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sábado, 26 de noviembre de 2016

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y LA FAMILIA I/II.


  
                               
                    EL DESARROLLO DE LA PERSONA.


        Al hilo de una conferencia sobre las nuevas tecnologías, dejo unas "pinceladas" sobre este tema tan actual, para reflexionar un poco sobre sus posibilidades y limitaciones, y poder optimizar el uso de ellas.

        El desarrollo humano se realiza especialmente en las primeras etapas de la vida, favorecido por la capacidad de asombro de los niños, por su curiosidad, puesto que son su "motor" de aprendizaje. 



       También con los estímulos de la vida cotidiana, en un ambiente saturado de cariño, como es la familia. Por eso, la persona "se hace", "se construye",  en la familia, ámbito propio del amor y de las relaciones humanas.



      DESARRROLLO CEREBRAL.

      La formación del cerebro se realiza desde la gestación, y es consecuencia de la multiplicación de neuronas y la formación de conexiones o sinapsis entre ellas. Los genes determinan el patrón y funcionamiento básico de circuitos cerebrales, pero también influyen las hormonas, sobre todo en la adolescencia, donde hay una elevación muy considerable en sangre. 

     Ya desde el embarazo, aparecen cambios según el entorno, la relación con los demás, el sonido de la voz, y más tarde por el ambiente, la familia, por la impresión que nos causan las situaciones..., el propio comportamiento, que van moldeando el cerebro de cada persona. 


      Cuando el niño ya está en la cuna, con los tiempos de sueño, comidas, higiene, paseos…, hay un crecimiento neuronal, y se forman múltiples ramificaciones en ellas. Y cuando va creciendo, con horarios, rutinas diarias, hábitos, situaciones familiares…, a base de ejecutar unas acciones, sucede lo mismo: hay una gran explosión de ramificaciones. 

                     



      Por eso, hace falta acompañarles en su crecimiento, ir guiando su aprendizaje, respetando sus ritmos naturales, y ayudarles a descubrir el mundo, insisto, en un ambiente inmerso en cariño como lo es cada familia. 

      El periodo más importante para ello es hasta los 12 años, que es un periodo de formación de innumerables sinapsis. 


    Es necesario dejarles conocer las cosas, aprender desde el "interior" de su persona, acercarse a la naturaleza, apoyarnos en la belleza, contar con sus ritmos de crecimiento, su tranquilidad, su inocencia, sus tiempos de descanso, de juegos, para que vayan conociendo el mundo, interiorizándolo, y relacionándose con los demás. Porque siempre miran todo con "ojos nuevos"... Es preciso no darles todo hecho, no saturarles los sentidos, no interferir en su proceso natural de desarrollo.




      A nivel de lóbulos cerebrales, lo primero en madurar son las zonas que coordinan más el movimiento. Por eso, les encanta moverse, y es muy necesario. Posteriormente, las zonas sensoriales, con el conocimiento experiencial, y más tarde la zona cognitiva y emocional, por el sistema límbico, donde se capata la realidad teñida de sentimientos. 
      Lo último en madurar es la corteza prefrontal, lo más específico de una persona, con sus conexiones, base anatómica del pensamiento propiamente dicho, control de impulsos, la voluntad, la toma de decisiones, el juicio, la planificación… etc. Y esto se finaliza más o menos a los 25 años. Dejo un enlace sobre el marco neurológico en edades infantiles.
                                  

            Por eso, el cerebro adolescente no ha terminado de madurar: son todo emociones, pero el control de ellas, la toma de decisiones…, es todavía inmadura. No podemos dejarles solos ante algunas situaciones, aunque ellos crean ser "mayores".

    Podemos aprovechar este conocimiento del desarrollo neurológico en la educación de los hijos, en su maduración, para favorecer las sinapsis adecuadas que le van a ayudar durante toda su vida. Porque las acciones del día a día, crean hábitos, con sus correspondientes sinapsis y conexiones entre zonas, y estos hábitos modelan el carácter de cada persona, con sus singulares fortalezas también, si las sabemos descubrir y estimular.

       
                                     




             CÓMO APRENDEMOS.

           Se trata de dejar que los niños puedan sorprenderse de las cosas que ven, de la realidad, permitir su curiosidad por lo que le rodea, dejar volar la imaginación, la creatividad, y enseñarles lo que está bien o mal, de acuerdo a cada edad, respetando sus ritmos. Y siempre, guiados por el sentimiento de saberse queridos.





              La "edad de oro” para el aprendizaje sucede antes de los 8 años. Lo que más le gusta a un niño es moverse libremente. Cuantas más oportunidades tenga de movimiento, de conocimiento experiencial, de ejercicio físico, mejor. Y cuantos más sentidos emplee, mejor conocerá el mundo que le rodea y mejor desarrollará sus capacidades, gracias a esa fase sensitiva de la maduración cerebral. 


                            
          También podemos enseñarles a tener hábitos saludables, porque en estas edades, surgen los periodos sensitivos, en los cuales es muy fácil adquirir unos valores humanos, como el orden, la sinceridad, atender a los sentimientos, pensar en los demás, la empatía, el valor del esfuerzo, de la voluntad, la resiliencia, la generosidad, la responsabilidad... etc. Y es muy importante la relación con otras personas, no solo de la familia, sino también con amigos, porque un amigo es mucho más enriquecedor que cualquier juguete… Siempre, insisto de nuevo, sabiéndose muy queridos. El cariño que les demos es el artífice de su buen desarrollo, y base de su afectividad, y por tanto de su personalidad.
     

                              
         Por otra parte, desde que nace, el juego es muy importante en su vida. Todo lo aprende por vía afectiva, mediante el juego. Para él, todo es juego, o se transforma en juego: aprende jugando, juega aprendiendo, juega con su madre..., disfruta jugando. La vida es juego, y mediante el juego aprende las reglas de la vida. Además, el juego estimula el desarrollo cerebral, la imaginación, y la creatividad. Por ejemplo, mediante el juego simbólico el niño aprende muchas habilidades, relaciona distintas cosas en su cerebro, aprende por distintas vías sensoriales o motoras, también resolución de problemas, empatía con otros niños, acepta reglas... etc. Para el niño es vital el juego: es la vida misma... Dejo un enlace del marco de desarrollo pedagógico
         



               EL MUNDO DIGITAL Y LA FAMILIA.

       Estamos en una época en la que las nuevas tecnologías, NNTT, son un medio imprescindible en la vida. Pero hemos tenido la "suerte" de educarnos en un mundo analógico, y así poder descubrir sus posibilidades, y sus limitaciones y peligros. Nuestros hijos ya son "nativos digitales", que no significa que tengan superpoderes para comprender este mundo... y, si no orientamos su introducción en el mundo virtual, ellos no podrán hacerlo. Por eso, hace falta conocerlo para guiarles, también en las nuevas tecnologías. Que no nos pille en modo “off”, que no los dejemos "huérfanos digitales"...


        Hace poco leí un artículo de un científico y psiquiatra, Manfred Spitzer, que me gustó especialmente, porque tiene mucho sentido común, y hace reflexionar sobre el uso de este medio tecnológico.


          Habla de la importancia del aprendizaje personal, de la figura de los padres, y del maestro, para estructurar el conocimiento, de la capacidad de la inteligencia que se concreta en establecer relaciones neuronales entre esas redes cerebrales… Y del retraso del aprendizaje que pueden producir las pantallas, si no las usamos del modo correcto, especialmente en los niños y adolescentes. 

        La educación de una persona siempre será de tipo analógico. Hace falta aprender en familia lo importante de la vida, interactuar con los demás, atender a los sentimientos, mirar a los ojos, sentirse querido, saber sorprender, imaginar, hacerlo atractivo… Hay que poner inteligencia emocional en las relaciones humanas. Y de esta forma, con cariño, y sabiendo hacerlo interesante, se puede enseñar a leer, a escribir, a tomar notas, trabajar en clase con el profesor, estudiar… etc. 

     



                CÓMO FUNCIONA EL CEREBRO.

        Porque el cerebro no funciona como un ordenador, con una capacidad de almacenamiento concreta. No se trata de llenarlo de cosas… 

        El cerebro aprende estableciendo relaciones entre las distintas zonas, en base a lo ya asimilado, y tienen mucho que ver las emociones. Cuanto más sabemos, mejor aprenderemos otras cosas nuevas, porque tenemos dónde asentarlo y relacionarlo. Y si nos gusta, si nos emociona, mucho mejor.

        No es un almacén de datos, sino que los procesa, y se basa en la conexión de redes neuronales, que relacionan la información que manejan. Por ejemplo, la interconexión entre las distintas zonas sensoriales, la zona cognitiva, la emocional, la motora... Por eso, ser inteligente es saber relacionar distintas cosas en el pensamiento. También hay diferentes tipos de inteligencia, como señala H. Gardner, y cada persona es un mundo diferente. No se la puede archivar o etiquetar...


      Pero hace falta tener una base experiencial para aprender y construir el conocimiento propio. Y los niños necesitan una persona que vaya estructurando su aprendizaje, que primero son los padres, y luego los maestros y profesores, ayudados de los padres también. Es un trabajo en equipo... Y no solo "enseñar" materias, sino hacerlo atractivo, que el niño quiera aprender, que le motive desde su interior, porque le interesa, le gusta, y disfruta. De esta manera, no le cuesta ningún esfuerzo, y asimila lo que le entusiasma.



        Además, el cerebro, no solo maneja datos de la realidad, sino imágenes, recuerdos, y sobre todo sentimientos y emociones. Toda la realidad está teñida de sentimientos, y la conocemos a través de nuestra sensibilidad y afectividad. Es lo que facilita el aprendizaje y la relación con los demás. Y por otro lado, la sensibilidad de la madre, o del padre, es lo que establece un vínculo con los hijos, mediante el cual, se sienten aceptados y queridos... Y de ese modo, notan seguridad y confianza para desarrollarse, para madurar, para ser ellos mismos.




      


                                             

         El niño aprende cuando lo nuevo lo interioriza sobre lo que ya sabe, cuando lo relaciona con ello, y cuando establece un vínculo afectivo. Si no, no puede aprender. Y los padres, o el profesor, van dando estructuras sobre las cuales construir lo que se debe aprender. También es preciso hacerlo ilusionante, para motivarle, y que pueda asimilarlo porque disfruta.



      Volviendo a la tecnología, cuando la mente está ya un poco estructurada se puede introducir el mundo digital, con algunas premisas. Pero antes, lo que puede hacer es retrasar el desarrollo y la maduración cerebral del niño. 

        Con este medio, parece que se captan muchas cosas, pero la memoria se bloquea por exceso de estímulos, y no se retiene la información, en la memoria a largo plazo, ni se aprende por tanto.


        Inger Enkvist, experta sueca en educación, ya lo afirmaba hace muchos años, antes del boom de la tecnología. Las habilidades digitales son más bien un tipo de aprendizaje profesional, que se puede adquirir, o perfeccionar, en cualquier momento de la vida, pero no ayuda especialmente al desarrollo intelectual, ni a la capacidad de pensamiento del niño. 



     Entonces, ¿cuándo y cómo introducir al niño en ese mundo virtual? 

      La "Academia Americana de Pediatría" hizo unas recomendaciones sobre este punto, dirigidas a los gobiernos, colegios... etc. Y se supone, que los padres debemos ser un poco más cautos en ello. Por ejemplo, aconseja no usar tabletas en niños, antes de los dos años; y luego con algunas condiciones. Están muy preocupados por la cantidad de tiempo que los menores están delante de alguna pantalla. Aunque reconocen su potencial, pocos contenidos cumplen con los requisitos de producir efectos positivos. Por eso, la implicación de los padres es vital.

                                   




         Otro dato: a los cinco años se pueden usar pantallas un máximo de una hora diaria, pero con contenidos adecuados, y con unas normas concretas que encaucen su uso. Y mejor el fin de semana... Siempre guiado por los padres.

         Para los mayores de seis años, hay que establecer un plan concreto en familia, con un tiempo de ejercicio, y un cuidado del sueño. Esto significa no usarlas dos horas antes de acostarse. Por eso, cada familia es la protagonista y debe establecer su plan, pero con sentido común, estando muy atentos para respetar sus ritmos naturales, su desarrollo cerebral y también a los peligros de la red

        Porque, lo mismo que tenemos un proyecto educativo con cada hijo, respecto a la adquisición de unos hábitos, un conocimiento, un entrenamiento de su voluntad, un atender a los sentimientos..., también debemos pensar cómo queremos presentarle el mundo virtual, qué queremos enseñarle de él, cómo manejar datos, cómo acceder a información fiable, cómo tamizar esa información... etc. Ya se ve que es una gran tarea, pero merece la pena todo esfuerzo.


        Los pediatras también alertan por la frecuencia de “calmar” a los niños con pantallas, para que nos dejen tranquilos… No es bueno para ellos, puesto que interfiere con el buen desarrollo cerebral, se habitúan, y cada vez requieren estímulos mayores, por la "ley de rendimientos decrecientes". Además, el juego social es mucho más enriquecedor que el digital, y fuente de adquisición de habilidades y destrezas, creatividad, además de interacción personal con el consiguiente aprendizaje emocional y empatía. 

                                     
                  

        Por eso, es preciso saber unas claves para usar las NNTT, ya que pueden aportar muchos beneficios, si aprovechamos las oportunidades que encierran, cuidando el desarrollo de nuestros hijos. Tenemos que guiarles en el uso adecuado de ellas. 




      Ya conociendo un poco cómo se realiza el aprendizaje humano y el desarrollo cerebral, dejamos para otra entrada las NNTT y las "pantallas digitales", de forma práctica, con CUATRO CLAVES PARA EDUCAR EN EL MUNDO DIGITAL.





   Espero que les haya gustado el post, y lo pueden difundir con amigos... Muchas gracias.




                                                                   Mª José Cavo
                                                              optimistaseducando
                                                                  @Mariajoseopt      




martes, 8 de noviembre de 2016

EL ARTE DE LA CONVIVENCIA EN FAMILIA.




                               LA FAMILIA Y EL ARTE DE LA CONVIVENCIA.




          La familia es el lugar por excelencia de la formación de la persona como tal, porque nace del amor. Es la escuela del más rico humanismo… 

         Una cita de G. K. Chesterton: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen…, ahí veo yo la importancia de la familia”.



        En la familia cobra sentido cada persona, su afectividad, su realización, porque en familia intentamos que las personas sean lo más importante, y la relación con ellas también, porque ponemos el corazón en ello.





           La familia surge de su núcleo, que es el amor de pareja, que se desborda hacia los hijos. Y ese amor se concreta y se plasma en mil detalles a lo largo del día.


       Para ello, hace falta saber priorizar, y hacer que el otro sea lo más importante para nosotros, porque lo llevamos en el corazón… Por eso, hay que mimar la relación, cuidarla, protegerla, custodiarla, para que perdure.


       La convivencia es difícil si no concretamos ese querer, si no la trabajamos. Y querer significa pensar en el otro, mirarle a los ojos, encontrar tiempo para hablar, para divertirnos, para hacer cosas juntos…, para darle lo que necesita, lo que le alegra, sonriendo aunque no apetezca. 

             Se trata de ponerle en el centro de nuestra vida y de nuestros afectos, teniendo un alma generosa, cediendo, aprendiendo a contemplarlo/a…

       Porque muchas veces, la alegría hunde sus raíces en forma de sacrificio gustoso por quien amamos. Es lo que nos hace felices, y lo que convierte una casa, en un “hogar” cálido, donde todos están a gusto, donde se tienen ganas de volver, donde se respira paz y alegría. (Dejo un enlace sobre cómo crear ambiente de hogar)



        Porque intentamos sacar tiempo para estar juntos, para comprender al otro, para sintonizar, para compartir sentimientos, que es lo que más nos enriquece la vida, intentando seleccionar los mejores, y desechando los que no merecen la pena.

       De esta forma, le hacemos partícipe secreto de nuestra vida, y se convierte en ese amigo incondicional que nunca falla, con el que queremos compartir nuestra existencia, porque le queremos infinito.






      La convivencia se alimenta de las conversaciones, que son la forma de intercambiar intimidades, porque son un diálogo de pensamientos. Y no salen solas, hay que poner intencionalidad, pensar qué tema hablamos en cada situación, mirando las necesidades del otro. 

        El dejarnos llevar de las prisas no favorece la comunicación, ni la empatía. Hace que tengamos un trato superficial, que no comprendamos los estados del alma del otro. Y es una pena, porque esa ternura es lo que da fuerza en el amor, puesto que para dos que se aman lo pequeño es grande…


      Hay que descubrir la importancia de los detalles en las relaciones personales. Y así, nos descubrimos como personas, y también descubrimos a los demás como tales, especialmente en sus mejores actuaciones. Nos quedamos con lo mejor de cada uno, porque es el modo de conocerlos mejor.




           Además, el amor es penetrante: permite ver esas cualidades del otro en las que es especial, y toda esa grandeza a la que puede llegar, si se esfuerza, si lo trabaja. Por eso, hay que saber descubrir sus fortalezas, sus cualidades características, para hacérselo notar, para que las desarrolle, y poder tener una actitud de optimismo y de agradecimiento.


Y aprender a perdonar lo que sea preciso, porque todos somos más vulnerables de lo que parece, y muchas veces necesitamos más cariño del que podemos merecer… Hay que liberar esos rencores, culpas, y prejuicios. Como dijo Walt Disney: “La vida es demasiado corta como para no perdonar…”





De esta manera, se puede lograr una comunicación eficaz, y una grata convivencia, al tener en cuenta al otro, al compartir ideas, sentimientos, empatía, ilusión, trabajo en equipo…, detalles concretos, y se puede llegar al fondo del alma de la persona que nos iluminó el mundo, descubriendo la dicha de estar juntos.






           Pongo un enlace sobre relaciones familiares, si se quiere profundizar en el tema.




                                                                      Mª José Calvo
                                                            optimistas educando y amando




 Dejo el artículo publicado en Hacer Familia: