Translate

Lograr armonía familiar

jueves, 16 de mayo de 2013

AUTORIDAD-LIBERTAD: UNA FORMA DE LIDERAZGO

       
            
                      
                        EL BINOMIO AUTORIDAD-LIBERTAD EN FAMILIA:

                        UNA FORMA DE LIDERAZGO

                                   

    
La autoridad es algo imprescindible para "ayudar a crecer" a los hijos, seduciendo con la belleza de los valores auténticamente humanos. Así guiarles en su proceso de crecimiento como personas. Te cuento algo en "dirección familiar".




       
Requiere el esfuerzo por transmitir esos valores, e intentar vivir como queremos que lo hagan nuestros hijos. Con coherencia entre lo que pensamos, lo que decimos, y lo que vivimos. Y eso aporta buen liderazgo y prestigio. También por el cariño recíproco de los padres, que se ve y se nota, y se derramará eficaz en los hijos. Por eso, la mejor autoridad es el ejemplo y la coherencia de vida, sumergidos en cariño del bueno. Educar es enseñar a hacer buen uso de la libertad. Y en último término, enseñar a querer.




Podríamos definir la autoridad como la fuerza que guía y ayuda a crecer a los hijos a desarrollarse bien. Así podrán llegar a ser las personas singulares que son, con toda su maravilla. Tarea ingente, para la que nos hemos de formar, no sólo leyendo y estudiando, sino, y sobre todo, haciendo vida la belleza de lo que queremos transmitir.


    La autoridad es necesaria para todo. También en el proceso de conocimiento de sí mismos. Los niños aprenden todo a través de la mirada de los padres. Debemos enseñarles lo que está bien o mal..., y ayudarles a pensar en los demás. Guiándoles, exigiendo en lo importante, para lograr lo mejor de ellos a la luz del cariño.



        Es un gran apoyo para esa labor de formar a cada hijo. La naturaleza dota a los padres de esa autoridad, para guiarles en su creciente autonomía. Y también hace a los niños prestos a las indicaciones de sus padres, porque les quieren. Por tanto tenemos una gran responsabilidad. Debemos ayudarles a descubrir sus cualidades, y a desarrollarlas.


    Sin embargo, debe ser una autoridad-servicio, buscando su bien, no un autoritarismo, ni un permisivismo: los dos extremos, que destruyen la autoridad y no hacen su cometido. Y siempre, pensando en ellos, en su buen desarrollo, en su mejor forma de ser. 
Es como decir: "lo hago porque es lo mejor para ti, y porque te quiero..." 







La autoridad innata de los padres es la base para aprender a usar la libertad. Ejercer un buen liderazgo. Ser líder significa pensar en los demás. Motivar con la propia vida. Estar atento a lo importante, sin descuidar los detalles. Es un servicio desinteresado a los que más queremos, justo por cariño. Intentar vivir esos valores, basados en principios, que queremos transmitir a nuestros hijos. Saber hacer una llamada a lo mejor de cada uno. Así, hacerlos hábitos y virtudes que den estabilidad y sentido a la vida. Te lo cuento en "un poco de liderazgo" o, el "sentido de la vida".



 El liderazgo de los padres es importante a la hora de guiarles en su creciente maduración, con el uso de la libertad. Y se ejerce por medio de la autoridad, que insisto, es una guía y sostén en su crecimiento como personas. 

Como señala un gran pedagogo, Juan José Javaloyes, “los padres no tienen autoridad, sino que, por ser padres, son una autoridad para sus hijos. La autoridad es una manifestación del amor y una forma de servicio. Sin el ejercicio de ésta no se puede educar”. Ensamblar autoridad y cariño es vital en la relación con los hijos. Que se sientan de veras queridos. Además, ellos imitan a las personas que los quieren, muy especialmente los padres.





       También ayudándoles a pensar: que sea una obediencia inteligente, contando con su libertad interior, según edad y madurez.
 Por eso tienen que aprender a obedecer con responsabilidad. 



Además, cuando no se sabe ejercer bien la autoridad se pone en peligro el uso correcto que los hijos puedan hacer de su libertad, pues ven que nos movemos, no por principios y valores, sino por estados de ánimo, sentimientos, o cosas menos importantes como modas, el "me apetece", la comodidad… No ven un referente claro que les ilumine y dé sentido a la vida. Y sienten que no se les quiere de veras, o que no se confía en ellos. Y se sentirán inseguros.




Concretando, la autoridad es la fuerza que sostiene y acrecienta la libertad en desarrollo de nuestros hijos, para que sean capaces de “abrir caminos" y de transitarlos. Ser auténticos líderes que iluminen.



       La libertad permite optar o elegir las mejores opciones: las óptimas, las que se encaminan al bien y nos hacen mejores personas. Sólo lo óptimo es lo mejor y lo más propio de la persona. Te lo cuento en "fomentar el optimismo".

Enseñarles a usar poco a poco la libertad, que no es sólo capacidad de decisión y elección, sino ampliar horizontes en los hijos, cultivar el espíritu. Pero, en edades tempranas tienen que aprender a obedecer a los padres, precisamente por el cariño. Y siempre, razonando.



Es necesario ejercer la autoridad, aunque no esté de moda... puesto que es un servicio a nuestros hijos, por su bien. Pero se debe ganar día a día... con nuestro prestigio y coherencia de vida. 


       Por eso es vital crear un ambiente de confianza donde cada persona pueda ser ella misma y dar lo mejor de sí. Por ejemplo, a través del trabajo en equipo en familia, de los encargos que todos tenemos..., y los niños anhelan.




        Con unas normas claras que señalen un sendero. No muchas, pero sí claras e importantes. Para lograr un comportamiento en esa línea, con exigencia comprensiva, o comprensión exigente, según las circunstancias. Siempre con mucho cariño, pero sin dejar de exigir, motivar, y estimular lo mejor de ellos, en base a sus cualidades y fortalezas.


       Escribo en "los pilares de la educación": la base del "edificio" de su personalidad es el cariño y la confianza que les brindamos. La estructura se construye a base de hábitos y virtudes, que van conformando su carácter y personalidad. Y las últimas piedras: exigencia comprensiva en lo importante. Exigir "sin quebrar", teniendo en cuenta los talentos y retos de cada uno, motivando y animando. Apuntando a lo mejor, y poniendo el corazón, que da mayor energía.




Guiarles en el proceso de la formación del carácter y personalidad, y de su identidad. Primero vemos cómo son, qué temperamento tienen, qué cualidades, qué necesitan más para lograr lo mejor de ellos..., dando buenos motivos donde anclarse. Y luego, confiando en ellos. Más vale que puedan "engañar" alguna vez, a desconfiar o creerlos incapaces. 

       Y saber descubrir sus puntos luminosos, sus cualidades, ¡únicas!, sus talentos, para apoyarse en ello a la hora de hacer un esfuerzo por adquirir un hábito o comportamiento... etc. Ser "buscadores de tesoros escondidos"...







La autoridad y la obediencia requieren un clima de confianza, como todo en el arte de educar. Crear un ambiente de hogar (enlace abajo), donde todos están a gusto, donde hay cariño y confianza en sus posibilidades. Y cuando se equivoquen, o fallen, que sepan que siempre se puede rectificar e intentarlo de nuevo. Muchas cosas no salen a la primera..., hace falta comenzar y recomenzar las veces que precisen.


      A la hora de valorarlo, ver primero el esfuerzo realizado, porque los fallos son oportunidades para mejorar, sabiendo que, día a día, se irán entrenando, como nosotros… Lo valioso cuesta esfuerzo, ¡pero siempre compensa! Y nos da alegría.


La confianza y el cariño 
son el "horno" 
      donde se "cuece"
 su mejor personalidad


En familia podemos usar la autoridad en una dirección: en la participación de los hijos en la vida familiar, con sus encargos respectivos, con el trabajo en equipo, con sus detalles de atención a los demás. Que aprendan que los importantes son siempre: "los otros". Descentrarlos del yo, ayuda.

Así se hacen más autónomos y responsables, con iniciativa, van adquiriendo habilidades y destrezas, aprenden a pensar en los demás, a quererles, y se crecen como personas. Y crece la familia.





Por eso es vital fijarse primero en lo bueno y positivo para hacérselo notar. Somos como espejos donde se reflejan. Su referente y modelo. Nos están mirando todo el día…, y les transmitimos una forma de ser y de actuar. Que sea optimista y alegre.





       Preparando la adolescencia, en la que nos miran con una actitud más crítica…, quieren ver si somos coherentes con lo que pensamos y decimos. Y nos observan porque necesitan ese referente para actuar. Están haciendo suyos unos valores y principios, a su estilo, desde su interior. Poner calma siempre ayuda.



La autoridad es una necesidad de la convivencia, que implica el poder de decidir y motivar para hacer atractiva una meta, un objetivo, un plan, un reto, unas virtudes… Lo que nos planteemos.

Es mucho más importante y eficaz saber motivar con cariño que castigar. Los castigos muchas veces no tienen argumentos pedagógicos, simplemente ya no se sabe qué hacer..., o contrarían. Y suelen estar impregnados de enfado o rabia, con lo que pueden hacer más daño, y humillar, conseguiendo el efecto contrario. A veces hay que reprender, pero para que sea educativa esa reprensión tiene que ser clara, concreta, sucinta, envuelta en cariño, y que no humille. Y cambiar pronto de tema. No "remachar".
  
Y luego exigir en lo importante, y no tanto en lo accesorio u opinable. En este campo dar mucha libertad. Tampoco exigir en todos los campos a la vez: sólo en un frente, para que pueda ser razonable y efectivo.


Pensar entre los dos, en equipo, qué es lo que les vamos a pedir, y qué normas vamos a tener en nuestro hogar. Poniéndose de acuerdo previamente. Para esto debemos formarnos, alimentar el pensamiento, como si se tratara de un master... y tener sentido común. Nos va en ello la plenitud personal de cada hijo, y la felicidad de toda la familia.


Firmes en los objetivos, 

y flexibles en las formas de conseguirlos.







 Que sepan lo que esperamos de ellos y cómo tienen que realizarlo. A mayor edad, mayor autonomía y libertad. De ese modo van aprendiendo a ser responsables. Por ejemplo, con encargos, preocupándose de los demás, en familia, en el colegio, con amigos...

     
Cuando son algo mayores, van haciendo suyo lo que se les aconseja, repensándolo con libertad. Siempre con los porqués de cada actuación. Así se sienten libres, porque quieren hacerlo ellos por sí mismos.


    Nuestros hijos necesitan que les ayudemos a desarrollar sus enormes posibilidades, que creamos en ellos, que sepamos descubrir sus talentos y "tesoros" escondidos..., para que los puedan potenciar.


Trabajar en equipo significa no desprestigiarse el uno al otro, sino destacar lo positivo, haciéndolo notar oportunamente a los hijos. El prestigio se gana siendo optimista, confiando, con buen humor, viendo lo bueno de las circunstancias, sirviendo, sonriendo, siendo coherente... No con prisas, nerviosismos, dispersión y malas caras.


Y, el tratarlos como nos gustaría que fueran les ayuda a mejorar… Siempre "tirar" para arriba de ellos, de sus cualidades y puntos fuertes, dándoles motivos para que luchen en esa dirección. Educar de forma optimista ¡de óptimos!, de excelencia. Con corazón.





Dejamos 8 "Tips" para otra entrada...


      

                                                                     Mª José Calvo
                                                           Optimistas Educando y Amando
                                                                     @Mariajoseopt     


       
Espero que te haya gustado el post, y lo puedes compartir con amigos.


Dejo enlaces relacionados con el tema: 



         * Los encargos
 
         * Dirección familiar


         * 8 "tips" sobre autoridad

         

        * Sentido-de-la-vida

        * Sinergia en pareja 


        * Misión de la familia 
        





         * Crear ambiente de hogar I



        




URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/05/autoridad-servicio.html

miércoles, 8 de mayo de 2013

VIVIR VALORES: HACERLOS VIRTUDES




                      VIVIR LOS VALORES EN FAMILIA: LAS VIRTUDES



La familia es el ámbito natural propio de la formación de la persona porque nace del amor. Es el lugar donde se acoge la vida y se valora a cada uno. Donde se le quiere de forma incondicional. Y donde se vive como auténticas personas, con la grandeza que conlleva.  

En ella el gran motivador es el amor. Primero entre los padres, y luego a los hijos. Aquí se quiere a cada uno por ser quien es, por su gran dignidad, no por sus cualidades, habilidades, éxitos, méritos..., sino por ser personas: singulares, creativas, ¡únicas! ¡Muy valiosas! Capaces de querer a los demás.
         
La convivencia diaria presenta muchas oportunidades educativas que podemos aprovechar. Los padres somos los primeros y principales educadores de nuestros hijos, y les queremos tal como son, con sus cualidades y puntos fuertes, y con los menos fuertes. Pero, al quererles de veras se sentirán valorados y acogidos, y lucharán por dar lo mejor de sí. Y necesitan un buen referente, un modelo que imitar..., y una buena motivación. Luego, confiar en ellos, darles libertad según su edad, para que aprendan a volar...




       
        
Los valores son pequeñas especificaciones del bien, o de la verdad, y por eso son bellos. Enriquecen la vida, y al tratar de vivirlos aportan una buena personalidad, a la vez que singular. Los llevamos implícitos en nuestra naturaleza, pero hay que sacarlos a la luz con nuestra conducta noble y coherente.




       
Liderar la familia, dirigirla, es algo que se debe hacer entre los dos. Ambos tenemos un papel importante, tanto la madre como el padre. Los dos han de pensar y concretar un proyecto familiar. Vimos en otra entrada que esa dirección tiene dos características: participativa, que todos ayuden, y unos objetivos claros y concretos. Te lo cuento en el post dirección familiar.






      
De ese modo, apoyarse en esas cualidades y “puntos fuerte” de los hijos. Y como consecuencia, mejorarán los puntos débiles, motivándoles con la fuerza del cariño. Sin centrarse en lo negativo, ni recordarlo todo el día... No vayamos de perdedores ni les amarguemos la vida

Estos objetivos familiares deben estar basados en criterios claros, en normas de conducta, anclados en principios universales. Es decir, que sean firmes, profundos, permanentes: que no cambien con las modas o los tiempos. Son los valores. 

Los valores pueden ser cualidades, por las que existen acciones o cosas buenas. Por ejemplo, el honor, la integridad, la verdad, la generosidad, la justicia, la amistad, la gratitud, la empatía... Son como las aguas cristalinas de un riachuelo. Y lo perfectivo del ser: lo que nos hace más "perfectos", más y mejores personas. Señalan un camino, y ayudan a tener una vida más lograda.





Estos valores están muy relacionados con el trinomio “belleza-bien-verdad” como expresa el profesor Oliveros F. Otero, que ya apuntaban los eminentes filósofos clásicos griegos, y van estrechamente unidos formando una unidad. Porque son pequeñas especificaciones del bien y de la verdad. Te lo cuento en "ética y pensamiento".



       

Entonces, ¿cómo podemos descubrir un valor? Cuando nos encontramos con una persona valiosa tendemos a querer parecernos a ella, porque nos resulta atractiva en algún punto. Encarna algún valor que nos gustaría imitar. 


Para vivir unos valores se requiere esfuerzo, pero nos mejoran como personas. Dan forma a nuestra personalidad, a base de unos buenos hábitos, hechos vida. Es decir, con la propia libertad, convertidos en virtudes personales. En familia resulta más fácil vivir esos hábitos y virtudes, porque el ambiente alegre y de cariño facilita la lucha por dar lo mejor de cada uno. 




        
Es bueno pensar qué clase de personas queremos ser, o que sean nuestros hijos. No sólo qué estudiarán, sino cómo nos gustaría que fueran, dependiendo de sus cualidades y de lo que les mostremos con nuestra vida esforzada y atractiva. 

     Por ejemplo, ser amables, simpáticos, íntegros, solidarios, tener autodominio personal, voluntad entrenada, confianza... Ayudarles a ser alegres, trabajadores, valientes, buenos amigos, que sepan comprender a los demás, con resiliencia ante las dificultades..., que aprendan a terminar lo que empiecen. Por eso, hay que trabajar esos hábitos, para que vayan consolidando en virtudes, y conformando el carácter y personalidad de cada uno.





      Hay valores que están más de moda, como la creatividad, la empatía, el ayudar a los demás..., y otros que no lo están tanto, como la obediencia, la fortaleza, el trabajo bien hecho... Pero, unos no se sustentan sin los otros, porque forman parte de la misma realidad. De esos grandes valores existenciales.

     Cada uno es una pequeña parcela de ese trinomio, que ya conocían los clásicos, y van intrínsecamente unidos. Cuando se mejora en cualquiera de ellos, el resto también lo hacen, en especial los que están más relacionados.









LAS FACULTADES PERSONALES

Los valores influyen en la educación de la persona, en todas sus facultades:


-En la inteligencia: pensar y tener espíritu crítico, ver lo que queremos hacer en la vida..., marcar un rumbo con metas valiosas que agranden el corazón. También para guiarnos por un "norte" que nos oriente, puesto que la razón ilumina el camino y ayuda a decidir.

-En la voluntad: para superar metas, adquirir hábitos que nos hagan mejores personas, y demostrar el cariño, especialmente en familia. Los buenos hábitos potencian las facultades específicas. Y al hacerlo con libertad personal se transforman en virtudes.

-En la afectividad: disfrutando de querer a los demás, motivados por el amor, con el atractivo y la belleza de los detalles de cariño, de ser generoso, agradecido, alegre, ¡de pensar en los demás! Es lo que nos hace felices y aporta un sentido a la vida.





Es importante pensar entre los dos, padre y madre, qué valores “poner de moda” en propia familia. Bien porque nos parezcan importantes, o porque nos resulten atractivos por las edades de los hijos.
 

      Hay 
periodos más sensibles, como decía la doctora María Montessori, o "periodos críticos del neurodesarrollo", que te cuento en el post plasticidad cerebral y neurodesarrollo, y son momentos naturales con una predisposición al aprendizaje de determinadas capacidades innatas. Y otras, relacionadas con unos valores, en los que el cerebro del niño está preparado para ello. Se concentra en esa tarea, y además disfruta. Muy relacionado con ese estado de "flow" en el que el aprendizaje y disfrute es total, con producción de sustancias mensajeras neuroplásticas, e incluso nuevas neuronas y sinapsis.

         
Por ejemplo, el movimiento es su gran aliado desde los primeros meses. Necesitan moverse, calcular fuerzas, usar los sentidos, tener experiencias sensibles perceptivas... La marcha se logra al año del nacimiento, el orden, prácticamente desde que nacen hasta los 3-4 años, incluso más, con esos hábitos antropológicos de sueño, alimentación, paseos, higiene... 

La sensibilidad fina y gruesa, el control de esfínteres de 1 a 4 años, el conocimiento de la naturaleza, la socialización de 3 a 6 años..., pues los niños son por naturaleza amables, empáticos, ayudan si ven a otra persona en apuros...

Luego el habla y el lenguaje, y el pensamiento más lógico y razonado.


        Otros valores, como la sinceridad, la generosidad y empatía, la fortaleza y la amistad..., la responsabilidad y el esfuerzo... hasta los 9-12 años. Por eso es bueno trabajar esos hábitos en estas edades tan provechosas, que dejarán una huella en su cerebro, pues se forman muchas conexiones facilitando ese comportamiento para toda su vida. Y forman estructuras base en el cerebro sobre las cuales asentar otros conocimientos.




        Se nota que el niño está en esta fase concreta porque se concentra en algo, y le gusta repetirlo hasta que lo hace suyo. Para ello es necesario crear un ambiente donde esté a gusto, con libertad para hacer algo que le interese más.





        El periodo más importante del aprendizaje comprende de 0 a 3 años, y la mayoría de estos momentos suceden antes de los 6-8 años, de ahí la importancia de realizar estos hábitos desde bien pequeños. No esperar a que lo entiendan mejor, o que sean mayores, para que lo decidan ellos..., porque no podrán hacerlo con tanta facilidad.


      Además, estamos poniendo la base a la formación de su personalidad, y en concreto a la adolescencia. Deben ir forjando su carácter, partiendo de sus propias cualidades y capacidades. 
Prestarles la atención que requieren en cada momento... Abrir el propio corazón, enseñarles a pensar en los demás, y ayudarles, a contar sus cosas, plantearse metas ilusionantes...


   Pode
mos convertir nuestro hogar en un “museo viviente” de valores. Porque, educar es ilusionar y seducir con la belleza de los valores hechos vida: es descubrir la belleza que aporta cada uno de ellos. 

Y la ilusión se consigue desviviéndose por algo, es decir haciéndolo atractivo. Sacando de situaciones aparentemente negativas, una visión eminentemente positiva. Aquí se encuentra el crecimiento humano, el optimismo y la madurez personal, transformando dificultades en retos, luchando por ello.

Y el optimismo, "resello" de este blog, tan importante para descubrir y apuntar a lo mejor..., que da fuerza, ánimo, y motivación para apuntar a metas altas y nobles. Incluso cambia nuestro cerebro: estimula esas sustancias neuroplásticas, aumenta el flujo sanguíneo en la corteza prefrontal, cambia la epigenética o expresión de los genes… Es decir, pone ilusión y entusiasmo en la vida.




        Además, cuando se mejora en un valor, se mejora en otros relacionados: es el “principio de armonía”. Metafóricamente es semejante a un racimo de cerezas: al coger una, se arrastra otras engarzadas... Cuando vivimos la alegría, por ejemplo, también mejoramos en buen humor, en espíritu deportivo, en optimismo, esperanza o empatía… 

                                      



 Para el aprendizaje de esos hábitos y virtudes, nuestros hijos deben tener un buen modelo de conducta, que somos los padres. También posibilidad de repetirlo, para asimilarlo y hacerlo suyo. No tanto por repetirlo sin más, sino por potenciar esas facultades que vigoriza... Además crea sinapsis neuronales por esas acciones, y se refuerzan las ya existentes. Y eso permite que resulte más fácil, y además encontrar agrado en realizar dichas acciones.

 Así se van formando circuitos simples, y luego más complejos, que forman redes neuronales, que lo facilitan. Por eso las virtudes nos dan fuerza y facilidad en esas acciones concretas, y un disfrute cada vez mayor. Son refuerzos de nuestras capacidades.





En edades tempranas, antes de los 6 años, es bueno conseguir hábitos a base de esas acciones. A los 7 años, más o menos, el pensamiento pasa a más lógico, y razonan todo de forma más profunda, y ejecutan esas acciones de forma más libre: porque quieren hacerlo, de forma deliberada. Así, los hábitos se transforman en virtudes personales. Y es lo que va construyendo y forjando su carácter y su personalidad.

      Y se va "acuñando" su carácter. Proporcionan una "segunda naturaleza", gracias a la voluntad, para pilotar la propia vida, para hacer más real lo que la inteligencia presenta como un bien, y la voluntad libre hace operativo. Además, insisto, disfrutando de ello. No es tanto un cada vez más difícil, sino un disfrute mayor por obrar bien. 





          Las virtudes son la encarnación de los valores en una persona que actúa con libertad interior. Incluso por amor: poniendo cariño en esas acciones concretas. Y nos encaminan al bien: nos mejoran como personas.



* Por ejemplo, atendiendo a las etapas de los hijos, hasta los 6 años podemos enseñarles unas reglas o normas básicas que respetar, el autocontrol, y unos hábitos básicos: el orden en sus cosas, en sus horarios, la obediencia razonada a los padres, imprescindible para guiar su desarrollo, la sinceridad, que aprendan a preocuparse de los demás, a rezar... Y que se habitúen a tener unos encargos para que se vayan haciendo responsables y ganando en habilidades y destrezas... etc. También es preciso atender a sus sentimientos: que se sientan muy queridos en familia, estar atentos a situaciones que pueden ocurrir en el colegio, con amigos..., y enseñarles a ayudar a los demás.


* Cuando son algo mayores, de 6 a 12 años, enseñarles a querer. Y resaltar el valor de la fortaleza, y darles oportunidades de llevarlo a cabo. Es bueno que practiquen algún deporte, que se comprometan en algo... También animarles a buscar motivos más más altos y nobles a la hora de hacer las cosas. Por ejemplo, pensar no sólo en gratificaciones inmediatas, o materiales, sino en la belleza que encierra el trabajo bien hecho, por cariño a otras personas, o por motivos trascendentes que dan mayor sentido.





* Posteriormente, a partir de los 12, una serie de objetivos como enseñarles a pensar con pensamiento más analítico, que tengan formación y buen criterio, buscar la verdad, enseñar a seleccionar o filtrar la información, espíritu crítico, tomar decisiones y priorizar... Eso necesita voluntad entrenada y autocontrol personal. También tener en cuenta su afectividad, las relaciones personales, basadas en la comprensión y la empatía, con la participación familiar, la amistad, la cooperación..., y un largo etc.

En la adolescencia, un valor importante es la ilusión por la mejora personal. También ayudar a los demás, en casa, mediante voluntariados..., estudiar y formar su conciencia, ser optimistas y generosos.




                  
TIPOS DE VALORES


Por último, se pueden clasificar los valores en tres clases, según el trinomio verdad-bien-belleza. Sin olvidar que todos ellos están muy relacionados. Por ejemplo lo que es bueno, o verdadero, también es bello..., aunque a veces no lo veamos a primera vista.

* Valores intelectuales: relacionados con la verdad, con la realidad objetiva de las cosas. Nuestro pensamiento está diseñado para captar la verdad. Y la verdad nos lleva de la mano hacia el bien.




* Valores morales o éticos: relacionados con el bien, con lo que conecta con la realidad, pero con la mejor forma de esa realidad. En especial de las personas. Por eso, desde pequeños enseñarles lo que está bien o mal. Irles guiando mediante la autoridad, que es un servicio en su creciente autonomía... Siempre motivado por el cariño, por el bien del hijo, no por comodidad o enfado... Luego, el bien hay que hacerlo, con libertad personal: lograr hábitos y virtudes que faciliten el obrar bien, con bondad, con rectitud y responsabilidad. 




* Relacionados con la belleza, que es el esplendor del bien y de la verdad. Descubrir la belleza de las cosas, no sólo de la naturaleza, del arte, de la música, sino también la belleza de cada persona, de una mirada, de un beso, de una cara simpática, de tener un detalle, de un gesto enternecedor, de alegrar al otro, de ser generoso, de tener un corazón empático o agradecido, de ser trabajador, organizado, alegre... etc.




                     

Es importante en familia transmitir los “valores de sentido", pues son los que dan más sentido a la vida, y los que nos sustentan en los momentos difíciles. Por ejemplo la libertad, propia del ser humano, unida a la responsabilidad, y es necesaria para amar. El trabajo bien hecho, y la belleza que refleja. El amor auténtico, que consiste más en dar o pensar en el otro, que en recibir..., y en buscar su bien. Es lo que quedará grabado en los corazones de nuestros hijos.





Espero que el post te haya gustado, y lo puedes compartir con amigos. ¡Gracias!


Dejo enlaces relacionados, sobre:

* Dirigir y liderar una familia  




                                                                                Mª José Calvo
                                                                     optimistas educando y amando


URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2013/05/educacion-en-valores.html