad de las cosas, que esa es la verdad, hacer el bien, que es la mejor forma de esa realidad, es decir, el amor, y disfrutar de la belleza y la nobleza de corazón... Especialmente de la belleza de las relaciones familiares, de la belleza de un abrazo, de una sonrisa, de un detalle, de una delicadeza, de la generosidad de las personas…


                  
Por otro lado, no es necesario premiar todo tipo de cosas. Una frase que se puede repetir o colocar en un lugar visible a modo de eslogan es: “el bien conlleva el premio”. Es la alegría de hacer las cosas bien, de descubrir la belleza que encierran... Enseñarles a disfrutar de las cosas bien hechas, de poner detalles de finura. Eso lo convierte en una obra de arte.




               
3- Y "una cuerda", porque muchas veces caemos, fallamos, nos equivocamos, o no estamos a la altura, y necesitamos ayuda para salir del "pozo"... Por eso es importante saber pedir perdón, y perdonar, especialmente a las personas que más queremos.


            
Para lograr todo esto es necesario el ejemplo y referente de los padres: el modelo de lo que somos, y nuestra forma de actuar; mucho más que lo que les podamos decir. Porque los niños lo copian todo: procuremos que nuestro actuar sea coherente, positivo y noble. Cuando tengamos fallos es bueno pedir perdón, y que sepan que luchamos por mejorar, aunque cueste, o no siempre lo consigamos. Eso les ayuda y lo agradecen.
            
Además de ser buenos modelos, saber motivar con ilusión y optimismo, y metas valiosas. Y motivo es el descubrimiento de un valor, que deslumbra, o algo que impele a la acción. Te lo cuento en el post "motivar en familia: 12 tips".

         
Por eso, enseñarles a hacer las cosas, no tanto por una recompensa material, sino por el beneficio intrínseco que puede aportar, o por ayudar a los demás, que es la mayor satisfacción. De esta manera enseñarles a elevar motivos. También con nuestra coherencia de vida, porque nos miran en todo momento.
          
Todo esto precisa tiempo, dedicación y paciencia: hace falta estar con ellos, disfrutar de su compañía, prestarles atención. Dedicarles nuestro tiempo e intimidad. Dejarles claro que nos importan, y mucho, porque:


                         Exigencia + cariño + tiempo = se sienten queridos


          
Eligiendo un colegio acorde a nuestro ideario familiar. Los niños toleran muy mal las incoherencias: se "rompen" interiormente.







                  
APOYOS EN LA EDUCACIÓN DE LA VOLUNTAD

        
1- Unos hábitos pensados entre los dos, según los periodos críticos del neurodesarrollo, y según las características y cualidades específicas de cada hijo. 

       
2- La belleza de la "obra bien hecha": que se acostumbren a acabar bien lo que han empezado. Además un encargo o trabajo bien hecho es una obra de arte que atrae.

           
3- Educar el esfuerzo y el espíritu deportivo. También la perseverancia y la resiliencia, para no sucumbir al primer intento... Cuando algo cuesta más, con una sonrisa mayor, y tiene más mérito.



4- Descubrir la satisfacción y la alegría de hacer lo correcto, y del trabajo bien hecho, poniendo el corazón, que es "suavidad" con los demás.

       
5- Los detallesponer cariño en ellos. Por ejemplo en los encargos, en las relaciones familiares, en cada conversación, paseo, encuentro. Mirar a los ojos..., sonreír, llegar al corazón de cada uno.

       
6- El placer de ayudar a los demás y la dicha que produce.




        


      
ALGUNOS HÁBITOS IMPORTANTES


*Relacionados con el orden: en sus actividades, sus juguetes, su ropa… Para que sepan lo que tienen que hacer en cada momento y no estén al capricho suyo o de los adultos...

      
*Con la fortaleza, para ser capaces de afrontar situaciones difíciles sin abatirse, y también para ser proactivos y acometer las iniciativas que quieran realizar.




       
*Con la sinceridad: La verdad es lo que conecta con la realidad. Construir sobre lo verdadero, pues en lo falso no se sustenta... Por eso, decir siempre la verdad, aunque cueste. Es el mejor ejemplo que podemos darles. Es la base de la confianza para establecer relaciones personales. 

  
*Cuando son pequeños, con la obediencia, explicándoles los motivos. Necesitan que les guiemos por un camino seguro, señalando lo que está bien o mal...


*Con la justicia: siendo equitativos con todos, pero según sus necesidades concretas. No tratar a todos igual: cada uno es diferente y necesita distintas atenciones.

      
*La alegría de ser generosos: que asocien el dar algo, con la alegría del que lo recibe, y con la satisfacción de ayudar a los demás. También generosidad para aceptar a los demás, y para ver lo mejor de que son capaces... Descubrir "tesoros" en ellos.


* Encargos y responsabilidad para ayudar en familia según su edad... 




       
      
*Y la empatía, la amabilidad, la alegría, descubriendo la dicha de estar en familia: contagiar ilusión, optimismo y esperanza. 



      
Espero que te haya sido útil, y lo puedes compartir con tus amigos. ¡Muchas gracias!


       
Dejo enlaces relacionados:






                                                                            Mª José Calvo
                                                              optimistaseducando.blogspot.com
                                                                            @Mariajoseopt     




URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2014/04/educar-la-voluntad.html

lunes, 17 de marzo de 2014

VI. QUÉ SIGNIFICA EL JUEGO PARA EL NIÑO


                                 

                                        MARCOS DE DESARROLLO INFANTIL 
                                                (de 0 a 6 años)

                                                 VI) EL JUEGO


       
                                                  
              La vida del niño se realiza entre el sueño y el juego, intercalada por las comidas..., que también se transforman en juego. 

              El juego es muy importante para nuestros hijos. Es lo que más les gusta, y de él depende su desarrollo, la adquisición de habilidades y destrezas, y la formación de una personalidad sana. Para él la vida es juego, y mediante él aprende todas las cosas… 


               El juego motiva y estimula emociones positivas que hacen todo más agradable. Por ejemplo la alegría, la sorpresa, que a su vez centra la atención, y los retos que ilusionan... Y la motivación es un aporte extra de glucosa, que es lo que necesita el cerebro para funcionar mejor. Así disfrutan y aprenden aptitudes y actitudes.








             Todo lo aprende por vía afectiva, a través de las emociones y sentimientos, mediante el juego. Para él todo se transforma en juego: aprende jugando, juega aprendiendo, juega con su madre, con su mirada, con su sonrisa… disfruta jugando. 

                El juego le motiva a aprender ¡porque disfruta! De esa forma ensaya movimientos, actitudes, aptitudes, pensamientos..., y ve lo que funciona bien o no, y va aprendiendo a moverse y relacionarse. Por eso es bueno que los niños tengan tiempo para jugar libremente, y vayan construyendo su aprendizaje, y desarrollen sus gustos y fortalezas.





      Además en ese modo se estimula la formación de nuevas neuronas, y de conexiones entre ellas, debido al entusiasmo que fácilmente tiene el niño ante cualquier cosa que le atrae. Te lo cuento en plasticidad I. Ese momento de disfrute total, llamado "flujo" o "flow", en el que la atención es intensa, y aprende emocionado. Es un estado en el se sumerge en una actividad que le atrae, con una concentración intensa, una sensación de facilidad, y el tiempo vuela. Al centrar la atención de esa forma aprende y amplía capacidades.





Además los niños vienen a este planeta con ansias de desarrollar su talento, su creatividad, algo ya inscrito en los genes, como la comunicación y la cooperación. Los genes son capaces de ayudarnos a ser originales y creativos, a establecer lazos... Esto lo ha investigado un genetista: J. Bauer. Es el modo de actuar de la naturaleza humana. No era cierto que los genes fueran "egoístas"...


También Carl Woese, un microbiólogo que estudia este tema, sabe que los seres vivos tienden a relacionarse con los otros y cooperar. Es signo de vida.





                   
I. EL PRIMER AÑO


               Para el bebé los ojos chispeantes de su madre y su sonrisa son el juguete más original del mundo. Jugando trata de imitarla y mediante la repetición, va aprendiendo todo. La figura de la madre tiene que rebosar cariño, alegría y serenidad, para que el bebé se sienta a gusto. Es la forma de transmitirle el cariño que le tenemos, de acogerle, de valorarle. Es la figura de apego con la que el bebé conecta rápidamente, y la que influirá en su desarrollo y autoestima. Porque, la autoesima depende del cariño recibido, y no de falsas expectativas.



               También se ha recalcado muchas veces, que la figura del padre es imprescindible, e influye mucho en él, porque se complementa a la forma de querer de la madre. Es como el contrapunto de uno y otro estilo. Ella aporta más ternura y comprensión, él más fortaleza y seguridad… Y ambos son necesarios para su buen desarrollo. Son las dos formas del ser humano.

                Además, los padres, y el cariño que se tienen entre sí, son su modelo para todo, y en especial para aprender a querer a los demás, que es lo más importante que tenemos que hacer en este planeta. Y de lo que dependerá su felicidad. El que ama más y mejor es ¡mucho más feliz!



                 
 * JUGUETES

                El niño aprende imitando, en especial a los padres. Por eso tenemos que enseñarle a jugar, a hablar, sonriendo, porque está mirando todo lo que le rodea, y especialmente a nosotros. Lo que hacemos, cómo nos tratamos, cómo sonreímos... etc.

               Juega con sus padres, con su sonrisa, con su cuerpo, que intenta controlar... Antes del primer año necesita algún juguete. El típico sonajero ya existía en el antiguo Egipto, y le ayuda a afinar los movimientos de la mano, a oír sonidos armónicos...

                Es bueno intentar elegir los juguetes apropiados en esta etapa del desarrollo. Un buen consejo es ofrecer pocos juguetes, cambiándolos dos o tres veces al año. Al niño le gusta jugar, porque tiene que vencer dificultades, aprender cosas nuevas y perfeccionar sus movimientos.


               

               El niño se ha de acostumbrar a que los ratos de juego con sus padres, sean unos momentos concretos del día. Por ejemplo, por la tarde, antes del baño y de la cena... O después de ella, con algún cuento que le contamos... Así, le enseñaremos el orden en su vida, para que posteriormente lo asuma y lo use para todo: que tenga una vida ordenada.

               Antes del año, del “hambre visual”, pasa al “hambre manual”; su apetito es insaciable. Alcanzará, sentirá, percibirá, manipulará todo cuanto esté a su alcance; trabajará para oír sonidos, con sus manos, con su boca, o su saliva. La boca pasa a ser una  fuente de información inestimable.



                 A los seis meses, la dentición. Más tarde, se empieza a dar cuenta de la relación causa-efecto: aprende a asociar una acción con el efecto que produce. Lanza los juguetes repetidas veces para ver qué sonido hacen, o cómo caen, o si caen para abajo o para arriba... Está separando su mundo en partes, para unirlas luego otra vez. E intentar comprender la realidad, para poder manejarla.



                   
II. A PARTIR DEL PRIMER AÑO, Y EL SEGUNDO 

             Su interés se extiende fuera de los confines de su cuna y de su habitación, y empieza a conquistar todas las partes de la casa. La labor de los padres es ayudarle a realizar esta investigación, manteniendo su seguridad en todo momento: cables eléctricos, enchufes, cocina, baños, cerraduras, ventanas…, y concederle otras cosas más seguras.

                 Intentará andar, subirse a las sillas, a todo tipo de cosas… etc. Los padres debemos controlarle sin cortar sus ganas de investigar. Si al trepar se cae, no importa: ya se levantará y aprenderá que hay que ir con cuidado. No asustarnos más que él o ella.






                  
* JUEGOS Y JUGUETES



              Imaginación y fantasía... Un simple cajón, o una caja, puede ser un gran juguete para el pequeño. Dentro puede haber una serie de utensilios de colores y tamaños diversos, que él pueda manipular y con los que juegue. También se puede entretener y adquirir habilidades jugando a abrirlo y cerrarlo, a llenarlo o vaciarlo. Es como un misterio para él. Mientras la madre o el padre esta haciendo alguna cosa, es bueno que oiga su voz, o que los vea para sentirse a gusto. También podemos proporcionarle telas, cajas de cartón, materiales, texturas, colores, formas, cubos o piezas de construcción... para que pueda experimentar con todo ello.


                   Los padres hemos de ser los primeros compañeros de juego de los pequeños. No solo la madre, sino también el padre, porque sus formas de jugar son diferentes, se complementan y enriquecen más a cada niño. Compartimos sentimientos y cariño. También con otros niños...


                Así, mediante el juego, podemos conocerles, ver su temperamento, ir formando su carácter. Pensar si toman la iniciativa en las relaciones, o si esperan a que se les hable…, si son alegres, si son muy emotivos o no, si son tranquilos, o por el contrario más activos…, para descubrir e ir desarrollando sus cualidades, puntos fuertes, y salvando sus puntos débiles. También nos sirve para motivarle, para disfrutar de su compañía, y para quererle, para enseñarle las cosas importantes de la vida…

                   Hay veces que nos quejamos del comportamiento de un pequeño, y con frecuencia es consecuencia de la falta de movimiento, pues necesita explorar y aprender, y tener posibilidad de moverse y explorar, y un desgaste físico constante. Además ese movimiento estimula la formación de circuitos con funciones concretas.



                 Una labor delicada de los padres es la de acompañarles y saber elegir los juegos y juguetes apropiados a cada etapa de la vida. Un juguete grande y de poco peso, para arrastrar, es un excelente juego, y ayudará al niño a caminar. Unos cubos de plástico o madera, y unos coches o muñecas sencillas, pueden ser el complemento ideal. No hace falta que sean caros, ni mucho menos que hagan todo tipo de cosas, para que beneficien a nuestro pequeño. Algunas botellas de plástico, envases de yogurt o tubos de cartón, pueden ser útiles a los niños de dos o tres años... Y cuantas menos cosas hagan más le gustará al niño, porque eso lo pondrá su imaginación y creatividad. 




                    
* SE ESTÁN CREANDO SUS PROPIOS JUEGOS

               Para favorecer la imaginación y la creatividad es necesaria la curiosidad. Por eso es bueno no darles todo hecho, sino que lo descubran por sí mismos. Darles oportunidades de explorar, de investigar las cosas. Contacto con la naturaleza... También les podemos proporcionar grandes hojas de papel, con lápices de colores, retales de telas, lazos, disfraces sencillos, plastilina, o arcilla…, para que se explayen, pinten algo, modelen figuras...







                   Incluso se les puede enseñar a construir cometas por ejemplo, con palos y telas pintorescas, y luego enseñarles a volarlas. Pasaremos un rato agradable en compañía de nuestros hijos, les enseñaremos habilidades, también a afrontar la vida, a ser positivos, a perseverar, a tener ilusión, a poner cariño en los pequeños detalles, a pensar en los demás… y un largo etc.




                  Podemos potenciar la capacidad de observación y la admiración. Es ideal para ello, llevar a los niños al campo para que jueguen allí, y así se familiaricen con los distintos tipos de flores, árboles, pájaros, y otros animales… La naturaleza es una gran enciclopedia; es como un "catálogo" de la creación, y presenta una armonía sin igual, donde se puede captar la belleza sin igual de todo lo creado...  







                   En ella aumentará su capacidad de sorprenderse, de contemplar y admirar, de valorar su belleza. Porque la curiosidad y la sorpresa impulsan el conocimiento, estimulan desde el interior de la persona a aprender y conocer las cosas… Así les iremos enseñando a nombrar cada especie de animal o planta por su nombre, a conocer una granja, a ver animales, a ir al monte... y aumentará su vocabulario, su capacidad comprensiva, su observación, su percepción, experiencia y experimentación.







                   Su gran imaginación le hace ver las cosas de forma diferente a como nosotros las vemos. Hemos de tratar de comprender sus juegos, y no interrumpirlos en su mejor momento, porque tenemos “prisa”, algo que el niño no entiende… Adaptarnos a sus ritmos naturales de crecimiento.





                  Para motivarles, es preciso hacer todo con alegría y buen humor, pues es la base de la felicidad futura del niño. El poder sembrar un ambiente cálido de cariño, confianza, paz, y serenidad donde pueda estar a gusto, es imprescindible para su buen desarrollo, para que se forme su mejor personalidad. Y él, lo aprenderá rápidamente por "ósmosis", y lo imitará.



                  También es importante que se familiaricen con los libros desde bien pequeños. Buscar libros con dibujos bonitos, con mensajes constructivos. Contarle cuentos, leerle historias, que más tarde lo sabrá tan bien, que será capaz de contarlo él mismo a sus hermanos... 





               Para elegir un buen libro es preciso que tenga dibujos estéticamente bonitos y apropiados a su edad, porque ayudan a desarrollar su imaginación, el sentido de la belleza, y que contengan mensajes verdaderos, reales, referidos a lo que queramos enseñarle, bien sea un valor al que damos primacía en nuestra familia, u otro comportamiento a imitar. Orientarnos siempre por el trinomio Bien-Verdad-Belleza, que tratamos en otro post, para tener un referente que nos ilumine, y nos encamine hacia un rumbo... Por ejemplo, que alimenten el pensamiento y den luz y calor al corazón...







              Por otra parte, hay juegos que estimulan las capacidades mentales, como la concentración. Hay muchos. Uno de ellos es el ajedrez, que nació en la India hace cientos de años. En él, la estrategia y la anticipación son excelente entrenamiento para la inteligencia, la toma de decisiones y la capacidad ejecutiva... Está en la frontera entre juego-arte-ciencia. Un niño de tres o cuatro años ya es capaz de aprender cómo se mueve cada pieza. Luego, solo hay que practicar. Y es un medio de que aprendan reglas, a respetar a los demás, a imaginar alternativas... etc.




                  Respecto a las pantallas hay que ser especialmente prudente. Ser respetuosos con los ritmos naturales pausados de los niños y con su aprendizaje lento. Las pantallas enganchan debido a su fuerte impacto de color, de movimiento, de sonido y luces, de cambios... Especialmente los niños pequeños, cuyo cerebro no está formado. Por ese motivo pueden retrasar el neurodesarrollo..., y el lenguaje, el pensamiento... etc. Están diseñadas para enganchar. La Academia Americana de Pediatría aconsejaba no utilizar nunca pantallas en niños menores de 2 años. Y después lo ha prolongado más. Debemos ser muy cautelosos con esto. Es mucho mejor para ellos que se relacionen con otros niños, que jueguen al aire libre..., experiencias sensoriales reales, que miren a los ojos, que escuchen música, que experimenten, o que lean cosas interesantes según su edad. Dejarles conocer el mundo de verdad.




         

                  
Entonces, para el buen desarrollo de nuestros hijos, se trata de integrar todos los aspectos de su educación, los distintos marcos del desarrollo infantil. El antropológico, referente a la persona, el neurológico y desarrollo del sistema nervioso, el psicológico y pedagógico..., y todo inmerso en cariño. Y de esta forma, teniendo en cuenta los cuatro hábitos básicos, y convirtiendo todo en juego, conseguimos que los niños disfruten y aprendan, sean alegres, confiados, optimistas, con gran imaginación. Y felices. Lo que más les entusiasma es estar con sus padres. 

               
De esta forma se sentirán queridos, con una sana autoestima, sabrán que son importantes para nosotros y podrán desarrollar bien su personalidad y acometer cualquier reto o sueño que se propongan.



             

                                                                          Mª José Calvo
                                                             optimistas educando y amando



 Espero que te haya sido útil, y lo puedes compartir con amigos. Gracias. 


 Dejo enlaces relacionados:
          


     Marco-antropologico: un-poco-de-medicina (hábitos básicos)




      * Misión de la familia  

     
    
                                                  
     

      




URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2014/03/que-significa-el-juego-para-el-nino.html